Mostrando entradas con la etiqueta poesia medieval. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesia medieval. Mostrar todas las entradas

Medievalismo: libros, leyendas, mitología, ensayos


Medievalismo: libros, leyendas, mitología, ensayos.









El artículo: Medievalismo: libros, leyendas, mitología, ensayos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Marginalias: reflexiones, quejas y maldiciones de los monjes medievales


Marginalias: reflexiones, quejas y maldiciones de los monjes medievales.




Durante la Edad Media la única forma de copiar de un libro era a mano. Esta tarea correspondía a los monjes escribas, o copistas: oficio solitario, ingrato, e incluso físicamente devastador.

Copiar un libro medieval era un asunto complicado. Se debía trabajar sobre un atril, diseñado específicamente para maximizar la luz natural y permitir que la tinta no se esparciera por todo el pergamino. Si bien estos diseños eran perfectos para el uso de las herramientas, eran terribles para el escriba.

El cuerpo se tensaba sobre el atril, los ojos debían esforzarse a una distancia muy corta del pergamino, los vapores de la tinta lentamente destrozaban las vías respiratorias, los brazos, manos y dedos estaban sometidos constantemente al frío. Este calvario de soledad, dolor y aburrimiento, se prolongaba durante largas horas copiando palabra por palabra, párrafo por párrafo, hasta la caída del sol:


Gracias a Dios, pronto oscurecerá.


Semejante grado de monotonía les permitió a los copistas desarrollar un rasgo prácticamente ausente en personalidad fatalista de la vida monástica: el sentido del humor.

La palabra marginalia define a todo aquello que está escrito en los márgenes de un libro; y fue precisamente allí, sobre los márgenes de las obras que copiaban, donde los escribas medievales fueron añadiendo quejas, maldiciones y reflexiones filosóficas:


Así como el puerto es bienvenido por el marinero, la última línea lo es para el escriba.


Las marginalias de la Edad Media no siempre evidencian un pensamiento elaborado. Muchas veces son simplemente una queja:


¡Oh, mi mano!

¡Hace frío!


Estadísticamente hablando, la mayoría de los apuntes hechos al margen se relacionan con algún tipo de reproche acerca del frío y el dolor corporal que implicaba pasar todo el día en el scriptorium. Algunos monjes, sin embargo, efectuaban sus quejas de un modo más descriptivo:


La escritura es trabajo excesivo. Se dobla la espalda, se oscurece la vista, se retuerce el estómago y sus lados.


Otro ejemplo:


El trabajo está escrito, Señor, ahora necesito un trago. Deja que la mano derecha del escriba se libere de la opresión del dolor.


Pero no todos son lamentos metafísicos en las marginalia. También hay anotaciones insólitas, como la de un tal Henry de Damme, quien copió una crónica de Bruselas y se lamentó de su magra compensación:


11 letras doradas, ocho monedas; 700 letras iniciales con doble eje, 7 monedas por cada 100; 35 folios, cada uno con 16 páginas, 3 monedas por cada 1.


Posteriormente, el escriba añadió en impecable latín:


Pro tali precio nunquam plus scriber volo.
(Por este precio no volveré a escribir)


También existen marginalias sumamente profesionales, de monjes que no se entregaban fácilmente a la desesperación, sino que aprovechaban los márgenes de los libros que copiaban para dar cuenta de la satisfacción y la ansiedad que les producía la calidad de los productos con los que trabajaban:


La tinta es una mierda.


Otros, en cambio, formulaban sus observaciones con mayor grado de elegancia:


Que se me juzgue culpable por el escrito, pero la tinta es mala, el pergamino defectuoso, y el día es oscuro.


Hay casos de marginalias en donde un escriba comenta el trabajo hecho por su predecesor en el original. A veces los comentarios son elogiosos, otras justifican una labor mediocre:


Cithruadh Magfindgaill escribió lo anterior sin piedra pomez y con malas herramientas.


El pergamino sobre el cual se trabajaba estaba hecho con piel de animales, usualmente de vaca, oveja o cabra. El de mejor calidad se obtenía de animales nonatos, pero este era extremadamente caro. En cualquier caso, los errores tipográficos eran muy habituales, incluso en manuscritos espléndidamente iluminados, donde la crítica también tenía su espacio:


Este pergamino tiene pelos.

El pergamino es áspero, pero más duro de leer es este libro.


Cuando se debía copiar un manuscrito iluminado muchos escribas se entregaban a la más honda ansiedad por trabajar con materiales extremadamente preciosos; otros, en cambio, ejercían una feroz crítica sobre el original:


Quien sea que haya traducido estos Evangelios hizo un trabajo muy pobre.


Algunos escribas sentían la tentación de alterar ciertos párrafos del original, pero la mayoría era lo suficientemente responsable como para plasmar esas versiones alternativas en los márgenes. Un monje de Herne, insatisfecho con la traducción que debía copiar, no solo dejó su propia versión en los márgenes, sino que previamente hizo las aclaraciones pertinentes:


Así es como yo lo hubiese traducido.


Casi todos los manuscritos copiados se hacían por encargo, a veces por una abadía, otras por alguna corte. En cualquier caso, los trabajos eran personalizados, y el escriba se ocupaba de que todo el esfuerzo vertido no solo cayera en las manos indicadas, sino que permaneciera ahí. Con ese propósito se dejaban severas maldiciones escritas en los márgenes de casi todos los libros de la Edad Media.


Cualquiera que tome indebidamente este libro, o lo robe de la iglesia de Santa Cecilia, será condenado y maldecido por siempre, hasta que lo regrese y expíe sus actos.


Otros eran mucho más enérgicos en sus maldiciones:


Si alguien roba este libro, sepa que en el Día del Juicio los santos y los mártires lo acusarán en presencia de nuestro Señor, Jesucristo.


El aburrimiento, que para muchos escribas se traducía en dolor, o en queja, en otros se convertía en una especie de desesperación cósmica. Son estas las marginalias más bellas y conmovedoras, justamente porque trascienden las penas del presente y aspiran a la eternidad:


Es triste de pensar, pero algún día alguien se inclinará sobre estas páginas y dirá: la mano que escribió esto ya no existe más.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


Más literatura gótica:
El artículo: Marginalias: reflexiones, quejas y maldiciones de los monjes medievales fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Consejos para lucir más atractiva (en la Edad Media)


Consejos para lucir más atractiva (en la Edad Media)




Existen algunos conceptos erróneos acerca de la Edad Media.

La comida era espantosa, el trabajo era duro y la vida demasiado corta; no obstante, en este escenario dantesco florecieron otras cuestiones, entre ellas, la coquetería femenina.

Claro que los ideales de belleza cambiaron con el tiempo; sin embargo, la necesidad de lucir más atractivas es un hábito que incluso las mujeres de la Edad Media cultivaron con especial creatividad.

No es lo mismo lucir atractiva en un medio ambiente social de abundancia que destacarse, siquiera en pequeños detalles, en un contexto claramente desfavorable para la belleza.

Dicho esto, podemos empezar a recorrer algunos breves consejos para lucir más atractiva para los hombres de la Edad Media.


Cabello, peinado, cejas en la Edad Media:


En la Edad Media existían toda clase de prohibiciones acerca del cabello; a tal punto que para que una mujer pueda ser considerada atractiva debía llevarlo recogido.

Las únicas mujeres medievales que llevaban el cabello suelto eran las campesinas, las prostitutas o aquellas que eran demasiado jóvenes para contraer matrimonio.

Esta moda adquirió matices bastante perturbadores.

Cuánto más alta era la línea de crecimiento del cabello más atractiva era la mujer. En otras palabras, la belleza de una mujer era directamente proporcional a la amplitud de su frente.

De hecho, existían algunos productos caseros para el cabello cuyo propósito era hacer retroceder las fronteras capilares, permitiéndoles a las mujeres lucir una frente arrolladora.

Uno de los más famosos, a base de vinagre y cal, solía tener efectos nefastos a largo plazo.

Naturalmente, para jactarse de una buena frente las mujeres medievales solían depilarse por completo las cejas, dibujando una delgada línea un poco por encima del área correspondiente. Se creía que esto acentuaba una mirada más cálida, aunque visto en retrospectiva daría la impresión de generar rostros en perpetuo estado de estupor.

Ahora bien, cada prohibición necesita un deseo que la justifique.

La costumbre de cubrirse el cabello y lucir una frente despejada sólo conseguía que una cabellera exuberante y suelta se convirtiese en un factor de tentación.

Las mujeres de la aristocracia solían teñir de rubio sus cabellos para sus maridos. La tintura, o decoloración, se hacía a base de azafrán, cebolla y orina de corderos. Untadas con esta fórmula de avanzada, las mujeres medievales se tendían durante largas al sol, tomando la precaución de cubrir el resto del cuerpo para no recibir las marcas indignas del bronceado, tono propio de plebeyas.

Existían otros tratamientos de belleza medievales mucho más siniestros.

Chaucer —Cuentos de Canterbury (The Canterbury Tales)— explica cómo algunas damas acaudaladas pagaban grandes sumas de dinero por conseguir las cabelleras níveas de las ancianas muertas para confeccionar pelucas y extensiones.


Piel, cosméticos, maquillaje, cremas en la Edad Media:


Para lucir hermosa en la Edad Media era necesario tener una piel libre de impurezas, es decir, de marcas, lunares, pecas y cicatrices.

La palidez era la norma general: cuánto más blanca fuese la piel de una mujer, más cerca estaba del ideal de belleza.

Las pecas, granos, lunares y cicatrices eran inaceptables para las mujeres de la aristocracia; de hecho, cualquier marca en la piel podía ser relacionada con la marca de las brujas; es decir, con alguien que ha firmado un pacto con el demonio.

Para eliminar las impurezas epidérmicas las mujeres medievales se sometían a un dolorosísimo tratamiento que consistía en erosionar paulatinamente la piel con una solución en base a limadura de amatista. Lo que hacían, literalmente, era abrasar la piel hasta dejarla en carne viva y así eliminar las áreas ofensivas.

Las pecas eran tratadas con una combinación de avena y vinagre, producto que debía frotarse al menos tres veces al día.

Las mujeres del medioevo menos acaudaladas podían recurrir a tratamientos más económicos a base de sangre de conejo.

Las manchas en la piel eran tratadas con un ungüento a base de pepinos y fresas, con resultados excelentes.

Si alguna mujer medieval sufría quemaduras en la piel, para nosotros, un ligero tono bronceado, inmediatamente recurría a las propiedades asombrosas del jugo de lirios, aplicado en compresas durante varios días.

Para aumentar la efectividad de estos remedios caseros se utilizaba una venda hecha con cuero de oveja, la cual impedía infecciones potencialmente letales.

El maquillaje en la Edad Media, y por tal caso todos los productos cosméticos que las mujeres utilizaban, funcionaban a partir de la siguiente premisa:


El maquillaje de la mujer debe ser lo suficientemente agradable como para mantener a un marido pero no tanto como para despertar la tentación en otros hombres.


Tomás de Aquino, por ejemplo, alentaba a las mujeres casadas a maquillarse. Sus motivaciones no tenían nada que ver con ideas progresistas. El santo opinaba que un hombre atraído por su esposa lo salvaba de cometer el pecado de adulterio.

Por otro lado, la línea entre un correcto maquillaje y uno excesivo quedaba limitada por la propuesta anterior; es decir, nunca debe ser lo suficientemente llamativo como para inducir al pecado a otros hombres.

Una de las más populares bases cosméticas de la Edad Media fue registrada en la obra del siglo XIII: De ornatu mulierum —algo así como Sobre los adornos de las mujeres—, de Trotula de Salerno, probablemente una de las primeras mujeres en ganarse una justa reputación en la medicina.

Sus consejos poseen la métrica de los actuales artículos en revistas femeninas:


Coloca brotes puros de trigo en agua durante quince días. Luego debes molerlos, filtrarlos en un paño y dejar que el líquido se evapore. Así obtendrás una pasta blanca como la nieve. Puedes utilizarla todas las mañanas, mezclada con agua de rosas, después de lavarte el rostro con agua tibia. A continuación, secar con un paño limpio.


Si bien el maquillaje para pestañas y párpados estaba disponible desde hacía siglos, si no milenios, en la Edad Media sencillamente no estaba de moda.

La mayoría de las pinturas medievales con sujetos femeninos muestran mujeres pálidas, con párpados sin definir y delgadas cejas. No obstante, los ojos propiamente dichos sí podían tratarse en ciertas ocasiones.

Algunas mujeres utilizaban unas gotas de belladona justo debajo de los ojos, lo cual lograba dilatar de forma considerable las pupilas, luciendo así más grandes y atractivas para los parámetros de la época. De hecho, la belladona —literalmente, mujer hermosa— debe su nombre a sus propiedades dilatantes.

Contrariamente a lo que ocurría con los ojos, las mujeres de la Edad Media se pintaban los labios aunque en ocasiones especiales.

Gilbertus Anglicus explica en su obra del siglo XII, Compendium Medicinae, la forma de fabricar rouge en base a hierbas colorantes como la angélica y el cártamo.

Existían otros métodos más económicos para darle color a los labios.

El jugo de limón, frotado a conciencia, lograba intensificar el color natural de los labios al aumentar el flujo sanguíneo en el área. Las muchachas más pobres podían recurrir a una mezcla de moras y sangre, que también era utilizaba para enrojecer las mejillas y así lucir más saludables.

Finalmente, el cuidado de las manos también tenía su pequeño espacio en la coquetería medieval.

Alexius Pedemontanus, ya en el siglo XVI, recicla una serie de cremas medievales para las manos en su obra De' secreti del reuerendo donno Alessio Piemontese; donde brinda las proporciones justas de sebo, mejorana y vino para dejar las manos suaves.

Para finalizar hay que insistir en un concepto: la belleza es subjetiva; y la belleza en la Edad Media no era distinta de la actual, aunque sus proporciones y aspiraciones sí.

Todas las prohibiciones que las mujeres debían observar tenían una sola razón: la idea de que la mujer puede extraviar al hombre, enloquecerlo, arrancarlo del camino de la virtud para transitar otros más ligados al placer y, en consecuencia, al pecado.

De modo que, en cierta forma, la mejor manera de lucir atractiva en la Edad Media era justamente luciendo lo menos atractiva posible.

Desde aquí brindamos por todas las mujeres de frentes amplias, pálidas, cuellos largos y cejas exiguas. Todas ellas fueron presas del ideal de belleza de su tiempo; al igual que hoy, con diferentes parámetros, otras son igualmente esclavas.




Feminología: la mujer en la literatura y el mito. I El lado oscuro del amor.


Más literatura gótica:
El artículo: Consejos para lucir más atractiva (en la Edad Media) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Fausto»: Christopher Marlowe; obra y análisis


«Fausto»: Christopher Marlowe; obra y análisis.




Fausto (Faustus) —cuyo título original es: La trágica historia del doctor Fausto (The Tragical History of Doctor Faustus)— es una obra del dramaturgo inglés Christopher Marlowe (1564-1593), publicada en 1604.

El Fausto de Christopher Marlowe está basado en una conocida leyenda medieval. La obra relata la historia de un teólogo, Fausto, que realiza un pacto con el diablo —más precisamente con el demonio Mefistófeles— a cambio de conocimiento.

La leyenda original del Fausto es alemana, aunque el nombre del protagonista es latino. Fausto significa algo así como «afortunado», y su tragedia representa la inclinación por lo material, por lo mensurable; aunque esta tendencia esté relacionada con algo tan sagrado como el conocimiento.

En última instancia, el Fausto de Marlowe le da prioridad al conocimiento del mundo, de la ciencia terrenal, por encima de la sabiduría de las cosas celestiales.

Pero no todo en esta historia es producto de la imaginación; de hecho existió un alquimista alemán nacido en 1480, llamado Johann George Faust, a quien se le atribuyen toda clase de conocimientos sobre ocultismo, esoterismo, e incluso la nigromancia.

Otros estudiosos asocian al Fausto de Marlowe con un socio de Gutenberg, Johann Fust (1400-1466). Pero lo cierto es que, además de las coincidencias en los nombres y sus inquietudes intelectuales, la historia del Fausto tiene raíces demasiado profundas como para atribuírselas a un sólo personaje.

Volviendo a nuestro libro de hoy, La tragedia del doctor Fausto fue compuesto en pentámetro yámbico, es decir, en verso sin rima o verso blanco, aunque contiene algunos maravillosos pasajes en prosa. Toda la obra encierra un prólogo, trece escenas, un epílogo, y un argumento indestructible para el tiempo.




Fausto.
Faustus, Christopher Marlowe (1564-1593)
Copia y pega el link en tu navegador para leer online en PDF o descargar el Fausto de Marlowe:
  • http://www.fundacionsiglodeoro.org/assets/FAUSTUS-EDICION-16-02-2012.pdf




Novelas góticas. I Libros de la Edad Media.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del libro de Christopher Marlowe: Fausto (Faustus), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Libros de la Edad Media: las obras medievales más extrañas


Libros de la Edad Media: las obras medievales más extrañas.




Las grandes bibliotecas de la Edad Media no eran lugares concebidos para divulgar libremente el conocimiento, sino para cuidarlo; en definitiva, la información es poder. No todos podían recorrer las bibliotecas de la Edad Media, y mucho menos decidir qué libros leer. Por suerte, los tiempos han cambiado, y todas las bibliotecas se han vuelto un sinónimo de libertad intelectual.

En esta sección de El Espejo Gótico daremos cuenta de los más extraños libros de la Edad Media en nuestra biblioteca.




Libros de la Edad Media:




El artículo: Libros de la Edad Media: las obras medievales más extrañas fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Los cuentos de Canterbury»: Geoffrey Chaucer; libro y análisis


«Los cuentos de Canterbury»: Geoffrey Chaucer; libro y análisis.




Los cuentos de Canterbury (The Canterbury Tales) es una colección de cuentos medievales del escritor y filósofo Geoffrey Chaucer (1343-1400), probablemente el mejor poeta inglés de la Edad Media, compuesta a finales del siglo XIV.

Todas las historias y relatos que integran Los cuentos de Canterbury son narradas durante el viaje de un grupo de peregrinos que parten de Southwark, buscando llegar a la aldea de Canterbury y su reconocida catedral. Para que el trayecto sea menos tedioso cada uno de los pasajeros se propone relatar un cuento.

En este punto, Geoffrey Chaucer anuncia, en boca de Harry Bailly, exactamente 120 cuentos para el viaje, aunque apenas llegarán a conocerse 15. Algunos deducen que esto evidencia que Los cuentos de Canterbury es una obra inconclusa; otros, que Geoffrey Chaucer jamás ambicionó escribir 120 cuentos; y que aquel anuncio es parte del desconcierto y la excitación de los pasajeros.

Para comprender la importancia de Los cuentos de Canterbury hay que señalar que, por aquella época, casi nadie escribía en inglés, con excepción de un puñado audaces, como William Langland y John Gower. Los autores más educados de Inglaterra escribían en latín, y los menos, en francés. El inglés sencillamente era considerada una lengua vulgar, totalmente inadecuada para la literatura.

Fue así que Geoffrey Chaucer asombró a todos al concebir Los cuentos de Canterbury en Inglés Medio; del mismo modo en el que Dante estremeció a su sociedad escribiendo La divina comedia en italiano y no en latín, como hubiese sido lo esperado.

Pero la originalidad de Los cuentos de Canterbury trascienden al idioma en el que fue compuesto. Si bien algunas historias están excesivamente inspiradas en el Decameron, de Giovanni Boccaccio, y otras del Libro del buen amor, de Acipreste de Hita, Geoffrey Chaucer les brinda una frescura y una irreverencia exquisitas.

Cada uno de los peregrinos que narran los relatos de Los cuentos de Canterbury representan a todos los estratos sociales de la época; algo que lo distancia del Decámeron, donde todos los cuentos son contados por personas muy educadas e influyentes. En Los cuentos de Canterbury, en cambio, las historias y quienes las cuentan son el pueblo: la gente común, y como tal se permiten explorar asuntos notablemente polémicos para la época, como el sexo, la política y la corrupción de la iglesia, a tal punto que el libro fue perseguido y prohibido durante varios siglos.




Los cuentos de Canterbury
The Canterbury Tales, Geoffrey Chaucer (1343-1400)
Copia y pega el link en tu navegador para leer online o descargar el PDF de Los cuentos de Canterbury:
  • http://www.taller-palabras.com/Datos/Cuentos_Bibliotec/ebooks/cuentos_canterbury.pdf




Libros medievales. I Libros prohibidos.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del libro de Geoffrey Chaucer: Los cuentos de Canterbury (The Canterbury Tales), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Sir Gawain y el caballero verde»: poema medieval y análisis


«Sir Gawain y el caballero verde»: poema medieval y análisis.




Sir Gawain y el caballero verde (Sir Gawain and the Green Knight) es un poema medieval escrito en el siglo XIV, en Inglés Medio. Se desconoce el nombre de su autor, y la única copia que sobrevivió fue descubierta en el Códice Cotton Nero, entre otras obras menos conocidas.

El argumento de Sir Gawain y el caballero verde integra la filosofía del cristianismo con los personajes del ciclo artúrico —como el propio Gawain, Arturo y Morgana— entre otros ingredientes de la mitología celta. A esta exquisita combinación hay que añadirle detalles de peso histórico, como la Peste Negra. Tal vez por eso capturó la atención de muchísimos eruditos, entre otros, nada menos que J.R.R. Tolkien, quien lo tradujo al inglés moderno.

La historia de Sir Gawain y el caballero verde comienza durante los festejos de año nuevo. Mientras en la corte se desarrollaban las actividades de rigor, el castillo es visitado por una presencia inquietante: un caballero de porte gigantesco, vestido con atuendos verdes, y armado con un hacha. Su voz profunda, como forjada en las profundidades de la tierra, se dirige a los caballeros presentes en términos desafiantes.

El Caballero Verde desafía a todos los presentes a derribarlo de un solo golpe. Él no se defenderá. Si es vencido, nunca más sabrán de él, pero si después del mejor golpe de espada del mejor caballero de la corte, sigue con vida, entonces regresará un año y un día después para devolver el golpe.

El más joven de los hombres de los caballeros del rey Arturo, Gawain, acepta el desafío para salvar el honor de su rey y sus hermanos. Con un golpe elegante, mortífero, Gawain corta la cabeza del Caballero Verde; sin embargo, el visitante se incorpora, recoge su propia cabeza, y le recuerda al joven caballero que volverán a verse dentro de un año y un día, donde ese golpe de espada tendrá su oportuna devolución.

Sería imprudente revelar qué ocurrió en el segundo combate singular entre Gawain y el Caballero Verde. Baste decir que la resolución del conflicto es impecable, tanto desde el punto de vista literario como desde el mitológico. Sir Gawain y el caballero verde es, simplemente, un poema genial.

A continuación compartimos una versión en español en PDF de Sir Gawain y el caballero verde, probablemente el mejor poema de la Edad Media.




Sir Gawain y el caballero verde.
Sir Gawain and the Green Knight
Copia y pega el link en tu navegador para leer o descargar el PDF en español de Sir Gawain y el caballero verde.
  • https://juntoalbosque.files.wordpress.com/2009/04/sir-gawain-y-el-caballero-verde.pdf




Poemas góticos. I Libros medievales.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del poema medieval: Sir Gawain y el caballero verde (Sir Gawain and the Green Knight), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Libros medievales: las obras más extrañas de la Edad Media


Libros medievales: las obras más extrañas de la Edad Media.




Las bibliotecas medievales no eran espacios para divulgar el conocimiento, sino para preservarlo. No cualquiera podía recorrer sus pasillos y visitar anaqueles, y aquel que sí conseguía la autorización para hacerlo tampoco era libre de elegir los libros que deseaba leer. Afortunadamente, los tiempos han cambiado, y todas las bibliotecas se han vuelto un sinónimo de libertad, física e intelectual, con excepción, cuando no, de aquellas bajo la dirección de las grandes religiones.

En esta sección de El Espejo Gótico daremos cuenta de los más extraños y fascinantes libros medievales en nuestra biblioteca.




Libros medievales:




El artículo: Libros medievales: las obras más extrañas de la Edad Media fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Beowulf»: resumen, análisis y libro completo en español


«Beowulf»: resumen, análisis y libro completo en español.




Beowulf (Beowulf) es un poema épico escrito en Inglés Antiguo, probablemente uno de los más extensos y fascinantes poemas medievales de aquellas tierras, compuesto en el siglo XVIII por un autor desconocido.

La estructura de Beowulf continúa el métrica del verso germánico, la aliteración; pero nuestra idea no es profundizar sobre estos aspectos del poema, sin dudas muy importantes, sino ofrecer una mirada poética sobre los más de tres mil doscientos versos que relatan la historia de Beowulf.

El nombre del poema ya plantea un pequeño enigma: Beowulf es una kenning, es decir, una metáfora germánica de gran complejidad, y significa literalmente: lobo de las abejas, es decir: «oso».

A pesar de que el tema central de Beowulf es claramente pagano, su autor dejó una pista que revela su condición de clérigo y de erudito. Existen en el poema varios versos de la Eneida, entrelazados con el argumento, lo cual nos permite deducir que el autor fue un hombre educado, alguien que tenía acceso a los clásicos.

Otro detalle que vale la pena considerar en relación con esta hipótesis es la ausencia de elogios hacia las deidades paganas. De ahí que históricamente se considere que Beowulf fue escrito por un monje erudito que intentó crear su propia epopeya sirviéndose de los mitos y personajes de su región, pero con la suficiente cautela como para no evocar directamente a sus dioses.

Esta elección, sin embargo, planteó otras dificultades de ejecución: si la propuesta del autor del Beowulf era escribir una épica pagana anglosajona, tampoco podía mencionar a Cristo o a los santos y mártires católicos.

En esta encrucijada se cultivó el Beowulf que conocemos.

Jorge Luis Borges observa que el poeta falló, tal vez intencionalmente, solo en dos ocasiones; ya que en Beowulf aparece la palabra God, «Dios», y también Wyrd, «Destino», que en la mitología nórdica encarnaba a una deidad cuyos poderes estaban por encima de los de Odín, Thor, Tyr, y el resto de los dioses del Valhalla.

Beowulf recorre todos los pasos de la jornada del héroe, expuesta magistralmente por Joseph Campbell en El héroe de las mil caras (The Hero with a Thousand Faces). En la primera parte del poema, Beowulf se enfrenta a Grendel, un ser que primero fue asociado a los Ogros, aunque de hecho se trata de un Troll; es decir, un descendiente de los antiguos Jotuns, los Gigantes del Frío de los mitos nórdicos [ver: Grendel y la misteriosa raza de los «Eotens»]

En los mitos del norte, los ogros y los trolls son deformaciones terroríficas de una antigua tribu de Finlandia, que poseen la habilidad de cambiar de forma, aunque de hecho esto no sucede en el Beowulf. A propósito de esto, Michael Crichton reinterpreta el mito de Beowulf en la novela: Devoradores de cadáveres (Eaters of the Dead), donde tanto Grendel como su madre pertenecen en realidad a una tribu de Berserkers.

Pero volvamos al Beowulf original. Así nos describe el poeta al viejo y sádico Grendel:


Su nombre era Grendel, espantoso, horrible
y perverso proscrito: moraba en ciénagas,
en grutas y charcas. Desde tiempos remotos
vivía esta fiera entre gente infernal,
padeciendo la pena que Dios infligió...


La pena que Dios infligió —aquí es donde aparece la palabra God— es nada menos que una alusión al mito bíblico del la Árbol del Conocimiento, la expulsión de Adán y Eva del Edén, y marca que Dios imprimió a Caín después de asesinar a Abel. La misma marca de oprobio estaba impresa en Grendel, naturalmente, por ser descendiente de Caín.

La lucha entre Beowulf y Grendel se desarrolla sin armas. El héroe, totalmente desarmado, desnudo, logra arrancarle un brazo al monstruo, aunque este consigue huir para morir en su cueva. Luego llegará la lucha contra la madre del troll, una poderosa hechicera de los pantanos. Este es el mejor pasaje del poema, donde Beowulf llega hasta la ciénaga y se sumerge nadando durante un día entero hasta arribar al escondrijo de la anciana. De hecho, si el Beowulf consistiese únicamente en la descripción de aquel escenario pútrido y pantanoso, seguiría siendo uno de los mejores poemas medievales que existen.

Al final del Beowulf somos testigos de la caída del héroe ante el gran gusano, un dragón, frente al cual concluyen las hazañas de todo guerrero digno de alcanzar una muerte gloriosa.

Este círculo argumental es impecable. Beowulf surge como el sol y en el amanecer de su vida derrota los poderes fríos de la noche; en su crepúsculo, cuando él mismo es frío y noche, sucumbe ante el fuego abrasador del sol.




Beowulf.
Beowulf, poema anónimo del siglo XVIII.
Copia y pega el link en tu navegador para leer online o descargar Beowulf en español:
  • http://biblio3.url.edu.gt/Libros/An-Beow.pdf




Libros medievales. I Novelas góticas.


Más literatura gótica:
El artículo: «Beowulf»: resumen, análisis y libro completo en español fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Omnia Sol Temperat»: poema en latín y español


«Omnia Sol Temperat»: poema en latín y español.




Omnia Sol Temperat es un antiguo poema en latín encontrado en el manuscrito del siglo XIII Carmina Burana (Canciones de Beuern), antología que recoge una magnífica colección de cantos goliardos.

El título en latín, Omnia Sol Temperat, significa en español: «a todos el sol conforta». Si bien es más conocido por sus versiones musicales, se trata básicamente de un poema medieval, género que en aquella época resultaba inseparable de la música. Recordemos que la palabra latina Carmina significa «canción», y procede de Carmen, «poema».

Los libros medievales rara vez marcan una diferencia entre poema y cántico, y dentro de esa combinación se encuentra el Omnia Sol Temperat.



Omnia Sol Temperat.
A todos el sol conforta.

A todos conforta el sol,
puro y delicado;
Nuevo y radiante es el rostro
del mundo en abril;
hacia el amor se apresura
el corazón del hombre,
y sobre la felicidad
reina el dios de la juventud.
Cuántas novedades
en la fiesta de la primavera,
Y su autoridad
nos ordena gozar;
recorrer caminos conocidos,
y en tu propia primavera,
es leal y correcto
poseer a tu amante.
Ámame fielmente,
piensa que confío en ti;
con todo mi corazón,
con toda mi voluntad
estoy contigo,
aun cuando esté lejos.
Quien ama como yo,
está girando en la rueda de la fortuna.


Omnia sol temperat
purus et subtilis,
novo mundo reserat
faciem Aprilis,
ad amorem properat
animus herilis
et iocundis imperat
deus puerilis.
Rerum tanta novitas
in solemni vere
et veris auctoritas
jubet nos gaudere;
vias prebet solitas,
et in tuo vere
fides est et probitas
tuum retinere.
Amam e fideliter,
fidem meam noto:
de corde totaliter
et ex mente tota
sum presentialiter
absens in remota,
quisquis amat taliter,
volvitur in rota.




Poemas en latín. I Poemas góticos.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema: Omnia Sol Temperat (A todos el sol conforta), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Poema de Laura Riding.
Relato de Maurice Level.
Poema de Clark Ashton Smith.


Taller gótico.
Relato de May Sinclair.
Poema de Robert E. Howard.