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¿Es el Horror mejor que la Ciencia Ficción?


¿Es el Horror mejor que la Ciencia Ficción?




Hace poco nos preguntábamos cómo funciona el Horror, y por qué tan pocos autores saben utilizarlo. Esa pregunta nos abrió la puerta a otro interrogante:

¿El Horror es mejor que la Ciencia Ficción?

Cualquier respuesta a esta incógnita necesariamente debe partir desde la subjetividad. Sin embargo, eso no rebaja el debate. Después de todo, tanto una pregunta acobardada como una declaración audaz comparten el mismo juicio subjetivo; así como las opiniones más calificadas, las conclusiones y teorías son, en última instancia, una forma singular de la subjetividad.

Tanto el Horror como la Ciencia Ficción se mueven en una frontera muy frágil entre lo Objetivo y lo Subjetivo, y es la experiencia personal de la ficción lo único que debería importar realmente. Sin embargo, el título que planteamos nos obliga a hacer declaraciones fuertes.

La primera diferencia entre el Horror y la Ciencia Ficción, y acaso la más evidente, es que el Horror bien puede prescindir de explicaciones. Uno puede disfrutar de la experiencia de lo desconocido sin tener la menor idea sobre cuál es su naturaleza, ni de dónde procede, ni cuáles son sus intereses, agenda o motivaciones. Es, en esencia, subjetividad pura.

Podemos tomar como ejemplo dos clásicos del relato de terror: El Horla (Le Horla), de Guy de Maupassant; y ¿Qué fue eso? (What Was It?), de Fitz-James O’Brien, donde dos criaturas invisibles hacen de las suyas sin que sepamos en ningún momento, ni siquiera al final, absolutamente nada objetivo sobre ellas.

La experiencia de la Ciencia Ficción, en cambio, necesariamente conlleva una explicación, y eso implica un distanciamiento de la fuente de asombro, de lo fantástico, a través de su objetivación.

La Ciencia Ficción convive muy bien con ese universo, y ha dado ejemplos verdaderamente geniales. El problema surge cuando la Ciencia, dentro de la ficción, se emplea como una especie de certificación, como si de algún modo el autor estuviese declarando la objetividad de sus pronunciamientos presentando a la Ciencia como una credencial.

Los mejores ejemplos de la Ciencia Ficción incorporan elementos propios de lo Fantástico y del Horror, pero éstos a menudo se ven afectados, cuando no directamente deslucidos, por la objetivación propia del género, es decir, por la dependencia de la Explicación y, en menor medida, por la abundancia de recursos tecnológicos.

Dicho esto, la Ciencia Ficción se tornaría indistinguible de cualquier otro género si se eliminaran sus artilugios futuristas, y por lo tanto la necesidad de explicar su funcionamiento, siquiera a un nivel muy rudimentario.

Mientras el Horror, cuando es bueno, evade las explicaciones, la Ciencia Ficción necesariamente debe poner el énfasis en la tecnología y en la ciencia, sin los cuales no puede apuntalar la credibilidad del marco que sostiene toda la historia.

Cuando ese énfasis es excesivo (y la línea es muy delgada aquí), lo único que recordamos, como lectores o espectadores, son esos artilugios, lo técnico, en definitiva, y poco o nada de la historia que se quiere contar.

En este contexto, el Horror tiene una ventaja sobre la Ciencia Ficción, y consiste en que su eficacia no depende de la objetivación, sino de aquello que Coleridge denominó: suspensión de incredulidad.

Para utilizar una definición más exacta podríamos decir que el Horror, para ser eficaz, solo necesita desafiar nuestras certezas acerca del mundo, y cómo la realidad puede funcionar al admitir otras posibilidades que estén más allá de nuestra comprensión.

A propósito, H.P. Lovecraft define al Horror en los siguientes términos:


Una cierta atmósfera de ansiedad e inexplicable temor ante lo desconocido.

(A certain atmosphere of breathless and unexplainable dread of outer)


Es decir que, para Lovecraft, una de las cualidades del Horror es lo Desconocido, que bien puede participar de la Ciencia Ficción, pero no así lo Inexplicable.

No solo la Ciencia Ficción utiliza mal los recursos del Horror. A veces se produce una dinámica inversa.

Pocas cosas son tan irritantes en una pieza de Horror como la inclusión de artilugios pseudocientíficos; o peor aun, la llegada de un equipo científico a la historia, cuya meta es encontrar una explicación. En el mejor de los casos, el Horror se atasca; en el peor, desaparece por completo.

No obstante, también hay ejemplos virtuosos cuando este recursos se utiliza inteligentemente. Pensemos en Van Helsing, uno de los principales personajes del Drácula de Bram Stoker. Es un científico, es cierto, pero sus opiniones son especulativas, y nos permiten imaginar cómo es la realidad de un vampiro, y cuáles son sus objetivos, pero en ningún momento nos brinda certezas.

De algún modo el Horror siempre se abre paso en las grandes obras de Ciencia Ficción, y casi siempre fracasa, aunque la obra en sí sea genial. ¿Acaso se puede escribir convincentemente sobre lo sobrenatural sin creer implícitamente en su posibilidad? Probablemente sí, pero lo que no se puede es ser verdaderamente objetivo con el Horror.

En ocasiones, la Ciencia Ficción se percibe como una maniobra cuya función es reducir la importancia del Horror en la historia, como si se avergonzara de él: un recurso para ganar distancia, y tiempo; pero el Horror culposo que subyace debajo de ese velo es casi siempre lo más interesante que la obra tiene para ofrecer.

Tampoco podemos decir que existe una separación real entre la percepción Subjetiva y la Objetiva. A lo sumo hay una diferencia de grado, muy sutil, y consiste en que la Subjetividad (el Horror) simplemente existe, no se esfuerza, y por lo tanto fluye con mayor naturalidad; mientras que la Objetividad (Ciencia Ficción) irremediablemente se enredada en explicaciones que no siempre son eficaces.

Para responder la pregunta que planteamos al principio, digamos que, a diferencia de la Ciencia Ficción, el Horror evita la falsa objetivación de aquello nos aterroriza. De hecho, al hacer que una experiencia sea subjetiva el lector puede aproximarse más a los miedos que se alojan en él. Y eso es algo que el Horror nos ayuda a lograr de un modo que la Ciencia Ficción no puede.




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El artículo: ¿Es el Horror mejor que la Ciencia Ficción? fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Medievalismo: libros, leyendas, mitología, ensayos


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«Gatos y perros»: H.P. Lovecraft; ensayo y análisis


«Gatos y perros»: H.P. Lovecraft; ensayo y análisis.




Gatos y perros (Cats and Dogs) es un breve ensayo del escritor norteamericano H.P. Lovecraft (1890.1937), publicado originalmente en la edición de verano de 1937 de la revista Leaves, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1949: Algo sobre los gatos (Something About Cats).

En Gatos y perros, H.P. Lovecraft toma partido en una de las disputas más antiguas y absurdas de la humanidad: la diferencia entre perros y gatos, y cuál de estas dos especies es la mejor mascota.

La posición de H.P. Lovecraft es vehemente —y puede verse con claridad en Los gatos de Ulthar (The Cats of Ulthar)—: por elegancia, discreción, refinamiento, por esa despreocupada frecuentación con la noche, los gatos son superiores. Lo cierto es que al maestro de Providence le disgustaban los perros, y no vacila en describirlos como criaturas carentes de toda gracia.

Para llegar a esta conclusión, Lovecraft emplea una serie de comparaciones un tanto tendenciosas, por ejemplo, analizando de qué modo se comen los perros, básicamente devorando con avidez salvaje el alimento que se les suministra, mientras que los gatos logran dotar de cierta gracia a un proceso completamente ausente de elegancia, al menos entre los animales.

Algo similar conjetura acerca de la amistad: mientras que los perros son leales y dispensan su afecto sin reservas, para ganarse la confianza de un gato es necesario algo más que comida y refugio. En todo caso, son los gatos quienes nos aceptan o no, de acuerdo a sus propias preferencias, nunca al revés; y esa amistad nunca es idílica: consiste más en una modesta complicidad, sin exageraciones, basada en el silencio y el respeto por los espacios propios, que en la repartija indiscriminada de caricias.

Lovecraft era un amante de los gatos. Uno de sus preferidos era el gato de Fritz Leiber, llamado Felis, a quien le compuso un extraño poema titulado: Pequeño tigre (Little Tiger).

A continuación compartimos los pasajes más interesantes de Gatos y perros de H.P. Lovecraft; el texto completo, mucho más extenso, puede leerse aquí.




Gatos y perros.
Cats and Dogs, H.P. Lovecraft (1890-1937)

Entre perros y gatos, mi grado de preferencia es tan alto que nunca se me ocurriría compararlos. No es que me disgusten positivamente los perros, no más de lo que me disgustan los monos, los seres humanos, los vendedores, las vacas, las ovejas o los pterodáctilos; pero por el gato he sentido siempre un respeto y un afecto especial, desde los días más tempranos de mi infancia.

En su gracia y en su superior autosuficiencia he visto un símbolo de la belleza perfecta y la suave personificación del universo mismo objetivamente considerado, y en su aire de silencioso misterio reside para mí todo el secreto y la fascinación de lo desconocido.

El perro apela a emociones baratas y fáciles; el gato lo hace a las fuentes más profundas de la imaginación y la percepción cósmica en la mente humana. No es accidental que los contemplativos egipcios, junto a espíritus poéticos posteriores como los de Poe, Gautier, Baudelaire y Swinburne, fueran todos adoradores sinceros del gato. Naturalmente, las preferencias de cada uno en materia de perros y gatos dependen totalmente del temperamento y el punto de vista.

Me da la impresión de que el perro es el favorito de la gente superficial, sentimental y emocional: gente que siente más que piensa, que otorga importancia a la humanidad y a las emociones populares y convencionales de lo simple, y que encuentra el más grande consuelo en los lazos de adulación y dependencia de la sociedad gregaria. Tal gente vive en un mundo limitado de imaginación; aceptando acríticamente los valores del folklore popular, y prefiere siempre que les den la razón en sus creencias, sentimientos y prejuicios, más que disfrutar del placer puramente estético y filosófico que surge de la discriminación, la contemplación y el reconocimiento de la belleza austera y absoluta.

Esto no significa que los elementos más baratos no se encuentren también en el amor hacia los gatos del amante medio de los gatos, sino simplemente que en el ailurófilo existe la base del esteticismo puro que el cinófilo no posee. El auténtico amante de los gatos exige un ajuste más claro con el universo que el que proporcionan las comunes obviedades domésticas, un ajuste que rechaza tragar la noción sentimental de que todas las personas buenas aman a los perros, los niños y los caballos, mientras que los malos los aborrecen y son aborrecidos por ellos.

Los amantes de los perros basan toda su argumentación en esas cualidades comunes, serviles y plebeyas, y juzgan de forma que resulta divertida la inteligencia de una mascota por su grado de conformidad a sus propios deseos. Los amantes de los gatos evitan esa ilusión, repudian la idea de que la servidumbre rastrera y la compañía servil para con el hombre sean méritos supremos, y se mantienen libres para admirar la independencia aristocrática, el amor propio y la personalidad individual unidas a la gracia y la belleza extremas, tal y como las ejemplifica el frío, ágil, cínico e invicto señor de los tejados.

La gente de ideas ordinarias será siempre amante de los perros. Para ellos nunca habrá nada más importante que ellos mismos y sus primitivos sentimientos, y nunca dejarán de estimar y glorificar al compañero animal que mejor los ejemplifica. Esta herencia quizá alcanzó su culminación en el insípido siglo XIX, cuando la gente acostumbraba a alabar a los perros porque son tan humanos, como si la humanidad fuera un criterio válido de mérito.

Por otra parte, el pensador y caballero considera a cada uno según sus afiliaciones naturales, y no puede dejar de observar que en las grandes simetrías de la vida orgánica, los perros están al lado de los descuidados lobos, zorros, chacales, coyotes, dingos y hienas, mientras que los gatos caminan orgullosamente junto a los señores de la jungla, y tienen a su alteza el león, al sinuoso leopardo, al regio tigre y a las elegantes panteras y jaguares como su familia. Los perros son los jeroglíficos de la emoción ciega, la inferioridad, el apego servil: los atributos de los hombres ordinarios, estúpidamente apasionados y subdesarrollados tanto intelectual como imaginativamente. Los gatos son las runas de la belleza, el orgullo, la libertad.

El perro es al campesino lo que el gato es al caballero. Podríamos, de hecho, juzgar el tono y el sesgo de una civilización por su actitud relativa hacia los perros y los gatos. El Egipto orgulloso donde el faraón era faraón y las pirámides se elevaban en belleza ante su deseo, que las soñó, se inclinó ante el gato, y se construyeron templos para su divinidad en Bubastis. En la Roma imperial, el grácil leopardo adornó la mayor parte de los mejores hogares, reposando su belleza insolente en el atrio con collar y cadena de oro; mientras que, después del tiempo de los Antoninos, el gato se importó de Egipto y se apreció como un lujo raro y costoso.

Cuando llegamos, sin embargo, a la rastrera Edad Media y sus supersticiones, encontramos que la hermosura fría e impersonal de los felinos está en muy baja estima; y contemplamos un lamentable espectáculo de odio y crueldad hacia estas pequeñas y bellas criaturas a las que únicamente sus virtudes como ratoneras les otorgaron un poco de tolerancia por parte de los patanes ignorantes ofendidos por su frialdad autosuficiente y temerosos de su independencia críptica y esquiva, que imaginaron relacionada con los poderes oscuros de la brujería.

Estos obtusos no podían tolerar lo que no servía a sus emociones y endebles propósitos. Deseaban un perro para acariciar y cazar y cobrar y traer, y no encontraban ninguna utilidad en el presente del gato: belleza eterna desinteresada para alimento del espíritu.

Si arrojas un palo, el perro servil resuella y tropieza para traértelo de vuelta. Haz lo mismo frente a un gato, y te mirará con aire divertido, frialdad educada y algo de aburrimiento. Y, del mismo modo que la gente inferior prefiere al animal inferior que se afana con excitación porque alguien quiere algo, así las personas superiores respetan al animal superior que vive su propia vida y sabe que cuando esos extraños bípedos se dedican puerilmente a lanzar palos, se trata de un asunto que no le incumbe y del que ni se percata.

El perro ladra y suplica y se revuelve para entretenerte. Eso le gusta al campesino amante de la mansedumbre, que aprecia un estímulo para su propia importancia. El gato, por otra parte, te engatusa para que juegues con él cuando le apetece que le entretengan; te hace correr por la habitación con una bola de papel arrastrando de una cuerda cuando tiene gana de ejercicio, pero rechaza todos tus intentos de hacerle jugar cuando no está de humor. Eso es personalidad e individualidad y respeto a sí mismo.

La persona superior lo reconoce y aprecia porque también ella es un espíritu libre cuya posición está afianzada, y cuya única ley es su propia herencia y sentido estético. En consecuencia, podemos ver que el perro llama la atención de aquellas almas emocionales primitivas cuyas demandas principales al universo son las de afecto incondicional, compañerismo desinteresado, y consideración y servilismo lisonjeros; mientras que el gato reina entre esos espíritus más contemplativos e imaginativos que lo único que le piden al universo es la visión objetiva de la belleza intensa y etérea, y la simbolización animada del orden y la suficiencia suave, implacable, reposada, parsimoniosa e impersonal de la Naturaleza.

El perro da, pero el gato es.

La gente simple siempre sobredimensiona el elemento ético en la vida, y es bastante natural que también lo hagan en el ámbito de las mascotas. En consonancia, oímos muchos dichos inanes en favor de los perros basados en que son fieles, mientras que los gatos son traicioneros. Pero ¿qué significa eso exactamente? ¿cuáles son los puntos de referencia? Ciertamente, el perro tiene tan poca imaginación e individualidad que no conoce motivo alguno más que los de su amo; pero, ¿qué mente sofisticada podría percibir una virtud positiva en esa abnegación estúpida de su instinto?

La discriminación debería sin duda alguna dar como vencedor al superior gato, que tiene demasiada dignidad natural como para aceptar otro esquema de cosas que no sea el suyo, y que en consecuencia no le importa en absoluto lo que cualquier torpe humano pueda pensar, desear o esperar de él. No es traidor, porque nunca ha reconocido ninguna lealtad con nada excepto con sus propios deliberados deseos; y la traición implica básicamente una separación respecto a algún pacto explícitamente reconocido.

El gato es un realista, no un hipócrita. Toma lo que le apetece cuando quiere, y no hace promesas. Nunca permite que esperes de él más de lo que da, y si eliges de forma estúpida ser lo suficientemente victoriano como para confundir sus ronroneos y frotamientos de autosatisfacción con señales de un afecto fugaz hacia ti, la culpa no es suya.

El amante de los gatos no necesita asombrarse del amor que otros les tienen a los perros (de hecho, puede que él también posea esa cualidad; porque los perros son a menudo encantadores, y tan adorables de esa manera suya condescendiente como un viejo y fiel sirviente o arrendatario a los ojos de su señor), pero no puede evitar asombrarse ante aquellos que no comparten su amor por los gatos. El gato es un símbolo tan perfecto de belleza y superioridad que parece prácticamente imposible que un auténtico esteta y cínico civilizado pueda no adorarlo.

Nos denominamos amos de un perro, pero ¿quién osaría decirse amo de un gato? Somos propietarios de un perro: está con nosotros como esclavo e inferior porque así lo queremos. Pero damos alojamiento a un gato: adorna nuestro hogar como un invitado, compañero, huésped e igual porque así es su deseo.

No es ningún honor ser el estúpidamente idolatrado amo de un perro cuyo instinto es idolatrar, pero se trata de un tributo muy distinto ser elegido como el amigo y confidente de un gato filosófico que es su propio amo de un modo absoluto y que puede con toda facilidad elegir otro compañero si encuentra uno más agradable e interesante.

No tenemos más que observar analíticamente a los dos animales para ver que los puntos se acumulan a favor del gato. La belleza, que es probablemente lo único que tiene un significado básico en todo el cosmos, debe ser nuestro criterio principal; y aquí el gato supera al perro de un modo tan brillante que toda comparación palidece. Algunos perros, es cierto, son bellos en un grado muy destacado; pero incluso el nivel más elevado de belleza canina es muy inferior a la media felina.

William Lyon Phelps ha captado de modo muy efectivo el secreto de la felinidad cuando dice que el gato no está simplemente echado, sino que derrama su cuerpo sobre el suelo como un vaso de agua. ¿Qué otra criatura ha combinado de este modo el esteticismo de la mecánica y la hidráulica? Contrástese esto con el inepto jadeo, resuello, ajetreo, babeo, arañado y torpeza general del perro medio, con sus falsos e inútiles movimientos. Y en los detalles de limpieza, el puntilloso gato está por supuesto a años luz.

Siempre es agradable tocar un gato, pero sólo las personas insensibles pueden dar la bienvenida de modo uniforme a los frenéticos y húmedos olfateos y pataleos de un polvoriento y quizá no inodoro canino que salta y se agita y se revuelve en desmañanda actividad febril por ninguna otra razón más que la de que sus centros nerviosos ciegos se han visto espoleados por algún estímulo sin sentido. Hay un fastidioso exceso de malas maneras en toda esa furia perruna, y sin duda encontramos al gato amable y reservado en sus avances, y delicado incluso cuando se desliza elegantemente en tu regazo con cultivados ronroneos, o salta caprichoso sobre la mesa en la que estás escribiendo para jugar con tu pluma con modulados y seriocómicos golpecitos.

Obsérvese a un gato comiendo, y luego mírese al perro. El primero se contiene por una delicadeza inherente e inevitable, y otorga una especie de gracia a uno de los procesos más carentes de ella. El perro, por el contrario, es totalmente repulsivo en su bestial e insaciable avidez; actuando de acuerdo con su estirpe salvaje al devorar vorazmente como un lobo, de la forma más abierta y desvergonzada.

En lo que respecta a la inteligencia, encontramos que los caninitas sostienen afirmaciones divertidas, divertidas porque miden de un modo muy ingenuo lo que conciben ser la inteligencia de un animal por su grado de servidumbre al deseo humano. Un perro puede traerle al amo la presa cobrada, un gato no lo hará, por lo tanto (¡sic!), el perro es más inteligente.

Los perros pueden recibir entrenamientos más complejos para el circo o para obras de vodevil que los gatos, por tanto (¡Oh Zeus!) son cerebralmente superiores. Por supuesto, todo esto es el más puro sinsentido. Nunca diríamos que un hombre débil de espíritu es más inteligente que un ciudadano independiente porque podemos hacer que vote según nuestros deseos mientras que no podemos influir sobre el ciudadano independiente, y sin embargo incontables personas aplican un argumento exactamente paralelo al valorar la materia gris de perros y gatos.

Obsérvese a un gato que decide cruzar una puerta, y véase cuán pacientemente espera su oportunidad, sin perder nunca de vista su propósito incluso aunque se vea en la obligación de fingir otros intereses entretanto. Obsérvesele concentrado en la caza, y compárese su paciencia calculadora y el silencioso estudio del terreno con el forcejeo y pataleo ruidoso de su rival canino. No vuelve a menudo con las manos vacías. Sabe lo que quiere, y está determinado a conseguirlo del modo más efectivo, incluso a costa del sacrificio de tiempo. Nada puede desviar o distraer su atención.

En ingenio, también el gato atestigua su superioridad. Los perros puede entrenarse bien para hacer distintas cosas, pero los psicólogos nos dicen que esas respuestas a una memoria automática inculcada desde fuera son de poco valor como índices de auténtica inteligencia. Para juzgar el desarrollo abstracto de un cerebro, enfréntalo a condiciones nuevas y no familiares para ver cómo su propia fortaleza le permite alcanzar su objetivo a través del razonamiento puro sin caminos marcados. Aquí los gatos pueden idear silenciosamente una docena de alternativas misteriosas y con éxito, mientras que el pobre Fido ladra asombrado preguntándose de qué va todo eso.

Podemos respetar a un gato como no podemos respetar a un perro, sin importar cuál de ellos resulte más atractivo para nuestro simple capricho de tomarles cariño; y si fuéramos estetas y analistas en lugar de vulgares amantes y emocionalistas, las escalas deberían inevitablemente volverse por completo en favor del gato.

Asimismo, muchos gatos desarrollan un sentimiento bastante análogo al cariño recíproco tan exageradamente ensalzado en perros, seres humanos, caballos y otros. Los gatos llegan a asociar a ciertas personas con actos que contribuyen a su placer de forma continuada, y adquieren para ellos un reconocimiento y un apego que se manifiesta en la excitación placentera cuando se acercan —tanto si llevan comida y bebida como si no— y cierta tristeza en su ausencia prolongada.

Un gato con el que yo tenía una relación muy próxima llegó al extremo de no aceptar comida si no era de mi mano, e incluso prefería estar hambriento antes que tocar ni siquiera el más mínimo pedazo proporcionado por algún amable vecino. También tenía claros y distintos afectos entre el resto de gatos de aquel hogar idílico, ofreciendo voluntariamente comida a uno de sus amigos bigotudos, pero peleando de la forma más salvaje la más mínima mirada que lanzara su rival sobre su plato.

La superior vida interior imaginativa del gato, que da como resultado un superior dominio de sí mismo, es bien conocida. Un perro es un ser lastimero, que depende por completo de la compañía y se halla totalmente perdido a no ser que se encuentre en una jauría o al lado de su amo. Déjenle solo y no sabrá qué hacer más que ladrar y aullar y trotar hasta que se quede dormido de puro agotamiento. Un gato, sin embargo, nunca se encuentra sin la potencialidad del entretenimiento. Lo mismo que un hombre superior, sabe cómo estar solo y feliz. Una vez que ha mirado a su alrededor sin encontrar a nadie que lo entretenga, se dedica a la tarea de entretenerse a sí mismo; y nadie conoce realmente a los gatos sin haber tenido la ocasión de observar a hurtadillas a algún alegre y equilibrado gatito que cree estar solo.

Resumiendo, un perro es un ser incompleto. Del mismo modo que un hombre inferior, necesita estímulos emocionales externos y debe establecer algo artifical como un dios o un motivo. El gato, en cambio, es perfecto en sí mismo. Es un ser real e integrado porque se cree y se siente como tal, mientras que el perro sólo puede concebirse a sí mismo en relación con algo distinto. Azota a un perro y te lamerá la mano. El animal no tiene ninguna idea de sí mismo excepto como una parte inferior de un organismo del que tú eres la parte superior.

Pero azota a un gato y observa cómo te mira amenazante y cómo retrocede bufando con su dignidad y autoestima ultrajada. Un golpe más y te lo devolverá; porque es un caballero y un igual, y no aceptará que se infrinja su personalidad y cuerpo de privilegios. Sólo está en tu casa porque desea estar, o quizá incluso como ofreciéndote un favor condescendiente. Es la casa, no tú, lo que le gusta; porque los filósofos se dan cuenta de que los seres humano no son, como mucho, más que accesorios menores del paisaje.

Da un paso más de la cuenta, y te dejará de una vez por todas. Te has equivocado en tu relación con él si te crees su amo, y ningún gato auténtico puede tolerar tamaña afrenta.

El gato es para el hombre que aprecia la belleza como única fuerza viva en un universo ciego y sin propósito, y que adora esa belleza en todas sus formas independientemente de las ilusiones sentimentales y éticas del momento. El gato no para aquellos engreídos que creen tener una misión, sino para el poeta ilustrado y soñador que sabe que el mundo no contiene nada que merezca la pena hacerse. El gato es para quien hace las cosas no por el deber sin más, sino por poder, placer, esplendor, romance y glamour.

Belleza, suficiencia, tranquilidad y buenas maneras —¿qué más puede requerir la civilización?—. Y todo eso lo tenemos en el divino monarca que descansa gloriosamente en su cojín de seda frente al fuego del hogar. Hermosura y alegría por sí mismas, orgullo y armonía y coordinación, espíritu, sosiego y perfección, todo está presente en el gato, y no se precisa más que una comprensiva desilusión para su completa adoración. ¿Qué alma completamente civilizada no haría sino servir a un sacerdote tan elevado de Bast?

Y un ídolo alumbrado por ese destello, que aparece justo y bello sobre un trono soñado de seda y oro bajo una cúpula criselefantina, es una forma de gracia inmortal que no siempre ve reconocidos sus méritos entre los inútiles mortales: el elevado, el invicto, el misterioso, el lujurioso, el babilonio, el impersonal, el eterno compañero de la superioridad y el arte; el prototipo de belleza perfecta y el hermano de la poesía; el suave, solemne, flexible y patricio gato.

H.P. Lovecraft (1890-1937)




Ensayos de Lovecraft. I Taller literario.


El análisis y resumen del ensayo de H.P. Lovecraft: Gatos y perros (Cats and Dogs), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Algo sobre gatos y otras piezas»: H.P. Lovecraft; libro y análisis


«Algo sobre gatos y otras piezas»: H.P. Lovecraft; libro y análisis.




Algo sobre gatos y otras piezas (Something About Cats and Other Pieces) es una colección de relatos de terror y breves ensayos del escritor norteamericano H.P. Lovecraft (1890-1937), publicado de manera póstuma por Arkham House en 1949.

Algo sobre gatos y otras piezas reune aquellos relatos de H.P. Lovecraft que no fueron recogidos en las antologías anteriores publicadas por Arkham House: Marginalia (Marginalia), El extraño y otros (The Outsider and Others), Más allá del muro del sueño (Beyond the Wall of Sleep) y La habitación cerrada y otras piezas (The Shuttered Room and Other Pieces).

No obstante, y a pesar de que lo mejor del maestro de Providence no se encuentra precisamente aquí, sí podemos encontrar algunos buenos relatos de H.P. Lovecraft escritos en colaboración, breves ensayos, borradores, así también como un puñado de cuentos de autores del Círculo de Lovecraft y otras curiosidades que realmente valen la pena.




Algo sobre gatos y otras piezas.
Something About Cats and Other Pieces, H.P. Lovecraft (1890-1937)
  • Alethia Phrikodes (Alethia Phrikodes)
  • Cuatro en punto (Four O'Clock, Sonia Greene)
  • El epicedio de Ragnar Lodbrok (Regnar Lodbrug's Epicedium, H.P. Lovecraft)
  • El horror en el cementerio (The Horror in the Burying Ground, con Hazel Heald)
  • El monstruo invisible (The Invisible Monster, con Sonia Greene)
  • El verdugo eléctrico (The Electric Executioner, con by Adolphe de Castro)
  • Gatos y perros (Cats and Dogs, H.P. Lovecraft)
  • La batalla que le dio fin al siglo (The Battle That Ended the Century)
  • La última prueba (The Last Test, con Adolphe de Castro)
  • Providence: dos caballeros se encuentran a medianoche (Providence: Two Gentlemen Meet at Midnight, August Derleth)
  • Agosto (August)
  • A la bandera americana (To the American Flag)
  • Borrador descartado de «La sombra sobre Innsmouth» (Discarded Draught of The Shadow Over Innsmouth)
  • El conservadurismo de Lovecraft (Lovecraft's Conservative, August Derleth)
  • El hombre que era Lovecraft (The Man Who Was Lovecraft, E. Hoffmann Price)
  • El hoy materialista (The Materialist Today)
  • En la raíz (At the Root)
  • Faetón (Phaeton)
  • HPL (HPL, Vincent Starrett)
  • Howard Phillips Lovecraft (Howard Phillips Lovecraft, Samuel Loveman)
  • La casa (The House)
  • La ciudad (The City)
  • Lamento por la araña desaparecida (Lament for the Vanished Spider)
  • La pastoral despreciada (The Despised Pastoral)
  • La pesadilla del poeta (The Po-et's Nightmare)
  • La sensibilidad de Lovecraft (Lovecraft's Sensitivity, August Derleth)
  • Lovecraft como lo conocí (Lovecraft as I Knew Him, Sonia Greene)
  • Merlinus Redivivus (Merlinus Redivivus)
  • Mi personaje favorito (My Favorite Character)
  • Notas para «En las montañas de la locura» (Notes for At the Mountains of Madness)
  • Notas para «La sombra fuera del tiempo» (Notes for The Shadow Out of Time)
  • Notas para «La sombra sobre Innsmouth» (Notes for The Shadow Over Innsmouth)
  • Sir Tomas Tryout (Sir Thomas Tryout)
  • Sirvientes de Satán (Satan's Servants, Robert Bloch)
  • Tiempo y espacio (Time and Space)
  • Un recuerdo de Lovecraft (A Memoir of Lovecraft, Rheinhart Kleiner)
  • Un Copérnico literario (A Literary Copernicus, Fritz Leiber)
  • Vermont: primeras impresiones (Vermont: A First Impression)




Antologías. I Relatos de H.P. Lovecraft.


El análisis y resumen del libro de H.P. Lovecraft: Algo sobre gatos y otras piezas (Something About Cats and Other Pieces), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Carl Jung: libros en español


Carl Jung: libros en español.




Carl Gustav Jung (1875-1961) fue una de las figuras más prominentes de la psicología y la psiquiatría, autor de ensayos y libros fundamentales sobre la materia; sin embargo, algunos libros de Carl Jung van más allá, rozando temas relacionados con lo paranormal, lo mitológico, e incluso con la parapsicología, lo cual lo vuelve un objetivo eminente para nuestra biblioteca de libros prohibidos.

En esta sección de El Espejo Gótico iremos recorriendo algunos de los más interesantes libros de Carl Jung.




Libros de Carl Jung.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


El artículo: Carl Jung: libros en español fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Marginalia»: H.P. Lovecraft; libro y análisis


«Marginalia»: H.P. Lovecraft; libro y análisis.




Marginalia (Marginalia) es una colección de artículos, ensayos y relatos de terror del escritor norteamericano H.P. Lovecraft (1890-1937), publicado por Arkham House en 1944.

La antología incluye, entre otras cosas, algunos de los cuentos destacados de H.P. Lovecraft, tanto aquellos que pertenecen al Ciclo Onírico como a los Mitos de Cthulhu, así también como artículos, notas y otros escritos marginales realmente interesantes.

En este sentido Marginalia nos permite conocer el otro lado de los relatos de H.P. Lovecraft; es decir, las aspiraciones estéticas y filosóficas del maestro de Providence, las cuales sostienen el colosal edificio de su obra.

Más allá de los cuentos y poemas de H.P. Lovecraft que aparecen en Marginalia, así también como un par de relatos escritos en colaboración con otros miembros del Círculo de Lovecraft, el resto del material, básicamente artículos y breves ensayos, fue meticulosamente seleccionado por August Derleth, acaso el autor más cercano al creador del Necronomicón.

Por extraño que parezca, Marginalia fue mucho mejor recibido por la crítica que la ficción lovecraftiana, de hecho, durante los años '40 se consideraba que la obra de H.P. Lovecraft era, en esencia, un tipo de ficción juvenil. Sin embargo, este notable libro sirvió para posicionar sus ensayos y, posteriormente, sus relatos, entre los más significativos del género.




Marginalia.
Marginalia, H.P. Lovecraft (1890-1937)
  • Azathoth (Azathoth)
  • Cómo escribí «La declaración de Randolph Carter» (H.P. Lovecraft)
  • El descendiente (The Descendant)
  • El hombre de piedra (The Man of Stone, con Hazel Heald)
  • El lazo de Medusa (Medusa's Coil, con Zealia Bishop)
  • El libro (The Book)
  • El morador de las tinieblas (The Dweller in Darkness, con Donald Wandrei)
  • El ser bajo la luna (The Thing in the Moonlight)
  • H.P.L. (H.P.L., Clark Ashton Smith)
  • H.P.L. (H. P. L., Henry Kuttner)
  • H.P. Lovecraft y Harry Houdini.
  • La antigua raza (The Very Old Folk)
  • La bestia en la cueva (The Beast in the Cave)
  • La transición de Juan Romero (The Transition of Juan Romero)
  • Lord Dunsany y su obra (Lord Dunsany and His Work)
  • Muerte alada (Winged Death, con Hazel Heald)
  • Para Howard Phillips Lovecraft (To Howard Phillips Lovecraft, Clark Ashton Smith)
  • Para Howard Phillips Lovecraft (To Howard Phillips Lovecraft, Francis Flagg)
  • Algunas notas sobre la ficción interplanetaria (Some Notes on Interplanetary Fiction)
  • Algunos fundamentos de la Tierra de Hadas (Some Backgrounds of Fairyland)
  • Algunos recuerdos aleatorios (Some Random Memories, Frank Belknap Long)
  • Desde «El extraño»: H.P. Lovecraft (From the Outsider: H.P. Lovecraft, Charles E. White)
  • Dos comentarios (Two Comments)
  • Elegía (Elegy, August Derleth)
  • El viento que está en la hierba: un recuerdo de H.P. Lovecraft (The Wind That Is in the Grass: A Memoir of H.P. Lovecraft, R.H. Barlow)
  • In Memoriam: H.P. Lovecraft (In Memoriam: H.P. Lovecraft, Richard Ely Morse)
  • Lovecraft como influencia formativa (Lovecraft as a Formative Influence, August Derleth)
  • Lovecraft y la ciencia (Lovecraft and Science, Kenneth Sterling)
  • Observaciones en distintas partes de Norteamérica (Observations on Several Parts of North America)
  • Prólogo (Foreword, August Derleth y Donald Wandrei)
  • Su creación más fantástica (His Own Most Fantastic Creation, Winfield Townley Scott)
  • Sueño perdido (Lost Dream, Emil Petaja)
  • Una guía de Charleston, Carolina del Sur (A Guide to Charleston, South Carolina)




Libros extraños. I Libros de H.P. Lovecraft.


El análisis y resumen del libro de H.P. Lovecraft: Marginalia (Marginalia), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Virginia Woolf: ensayos literarios destacados


Virginia Woolf: ensayos literarios destacados.




Nadie podrá cuestionar que Virginia Woolf (1882-1941) fue una de las más importantes autoras inglesas de todos los tiempos, tampoco que los cuentos de Virginia Woolf se encuentran entre los más destacados del modernismo. En esta sección, sin embargo, nos ocuparemos de otra faceta de su producción literaria, quizá menos conocida pero igualmente influyente: hablamos de los ensayos de Virginia Woolf.

Gran parte de los ensayos de Virginia Woolf se relacionan con la mujer y la literatura, es decir, revelan las costumbres, los hábitos y la lucha de la mujer que busca abrirse paso en la literatura, predominantemente masculina en aquellos años.

A lo largo del tiempo, Virginia Woolf fue generando una vasta e interesante producción de ensayos literarios, algunos de los cuales compartimos a continuación.




Virginia Woolf: ensayos literarios:
  • Ficción moderna (Modern Fiction)
  • La muerte de la polilla (The Death of the Moth)
  • La mujer en el espejo (The Lady in the Looking Glass: A Reflection)
  • La vida y el novelista (Life and the Novelist)
  • Una habitación propia (A Room of One's Own)
  • ¿Cómo debería una leer un libro? (How Should One Read a Book?)
  • Cómo golpea un contemporáneo (How it strikes a Contemporary)
  • Diarios de una escritora (A Writer’s Diary)
  • El arte de la biografía (The Art of Biography)
  • El diario de Virginia Woolf (The Diary of Virginia Woolf)
  • El ensayo moderno (The Modern Essay)
  • El lector común (The Common Reader)
  • El momento y otros ensayos (The Moment and Other Essays)
  • El punto de vista ruso (The Russian Point of View)
  • Ensayos escogidos (Collected Essays)
  • Jane Austen (Jane Austen)
  • John Donne después de tres siglos (Donne After Three Centuries)
  • Joseph Conrad (Joseph Conrad)
  • Granito y arcoiris (Granite and Rainbow)
  • La casa de Carlyle y otros borradores (Carlyle's House and Other Sketches)
  • La escena londinense (The London Scene)
  • Las mujeres y la literatura (Women And Writing)
  • Libros y retratos (Books and Portraits)
  • Los extraños isabelinos (The Strange Elizabethans)
  • Los pastores y Chaucer (The Pastors and Chaucer)
  • Memorias de una novelista (Memoirs of a Novelist)
  • Profesiones para mujeres (Professions for Women)
  • Sobre el no saber griego (On not knowing Greek)
  • Sobre estar enfermo (On Being Ill)
  • Todo sobre libros (All About Books)
  • Tres guineas (Three Guineas)
  • Una novela no escrita (An Unwritten Novel)
  • Un borrador del pasado (A Sketch of the Past)




Taller de literatura. I Autores con historia.


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Maggie Kilgour: ensayos académicos sobre literatura gótica


Maggie Kilgour: ensayos académicos sobre literatura gótica.




Maggie Kilgour es una importante investigadora canadiense, en cuya obra se encuentran algunos de los más destacados ensayos académicos sobre literatura gótica, ciertamente capaces de transformar por completo nuestra visión acerca del género, y principalmente sobre los elementos folklóricos que subyacen debajo de los típicos ingredientes de la novela gótica.

A continuación compartimos un resumen de los ensayos académicos sobre literatura gótica de Maggie Kilgour, a quien le debemos una mirada sumamente original sobre los misterios de la novela gótica.




Ensayos académicos sobre literatura gótica (Maggie Kilgour)
  • El auge de la novela gótica (The Rise of the Gothic Novel)
  • Arte vampírico: la defensa de Bram Stoker a la poesía (Vampiric Arts: Bram Stoker's Defence of Poetry)
  • Frankenstein conoce a Freud (Dr. Frankenstein Meets Dr. Freud)




Literatura gótica. I Cultura gótica.


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Dunja Brill: ensayos sobre cultura gótica


Dunja Brill: ensayos sobre cultura gótica.




Dunja Brill es una joven investigadora alemana dedicada principalmente al estudio de la subcultura gótica, sus paradigmas, sus ideales y su estética. En este sentido, sus ensayos sobre cultura gótica se encuentran entre los más interesantes de los últimos años.

A continuación compartimos algunos de los más importantes libros de Dunja Brill y, desde luego, sus ensayos sobre cultura gótica.




Dunja Brill: libros y ensayos:
  • Cultura gótica: género, estilo, ropa y tendencias (Goth Culture: Gender, Style, Dress and Body)
  • Cultura gótica: género, sexualidad y estilo (Goth Culture: Gender, Sexuality and Style)
  • Actuación y representación de la masculinidad en la escena electro industrial (Die Performanz und mediale Repräsentation von Männlichkeit in der Electro und Industrial-Szene)
  • El Black Metal es guerra: mítica reconstrucción marcial de la masculinidad blanca en las escenas musicales subculturales (Black Metal ist Krieg’: Die mythische Rekonstruktion martialischer ‘weißer’ Männlichkeit in subkulturellen Musikszenen)
  • Género, estátus y capital subcultural en el estilo gótico (Gender, Status and Subcultural Capital in Gothic Style)
  • Mujeres en la escena gótica (Frauen in der Gothic-Szene)
  • Sonidos llenos de energía (Macht-volle Sounds)
  • ¿Subcultura en venta? Los valores culturales, de contenido y producción en el periodismo musical gótico (Subculture for Sale? Cultural, Content and Production Values in Goth Music Journalism)
  • ¿Subversión o estereotipo? La subcultura gótica como un estudio de caso de identidad de género y representaciones (Subversion or Stereotype? The Gothic Subculture as a Case Study of Gendered Identities and Representations)
  • ¿Todo acerca de la muerte y el diablo? El «mal» en la subcultura gótica (Auf Tod und Teufel? Das ‘Böse’ in der Gothic-Subkultur)
  • Violencia acústica: construcciones de género en la cultura electro-industrial (Akustische Gewalt: geschlechtsbezogene Selbstkonstruktionen in ‘extremer’ Musik am Beispiel der Electro/Industrial-Kultur)




Cultura gótica. I Literatura gótica.


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Lafcadio Hearn: relatos y libros


Lafcadio Hearn: relatos y libros.




Lafcadio HearnPatricio Lafcadio Tessima Carlos Hearn (1850-1904)— fue un notable escritor británico nacido en Grecia, desarrollado profesionalmente en Norteamérica, y profundamente enamorado de Japón y su ancestral cultura; de hecho, allí cambió su nombre por el de Yakumo Koizumi. En este contexto, los relatos de Lafcadio Hearn se inscriben en la tradición del relato fantástico, y homenajean al Japón de un modo nunca visto antes de él.

Aquí iremos agrupando todos los libros y relatos de Lafcadio Hearn.




Lafcadio Hearn: obras completas:
  • Diplomacia (Diplomacy)
  • El secreto de la muerta (A Dead Secret)
  • Jikininki (Jikininki)
  • Afrodita y el prisionero del rey (Aphrodite and the King's Prisoner)
  • Ante la Suprema Corte (Before the Supreme Court)
  • Chin Chin Kobakama (Chin-Chin Kobakama)
  • Chita (Chita)
  • Cuando yo era una flor (When I Was a Flower)
  • Cuentos de hadas japoneses (Japanese Fairy Tales)
  • El alma de la gran campana (The Soul of the Great Bell)
  • El beso fantasmal (The Ghostly Kiss)
  • El carbunclo del diablo (The Devil's Carbuncle)
  • El chico que dibujaba gatos (The Boy Who Drew Cats)
  • El cuento del dios de porcelana (The Tale of the Porcelain-God)
  • El cupido negro (The Black Cupid)
  • El extraño (The Stranger)
  • El gabinete de cedro (The Cedar Closet)
  • El inmortal (The Undying One)
  • El libro de Thoth (The Book of Thoth)
  • El nombre en la piedra (The Name on the Stone)
  • El pájaro y la chica (The Bird and the Girl)
  • El romance de la Vía Láctea (The Romance of the Milky Way)
  • El sueño de Akinosuké (The Dream of Akinosuké)
  • El sueño de un día de verano (The Dream of a Summer Day)
  • El Vómito (El Vómito)
  • En el cementerio (At the Cemetery)
  • En la fantasmagórica Japón (In Ghostly Japan)
  • En una taza de té (In a Cup of Tea)
  • Fantasmas de primavera (Spring Phantoms)
  • Fuera de Oriente: ensoñaciones y estudios en el Nuevo Japón (Out of the East: Reveries and Studies in New Japan)
  • Haikus japoneses (Japanese Lyrics: Haiku)
  • Japón: un intento de interpretación (Japan: An Attempt at Interpretation)
  • Karma (Karma)
  • Kokoro. Impresiones de la vida íntima del Japón (Kokoro: Hints and Echoes of Japanese Inner Life)
  • Kwaidan: Historias y estudios de extrañas cosas (Kwaidan: Stories and Studies of Strange Things)
  • La camisa de Margarita Pareja (The Chemise of Margarita Pareja)
  • La fuente de oro (The Fountain of Gold)
  • La historia de Kwashin Koji (The Story of Kwashin Koji)
  • La historia de Mimi-Nashi-Hôïchi (The Story of Mimi-Nashi-Hôïchi)
  • La historia de O-Kamé (The Story of O-Kamé)
  • La historia de O-tei (The Story of O-tei)
  • La leyenda de Fugen-Bosatu (A Legend of Fugen-Bosatsu)
  • La leyenda de los duendes descabezados (Rokuro-Kubi)
  • La leyenda de Tchi-Niu (The Legend of Tchi-Niu)
  • La leyenda de Yurei-Daki (The Legend of Yurei-Daki)
  • La monja del templo de Amida (The Nun of the Temple of Amida)
  • La noche de Todos los Santos (The Night of All Saints)
  • La oficina de correos (The Post-Office)
  • La reconciliación (The Reconciliation)
  • Las palabras mágicas (The Magical Words)
  • La tradición de la planta de té (The Tradition of the Tea-Plant)
  • Mujina (Mujina)
  • Recuerdos hereditarios (Hereditary Memories)
  • Rokuro-Kubi (Rojuro-Kubi)
  • Sentido común (Common Sense)
  • Una historia de fantasmas (A Ghost Story)
  • Una leyenda (A Legend)
  • Una miscelánea japonesa (A Japanese Miscellany)
  • Un amor muerto (A Dead Love)
  • Sobre fantasmas y gnomos (Of Ghosts and Goblins)
  • Todo de blanco (All in White)
  • Un fantasma (A Ghost)
  • Vislumbres del Japón desconocido (Glimpses of Unfamiliar Japan)
  • Yuki Onna (Yuki Onna)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


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Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Poema de Laura Riding.
Relato de Maurice Level.
Poema de Clark Ashton Smith.


Taller gótico.
Relato de May Sinclair.
Poema de Robert E. Howard.