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Clichés de la ciencia ficción que nos encantan


Clichés de la ciencia ficción que nos encantan.




No es sencillo terminar con los lugares comunes, sobre todo en la literatura de género como la ciencia ficción, donde los clichés sobreviven por dos sencillas razones:

1- Los lectores los reconocen como evidencia de que están frente a una obra de ciencia ficción. Si estos lugares comunes no aparecen es probable que una obra determinada no sea considerada parte del género.

2- Pereza intelectual de los autores.


Como vemos, la perpetuidad de los clichés tiene que ver con la necesidad de identificarse como una genuina historia de ciencia ficción, pero también con la falta de ideas de parte de los autores y el hábito de reciclarlas constantemente.

Los clichés que más se repiten en la ciencia ficción podrían ser las armas de rayos (blasters), androides, saltos al hiperespacio, cyborgs, máquinas del tiempo, campos de fuerza, antigravedad, etc; aunque lo mismo ocurre con sus personajes.

En la ciencia ficción, el Villano siempre frecuenta el costado más oscuro de la tecnología, mezclada con algo de magia (nigromancia, principalmente) y ciertas extravagancias idealistas, casi siempre relacionadas al totalitarismo.

Las mujeres en la ciencia ficción se llevan la peor parte.

Rara vez poseen algo interesante del cuello para arriba, aún cuando se las retrate como guerreras independientes que irradian una sexualidad primordial. Podríamos definirlas como Mujeres Fatales pero con la profundidad intelectual de un charco.

La mayoría de las mujeres en la ciencia ficción, sin embargo, son Doncellas en Apuros: princesas estelares, a veces ásperas, a veces purísimas, que necesitan la colaboración del macho interestelar y que frecuentemente se quiebran en llantos histéricos o directamente se desvanecen durante los momentos críticos.

En cualquier caso, las chicas en la ciencia ficción son siempre sexys, lo cual las vuelve una amenaza para el protagonista, ya sea un varón con perfil de Antihéroe o un muchacho de pueblo, escasamente instruido pero instintivamente dotado para luchar contra el mal.

En este contexto, sólo las autoras —como Úrsula K. LeGuin: La mano izquierda de la oscuridad (The Left Hand of Darkness)— han retratado hembras con personalidades complejas en la ciencia ficción. A propósito, Joanna RussLa muerte del caos (And Chaos Died), Las aventuras de Alyx (The Adventures of Alyx), El hombre hembra (The Female Man)— escribió un formidable análisis de la mujer en la ciencia ficción en el libro: Los clichés del espacio exterior (The Clichés from Outer Space).

Los niños en la ciencia ficción también caen en una serie de clichés bastante aburridos: generalmente aparecen con rasgos mutantes o bien con poderes extrasensoriales. En virtud de su inocencia suelen servir de enlace con las civilizaciones que se emperran en invadir el planeta.

Con El pequeño asesino (The Small Assasin), Ray Bradbury los evadió de la pureza y convirtió a los niños en una verdadera amenaza; nuevo cliché que alcanzó su mayor esplendor en Los cuclillos de Midwich (The Midwich Cuckoos), de John Wyndham todas las mujeres de un pueblo despiertan embarazadas, llevando consigo la simiente diabólica de una civilización extraterrestre.

Los robots en la ciencia ficción tampoco tienen demasiadas alternativas de desarrollo.

Los dos clichés más comunes proponen que los robots deben ser: a) graciosos (como en casi todas las historias de Isaac Asimov); o b) malignos.

Rara vez interpretan los dos extremos, al menos en la ciencia ficción moderna; aunque podemos encontrar un ejemplo magnífico en el relato de Nathaniel Hawthorne: El artista de lo bello (The Artist of the Beautiful).

Por otro lado, nunca falta la escena donde el robot es herido y observamos, con mezcla de rechazo y compasión, como sangra aceite u otros fluidos desconocidos.

Lo no-humano en la ciencia ficción también suele caer en dos lugares comunes: a) enanismo; y b) gigantismo. El pelo, las garras, los tentáculos, el habla, todo eso puede cambiar, pero las dos escalas se mantienen prácticamente invariables.

Normalmente la ciencia ficción nos ubica en el futuro, donde el hombre superevolucionado posee una capacidad cerebral abismal y un cuerpo decrépito y ya en desuso. Esto, sin embargo, parece contradecir las nuevas tendencias. Todo hace suponer que el futuro nos depara una raza de cyborgs con cuerpos extraordinarios y cerebros mínimos.

Los clichés en los argumentos de la ciencia ficción son tantos que sería imposible agruparlos en un solo artículo, de modo que repasaremos únicamente los más reconocibles:


Sociedad condenada: todo depende de un héroe.

Guardián nocturno: un sujeto solo en el espacio obstaculiza el advenimiento de una invasión.

Imitadores: todos son humanos, salvo el alienígena o robot a bordo, que nos imita a la perfección.

Extraterrestres invencibles: las armas terrícolas, aún las de destrucción masiva, no tienen efecto alguno sobre la tecnología foránea.

Extraterrestres vencibles I: poseen armas de destrucción masiva capaces de pulverizar galaxias enteras; sin embargo, siempre tienen un punto débil que el humano astuto aprovecha para destruirlos.

Extraterrestres vencibles II: el humano es derrotado, pero el planeta derrota a los invasores mediante gérmenes, virus y otras porquerías.

Control mental: civilización avanzada domina a la humanidad (a veces representada en un solo individuo) invadiendo sus cerebros. Naturalmente, siempre hay uno que se salva, el héroe, que lucha para despertar a sus congéneres.

Rebelión de la inteligencia artificial: los robots se alzan en armas, a menudo comandados por un gran cerebro computarizado que los organiza y controla.

Cerebro computarizado: se lo derrota, ya al final, con una simple paradoja que destroza sus circuitos cognitivos.

Doppelganger en los corredores del tiempo: parece otro sujeto pero no, es el protagonista en el futuro o el pasado.

Montescos y Capuletos: Imperios galácticos vs. Democracias cósmicas, Liberad en la miseria vs. Esclavismo en la modernidad.

Desmemoriados: ¿Amnesia? No, la memoria del héroe fue borrada con propósitos nefastos, aunque no lo suficiente como para matarlo y evitarse los problemas que inevitablemente traerá al recuperarla.

Complejo de Edipo-Electra: el héroe cósmico lucha contra un ancestro malévolo, al que naturalmente destruye al final.

Último hombre de pie: en un planeta, una nave, un asteroide; el sitio es lo de menos: un último hombre, solo o acompañado por una máquina, se enfrenta a muchos; aunque en cierto punto generalmente encuentra una hembra que refuerce su valor.

Científico antiético: un hombre extremadamente inteligente manipula fuerzas con las que sólo Dios debería jugar.

Inmortalidad vs. Naturaleza: se consigue vivir milenios, pero la naturaleza siempre se encarga de poner al hombre en su lugar de mortal.

Frankensterin: creación destruye a su creador.

Tierra Moribunda: todo se va al carajo en el planeta y el hombre organiza su mudanza.

Extraterrestres benévolos: aparecen para salvar al hombre de la autodestrucción global.

Adán y Eva: especímenes de los principios masculino y femenino son objeto de estudio por una inteligencia superior.

Sociedad totalitaria: ojos escaneados, control mental, trabajos abúlicos, son el precio de vivir en una paz perdurable y notablemente aburrida.

Cráteres universales: agujeros negros y otras rarezas aparecen como cráteres de viejas batallas entre seres de inconmensurable poder, que casi siempre engendraron la vida en la Tierra.

Virus: un virus alienígena o diabólico ex machina convierte a la humanidad en una feroz horda de zombies caníbales.


Para retomar el título de nuestro artículo, quizá debamos pensar que los clichés de la ciencia ficción nunca terminarán, y está bien que así sea, porque en definitiva nos encantan.

De hecho, a menudo una obra de ciencia ficción sólo es reconocible por sus clichés.

Si hablamos de viajes en el tiempo podemos citar muchas historias tan diferentes en sus matices como idénticas desde lo argumental. El cliché es el mismo, pero el móvil que lo justifica cambia, y ahí radica el éxito o el fracaso de una historia.

Cualquiera puede escribir un traslado mecánico-orgánico-tecnológico al pasado, o al futuro, pero lo importante aquí no es el viaje en el tiempo, el cliché, sino qué hacemos con él.

Ésa es la singularidad que le da vida a una historia, haciendo del lugar común algo secundario y sin mayor importancia. De hecho, si describimos una historia sólo por el cliché: chico viaja al pasado, encontraremos cientos de argumentos que se ajustan a su descripción; pero si le añadimos una pizca de singularidad, por ejemplo, chico viaja al pasado e inventa el rock and roll, todos sabemos de qué estamos hablando.




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2 comentarios:

Alice Lovecraft dijo...

Por suerte, algunas series de ciencia ficción actuales no convierten a las mujeres en simples accesorios, si no que son ellas las protagonistas de la historia. Este es el caso de Orphan Black que, si bien cumple algunos de los clichés que menciona el artículo, no pinta a las personas de sexo femenino como necesariamente dependientes del macho, o como su complemento; por supuesto, supera con creces el Test de Bechdel. Se la recomiendo a cualquiera interesado en lo referente a la genética.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Creo que sabes más de lo paranormal que de la ciencia ficción más tecnologíca.
Porque hay cuestiones que no son tan así. Hay personajes femeninos muy distintos en la obra de Philip Dick. Y Asimov tiene robots que no son graciosos, se parecen más a los guardianes de la humanidad, como R. Daneel Olivaw. Y hay mujeres como Dors Venabili, como Susan Calvin.
Y hay más variantes que otros géneros, como el policial negro.
Pero interesante informe