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Esperanza Spalding homenajea a «La mosca» de William Blake


Esperanza Spalding homenajea a «La mosca» de William Blake.




La música y la poesía son lenguajes similares: ambos son sonoros, armónicos, y para existir deben integrarse mutuamente. La música sin poesía es un híbrido sin vida, así como la poesía que carece de musicalidad carece también de alma.

No es infrecuente que la música, sin importar a qué género pertenezca, se inspire en los grandes poetas; sin embargo, pocas veces ese homenaje alcanza el mismo grado de emoción y sentimiento que el original, pero cuando sí ocurre se produce algo maravilloso.

Esperanza Spalding es una bajista, contrabajista y cantante de jazz; tal vez la más talentosa de su generación; cuestión que queda evidenciada en esta hermosa versión del poema de William Blake: La mosca (The Fly).

Se trata de un poema sencillo, al menos en apariencia, pero que en su simpleza roza algunas de las grandes abstracciones y misterios del ser.

William Blake nos presenta al narrador durante uno de esos instantes de vacío intelectual, es decir, completamente en blanco, sin pensamientos fijos u ordenados. Ese vacío, ese mirar a la nada —una mosca— rápidamente se desplaza hacia la contemplación.

La mosca y el narrador son presas de las mismas circunstancias incontrolables de la vida. Ambos, la mosca y el hombre, son lo mismo; o mejor dicho, ambos son la mosca y el hombre.

Los dejamos con esta excelente versión de Esperanza Spalding y, después del video, compartimos La mosca de William Blake para los que deseen seguir la letra de la canción a través del poema original.



Esperanza Spalding: «Little Fly»:



«La mosca»: William Blake; poema en español e inglés.

Pequeña mosca,
tus juegos veraniegos
fueron truncados
por mi descuidada mano.

¿No soy yo
una mosca como tú?
¿O no eres tú
un hombre como yo?

Porque bailo
y bebo, y canto
hasta que alguna mano ciega
me arranque el ala.

Si el pensamiento es vida,
fortaleza y aliento;
y la ausencia
de pensamiento es muerte;

entonces yo soy
una mosca feliz,
ya sea vivo, ya sea muerto.


Little Fly
Thy summer's play,
My thoughtless hand
Has brush'd away.

Am not I
A fly like thee?
Or art not thou
A man like me?

For I dance
And drink and sing;
Till some blind hand
Shall brush my wing.

If thought is life
And strength and breath;
And the want
Of thought is death;

Then am I
A happy fly,
If I live,
Or if I die.




Poemas de William Blake. I Poemas del romanticismo.


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El verdadero significado de la «luna de miel»


El verdadero significado de la «luna de miel».




No es infrecuente que algunos términos vayan adquiriendo un significado metafórico. El uso y las costumbres varían con el tiempo, y a veces cambian por completo el sentido que las originó.

Si hablamos de la luna de miel podríamos suponer que nos referimos a un breve período inmediatamente posterior al matrimonio, donde la pareja disfruta de una empalagosa ternura.

Desde luego, nos estaríamos equivocando.

Originalmente la luna de miel designaba una de las borracheras más prolongadas y legítimas a las que el hombre y la mujer podían entregarse dentro de un marco de legalidad.

El término luna de miel (honeymoon) se acuñó en la Edad Media, más precisamente en las islas británicas, aunque su tradición puede remontarse hasta los celtas.

La luna de miel medieval era parte de una tradición típica de las ceremonias nupciales. Básicamente la pareja de recién casados recibía como regalo una ración extraordinaria de hidromiel, bebida que se obtiene a través de la fermentación de la miel, la cual debía durar exactamente un ciclo lunar completo.

Se creía que este mes de profusa borrachera nupcial era indispensable para que la mujer pudiera procrear dentro del primer año de matrimonio. Si eso ocurría, el mérito no era atribuido a la virilidad del esposo o a la fertilidad de la novia, sino a la habilidad del maestro que había mezclado el hidromiel.

Esto, naturalmente, traía consecuencias nefastas en ciertos casos. Si la novia no quedaba embarazada luego del primer año de matrimonio la reputación del maestro quedaba hecha pedazos.

Para los celtas, la luna de miel era una especie de contrato con los dioses. La posiblidad de producir una nueva vida esta atada a la indulgencia divina; de tal forma que para facilitarla apelaban al rocío del cielo, es decir, a la miel, como vehículo de comunión.

Hay que decir también que durante la luna de miel de la Edad Media se gestaron otros ritos nupciales, como la torta o pastel de bodas. En este caso, no existe una razón trascendental detrás de ella, sino más bien un propósito de orden práctico.

Mientras el hidromiel corría profusamente entre los concurrentes a la boda los invitados debían dejar como regalo un pequeño pastel. Las casas más modestas no tenían el espacio disponible para albergar tantas vituallas, de modo que los pasteles se iban encimando a medida que llegaban.

Algunos medievalistas dudan acerca de esta explicación de la luna de miel, y en cambio deducen un significado aún más oscuro.

Es probable que este mes o ciclo lunar de embriaguez legitimada haya tenido como propósito retener al nuevo recién casado en su hogar durante el tiempo suficiente como para embarazar a su esposa.

Después de todo, un mes medieval era un lapso de tiempo considerablemente largo, habida cuenta de las enfermedades, guerras y la baja expectativa de vida. De tal forma que un mes en casa, completamente ebrio, sin posibilidad de salir y morir bajo cualquier pretexto, garantizaba al menos una buena cifra de refriegues y la oportunidad de dejar descendencia, si es que semejante nivel de alcohol en sangre permitía la consumación del matrimonio.

Resulta extraño que los vikingos no hayan aceptado esta tradición de borracheras legalizadas. La luna de miel nórdica era mucho más templada. Se la conocía como flitterwochen, literalmente: semana del oropel, período donde las novias utilizaban todas sus chucherías y ornamentos para agradar al novio; en este caso, peligrosamente sobrio.




El lado oscuro del amor. I Historias de amores prohibidos.


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10 libros para amantes de los animales


10 libros para amantes de los animales.




Los animales ocupan un rol muy importante en la literatura aunque rara vez asumen el papel de protagonistas.

La mayoría de los animales de la literatura aparecen como fieles compañeros de aventuras o bien como fieros y salvajes enemigos. Sin embargo, en el curso del último siglo las cosas han ido cambiando, principalmente debido a nuestra actitud frente a los animales en general.

Desde la Antigua Grecia a épocas tan recientes como el período victoriano, los animales fueron determinantes para el desarrollo de la sociedad, ya sea como guardianes, hacienda o alimento; no obstante, recién durante el siglo XX se esparció un concepto novedoso.

Los animales siempre fueron nuestros compañeros pero pocas veces se los consideraba irremplazables.

Con el nacimiento de este concepto, es decir, que un animal querido por una familia no puede ser sustituido, pero su cargo sí, como el de perro de la casa, por ejemplo, dio comienzo a una nueva literatura y un nuevo vínculo literario con los animales.

A continuación citamos los 10 mejores libros para los amantes de los animales.



1- La llamada de lo salvaje (The Call of the Wild, Jack London)


Por lejos el mejor libro de animales jamás escrito.

Al genial Jack London le debemos La llamada de lo salvaje, un libro escrita desde la perspectiva de un perro, el cual atraviesa un viaje épico realmente estremecedor.

Jack London realiza un trabajo formidable al ponernos bajo la piel de Buck, tan hermoso y tan realista en sus detalles que resulta sencillo experimentar sus penurias, sus olfateos tácticos, su vínculo con la vastedad de Alaska.

No es aconsejable adelantar demasiado sobre este libro, sobre todo debido a su título, La llamada de lo salvaje. Quizás su lectura le permita al amante de los animales entender por qué los perros le ladran a la luna.



2- Rebelión en la granja (Animal Farm, George Orwell)


Distopía, alegoría, el género es lo de menos.

Rebelión en la granja sostiene que todos los animales son iguales pero que algunos son más igualitarios que otros. Esta idea es tan asombrosa para las discusiones en el parlamento como exigua en los debates de chiquero.

George Orwell nos permite participar de esta retorcida y política granja donde todos los animales son importantes, aún los que se esfuerzan en convencernos de lo contrario.



3- Azabache (Black Beauty, Anna Sewell)


Todo amante de los animales que se jacte de su condición debería leer este excelente libro de Anna Sewell.

Al igual que en la novela de Jack London, Azabache está escrito desde la perspectiva del animal, en este caso, un caballo negro perfectamente capaz de galvanizar al lector más aplomado.

Las similitures con Jack London terminan allí. Azabache es un libro emocional, sin grandes aspiraciones literarias, que intenta elaborar la hipótesis de que la felicidad es un derecho que también se aplica a los animales.



4- Donde crece el helecho rojo (Where the Red Fern Grows, Wilson Rawls)


Si bien es un libro perfecto para los amantes de los animales, esta novela de Wilson Rawls es capaz de romperle el corazón al lector acostumbrado a que lo mimen excesivamente.

El libro relata el viaje iniciático de Billy, un muchacho de campo, y sus dos sabuesos. Entre ellos existe un vínculo inquebrantable, único, irrepetible, a tal punto que ni siquiera la más espantosa desgracia puede romperlo.



5- Vida de Pi (Life of Pi, Yann Martel)


Claro que básicamente es un libro sobre animales, pero también sobre algo más. En este caso, los animales sirven como vehículo para cuestionarnos acerca de los supuestos valores intrínsecos de la sociedad.

A medida que Pi lucha para sobrevivir en un bote en el medio del océano, acompañado por un tigre, surgen preguntas profundas sobre la condición humana.

Pasar mucho tiempo con un animal puede recordarnos que la amistad no es únicamente un atributo de los seres humanos.



6- Viejo Yeller (Old Yeller, Fred Gipson)


Si hablamos de libros para amantes de los animales es inevitable incluir más de una historia que relate las aventuras de un muchacho y su perro.

Pocas de esas historias son tan emotivas y desgarradoras como Viejo Yeller.

Si tu mejor amigo es un perro, con quien has compartido los momentos más tristes y felices de tu vida, y por razones de salud debes sacrificarlo, entonces este libro es tu mejor opción.



7- La red de Charlotte (Charlotte’s Web, E.B. White)


No necesariamente los amantes de los animales prefieren libros que aborden las cuestiones más tristes de esta relación, como la muerte o el abandono. En ocasiones el humor puede ser una excelente alternativa.

La red de Charlotte relata la historia de una misteriosa y erudita araña que logra salvar la vida de un adorable cerdo.

¿Ridículo?

En absoluto, en especial si el autor es E.B. White.



8- El fantástico señor Fox (Fantastic Mr. Fox, Roald Dahl)


Extraordinaria, brillante y, por momentos, lacrimógena historia acerca del señor Fox y su familia, quienes intentan sobrevivir a la gran hambruna instaurada por tres granjeros idiotas.

Las ideas y trampas del señor Fox, un zorro padre de familia, realmente le hacen justicia a la inteligencia de los animales, distinta de la nuestra, y superior en muchos terrenos.

En cierta forma, el libro nos brinda un ángulo novedoso sobre cómo nos ven los animales salvajes y cómo son capaces de engañarnos.



9- Vigilantes (Watchers, Dean Koontz)


Amantes de los animales con tendencias proteccionistas, cuidado.

Einstein es apenas uno de los animales modificados genéticamente en Vigilantes. Del otro lado hay monstruos, muchos, inclasificables.

Cuando Einstein se topa con Travis, un hombre extraviado en el bosque, sus instintos primitivos retornan a él. Es un perro en toda la extensión del término: un compañero, un amigo, un vigilante que no dudará en poner su vida en riesgo para salvar a la mano que lo acarició con cariño.



10- Mi familia y otros animales (My Family and Other Animals, Gerald Durrell)


Cuando su familia se instala en la isla de Corfú, Grecia, el joven Gerald decide explorar el nuevo territorio acompañado por su fiel mascota. En el camino recoge un variado abanico de nuevos animales con personalidades asombrosas.

En cierta forma es el libro ideal para los que aman a los animales; en parte porque retrata un caso común en muchas personas, donde los animales se convierten en sus verdaderas familias.




Más libros extraños y lecturas extraordinarias.


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Bridget Cleary: la mujer que se convirtió en reina de las hadas


Bridget Cleary: la mujer que se convirtió en reina de las hadas.




En Irlanda se conserva una vieja canción infantil, todavía muy popular entre los niños de aquella tierra, que alude a un caso donde se inscriben temas tan perturbadores como la violencia de género, el asesinato, y la creencia en hadas:


Are you a witch, or are you a fairy
Or are you the wife of Michael Cleary?


(¿Eres una bruja, un hada,
o la esposa de Michael Cleary?)


Bridget Cleary nació en Clonmel, condado de Tipperary, Irlanda. Fue torturada y asesinada por su esposo en 1895, quién aseguró que las hadas habían robado su alma, dejando en su lugar a un Changeling.

Los Changelings, según los mitos celtas, son aquellos hijos de las hadas que sustituyen a los niños humanos. Naturalmente, las hadas proceden a sustraer al niño humano para criarlo en sus costumbres.

Normalmente los Changelings son bastante torpes. Tienen un apetito voraz, se meten en problemas constantemente, y nunca logran adaptarse del todo al mundo de los humanos. Pueden ser muy afectuosos con las personas que quieren pero su amor termina siendo destructivo, y en muchos casos violento.

En marzo de 1894, Michael Cleary, un hombre que hasta el momento era considerado un buen vecino y un excelente marido, comenzó a pensar que algo extraño le ocurría a Bridget, su esposa, de veintiséis años de edad.

De modales delicados, que por momentos rozaban el más exquisito refinamiento, Bridget Cleary comenzó a mostrarse más reservada. Algunos sostienen que creció varios centímetros de altura en una sola noche, síntoma que para muchos irlandeses del siglo XIX significaba una sola cosa: Bridget mantenía algún tipo de relación con la gente pequeña, es decir, las hadas.

Michael confrontó a su esposa y realizó toda clase de acusaciones, entre ellas, que ya no era la Bridget de siempre sino un Changeling.

Naturalmente, Bridget negó estas ridículas afirmaciones. Sostuvo, aún en los momentos de mayor dolor físico, que creía en las hadas, pero que ella era simplemente una mujer mortal. Sin embargo, pronto quedaría demostrado que una creencia aparentemente inocente como la fe en las hadas podía justificar el más atroz de los crímenes.

Michael Cleary no actuó en soledad, como uno podría fácilmente suponer, habida cuenta de lo absurdo de sus acusaciones. Por el contrario, comenzó a torturar metódicamente a su esposa en complicidad con varias personas, entre ellas, tres primos de la muchacha: James, Patrick y Michael; una tía, Mary; dos amigos, John Dunne y William Ahearne; y el propio padre de Bridget, Patrick Boland.

La intención de este grupo nefasto era quebrar el alma del Changeling para permitir el regreso de la verdadera Bridget.

Después de varios días, la gente de Clonmel advirtió la desaparición de Bridget. Una vecina, Johanna Burke, se presentó en el domicilio de la muchacha para verificar si estaba enferma. Fue acompañada por otros dos vecinos que estimaban a Bridget, William Simpson y su esposa. Al principio se les negó la entrada, pero después de algunas insistencias finalmente lograron convencer a Michael Cleary que los dejara pasar.

La pequeña comitiva de vecinos pronto cambió la preocupación por el más siniestro estupor: Bridget se encontraba atada a la cama, con los brazos y las piernas abiertas, vestida apenas con un camisón y con el rostro transfigurado por el dolor.

Los torturadores, lejos de sentirse culpables por ese acto aborrecible, intentaban que Bridget bebiera una especie de tónico, un remedio casero en base a leche y hierbas, con propiedades supuestamente repelentes para las hadas.

Lo peor de la escena, declaró luego Johanna durante un juicio que mantendría en vilo a toda Irlanda, es que el grupo se refería a Bridget directamente como bruja.


¡Bebe, bruja!
(Take it, you witch!)


E inmediatamente después de que Bridget tragara gota a gota el infame antídoto se le preguntaba:


¿Eres Bridget Boland Cleary, esposa de Michael Cleary, en el Nombre del Señor?
(Are you Bridget Boland Cleary, wife of Michael Cleary, in the name of God?)


Prácticamente ahogada en vómito, producto de los litros y litros de tónico que los torturadores la forzaban a beber, Bridget asentía desesperadamente, ya sin fuerzas para llorar.

Michael Cleary y el resto de los torturadores no le creyeron.

John Dunne, un sujeto especialmente sádico, sugirió la posibilidad de colocar la cabeza de Bridget sobre el fuego, lo cual fue admitido en seguida por los demás. En vano gritó la muchacha mientras su cuero cabelludo literalmente era abrasado por las llamas.

El fuego, según las viejas leyendas de hadas, era considerado una prueba sustancial para verificar si alguien era o no hijo de estas criaturas. Al ser expuesto a las llamas el Changeling revelaba su verdadera naturaleza y retornaba inmediatamente a los brazos de su verdadera madre.

A pesar de los esfuerzos de los vecinos, en este punto, retenidos contra su voluntad por el grupo de torturadores, las maniobras continuaron hasta bien entrada la madrugada.

Por fin, ya devastada, Bridget fue llevada a la cama, donde quedó inconsciente.

Al día siguiente, Michael Cleary fue hasta la casa de William Simpson. Necesitaba un revólver, afirmó.

Luego explicó que Bridget había confesado que se reunía periódicamente con las hadas en Kylegranaugh Hill, sitio donde podría recuperar a su verdadera esposa. Para probarlo le enseñó las extrañas ropas que ella guardaba en el sótano, telas con propiedades asombrosas que cambiaban de color según la luz; también una escoba de bruja e incluso el estiércol típico de los corceles grises que las hadas emplean para moverse en la noche.

Simpson creyó firmemente en estas absurdas evidencias; no obstante, no poseía ningún revólver para prestarle.

Horas después, según el testimonio de algunos vecinos, Michael Cleary fue visto dirigiéndose a Kylegranaugh Hill armado con un cuchillo.

Esa noche, Johanna Burke regresó a casa de Bridget. La encontró sentada junto al fuego, rodeada por sus hermanos, quienes la obligaban a beber té y comer pan, quizá para seguir buscando pruebas de su supuesta procedencia sobrenatural: las hadas mueren en el acto si consumen cualquier comida hecha por mortales.

Michael Cleary, recién llegado de su expedición a Kylegranaugh Hill, comenzó a golpearla y a exigir que revele su verdadera identidad. Bridget, una y otra vez, juraba entre llantos que no era un Changeling pero que creía en las hadas.

Completamente loco, ausente de toda lógica, incluso del más ínfimo registro de afecto y compasión, Michael Cleary bañó a su esposa con aceite de lámpara y la quemó viva.

Michael Cleary y Patrick Burke llevaron los restos calcinados de Bridget al cementerio local, en medio de la noche, y los enterraron en un foso.

Si bien la violencia doméstica, y especialmente la violencia de género, no eran motivos válidos de denuncia, o al menos no los suficientes como para que las autoridades policiales tomaran cartas en el asunto; el asesinato sí lo era.

Michael Cleary, Boland, los Kennedy, Ahearne y Dunne, la tía, y hasta el herbolario local, Dennis Ganey, fueron arrestados y llevados a juicio.

En menos de dos semanas Michael Cleary fue sentenciado a veinte años de prisión, de los cuales sólo cumpliría quince. El resto de los torturadores recibieron penas mucho menos severas.

La prensa tituló el caso como la última bruja quemada de Irlanda, a pesar de que Bridget Cleary jamás haya tenido nada que ver con la brujería. Su nombre, aún después de padecer las mayores atrocidades, continuó en la muerte asociada a lo sobrenatural.

La única justicia que recibió Bridget Cleary provino del sitio menos esperado.

Los niños de Clonmel, al parecer mucho más sabios que los adultos, poco a poco fueron limpiando la reputación de la muchacha; de tal forma que su nombre quedara separado de una vez y para siempre del reino de las hadas:


Are you a witch, or are you a fairy
Or are you the wife of Michael Cleary?


(¿Eres una bruja, un hada,
o la esposa de Michael Cleary?)


No es infrecuente que las hadas adopten como hermanas, incluso como reinas, a todas las mujeres que murieron por creer en ellas.

Fácilmente podríamos caer en una atroz coincidencia etimológica: el nombre Bridget es el mismo que el de la diosa del fuego de la mitología celta. Significa literalmente «fuerza», la misma que hizo falta para que Michael Cleary despertara en medio de la noche con todos los dientes arrancados por dedos invisibles, que nunca olvidan.




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