Los Mitos de Pegana: la mitología de Lord Dunsany.


Los Mitos de Pegana: la mitología de Lord Dunsany.




A diferencia de J.R.R. Tolkien, que concibió una mitología completa y cohesiva para su Tierra Media; y de H.P. Lovecraft, cuyos Mitos de Cthulhu se construyen sobre la idea primordial de la insignificancia humana en un cosmos indiferente; y ni hablar de William Morris y sus fantasías medievales, la mitología de Lord Dunsany [como la de William Blake] es un intento de crear un Olimpo propio poblado de deidades misteriosas, con un poder sobre la vida humana agudamente concebido y visualizado. En esencia, los Mitos de Pegana son un logro de la imaginación basado en ciertas afinidades filosóficas que, lejos de ser vetustas, siguen siendo asombrosamente modernas, incluso radicales.

Al igual que los mitos griegos y, en menor medida, los mitos nórdicos, los Mitos de Pegana poseen una buena dosis de ironía. La mitología de Lord Dunsany está poblada de dioses locos, crueles y, en algunos casos, extraordinariamente tontos, cuya única fuente de regocijo parece derivar del daño que inflingen a sus adoradores humanos. No es caprichoso que los Mitos de Pegana hayan surgido cuando Lord Dunsany estaba leyendo y estudiando a Nietzsche [ver: «Drácula» habría sido la novela favorita de Nietzsche]

Si bien es cierto que los Mitos de Pegana pueden encontrarse dispersos en toda la obra de Lord Dunsany, sus fundamentos están en Los Dioses de Pegana (The Gods of Pegana), de 1905. Aquí puede verse claramente que toda la mitología de Lord Dunsany está basada sobre el concepto del Eterno Retorno de Nietzsche. Este es el motivo por el cual los Mitos de Pegana son únicos: la filosofía nihilista de Nietzsche tamizada por una prosa delicada y evocadora.

La cosmogonía de Lord Dunsany propone que, antes de la creación del universo, el Destino y el Azar se disputan quién será el Creador. Por supuesto, los Mitos de Pegana no resuelven quién fue el ganador de la disputa, por lo que no podemos saber si el universo, y nuestra existencia dentro de él, son una consecuencia predeterminada por el Destino [lo cual justificaría las abominaciones de nuestra realidad como parte necesaria de un plan o esquema más grande], o una casualidad del Azar, dejando toda nuestra realidad sin sentido. Sin embargo, desde la perspectiva humana, nada de todo esto importa demasiado. Incluso si el Destino es el que le da significado al universo, su entendimiento está muy por encima de nuestra inteligencia.

Entonces, antes del principio del universo, antes del Tiempo, solo existían el Destino y el Azar. Durante su disputa [en realidad, Lord Dunsany lo describe más como un juego] brotó una Niebla, que pronto declaró su propia existencia. Se llamó a sí misma MANA-YOOD-SUSHAI.

El Destino y el Azar le ordenaron a MANA-YOOD-SUSHAI la creación de los Dioses [porque de eso se tratará el juego]. MANA-YOOD-SUSHAI creó a los Dioses, y junto a ellos creó a Skarl el Tamborillero, que adormece a MANA-YOOD-SUSHAI con su percusión. De este modo, mientras el Creador duerme, los Dioses comienzan a jugar, al principio, con cierta modestia. Primero crean las estrellas y sus patrones de movimiento. Más adelante crean a las Bestias vivas, y finalmente a los Hombres.

Antes de analizar la filosofía de los Mitos de Pegana será conveniente repasar, aunque sea superficialmente, a sus deidades más importantes.

Skarl, la primera creación de MANA-YOOD-SUSHAI, no es exactamente un Dios. Se sienta junto a su dormido creador tocando perpetuamente sus tambores. El sonido de los tambores de Skarl tranquiliza a MANA-YOOD-SUSHAI y lo ayuda a descansar. Skarl es tan abnegado como Caronte, ha estado tocando sus tambores durante millones de años, y cuando llegue el día en que finalmente cese, el Silencio despertará a MANA-YOOD-SUSHAI, marcando el comienzo del fin del universo.

El sonido de los tambores de Skarl también forma el río Imrana [que los hombres llaman Vía Láctea], por donde navega el barco de Yoharneth-Lahai, el Dios de los Sueños. Sirami, el Dios del Olvido, espera cerca del final del río y borra todos los recuerdos de aquellos cansados de la vida.

El primero de los Dioses es Kib, el portador de la Vida misma. Cuando los Dioses fueron creados hablaron entre ellos usando solo sus manos en una forma de lenguaje de señas. El consejo de los Dioses decidió llenar el universo [hasta entonces, vacío] de estrellas y planetas. Estos actos de creación son conocidos como El Primer Juego de los Dioses. Pero Kib decidió jugar un juego propio y llenó la Tierra con todo tipo de plantas y animales. Mung, el Dios de la Muerte, comenzó a reducir el número de estas criaturas, pero Kib las hizo tan fructíferas que Mung nunca logró eliminarlas por completo.

Después de varios millones de años, Kib transformó algunas de las Bestias en Hombres, y así nació la humanidad. Los otros Dioses estaban bastante escandalizados por todo esto. Le preguntaron a Kib por qué creó a los Hombres, pero Kib no respondió con señas, sino con el don de la palabra, que secretamente ya le había enseñado a los Hombres [¡qué mitología curiosa donde los Hombres hablan antes que los Dioses!]. Para evitar que los Hombres, en posesión de un arma tan poderosa como la palabra, descubrieran los secretos de los Dioses, las otras divinidades crearon la Ignorancia como un velo.

Después de Kib está Sish, el Dios del Tiempo, siempre acompañado por su Sabueso, el Devorador de Horas. A medida que Sish y su Sabueso avanzan, las cosas envejecen y se desgastan a su paso. El único lugar de la Tierra donde el Tiempo no fluye es el Jardín Perdido de Wornath-Mavai, donde vivían los Dioses antes de que Kib creara la vida orgánica. Desde luego, Sish y el Devorador de Horas no pueden entrar en el Jardín; e incluso Mung, el Dios de la Muerte, no puede profanar esta región. Esencialmente, Sish es una representación de la entropía, que tiene al Tiempo como su sabueso, hasta la edad en que el Tiempo se vuelva contra él y los demás Dioses.

El último de esta tríada, después de Kib y Sish, es Mung, el implacable Dios de la Muerte, el único que sabe adónde van las almas de los difuntos. Hablaremos más extensamente de Mung más adelante.

Debajo de estos tres dioses principales [Kib, Sish y Mung] hay otras deidades importantes. Una de ellas es Slid, especie de Dios del Mar, pero que también reina sobre los ríos y arroyos. Se dice que es dueño de todas las perlas y tesoros perdidos en el mar.

Cuando Slid desató por primera vez sus olas sobre el mundo, no había nada más que tierra, y el Dios del Mar tuvo que pelear con los otros Dioses por cada milla de terreno. El ejército acuático de Slid primero conquistó los vientos y luego comenzó a devorar grandes rocas. El avance se detuvo cuando los otros Dioses de Pegana levantaron acantilados para contenerlo. Slid fingió detenerse, pero mientras tanto hizo que se formaran ríos y manantiales detrás de las líneas enemigas. Slid entonces desató a todas las criaturas del mar como un ejército de ocupación, y estas se asentaron en los ríos que cortan la tierra. Más de la mitad del mundo ya había sido conquistado por Slid cuando Tintaggon, el Dios de la Montaña de Mármol Negro, intentó detener su avance. Después de un largo enfrentamiento, Tintaggon se mantuvo firme contra las fuerzas del Dios del Mar y permitió que otros dioses de la montaña se agruparan y evitaran que Slid sumergiera el mundo entero.

Por allí también tenemos a Limpang-Tung, el Dios de la Juventud y la Alegría. Curiosamente, Limpang-Tung se considera a sí mismo inferior a los otros Dioses; sin embargo, es el creador del cielo y el Señor de los Vientos en nuestro mundo.

Limpang-Tung es visto por sus adoradores como el dios de la comedia, el drama, la música y todas las demás artes creativas. Es un gran aliado de la humanidad, ya que las artes le proporcionan al Hombre una distracción para la inevitabilidad de la muerte. El cielo es su lienzo, y allí pinta patrones de nubes que cambian constantemente. De todas las ramas del arte, prefiere la tragedia y la comedia, ya que estas, asegura, representan mejor la futilidad de todos los esfuerzos humanos.

Se dice que Limpang-Tung fabricó un instrumento musical único, solo para sí mismo, y lo ubicó en lo profundo de una caverna remota. Desde allí a menudo toca y la música viaja por los vientos que recorren el mundo. Este Dios también es responsable del sonido musical de los arroyos y ríos y de los cantos de todos los pájaros, a quienes dirige en sus actuaciones como un director de orquesta.

Menos modesto es Yoharneth-Lahai, el Dios del Sueño, quien dispone la paz o la intranquilidad de los que duermen. Yoharneth-Lahai también gobierna sobre los sueños diurnos y las fantasías en general. Su barco navega por el río Imrana, y las vigas de su nave están hechas de sueños soñados hace mucho tiempo, los mástiles se formaron con la imaginación de los poetas y el aparejo se hizo con las esperanzas de la gente. Los remeros son todas las figuras de la ficción y los cuentos de hadas del mundo.

Yoharneth-Lahai tiene tanta prisa por distribuir todos sus sueños antes del amanecer que a veces se confunde un poco, por ejemplo, entregando los sueños de la realeza a los pobres y los sueños de los pobres a la realeza.

En los Mitos de Pegana de Lord Dunsany hay dioses muy originales, como Roon, el Dios Que Nunca Se Detiene, especie de deidad del ímpetu y el movimiento, cuyo espíritu se agita en todas las cosas que se mueven. Cuenta la leyenda que Roon, un poco agotado de sus funciones, creó mil dioses menores [cuyo rango es inferior al del Hombre] para que se ocuparan de algunas menudencias del movimiento que estaban por debajo de su rango. Pero estos mil dioses se rebelaron, se volvieron sedentarios, comenzaron a instalarse en los hogares humanos para inducir la inacción. Eventualmente fueron exterminados, pero se cree que todavía hay algunos pocos sobrevivientes entre nosotros.

Otro Dios importante es Dorozhand, especie de Dios del Destino [pero no el Destino mismo] que pone en movimiento las cosas de acuerdo a un orden preestablecido. Por supuesto, Dorozhand cree que tiene un propósito, una razón de ser, y lo que es más importante, una misión que nada tiene que ver con el Azar.

En realidad, Dorozhand impulsa a Dioses y Hombres por igual a cumplir sus planes para ellos. Hace esto parándose frente a ellos y alentándolos a seguirlo por el camino que él ha elegido, o colocándose detrás y azotándolos si se muestran reacios. Los eventos que obligan a las personas a aceptar sus destinos son conocidos como «el látigo de Dorozhand».

Por su parte, Lord Dunsany a veces se refiere a una deidad que alguna vez fue el Dios de la Alegría Absoluta, pero que ahora solo es conocido por su nombre: Hoodrazai, el Dios Silencioso y Solitario. Según se cree, Hoodrazai perdió la alegría cuando escuchó los balbuceos de MANA-YOOD-SUSHAI mientras este dormía, y así conoció el significado secreto de muchas cosas.

Los Mitos de Pegana también tienen un Dios que no es un Dios, ni Bestia ni Hombre [tampoco tiene género definido]; un Dios inmóvil. Se llama Trogool, y se sienta en las rocas en el Borde del universo; una región inhóspita donde se encuentran todos los elementos que los Dioses no usaron cuando crearon los planetas, las lunas y las estrellas. Allí, Trogool pasa las páginas de un libro donde están registrados todos los eventos de la creación. Algunos creen que las páginas de este libro son blancas y negras, y que los días y las noches se suceden a medida que Trogool va leyendo. Cuando llegue a la última página leerá las siguientes palabras: MAI DOON IZAHN, que significa «el fin para siempre, y todo llegará a su FIN».

Ahora bien, la premisa de los Mitos de Pegana es la incertidumbre. Realmente no sabemos quién ganó el juego primordial entre el Destino y el Azar. Sin embargo, Lord Dunsany nos deja múltiples pistas para resolver el misterio. Mung, el Dios de la Muerte, tiene algunos pasajes interesantes que parecen apuntar a una respuesta definitiva:


[«—Ay de mí que tomé este camino, porque si hubiera ido por cualquier otro no me habría encontrado con Mung.

Y Mung dijo:

—Si te hubiera sido posible ir por cualquier otro camino, entonces el Esquema de las Cosas habría sido diferente y los Dioses habrían sido otros Dioses. Cuando MANA-YOOD-SUSHAI se olvide de descansar y vuelva a hacer nuevos Dioses, puede ser que Ellos te envíen de nuevo a los Mundos; y entonces podrás elegir otro camino y así no encontrarte con Mung.»]


Además de implicar que el ganador del Juego fue el Destino, Mung también parece adherirse a la teoría del tiempo como un círculo plano, el tiempo predeterminado y recurrente. Sin embargo, en El Tiempo y los Dioses (Time and the Gods), más precisamente en el relato Los sueños de un profeta (The Dreams of A Prophet), Lord Dunsany regresa a este dilema, donde un profeta describe su visión del Destino y el Azar en un momento en que la totalidad de la existencia ya se ha desarrollado. En esta visión, el Destino le dice al Azar:


[«Juguemos de nuevo nuestro viejo juego.»]


Y todo vuelve a suceder exactamente como había sucedido antes.

Esto que ocurre de nuevo exactamente como sucedió antes, por supuesto, es el concepto del Eterno Retorno de Nietzsche.

En este punto las cosas se complican un poco. Porque las ideas insinuadas en los Mitos de Pegana apuntan al Destino como el ganador del Juego. Uno tiende a respirar aliviado por eso, pero no hay motivos para estar tranquilos. Uno piensa en el Destino como una especie de plan, de esquema predeterminado, que conduce a alguna parte. Sin embargo, el Destino en los Mitos de Pegana de Lord Dunsany no es un destino significativo; sino simplemente algo predeterminado y cíclico, un destino fatídico.

Ahora bien, Pegana es el lugar en medio de todo, donde los Dioses se sientan en el eje del Tiempo; es decir, en un punto donde el Tiempo se extiende infinitamente hacia todas partes. No hay nada fuera de Pegana. Es el punto focal absoluto.

En términos físicos, Pegana es el centro del universo visible. Si bien es una región etérea, también hay valles y montañas donde se sientan los Dioses, con MANA-YOOD-SUSHAI descansando en el lugar más alto de Pegana. Hay una carretera entre los mundos por la que viaja la luz. Al final del universo se encuentra el Borde, una masa de rocas y otros elementos en bruto que los Dioses no usaron en su creación. Más allá del Borde se encuentra el Silencio y los viejos tiempos muertos.

Como toda mitología, los Mitos de Pegana también tienen su Ragnarok. Cuando Dorozhand logre su fin [el cual desconocemos] y cuando Trogool llegue a la página final del Libro, entonces Kib tocará con reverencia la mano de MANA YOOD-SUSHAI. Skarl dejará de tocar el tambor y el sueño de los Dioses terminará. Desde la Tierra podremos ver algunos anuncios astronómicos de todo esto. Se dice que veremos tres lunas consecutivas sin crecer ni menguar. En este punto, MANA YOOD-SUSHAI se levantará y hablará; luego se reirá de los Dioses. Estos dejarán de manipular las estrellas, las Bestias y los Hombres, dejarán todos esos asuntos atrás y se irán [ver: El león, la bruja y el Fimbulvetr]

Pero, como en toda mitología, los Mitos de Pegana también presentan algunas versiones alternativas del fin de los tiempos. Una de ellas sostiene que, con el despertar de MANA YOOD-SUSHAI, los Dioses le mentirán a su hacedor y tratarán de mantener oculta la creación del universo. Por supuesto, MANA YOOD-SUSHAI descubrirá el engaño y los rechazará, no como un Dios iracundo, sino como alguien que espanta una mosca al despertarse de la siesta.

Entonces un trueno rugirá entre los mundos, y Mosahn, el Pájaro de la Perdición, volará desde el valle más recóndito de Pegana y proclamará con un grito atronador que ha llegado EL FIN. El Sabueso del Tiempo morirá cuando no haya nada que devorar, o se volverá contra sus amos, los Dioses; y Mung, el Dios de la Muerte, luchará contra él. Como Thor en los mitos nórdicos [que matará a la serpiente en el Ragnark pero morirá a causa de las heridas], Mung matará al feroz Sabueso del Tiempo, pero él también morirá. Y entonces los Dioses se habrán ido, navegando lejos sobre el Imrana, el río del Silencio, en galeones de oro, a un lugar lejos de Pegana.

Ausente de Dioses, el Imrana se desbordará y el Silencio llenará la creación. No habrá mundos ni Dioses. El trabajo de Skarl estará hecho y caminará hacia el vacío para que, al final, solo quede MANA YOOD-SUSHAI, porque los Dioses y todas sus obras se habrán ido, e incluso Skarl el Tamborilero se habrá ido. MANA YOOD SUSHAI estará solo.

No es seguro, pero puede ser que MANA YOOD-SUSHAI permita que los viejos días muertos regresen desde más allá del Borde, porque no se sabe si es un Dios duro o misericordioso [por ahora solo lo conocimos dormido], y entonces el Juego de la creación y la destrucción se repetirá [ver: La teología de la Tierra Media]

MANA YOOD-SUSHAI es un dios primordial muy curioso. Sabemos que creó el universo y todas las deidades menores. Después de esto, descansó. Su sueño es tan profundo que ningún Dios puede perturbarlo y ningún mortal puede rezarle. Es decir que MANA YOOD-SUSHAI no toma parte en los asuntos del cosmos hasta el día en que despierte; y cuando ese día llegue, toda la creación llegará a su fin, incluidos los dioses menores.

No parece estar irritado u ofendido por las cosas que se han hecho durante su siesta cósmica; simplemente se ríe de la inutilidad de los Dioses y los Hombres y procede a destruirlo todo. A propósito [esta es una advertencia a los lectores de El Espejo Gótico], si algún mortal se atreve a rezarle a MANA YOOD-SUSHAI, no solo será borrado del mundo, sino que nadie recordará que existió en primer lugar.

Mung, el Dios de la Muerte, también resulta fascinante. Los Mitos de Pegana sostienen que, cuando todas las cosas que mueren se encuentran cara a cara con Mung, él hace su señal con las manos y la vida se retira de ellas. Nadie sabe dónde o cuándo se encontrará con Mung, quien le quitará la vida sin importar cuánto suplique o intente sobornarlo. Las únicas palabras de consuelo que ofrece es que cuando la vida de se desvanece, también lo hace el dolor por perderla.

Un mito presenta a Mung siendo llamado por las otras deidades para sofocar la rebelión de tres dioses de los ríos [Eimes, Zanes y Segastrion], quienes desafiaron la voluntad de Slid y todos los demás Dioses de Pegana. Declarándose superiores, Eimes, Zanes y Segastrion desbordaron sus aguas y afirmaron que empezarían a jugar con la humanidad de la misma forma en que lo hicieron los Dioses. Pero Mung envió a su deidad subordinada, Umbool, el Dios de la Sequía, para mostrar su poder sobre los ríos rebeldes y los redujo a meros charcos en el transcurso de un mes. Los tres dioses del río se rindieron y se les permitió reanudar su flujo.

Otra vez, un profeta llamado Yug se jactó de que él, y solo él, podía prever la llegada de Mung, pero Mung lo sorprendió un día y le quitó la vida. La gente se olvidó de Yug y siguió al nuevo profeta, Alhireth-Hotep [cuyo nombre inspiró al Nyarlathothep de Lovecraft]. Este profeta se jactó de que él y Mung eran amigos y cuando un extraño de la multitud se adelantó y se reveló como el Dios de la Muerte, todos se dieron cuenta de que Alhireth-Hotep había estado mintiendo, o de lo contrario habría reconocido a Mung. Este profeta también murió.

A continuación surgió otro profeta [son muchos en los Mitos de Pegana], llamado Kabok. Lleno de arrogancia, Kabok afirmó que Mung se había quitado la vida. Mung comenzó a visitar al profeta en momentos inesperados, entrometiéndose en su habitación por la noche, desconcertándolo pero sin matarlo. Después de algunos meses de insomnio y sobresaltos, Kabok quedó reducido a una masa decrépita. El profeta le rogó a Mung que le quitara la vida y el Dios accedió.

Finalmente llegó un nuevo profeta [la gente nunca aprende la lección], llamado Yun-Ilara, quien se atrevió a maldecir a Mung. Durante un tiempo todos quedaron asombrados con Yun-Ilara, no tanto por maldecir al Dios de la Muerte, sino por no haber sido castigado por ello. Pero el asombro general comenzó a disminuir a medida que Yun-Ilara envejeció y se volvió más débil. Dicen que envejeció tanto que finalmente le rogó a Mung que lo matara, pero Mung se negó una y otra vez. Tal es así que, aún hoy, en algún lugar del desierto hay un esqueleto marchito, apenas animado, llamado Yun-Ilara, hambriento, sediento, enfermo y en perpetua agonía. Reza para que Mung acabe con su vida, pero Mung seguirá negándose hasta que llegue el fin del universo.

Para finalizar mencionaremos cuatro deidades menores pero que tienen un gran impacto en los Mitos de Pegana. Una de ellas es Tarde [Evening], cuyo séquito de deidades subordinadas la acompañan mientras ella despliega la oscuridad sobre el mundo. Triboogie, el Dios del Atardecer, forma parte de su corte nocturna, al igual que Hish, el padre de todos los murciélagos del mundo. Otra de las deidades asistentes de Tarde es Wohoon, el dios de todos los sonidos de la noche, desde los aullidos de los lobos hasta los sonidos que los mortales creen escuchar cuando intentan dormir. También tenemos a Pitsu, la Diosa a la que sólo ven los gatos por la noche, quienes a veces corren hacia ella para que acaricie sus pelajes. Finalmente tenemos a Habaniah, el Dios de las brasas encendidas en el hogar; y Gribaun, la anciana Diosa que convierte la leña quemada en el hogar en cenizas.

Cuando Tarde y su corte se retiran aparece Inzana, la Diosa del Amanecer. Inzana era la favorita de todos los demás Dioses, quienes la complacieron en todos sus caprichos. Incluso crearon el sol y la luna solo para que sean sus juguetes. El día era causado por Inzana cuando lanzaba su bola solar por el cielo, así como la noche, cuando jugaba con la luna. Una vez, cuando la bola solar de la Diosa del Amanecer se desvaneció, envió al inframundo al Dios de la Tormenta, Umborodom, para recuperarla. Los perros que Umborodom tiene atados son las lluvias, el granizo, la nieve y los relámpagos. Umborodom venció a las fuerzas del inframundo y le devolvió el sol a Inzana.

En otra ocasión, los Dioses de las Nubes robaron el sol e Inzana envió al Viento del Norte a recuperarlo. Con su espada en la mano, este le devolvió su juguete. En otras tres ocasiones, la Diosa del Amanecer invocó a Limpang-Tung, Slid y Yoharneth-Lahai para que recuperaran sus juguetes perdidos.

Grimbol, Zeebol y Trehagobol son tres Diosas de la Montaña, quienes además son las madres de los tres ríos rebeldes que Mung y Umbool fueron llamados a derrotar. Sus picos soplan con los vientos frescos producidos por el batir de las alas de todas las mariposas que alguna vez vivieron. Un estanque azul yace escondido en algún lugar entre esas montañas, en el que las almas en su camino hacia el más allá pueden ver reflejos de todas sus acciones en la vida, tanto las malas como las virtuosas.

En los Mitos de Pegana de Lord Dunsany los mortales también pueden aspirar a convertirse en dioses, como Zodrak, un pastor mortal que se convirtió en dios. Zodrak era conocido por su sentido del humor y una vez los Dioses de Pegana lo convocaron para que los entretenga. Cuando llegó el momento de retirarse, luego del espectáculo, Zodrak pidió convertirse en uno de los dioses. Se le concedió este deseo y trató de usar sus nuevos poderes para aliviar las vidas llenas de dolor de la humanidad. Envió riquezas al mundo pero con ellas vino aún más sufrimiento y maldad. Envió amor al mundo, pero con él llegó la angustia y el dolor de la pérdida. A continuación, Zodrak envió sabiduría, pero con ella vino el dolor de la comprensión y el descontento de saber que no sabemos nada realmente, sin importar cuán sabios seamos.

Una vez, Zodrak se encontró con el profeta Imbaun y pidió el perdón de la humanidad. Imbaun se lo concedió y Zodrak le dijo al profeta que no importa cuánto peque la humanidad contra los dioses, los dioses pecan contra la humanidad todo el tiempo.




Lord Dunsany. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: Los Mitos de Pegana: la mitología de Lord Dunsany fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Canción nocturna del caminante»: Goethe; poema y análisis.


«Canción nocturna del caminante»: Goethe; poema y análisis.




Canción nocturna del caminante (Wanderers Nachtlied) —a veces traducido al español como Canción nocturna del errante y Canto nocturno del caminante— es un poema del romanticismo del escritor alemán GoetheJohann Wolfgang von Goethe (1749-1832)—, escrito en 1870.

Canción nocturna del caminante es en realidad el título por el que se conoce a dos poemas de Goethe [Tú eres del cielo (Der du von dem Himmel bist) y Sobre todas las cumbres (Über allen Gipfeln)]. Ambos fueron editados originalmente en 1815 como Canción nocturna del caminante [Wandrers Nachtlied] y Otro [Ein Gleiches]. Posteriormente, los dos poemas serían musicalizados por Franz Schubert.

Según cuenta el propio autor en una carta a Charlotte von Stein, la noche del 6 de septiembre de 1780, el joven Goethe pernoctó en una cabaña de cazadores en la cumbre del Kickelhahn [«para evitar el desierto de Städgen, las quejas, los deseos, la incorregible confusión de la gente»], una montaña de los bosqus de Turingia. Impresionado por la calma que reinaba en el lugar, Goethe escribió unos versos en un tablón de la pared:


Über allen Gipfeln
Ist Ruh,
In allen Wipfeln
Spürest du
Kaum einen Hauch;
Die Vögelein schweigen im Walde
Warte nur, balde
Ruhest du auch!


[«Sobre todas las cumbres
hay silencio,
sobre todas las copas de los árboles
sientes
sólo una brisa;
los pájaros callan en el bosque.
Espera, pronto
tú también descansarás.»]


Cincuenta y un años después, el 27 de agosto 1831, en la víspera de su cumpleaños 82, Goethe volvió a la región y quiso volver a visitar la cabaña. Al llegar al lugar, acaso después de entrar en calor, Goethe y su acompañante [Johann Christian Mahr] se acercaron a la pared, donde todavía podían leerse aquellos versos.

Johann Christian Mahr luego comentó:


[Goethe leyó estos pocos versos y las lágrimas rodaron por sus mejillas. Muy lentamente, sacó su pañuelo blanco como la nieve de su abrigo marrón oscuro, se secó las lágrimas y dijo en un tono suave y melancólico: «Si, pronto tú también descansarás». Se quedó en silencio durante medio minuto, volvió a mirar por la ventana el sombrío bosque de pinos y se volvió hacia mí diciendo: «¡Ahora, vamos!»]


Goethe moriría unos meses más tarde.

El manuscrito de la otra Canción nocturna del caminante [Tu eres del cielo (Der du von dem Himmel bist)] —publicado sin autorización en 1800— se encontró entre las cartas de Goethe a su amiga Charlotte von Stein, y lleva la firma En la ladera de Ettersberg, el 12 de febrero de 76. Supuestamente fue escrito bajo un árbol que más tarde se conocería como Roble de Goethe:


Der du von dem Himmel bist,
Alles Leid und Schmerzen stillest,
Den, der doppelt elend ist,
Doppelt mit Erquickung füllest;
Ach, ich bin des Treibens müde!
Was soll all der Schmerz und Lust?
Süßer Friede,
Komm, ach komm in meine Brust!


[«Tú que eres del cielo,
que aquietas todo dolor y pena,
refrescando dos veces
a los que son dos veces miserables;
oh, estoy cansado del ajetreo y el bullicio!
¿Por qué este éxtasis y dolor?
¡Dulce paz,
ven, oh, ven a mi pecho!»]


Canción nocturna del caminante de Goethe es un poema con una musicalidad innata; también con movimiento, como lo sugiere el título. Se puede suponer que el Caminante no es un vagabundo cansado, sino que Goethe habla de sí mismo. Eso implica que el Caminante es un ser solitario, un artista, un pensador, alguien que tiene la libertad y la capacidad intelectual para recogerse, sincronizarse de algún modo con su entorno natural, y pensar.

El poema de Goethe también se mueve desde lo grande a lo pequeño, del cielo al pecho del hombre, en un caso; desde las cumbres de las montañas a los árboles y los pájaros, en el otro. También podemos pensar que Goethe nos invita a desplazarnos desde lo inamovible y lo inorgánico [las montañas] a lo animado y lo orgánico [los árboles y los pájaros] que está sincronizado con la naturaleza; y aún más allá, al Hombre, al Caminante inquieto que comienza a esperar el descanso de la muerte. En este sentido, Canción nocturna del caminante es un poema muy visual, casi una panorámica, similar a un zoom que comienza en la distancia [las cumbres], que sigue sobre el horizonte más cercano [el bosque] y que termina en los pensamientos más íntimos del hombre.

Canción nocturna del caminante expresa algunos paradigmas del Romanticismo, otro desplazamiento o movimiento dentro del poema, esta vez de lo racional a lo irracional [ver: Filosofía del Romanticismo]. Recordemos que, para los poetas románticos, la racionalidad no era precisamente una virtud; sino más bien una anestesia para el dolor y el sufrimiento. El «pronto tú también descansarás» parece reafirmar esta aceptación del sufrimiento.

Canción nocturna del caminante, entonces, parece expresar la insignificancia del ser humano frente a la naturaleza, pero no de un modo amenazante o intimidante. En todo caso, la naturaleza es abrumadora; la sola consciencia del entorno [el cielo, las montañas, el bosque] son avasallantes, y le recuerdan al poeta que todo tiene un ciclo natural, también nuestra vida, y por eso todos pronto descansaremos cuando finalice nuestro ciclo natural.

Por supuesto, la naturaleza nos induce a pensar en nuestra mortalidad, pero también nos permite descansar de nuestras preocupaciones mundanas. Los pensamientos de Caminante probablemente son una reacción al entorno natural, lo cual le permite ahondar en preocupaciones más profundas, y quizas menos accesibles en un entorno urbano. En esencia, Canción nocturna del caminante de Goethe deja a su narrador en absoluta inferioridad ante la majestuosidad de la naturaleza, algo necesario para el entendimiento final de que él también forma parte del mismo ciclo.




Canción nocturna del caminante [I y II].
Wanderers Nachtlied, Goethe (1749-1832)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


I
Tú que eres del cielo,
que aquietas todo dolor y pena,
refrescando dos veces
a los que son dos veces miserables;
oh, estoy cansado del ajetreo y el bullicio!
¿Por qué este éxtasis y tormento?
¡Dulce paz,
ven, oh, ven a mi pecho!


II
Sobre todas las cumbres
hay silencio,
sobre todas las copas de los árboles
sientes
sólo una brisa;
los pajaritos callan en el bosque.
Espera, pronto
tu también descansarás.


I
Der du von dem Himmel bist,
Alles Leid und Schmerzen stillest,
Den, der doppelt elend ist,
Doppelt mit Erquickung füllest;
Ach, ich bin des Treibens müde!
Was soll all der Schmerz und Lust?
Süßer Friede,
Komm, ach komm in meine Brust!


II
Über allen Gipfeln
Ist Ruh,
In allen Wipfeln
Spürest du
Kaum einen Hauch;
Die Vögelein schweigen im Walde
Warte nur, balde
Ruhest du auch!


Goethe
(1749-1823)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Goethe.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Johann Wolfgang von Goethe: Canción nocturna del caminante (Wanderers Nachtlied), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El hombre que le vendió soga a los Gnoles»: Margaret St. Clair; relato y análisis.


«El hombre que le vendió soga a los Gnoles»: Margaret St. Clair; relato y análisis.




El hombre que le vendió soga a los Gnoles (The Man Who Sold Rope to the Gnoles) es un relato fantástico de la escritora norteamericana Margaret St. Clair (1911-1995), publicado originalmente en la edición de octubre de 1951 de la revista The Magazine of Fantasy and Science Fiction, y desde entonces reeditado en numerosas antologías.

El hombre que le vendió soga a los Gnoles, uno de los cuentos de Margaret St. Clair menos conocidos, relata la historia de Mortensen, un vendedor locuaz, persuasivo, extraordinariamente hábil, quien resuelve vederle soga y cuerdas a los Gnoles, unas criaturas biológicamente singulares que se especializan en engordar y asar a sus visitantes indeseados.

SPOILERS.

El hombre que le vendió soga a los Gnoles de Margaret St. Clair es una versión moderna e inteligente del relato de Lord Dunsany: Cómo Nuth habría practicado su arte sobre los Gnoles (How Nuth Would Have Practiced His Art Upon the Gnoles). El título de Margaret St. Clair anuncia con precisión de qué trata la historia, esencialmente una sátira sobre los vendedores de puerta en puerta. En nuestro mundo, estos no siempre consiguen una venta; en el de Margaret St. Clair [construido sobre la mitología de Lord Dunsany], no siempre sobreviven.

El trabajo de vendedor es duro, como lo demuestra Mortensen, quien está decidido a venderle sogas y cuerdas a los Gnoles [unas criaturas biológicamente muy curiosas]. Mortensen está actualizado en las últimas técnicas discursivas de ventas: la noción de que el producto se vende solo; habilidad para comparar y contrastar los diferentes materiales, usos y durabilidad de un producto sobre otro; manejo de las reacciones instintivas del cliente, etc. Estar en ventas requiere una piel dura. Se debe mantener una «cortesía inquebrantable», como describe la copia del Manual moderno del arte de vender de Mortensen. También que el cliente vea en el producto una solución a un problema. Pero Mortensen es un vendedor innato, instintivo; y está increíblemente cerca de tener éxito. Irónicamente, lo que lo destruye son sus propios escrúpulos éticos.

Después de hacer una presentación completa de sus muestras de cuerda al Gnole mayor, acuerdan la longitud y el material de la cuerda [aunque los Gnoles no se comunican como nosotros], y Mortensen presenta su precio. El Gnole vacila, luego toma la piedra preciosa más pequeña que se exhibe en el salón, una esmeralda que, sin embargo, podría rescatar a «un Rockefeller o toda una familia de Guggenheim». Pero tomar la piedra preciosa sería exceder una ganancia legítima, violando lo que el Manual llama el «alto estándar ético que debe mantenerse en todo momento». Mortensen busca un objeto de menor valor y comete el error fatal de escoger el par de ojos extra del Gnole de un gabinete. Como explica Margaret St. Clair:


[«La preocupación que la buena gente cristiana debería sentir por el bienestar de su alma es una sombra, una ficción, una nada, comparada con lo que el gnole completamente pagano siente por esos ojos. Preferiría, creo, ser un miserable ser humano antes de que algún vándalo les pusiera las manos encima.»]


Ignorando el tabú que significa tocar esos ojos adicionales, Mortensen «sonríe para mostrar el encanto de los modales aconsejados en el Manual, alzando las cejas como quien dice: Gracias, con esto será suficiente», se mete los ojos en el bolsillo. El castigo es rápido. Antes de que pueda huir de la casa, Mortensen siente la ira de los tentáculos del Gnole. Atrapado en el sótano, Mortensen es engordado y asado. Luego, los Gnoles lo sirven apropiadamente en la cena:


[«Aunque engordaron diligentemente a Mortensen y, más tarde, lo asaron, lo salaron y se lo comieron con verdadero apetito, los gnoles lo mataron de una manera bastante humana y nunca pensaron en torturarlo. Eso es inusual para los gnoles. Y adornaron la tabla en la que le sirvieron con un hermoso borde de nudos elaborados con cordón de algodón de su propia caja de muestras.»]


El hombre que le vendió soga a los Gnoles de Margaret St. Clair sirve como un recordatorio de que la ficción extraña no siempre tiene que esforzarse por lograr un tono trágico, sino que también puede adoptar tonos humorísticos y oscuramente satíricos. También comparte esa dinámica metacognitiva común en muchas historias del género, donde el protagonista muere debido a su incapacidad para adaptar su forma de pensar a un contexto extraordinario [ver: ¿Qué es el «Weird» o Ficción Extraña?]

El hombre que le vendió soga a los Gnoles de Margaret St. Clair, decíamos, es una versión de Cómo Nuth habría practicado su arte sobre los Gnoles de Lord Dunsany, publicado en El libro de las maravillas (The Book of Wonders, 1912). El cuento de Dunsany narra la historia de un hombre sigiloso, su desafortunado aprendiz, y los peligrosos Gnoles, cuyo tesoro intentan robar. Aunque los Gnoles son los monstruos obvios de la historia, podría decirse que Nuth es aún más monstruoso. La historia comienza en el ámbito de la realidad y explora el capitalismo a través del «negocio» del robo de Nuth: tiene competidores, hace contratos y consigue un aprendiz. En este punto, el comportamiento de Nuth se asemeja a lo que el lector encuentra más tarde en los Gnoles [ver: La biología de los Monstruos]

El «arte» de Nuth, por supuesto, es su habilidad para robar, análoga a la habilidad en ventas de Mortensen en el cuento de Margaret St. Clair. Tanto Nuth como Mortensen intentan «practicar su arte» sobre los Gnoles, aunque con resultados diferentes, es cierto. Los Gnoles de esta historia y los gibelinos de El tesoro de los gibelinos (The Hoard of the Gibbelins) son sorprendentemente similares: ambos poseen una gran cantidad de riqueza y son bestias temibles. Sus ataques al final de cada historia también son similares: una repentina abducción seguida de una muerte implícita [y explícitamente horrible]. Pero, ¿hasta qué punto los Gnoles son responsables de los asesinatos que cometen?

Lord Dunsany es un maestro de estilo. Sus prosa tiene un ritmo perfecto para transmitir drama y suspenso incluso en una situación extravagante; y creo que Margaret St. Clair lo homenajea de forma brillante en El hombre que le vendió soga a los Gnoles. Así como Nuth [el ladrón] y Mortensen [el vendedor] se entrometen en la realidad de los Gnoles, lo extraño se entromete en la realidad mundana del lector, tal vez la única cualidad indispensable del cuento extraño.




El hombre que le vendió soga a los Gnoles.
The Man Who Sold Rope to the Gnoles, Margaret St. Clair (1911-1995)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Los gnoles tienen mala reputación, y Mortensen era muy consciente de ello. Pero razonó, bastante correctamente, que el cordaje debía ser algo que los gnoles necesitaban desde hacía mucho tiempo, y no vio ninguna razón por la que no debería ser él quien se los vendiera. ¡Qué triunfo sería tal venta! El gerente de ventas del distrito podría elegir a Mortensen para una mención especial en la cena anual. Ayudaría enormemente a su porcentaje. Y, después de todo, no era de su incumbencia para qué usaban la soga los gnoles.

Mortensen decidió llamar a los gnoles el jueves por la mañana. El miércoles por la noche repasó su Manual moderno del arte de vender, subrayando algunas cosas:

—Los estados mentales por los que pasa la mente al hacer una compra —leyó—, han sido catalogados como: 1) despertar de interés 2) aumento del conocimiento 3) ajuste a las necesidades...

Se enumeraban siete estados mentales, y Mortensen los subrayó todos. Luego volvió y anotó dos veces el No. 1, despertar de interés, el No. 4, apreciación de la idoneidad y el No. 7, decisión de compra.

Pasó la página.

—Dos cualidades son de excepcional importancia para un vendedor —leyó—: Adaptabilidad y conocimiento de la mercancía —Mortensen subrayó las cualidades—. Otros atributos altamente deseables son la aptitud física, un alto estándar ético, encanto en los modales, una tenaz persistencia y una cortesía inquebrantable.

Mortensen también los subrayó. Pero siguió leyendo hasta el final del párrafo sin subrayar nada más, y puede que el hecho de no poner «agudo tacto y poder de observación» en pie de igualdad con los otros atributos de un vendedor fuera responsable de lo que le sucedió.

Los gnoles viven en el borde mismo de Terra Cognita, en el lado más alejado de un bosque que todas las autoridades coinciden en describir como dudoso. Su casa es estrecha y alta, una mezcla de estilo gótico victoriano y chalet suizo. Aunque la casa necesita pintura, se mantiene en buen estado. Hacia allí se dirigió Mortensen el jueves por la mañana.

Ningún sendero conduce a la casa de los gnoles, y siempre está oscuro en el dudoso bosque. Pero Mortensen, recordando lo que había aprendido en las rodillas de su madre acerca del olor de los gnoles, encontró la casa con bastante facilidad. Por un momento se quedó vacilante ante ella. Sus labios se movieron mientras repetía para sí mismo:

—Buenos días. He venido a satisfacer sus necesidades de soga.

Las palabras eran el comienzo de su charla de ventas. Luego subió y llamó a la puerta.

Los gnoles lo observaban a través de los agujeros que habían abierto en los troncos de los árboles; es una ingeniosa costumbre suya de la que da fe la primera autoridad sobre los gnoles. La llamada de Mortensen casi los confundió, hacía tanto tiempo que nadie tocaba a su puerta. Entonces el gnole mayor, el que nunca sale de la casa, salió corriendo del sótano y abrió.

El gnole mayor es un poco como una alcachofa de Jerusalén hecha de caucho de la India, y tiene pequeños ojos rojos facetados de la misma manera que las piedras preciosas. Mortensen esperaba algo inusual, y cuando el gnole abrió la puerta, se inclinó cortésmente, se quitó el sombrero y sonrió.

Había superado la oración sobre los requisitos del cordaje y había enumerado los diferentes tipos de soga que fabricaba su empresa cuando el gnole, girando la cabeza hacia un lado, le mostró que no tenía orejas. Tampoco había nada en su cabeza que pudiera ocupar su lugar en la conducción del sonido. Entonces el gnole abrió su pequeña boca llena de colmillos y dejó que Mortensen mirara su lengua estrecha y fina.

Como lengua, no era más adecuado para el habla humana que la de una serpiente. A juzgar por su apariencia, el gnole no podía ser asignado con seguridad a ninguno de los cuatro tipos fisio-caracterológicos mencionados en el Manual; y por primera vez Mortensen sintió un escrúpulo definido.

No obstante, siguió al gnole sin vacilar cuando la criatura le indicó que entrara. Adaptabilidad, se dijo. Suficiente adaptabilidad y sus rodillas podrían incluso perder su tendencia a temblar.

El gnole lo condujo a un salón. Los ojos de Mortensen se agrandaron mientras miraba a su alrededor. Había cosas en los rincones, y gabinetes de curiosidades, y sobre la mesa calada un álbum con cerrojos dorados; ¿Quién sabe de quién eran las fotos? Alrededor de las paredes, entre paréntesis, donde en las casas menores la gente exhibe platos ornamentales, había esmeraldas del tamaño de tu cabeza. Los gnoles dan gran importancia a sus esmeraldas. Toda la luz de la habitación en penumbra procedía de ellas.

Mortensen repasó mentalmente las frases de su charla de ventas. Le angustiaba que esa fuera la única forma en que podía llegar a sus clientes. Aun así, ¡adaptabilidad! El interés del gnole ya se había despertado, o nunca habría invitado a Mortensen a la sala; y tan pronto como el gnole viera los diversos cordeles que contenía el estuche de muestra, sin duda procedería por su propia voluntad de la «apreciación de la idoneidad» al «deseo de poseer».

Mortensen se sentó en la silla que le indicó el gnole y abrió su caja de muestras. Sacó una soga de henequén cableada, una variedad de artículos de capas e hilos, y una soga de fibra de abacá superlativa y delgada. Incluso le mostró al gnole algunos hilos suaves y cordeles hechos de algodón y yute.

En el reverso de un sobre escribió los precios de las madejas, cordeles y cuerdas de 550 pies de largo. Laboriosamente agregó detalles sobre la fuerza, durabilidad y resistencia a las condiciones climáticas de cada tipo de cordón. El gnole mayor lo observaba atentamente, poniendo sus pequeños pies en el peldaño superior de su silla y pinchando las facetas de su ojo izquierdo de vez en cuando con un tentáculo. En los sótanos de vez en cuando alguien gritaba.

Mortensen comenzó a hacer demostraciones de sus mercancías. Le mostró al gnole el deslizamiento y la resistencia de una cuerda, la tenacidad y la fuerza obstinada de otra. Cortó en dos una cuerda de cáñamo alquitranada y colocó un trozo de metro y medio en el suelo del salón para mostrarle al gnole lo absolutamente «neutral» que era, sin tendencia a desenroscarse por sí sola. Incluso le mostró lo bien que algunos de los hilos de algodón estaban hechos con nudos cuadrados.

Se instalaron por fin en dos cuerdas de fibra de abacá, de 3/16 y 5/8 pulgadas de diámetro. El gnole quería una cantidad enorme. El comentario de Mortensen sobre la «resistencia y durabilidad ilimitadas» de estas cuerdas pareció haberlo atraído.

Sobriamente, Mortensen anotó los detalles en su libro de pedidos, pero la ambición estaba incendiando su cerebro. Los gnoles, al parecer, serían clientes regulares; y después de ellos, ¿por qué no probar con los gibelinos? Ellos también debían tener una necesidad de cuerda.

Mortensen cerró su cartera de pedidos. En el reverso escribió, para que el gnole lo viera, que la entrega se haría dentro de diez días. Los plazos eran del 30 por ciento con pedido, saldo a la recepción de mercancías.

El gnole mayor vaciló. Disimuladamente miró a Mortensen con sus ojitos rojos. Luego bajó la más pequeña de las esmeraldas de la pared y se la entregó.

El vendedor la sopesó en sus manos. Era la esmeralda más pequeña de los gnoles, pero era tan clara como el agua, tan verde como la hierba. En el mundo exterior habría rescatado a un Rockefeller o a toda una familia de Guggenheim. Sin embargo, una ganancia legítima de una transacción era una cosa, y esto era otra; «un alto estándar ético» —cualquier tipo de estándar ético— prohibiría a Mortensen quedarse con la esmeralda. La sopesó un momento más. Luego, con un profundo, profundo suspiro, la devolvió.

Echó un vistazo a la habitación para ver si podía encontrar algo que fuera más negociable. En un momento se fijó en los ojos auxiliares del gnole mayor.

El gnole mayor guarda su par adicional de ópticas en el tercer estante del gabinete de curiosidades. Se ven como finas esmeraldas oscuras del tamaño de la punta de su pulgar. Y si los gnoles en general se fijan en sus gemas, no es nada comparado con las emociones del gnole mayor acerca de sus ojos adicionales. La preocupación que la buena gente cristiana debería sentir por el bienestar de su alma es una sombra, una ficción, una nada, comparada con lo que el gnole completamente pagano siente por esos ojos. Preferiría, creo, ser un miserable ser humano antes de que algún vándalo les pusiera las manos encima.

Si Mortensen no hubiera estado eufórico por su éxito hasta el punto de la anestesia, habría visto al gnole ponerse rígido, lo habría oído silbar, cuando se acercó al gabinete. Inocente, Mortensen abrió la puerta de cristal, sacó los ojos gemelos e hizo malabares sacrílegos con sus manos; el gnole podía sentirlos tintinear. Sonriendo para mostrar el encanto de los modales aconsejados en el Manual, y alzando las cejas como quien dice: «Gracias, con esto será suficiente», Mortensen se metió los ojos en el bolsillo.

El gnole gruñó.

El gruñido despertó a Mortensen de su trance de euforia. Era un gruñido cuyo significado nadie podía confundir. Era evidente que no era el momento de ser obstinadamente persistente. Mortensen se abrió paso hacia la puerta.

El gnole mayor estaba allí ante él, con su red de tentáculos extendida. Atrapó a Mortensen con facilidad y lo enrolló con esos apéndices, planos como vendas, alrededor de los tobillos y las manos. La mejor fibra de abacá no es más extraña que esos tentáculos; aunque a los gnoles les parecería conveniente la cuerda, se las arreglan muy bien sin ella. ¿Te desnudarías, lector muerto, si dejaran de fabricarse cremalleras? Gruñendo, indignado, el gnole sacó sus ojos embelesados de los bolsillos de Mortensen y luego lo llevó al sótano, a los corrales de engorde.

Pero grandes son las virtudes del comercio legítimo. Aunque engordaron diligentemente a Mortensen y, más tarde, lo asaron, lo salaron y se lo comieron con verdadero apetito, los gnoles lo mataron de una manera bastante humana y nunca pensaron en torturarlo. Eso es inusual para los gnoles. Y adornaron la tabla en la que le sirvieron con un hermoso borde de nudos elaborados con cordón de algodón de su propia caja de muestras.

Margaret St. Clair (1911-1995)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Relatos góticos. I Relatos de Margaret St. Clair.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del cuento de Margaret St. Clair: El hombre que le vendió soga a los Gnoles (The Man Who Sold Rope to the Gnoles), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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