«Las noches recuerdan»: Sara Teasdale; poema y análisis


«Las noches recuerdan»: Sara Teasdale; poema y análisis.




Las noches recuerdan (The Nights Remember) es un poema de amor de la escritora norteamericana Sara Teasdale (1844-1933), publicado en la antología de 1920: Llama y sombra (Flame and Shadow).

Las noches recuerdan, uno de los grandes poemas de Sara Teasdale de aquella colección, explora las consecuencias de recordar, sobre todo en horas de la noche, los momentos felices que hemos vivido.

Después de todo, la noche no solo facilita los recuerdos, sino que los intensifica, los vuelve más gloriosos de lo que realmente fueron. Por eso, Sara Teasdale recomienda prudencia, no ya a la hora de recordar, sino de desear revivir aquellos instantes que, por derecho propio, se han ganado un merecido lugar en el cementerio de nuestra memoria.




Las noches recuerdan.
The Nights Remember, Sara Teasdale (1884-1933)

Los días recuerdan y las noches recuerdan
las nobles horas que alguna vez hiciste grandes.
Ocultas en su esplendor, en lo profundo de mi corazón yacen,
enterradas como soberanos en sus ropas reales.

Que no despierten de nuevo, mejor que se queden encerradas,
envueltas en recuerdos, adornadas con joyas y arreglos;
muchos reyes fantasmales han despertado del sueño de la muerte
y encontraron sus tronos decaídos y sus coronas robadas.


The days remember and the nights remember
The kingly hours that once you made so great,
Deep in my heart they lie, hidden in their splendor,
Buried like sovereigns in their robes of state.

Let them not wake again, better to lie there,
Wrapped in memories, jewelled and arrayed—
Many a ghostly king has waked from death-sleep
And found his crown stolen and his throne decayed.


Sara Teasdale
(1884-1933)




Poemas góticos. I Poemas de Sara Teasdale.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Sara Teasdale: La noche recuerda (The Nights Remember), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

J D. Beresford: cuentos destacados


J D. Beresford: cuentos destacados.




J.D. Beresford —John Davys Beresford (1873-1947)— fue un escritor inglés dedicado al relato de terror y la ciencia ficción. En este sentido, los cuentos de J.D. Beresford continúan la línea y el estilo de H.G. Wells, entre otros grandes maestros del género, a menudo representando inquietantes distopías que de a poco se han convertido en clásicos.

A continuación iremos compartiendo algunos de los mejores libros, novelas y cuentos de J.D. Beresford.




Cuentos de J D. Beresford:
  • El misántropo (The Misanthrope)
  • Ampliación (Enlargement)
  • Blackthorn Winter (Blackthorn Winter)
  • Cleo (Cleo)
  • Compañeros de casa (House Mates)
  • Diecinueve impresiones (Nineteen Impressions)
  • El contrapunto de Dios (God's Counterpoint)
  • El converso (The Convert)
  • El criminal (The Criminal)
  • El enigma de la torre (The Riddle of the Tower)
  • El escape (The Escape)
  • El espejo (The Looking-Glass)
  • El evento invisible (The Invisible Event)
  • El hombre en la máquina (The Man in the Machine)
  • El instrumento del destino (The Instrument of Destiny)
  • El introvertido (The Introvert)
  • El lugar de encuentro (The Meeting Place)
  • El milagro (The Miracle)
  • El milagro de Camberwell (The Camberwell Miracle)
  • El obsequio (The Gift)
  • El pequeño pueblo (The Little Town)
  • El poder del dinero (The Power o' Money)
  • El prisionero (The Prisoner)
  • El prisionero de Hartling (The Prisoner of Hartling)
  • El señuelo (The Decoy)
  • El teatro vacío (The Empty Theatre)
  • El último ocupante (The Late Occupier)
  • Esa clase de hombre, casi pagano (That Kind of Man, or Almost Pagan)
  • Evento de fuerza mayor (Force Majeure)
  • Fallas en el esquema del tiempo (Flaws in the Time Scheme)
  • Gente real (Real People)
  • Hombres en el mismo bote (Men in the Same Boat)
  • Ilusión de amor (Love's Illusion)
  • La aparición del hombre (The Appearance of Man)
  • La barrera (The Barrier)
  • La bestia escondida (The Hidden Beast)
  • La carrera del joven Strickland (Young Strickland's Career)
  • La casa en la calle Demetrius (The House in Demetrius Road)
  • La comedia de Jervaise (The Jervaise Comedy)
  • La duquesa imperturbable (The Imperturbable Duchess)
  • La gente vieja (The Old People)
  • La granja de los degüellos (Cut-Throat Farm)
  • La gran tradición (The Great Tradition)
  • La jaula (The Cage)
  • La madre imperfecta (The Imperfect Mother)
  • La maravilla de Hampdenshire (The Hampdenshire Wonder)
  • La noche de la creación (The Night of Creation)
  • La presa (The Barrage)
  • La próxima generación (The Next Generation)
  • Las cenizas del fuego de anoche (The Ashes of Last Night's Fire)
  • La sonrisa perfecta (The Perfect Smile)
  • La temprana historia de Jacob Stahl (The Early History of Jacob Stahl)
  • Lo que traen los sueños (What Dreams May Come)
  • Los contemporáneos (The Contemporaries)
  • Mientras las vacas vuelan (As the Crow Flies)
  • Peckover (Peckover)
  • Perdido en la niebla (Lost in the Fog)
  • Peregrino del amor (Love's Pilgrim)
  • Pichones (Goslings)
  • Poderes del aire (Powers of the Air)
  • Revolución (Revolution)
  • Se busca referencia (Reference Wanted)
  • Signos y maravillas (Signs and Wonders)
  • Sobre una colina enorme (On a Huge Hill)
  • Suburbio perdido (Lost Suburb)
  • Todo o nada (All or Nothing)
  • Una diferencia de temperamento (A Difference of Temperament)
  • Un candidato para la verdad (A Candidate for Truth)
  • Un caso de previsión (A Case of Prevision)
  • Un efecto de la reencarnación (An Effect of Reincarnation)
  • Un enemigo común (A Common Enemy)
  • Un experimento negligente (A Negligible Experiment)




Relatos góticos. I Relatos de J D. Beresford.


El artículo: J D. Beresford: cuentos destacados fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Por qué el verdadero liderazgo se demuestra en los semáforos


Por qué el verdadero liderazgo se demuestra en los semáforos.




La actitud, pero sobre todo la fibra moral y ética de la que está hecho el individuo: su templanza, sus flaquezas, sus miserias, se demuestran en los semáforos mejor que en ninguna otra parte. O al menos esto era lo que enseñaba Humberto Masticardi.

Las personas respetuosas de las normas, decía, aguardarán en el sitio asignado hasta que el semáforo se ponga en verde.

Las que oscilan en una actitud rebelde, pero no criminal, quizás desciendan del cordón con el semáforo todavía en rojo, buscando el momento preciso para ventajear un cruce ilegal. Al cruzar ese Rubicón, estos sujetos a menudo miran hacia atrás con cierto desdén por el peatón respetuoso.

Finalmente están las personas subversivas que, lejos de sentirse intimidadas por el semáforo, avanzarán con una obstinada resolución, casi suicida, poniendo incluso el cuerpo como elemento de intimidación para los vehículos y haciendo gestos ampulosos a los conductores.

Estos temas fueron abordados desde una perspectiva antropológica por Humberto Masticardi, aquel hábil bilocador y asiduo concurrente de las tertulias del profesor Lugano.

Masticardi solía dar sus charlas sobre liderazgo en el viejo salón de conferencias de la Sociedad de Fomento de Chacarita, actualmente usurpado por vendedores de sahumerios.

—El liderazgo no es algo que pueda explicarse. El liderazgo se demuestra —dijo Masticardi a su audiencia en pleno desalojo—. Síganme.

Condujo a su grupo a la esquina de Forest y Federico Lacroze.

—Observen detenidamente —dijo, situado justo debajo del semáforo—. Si tenemos suerte podremos ver el ejemplo más claro de liderazgo en las grandes urbes.

Con sabiduría permitió que su público observara el ir y venir de la gente al cruzar la calle.

—Aquí podemos ver —dijo por fin— las diferentes actitudes del ser humano frente a la vida y a sus pares. Las tres primeras: los respetuosos, los vacilantes y los temerarios, no nos interesan. Es la cuarta, realmente excepcional, la que aquí vinimos a estudiar.

—¿Cuál? —preguntó alguien.

—La cuarta está conformada por los líderes natos, aquellos que con el semáforo en rojo logran arrastrar a los demás hacia la calle, generando un efecto bandada, o cardúmen, si ustedes prefieren. Estos líderes generan grupos con objetivos claros, sin decir una palabra; en este caso, cruzar la calle. Y lo hacen mediante una especie de acuerdo colectivo: avanzan con tal confianza sobre la senda peatonal que el resto simplemente lo sigue bajo esa consigna que, humildemente, yo llamo: o cruzamos todos o nos hacemos mierda.

El público de Masticardi aplaudió su poder de síntesis.

—Y ahora —continuó—, voy a darles una demostración práctica de liderazgo. En efecto, yo mismo seré quien arrastre a las masas proletarias que aguardan con la paciencia de un vacuno hindú hacia las desconocidas márgenes al otro lado del asfalto. Observen.

Masticardi se ubicó justo sobre el cordón de la vereda. Los pantalones de pana, con una caída precisa, lo hacían verse como una antiguo y venerable maniquí. Los mocasines brillaron en el aire de la tarde. Los anteojos, encajados en un marco que bien podría haber sido de sílice, reflejaron el rojo carmesí del semáforo.

Cuando la esquina se cargó de peatones que aguardaban, Masticardi avanzó un paso sobre el asfalto.

Luego otro.

Y otro más.

Movidos por un magnetismo irresistible, el resto avanzó detrás de él como una manada que súbitamente es liberada del corral, o como las ratas encantadas por la música del flautista. Pero cuando Masticardi llegó al medio de la avenida, vaciló. Algo cambió en su porte. El mesmerismo de su paso fue sustituido por la duda.

Y los vehículos se acercaban, mano a Cabildo.

Parte del grupo experimental, aún influenciado por los residuos del liderazgo puro que Masticardi desprendía al principio, aceleró el paso, y llegó a destino sin demasiados sobresaltos.

Los más rezagados no corrieron con la misma suerte.

Mediante este ejercicio, que algunos suponen exagerado, Masticardi demostró que, a veces, el líder nato es también un cobarde, mientras retrocedía lentamente hacia la acera.




Crónicas del profesor Lugano. I Egosofía.


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