«La risa del Demiurgo»: Robert Frost; poema y análisis


«La risa del Demiurgo»: Robert Frost; poema y análisis.




La risa del Demiurgo (The Demiurge’s Laugh) es un poema del escritor norteamericano Robert Frost (1874-1963), publicado en la antología de 1913: La voluntad de un muchacho (A Boy's Will).

La risa del Demiurgo, uno de los poemas de Robert Frost más destacados, relata un episodio menos insólito que su desenlace: un hombre, solo en el bosque, se encuentra con un demonio. Lejos de salir corriendo o de invocar el nombre del Señor para ahuyentarlo, recurre a la indiferencia.

Si bien el tema es un tanto exiguo para el horror, en términos poéticos resulta francamente estremecedor: el demonio está ahí, riéndose del hombre, mientras este finge que nada ve, que nada hay, que sigue solo bajo la sombra confidencial de los árboles.




La risa del Demiurgo.
The Demiurge’s Laugh, Robert Frost (1874-1963)

Estaba lejos en la monotonía de la madera;
corriendo con alegría en el sendero del Demonio,
aunque sabía que lo que cazaba no era un verdadero dios.
Justo cuando la luz comenzaba a decrecer,
lo escuché de repente, todo lo que necesitaba oír:
y ese sonido me ha seguido durante muchos, mucho años.

El sonido estaba detrás de mí, no delante,
un sonido soñoliento, medio burlón,
como el de alguien que no debería importarme.
El Demonio se levantó de su revolcón para reír,
sacudiéndose la suciedad de los ojos mientras lo hacía;
y bien sabía yo lo que el Demonio quería decir.

Nunca olvidaré cómo sonó su risa.
Me sentí como un tonto por haber sido atrapado,
y acentué mis pasos para fingir
que era algo entre las hojas lo que estaba buscando
(aunque era dudoso que se quedara a ver).
Después de eso, me senté contra un árbol.


It was far in the sameness of the wood;
I was running with joy on the Demon’s trail,
Though I knew what I hunted was no true god.
It was just as the light was beginning to fail
That I suddenly heard—all I needed to hear:
It has lasted me many and many a year.

The sound was behind me instead of before,
A sleepy sound, but mocking half,
As of one who utterly couldn’t care.
The Demon arose from his wallow to laugh,
Brushing the dirt from his eye as he went;
And well I knew what the Demon meant.

I shall not forget how his laugh rang out.
I felt as a fool to have been so caught,
And checked my steps to make pretence
It was something among the leaves I sought
(Though doubtful whether he stayed to see).
Thereafter I sat me against a tree.


Robert Frost
(1874-1963)




Poemas góticos. I Poemas de Robert Frost.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Robert Frost: La risa del Demiurgo (The Demiurge’s Laugh), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Señorita Bisturí»: Charles Baudelaire; relato y análisis


«Señorita Bisturí»: Charles Baudelaire; relato y análisis.




Señorita Bisturí (Mademoiselle Bistouri) es un relato psicológico del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado de manera póstuma en la antología de 1869: Pequeños poemas en prosa (Petits poëmes en prose), a veces editado como Le Spleen de París.

Señorita Bisturí es, en realidad, uno de los grandes poemas de Charles Baudelaire de aquella colección en prosa: un texto sumamente extraño, narcótico, como un sueño o una pesadilla especialmente inquietante, que relata el inesperado encuentro de una mujer desequilibrada y un hombre aparentemente en sus cabales.




Señorita Bisturí.
Mademoiselle Bistouri, Charles Baudelaire (1821-1867)

Cuando me acercaba al extremo del arrabal, a los destellos del gas sentí que un brazo se escurría suavemente por debajo del mío, y oí una voz que al oído me decía:

—Es usted médico, ¿verdad?

Miré; era una chica alta, robusta, de ojos muy abiertos, con ligero afeite; sus cabellos flotaban al viento, como las cintas de su gorra.

—No, no soy médico. Déjeme pasar.

—Sí. Usted es médico. Lo conozco. Venga a mi casa. Quedará contento de mí. ¡Vamos!

—Sí, sí; ya iré a verla, pero más tarde, después del médico. ¡Qué diablo!

—¡Ah, ah! —dijo, sin soltar mi brazo, con una carcajada—. Es usted un médico bromista; he conocido varios por el estilo. Venga.

Me apasiona el misterio, porque siempre tuve la esperanza de aclararlo. Así, pues, me dejé llevar por la compañera, o más bien, por aquel misterio inesperado.

Omito la descripción del antro; la podrían encontrar en varios conocidísimos poetas franceses. Sólo —detalle que no advirtió Regnier— dos o tres retratos de doctores célebres estaban colgados de la pared.

¡Qué caricias recibí! Buen fuego, vino caliente, cigarros; y al ofrecerme aquellas cosas tan buenas, mientras ella encendía también un cigarro, la graciosa criatura me decía:

—Piense que está en su casa, amigo mío; póngase cómodo. Así recordará el hospital y los buenos tiempos de la juventud. ¿De dónde ha sacado estas canas? No estaba usted así, no hará mucho todavía, cuando era interno de L. Recuerdo que en las operaciones graves usted me asistía. ¡Aquél era un hombre amigo de cortar, de sajar y raspar!

»Usted le iba dando los instrumentos, las hilas y las esponjas. ¡Y con qué orgullo decía, una vez hecha la operación, mirando el reloj de bolsillo: ¡Cinco minutos, señores!

»¡Oh! Yo voy por todas partes. Ya conozco yo a todos esos caballeros.

Algunos instantes después, tuteándome, volvía a su estribillo y me decía:

—Eres médico. ¿Verdad, gatito mío?

Aquella repetición ininteligible me hizo ponerme en pie de un brinco.

—¡No! —grité furioso.

—Pues serás cirujano...

—¡No, no! Como no sea para cortarte la cabeza...

—Espera —continuó—. Vas a ver.

Y de un armario sacó un legajo de papeles, que no era sino una colección de retratos de los médicos ilustres de entonces, litografiados por Maurin, que muchos años he visto expuesta en el Quai Voltaire.

—Mira. ¿Reconoces a éste?

—Sí; es X. Además, tiene el nombre debajo; pero lo conozco personalmente.

—¡Lo sabía! Mira. Aquí está Z., el que decía en clase, hablando de X.: «Ese monstruo, que lleva en la cara lo negro de su alma.» ¡Y todo porque no era de su opinión en cierto asunto! ¡Qué risa levantaba todo esto en la escuela por aquel entonces!

»¿Recuerdas? Mira: éste es K., el que denunciaba a los insurrectos que curaba en el hospital. Eran tiempos de motines. ¿Cómo podrá tener tan poco corazón un hombre tan guapo?

»Aquí tienes ahora a W., un médico inglés famoso; lo pesqué cuando vino a París. Parece una señorita, ¿verdad?

Y, corno yo tocase un paquete atado con un bramante que había sobre el velador:

—Espera un poco —dijo—, éstos son los internos, y los del paquete, los externos.

Desplegó en forma de abanico un montón de fotografías que representaban caras más jóvenes.

—Cuando nos volvamos a ver, me darás tu retrato, ¿verdad, querido?

—Pero —le dije, siguiendo yo a mi vez con mi idea fija—, ¿por qué crees que soy médico?

—¡Eres tan simpático y tan bueno con las mujeres!

—¡Lógica singular! —dije para mis adentros.

—¡Oh, no suelo engañarme! He conocido muchísimos. Tanto me gustan esos caballeros que, aun sin estar enferma, voy a verlos muchas veces nada más que por verlos. Hay quien me dice fríamente: «¡Usted no tiene enfermedad ninguna!» Pero otros hay que me comprenden, porque les hago gestos.

—¿Y cuando no te comprenden?

—¡Hombre! Como les he molestado inútilmente, es dejo diez francos encima de la chimenea. ¡Son tan buenos y tan cariñosos esos hombres! He descubierto en la Pitié un chico interno, bonito como un ángel, y ¡tan bien educado! ¡Lo que trabaja el pobre chico! Sus compañeros me han dicho que no tiene un cuarto, porque sus padres son pobres y no pueden enviarle nada. Eso me ha dado confianza. Después de todo, bastante guapa ya soy, aunque no demasiado joven.

»Le he dicho: Ven a verme, ven a verme a menudo. Y por mí no te apures; yo no necesito dinero.

»Pero ya comprenderás que se lo he dado a entender con muchos miramientos; no se lo dije así, en crudo; ¡tenía tanto miedo de humillarle al pobrecillo! Pues bueno, ¿creerás que tengo un capricho tonto y que no me atrevo a decírselo? ¡Quisiera que viniese a verme con el estuche y el delantal, hasta un poco manchado de sangre!

Lo dijo en tono muy cándido, como un hombre sensible diría a una cómica de la que estuviese enamorado: quiero verla vestida con el traje que saca en ese famoso papel que ha creado.

Siguiendo en mi obstinación, continué:

—¿Puedes recordar la época y la ocasión en que ha nacido en ti esa pasión tan especial?

Difícilmente conseguí que me entendiera, pero lo logré al cabo. Solo que entonces me contestó con aire tristísimo, y, si no recuerdo mal, hasta apartando de mí los ojos:

—No sé, no me acuerdo.

¿Qué rarezas no encuentra uno en una gran ciudad, cuando sabe andar por ella y mirar? En la vida, los monstruos inocentes pululan. ¡Señor, Dios mío! ¡Vos, el Creador; Vos, el Maestro; Vos, que hicisteis la ley y la libertad; Vos, el Soberano que deja hacer; Vos, el Juez que perdona; Vos, que estáis lleno de motivos y de causas, y que habéis puesto acaso en mi espíritu el gusto por el horror para convertir mi corazón, como la salud en la punta de una cuchilla; Señor, apiadaos, apiadaos de los locos y de las locas! ¡Oh, Creador!

¿Pueden existir monstruos ante los ojos de Aquel que sólo sabe por qué existen, cómo se han hecho y cómo hubieran podido no hacerse?

Charles Baudelaire (1821-1867)




Poemas góticos. I Relatos de Charles Baudelaire.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del cuento de Charles Baudelaire: Señorita Bisturí (Mademoiselle Bistouri), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Los mil y un fantasmas»: Alejandro Dumas; relatos y análisis


«Los mil y un fantasmas»: Alejandro Dumas; relatos y análisis.




Los mil y un fantasmas (Les Mille et Un Fantômes) es una colección de relatos de terror del escritor francés Alejandro Dumas (1802-1870), publicada en 1849.

La antología reúne algunos de los relatos de Alejandro Dumas más importantes dentro del género gótico.

Su título hace referencia a los cuentos de Las mil y una noches, aunque desde una perspectiva mucho más afín al horror, o mejor dicho, a lo sobrenatural. En definitiva, Los mil y un fantasmas nos permiten descubrir esta otra faceta de Alejandro Dumas como autor de exquisitos relatos de fantasmas.




Los mil y un fantasmas.
Les Mille et Un Fantômes, Alejandro Dumas (1802-1870)
  • Historia de un muerto contada por él mismo (Histoire d'un mort racontée par lui-même)
  • La dama pálida (Histoire de la dame pâle)
  • Las tumbas de San Denis (Les tombeaux de Saint-Denis)
  • Albert (Albert)
  • El brazalete de pelo (Le bracelet de cheveux)
  • El castillo de Brankovan (Le Château de Brankovan)
  • El fuelle de Charlotte Corday (Le soufflet de Charlotte Corday)
  • El gato, el ujier y el esqueleto (Le Chat, l’Huissier et le Squelette)
  • El impasse de los sargentos (L’impasse des Sergents)
  • El monasterio de Hango (Le monastère de Hango)
  • El proceso verbal (Le procès-verbal)
  • El testamento de M. de Chauvelin (Le testament de Monsieur Chauvelin)
  • Fontenay de las rosas (La rue de Diane à Fontenay-aux-Roses)
  • La casa de Scarron (La maison de Scarron)
  • La liebre de mi abuelo (Le lièvre de mon grand-père)
  • La mujer del collar de terciopelo (La femme au collier de velours)
  • Las montañas Krapacks (Les monts Krapacks)
  • Los dos hermanos (Les deux frères)
  • Los hombres gentiles de Sierra Morena (Les gentilshommes de la Sierra-Morena)
  • Los matrimonios del tío Olifo (Les mariages du père Olifus)
  • Los montes Cárpatos (Les monts Carpathes)
  • Solange (Solange)
  • Una comida en casa de Rossini (Un dîner chez Rossini)




Antologías. I Relatos de Alejandro Dumas.


El análisis y resumen del libro de Alejandro Dumas: Los mil y un fantasmas (Les Mille et Un Fantômes), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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