Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

El martillo de las brujas.
Ex Visions of Atlantis y Aesma Daeva.
Cuando sentimos que no estamos solos.

Relato de H.P. Lovecraft.
Wallpapers e imágenes.
Misterios.


Etiäinen: el «doble astral» que hace que nos confundan con otro


Etiäinen: el «doble astral» que hace que nos confundan con otro.




A todos los ha ocurrido que nos confundan con alguien más:


—¿Vos no estabas el otro día en la marcha del orgullo gay? —nos pregunta alguien.

—No. Me confunde usted con alguien más —respondemos con total tranquilidad.


Esto es perfectamente normal y no hay necesidad de alarmarse; sin embargo, hay quienes son confundidos con alguien más por personas allegadas: amigos, familiares, e incluso por sus propios progenitores:


—Te ví el otro día saliendo de un hotel con la tía Norma.

—No, mamá. No era yo.

—¿Y quién era entonces? —nos interroga nuestra madre, visiblemente perturbada.

Etiäinen.

—¿Quién?

Etiäinen. Dejame que te explique.


Como decíamos, es completamente normal que de vez en cuando se nos confunda con alguien más; incluso es probable que testigos mal informados nos sitúen en orgías de las que nunca hemos tenido noticias, o bien nos atribuyan paternidades falaces, deudas apócrifas, ofensas que jamás hemos pronunciado, entre otras posibilidades que no excluyen confusiones virtuosas, como habernos visto encabezando una procesión, ayudando a un ciego a cruzar la calle, cediéndole el asiento a una embarazada en el transporte público, etc.

Todo esto se debe a causa del etiäinen.

No se trata exactamente de un doppelgänger, es decir, de un doble propiamente dicho, sino más bien de un doble astral o doble etérico; y más precisamente de un haltija: escurridizo espíritu de la mitología finesa.

De acuerdo a esta cosmovisión, todas las personas tienen un haltija, algo así como un espíritu guardián, idéntico a nosotros, cuya agenda no nos está dada a conocer pero cuyos actos pueden afectar gravemente nuestra reputación.

Este doble astral es conocido como etiäinen, y se caracteriza por ir a todos los sitios que visitaremos unas horas antes que nosotros. La sagaz prensa finesa también le atribuye el poder de efectuar con anterioridad un simulacro de los mismos actos que nosotros estamos destinados a realizar.

Por ejemplo, si alguien se dispone a visitar a su novia durante la noche, el etiäinen de dicho sujeto la visitará algunas horas antes. Del mismo modo, el etiäinen de la novia lo recibirá cordialmente, realizando con él todas las maniobras que luego el sujeto real, y su novia, llevarán a cabo con ilusoria originalidad.

El problema es que el etiäinen de ciertos individuos se rehúsa a cumplir la tarea para la cual fue creado. En estos casos, el doble astral vaga libremente por el mundo siguiendo su propios deseos, visitando sitios, conociendo personas, y participando de actividades que el sujeto real no tiene pensado realizar en el futuro cercado. Las consecuencias inmediatas de la rebelión del etiäinen son aquellas inopinadas confusiones que mencionábamos anteriormente.

También hay rumores acerca de un comportamiento intermedio, que no causa grandes confusiones pero que puede llegar inquietar al ciudadano promedio. Esto ocurre, por ejemplo, cuando pensamos en alguien y de repente recibimos su llamado telefónico, o bien cuando escuchamos el timbre o la puerta de entrada al abrirse antes de que llegue la persona esperada.

En este sentido, los perros y los gatos suelen confundirse fácilmente, saliendo a recibir a sus dueños dando grandes señales de alegría cuando en realidad el que acaba de llegar a casa es su etiäinen. Según esta visión, los perros y gatos realmente pueden ver a los espíritus.

Hay casos extraordinarios en los que el etiäinen continúa con las tareas proyectadas de alguien que ha muerto. Supongamos que, por ejemplo, alguien muere en un accidente automovilístico mientras se dirige de regreso a su hogar. Es probable que las personas que allí se encuentren reunidas escuchen sus pasos al llegar, o incluso vean realmente a su doble astral ingresando al domicilio y calzándose las ojotas como si nada extraño hubiese ocurrido.

La palabra etiäinen refiere a una cierta intuición, cierta sensación de que algo malo —sobre todo— está a punto de ocurrir; por ejemplo, al despertarnos una mañana y considerar, sin razón aparente, que no será un buen día. Esto sucede porque nuestro doble astral ya ha vivido ese día, y porque sabe que no será bueno.

También funciona en sentido inverso: es decir, cuando pensamos que nos espera un gran día por delante y éste, sin un motivo lógico que lo respalde, realmente se produce.

Es importante señalar que las acciones del etiäinen pueden frustrar muchas ocasiones que, de otro modo, habrían resultado más placenteras.

Esta criatura lleva consigo todos nuestros atributos, todos nuestros puntos fuertes, pero también todas nuestras deficiencias. Si somos pésimos amantes, por ejemplo, es probable que nuestra futura pareja —sobre todo si es casual— nos rechace enérgicamente, o que incluso reclame a viva voz la intervención de las fuerzas públicas, habida cuenta de que su etiäinen ya se acostó con el nuestro antes de que el encuentro real se produzca.

Quién sabe cuántos amores nos han sido privados por estas detestables criaturas, o peor aún, en cuántas relaciones desgraciadas nos hemos visto involucrados a causa de etiäinens displicentes, incapaces de hacer debidamente su trabajo, dedicándose en cambio a visitar bodegones de mala muerte o asistir a reuniones de consorcio que luego producen toda clase de malentendidos en el seno familiar.

Pero no todas las acciones de este doble astral son negativas para nosotros. También se le atribuyen sensaciones relacionadas con la intuición de beneficios futuros. Una mujer que se acuesta por primera vez con un hombre —o con otra mujer, o un hombre con otro hombre, incluyendo además una vasta cifra de opciones legítimas que sería ocioso reproducir aquí— puede experimentar la sensación de conocerlo de antes; ya sea en la totalidad de su ser como en la parcialidad de sus extremidades:


—¡A esta la conozco! —quizá exclame ella con inocultable regocijo, o profunda y comprensible decepción, según el caso, y no estará faltando a la verdad.




Bestiario de seres mágicos. I Fenómenos paranormales.


Más literatura gótica:
El artículo: Etiäinen: el «doble astral» que hace que nos confundan con otro fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Experiencia aparicional: cuando sentimos que no estamos solos


Experiencia aparicional: cuando sentimos que no estamos solos.




Si el lector, estando alguna vez solo, sintió que algo o alguien más estaba con él: una presencia, quizá, o la sensación de estar siendo observado, por ejemplo, entonces ha tenido una experiencia aparicional.

¿Fantasmas? ¿Espíritus?

En absoluto: hay varias explicaciones para el hecho de sentir «presencias» estando solo sin involucrar a lo sobrenatural.

Las experiencia aparicionales son, en cierta forma, una dimensión anómala de la percepción. Se caracteriza por la sensación de no estar solo, a pesar de estarlo en términos objetivos. Durante la experiencia el sujeto está completamente despierto, de manera tal que para explicarla se excluyen otros fenómenos como los sueños lúcidos, sueños telepáticos, las experiencias extracorporales, los viajes astrales, o cualquier otro estado de la conciencia distinto de la vigilia.

Los fantasmas no tienen nada que ver con las experiencias aparicionales, aunque muchos individuos que la han atravesado sostienen que la presencia en cuestión procede de otro plano de la realidad, el más allá, por ejemplo, o bien el plano astral.

Al hablar de fantasmas —o por tal caso de espíritus, de criaturas no humanas del plano astral, etc— estaríamos asumiendo que, en ciertas circunstancias, la conciencia puede sobrevivir a la muerte y comunicarse con nuestro plano de realidad. Pero las experiencias aparicionales casi nunca llegan al extremo de presenciar una aparición virtualmente espectacular; se trata únicamente de la sensación de no estar solo, de estar siendo observado, o de observar algo incierto en el ambiente, las cuales sí pueden llegar a ser extremadamente intensas.

De hecho, las experiencias aparicionales pueden prescindir por completo de una supuesta presencia espiritual. En muchos casos, lo que la persona percibe es un objeto inanimado, o incluso un animal o un sonido.

Todos, alguna vez, hemos tenido una experiencia aparicional; y si bien se encuadra dentro de la fenomenología alucinatoria, no es una alucinación propiamente dicha; es decir, cualquier sujeto perfectamente normal en términos psiquiátricos puede experimentarla, incluso en repetidas ocasiones a lo largo de su vida.

La forma de reconocer este fenómeno es muy simple: no solo el sujeto siente que alguien o algo más están con él, sino que su cuerpo reacciona ante esa posibilidad mucho antes que su conciencia: escalofríos, estremecimientos, incorporarse de repente de la cama o del sillón, voltear la cabeza súbitamente hacia un punto preciso de la habitación, son algunos signos comunes.

Es como si nuestro organismo accionara todos sus mecanismos de defensa, poniéndonos en un estado de extrema alerta, mucho antes de que la conciencia logre detectar el motivo de la amenaza. Podemos pensarlo como un mecanismo accionado por el inconsciente, que responde de manera defensiva frente a un estímulo que no alcanza a comprender del todo, y que por lo tanto clasifica como amenazador.

Algunos investigadores sostienen que el fenómeno se resume a la reacción del cerebro frente a un estímulo o información obtenidos de manera paranormal, es decir, sin la participación de los cinco sentidos.

Los que defienden esta hipótesis aseguran que también los animales domésticos, sobre todo los perros y los gatos, pueden tener experiencias aparicionales; las cuales se manifiestan a través de un comportamiento inusual, agresivo, y sumamente alerta; en general enfocado en un espacio específico en el que no se observa nada extraño, pero que claramente perturba al animal durante un lapso de tiempo variable. Es posible que de este fenómeno se desprenda la idea tradicional de que los gatos y los perros pueden ver a los espíritus.

También los niños experimentan este tipo de fenómeno, el cual puede derivar a su vez en la fantasía de tener amigos imaginarios o de atestiguar la presencia de gente sombra, monstruos debajo de la cama, etc.

Para tener una idea más o menos aproximada de cómo percibimos el mundo, ciertos investigadores emplean la imagen de un teatro: sobre el escenario (la mente consciente) podemos observar cómo el argumento de la historia se desarrolla con toda normalidad; mientras que detrás de la escena (el inconsciente) se reciben todos los estímulos del exterior a través de los sentidos, y luego se los interpreta para que se ajusten a una estructura argumental que la conciencia reconozca como lógica.

Ahora bien, cuando el inconsciente tiene una experiencia perceptiva distinta de la habitual, de acuerdo a esta teoría, obtenida a través de medios no tradicionales como la telepatía o la clarividencia, por ejemplo, el desarrollo lógico de la obra teatral se suspende abruptamente.

Toda la atención del sujeto se dirige hacia un punto en particular en el espacio que lo rodea. No solo experimenta la sensación de no estar solo, sino que esa supuesta presencia se encuentra en un lugar específico.

En este sentido, las experiencias aparicionales no necesariamente se asemejan a las experiencias paranormales, porque no siempre producen miedo. Algunas, de hecho, pueden ser incluso muy reconfortantes para el sujeto.

La mayoría de las experiencias aparicionales no tienden a ocurrir en lugares desconocidos o potencialmente peligrosos, sino en casa; o mejor dicho, en cualquier lugar en el que el sujeto esté solo y se sienta totalmente a salvo. La razón de esto es que parece existir algún tipo de relación entre el fenómeno y un bajo nivel de alerta en el sistema nervioso.

Cuanto más familiar y seguro es un lugar, el nivel de alerta en el cerebro frente a una potencial amenaza se reduce dramáticamente. Solo en este contexto ocurren las experiencias aparicionales.

Algunas experiencias pueden incluso ir acompañadas de imágenes, aunque esto es lo menos frecuente. La visión puede ser extremadamente realista, o bien incierta, y en todos los casos sumamente simbólica. Apenas el fenómeno concluye, es decir, cuando la consciencia se apodera otra vez del sistema, es muy simple atribuírselo a la imaginación, ya que la visión carece de toda lógica.

En cualquier caso, las experiencias aparicionales casi siempre involucran un solo sentido; usualmente la vista, pero también hay casos de personas que pueden llegar a percibir una voz, una palabra, e incluso una frase completa.

Hoy en día existen muchas teorías para explicar las experiencias aparicionales. En términos psicológicos, se lo resume como una especie de bug perceptivo. Los defensores de esta teoría aclaran que la percepción es, en última instancia, un proceso mediante el cual el cerebro elabora una serie de hipótesis sobre el mundo externo para poder interpretarlo, basándose siempre en los estímulos que recibe de los sentidos. Cuando el estímulo no puede ser procesado correctamente entonces aparece esta curiosa sensación de que algo o alguien más nos acompaña.

Al no poder interpretarlo debidamente, el inconsciente lo ejemplifica en un factor externo de amenaza: una presencia, una voz, una imagen.

Otros, más audaces para la elaboración de teorías, deducen que las experiencias aparicionales son los escasos instantes en los que realmente percibimos aquello que está más allá de los cinco sentidos.



Fenómenos paranormales. I Parapsicología.


Más literatura gótica:
El artículo: Experiencia aparicional: cuando sentimos que no estamos solos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

¿Cuál es en realidad el olor a lluvia?


¿Cuál es en realidad el olor a lluvia?




Hace poco hablamos sobre el secreto del olor de los libros viejos: un aroma tan identificable como impreciso, casi imposible de describir, o en realidad de comparar, ya que sencillamente es un olor que no se repite en ningún otro objeto fabricado por el hombre. Hoy daremos cuenta de otro aroma misterioso: el olor a lluvia.

Hay personas que aseguran enérgicamente que pueden sentir el olor a lluvia; otros, más modestos, se conforman con vindicar el olor a pasto justo después de llover. En cualquier caso, los antropólogos sostienen que nuestros ancestros establecieron un vínculo muy estrecho, y positivo, desde luego, con el olor a lluvia, y que por eso nos agrada tanto, aún para los que podríamos jurar ante un tribunal que rara vez lo hemos percibido.

Todo parece indicar que hay lluvias que producen un olor más intenso que otras, en especial las que coinciden con el final de la estación seca. Nuestro cerebro, cuyo software aún no ha sido completamente anulado por los estímulos de la vida moderna, asocia a la lluvia con una reactivación en la naturaleza.

En este punto es lógico suponer que el olor a lluvia es, en definitiva, el olor a vida.

Los olores, independientemente de su procedencia, detonan emociones. El bulbo olfativo está relacionado estrechamente con el sistema límbico, un área del cerebro encargada de regular los estados emocionales. Es por eso que ciertos olores son capaces de producir recuerdos personales, y otros, en cambio, despiertan estructuras mucho más antiguas; atávicas, comunes a toda la humanidad.

Es importante señalar que las mujeres son mejores para oler la lluvia; precisamente porque poseen mayor sensibilidad olfativa que el hombre, con un promedio de 50% más de neuronas trabajando en el bulbo olfativo.

Pero volvamos al tema que nos interesa: ¿a qué huele en realidad la lluvia?

El olor a lluvia es, en última instancia, una combinación de varios aromas actuando simultáneamente.

El olor a lluvia más fuerte, y el más fácil de percibir, ocurre cuando la lluvia cae sobre la tierra seca o las rocas, no sobre el pasto o la hierba. Ese olor incluso tiene un nombre: Petricor, que deriva del griego petros, «piedra»; e ikhor, término que refería a la sangre de los dioses.

Cuando el agua cae sobre la tierra, o sobre las rocas, se libera un compuesto llamado geosmina, básicamente un subproducto metabólico de ciertas actinobacterias. Muchos animales e insectos pueden detectarla incluso con la más ligera humedad en el suelo, aunque nosotros necesitamos de la lluvia para percibirlo.

Curiosamente, el mismo olor se encuentra en la cáscara de la remolacha, y en ciertos hongos que la prudencia exige no clasificar aquí.

Ahora bien, el Petricor es el olor a lluvia cuando esta cae sobre la tierra; pero seguramente muchos coincidirán en que existe otro aroma, uno que incluso permanece suspendido en el aire después que ha dejado de llover.

El poeta William Blake —a quien se le atribuye el olfato de un dromedario— realmente estaba en lo cierto cuando describían esa extraña fragancia que parecía flotar en el aire después de la lluvia. Se trata, decíamos, de una combinación de olores y reacciones químicas:

1- Ozono: cuyo olor se asemeja vagamente al del cloro. Se produce a partir de la descomposición de las moléculas de oxígeno y nitrógeno. Este olor no se origina en el suelo, sino que es presionado hacia abajo por las corrientes de aire que circulan en las nubes de lluvia. Su aroma podría resumirse de la siguiente forma: huele a limpio.

2- Geosmina: de olor parecido a la humedad que se desprende el moho. Algunas bacterias, como el streptomyces coelicolor, liberan esporas cuando llega la lluvia, y permanecen suspendidas en el aire durante varios minutos después de que hayan cesado las precipitaciones. Su olor, aislado del ozono, es sencillamente el olor a tierra mojada.

William Blake fue, además de un extraordinario poeta, un gran olfateador de lluvias. La mayoría de nosotros somos mucho más sensibles a la geosmina, de forma tal que rara vez detectamos el aroma fresco del ozono suspendido en el aire, pero el poeta, en cambio, se jactaba de poder seguir el rastro de las corrientes de ozono antes de que ascendieran nuevamente hacia las nubles.

Naturalmente, William Blake no hablaba de ozono en aquellos tiempos, sino de un rastro odorífero que él asociaba con el olor de los ángeles y otras criaturas escurridizas.




Leyendas urbanas. I Misterios miserables.


Más literatura gótica:
El artículo: ¿Cuál es en realidad el olor a lluvia? fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com