Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Un método para entender tus sueños y pesadillas.
Los mejores poemas en latín traducidos.
Poema de Algernon Swinburne.

La poesía en los mitos.
Poema de Henry Kendall.
Investigadores paranormales en la literatura.


10 patrones universales para entender tus sueños y pesadillas


10 patrones universales de los sueños y pesadillas.




¿Algunas vez has soñado que alguien te perseguía? ¿Desnudo en público? ¿Volando? ¿Desplazándote tan lento como si estuvieras debajo del agua?

La psicología propone que la única respuesta posible ante estas preguntas es sí; y más aún, que existen 10 patrones universales para todos nuestros sueños y pesadillas, sin importar quién seas, dónde vivas o a qué te dediques.

Estos patrones también son conocidos como sueños universales. No son precisamente arquetipos, al menos no como éstos eran concebidos por Carl Jung; es decir, símbolos que la humanidad comparte y cultiva desde tiempos inmemoriales, sino más bien escenas más o menos complejas que se repiten con ligeras variantes en nuestros sueños.

Si bien los patrones oníricos pueden variar de región en región, en esencia son los mismos, tanto en sus facetas positivas, es decir, a través de los sueños placenteros, como en su costado negativo, o sea, mediante las pesadillas; estadísticamente hablando, mucho más frecuentes.

Repasemos entonces los 10 patrones universales de los sueños y las pesadillas. Para ello los dividiremos en sus dos aspectos: negativo y positivo.



1- Ser perseguido / Ser amado.


Algo te persigue en sueños. Puede ser un animal, una persona o incluso un monstruo que nunca logramos identificar claramente.

El patrón universal, en este caso, es la presencia de un perseguidor independientemente de sus características.

La contracara de ser perseguido es, justamente, ser amado, abrazado o besado por un otro.

Esto es habitual incluso en los niños, quienes suelen soñar con animales mágicos que se presentan como leales amigos. Los adultos, en cambio, pueden convertir a ese otro en una celebridad, en un ángel o un amor imposible que se concreta en el sueño.

La esencia universal de estos sueños puede definirse como de contacto físico agradable.


2- Heridos / Sanados.


Tu o alguien que amas es herido o muerto en circunstancias que pueden ser claras, es decir, directas, o bien inciertas, simbólicas, como por ejemplo la caída de los dientes.

El reverso es la experiencia de sanación, de recuperación o renacimiento. Esto puede representarse incluso con el hallazgo de un objeto que produce en el soñador una insospechada alegría o a través del encuentro con una persona ya fallecida.


3- Quietud / Movimiento.


La quietud se expresa de muchas formas: desde un vehículo que se detiene o que sufre un accidente a la sensación de estar atrapados, encerrados, de llegar tarde a algún sitio e incluso de no poder moverse con la velocidad necesaria.

En estos sueños el soñador lucha desesperadamente por seguir adelante, sea cual sea su destino, sin embargo, todo en el sueño atenta contra esa meta.

El opuesto de estas pesadillas es, lógicamente, un tipo de movimiento excesivamente rápido y fluido pero que rara vez va acompañado por una sensación de urgencia.


4- Pérdida / Ganancia.


Las cosas se pierden, claro, pero en las pesadillas solemos perderlo todo, desde cosas importantes como personas que no logramos encontrar por ningún lado a objetos cotidianos como llaves, anillos o mascotas. En algunas pesadillas incluso podemos perder nuestra casa, es decir, el camino que nos lleva hasta allí, o bien directamente la construcción propiamente dicha a causa del fuego o del agua.

Por eso mismo este patrón universal no tiene que ver con lo material, sino con la pérdida y recuperación del espacio personal.

La contracara de este sueño tiene que ver con el hallazgo de objetos perdidos durante mucho tiempo. En este caso, el objeto suele ser de menor importancia pero el espacio en donde se lo encuentra lo es todo. De hecho, es justamente el redescubrimiento del espacio lo único importante.

Este patrón universal a veces se expresa cuando soñamos que vivimos en una casa distinta a la nuestra; no siempre mejor en términos estéticos pero siempre con más habitaciones, accesos y puertas.


5- Ridículo / Extraordinario.


Evaluaciones lamentables, fracasos amorosos, despidos traumáticos, disfunciones en el habla, todo eso conforma el patrón universal donde el soñador se siente ridiculizado y hasta humillado por su propio desempeño y circunstancias.

En contraste, el soñador también puede ejecutar una performance extraordinaria en cualquier ámbito, desde convertir un gol en un partido de fútbol trascendental a dirigirse al público con una elocuencia inusitada; donde es felicitado e incluso alabado por sus pares de la vida real.


6- Caer / Volar.


Soñar con caer es algo frecuente, lo mismo que tratar de moverse y no poder hacerlo, como si el cuerpo estuviese maniobrando debajo del agua. En cualquier caso, el patrón universal tiene que ver con la pérdida del autocontrol, es decir, de la sujeción de nuestros propios deseos que, ya libres, nos hacen caer.

Lo opuesto se relaciona con la libertad absoluta, es decir, con los sueños en los que podemos volar sin ningún tipo de esfuerzo.


7- Inseguridad / Seguridad.


Las pesadillas de inseguridad normalmente tienen que ver con sueños en los que advertimos que estamos desnudos en público o pésimamente vestidos, lo cual simboliza el miedo a que los otros perciban un rasgo o un deseo que nos avergüenza.

En cualquier caso, el patrón universal se vincula con lo que proyectamos hacia el mundo; es decir, con la seguridad y la inseguridad en función de nuestra apariencia. Es extraño, desde luego, pero hasta la persona más segura y confiada del mundo depende de un trozo de tela para no sentirse totalmente humillado.

La contracara tiene que ver con sueños en los cuales lucimos de forma espléndida, incluso por encima de nuestras mayores ambiciones estéticas.


8- Desastre natural / Belleza natural.


Pesadillas de terremotos, inundaciones, tormentas, tsunamis, erupciones volcánicas; en fin, el variado abanico de desastres naturales a los cuales podemos añadir algunos de origen humano, como guerras, explosiones de bombas o situaciones violentas.

La causa puede variar, pero la esencia de este patrón universal de los sueños indica que la naturaleza, y el ser humano como parte de ella, se vuelven en nuestra contra. En otras palabras, que experimentamos algo antinatural en nosotros mismos que se manifiesta a través de un desorden en las leyes naturales.

El reverso de esta pesadilla se produce al presenciar lujares extremadamente bellos y armoniosos.


9- Extraviado - Descubierto.


Atrapados en un edificio, en una casa, en un laberinto, en un pueblo extraño donde somos incapaces de reconocer una sola calle. A veces incluso podemos sentirnos totalmente inmóviles, o peor aún, enterrados vivos.

Por el otro lado, podemos descubrir un nuevo y maravilloso lugar; por ejemplo, una nueva habitación en nuestra casa.

El patrón universal detrás de estos sueños se vincula con un miedo y una ansiedad comunes en todos nosotros: nuestras decisiones pueden conducirnos a sitios de los que no podremos salir, o bien nos llevarán a nuevos y mejores lugares.


10- Acechado por los muertos / Guiado por los muertos.


Hablamos aquí de pesadillas donde aparecen personas muertas que se muestran enojadas, tristes, y a veces con terribles reproches sobre actitudes reales o imaginarias. No es infrecuente que el muerto aparezca del otro lado de una calle, invitándonos a que crucemos para encontrarnos con él.

Por otro lado están los sueños donde los muertos se nos aparecen para darnos consejos, para hablarnos en términos afectuosos, a veces brindando soluciones para simples problemas cotidianos o directamente para despedirse de nosotros.

Este patrón universal se relaciona con la culpa y el remordimiento que pueden suceder tras la muerte de un ser querido; y es la propia persona fallecida la que manifiesta con su actitud si esas emociones han sido o no debidamente superadas.




Diccionario de sueños. I El lado oscuro de la psicología.


Más literatura gótica:
El artículo: 10 patrones universales para entender tus sueños y pesadillas fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Detectives de lo oculto en la literatura pulp


Detectives de lo oculto en la literatura pulp.




Detectives paranormales, cazadores de fantasmas, policías psíquicos, investigadores del más allá; todos ellos participan de un arquetipo literario con más tradición que lectores: los detectives de lo oculto.

Si bien la influencia de los detectives de lo oculto tanto en la literatura y como en el cine de terror fue decisiva, con el tiempo fueron perdiendo parte de su esencia y, en cierta forma, desluciéndose frente a otros detectives literarios.

El verdadero detective de lo oculto se reconoce por su especialidad, esto es: la capacidad para resolver fenómenos paranormales a través de un gran conocimiento del ocultismo, esoterismo, la parapsicología y todo lo relacionado con lo sobrenatural. No necesariamente posee poderes psíquicos aunque algunos de ellos pueden jactarse de cultivar esos talentos.

Originalmente aparecieron como investigadores de lo inexplicable pero poco a poco fueron asumiendo ciertos rasgos detectivescos que facilitaban la creación de una atmósfera de tensión. No es casualidad que el auge de popularidad de los detectives de lo oculto coincida con las pesquisas racionalistas de investigadores como Sherlock Holmes, heredero de C. Auguste Dupin, de E.A. Poe, fuertemente atravesados por el racionalismo.

A propósito de este personaje clásico del relato policial, Arthur Conan Doyle siempre se mostró abiertamente interesado en el ocultismo aunque su mayor creación, Sherlock Holmes, jamás se ocupó de investigar un solo caso sobrenatural.

El verdadero caldo de cultivo para los detectives de lo oculto fue la sociedad victoriana que los forjó, obsesionada con lo paranormal, el espiritismo, los mediums, los levitadores como Daniel Dunglas Home, las sociedades esotéricas como la Golden Dawn y casos periodísticos impactantes como el de las hermanas Fox.

Este enorme interés en lo paranormal difiere del actual, donde estos asuntos se toman con mayor grado de escepticismo por el público en general. Por aquel entonces, desde mediados del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX, lo paranormal era un terreno fértil para toda clase de especulaciones pseudocientíficas. La gente leía con voracidad los artículos periodísticos sobre el tema, de modo que su asimilación por parte de la literatura fantástica fue una consecuencia natural y hasta lógica en términos comerciales.

En este contexto de interés científico (y pseudocientífico) los detectives de lo oculto siempre eran investidos con algún doctorado, nunca con oficios dudosos como espiritualistas o psíquicos; quizá porque los primeros casos que investigaron se apoyaban en la idea de que las manifestaciones psíquicas no necesariamente procedían de los muertos y que sus causas bien podían ser naturales aunque desconocidas para la ciencia.

Uno de los primeros ejemplos de detectives de lo oculto es el doctor Martin Hesselius, de Sheridan Le Fanu, cuyas historias publicadas en 1872 relataban las aventuras recordadas de un respetable profesional totalmente obsesionado con lo macabro.

Otro profesional de la ciencia obsesionado con lo sobrenatural apareció en Historias del diario de un doctor (Stories from the Diary of a Doctor, 1894), de la autora L.T. Meade y Clifford Halifax, aunque la mayoría de los misterios indagados terminen siendo episodios más bien bizarros que al final encuentran una explicación racional.

También a L.T. Meade, esta vez en colaboración con Eustace Robert Barton, le debemos el primer investigador psíquico en dedicarse a desenmascarar fraudes de médiums y espiritistas en general. Su nombre es John Bell y sus historias aparecieron en la antología de 1897: Un amo de los misterios (A Master of Mysteries).

En términos de género, es decir, un especialista que es convocado para investigar un caso sobrenatural, el primer detective de lo oculto fue Flaxman Low, de E. y H. Heron —seudónimos de Kate O'Brien Ryall Prichard y Hesketh Hesketh-Prichard, curiosamente, madre e hijo—, cuyas historias luego serían agrupadas en dos antologías: Historias reales de fantasmas (Real Ghost Stories) y Flaxman Low: detective psíquico (Flaxman Low: Psychic Detective).

Lo novedoso de las historias de Flaxman Low consistía en que eran presentadas como casos reales en revistas pulp. En algunos casos, los relatos iban acompañados por imágenes tomadas por supuestos fotógrafos enviados por la propia revista al lugar de los hechos, generalmente una casa embrujada.

El éxito de Flaxman Low desató una epidemia de imitadores, dando inicio a la edad dorada de los detectives de lo oculto.

El siguiente salto de calidad en el género corresponde a Algernon Blackwood y su detective psíquico John Silence.

La calidad de los relatos paranormales de John Silence es innegable, sin embargo, su fama trascendió el ámbito del pulp gracias a una genial jugada publicitaria. Por primera vez se imprimieron carteles en tamaño real, desde luego, retratando a John Silence, y se los colocó en estaciones de trenes o paradas de autobuses, lo cual se tradujo en un increíble éxito de ventas.

John Silence, también doctor, pasó décadas realizando una especie de entrenamiento de campo en el conocimiento de lo oculto. En este sentido, se trata de un alter ego del propio Algernon Blackwood, sujeto genial pero también obsesionado con el ocultismo y ciertas prácticas esotéricas clandestinas; entre ellas, las organizadas en la Orden del Alba Dorada, donde asistían hombres siniestros de la talla de Aleister Crowley, dicho sea de paso, también autor de un detective de lo oculto: Simon Iff.

Si bien las historias de John Silence se enmarcan en la ficción, la idea original de Algernon Blackwood era publicarlas como una serie de ensayos sobre distintas afecciones psíquicas reales. A pesar del tremendo éxito de ventas, el autor decidió rechazar la continuidad de los relatos, dejando un espacio vacío que recién empezaría a llenarse de la mano de otro gran maestro de lo macabro.

Algernon Blackwood no fue el único en traducir sus propias investigaciones esotéricas en relatos detectivescos. Damon Vane, creado por Elliott O'Donnell en 1922, también funciona como un alter ego del autor y su afición por cazar fantasmas. Algo similar ocurre con el doctor Taverner, creado por la ocultista Dion Fortune, de vasta bibliografía sobre asuntos paranormales.

Eveleigh Nash, editora de Algernon Blackwood, convocó al autor William Hope Hodgson para sustituir las aventuras de John Silence. Su creación, Thomas Carnacki, no ya un doctor sino un investigador que utiliza modernos instrumentos científicos, fue el encargado de liderar el género. Sus historias, publicadas entre 1910 y 1912, luego fueron agrupadas en la colección: Carnacki: el cazador de fantasmas (Carnacki the Ghost-Finder).

El tremendo éxito de Carnacki, curiosamente, derivó en una mutación del género que determinaría el fin de un ciclo. Si bien la mayoría de las revistas pulp tenían su propia serie de detectives de lo oculto, el oficio lentamente fue desluciéndose hacia un subgénero todavía en pañales.

Entre 1912 y 1934 aparecieron los híbridos detectivescos; es decir, investigadores que se adentraban en lo sobrenatural pero no a través del conocimiento teórico sino de poderes psíquicos reales, del uso de la astrología, la magia, el ocultismo; en ciertos casos mezclados con la psicología.

Las historias de J.U. Giesy, publicadas en El detector de lo oculto (The Occult Detector, 1912), se inscriben en este subgénero que pronto acaparó un buen número de seguidores. Los casos investigados difieren de los típicos ejemplos del detective de lo oculto: aquí, en vez de luchar contra apariciones aisladas o casas embrujadas, el psíquico normalmente batallaba contra fuerzas de mayor antigüedad y envergadura, tales como demonios o vampiros.

Sax Rohmer, creador de Fu Manchu, diseñó un personaje genial pero que fue absorbido por la enorme cantidad de material del período. Su nombre era Moris Klaw, y su habilidad consistía en poder resolver prácticamente cualquier misterio durmiendo en la escena del crimen y luego soñando la solución.

Las historias de Moris Klaw, de Sax Rohmer, empezaron a aparecer en 1913 y luego sería publicadas en la antología: El detective de los sueños (The Dream-Detective), verdadera joya del género.

Otras series igualmente interesantes son las del clarividente Aylmer Vance, de Alice y Claude Askew; y Norton Vyse, de Champion de Crespigny.

Las mujeres también tuvieron su espacio dentro de los detectives de lo oculto. Si bien es cierto que los ejemplos no abundan, hay algunos que vale la pena mencionar por su enorme creatividad.

La primera detective de lo oculto apareció en 1919. Su nombre era Shiela Crerar, de la escritora Ella Scrymsour, y su vida literaria fue corta pero agitada. En 1920 la sucedió Luna Bartendale, de Jessie Douglas Kerruish, especializada en resolver casos relacionados con criaturas mitológicas, especialmente hombres lobo.

Durante la postguerra muchos detectives de lo oculto empezaron a trabajar para los servicios de inteligencia. Un caso notable es el del doctor Arnold Rhymer, investigador psíquico creado por Uel Key, especie de espía psíquico que luchaba contra los nigromantes empleados por los alemanes después de la Primera Guerra Mundial.

Esta proliferación de personajes, la mayoría de los cuales giraban alrededor del mismo eje argumental, fue agotando paulatinamente el género en Europa a mediados de los años '20; sin embargo, en los Estados Unidos se le dio una vuelva de tuerca muy interesante.

Las historias de Jules de Grandin, por ejemplo, del autor Seabury Quinn, causaron un gran impacto en revistas como Weird Tales. No todos sus relatos tienen que ver estrictamente con lo sobrenatural sino más bien con una violencia tan inusitada que hacía pensar en la intervención de entidades diabólicas. A la ilustradora Margaret Brundage le debemos las cubiertas más picantes de Weird Tales a propósito de las aventuras de Jules de Grandin.

La mítica Weird Tales también fue el hogar de John Thunstone, de Manly Wade Wellman, un detective de lo oculto que solo investiga casos en donde aparecen criaturas insólitas de los bestiarios medievales. Su saga comenzó en 1943 con historias prácticamente olvidadas, muchas de ellas reeditadas años después, como Más allá de los sueños (What Dreams May Come) y La escuela de la oscuridad (The School of Darkness).

Hasta el propio H.P. Lovecraft escribió un relato sobre detectives de lo oculto: La declaración de Randolph Carter (The Statement of Randolph Carter), donde un investigador, Warren, se introduce en una antigua tumba y es capturado por las criaturas inmemoriales que allí habitan.

Si hablamos de tipos bizarros no podemos dejar afuera a Gregory George Gordon Green, también conocido como Gees, de E. Charles Vivian. Por un lado se trata de un investigador común y corriente pero con la rara habilidad de introducirse en misterios atravesados por lo macabro.

Ya en la última oleada de detectives de lo oculto se encuentran Miles Pennoyer, de Margery Lawrence, reina del espiritismo pulp; Lucius Leffing, de Joseph Payne Brennan; y Solar Pons, de August Derleth.

Si bien John Constantine es, por definición, tal vez el último detective de lo oculto con éxito, en las largas décadas de abstinencia que nos separan de la edad de oro de este tipo de historias apareció un personaje que, paradójicamente, se convirtió en uno de los investigadores más famosos pero también en el menos reconocido del género.

Hablamos del sacerdote Damian Karras, protagonista de El exorcista (The Exorcist), de William Peter Blatty.

Si bien no se trata de un detective en términos formales, es un investigador que estudia un caso sobrenatural, analiza sus posibilidades lógicas, luego las descarta, y finalmente se enfrenta a la causa de esas manifestaciones; rasgos que definen a este género fantástico deformado y reintegrado en infinitas posibilidades.




Universo pulp. I Libros extraños y lecturas extraordinarias.


Más literatura gótica:
El artículo: Detectives de lo oculto en la literatura pulp fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Novelas alternativas donde Hitler ganó la guerra


Novelas alternativas donde Hitler ganó la guerra.




Imaginar futuros inciertos es algo frecuente en la literatura, mucho más de lo que podría serlo diseñar un pasado distinto del que registran los libros.

De eso se tratan las Historias Alternativas (Alternate History): se toma un hecho histórico y se lo altera para dar curso a un futuro completamente distinto del que conocemos.

En este caso, las historias alternativas nos permiten explorar en qué tipo de mundo viviríamos si Hitler hubiese ganado la Segunda Guerra Mundial.

Si bien la literatura fantástica nos permite ciertas facilidades para movernos libremente en el tiempo, las historias alternativas donde Hitler resultó triunfador solo fueron posibles cuando Alemania fue derrotada. Si bien aquel hecho marcó una frontera entre lo que fue y lo que pudo ser, existen ejemplos anteriores con una capacidad de anticipación realmente increíble.

Mucho antes del ascenso del nazismo existieron obras que analizaron visiones espeluznantes de un Reich victorioso en la guerra Franco-Prusiana; como la novela de Milo Hastings: La ciudad de la noche interminable (City of Endless Night), publicada en 1919 y cuyas imágenes aterradoras llegarían a inspirar a Fritz Lang para la ambientación de Metrópolis (Metropolis), de 1926.

Algunos años después aparecieron las primeras novelas donde Hitler ganó la guerra, no ya como revisiones fantásticas sino como advertencias de lo que podría ocurrir como consecuencia de esa victoria, por ese entonces, todavía incierta.

Las diferencias entre estas novelas y las historias alternativas en términos de género son profundas aunque en apariencia compartan una misma estructura narrativa.

Por ahí tenemos la singularmente tenebrosa Noche de la Svástica (Swastika Night) de Katherine Burdekin, publicada en 1937; tal vez la distopía anti-fascista más notable de la historia.

La novela nos ubica setecientos años después del triunfo alemán. La Segunda Guerra Mundial es conocida como la Guerra de los Veinte Años, ya que los aliados fueron vencidos en 1950 pero la resistencia rusa prolongó el combate hasta la década siguiente.

En este futuro inquietante el führer es adorado como un dios que reina sobre una especie de nuevo Vaticano establecido en Berlín; sitio de peregrinaje conocido como el Aeroplano Sagrado, básicamente el sitio desde el cual Hitler despegó con el último avión con destino a Moscú, donde finalmente alcanzaría la victoria según los dogmas del nuevo Estado-Religión gobernante.

El mundo está repartido entre dos superpotencias. Los japoneses gobiernan sobre Asia, América y Australia; y Alemania sobre el resto del mapa. La tensión entre ambos estados es constante, aunque comparten una ideología similar. La sublimación de lo masculino ha sido tan desproporcionada que a lo largo de los siglos las mujeres fueron modificando su carácter, y en algunos casos su físico, para encajar con los nuevos modelos; transformando así las diferencias de género en una especie de unidad donde el deseo está completamente ausente.

En este contexto, el cristianismo está prohibido, naturalmente, y los judíos han sido prácticamente exterminados, así como el idioma inglés. Debido a la deformación histórica que sucede a las victorias militares, Hitler es descrito como un teutón de dos metros de alto, rubio, fornido, y capaz de pilotear un caza durante la última batalla aérea sobre Moscú. Sin embargo, el verdadero pasado del Reich de los mil años comienza a revelarse cuando el protagonista, Alfred, descubre una fotografía del führer tal como lo conocemos mientras se dirigía a una multitud de fanáticos.

Conviene recordar que La noche de la svástica fue escrita dos años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Otros ejemplos casi contemporáneos de la guerra en donde Hitler resultó ganador son La pérdida del Edén (Loss of Eden, 1941), de Douglas Brown y Christopher Serpell; Entonces escucharemos cantos (Then We Shall Hear Singing, 1942), de Storm Jameson; Gran Cañón (Grand Canyon, 1942), de Vita Sackville-West; Si fallamos (If We Should Fail, 1942), de Marion White; Yo, James Blunt (I, James Blunt, 1943), de H.V. Morton; Las campanas sonaron (The Bells Rang, 1943), de Anthony Armstrong y Bruce Graeme; y Cuando Adolf llegó (When Adolf Came, 1943), de Martin Hawkin.

Si bien todas estas novelas y relatos fueron escritos antes del final de la Segunda Guerra Mundial, ninguna puede ser clasificada como historia alternativa ya que el verdadero resultado del conflicto era todavía incierto.

Probablemente la única historia alternativa genuina de aquel período sea Banda de hermanos (We Band of Brothers, 1939), de George Cecil Foster; donde la guerra concluye a finales de 1938 y Hitler, ya victorioso, funda una especie de gobierno mundial con algunas similitudes con las Naciones Unidas.

Es cierto que en estas historias alternativas Hitler gana la guerra, pero también que esta continúa de forma solapada, casi subterráneamente, a través del espionaje y la guerrilla. De hecho, los nazis a menudo aparecen muy ocupados en consolidar su dominio olvidando pequeños pero decisivos detalles.

Por ejemplo, en Un relámpago en la noche (Lightning in the Night), de Fred Allhoff, los alemanes se entregan a los festejos omitiendo la última defensa de los aliados: el uso de armas de destrucción masiva sobre Alemania.

Algo parecido ocurre en Invasión: un testigo ocular de la invasión nazi en América (Invasion: Being an Eyewitness Account of the Nazi Invasion of America, 1940), de Hendrik Willem Van Loon.

Ahora bien, la muerte de Adolf Hitler en 1945 marcó el verdadero final de la Segunda Guerra Mundial en Europa, pero también el inicio de una nueva estética del mal proyectada hacia el futuro, cuya proliferación solo pudo darse en ausencia del nazismo como posibilidad real e intoxicante.

¿Cómo podemos reconocer esta tremenda influencia?

En las elites brutales, en la arquitectura ambiciosa, casi babilónica, de los proyectos alemanes, en la uniformidad del pensamiento, en la industrialización de la guerra. Todo esto resultó extremadamente atractivo para la literatura, en especial porque permitía jugar con la paranoia de los pueblos que conocieron de cerca aquel destino que por muy poco lograron eludir.

En esta coyuntura la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un foco central del pensamiento especulativo. En Hungría, apenas unos pocos meses después del final del conflicto, apareció la primera historia alternativa de Hitler ganando la guerra, el clásico de László Gáspár: Nosotros, Adolf (Mi I, Adolf).

Otro ejemplo significativo, esta vez proveniente de Inglaterra, es El sonido de su cuerno (The Sound of His Horn, 1952), de John William Wall, donde una estética fastuosa y el sadismo y la decadencia se apoderan de la sociedad, naturalmente, basándose en las raíces del misticismo nazi.

Tal vez la novela más famosa donde Hitler ganó la guerra es El hombre en el castillo de las alturas (The Man in the High Castle, 1962), de Philip K. Dick; donde la victoria nazi literalmente destroza la psique de los Estados Unidos, transformándolo en una parodia de sí mismo.

Aún dentro de las historias alternativas existen ejemplos que directamente prescinden de la guerra. En El sueño de hierro (The Iron Dream, 1972), de Norman Spinrad, se describe a un joven Hitler que fracasa en la política y se convierte en autor de novelas pulp, cuyo mayor éxito es una obra ambiciosa titulada. El Señor de la Svástica (Lord of the Swastika).

Para cerrar este repaso superficial hay que decir que en casi todas las historias donde Hitler ganó la guerra se describe una civilización futura muy similar a las estructuras sociales de la Edad Media.

El líder totémico, el misticismo mezclado con la ciencia, la represión del ser en términos de individuo, dio forma a distopías que siempre retroceden hacia las formas del medioevo; algo que algunos eruditos de lo fantástico han denominado oportunamente futurismo medieval.




Más novelas. I Taller de literatura.


Más literatura gótica:
El artículo: Novelas alternativas donde Hitler ganó la guerra fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Paracelso y un manual para crear homúnculos


Paracelso y un manual para crear homúnculos.




El astrólogo, filósofo, físico, botánico y ocultista suizo Philippus Aureolus Theophrastus Paracelsus Bombastus von Hohenheim —más conocido como Paracelso (1493-1541)— se ocupó extensamente de los homúnculos en tres libros prohibidos: De homunculis, De natura rerum y Liber de imaginibus.

A continuación repasaremos lo que para muchos eruditos conforma una trilogía muy especial; es decir, tres libros en los cuales Paracelso habría descrito el proceso para crear homúnculos.

Antes de desarrollar esta hipótesis expliquemos brevemente qué es un homúnculo.

La palabra homúnculo (homunculus, en latín), significa «pequeño hombre» u «hombrecillo», para usar un recurso más económico, ya que el término en latín es un diminutivo de homo, «hombre».

Los homúnculos son réplicas en miniatura del hombre, es decir, no una criatura inacabada sino realmente un hombre orgánico con todas sus cualidades y características pero creado de manera artificial a través de la alquimia.

Desde una perspectiva platónica los homúnculos representan la perfección del ser, es decir, una criatura con todas las facultades humanas pero sin las impurezas de la materia.

En cierta forma los homúnculos nos recuerdan al Golem de los mitos hebreos. Si bien su creación difiere en varios puntos esenciales, ambos conceptos se relacionan metafóricamente con la idea de la subcreación: si el hombre es creado por Dios a su imagen y semejanza, también él a su vez puede crear vida aunque de forma menos competente.

En el Liber de Imaginibus, Paracelso trata de despejar la maleza alrededor del concepto de homúnculo. Condena a los alquimistas fraudulentos que prometían la fabricación de homúnculos a través del uso mandrágora, raíz mágica por excelencia, aclarando que estas representaciones eran absurdas, cuando no directamente maliciosas.

Esta leyenda de los homúnculos relacionados con la mandrágora es exquisitamente desarrollada por el autor alemán Hanns Heinz Ewers en su novela de 1911: La mandrágora (Alraune).

Según Paracelso la única manera de crear un homúnculo es a partir del esperma humano, afirmación que logró que buena parte de su obra fuese clasificada como parte de la nigromancia; lo cual es inexacto.

En las tres obras de Paracelso antes mencionadas —Liber de imaginibus, De natura rerum y De homunculis—, el filósofo diseña una especie de manual para crear homúnculos disperso en esas páginas; en realidad, opúsculos, libelos que luego fueron asimilados por ediciones más ambiciosas.

Repasemos aquel método de Paracelso para fabricar un homúnculo. Si bien es un procedimiento dificultoso, nos ahorraremos uno o dos detalles para evitar que alguien incauto decida experimentar por cuenta propia:


Para crear un homúnculo es necesario recolectar el esperma putrefacto de un hombre. Esta muestra debe inseminarse en un huevo, dejado a la sombra, en un sitio cálido, hasta que alcance el nivel óptimo de putrefacción.


En este punto Paracelso recomienda que para obtener este nivel de pureza en la putrefacción del huevo se lo puede colocar en el excremento de una yegua preñada.

Este detalle esconde la verdadera razón para la creación de homúnculos: el método prescinde de la mujer y sus humores corruptos, según la concepción de aquel tiempo, de tal forma que, sin el soporte del organismo femenino, el homúnculo puede desarrollarse de forma mucho más pura que dentro de un útero.

Más adelante, Paracelso alerta que la formación del homúnculo en el huevo puede variar dependiendo del grado de humedad, calor y sombra, dando por resultado un homúnculo mujer, es decir, una femíncula, o bien seres amorfos cuya sola visión produce repugnancia.

Sigamos:


Después de cuarenta días de incubación el homúnculo es capaz de moverse por sí mismo, lo cual es fácilmente observable. En esta etapa el huevo no debe ser abierto. El homúnculo ya posee algunas características humanoides pero no está completamente formado.

Sólo cuando la cáscara del huevo se vuelva traslúcida es posible asistir al homúnculo. Se lo debe alimentar sabiamente con el arcano de la sangre humana, nutrición que debe prolongarse durante cuarenta días más.


Aquí vale la pena hacer una nueva aclaración.

En la mayoría de las traducciones al español de la obra de Paracelso se aclara que el homúnculo debe ser colocado en una especie de frasco de vidrio. Ahora bien, Paracelso utiliza la palabra fläschchen, que perfectamente puede ser traducida por frasco o botella; sin embargo, el alquimista emplea el término como metáfora del útero; no de una mujer humana, sino de una yegua.

De modo que, durante otros cuarenta días, el homúnculo debe ser colocado en el útero de una yegua: allí crecerá por completo, tomará su forma y su temperamento. Su aspecto será idéntico al de un hombre adulto, sin vellos ni imperfecciones y mucho más pequeño.

El homúnculo de Paracelso medía aproximadamente unos 30 centímetros de alto, y era capaz de realizar trabajos menores con gran empeño. No obstante, después de un tiempo era habitual que el homúnculo se rebelara e incluso se volviera contra su creador.

Así como Adán y Eva trasgredieron las leyes del Hacedor, el homúnculo también empieza a cuestionar las órdenes que se le asignan, hasta que por fin las trasgrede por completo.

Para evitar la enojosa tarea de andar persiguiendo al homúnculo por el laboratorio, Paracelso añade algunos ingredientes a su receta original:


Se debe utilizar el huevo de una gallina negra, o bien teñida de negro con polvo de carbón; y el estiércol debe disolverse en una mezcla de mercurio.


Si bien los homúnculos son una creación de Paracelso, su concepto es mucho más antiguo. Los nigromantes griegos, por ejemplo, se jactaban de sus Anthroparion, literalmente, «hombrecillo»; así como los alquimistas árabes hacían lo propio con los Takwin, seres artificiales pero orgánicos creados en el laboratorio.

En la misma época de Paracelso ya existían obras que mencionaban a los homúnculos. Por ahí andan las Bodas alquímicas de Christian Rosenkreutz (Chymische Hochzeit Christiani Rosencreutz), publicado en 1616, donde se explica cómo fabricar el Homunculi Duo; es decir, un hombre y una mujer en miniatura.

En estas instancias cabría preguntarse lo siguiente: ¿si la receta de Paracelso funcionaba realmente por qué nadie ha sido capaz de crear un homúnculo?

De las muchas razones perfectamente lógicas que podríamos elaborar nos inclinaremos por una que admita lo fantástico.

La terminología de Paracelso no es tan clara como parece a simple vista. Por ejemplo, cuando habla de putrefacción no se refiere exactamente a algo podrido. El término es un sustituto alquímico de algo orgánico pero corrupto, cualidad que no se desprende de la materia orgánica sino que procede de su emisor.

Por ejemplo, cuando habla de recolectar el esperma putrefacto de un hombre se refiere a la simiente de un hombre corrupto, por lo general, producto de las poluciones involuntarias que los ahorcados emitían al momento de sentir la soga al cuello.

Al ocultar su receta en tres libros malditos diferentes, el alquimista se aseguró de variar en los ingredientes y su modo de uso. En De homunculis, por ejemplo, se aclara que la gallina negra cuyo huevo se utilizará como útero del homúnculo debe ser alimentada con leche y miel, sin que en el resto de las obras se especifique nada al respecto.

Actualmente proliferan los videos sobre cómo fabricar un homúnculo; la mayoría, sin embargo, no se apoya en los estudios de Paracelso sino en los tratados de David Christianus, quien en el siglo XVIII distribuyó su propio método para hacer un homúnculo.

El sabio recomienda realizar un pequeño orificio en la cáscara de un huevo, sustituir una porción de la clara por esperma, sellar el orificio con pergamino virgen, y finalmente enterrar en huevo en estiércol hasta el inicio del ciclo lunar en de marzo.

El homúnculo de David Christianus nace luego de treinta días, y su dieta se restringe a semillas de lavanda y lombrices.

Debemos entender que, al menos para Paracelso, la alquimia no era simplemente una búsqueda de la chrysopoeia, es decir, una ciencia dedicada a fabricar oro a partir de metales inferiores, sino una filosofía, una metafísica, cuyo objetivo principal era la creación de la vida. En este sentido, el homúnculo simbólicamente representa al hombre cuyo espíritu ha sido regenerado.

Tal vez por eso Paracelso aclara que su descubrimiento del homúnculo ocurrió mientras intentaba fabricar la Piedra Filosofal.

Para cerrar hay que decir que el homúnculo de Paracelso representaba una buena porción de su misoginia.

Sus homúnculos eran pequeños, de cuerpo traslúcido, puros e incorruptos en todos sus aspectos, salvo por la ausencia de alma, elemento que solo se integra en el ser a partir de la concepción tradicional.

Poseían una inteligencia preternatural y una especie de entendimiento de todos los matices secretos de la materia y la naturaleza. Por otro lado, si se emplea el mismo procedimiento para crear un homúnculo pero sustituyendo el esperma por sangre menstrual, el resultado será un basilisco: criatura idiota que emite gases ponzoñosos a través de la mirada; síntesis de la mujer caída desde la gracia en el pensamiento medieval.

Algunos críticos insidiosos sugieren que los homúnculos de Paracelso son una elegante excusa para la masturbación.

En otros escritos, Paracelso explica que los homúnculos pueden ser creados sin la asistencia del hombre, es decir, de forma espontánea. ¿De qué forma? Mediante la emisión de esperma en cualquier medio ambiente no procreativo, es decir, fuera del organismo de la mujer.

En este contexto, Paracelso relata algunos casos inquietantes de homúnculos que fueron creados de manera accidental como consecuencia de la sodomía; y para ello revela muestras de gusanos intestinales que, según sus conjeturas, serían homúnculos sin desarrollar que deambulan por el organismo hasta que finalmente son expulsados a través del excremento. Si las condiciones son apropiadas continúan creciendo aunque rara vez asumen las buenas costumbres del homúnculo fabricado en casa.

Toda emisión de semen por fuera de la sexualidad regulada, alerta Paracelso, puede terminar en la creación accidental del homúnculo. Por esa razón recomienda el celibato, en el mejor de los casos, o bien la masturbación con propósitos científicos en condiciones de laboratorio, como el suyo, donde quizás estos experimentos se sucedían de forma frenética, casi compulsiva, varias veces al día.




Libros extraños. I Misterios miserables.


Más literatura gótica:
El artículo: Paracelso y un manual para crear homúnculos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com