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«Los problemas de un libro»: Laura Riding; poema y análisis.


«Los problemas de un libro»: Laura Riding; poema y análisis.




«La prueba de un libro consiste
en no dar señales de esfuerzo,
en ser plano e insensible
al sentido literal de la imprenta.»



Los problemas de un libro (The Troubles of a Book) es un poema de la escritora norteamericana Laura Riding (1901-1991), escrito en 1938.

Los problemas de un libro, uno de los poemas de Laura Riding más interesantes, explora el ciclo de vida del libro, desde su preexistencia en el ámbito metafísico, espiritual, su manifestación en la imaginación del autor, hasta su arraigo final en la mente del lector, donde por fin muere.


El problema de un libro es, primero,
no ser un pensamiento para nadie,
luego reposar sin ser escrito
tanto tiempo como permanecerá sin ser leído,
después erigir, palabra por palabra, un autor,
y ocupar su cabeza
hasta que la cabeza se declare vacante
y haga alarde de su vacío.

El problema de un libro es, segundo,
mantenerse despierto, atento
alerta como un posadero,
deseando y no deseando un huésped,
dividido entre la esperanza del desvelo
y el anhelo del descanso.
Inseguras, las páginas se adormecen
y en un instante se abren a los dedos que hojean
con una sonrisa de posadero, para luego cerrarse.

El problema de un libro es, tercero,
pronunciar su sermón y mirar hacia otro lado,
provocar revuelo en los márgenes,
donde la lengua se encuentra con la mirada,
pero sin alegar pánico
ni complicidad en la protesta.
La prueba de un libro consiste
en no dar señales de esfuerzo,
en ser plano e insensible
al sentido literal de la imprenta.

El problema de un libro reside
en ser nada más que un libro por afuera;
llevar encuadernación como tal,
enterrarse en la muerte del libro,
sin dejar de sentirse libro;
en respirar palabras vivas,
pero con el aliento de las letras;
en dirigirse a la vivacidad
de los ojos lectores y ser respondido
con letras y cariño.


Laura Riding examina la noción platónica de que las ideas y formas existen en un plano diferente al nuestro, perfectas, y que de algún modo se filtran hacia nuestra realidad a través del pensamiento y la imaginación. Es decir que el libro, todo libro, existe antes de ser escrito.

Además, el libro tiene una existencia paradójica. Es un vehículo activo del pensamiento, capaz de dispersarse en otras mentes, y, a la vez, un objeto físico, inerte. Del mismo modo en que el autor accede [o se deja acceder] por el espacio platónico para extraer una idea, una imagen, una odisea completa, el lector recurre al espacio potencial del libro cerrado, con todo su saber o engaño en estado latente, que se activa con el proceso de lectura.

Los problemas de un libro no es un poema que exalte las virtudes de la literatura, particularmente de la poesía, más bien desnuda sus dificultades: período latencia, creación, espera y limitaciones físicas. El libro, dice Laura Riding, primero debe «reposar sin ser escrito» hasta «ocupar» la cabeza del autor. Más adelante, ya hecho libro físico, debe mantenerse «alerta como un posadero» mientras espera pacientemente en la biblioteca por la llegada de un «huésped». Y así, «en un instante», las páginas «se abren a los dedos que hojean / con una sonrisa de posadero, para luego cerrarse».

Laura Riding continúa afirmando que «la prueba de un libro consiste en no dar señales de esfuerzo», es decir, en presentarse ante el lector de manera tal que las luchas internas del autor, sus dificultades, la tenacidad con la que trabaja y pule una idea, no se noten; y además debe sobrevivir «al sentido literal de la imprenta», o sea, al significado estricto que deriva de las palabras.




Los problemas de un libro.
The Troubles of a Book, Laura Riding (1901-1991)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


El problema de un libro es, primero,
no ser un pensamiento para nadie,
luego reposar sin ser escrito
tanto tiempo como permanecerá sin ser leído,
después erigir, palabra por palabra, un autor,
y ocupar su cabeza
hasta que la cabeza se declare vacante
y haga alarde de su vacío.

El problema de un libro es, segundo,
mantenerse despierto, atento
alerta como un posadero,
deseando y no deseando un huésped,
dividido entre la esperanza del desvelo
y el anhelo del descanso.
Inseguras, las páginas se adormecen
y en un instante se abren a los dedos que hojean
con una sonrisa de posadero, para luego cerrarse.

El problema de un libro es, tercero,
pronunciar su sermón y mirar hacia otro lado,
provocar revuelo en los márgenes,
donde la lengua se encuentra con la mirada,
pero sin alegar pánico
ni complicidad en la protesta.
La prueba de un libro consiste
en no dar señales de esfuerzo,
en ser plano e insensible
al sentido literal de la imprenta.

El problema de un libro reside
en ser nada más que un libro por afuera;
llevar encuadernación como tal,
enterrarse en la muerte del libro,
sin dejar de sentirse libro;
en respirar palabras vivas,
pero con el aliento de las letras;
en dirigirse a la vivacidad
de los ojos lectores y ser respondido
con letras y cariño.


The trouble of a book is first to be
No thoughts to nobody,
Then to lie as long unwritten
As it will lie unread,
Then to build word for word an author
And occupy his head
Until the head declares vacancy
To make full publication
Of running empty.

The trouble of a book is secondly
To keep awake and ready
And listening like an innkeeper,
Wishing, not wishing for a guest,
Torn between hope of no rest
And hope of rest.
Uncertainly the pages doze
And blink open to passing fingers
With landlord smile, then close.

The trouble of a book is thirdly
To speak its sermon, then look the other way,
Arouse commotion in the margin,
Where tongue meets the eye,
But claim no experience of panic,
No complicity in the outcry.
The ordeal of a book is to give no hint
Of ordeal, to be flat and witless
Of the upright sense of print.

The trouble of a book is chiefly
To be nothing but book outwardly;
To wear binding like binding,
Bury itself in book-death,
Yet to feel all but book;
To breath live words, yet with the breath
Of letters; to address liveliness
In reading eyes, be answered with
Letters and bookishness.


Laura Riding (1901-1991)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Laura Riding.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Laura Riding: Los problemas de un libro (The Troubles of a Book), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Sepultura»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.


«Sepultura»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.




«En lo profundo de mi corazón, como en la lápida hueca
y el silencio de algún antiguo sepulcro,
yace tu belleza plateada, y no se moverá,
olvidada, incorruptible, sola.»



Sepultura (Sepulture) es un poema gótico del escritor norteamericano Clark Ashton Smith (1893-1961), publicado originalmente en la edición de octubre de 1918 de la revista The Mart Set, y luego reeditado en la antología de 1922: Ébano y cristal (Ebony and Crystal), esta vez con el título: Sepulchre [«sepulcro»].

Sepultura, uno de los grandes poemas de Clark Ashton Smith, explora un motivo tradicional de la literatura gótica: el merodeo melancólico de un hombre alrededor de la tumba de su amada.


En lo profundo de mi corazón, como en la lápida hueca
y el silencio de algún antiguo sepulcro,
yace tu belleza plateada, y no se moverá,
olvidada, incorruptible, sola:

Aunque los altares se oscurezcan, y sople un viento
desde mares sin estrellas sobre las hogueras que fueron,
dentro de tu tumba, con aceites de bálsamo y mirra,
arderán por siempre las desconocidas lámparas de ónice.

Y aunque los desolados jardines de noviembre produzcan
polvo de rosas y hojas de hiedra, y no se encuentre flor alguna
en el bosque bermellón o en el campo pálido,
aún, aún el asfódelo y el loto yacen alrededor de tu lecho,
y hora tras hora silenciosa
exhalan una fragancia inmortal, como un suspiro.


¿Quién es esta mujer cuya «belleza plateada» yace «olvidada, incorruptible, sola», en el sepulcro? Si el poeta fuera Edgar Allan Poe, o incluso H. P. Lovecraft, sería sencillo adivinarlo, pero Clark Ashton Smith no era lo que se dice estable con sus afinidades sentimentales. De hecho, se labró una reputación de seductor entre 1909 y 1930, durante su etapa en Sierra Nevada, cerca de Auburn, California, llegando a mantener varios romances clandestinos, en simultáneo, con las esposas de sus vecinos y otras mujeres. Es decir que su vida amorosa no se limitó a un par de grandes amores, sino a un verdadero catálogo de mujeres casadas, antes de contraer matrimonio con Carol Jones Dorman a una edad lo suficientemente avanzada como para que tales aventuras le fueran imposibles de continuar.

El Amor y los Amantes [condenados], son temas centrales en la poesía de Clark Ashton Smith, pero es la Mujer, sus arquetipos, quienes están más ligados al temperamento decadente, exótico y cósmico del autor. Lejos de lo que ocurre con otros autores de la época, sus personajes femeninos rara vez ocupan roles tradicionales, y nunca aparecen como damiselas en apuros. Repasemos, a grandes rasgos, los cuatro arquetipos femeninos en la obra de Clark Ashton Smith y veamos si podemos encontrar uno que se ajuste a la silenciosa y anónima habitante de Sepulcro.

1- La Hechicera: motivo clásico en las historias de Averoigne y Zothique. Clark Ashton Smith subvierte las normas de género de estas épocas imaginarias, con mucho de medieval, al situar a la Hechicera en una posición de poder y dominio político gracias a su magia y capacidad de manipulación. No parece ser nuestra chica.

2- La Tentadora: no es exactamente una femme fatale, sino un principio femenino sobrenatural, extradimensional, y a veces botánico. A su modo destructivo, la Tentadora llama, seduce, y, en última instancia, devora física o espiritualmente al hombre. Puede ser apenas una conciencia depredadora que existe en un limbo entre lo animal y lo vegetal, como las mujeres-flor. Definitivamente no es la mujer en el sepulcro.

3- La Entidad: la deidad femenina arquetípica por excelencia en los panteones de Clark Ashton Smith. Está más allá del entendimiento humano.

4- La Inalcanzable: esta podría ser la mujer en la sepultura. Es, en esencia, un amor perdido, generalmente una mujer muerta. El protagonista [en este caso, el orador del poema] a menudo sufre espantosamente, crea ilusiones para mantenerse en contacto con ella, incluso puede llegar a viajar a otras dimensiones para encontrarla. Desde luego, es un ideal inalcanzable, se encuentra al otro lado de la frontera de la muerte. De todos modos, la función del poeta es mantenerla viva, cercana, de la única manera que puede, recordándola, venerándola en su memoria. y aunque...


Aunque los altares se oscurezcan, y sople un viento
desde mares sin estrellas sobre las hogueras que fueron,
dentro de tu tumba, con aceites de bálsamo y mirra,
arderán por siempre las desconocidas lámparas de ónice.




Sepultura.
Sepulture, Clark Ashton Smith (1893-1961)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


En lo profundo de mi corazón, como en la lápida hueca
y el silencio de algún antiguo sepulcro,
yace tu belleza plateada, y no se moverá,
olvidada, incorruptible, sola:

Aunque los altares se oscurezcan, y sople un viento
desde mares sin estrellas sobre las hogueras que fueron,
dentro de tu tumba, con aceites de bálsamo y mirra,
arderán por siempre las desconocidas lámparas de ónice.

Y aunque los desolados jardines de noviembre produzcan
polvo de rosas y hojas de hiedra, y no se encuentre flor alguna
en el bosque bermellón o en el campo pálido,
aún, aún el asfódelo y el loto yacen alrededor de tu lecho,
y hora tras hora silenciosa
exhalan una fragancia inmortal, como un suspiro.


Deep in my heart, as in the hollow stone
And silence of some olden sepulcher,
Thy silver beauty lies, and shall not stir—
Forgotten, incorruptible, alone:

Though altars darken, and a wind be blown
From starless seas on beacon-fires that were—
Within thy tomb, with oils of balm and myrrh,
For ever burn the onyx lamps unknown.

And though the bleak Novembral gardens yield
Rose-dust and ivy-leaf, nor any flower
Be found through vermeil forest or wan field—
Still, still the asphodel and lotos lie
Around thy bed, and hour by silent hour,
Exhale immortal fragrance like a sigh.


Clark Ashton Smith (1893-1961)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Clark Ashton Smith.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Clark Ashton Smith: Sepultura (Sepulture), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El cantante en la niebla»: Robert E. Howard; poema y análisis.


«El cantante en la niebla»: Robert E. Howard; poema y análisis.




«Al nacer, una bruja me lanzó hechizos monstruosos,»



El cantante en la niebla (The Singer in the Mist) es un poema del escritor norteamericano Robert E. Howard (1906-1936), publicado de manera póstuma en la edición de abril de 1938 de la revista Weird Tales,y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

El cantante en la niebla, uno de los poemas de Robert E. Howard menos conocidos, introduce a un Orador anónimo, quien sostiene que, al nacer, fue maldecido con «hechizos monstruosos» por una «bruja». Desde entonces se ve obligado a vagar por «sendas grises e impías», encontrándose con fantasmas, mujeres-serpiente, demonios. A pesar del destino al que se ve arrastrado, el Orador lo acepta, atraviesa la niebla de su existencia con la certeza de encontrarse, alguna vez, «con el día».


Al nacer, una bruja me lanzó hechizos monstruosos,
y he recorrido extraños caminos toda mi vida,
llevando mis pies por sendas grises e impías.
Busco a tientas los tallos de asfódelos rotos
por páramos desolados, acechados por entes diabólicos,
sigo huellas hendidas que arden;
guiado por fantasmas a través de la bruma de la luna
para hablar con demonios en sus infiernos de granito.

Los mares rompen contra largas costas custodiadas por dragones,
estallando en lunas carmesí de ardiente espuma,
y castillos de hierro me abren sus puertas,
y mujeres serpiente me seducen con arpa y canto.
Las olas brumosas ahora tiemblan al compás de remos fantasma;
no me busques; navego para encontrarme con el día.


El cantante en la niebla forma parte del ciclo Sonetos escapados del manicomio (Sonnets Out of Bedlam), junto con El devorador de almas (The Soul-Eate), El sueño y la sombra (The Dream and the Shadow), La última hora (The Last Hour) y Columnas fantasmales (Haunting Columns). Este ciclo, escrito en la década de 1930, conversa con otros ciclos poéticos pertenecientes al Círculo de Lovecraft, particularmente con los sonetos de H. P. Lovecraft reunidos en Hongos de Yuggoth (Fungi From Yuggoth), y el ciclo de Donald Wandrei: Sonetos de las horas de medianoche (Sonnets of the Midnight Hours) [ver: El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»].

¿Quién es el orador del poema? Si bien no se nos menciona su nombre, ciertas características nos hacen pensar en Conan el Cimmerio.

El Orador de El cantante en la niebla sostiene que fue maldecido al nacer por una bruja, y que a raíz de eso se vio obligado a llevar una vida errante, llena de peligros, algunos de ellos sobrenaturales. Por otro lado, el nacimiento de Conan es probablemente el más espectacular de toda la ficción: su madre lo da a luz en el campo de batalla. Con sus últimas fuerzas, la mujer llama al niño «Conan» antes de morir [ver: Conan y la barbarie como estado natural del ser humano]

¿Es el nombre «Conan» el «hechizo monstruoso» que lanza la «bruja» al Orador? Es una idea peregrina. Que yo sepa, la madre de Conan, llamada Greshan, y a veces Gresian por Robert E. Howard [y Piala en algunas adaptaciones] no era una bruja, sino la esposa de un herrero llamado Corin. Tampoco parece que Conan guardara rencor hacia su madre, aunque, si lo pensamos bien, el Orador del poema no se queja de su destino, que no es otra cosa que vivir una vida de dificultades hasta llegar al final de sus días; y eso, inevitablemente, comenzó con su nacimiento, es decir, con su madre [ver: ¡POR CROM! La teología de Conan el cimmerio]

Dicho esto, la mención Mujeres Serpiente [Serpent-Women] se acerca bastante a los Hombres Serpiente [Serpent Men], raza creada por Robert E. Howard para el universo de Kull. Tanto la familia como la tribu de Kull fueron destruidos por una inundación cuando él aún era un niño pequeño, y se crió solo y salvaje. Se desconoce el nombre de su madre.





El cantante en la niebla.
The Singer in the Mist, Robert E. Howard (1906-1936)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Al nacer, una bruja me lanzó hechizos monstruosos,
y he recorrido extraños caminos toda mi vida,
llevando mis pies por sendas grises e impías.
Busco a tientas los tallos de asfódelos rotos
por páramos desolados, acechados por entes diabólicos,
sigo huellas hendidas que arden;
guiado por fantasmas a través de la bruma de la luna
para hablar con demonios en sus infiernos de granito.

Los mares rompen contra largas costas custodiadas por dragones,
estallando en lunas carmesí de ardiente espuma,
y castillos de hierro me abren sus puertas,
y mujeres serpiente me seducen con arpa y canto.
Las olas brumosas ahora tiemblan al compás de remos fantasma;
no me busques; navego para encontrarme con el día.


At birth a witch laid on me monstrous spells,
And I have trod strange highroads all my days,
Turning my feet to gray, unholy ways.
I grope for stems of broken asphodels;
High on the rims of bare, fiend-haunted fells,
I follow cloven tracks that lie ablaze;
And ghosts have led me through the moonlight's haze
To talk with demons in their granite hells.

Seas crash upon long dragon-guarded shores,
Bursting in crimson moons of burning spray,
And iron castles ope to me their doors,
And serpent-women lure with harp and lay.
The misty waves shake now to phantom oars—
Seek not for me; I sail to meet the day.


Robert E. Howard (1906-1936)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Robert E. Howard.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Robert E. Howard: El cantante en la niebla (The Singer in the Mist), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El castillo oscuro»: Walter de la Mare; poema y análisis.


«El castillo oscuro»: Walter de la Mare; poema y análisis.




«En sueños, un castillo oscuro
permanece siempre abierto ante mí.»



El castillo oscuro (The Dark Château) es un poema gótico del escritor inglés Walter de la Mare (1873-1956), publicado en la antología de 1916: Los oyentes (The Listeners).

El castillo oscuro, situado entre los grandes poemas de Walter de la Mare, explora uno de los motivos tradicionales de la literatura gótico: el castillo, la casa vacía, abandonada, pero que todavía conserva algo en su interior, listo para manifestarse ante la persona indicada [ver: La Casa como entidad orgánica y consciente en el Gótico]

En cierto modo, Walter de la Mare comparte con el lector una de sus obsesiones, a la cual puede acceder incluso en sueños, un «castillo oscuro» que permanece «siempre abierto» para él:


En sueños, un castillo oscuro
permanece siempre abierto ante mí;
en lejanos barrancos fluyen aguas oníricas,
descendiendo silenciosamente;
sobre sus cumbres flota el águila,
solitaria en un cielo sin sol;
mudas son las gargantas doradas
del bosque donde los pájaros revolotean.

Ninguna voz se oye. El viento
duerme en su paz.
Ninguna flor de la luz encuentra
refugio bajo sus árboles;
solo la hiedra oscura trepa
con la rosa silvestre
y el ciprés, mañana y tarde,
proyectando la negra sombra del tiempo.

Todo vacío y desconocido;
solo el soñador camina
de piedra en piedra hueca,
donde duerme el musgo verde,
y mira los ríos en sus profundidades,
el águila solitaria en el cielo,

mientras gotea el rocío del atardecer,
fría y silenciosamente.

¡Ojalá pudiera entrar!
En cada habitación secreta;
ojalá mis ojos brillantes por el sueño
pudieran penetrar en la oscuridad interior;
contemplar desde sus altas ventanas,
a lo lejos, sus muros mohosos,
donde fluye el Leteo, aún claro como el ámbar,
y caen cascadas espumosas.

Pero, mientras contemplo,
de un sueño suave surge
algún toque que eleva mis sentidos
a su antiguo hogar terrenal;
se desvanece entonces ese cielo sereno;
y en la cima de las nieves eternas
se deshace en un verde pálido,
iluminado por el amanecer,
mi oscuro castillo.


Walter de la Mare establece una comparación entre la arquitectura y el escenario de este castlllo oscuro con las estructuras de la mente. Se trata de una representación profunda, constante, aparentemente vacía de parafernalia psicoanalítica pero con algunos ingredientes que habrían deleitado a Sigmund Freud y Carl Jung [ver: La experiencia de Carl Jung en una casa embrujada]. El postulado podría ser el siguiente: en el territorio de las subjetividades de nuestro mundo interior, en los complejos paisajes de la memoria, la fantasía y la imaginación, a veces surge un «castillo oscuro»; un lugar, un espacio interior, que siempre está «abierto» para nosotros.

Sin embargo, esa accesibilidad es aparente. De hecho, el Orador del poema exclama: «¡Ojalá pudiera entrar!». Y se lamenta por el deseo de visitar «cada habitación secreta», «penetrar en la oscuridad interior». En realidad, estas «habitaciones secretas» representan aquellos espacios a los que la consciencia no puede acceder. Están ahí, en alguna parte de nuestro inconsciente «donde fluye el Leteo», es decir, donde el olvido ha cubierto todo con su oscuridad [ver: Casas como metáfora de la psique en el Horror]

Al final del poema, cuando todo el paisaje se desvanece y el «toque» del despertar «eleva» sus «sentidos a su antiguo hogar terrenal» [la vigilia], el Orador sabe que «mi oscuro castillo» sigue ahí.

De este modo, Walter de la Mare expresa su anhelo de mayor intimidad con sus secretos, de poder recorrer esas «habitaciones secretas». Sin embargo, solo le está permitido saber que existen, que están ahí, lo cual coincide con un proceso que Carl Jung llamó individuación, es decir, la integración de los aspectos oscuros de nuestra psique [la Sombra], que afloran en determinadas circunstancias, como los sueños. Lo que anhela el Orador del poema, entonces, es poder integrar su castillo oscuro al resto de su personalidad.

Siempre es un riesgo aplicar el enfoque psicoanalítico a la obra de cualquier autor, sobre todo si se trata de un tipo como Walter de la Mare, pero el germen de aquel anhelo del Orador, de aquel deseo [que muchos de nosotros compartimos] de conocernos más y mejor incluso en nuestros aspectos más tenebrosos, se basa en la idea psicoanalítica de que no existe un Yo estable, sino más bien un punto de vista, una perspectiva, alrededor de la cual se extienden tierras desconocidas.

Dicho esto, hay otro nivel de interpretación, más próximo a la superficie, que vincula a El castillo oscuro con otro poema de Walter de la Mare: Los oyentes (The Listeners). En esta pieza onírica conocemos a un Viajero que llama a la puerta de un antiguo castillo, pero no obtiene respuesta. Sin embargo, en el interior están los Oyentes, seres incorpóreos, fantasmas o recuerdos, que oyen el llamado del Viajero pero no responden. En cierto modo, se manifiestan a través del silencio, del acto de oír. No es descabellado que estos dos poemas, que forman parte de la misma colección, aborden el mismo castillo oscuro pero desde diferentes perspectivas. También hay un tercer poema [y un cuarto, titulado En vano (In Vain), que describe a un niño llamando a una puerta], titulado El viajero (The Traveller), el cual podría tratar sobre lo que sucede después de que el Viajero de Los oyentes abandonara la puerta del castillo sin respuesta.




El castillo oscuro.
The Dark Château, Walter de la Mare (1873-1956)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


En sueños, un castillo oscuro
permanece siempre abierto ante mí;
en lejanos barrancos fluyen aguas oníricas,
descendiendo silenciosamente;
sobre sus cumbres flota el águila,
solitaria en un cielo sin sol;
mudas son las gargantas doradas
del bosque donde los pájaros revolotean.

Ninguna voz se oye. El viento
duerme en su paz.
Ninguna flor de la luz encuentra
refugio bajo sus árboles;
solo la hiedra oscura trepa
con la rosa silvestre
y el ciprés, mañana y tarde,
proyectando la negra sombra del tiempo.

Todo vacío y desconocido;
solo el soñador camina
de piedra en piedra hueca,
donde duerme el musgo verde,
y mira los ríos en sus profundidades,
el águila solitaria en el cielo,

mientras gotea el rocío del atardecer,
fría y silenciosamente.

¡Ojalá pudiera entrar!
En cada habitación secreta;
ojalá mis ojos brillantes por el sueño
pudieran penetrar en la oscuridad interior;
contemplar desde sus altas ventanas,
a lo lejos, sus muros mohosos,
donde fluye el Leteo, aún claro como el ámbar,
y caen cascadas espumosas.

Pero, mientras contemplo,
de un sueño suave surge
algún toque que eleva mis sentidos
a su antiguo hogar terrenal;
se desvanece entonces ese cielo sereno;
y en la cima de las nieves eternas
se deshace en un verde pálido,
iluminado por el amanecer,
mi oscuro castillo.


In dreams a dark château
Stands ever open to me,
In far ravines dream-waters flow,
Descending soundlessly;
Above its peaks the eagle floats,
Lone in a sunless sky;
Mute are the golden woodland throats
Of the birds flitting by.

No voice is audible. The wind
Sleeps in its peace.
No flower of the light can find
Refuge beneath its trees;
Only the darkening ivy climbs
Mingled with wilding rose,
And cypress, morn and evening, time's
Black shadow throws.

All vacant, and unknown;
Only the dreamer steps
From stone to hollow stone,
Where the green moss sleeps,
Peers at the rivers in its deeps,
The eagle lone in the sky,

While the dew of evening drips,
Coldly and silently.

Would that I could steal in! —
Into each secret room;
Would that my sleep-bright eyes could win
To the inner gloom;
Gaze from its high windows,
Far down its mouldering walls,
Where amber-clear still Lethe flows,
And foaming falls.

But ever as I gaze,
From slumber soft doth come
Some touch my stagnant sense to raise
To its old earthly home;
Fades then that sky serene;
And peak of ageless snow;
Fades to a paling dawn-lit green,
My dark château.


Walter de la Mare (1873-1956)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Walter de la Mare.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Walter de la Mare: El castillo oscuro (The Dark Château), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El castillo oscuro»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.


«El castillo oscuro»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.




«Bajo un sol envuelto y momificado,
desciende donde se oxidan las agujas sin día,
donde el vacío reloj de arena se llena de noche.»



El castillo oscuro (The Dark Chateau) es un poema gótico del escritor norteamericano Clark Ashton Smith (1893-1961), publicado por Arkham House en la antología de 1951: El castillo oscuro y otros poemas (The Dark Chateau and Other Poems).

El castillo oscuro, uno de los grandes poemas de Clark Ashton Smith, está plagado de referencias a la literatura gótica clásica, muchas de ellas lo suficientemente vagas como para ser casi indetectables.


Los misterios de tu antiguo polvo,
tus vidas declinadas por la luz solar:
¿esto lo sabrías o lo supondrías?
Bajo un sol envuelto y momificado,
desciende donde se oxidan las agujas sin día,
donde el vacío reloj de arena se llena de noche;
viendo correr con ojos aún vivos
tenues ríos como el Aqueronte,

Sigue el rastro de barcazas envueltas en telas
que flotan y caen en regiones desoladas
a las profundidades espumosas de color sable.
Luego cruza montañas fantasmales para descubrir,
más allá de un foso sin puente,
qué escaleras, alfombradas de sombras,
se desmoronan tras los pasos del escalador
en algún conocido y solitario castillo.

Donde exilian fantasmas de vendavales
que soplaban al atardecer de cosechas antiguas,
donde aún se agitan los tapices borrosos,
y la armadura vacía custodia las habitaciones
con retratos podridos de lo que fuiste, pasa.
Por armarios sin aire, desoladores,
especiarios conmemorativos
y plagas que se adormecen en tinieblas amargas.

Junto a miradores cargados de manchas sofocadas,
de púrpuras difuminados por la noche, rojizos,
y el verdor perdido de la primavera, más serio ahora
que el ciprés al atardecer, detente y mira hacia adelante:
ningún fantasma queda salvo tú para contemplar ese suelo
donde una vez se meció la rama de almendro
y el ramillete de adelfa.

El silencio áspero es el senescal
de la corte y la fortaleza, del nicho y la cuña.
Con oído sordo, ningún laúd molesta,
ni repican las lejanas botas,
la muerte, con telas apagadas por sudario,
espera allí, blanca; y nadie se unirá a tu búsqueda,
ni jamás hablará voz alguna
desde las épocas pasadas:

Hasta que de las bóvedas ensombrecidas
surja el encapuchado con su antorcha,
sin aliento alguno,
a espejos claros como la luna, inmóviles,
donde nunca se dibuja un rostro vivo,
sino pálidos reflejos fijos de antaño
—formas moldeadas que fueron tuyas—
grabadas en vidrio, inmutables y frías.


El punto de partida de cualquier análisis de este poema debería ser la significativa dedicatoria del autor: «A la memoria de Edgar Allan Poe». Por otro lado, Clark Ashton Smith no emplea la palabra castle [«castillo»], sino chateau, lo cual nos proporciona otra pista. Y si pensamos en Edgar Allan Poe y chateau debemos apuntar al relato de 1842: El retrato oval (The Oval Portrait).

El escenario de este cuento de E.A. Poe es un chateau, el cual se describe como un edificio lúgubre, lleno de viejos tapices y pinturas, situado en los Apeninos. La historia comienza con el narrador, herido o discapacitado [E.A. Poe no ofrece explicaciones] y su criado, quienes buscan refugio en un chateau abandonado. El narrador pasa las horas admirando las pinturas y leyendo un extraño libro dejado sobre una almohada, que las describe. Al acercar la vela al libro, el narrador descubre un cuadro que hasta entonces no había visto, el cual muestra la cabeza y los hombros de una joven. La imagen lo cautiva [«quizás durante una hora»]. Después de meditarlo, descubre que lo le fascina de la pintura es su «absoluta verosimilitud». El narrador consulta con avidez el libro en busca de una explicación. El resto de la historia es una cita de este libro: una historia dentro de otra historia.

Entonces, ¿el chateau de Edgar Allan Poe es el escenario del poema de Clark Ashton Smith?

Es probable, no tanto por el contenido de El castillo oscuro, básicamente un recorrido por una casa antigua y abandonada, aunque lena de fantasmas, sino por el estilo, casi tan arcaico como la prosa de las novelas góticas de Ann Radcliffe. Clark Ashton Smith utiliza términos como gales [«vendavales»]; spiceries [«especiarios», que son un tipo de habitación en una casa real o nobiliaria]; gule [«rojo», en descripciones heráldicas]; niche [que puede traducirse como «nicho» (como hemos hecho), aunque «hornacina» sería mejor, es decir, un hueco en forma de arco en el que se colocan estatuas, jarrones u otros adornos]; coigne [forma arcaica de quoin, «esquina», ángulo externo de una pared o edificio]; jambart [pieza de armadura para la pierna, por debajo de la rodilla]; lampadephore [del griego lampadephóros, «portador de antorcha», una persona que lleva una antorcha]; por mencionar algunos ejemplos.

Otra probable inspiración de Clark Ashton Smith es el poema de Walter de la Mare: The Dark Château, el cual presenta un «castillo» onírico, soñado, en el que el orador desea entrar. No es tan lúgubre como el chateau de Edgar Allan Poe, aunque comparte algunas similitudes con el de Smith; entre ellas, su estado de abandono, el hecho de que ninguna voz en su interior sea audible, etc. El estilo, sin embargo, es muy diferente; más etéreo en el caso de De la Mare, en línea con los espacios mágicos de Lord Dunsany.

Finalmente debemos mencionar una autorreferencia: el cuento de Clark Ashton Smith de 1930: El final de la historia (The End of the Story), primera entrega del ciclo de Averoigne. La historia transcurre en 1789. Christophe Morand, un joven estudiante, viaja para visitar a su padre, pero se pierde en el bosque durante una tormenta nocturna. Desesperado, busca refugio en la Abadía de Perigon. Allí conoce a Hilaire, el abad, quien lo lleva a recorrer la biblioteca, «repleta de tomos raros». Uno de ellos, un manuscrito en francés antiguo, llama la atención de Christophe, pero Hilaire le prohíbe leerlo, y le advierte: «Hay una maldición sobre las páginas que tienes en tus manos: un hechizo maligno, un poder perverso que las acecha». Christophe se las ingenia para regresar solo a la biblioteca y leer el libro prohibido. Descubre que trata sobre un tal Gerard, conde de Venteillon, quien se encontró con un sátiro en el bosque de Averoigne.

La Abadía de Perigon no es el chateau de El castillo oscuro, sin embargo, al progresar en la historia seguimos a Christophe por pasadizos subterráneos hasta que emerge en otro mundo, en otra realidad, donde se alza un «castillo oscuro». Este, quizás, es el chateau del poema; e incluso el orador de este último podría ser el propio Christophe Morand.




El castillo oscuro.
The Dark Chateau, Clark Ashton Smith (1893-1961)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Los misterios de tu antiguo polvo,
tus vidas declinadas por la luz solar:
¿esto lo sabrías o lo supondrías?
Bajo un sol envuelto y momificado,
desciende donde las agujas sin día se oxidan,
donde el vacío reloj de arena se llena de noche;
y viendo correr con ojos aún vivos
tenues ríos como el Aqueronte,

Sigue el rastro de barcazas envueltas en telas
que flotan y caen, en regiones desoladas,
a las profundidades espumosas de color sable.
Luego, cruza montañas fantasmales para descubrir,
más allá de un foso sin puente,
qué escaleras, alfombradas de sombras,
se desmoronan tras los pasos del escalador
en algún solitario y conocido castillo.

Donde exilian fantasmas de vendavales
que soplaban al atardecer de cosechas antiguas,
aún agitan los tapices borrosos,
y la armadura vacía custodia las habitaciones
con retratos podridos que fuiste tú, pasa.
Desde armarios sin aire, desoladores,
especiarios conmemorativos
y plagas se adormecen en tinieblas amargas.

Junto a miradores cargados de manchas sofocadas,
de púrpuras difuminados por la noche, rojizos,
y el verdor perdido de la primavera, más serio ahora
que el ciprés al atardecer, detente y mira hacia adelante:
ningún fantasma queda salvo tú para contemplar ese suelo
donde una vez se meció la rama de almendro
y el ramillete de adelfa.

El silencio áspero es el senescal
de la corte y la fortaleza, del nicho y la cuña.
Con oído sordo, ningún laúd molesta,
ni repican las lejanas botas,
la muerte, con telas por sudario,
espera allí, blanca; y nadie se unirá a tu búsqueda,
ni jamás hablará voz alguna
desde las épocas pasadas:

Hasta que de las bóvedas ensombrecidas
surja el encapuchado con su antorcha,
sin aliento alguno,
a espejos claros como la luna, inmóviles,
donde nunca se dibuja un rostro vivo,
sino pálidos reflejos fijos de antaño
—formas moldeadas que fueron tuyas—
grabadas en vidrio, inmutables y frías.


The mysteries of your former dust,
Your lives declined from solar light—
These would you know, or these surmise?
Beneath a swathed and mummied sun,
Descend where dayless dials rust,
Where the, void hourglass fills with night;
And seeing with still-living eyes
Dim Acherontic rivers run,

Follow where shrouded barges float
And fall, in regions of the dead,
Into the sable-foaming depths.
Then over ghostland mountains go
To find, beyond a bridgeless moat,
What stairs with shadow carpeted
Crumble behind the climber's steps
In some foreknown forlorn chateau.

Where exile ghosts of gales that blew
At eve from vintages antique
Still stir the blurring tapestries,
And empty armor guards the rooms
By rotting portraits that were you,
Pass on. From airless cupboards bleak
Startle memorial spiceries
And plagues adrowse in attared glooms.

By oriels charged with stifled stains,
With night-blent purples, gules embrowned,
And spring's lost verdure, graver now
Than cypress at the set of day,
Pause, and look forth: no ghost remains
Save you to gaze on that dim ground
Where once the budding almond-bough
Waved, and the oleander-spray.

Hoar silence is the seneschal
Of court and keep, of niche and coigne.
With drumless ear no lute annoys,
Nor clang from farring jambarts drawn,
Death, with dlulled arrasses for pall,
Waits whitely there; and none will join
Your quest, nor ever any voice
Speak from. the chambered epochs gone:

Till from the vaults with shadows brimmed
Shall come a cowled lampadephore,
holding his lamp, by no breath blown,
To mirrors moony-clear and still
Where never living face is limned,
But wan reflections fixed of yore—
Long-mouldered shapes that were your own—
Graven in glass, unchanged and chill.


Clark Ashton Smith (1893-1961)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Clark Ashton Smith.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Clark Ashton Smith: El castillo oscuro (The Dark Chateau), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«San Sapo»: H. P. Lovecraft; poema y análisis.


«San Sapo»: H. P. Lovecraft; poema y análisis.




«¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo!»



San Sapo (St. Toad's) es un poema gótico del escritor norteamericano H. P. Lovecraft (1890-1937), publicado de manera póstuma por Arkham House en la antología de 1943: Más allá del muro del sueño (Beyond the Wall of Sleep).

San Sapo, uno de los poemas de Lovecraft menos conocidos, forma parte del ciclo Hongos de Yuggoth (Fungi from Yuggoth), el cual consta de 36 poemas. La mayoría de las piezas de Yuggoth son sonetos narrativos, básicamente microficciones con finales abiertos, como es el caso de este poema.

San Sapo resulta doblemente interesante. Por un lado, es una pieza onírica; por el otro, refleja la actitud de Lovecraft hacia la religión. El Orador del poema vaga «por laberintos oscuros e indefinidos», donde unos ancianos andrajosos le advierten tres veces: «¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo!». El Orador intenta huir, pero la dirección que toma lo lleva inevitablemente a la Iglesia de San Sapo, como si todos los caminos de ese laberinto condujeran hacia allí.


¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo! —le oí gritar
mientras me adentraba en esos callejones extraños
que serpentean en laberintos oscuros e indefinidos
al sur del río donde sueñan las antiguas centurias—.
Era una figura furtiva, encorvada y harapienta,
y en un instante se había escabullido de mi vista,
así que seguí avanzando en la noche
hacia donde se alzaban más tejados, malignos y dentados.

Ninguna guía habla de lo que allí acecha,
pero entonces oí a otro anciano gritar:
«¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo!».
Y, ya débil, me detuve cuando un tercero de barba gris graznó, aterrado:
«¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo!».
Horrorizado, huí,
hasta que de repente aquella aguja negra se alzó imponente ante mí.


Uno se pregunta de qué podría ser patrono San Sapo. Difícil saberlo. Von Junzt no registra en el Unaussprechlichen Kulten («Cultos sin Nombre») ni la práctica ni la doctrina, pero su identidad quizás tenga algo que ver con Tsathoggua.

Dios Sapo está inspirado en una pesadilla de Lovecraft, tal como él mismo lo menciona en una carta a Clark Ashton Smith:


«Mis investigaciones me han brindado un sueño magníficamente inquietante , que esta mañana me dejó con una profunda sensación de opresión y maldad cósmica. Buscaba por callejones oscuros y arcaicos en Southwark, al otro lado del Puente de Londres, la rumoreada y primigenia Iglesia de San Sapo, de la que se habla solo en susurros (como algo que siempre se oye de segunda o tercera mano) y en cuya cripta prenormanda se dice que perdura cierta influencia . No la encontré. En mi visión, crucé el Puente hasta ese mismo enredo de barrios marginales, buscando la horrible y fabulosa iglesia de San Sapo, cuyas campanas agrietadas oyen por la mañana por los lunáticos, por encima de la sana música de campanas más saludables.»


La carta de Lovecraft a Clark Ashton Smith parece echar por tierra la posibilidad de que San Sapo sea, Tsathoggua. Después de todo, la iglesia [del sueño] está situada en Londres, y aunque su torre se alce en un «enredo de barrios marginales», convengamos que no es lo mismo mantener las cosas en secreto en una ciudad de este tamaño que en Arkham. Aunque, ¿qué Londres soñó Lovecraft? ¿De qué año?

San Sapo y la imponente «aguja negra» de su iglesia resuenan con el relato de Robert E. Howard: La piedra negra (The Black Stone) y aquel detestable dios-sapo. Sin embargo, no hay ninguna torre aquí, sino un monolito negro, que es el sitio de veneración. Supongo que podríamos pensar que el monolito es una especie de iglesia; de hecho, Howard lo describe tres veces en el relato como «aguja», aunque definitivamente no se encuentra en la ciudad de Londres. ¿Será que este culto bárbaro, una nueva religión, se propagaría en las grandes ciudades?

En lo personal, creo que San Sapo y su iglesia son la síntesis de un motivo recurrente en los cuentos de Lovecraft: un terror antiguo, profundamente enterrado, que despierta con el tañido de las campanas. En El descendiente (The Descendant), El libro (The Book) y Las campanas (The Bells) [este último dentro del ciclo de Yuggoth] repiten la misma dinámica. De hecho, los tres ancianos que le anuncian al Orador la proximidad de la iglesia, quizás sea solo uno, y con nombre propio: lord Nottham [El descendiente] quien «grita cuando suenan las campanas de la iglesia».

San Sapo también guarda algunos parecidos con El clérigo malvado (The Evil Clerygman). Más aún, el poema parece una precuela del relato, con sus representaciones oníricas entre callejuelas oscuras que desembocan en una iglesia donde habita un malvado sacerdote anglicano, y también donde un anciano guía y advierte el narrador.

La mejor fuente para develar el misterio de San Sapo es Robert M. Price, quien escribió dos artículos muy interesantes, titulados: Hagiografía de San Sapo (St. Toad's Hagiography) y San Sapo revisitado ("St. Toad's" Revisited), donde especula que el soneto de Lovecraft se inspiró en una escena de La sombra sobre Innsmouth (The Shadow over Innsmouth), donde el protagonista, Robert Olmstead, se topa con una iglesia similar, en un contexto similar. Sin la carta del flaco de Providence, donde menciona explícitamente la ciudad de Londres, no sería difícil creer que Innsmouth es el hogar de San Sapo. Sin embargo, la carta contradice a Robert M. Price. ¿O será que el culto de Innsmouth de algún modo ha logrado trascender las fronteras de Nueva Inglaterra?




San Sapo.
St. Toad's, H. P. Lovecraft (1890-1937)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo! —le oí gritar
mientras me adentraba en esos callejones extraños
que serpentean en laberintos oscuros e indefinidos
al sur del río donde sueñan las antiguas centurias—.
Era una figura furtiva, encorvada y harapienta,
y en un instante se había escabullido de mi vista,
así que seguí avanzando en la noche
hacia donde se alzaban más tejados, malignos y dentados.

Ninguna guía habla de lo que allí acecha,
pero entonces oí a otro anciano gritar:
«¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo!».
Y, ya débil, me detuve cuando un tercero de barba gris graznó, aterrado:
«¡Cuidado con las campanas agrietadas de San Sapo!».
Horrorizado, huí,
hasta que de repente aquella aguja negra se alzó imponente ante mí.


Beware St. Toad’s cracked chimes!” I heard him scream
As I plunged into those mad lanes that wind
In labyrinths obscure and undefined
South of the river where old centuries dream.
He was a furtive figure, bent and ragged,
And in a flash had staggered out of sight,
So still I burrowed onward in the night
Toward where more roof-lines rose, malign and jagged.

No guide-book told of what was lurking here—
But now I heard another old man shriek:
“Beware St. Toad’s cracked chimes!” And growing weak,
I paused, when a third greybeard croaked in fear:
“Beware St. Toad’s cracked chimes!” Aghast, I fled—
Till suddenly that black spire loomed ahead.


H. P. Lovecraft (1890-1937)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de H. P. Lovecraft.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de H. P. Lovecraft: San Sapo (St. Toad's), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Se oyó en el tejado a medianoche.»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.


«Se oyó en el tejado a medianoche.»: Leah Bodine Drake; poema y análisis.




«Una noche, sentada junto al fuego,
oí a unas brujas en el tejado.
Oí gruñir y relinchar sus escobas,
y a una anciana decir:
bienvenidas a la oscuridad.»



Se oyó en el tejado a medianoche. (Heard on the Roof at Midnight) es un poema gótico de la escritora norteamericana Leah Bodine Drake (1904-1964), publicado originalmente en la edición de noviembre de 1946 de la revista Weird Tales, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

Se oyó en el tejado a medianoche, uno de los grandes poemas de Leah Bodine Drake, ofrece un breve retrato de la creencia en las brujas, doblemente interesante si se tiene en cuenta que la autora era descendiente del experto en demonología Jean Bodin, autor del tratado de 1580: De la démonomanie des sorciers [«Sobre la adoración demoníaca de las brujas»]

El poema abre con la Oradora «sentada junto al fuego» durante la Noche de Walpurgis. De repente, oye «a unas brujas en el tejado», incluso oye «relinchar sus escobas» y a una anciana, de nombre Lib, llamando a sus hermanas y «compañeros del aquelarre». Estos compañeros son espíritus familiares que forman parte del coven: gatos, una gallina [«disfrazada de comadreja»] y una kelpie, especie de ninfa acuática del folklore escocés, quienes «surcan el aire con furia», es decir, vuelan hacia el «Sabbat».

Entonces la Oradora oye «gritar a las brujas», llamándola, invitándola a unirse, a abrir el «alma a la antigua alegría». Sabemos que se dirigen a ella porque la anciana alude a alguien que «dormita junto al hogar», y la Oradora comienza el poema sentada junto al fuego. Sabemos también que la Oradora es mujer porque la bruja la invita a bajar «la escoba» del «estante», y luego añade: «¡Abre de par en par la ventana, monta y cabalga! / ¡La noche de Walpurgis está afuera!»

Las Piedras Sarsen que menciona la bruja son bloques de arenisca tallados por los pueblos neolíticos de Europa. Se encuentran principalmente en Inglaterra, como Stonehenge, Avebury y otros lugares. Esto pone en duda la ubicación geográfica del poema. Por la mención a la kelpie, parece ser Escocia, por la mención a las Piedras Sarsen, parece ser Inglaterra. En Escocia no tienen este nombre, pero sin duda existen monumentos de este tipo.

Al final, la Oradora se aferra al Libro, es decir, la Biblia, mientras oye a las brujas «surcar los cielos de medianoche». Finalmente se atreve a mirar por la ventana, pero «todo estaba vacío», excepto por «dos murciélagos», que se alejan volando «a través de la luna».

Tal como lo anuncia su título, Se oyó en el tejado a medianoche es un poema repleto de imágenes que nunca son vistas, sino reconstruidas a partir de sonidos. Lo único que alcanza a ver la Oradora son dos murciélagos. Las voces, los gritos, los correteos por el techo, las escobas, pueden ser parte del terror de la noche de Walpurgis, la fantasía de una mujer sola, pero creo que Leah Bodine Drake intenta decirnos que, en ciertas noches, algunos simplemente son llamados a los misterios de la noche.




Se oyó en el tejado a medianoche..
Heard on the Roof at Midnight, Leah Bodine Drake (1904-1964)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Una noche, sentada junto al fuego,
oí a unas brujas en el tejado.
Oí gruñir y relinchar sus escobas,
y a una anciana decir:

«Bienvenidas a la oscuridad, Tess, muchacha.
¿Has visto pasar a nuestros compañeros del aquelarre?»
«¡Sí, Lib! ¡El Kelpie de su estanque
y la mitad de los gatos del granero
surcaron el aire con furia,
cada uno creciendo hasta duplicar su tamaño!
La gallina pasó disfrazada de comadreja.
¡Oh, el coven se reúne para el Sabbat!»

Entonces mi sangre se heló, y volvió a arder,
al oír gritar a las brujas (las oí claramente):
«¡Tú que dormitas junto al hogar!
¡Abre tu alma a la antigua alegría!
¡No encadenes más tu ser secreto!
¡Baja la escoba de su estante!
El búho ha ululado dos veces, gime el viento nocturno.
La luna sonríe sobre las Piedras Sarsen.
¡Abre de par en par la ventana, monta y cabalga!
¡La noche de Walpurgis está afuera!»

Entonces cerré la ventana, recé una oración
(¡No me atreví a escuchar más!)
abracé el Libro y cerré los ojos...
Las oí surcar los cielos de medianoche.
Miré por la ventana y todo estaba vacío.
El techo, la cumbrera y el aire lechoso.
Y solo dos murciélagos, que pronto desaparecieron,
volaban a través de la luna.


As I sat by my fire one night
Witches I heard on the roof alight.
I heard their broomsticks whinny and neigh.
And then I heard one beldame say:

"Well met in darkaess,Tess,my lass I
Have you seen our coven comrades pass?”
"Aye,Lib! The Kelpie from her tarn,
And half the cats from miller's barn
Tore through the air with fiery
Each one grown to twice his size!
The hen-wife passed in a weasel’s habit -
Oh,the coven gathers for the Sabbat!"

Then my blood ran cold, and hot again,
As I heard the witches (Heard them plain).
Cry,"You who doze by the dullard hearth.
Open your soul to the ancient mirth!
Chain no longer your secret self.
Take down the besom from its shelf!
The owl ’s cried twice, the night wind moans.
The moon grins over the Sarsen Stones.
Fling wide the casement,mount and ride -
Walpurgis Night is all outside!"

Then I barred the window, I said a prayer
(To listen longer I didn't dare!)
I clasped the Book and I closed my eyes...
I heard them rush through the midnight skies.
So I looked out the windows all was bare.
Roof and ridgepole and milky air.
And only two bats, who vanished soon,
Were winging their way across the moon.


Leah Bodine Drake (1904-1964)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Leah Bodine Drake.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Leah Bodine Drake: Se oyó en el tejado a medianoche. (Heard on the Roof at Midnight), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Nictálope»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.


«Nictálope»: Clark Ashton Smith; poema y análisis.




«Hemos visto la oscuridad
donde se descomponen las cosas.
Hemos visto los soles negros
derramando la noche»



Nictálope (Nyctalops) es un poema gótico del escritor norteamericano Clark Ashton Smith (1893-1961), publicado originalmente en la edición de octubre de 1929 de la revista Weird Tales, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

Nictálope, uno de los grandes poemas de Clark Ashton Smith, despliega un vasto repertorio de criaturas mitológicas, arquetípicas de la noche.

El título del poema posee una doble faz. Por un lado, «nictálope» designa a una persona que padece nictalopía, la cual se caracteriza por una disminución de la visión en condiciones de poca luz. No es una enfermedad en sí misma, sino el síntoma. Sin embargo, Clark Ashton Smith emplea el término en su sentido original, contrario al uso médico, el cual describe a una persona [o animal] con la capacidad de ver en la oscuridad. La palabra proviene del griego nyktos, «noche»; y optos, «vista».

El poema abre con una pregunta a los que «ven en la oscuridad», es decir, a los nictálopes:


Vosotros que veis en la oscuridad
cuando la luna se ahoga
en la bruma pantanosa
que se extiende a lo largo del suelo;
vosotros que veis en la oscuridad,
decid, ¿qué habéis encontrado?


La respuesta del nictálope es un catálogo de horrores cósmicos, seres mitológicos y sutilezas cuánticas:


Hemos visto extraños átomos
concertando citas en el aire.;
el polvo de amantes desaparecidos,
separados hace mucho tiempo
en la desesperación,
y polvo de flores que se marchitaron
en otros mundos.

Hemos visto pesadillas
descender del cielo,
silenciosas, como murciélagos,
hacia donde yacen los durmientes;
hemos visto los pechos
de los súcubos.

Hemos visto el cristal
de las lágrimas de la Medusa muerta.
Hemos observado a las ondinas
menguar en presas estancadas,
y a las mandrágoras danzando frenéticamente
junto a lagos negros, hinchados de sangre.

Hemos visto a los sátiros
renovar sus antiguos amores
con ninfas blancas como la luna de los cipreses,
pálidas dríades del tejo,
en la hierba alta de los cementerios
cargados con el rocío de la tarde.

Hemos visto la oscuridad
donde se descomponen las cosas,
donde átomo se mueve con átomo
en una brillante y veloz formación,
como constelaciones ordenadas
en algún camino sideral.

Hemos visto hermosos colores
que no habitan en la luz:
oro más intenso e iris
oculto y recóndito;
hemos visto los soles negros
derramando la noche.


En 1933, cuatro años después de la publicación de este poema, Clark Ashton Smith volvería a utilizar el término nyctalops en El viaje del rey Euvoran (The Voyage of King Euvoran). En una escena, Euvoran está en una celda y es visitado por una especie de búho, «un nictalopo de ojos amarillos brillantes» pero «con las robustas patas de un megápodo». Como es lógico en una situación semejante, Euvoran está incómodo, en especial debido a la mirada del ave, «que lo fulminaba con un brillo más intenso a medida que la penumbra se intensificaba».

En una carta a H. P. Lovecraft, fechada en febrero de 1931, Clark Ashton Smith deja en claro que considera a Nictálope como uno de sus mejores poemas:


«Si realmente tuviera la energía que me atribuyes, intentaría hacer algo con mis traducciones, poemas, etc. Pero con las condiciones actuales del mercado, imagino que sería doblemente difícil interesar a alguien. Sin embargo, todavía se publica poesía; recientemente he recibido solicitudes de colaboración de las editoriales de dos antologías proyectadas. Una de ellas incluirá cinco de mis mejores poemas cortos: Símbolos (Symbols), Nictálope (Nyctalops), La nereida (The Nereid), Palmeras (Palms) y Sepultura (Sepulture).»


En lo personal, creo que Nictálope es un homenaje de Clark Ashton Smith a todos los autores del género macabro, en particular a Lovecraft y sus camaradas de Weird Tales, quienes eran, en cierto modo, aquellos que «veían en la oscuridad», es decir, quienes se permitían observar en las tinieblas de la naturaleza para proporcionarnos todas esas visiones extrañas [ver: El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»]




Nictálope.
Nyctalops, Clark Ashton Smith (1893-1961)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Vosotros que veis en la oscuridad
cuando la luna se ahoga
en la bruma pantanosa
que se extiende a lo largo del suelo;
vosotros que veis en la oscuridad,
decid, ¿qué habéis encontrado?

Hemos visto extraños átomos
concertando citas en el aire.;
el polvo de amantes desaparecidos,
separados hace mucho tiempo
en la desesperación,
y polvo de flores que se marchitaron
en otros mundos.

Hemos visto pesadillas
descender del cielo,
silenciosas, como murciélagos,
hacia donde yacen los durmientes;
hemos visto los pechos
de los súcubos.

Hemos visto el cristal
de las lágrimas de la Medusa muerta.
Hemos observado a las ondinas
menguar en presas estancadas,
y a las mandrágoras danzando frenéticamente
junto a lagos negros, hinchados de sangre.

Hemos visto a los sátiros
renovar sus antiguos amores
con ninfas blancas como la luna de los cipreses,
pálidas dríades del tejo,
en la hierba alta de los cementerios
cargados con el rocío de la tarde.

Hemos visto la oscuridad
donde se descomponen las cosas,
donde átomo se mueve con átomo
en una brillante y veloz formación,
como constelaciones ordenadas
en algún camino sideral.

Hemos visto hermosos colores
que no habitan en la luz:
oro más intenso e iris
oculto y recóndito;
hemos visto los soles negros
derramando la noche.


Ye that see in darkness
When the moon is drowned
In the coiling fen-mist
Far along the ground—
Ye that see in darkness,
Say, what have ye found?

—We have seen strange atoms
Trysting on the air—
The dust of vanished lovers
Long parted in despair,
And dust of flowers that withered
In worlds of otherwhere.

We have seen the nightmares
Winging down the sky,
Bat-like and silent,
To where the sleepers lie;
We have seen the bosoms
Of the succubi.

We have seen the crystal
Of dead Medusa's tears.
We have watched the undines
That wane in stagnant weirs,
And mandrakes madly dancing
By black, blood-swollen meres.

We have seen the satyrs
Their ancient loves renew
With moon-white nymphs of cypress,
Pale dryads of the yew,
In the tall grass of graveyards
Weighed down with evening's dew.

We have seen the darkness
Where charnel things decay,
Where atom moves with atom
In shining swift array,
Like ordered constellations
On some sidereal way.

We have seen fair colors
That dwell not in the light—
Intenser gold and iris
Occult and recondite;
We have seen the black suns
Pouring forth the night.


Clark Ashton Smith (1893-1961)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Clark Ashton Smith.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Clark Ashton Smith: Nictálope (Nyctalops), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Los familiares»: H. P. Lovecraft; poema y análisis.


«Los familiares»: H. P. Lovecraft; poema y análisis.




«Solía perder el tiempo con unos libros extraños
que encontró en el ático,»



Los familiares (The Familiars) es un poema gótico del escritor norteamericano H. P. Lovecraft (1890-1937), publicado originalmente en la edición de julio de 1930 de la revista Driftwind, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1943: Más allá del muro del sueño (Beyond the Wall of Sleep).

Los familiares, uno de los poemas de Lovecraft menos conocidos, pertenece al ciclo Hongos de Yuggoth (Fungi from Yuggoth), y nos lleva de regreso a una zona geográfica crucial en los Mitos de Cthulhu: Dunwich.


John Whateley vivía a una milla del pueblo,
allá donde las colinas comienzan a agruparse;
nunca pensé que fuera muy inteligente,
viendo como su granja llegó a deteriorarse.
Solía perder el tiempo con unos libros extraños
que encontró en el ático,
hasta que le salieron arrugas en la cara,
y la gente decía que no les gustaba su aspecto.

Cuando empezó a aullar por la noche,
decidimos que lo mejor era mantenerlo a salvo,
así que tres hombres de la granja de Aylesbury
fueron a buscarlo, pero volvieron solos y asustados.
Lo encontraron hablando con dos criaturas agazapadas
que, al oír sus pasos, en alas negras se fueron volando.


Los «familiares» del título aparecen fugazmente como «dos cosas agazapadas» con «grandes alas negras». La categoría «familiar» se inscribe en la tradición de la brujería, en la cual existen ciertos espíritus menores que asisten a las brujas y nigromantes en sus tratos con entidades más poderosas [ver: Los espíritus familiares en la brujería]

Lovecraft menciona a un tal John Whateley en el centro de la acción. Podría tratarse del Viejo Whateley de El horror de Dunwich (The Dunwich Horror), un practicante de las artes negras que cría a un nieto híbrido, Wilbur Whateley, para liberar a los Primigenios, aunque en ningún momento se sugiere que su nombre fuera «John». De todos modos, el nombre resuena, por lo que el flaco de Providence seguramente lo utilizó con esa intención.

Wilbur Whateley, mitad humano, mitad estirpe de Yog-Sothoth, madura anormalmente rápido y, movido por su herencia, intenta abrir un portal a dimensiones superiores. Tal vez John Whateley es un pariente cercano, teniendo en cuenta que este es un linaje degenerado de la zona rural de Dunwich [ver: Las «familias extrañas» de Lovecraft]. De hecho, El horror de Dunwich localiza la granja del Viejo Whateley a una distancia remota del pueblo, mientras que el poema sitúa la granja de John Whateley a solo una milla de Dunwich [*], por lo que bien podrían tratarse de dos individuos distintos de la misma familia, área, y evidentemente con la misma afición por los «libros extraños», en particular por el Necronomicón.

En efecto, el Vejo Whateley utiliza una versión incompleta del Necronomicón y logra que Yog-Sothoth fecunde a su hija, Lavinia, quien engendraría al híbrido Wilbur Whateley [ver: La Biblia de Yog-Sothoth: análisis de «El horror de Dunwich»]

[*] Ahora bien, la granja del relato es, en realidad, una gran casa de campo situada en la ladera de una colina [el pueblo ficticio de Aylesbury también aparece en El horror de Dunwich]. Lovecraft emplea la palabra «remota», aunque de hecho está a cuatro millas del pueblo, pero solo a una milla y media de la vivienda más cercana. El John Whateley de Los familiares está «a una milla del pueblo», lo cual deja las cosas en un limbo de interpretación. Este Whateley puede o no ser el Whateley de El horror de Dunwich, pero definitivamente están relacionados. Pensemos que el Viejo Whateley poseía una gran colección de «libros antiguos y fragmentos de volúmenes podridos», los cuales podrían ser los «libros extraños» que el John Whateley de Los familiares «encontró en el ático de su casa».

Dicho esto, John Whateley es quizás un ancestro del Viejo Whateley, ya que este último heredó su biblioteca a través de dos siglos de presencia de la familia en la zona. En algún punto de esa línea temporal puede situarse a John.

Tradicionalmente, las brujas utilizaban familiares en calidad de ayudantes o asistentes en la práctica mágica, y a veces como intermediarios con fuerzas sobrenaturales. En las historias de Lovecraft a menudo asumen la forma de tutores o instructores que ayudan al practicante a aprender el oficio, o en el caso del Viejo Whateley, a comprender el Necronomicón e invocar correctamente a Yog-Sothoth. Otra diferencia es que los familiares de la brujería asumen la forma de gatos y pájaros, y en raras ocasiones se muestran como homúnculos; mientras que Lovecraft despliega dos figuras demoníacas con «grandes alas negras», aunque en Sueños en la casa de la bruja (The Dreams in the Witch House) utiliza un familiar clásico, a quien describe como un «pequeño y ágil objeto peludo» [ver: Brujería no euclidiana: análisis de «Los sueños en la casa de la bruja»]




Los familiares.
The Familiars, H. P. Lovecraft (1890-1937)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


John Whateley vivía a una milla del pueblo,
allá donde las colinas comienzan a agruparse;
nunca pensé que fuera muy inteligente,
viendo como su granja llegó a deteriorarse.
Solía perder el tiempo con unos libros extraños
que encontró en el ático de su casa,
hasta que le salieron arrugas raras en la cara,
y la gente decía que no les gustaba su aspecto.

Cuando empezó a aullar por la noche,
decidimos que lo mejor era mantenerlo a salvo,
así que tres hombres de la granja de Aylesbury
fueron a buscarlo, pero volvieron solos y asustados.
Lo encontraron hablando con dos criaturas agazapadas
que, al oír sus pasos, en alas negras se fueron volando.


John Whateley lived about a mile from town,
Up where the hills began to huddle thick;
We never thought his wits were very quick,
Seeing the way he let his farm run down.
He used to waste his time on some queer books
He’d found around the attic of his place,
Till funny lines got creased into his face,
And folks all said they didn’t like his looks.

When he began those night-howls we declared
He’d better be locked up away from harm,
So three men from the Aylesbury town farm
Went for him—but came back alone and scared.
They’d found him talking to two crouching things
That at their step flew off on great black wings


H. P. Lovecraft (1890-1937)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de H. P. Lovecraft.


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El análisis, traducción al español y resumen del poema de H. P. Lovecraft: Los familiares (The Familiars), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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