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El arquetipo de la Mujer Fatal

El arquetipo de la Mujer Fatal.

Hace poco hablábamos acerca del arquetipo de la Mujer en apuros, del Príncipe Azul, de los Villanos, incluso de los 6 arquetipos del amor. Hoy damos vuelta la página para encontrarnos cara a cara con uno de los personajes más extraños y populares del mito y la literatura: la Mujer Fatal.

La Mujer Fatal, o femme fatale, es, sobre todo, una misteriosa y seductora dama cuyos encantos son proporcionales al deseo que despierta en los hombres. La Mujer fatal es peligrosa, hipnótica, quizás porque en un pasado remoto era representada como una hechicera, o al menos como un súcubo, una vampiresa, una bruja con extraños poderes de seducción. Hoy los tiempos han cambiado, así como sus hechicerías, que pasaron de la magia práctica al encanto y al deseo, aunque con resultados análogos: todos los hombres que caen bajo el influjo de la Mujer Fatal son hechizados.

Estructuralmente la Mujer Fatal aparece siempre opacada por su propia belleza. Pocas veces opera a través del deseo sincero, sino más bien mediante una especie de coerción que inmoviliza intelectualmente a sus objetivos; dejándolos perfectamente obnubilados por ella.

Otro rasgo particular de la Mujer Fatal es que su encanto oscuro no es una cualidad innata; no nace con ella, sino que se desarrolla a partir de algún tipo de trauma en el pasado que la conduce a mantener una relación ambigua con los hombres. En este sentido la Mujer Fatal es ante todo una víctima.

Si bien nunca se la retrata positivamente, la Mujer Fatal nunca encarna al Villano estructural. Su moral es ambigua, su ética es dudosa, pero nunca completamente malévola. Tampoco es una heroína, no se pone a sí misma frente a los demás, sino más bien lo contrario. Podemos pensar en ella como un ente neutral, que solo piensa en sí misma y en su bien inmediato, algo que de ningún modo sería reprochable si no fuese contrastado por la actitud altruista de los héroes clásicos.

El arquetipo de la Mujer Fatal aparece en casi todas las culturas con mitologías complejas. Entre ellas podemos destacar a Lilith, Hel, Morgana, Afrodita; entre tantas otras. En la Edad Media encarnó a la sexualidad femenina al margen de los parámetros regulatorios del matrimonio, es decir, a la mujer libre.

Pero la verdadera explosión artística de la Mujer Fatal se inició en el romanticismo, acaso de la mano de John Keats. Sus dos ejemplos más notables son Lamia (Lamia), y La Belle Dame Sans Merci (La hermosa mujer sin piedad). La novela gótica también reparó en ella. Sus máximas representantes son Carmilla (Carmilla) de Sheridan Le Fanu, y Matilda, una poderosa dama en la obra de Matthew Lewis: El monje (The Monk), muy admirada por el marqués de Sade, quien veía en la Mujer Fatal un símbolo de las mejores cualidades femeninas.

La Mujer Fatal siempre se reinventa a si misma sin perder sus atributos esenciales. En general podemos reconocerla a través de un comportamiento vampírico que se burla de la virilidad y adopta una postura autónoma frente a los hombres. Un buen ejemplo de este matiz puede hallarse en el poema de Rudyard Kipling: La vampiro (The Vampire), de 1897.

En líneas generales podemos trazar otro rasgo peculiar de la Mujer Fatal: nunca es una mujer autóctona; siempre viene de otro lugar, a menudo exótico o simplemente desconocido; donde sus costumbres polémicas acaso sean mejor vistas. En este sentido, la Mujer Fatal busca derribar los paradigmas, se planta frente a la sociedad para mostrarle que no hay una sola mujer, sino muchas, y que sus decisiones no siempre se ajustan a lo que los hombres esperan de ellas.

Dentro del Mito y la literatura, la Mujer Fatal encarna el horror visceral de los misóginos, y un terror ancestral por la brujería. Carl Jung pensaba que este horror pertenece a un orden arquetípico que revela algo acerca de las debilidades masculinas, expresando en términos concretos que la sexualidad es un universo gobernado por la mujer. Pero el propio Jung luego enuncia opiniones divergentes, por ejemplo, haciendo de la Mujer Fatal una representación negativa del "anima".

Este horror acaso esté conectado a oscuros temores pandémicos. En definitiva, la Mujer Fatal no atemoriza por sí misma, sino por su capacidad de despertar en otras mujeres un llamado tan antiguo como los bosques; reclamando para ellas una herencia de gloria e independencia que solo se atisba oscuramente en un puñado de mitos que se resisten a desaparecer.



El artículo: El arquetipo de la Mujer Fatal fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

2 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Me fascina ese arquetipo, como sus representaciones mitológicas.
Carmilla podría decirse, contradiciendo al informe, que es una villana. Que pone en peligro a damiselas en peligro.
Pero su destrucción es algo lamentable. Un motivo para odiar a los cazadores de vampiros.

Anónimo dijo...

un buen ejemplo sería Devie, la mujer que se quiere casar con Lucas, en Los locos addams 2