Una fantástica combinación de parte de John Keats; que era irlandés, basó su poema en una balada bretona, y lo tituló en francés.
La bella dama sin piedad (La belle dame sans merci) se basa en la tradición celta sobre hadas, pero no al estilo que duramente nos ha inculcado el cine; sino en las hadas crueles y frías de la mitología.
Si bien la métrica del poema dista mucho de ser una balada, conserva sin embargo su esencia, esa cualidad onírica y repetitiva, donde el asalto de lo sobrenatural no sorprende, sino que es en sí mismo un efecto deseable y esperado por los oyentes.
En un principio el poema fue descartado por Keats, quien lo consideró inconsistente. Su conservación se debe al celo de su hermano George; que lo alentó a reescribirlo. Hoy se considera a este poema como uno de los clásicos de John Keats. Consideración que compartimos.
¡Oh! ¿Qué pena te acosa, caballero en armas, vagabundo pálido y solitario? Las flores del lago están marchitas; y los pájaros callan.
¡Oh! ¿Por qué sufres, caballero en armas, tan maliciento y dolorido? La ardilla ha llenado su granero y la mies ya fue guardada.
Un lirio veo en tu frente, bañada por la angustia y la lluvia de la fiebre, y en tus mejillas una rosa sufriente, también mustia antes de su tiempo.
Una dama encontré en la pradera, de belleza consumada, bella como una hija de las hadas; largos eran sus cabellos, su pie ligero, sus ojos hechiceros.
Tejí una corona para su cabeza, y brazaletes y un cinturón perfumado. Ella me miró como si me amase, y dejó oír un dulce plañido.
Yo la subí a mi dócil corcel, y nada fuera de ella vieron mis ojos aquel día; pues sentada en la silla cantaba una melodía de hadas.
Ella me reveló raíces de delicados sabores, y miel silvestre y rocío celestial, y sin duda en su lengua extraña me decía: Te amo.
Me llevó a su gruta encantada, y allí lloró y suspiró tristemente; allí cerré yo sus ojos hechiceros con mis labios.
Ella me hizo dormir con sus caricias y allí soñé (¡Ah, pobre de mí!) el último sueño que he soñado sobre la falda helada de la montaña.
Ví pálidos reyes, y también princesas, y blancos guerreros, blancos como la muerte; y todos ellos exclamaban: ¡La belle dame sans merci te ha hecho su esclavo!
Y ví en la sombra sus labios fríos abrirse en terrible anticipación; y he aquí que desperté, y me encontré en la falda helada de la montaña.
Esa es la causa por la que vago, errabundo, pálido y solitario; aunque las flores del lago estén marchitas, y los pájaros callen.
Más poemas mitológicos. I Poemas de hadas. I Poemas medievales. I Poemas de fantasmas. I Poemas de John Keats.
La bella dama sin piedad (La belle dame sans merci) se basa en la tradición celta sobre hadas, pero no al estilo que duramente nos ha inculcado el cine; sino en las hadas crueles y frías de la mitología.
Si bien la métrica del poema dista mucho de ser una balada, conserva sin embargo su esencia, esa cualidad onírica y repetitiva, donde el asalto de lo sobrenatural no sorprende, sino que es en sí mismo un efecto deseable y esperado por los oyentes.
En un principio el poema fue descartado por Keats, quien lo consideró inconsistente. Su conservación se debe al celo de su hermano George; que lo alentó a reescribirlo. Hoy se considera a este poema como uno de los clásicos de John Keats. Consideración que compartimos.
La belle dame sans merci.
La bella dama sin piedad; John Keats (1795-1821)
La bella dama sin piedad; John Keats (1795-1821)
¡Oh! ¿Qué pena te acosa, caballero en armas, vagabundo pálido y solitario? Las flores del lago están marchitas; y los pájaros callan.
¡Oh! ¿Por qué sufres, caballero en armas, tan maliciento y dolorido? La ardilla ha llenado su granero y la mies ya fue guardada.
Un lirio veo en tu frente, bañada por la angustia y la lluvia de la fiebre, y en tus mejillas una rosa sufriente, también mustia antes de su tiempo.
Una dama encontré en la pradera, de belleza consumada, bella como una hija de las hadas; largos eran sus cabellos, su pie ligero, sus ojos hechiceros.
Tejí una corona para su cabeza, y brazaletes y un cinturón perfumado. Ella me miró como si me amase, y dejó oír un dulce plañido.
Yo la subí a mi dócil corcel, y nada fuera de ella vieron mis ojos aquel día; pues sentada en la silla cantaba una melodía de hadas.
Ella me reveló raíces de delicados sabores, y miel silvestre y rocío celestial, y sin duda en su lengua extraña me decía: Te amo.
Me llevó a su gruta encantada, y allí lloró y suspiró tristemente; allí cerré yo sus ojos hechiceros con mis labios.
Ella me hizo dormir con sus caricias y allí soñé (¡Ah, pobre de mí!) el último sueño que he soñado sobre la falda helada de la montaña.
Ví pálidos reyes, y también princesas, y blancos guerreros, blancos como la muerte; y todos ellos exclamaban: ¡La belle dame sans merci te ha hecho su esclavo!
Y ví en la sombra sus labios fríos abrirse en terrible anticipación; y he aquí que desperté, y me encontré en la falda helada de la montaña.
Esa es la causa por la que vago, errabundo, pálido y solitario; aunque las flores del lago estén marchitas, y los pájaros callen.
John Keats (1795-1821)
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El poema de John Keats: La Belle Dame Sans Merci; fue traducido al español por El Espejo Gótico. Para la reproducción de nuestra versión escríbenos a elespejogotico@gmail.com









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