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Cenicienta y el mito del zapato de cristal (que nunca existió)

Cenicienta y mito del zapato de cristal (que nunca existió)


Es probable que cuando alguien menciona el nombre de Cenicienta la primera asociación que hagamos sea aquel mítico zapato de cristal

No obstante, debemos decir rápidamente que aquel calzado jamás existió.

Repasemos brevemente la historia.

Se calcula que existen alrededor de 500 versiones de Cenicienta. Las más conocidas son, desde luego: Cenicienta o el pequeño zapato de cristal (Cendrillon, ou La petite Pantoufle de Verre), de Charles Perrault; Cenerentola, versión italiana de la leyenda, y Aschenputtel, recopilada por los hermanos Grimm.

La primera versión escrita de Cenicienta data de 1697 y pertenece al escritor francés Charles Perrault, quien la tituló: Cendrillon. Ahora bien, la leyenda de Cenicienta es mucho más antigua. Algunos folkloristas calculan que comenzó a circular en algún momento del siglo IX d.C., casi 800 años antes de que Charles Perrault lograra arrancársela a las ancianas y matronas de las aldeas francesas.

El éxito de Cenicienta consiste en su estructura. Básicamente es una historia de opresión injustificada que repentinamente gira hacia el triunfo de la protagonista y su consecuente recompensa.

Técnicamente hablando, Cenicienta se ajusta a la categoría: 510A de Aarne–Thompson, cuya función es clasificar los distintos tópicos de los cuentos de hadas. En el caso de Cenicienta, el tópico es: heroína perseguida (persecuted heroine).

Ya hemos hablado anteriormente de la leyenda de Cenicienta, de modo que pasaremos directamente a lo que nos interesa: los zapatos de cristal.

Los zapatos de cristal de Cenicienta son una adición posterior de la historia original. Dependiendo de la versión, en la antigüedad se hablaba de un anillo mágico, y en algunos casos de un par de zapatos mágicos de oro, plata, pero nunca de cristal.

La primera mención a los zapatos de cristal de Cenicienta proviene de la versión de Charles Perrault en 1697. Ahora bien, Perrault basó su Cenicienta únicamente en las versiones francesas del mito, en donde la muchacha viste un calzado diametralmente opuesto a los opulentos zapatos de cristal que el folklorista imaginó para ella.

De hecho, durante la Edad Media Cenicienta portaba unos zapatos de vair, palabra que ya era obsoleta en los tiempos de Charles Perrault, y que significa "ardilla". Estos zapatos de piel de ardilla son perfectamente consistentes con la posición social de Cenicienta, una muchacha pobre que no puede darse el lujo de calzar otra cosa que la piel de un animal. 

Acaso por desconocimiento del francés antiguo, o quizás viendo una oportunidad extraordinaria para imprimir su marca en la leyenda, Charles Perrault cambió la palabra vair, "ardilla", por verre, que significa "vidrio". De ahí al cristal solo faltaba un paso.

La adición de Charles Perrault persigue un propósito bastante realista. Cenicienta no era una muchacha particularmente atractiva, y para capturar la atención de su príncipe azul se requerían medidas extremas. En el siglo XVII todas las mujeres de la aristocracia vestían zapatos forrados de terciopelo, de modo que un par de zapatos de cristal, absolutamente impensables en aquella época, sin dudas garantizaban atraer la atención de todo el mundo, especialmente del príncipe, recordemos, el anfitrión de aquella tertulia.

Ahora bien, en este punto Charles Perrault se vio en un serio aprieto. ¿Cómo hacer que una muchacha de clase baja adquiriera un calzado que ni siquiera las mujeres más poderosas de la corte podían conseguir? Naturalmente, la respuesta la halló en lo sobrenatural. Charles Perrault requirió la intervención directa de una criatura mágica para que Cenicienta consiguiera sus incómodos zapatos de cristal: el Hada Madrina.

Resulta ocioso aclarar que hasta entonces la leyenda de Cenicienta prescindía de Hadas y cualquier tipo de patrocinio sobrenatural.

La pérdida del zapato de Cenicienta, en cambio, y la posterior búsqueda del príncipe por hallar un pie que se ajuste a sus medidas, no es obra de Charles Perrault. En versiones donde Cenicienta viste simples zapatos de piel también lo extravía al huir precipitadamente de la fiesta; por ejemplo, en la versión de Giambattista Basile, fechada en 1634.

Seguramente todos están familiarizados con el incidente del baile. Llega la medianoche y el hechizo del Hada Madrina se rompe. Cenicienta huye del baile, pierde un zapato en las escaleras principales, el príncipe lo encuentra y jura que se casará con su dueña.

¿No advierten nada extraño?

Si el hechizo del Hada Madrina se rompió a la medianoche, tranformando el vestido de Cenicienta en andrajos y su opulento carruaje en una calabaza descomunal, ¿por qué sus zapatos de cristal no desaparecieron?

La razón de este desatino de continuidad tiene dos razones: Charles Perrault no podía alterar el episodio final de la historia original, donde el príncipe efectivamente encuentra un zapato de piel y realiza la búsqueda de su dueña.

La segunda razón es que sencillamente estaba encantado con su adición del zapato de cristal, y de ninguna forma pensaba resignarlo, aún cuando su continuidad en la historia careciese de toda lógica y alterase irremediablemente el efecto moralizante de la leyenda, el cual podemos resumir del siguiente modo: la verdadera belleza prescinde de artilugios.

Tras este episodio, Charles Perrault siguió forzando la historia. ¿Acaso no había ninguna otra mujer en el reino con el mismo tamaño de pies que Cenicienta?

Indudablemente si, aunque Perrault no lo considere como un dato relevante. Los pies pequeños de Cenicienta son un síntoma de belleza, pero también del sufrimiento y la condena que esa misma belleza pesaba sobre sus dueñas. En la Edad Media era común que a las jóvenes se las vendara fuertemente en los pies durante la etapa de crecimiento, terapia tortuosa que pretendía en hacerlas más agradables a los ojos masculinos. En este sentido, los pies pequeños de Cenicienta sugieren implícitamente que se trataba de una mujer hermosa de casta noble.

Sigmund Freud se interesó vivamente en el cuento de Cenicienta, así como muchos de sus acólitos, especialmente en el detalle de los pies mutilados de las hermanastras.

Cuando la noticia de que el príncipe está buscando a la dueña del zapato perdido, Cenicienta es encerrada por sus hermanastras, quienes se mutilan los pies -en la versión original, arrancándose las falanges-, para que se ajusten al tamaño pequeño del zapato de cristal. Psicológicamente hablando, el zapato (originalmente de piel) simboliza los genitales femeninos mientras que el pie representa el miembro viril. En este sentido, la historia de Cenicienta simboliza la búsqueda de satisfacción sexual de la mujer a partir de una perspectiva claramente femenina: hay un solo pie signado para ese zapato.

Los pies mutilados y ensangrentados de las hermanastras representan el período femenino, y también el tabú primordial que alarma al pobre príncipe, que al enterarse del ardid las castiga ferozmente, acaso horrorizado al descubrir que estuvo a punto de "ponerles el zapato", es decir, mantener relaciones con una mujer durante su período.

Tras este enojoso suceso, el príncipe halla a la mujer adecuada: la virginal Cenicienta, cuyos pies, puros, pequeños y castos, calzan perfectamente en un zapato de cristal que jamás existió.



Más Feminología. I Mitología poética.


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El artículo: Cenicienta y el mito del zapato de cristal (que nunca existió) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

3 comentarios:

José Martín Bartolomé dijo...

Muy instructivo y completo. Resulta muy didáctico como lector y como escritor el ver desentrañados ciertos misterios de los cuentos de hadas. Felicidades.

Daniela Morales Troncoso dijo...

Guaaaau muy pero muy bueno :0 :O

Anónimo dijo...

Este articulo trabaja una verdad a medias, el zapato descrito en la primera version popular , la de perrault es de cristal y no existe como se dice por ahi una mala traduccion del frances del cuento de perrault, que lo diga una persona (al parecer una española) no implica que es verdad, ahora que el cuento mas antiguo o algun relato del que pueda haberse basado cenicienta diga que era de cuero puede ser solo un detalle interesante

Lo cierto es que en la version de Perrault es de cristal y es muy dificil determinar que Perrault haya sido tan incompetente para no darse cuenta del error, en otros cuentos tengo entendido se habla de zapatos de seda, de suela de oro, de junco, y puede haber ciertamente alguno que haya dicho cuero, aunque en la mayoria se hace hincapie en lo fino del zapato, por eso creo que Perrault decidio hacerlo de lo mas fino y delicado que conocia que era el cristal (no mandas llamar a una hada magica para que te haga zapatillas de vil cuero), tal vez sea cierto que en la version que se le conto los zapatos eran de cuero pero en mi opinion el los cambio adrede y no por equivocacion como se afirma aqui

Hay que tener cuidado con todo lo que se cuenta en internet, al rato tambien se van a creer que el cancer se cura con cloro o el sida no existe (lo dice internet)