Cómo insultar como un perfecto VIKINGO


Cómo insultar como un perfecto VIKINGO.




Hace poco dábamos cuenta de cómo insultar en latín, lengua que se caracteriza por su exquisita elegancia; sin embargo, este rasgo acaso no sea el más apropiado cuando uno desea mandar a alguien a la mierda. En este sentido, los insultos vikingos son, en ciertos casos, tan eficientes como sorprendentemente inocuos.

Es decir que, del mismo modo en el que uno no elegiría emplear una frase de amor vikinga para conquistar a una dama, es probable que los insultos en la vetusta lengua nórdica resulten más apropiados para el carajeo.

Si uno toma como referencia a los Eddas y Sagas, es fácil caer en el error de que los vikingos hablaban en un tono más bien formal, directo, respetuoso, incluso en la batalla. Lo cierto es contaban con un amplio repertorio de insultos para referirse a toda clase de cuestiones.

El problema, en todo caso, es interpretar esos insultos dentro del contexto en el que fueron creados. Lo que para un vikingo podría haber sido un feroz desplante, para nosotros ni siquiera llega a ser una mísera impertinencia.

Por ejemplo, la palabra Doongah, que literalmente podría traducirse como «inútil», no estaba bien vista entre pares, y su uso podía desencadenar alguna ofensa. Lo mismo ocurre con Fifl, «tonto», «idiota», que solo se empleaba para destratar a un esclavo o un prisionero.

Otro insulto vikingo interesante era Eldhúsfífl, literalmente, «idiota caliente», el cual hace referencia a un sujeto tan imbécil que es capaz de sentarse arriba del fuego. Por otro lado, a la torpeza extrema se la denominaba Daufi, que significa «sordo». De hecho, la palabra Dofey, «sordera», se empleaba generalmente sobre alguien con un comportamiento más bien atontado.

Sabemos que los vikingos las preferían rubias, pero que también feminizaban a sus oponentes con frases que, por aquel entonces, eran degradantes. Decirle a alguien Slápr —«vago»— presuponía una actitud femenina en el otro, ya que esta palabra a menudo era empleada por los hombres para rebajar las labores hogareñas, históricamente asociadas a las mujeres.

El popular HDP de nuestra lengua no tenía equivalencia entre los vikingos, en parte, porque había cosas peores que ser el hijo de una prostituta —Beiskaldi, o simplemente Tik, «perra»—. En estos casos se utilizaba el término Vargdropi, «hijo de un proscrito», es decir, de alguien perseguido por la ley. Extraño en un pueblo que hizo del saqueo una de sus actividades económicas más lucrativas.

Si bien el siguiente término no es un insulto, era utilizado por los padres para llamar al orden a un niño travieso: Veslingr, «pequeño desgraciado».

En nuestra lengua hay palabras que, dependiendo del tono en el que se utilicen, pueden ser insultos o bien evidencias de cierta familiaridad con el otro. A los vikingos les ocurría lo mismo. La palabra Vagr, «lobo», podía usarse para referirse al animal pero también como insulto, generalmente, con el significado de ladrón.

La generosidad vikinga, su afición por el derroche, las borracheras, la guerra, y en general todos los excesos, hacían de la avaricia una actitud sumamente reprochable. Por eso la palabra Gløggvingr, «avaro», era considerada un insulto grave.

Más extraño resulta que, en ese contexto en el que abundaban las historias sobre hazañas de ultramar, la palabra Hraumi, «fanfarrón», fuese utilizada como un insulto ligero. Otros insultos vikingos de baja temperatura eran Níðingr, «vil»; Vámr, «desagradable»; Skreyja, «incompetente»; Gaugbrojotr, literalmente, «ladrón de tumbas», en referencia a una actitud cobarde, al igual que Kamphundr, «carroñero».

Más directo era referirse a alguien como Hruga Uskit'r, «montón de mierda»; o Haensa, «gallina».

Los rasgos faciales y el mal estado físico del oponente también era motivo de insulto: Alicarl, «gordo»; Griss, «cerdito»; Skirja, «vaca»; Kerling —«anciana», pero dicho a un hombre se refería a un cuerpo fofo—; Gleidr, «patizambo»; Hauknefr, «narigón»; Lodinkinni, «peludo»; Blatqnn, «diente negro» —burlándose de una mala dentadura—, Miklimunnr, «bocón»; Mjonefr; «nariz de hembra»; entre otros.

Entre varones, los insultos vikingos casi siempre tenían que ver con una actitud cobarde, como por ejemplo: Gellir, «llorón»; Hrodi, «moco» —en función de alguien que llora excesivamente—; Huglausi, «cobarde»; Kuensami, «pollerudo» —que va a esconderse bajo la falda de una mujer—; o Meyla, «niña».

Estos fueron algunos insultos vikingos populares; desde luego que hay otros, muchísimos más, ya que la cultura de los pueblos se relaciona menos con la elegancia en el hablar que con el ingenio con el que se insulta.




Mitos nórdicos. I Libros extraños.


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