«Deus misereatur mei»: análisis de «Té verde» de Le Fanu.
«Describiré los fenómenos ocurridos a la luz del día.
En la oscuridad, como pronto le explicaré, hay variaciones.»
En la oscuridad, como pronto le explicaré, hay variaciones.»
Hoy en El Espejo Gótico analizamos el relato de Sheridan Le Fanu: Té verde (Green Tea, puede leerse aquí), publicado originalmente entre octubre y noviembre de 1869 en la revista All the Year Round, y luego reeditado en la antología de 1872: En un cristal oscuro (In a Glass Darkly).
Resumen:
El Narrador [anónimo] es un hombre de medicina, formado en cirugía, aunque nunca ejerció debido a la pérdida de dos dedos. Desde entonces se convirtió en secretario del médico alemán Martin Hesselius. Té verde se basa en los documentos de Hesselius [que el Narrador heredó] sobre un extraño caso de... ¿delirio?
A comienzos del siglo XIX, Hesselius viaja a Inglaterra, donde conoce al reverendo Jennings. Según parece, el reverendo es un hombre probo, aunque tiene sus cosas. Por ejemplo, al llevar adelante su parroquia de Warwickshire sufre varios trastornos nerviosos. Hesselius, cuyo ojo clínico es infalible, nota un comportamiento compulsivo en el reverendo: mira una y otra vez la alfombra «como si siguiera los movimientos de algo allí».
Jennings está interesado en la obra de Hesselius sobre medicina y metafísica. El doctor, por su parte, interroga a Lady Mary para certificar algunas conjeturas preliminares: el reverendo es soltero, está escribiendo un libro, y bebe cantidades industriales de té verde. Lady Mary añade un rasgo familiar: los padres del reverendo decían ser capaces de ver fantasmas.
Hesselius se encuentra con Jennings en su casa. El doctor advierte una copia del Arcana Celestia de Emanuel Swedenborg en la biblioteca del reverendo. Lo hojea y descubre algunos pasajes marcados; uno de ellos dice:
«Cuando se abre la visión interior del hombre, que es la de su espíritu, aparecen las cosas de otra vida, invisibles a los ojos».
Según la hipótesis de Swedenborg, algunos espíritus malignos pueden reunir la fuerza necesaria para abandonar el infierno y «pegarse» a ciertas personas. Hesselius abandona el libro cuando lee una nota de Jennings que comienza con el latín: Deus misereatur mei, que puede traducirse como: «Dios tenga piedad de mí». Al tratarse de un pedido a Dios, Hesselius, que es un caballero, deja de leer para respetar la privacidad del reverendo.
Jennings lucha por recuperar su ministerio, y es atendido por el doctor Harley, pero los intentos de estabilizar su salud mental fracasan. En este punto decide contarle su historia a Hesselius. Cuatro años atrás, Jennings empezó a trabajar en un libro sobre metafísica. Escribía durante las noches, bebiendo abundante té verde, porque le resultaba más estimulante. Una noche, mientras regresaba a casa, el reverendo vio dos puntos luminosos cerca del suelo, como ojos. Se acercó y distinguió a una criatura extraña, «como un pequeño mono» que le sonreía. Jennings intentó poner distancia con su paraguas, pero este atravesó a la criatura como si su cuerpo no ofreciera resistencia. Aterrorizado, escapó, pero alcanzó a ver que el mono lo seguía.
Desde luego, debió tratarse de una ilusión, tal vez producto del cansancio físico y la fatiga mental; sin embargo, la visión del mono continuó, se hizo crónica, nunca abandonó al reverendo, a tal punto que lo veía todo el tiempo, a toda hora, en compañía de cualquier persona. La criatura incluso era visible en la oscuridad debido al destello rojizo que irradiaba.
Durante el primer año, la criatura no fue agresiva; de hecho, parecía atontada, como si no supiera moverse en el plano físico. Pero pronto se volvió más ágil y vivaz, y los tormentos aumentaron. Por ejemplo, cuando Jennings intentaba dar misa, la criatura se revolcaba encima de la Biblia, impidiéndole mantener la compostura. Después de un tiempo, ni siguiera lo dejaba rezar en privado, distrayéndolo cada vez que lo intentaba. Finalmente, la criatura llegó a ser visible para Jennings aún con los párpados cerrados, y hasta comenzó a interferir en sus pensamientos, siempre blasfemando, siempre ordenándole que hiciera daño, a sí mismo y a los demás.
Hesselius interviene. Tranquiliza a Jennings y ordena a un sirviente que lo vigile. Luego pasa la noche estudiando el caso. Desafortunadamente, trabaja en una posada lejos de la residencia del reverendo, por lo que recibe el llamado del sirviente cuando ya es demasiado tarde. Jennings se cortó el cuello.
Hesselius, que ya había tratado casos similares [de 57 casos, el único paciente al que no pudo salvar fue el reverendo], concluye que Jennings sufrió una especie de apego espiritual, el cual actúa como un veneno que excita el comportamiento morboso, y estimula cierto fluido espiritual que circula por los nervios, mientras paraliza las funciones que nos permiten comportarnos de acuerdo a los mandatos divinos.
¿Acaso el té verde estimuló el enlace entre el reverendo y esta criatura del bajo astral?
Sí, concluye Hesselius.
El té verde, en abundancia, nos expone a entidades incorpóreas, nos hace visibles y facilita el apego. Para colmo, Jennings bebía té verde mientras se encontraba estudiando metafísica, particularmente a Swedenborg. En definitiva, este estimulante le permitió entrar en contacto con sus propios miedos y darles un atinado aspecto bestial, prehumano.
***
La noción de que ciertos aspectos de la realidad son invisibles, y que estamos mejor sin percibirlos, es frecuente en el género, y hasta un lugar común en autores como H. P. Lovecraft, pero que el té verde sea visto como un peligroso estimulante para el tercer ojo es tan novedoso como desconcertante.
Té Verde es uno de los cuatro cuentos de Sheridan Le Fanu protagonizados por el doctor Martin Hesselius, siendo Carmilla el más reconocido. El hombre es un precursor de los detectives sobrenaturales como Thomas Carnacki [William Hope Hodgson] y John Silence [Algernon Blackwood], entre otros. Hasta Drácula tiene una deuda con Sheridan Le Fanu, particularmente con Carmilla y Hesselius. El propio Van Helsing, según el doctor Seward, es afín a la metafísica, pero las semejanzas entre Van Helsing y Martin Hesselius se notan con mayor claridad en sus respectivas fallas profesionales. Podríamos decir que Van Helsing se equivoca al tratar a Lucy Westenra del mismo modo que Martin Hesselius con el reverendo Jennings: ambos dejan a pacientes, física y mentalmente inestables, con personas sin formación médica [ver: Bloofer Lady: la transformación de Lucy Westenra]
Lo de Van Helsing es mucho más grave porque deja a Lucy a cargo de una criada que retira sistemáticamente los crucifijos de la habitación, y de una madre que detesta el olor a ajo y los hace llevar a la cocina. El criado de Jennings, que sepamos, no hace nada que precipite el desenlace del reverendo. De todos modos, creo que Sheridan Le Fanu debió sentir que Hesselius le falló a su paciente, y por eso aclara que salvó a otros cincuenta y siete con el mismo padecimiento.
La idea de que estamos rodeados de seres invisibles que interactúan con nosotros es inmemorial. A veces se «pegan» al cuerpo áurico, a veces te susurran al oído, a veces se alimentan de emociones, pero en ningún caso recuerdo algo similar a Té verde. De hecho, si permutáramos el té verde [agente causal / estimulante] por una sustancia psicoactiva, tendría más lógica en nuestra época, pero en tiempos de Sheridan Le Fanu la combinación entre el misticismo de Emanuel Swedenborg y el té verde, aparentemente, alcanzó para proyectar los impulsos básicos del reverendo Jennings en una forma animal capaz de perseguirlo y atormentarlo.
Es lícito preguntarse si este desagradable mono verde es una alucinación provocada por el consumo de una sustancia combinado con la lectura mística, o bien una prematura y circunstancial apertura del velo que nos separa [y aísla] de estas entidades invisibles. En el caso de Jennings, la criatura procede como un agente que perturba su vida religiosa: salta sobre la biblia, hace muecas grotescas, blasfema, básicamente lo interrumpe. En términos psicoanalíticos, los impulsos y deseos reprimidos del reverendo interfieren con su vocación religiosa porque esta es la barrera que impide que tales impulsos y deseos logren su realización.
Té verde es una buena historia, independientemente de si el mono es real o una alucinación. Sin embargo, al final, Sheridan Le Fanu incurre en un hábito común en su época [1872]: brindar al lector una «explicación científica» [en realidad, pseudocientífica], lo cual siempre parece un gesto condescendiente. No obstante, esta es una historia de Martin Hesselius, y la gente esperaba, después del diagnóstico, una explicación en la sección final, aunque revelara lo que ya estaba implícito en el desarrollo: el té verde abre la mente a cosas que nunca deberíamos ver.
Más aún, Té verde es una buena historia a pesar de atentar contra sí misma. Si barriéramos todos los tintes espirituales, decimonónicos y pseudocientíficos, nos quedaría la historia de un pobre infeliz acosado por una criatura que sólo él puede ver. Y eso es lo que perdura en la memoria después de la lectura. De hecho, si antes de releer el cuento para escribir este informe alguien me hubiese preguntado de qué trataba, hubiese respondido exactamente eso: «la historia de un pobre infeliz acosado por una criatura que sólo él puede ver». Podríamos olvidar fácilmente el resto: Swedenborg, el té, Hesselius.
Me gusta pensar que Jennings es un hombre sencillo con inquietudes místicas, pero fundamentalmente sencillo. Esto queda demostrado en lo rudimentario de su visión sobrenatural: ¿qué podría ser menos terrorífico que un mono verde? ¿Un conejo? ¿Un canario? Es cierto, el simio astral es molesto, te distrae, no te deja leer ni realizar tus actividades con normalidad, pero mi hijo de seis años hace todo eso. Los padres necesitamos un intruso extradimensional más fuerte, un Perro de Tíndalos, como mínimo, para consultar con un especialista [ver: Los Perros de Tindalos y los ángulos del tiempo]
Fuera de broma, el mono verde de Sheridan Le Fanu procede de manera similar a los síntomas de diversos problemas mentales, en especial la esquizofrenia: voces o imágenes intrusivas que acosan al paciente, le sugieren «cosas» [autolesiones, en su mayoría], imposibilitan la concentración, estimulan o generan fantasías religiosas. Hesselius opta por la causa sobrenatural, cuando todos las señales apuntan a lo neurológico; y es bueno que así sea, de otro modo no tendríamos relato, sino un análisis clínico. Sin embargo, lo sobrenatural siempre me parece más tranquilizador. ¿Qué preferirías, enfrentarte a una entidad demoníaca [donde la «cura» es concreta y permanente] o sufrir algún tipo de trastorno psiquiátrico? En este último caso, los monos verdes son mucho más difíciles de erradicar. A veces te acompañan durante toda la vida [ver: E.A. Poe y la Locura como sublime forma de inteligencia]
La depresión también podría encuadrar en el trastorno de Jennings, aunque con menos precisión. En la depresión se puede conceptualizar los pensamientos negativos [como estrategia para lidiar con ellos] pero no se los percibe como agente externos.
Lovecraft escribió un cuento similar a Té verde, aunque en vez de esta infusión emplea la tecnología para abrir el tercer ojo: Desde el más allá (From Beyond), donde tampoco hay monos verdes pero sí gusanos, larvas y parásitos astrales que flotan a nuestro alrededor y se alimentan de nuestros cuerpos, pensamientos y emociones. No sabemos qué hacía el mono antes de que Jennings lo detectara, pero los gusanos de Lovecraft [mucho más extraños y alejados de la visión antropocéntrica de Le Fanu] son inofensivos hasta que Tillinghast se da cuenta de que están ahí [ver: ¡No te metas con la glándula pineal!: análisis de «Desde el más allá»]
A riesgo cometer una injusticia, diría que los horrores de Le Fanu son una variante light, vegana y libre de gluten, de los tropos de Lovecraft. El flaco de Providence, al menos, alerta sobre los peligros de leer el Necronomicón y otros libros prohibidos que conducen a la locura o la muerte. Sheridan Le Fanu ve el mismo peligro en la mordaz metafísica de Swedenborg mientras bebe demasiado té. Sin embargo, como el narrador nunca nos revela el contenido de las investigaciones de Jennings, ni tampoco qué le dice el mono, bien podría estar leyendo a Alhazred y escuchando una y otra vez: «¡Iä! ¡Iä! ¡Cthulhu fhtagn!».
Sheridan Le Fanu. I Taller gótico.
Más literatura gótica:
- La Cosa invisible: análisis de «¿Qué era eso?» de Fitz-James O’Brien.
- La cucaracha en la mesada: análisis de «Los Sauces» de Algernon Blackwood.
- Los lechones de Tindalos: análisis de «El Cerdo» de W.H. Hodgson.
- El secreto de Madeline: análisis de «La Casa Usher» de E.A. Poe.



















































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