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«Mysterium Horrendum»: algunas sensaciones extrañas antes de lo paranormal.


«Mysterium Horrendum»: algunas sensaciones extrañas antes de lo paranormal.




«Esas leyes fijas de la Naturaleza son nuestra
única protección contra los asaltos del caos.»
[H. P. Lovecraft]



Antes de la ocurrencia de un fenómeno paranormal, el sujeto experimenta una sensación extraña, como si acabara de entrar sin autorización en un sitio prohibido. Los sonidos se apagan de repente, como si se hubiera accionado un interruptor. Todo está en silencio, inmóvil, expectante. Algunos lo describen como transitar por una rebanada de tiempo sin conexión con el antes y el después.

Buena parte de la parapsicología de comienzos del siglo XX asegura que los testigos de fenómenos paranormales suelen experimentar esta sensación de ser transportados temporalmente a una realidad paralela, similar a la realidad conocida pero ligeramente distinta. Esto adquiere mayor definición dentro de una casa. Parece quedar desprovista de cualquier sonido conocido durante el tiempo que dura la experiencia; pero también los espacios públicos, una calle, una plaza, quedan vacíos de ruido, ni siquiera se oye el ladrido de los perros. De pronto, todo vuelve a la normalidad, y el sujeto queda preguntándose si de hecho ocurrió algo o fue solo su imaginación.

Algunos investigadores proponen que existe una zona de influencia alrededor de ciertos fenómenos paranormales. Si estás dentro, se la experimenta como una realidad alternativa donde el tiempo parece detenerse, desaparecer, y hasta perder todo su significado. Si estás afuera, se la percibe como un ligero malestar o incomodidad justo antes de que el fenómeno tenga lugar [ver: Espíritus y «ambientes cargados»]

Esta sensación de desplazamiento es conocida como campana de irrealidad, y en general no llega a ser más que una conjunción de silencios en una casa o un lugar ruidoso, asociado a sentimientos extraños. Suele producirse en espacios liminales [cementerios, bifurcaciones, caminos rurales, edificios antiguos] o en espacios de transición dentro de una casa [pasillos, habitaciones en desuso]. De algún modo, estas áreas funcionan como burbujas donde se puede acceder sensorialmente a otras frecuencias, dimensiones o tiempos [ver: ¿Fantasmas o deslizamientos de tiempo?]

Las dos características de este fenómeno son, en primer lugar, la sensación de que el tiempo se detiene; y la segunda que el sonido desaparece, generando una atmósfera de aislamiento. Por supuesto, cuando el fenómeno anormal ocurre nos centramos en él, y esta instancia previa queda en un segundo plano.

En ocasiones, la campana de irrealidad se produce en espacios abiertos, por ejemplo, caminando por una calle vacía durante la noche. El silencio en la burbuja acústica puede ser aterrador, así como la sensación de inminencia, como si algo o alguien estuviera a punto de saltar sobre tu espalda.

Siendo un ser racional, es probable que el sujeto descarte lo que está ocurriendo, o lo ignore, y siga caminando. Después de todo, sentirse raro, incluso un poco paranoico, no es tan infrecuente. ¿Qué podría andar mal? Sin embargo, empieza a instalarse en tu cabeza. Caminas un poco más a medida que el estado de alerta se apodera de tus sentidos. No hay ningún peligro a la vista, presente o inminente, pero todo tu cuerpo grita lo contrario. De repente se oye un grito a la distancia, o un susurro en tus oídos, lo suficientemente claro como para reconocer que se trata de tu propia voz [ver: Algo me llamó por mi nombre]

Después de unos segundos de parálisis, el miedo ocupa cada resquicio. Te susurra que, si sigues adelante, algo terrible ocurrirá. Necesitas salir de ahí.

Lo más común es que esto ocurra en casa: el área alrededor de la persona que está por presenciar un suceso extraño queda súbitamente en silencio. A veces ni siquiera llegamos a notar el suceso paranormal, solo quedamos absortos en este aparente cambio de entorno.

Existe una vasta bibliografía sobre estos silencios sobrenaturales que parecen ser el preludio de una variedad de sucesos extraños, y en todos los casos encontramos un cambio brusco en el ritmo en que se percibe el tiempo, asociado a una sensación de peligro inminente, sin causa, como si el lugar de repente se desordenara y reorganizara en un instante [incluida nuestra relación con el tiempo lineal], dejándonos incapaces de procesar lo que ha ocurrido.

Las llamadas «cosas raras» ocurren todo el tiempo y en todas partes. La mayoría de las veces no poseen la densidad necesaria para que reparemos en ellas, pero cuando ocurren en el hogar son fácilmente detectables a través de esta percepción alterada, más o menos intensa de acuerdo a la espectacularidad del fenómeno.

En las primeras fases del fenómeno poltergeist se observa un conjunto de síntomas similares [ver: Las 8 fases de la actividad poltergeist]. La mayoría confluye en la impresión de haber abandonado temporalmente la realidad ordinaria y entrado en otro espacio, con otras reglas. Esto se debe al desplazamiento del punto de vista, es decir, el sujeto ha cambiado su estado de consciencia, por lo que le es posible percibir muchos aspectos de la realidad que hasta entonces le eran desconocidos.

La presencia de entidades, humanas o no humanas, trae consigo un comportamiento inusual de la luz. Si la sensación es agradable, seductora, o simplemente surrealista, como podría serlo una aparición de crisis, se produce lo que Rudolf Otto llama Mysterium Fascinans [«misterio (secreto) fascinante»]. Si la sensación es ominosa, sobrecogedora, comienza el Mysterium Tremendum [o mysterium horrendum, «misterio terrible» y «misterio horrible» respectivamente].

El mysterium horrendum podría describirse como el conjunto de respuestas humanas por defecto ante un suceso anormal, es decir, miedo intenso, sobrecogedor, que se acciona ante algo que nuestra mente no puede comprender ni procesar pero que nuestros sentidos llegan a captar fugazmente. Si examinamos cualquier fenómeno paranormal veremos que el mysterium horrendum es un hilo conductor, junto con otras características fenomenológicas. Hasta podría tomarse como indicador de si el fenómeno fue real, es decir, objetivo, o producto de la imaginación.

Es decir que muchas experiencias paranormales, desde la presencia de fantasmas [energía residual] a la interacción de entidades inteligentes con nuestro entorno físico, están atravesadas por sensaciones humanas que podemos reconocer, aunque su origen sea desconocido. En los peores casos, el fenómeno parece impregnar el lugar con una sensación de malevolencia que casi puede palparse [ver: Loca Infesta: de la infestación demoníaca al poltergeist]

No es infrecuente que recibamos en nuestro Consultorio paranormal experiencias de personas que aseguran interactuar con lo extraño de forma natural, sin miedo ni inquietud. Yo diría que esa es una buena señal de que se trata de fenómenos ilusorios, producto de confusiones y un mal diagnóstico de la situación. En todas las experiencias paranormales, como mínimo, subyace una profunda sensación de rareza.

En otras palabras, para que surja el mysterium horrendum es necesario encontrarse, rozar siquiera, la absoluta otredad, algo que no tiene cabida en nuestra concepción de la realdad, sino que pertenece a una esfera de la experiencia diferente. No se trata simplemente de una respuesta emocional, todo lo contrario; constituye la necesidad de recurrir a lo irracional para tratar de procesar lo que está ocurriendo, lo cual puede ser francamente aterrador.

Rudolf Otto va todavía más lejos, y declara que el mysterium horrendum es la reacción humana ante la presencia de lo demoníaco, es decir, entidades no humanas y en contra de la humanidad, pero el hombre era teólogo y razonaba, como todos, dentro de su estructura de creencias [ver: Sobre las apariciones demoníacas]

Muchas creencias antiguas hablan de esto. Por un lado, el misterio de la divinidad que llega como una suave marea y nos deja en un estado de admiración. Por el otro, el arrebato de terror ante inteligencias o fuerzas hostiles. También lo encontramos en la ficción extraña, en el weird, en dosis tolerables pero que pueden darnos un chispazo de la experiencia real de esos intersticios de tiempo y espacio. Pienso en aquella definición dada por H. P. Lovecraft en el ensayo: El horror sobrenatural en la literatura (Supernatural Horror in Literature):


«El verdadero relato sobrenatural contiene algo más que un asesinato secreto, huesos ensangrentados o una figura envuelta en sábanas que arrastra cadenas. Debe estar presente una atmósfera de terror inexplicable y sin aliento ante fuerzas externas desconocidas; y debe haber un indicio, expresado con una seriedad y una solemnidad dignas de su tema, de esa terrible concepción del cerebro humano: una suspensión o derrota maligna y particular de esas leyes fijas de la Naturaleza que son nuestra única protección contra los asaltos del caos y los demonios del espacio inexplorado.»


El mysterium horrendum es una forma ampliada del weird que propone Lovecraft: es «una atmósfera de terror inexplicable» ante «fuerzas externas desconocidas», que no son otra cosa que un desafío a «esas leyes fijas de la Naturaleza que son nuestra única protección contra los asaltos del caos y los demonios del espacio inexplorado».

Hablamos, en definitiva, de un tipo particular de perturbación que implica una sensación de extrañeza. Hemos presenciado, o estamos apunto de presenciar, algo que no debería ocurrir. Por lo tanto, invalida todas las categorías que, hasta entonces, hemos utilizado para asimilar la realidad.




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


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«Deus misereatur mei»: análisis de «Té verde» de Le Fanu.


«Deus misereatur mei»: análisis de «Té verde» de Le Fanu.




«Describiré los fenómenos ocurridos a la luz del día.
En la oscuridad, como pronto le explicaré, hay variaciones.»



Hoy en El Espejo Gótico analizamos el relato de Sheridan Le Fanu: Té verde (Green Tea, puede leerse aquí), publicado originalmente entre octubre y noviembre de 1869 en la revista All the Year Round, y luego reeditado en la antología de 1872: En un cristal oscuro (In a Glass Darkly).


Resumen:

El Narrador [anónimo] es un hombre de medicina, formado en cirugía, aunque nunca ejerció debido a la pérdida de dos dedos. Desde entonces se convirtió en secretario del médico alemán Martin Hesselius. Té verde se basa en los documentos de Hesselius [que el Narrador heredó] sobre un extraño caso de... ¿delirio?

A comienzos del siglo XIX, Hesselius viaja a Inglaterra, donde conoce al reverendo Jennings. Según parece, el reverendo es un hombre probo, aunque tiene sus cosas. Por ejemplo, al llevar adelante su parroquia de Warwickshire sufre varios trastornos nerviosos. Hesselius, cuyo ojo clínico es infalible, nota un comportamiento compulsivo en el reverendo: mira una y otra vez la alfombra «como si siguiera los movimientos de algo allí».

Jennings está interesado en la obra de Hesselius sobre medicina y metafísica. El doctor, por su parte, interroga a Lady Mary para certificar algunas conjeturas preliminares: el reverendo es soltero, está escribiendo un libro, y bebe cantidades industriales de té verde. Lady Mary añade un rasgo familiar: los padres del reverendo decían ser capaces de ver fantasmas.

Hesselius se encuentra con Jennings en su casa. El doctor advierte una copia del Arcana Celestia de Emanuel Swedenborg en la biblioteca del reverendo. Lo hojea y descubre algunos pasajes marcados; uno de ellos dice:


«Cuando se abre la visión interior del hombre, que es la de su espíritu, aparecen las cosas de otra vida, invisibles a los ojos».


Según la hipótesis de Swedenborg, algunos espíritus malignos pueden reunir la fuerza necesaria para abandonar el infierno y «pegarse» a ciertas personas. Hesselius abandona el libro cuando lee una nota de Jennings que comienza con el latín: Deus misereatur mei, que puede traducirse como: «Dios tenga piedad de mí». Al tratarse de un pedido a Dios, Hesselius, que es un caballero, deja de leer para respetar la privacidad del reverendo.

Jennings lucha por recuperar su ministerio, y es atendido por el doctor Harley, pero los intentos de estabilizar su salud mental fracasan. En este punto decide contarle su historia a Hesselius. Cuatro años atrás, Jennings empezó a trabajar en un libro sobre metafísica. Escribía durante las noches, bebiendo abundante té verde, porque le resultaba más estimulante. Una noche, mientras regresaba a casa, el reverendo vio dos puntos luminosos cerca del suelo, como ojos. Se acercó y distinguió a una criatura extraña, «como un pequeño mono» que le sonreía. Jennings intentó poner distancia con su paraguas, pero este atravesó a la criatura como si su cuerpo no ofreciera resistencia. Aterrorizado, escapó, pero alcanzó a ver que el mono lo seguía.

Desde luego, debió tratarse de una ilusión, tal vez producto del cansancio físico y la fatiga mental; sin embargo, la visión del mono continuó, se hizo crónica, nunca abandonó al reverendo, a tal punto que lo veía todo el tiempo, a toda hora, en compañía de cualquier persona. La criatura incluso era visible en la oscuridad debido al destello rojizo que irradiaba.

Durante el primer año, la criatura no fue agresiva; de hecho, parecía atontada, como si no supiera moverse en el plano físico. Pero pronto se volvió más ágil y vivaz, y los tormentos aumentaron. Por ejemplo, cuando Jennings intentaba dar misa, la criatura se revolcaba encima de la Biblia, impidiéndole mantener la compostura. Después de un tiempo, ni siguiera lo dejaba rezar en privado, distrayéndolo cada vez que lo intentaba. Finalmente, la criatura llegó a ser visible para Jennings aún con los párpados cerrados, y hasta comenzó a interferir en sus pensamientos, siempre blasfemando, siempre ordenándole que hiciera daño, a sí mismo y a los demás.

Hesselius interviene. Tranquiliza a Jennings y ordena a un sirviente que lo vigile. Luego pasa la noche estudiando el caso. Desafortunadamente, trabaja en una posada lejos de la residencia del reverendo, por lo que recibe el llamado del sirviente cuando ya es demasiado tarde. Jennings se cortó el cuello.

Hesselius, que ya había tratado casos similares [de 57 casos, el único paciente al que no pudo salvar fue el reverendo], concluye que Jennings sufrió una especie de apego espiritual, el cual actúa como un veneno que excita el comportamiento morboso, y estimula cierto fluido espiritual que circula por los nervios, mientras paraliza las funciones que nos permiten comportarnos de acuerdo a los mandatos divinos.

¿Acaso el té verde estimuló el enlace entre el reverendo y esta criatura del bajo astral?

Sí, concluye Hesselius.

El té verde, en abundancia, nos expone a entidades incorpóreas, nos hace visibles y facilita el apego. Para colmo, Jennings bebía té verde mientras se encontraba estudiando metafísica, particularmente a Swedenborg. En definitiva, este estimulante le permitió entrar en contacto con sus propios miedos y darles un atinado aspecto bestial, prehumano.

***


La noción de que ciertos aspectos de la realidad son invisibles, y que estamos mejor sin percibirlos, es frecuente en el género, y hasta un lugar común en autores como H. P. Lovecraft, pero que el té verde sea visto como un peligroso estimulante para el tercer ojo es tan novedoso como desconcertante.

Té Verde es uno de los cuatro cuentos de Sheridan Le Fanu protagonizados por el doctor Martin Hesselius, siendo Carmilla el más reconocido. El hombre es un precursor de los detectives sobrenaturales como Thomas Carnacki [William Hope Hodgson] y John Silence [Algernon Blackwood], entre otros. Hasta Drácula tiene una deuda con Sheridan Le Fanu, particularmente con Carmilla y Hesselius. El propio Van Helsing, según el doctor Seward, es afín a la metafísica, pero las semejanzas entre Van Helsing y Martin Hesselius se notan con mayor claridad en sus respectivas fallas profesionales. Podríamos decir que Van Helsing se equivoca al tratar a Lucy Westenra del mismo modo que Martin Hesselius con el reverendo Jennings: ambos dejan a pacientes, física y mentalmente inestables, con personas sin formación médica [ver: Bloofer Lady: la transformación de Lucy Westenra]

Lo de Van Helsing es mucho más grave porque deja a Lucy a cargo de una criada que retira sistemáticamente los crucifijos de la habitación, y de una madre que detesta el olor a ajo y los hace llevar a la cocina. El criado de Jennings, que sepamos, no hace nada que precipite el desenlace del reverendo. De todos modos, creo que Sheridan Le Fanu debió sentir que Hesselius le falló a su paciente, y por eso aclara que salvó a otros cincuenta y siete con el mismo padecimiento.

La idea de que estamos rodeados de seres invisibles que interactúan con nosotros es inmemorial. A veces se «pegan» al cuerpo áurico, a veces te susurran al oído, a veces se alimentan de emociones, pero en ningún caso recuerdo algo similar a Té verde. De hecho, si permutáramos el té verde [agente causal / estimulante] por una sustancia psicoactiva, tendría más lógica en nuestra época, pero en tiempos de Sheridan Le Fanu la combinación entre el misticismo de Emanuel Swedenborg y el té verde, aparentemente, alcanzó para proyectar los impulsos básicos del reverendo Jennings en una forma animal capaz de perseguirlo y atormentarlo.

Es lícito preguntarse si este desagradable mono verde es una alucinación provocada por el consumo de una sustancia combinado con la lectura mística, o bien una prematura y circunstancial apertura del velo que nos separa [y aísla] de estas entidades invisibles. En el caso de Jennings, la criatura procede como un agente que perturba su vida religiosa: salta sobre la biblia, hace muecas grotescas, blasfema, básicamente lo interrumpe. En términos psicoanalíticos, los impulsos y deseos reprimidos del reverendo interfieren con su vocación religiosa porque esta es la barrera que impide que tales impulsos y deseos logren su realización.

Té verde es una buena historia, independientemente de si el mono es real o una alucinación. Sin embargo, al final, Sheridan Le Fanu incurre en un hábito común en su época [1872]: brindar al lector una «explicación científica» [en realidad, pseudocientífica], lo cual siempre parece un gesto condescendiente. No obstante, esta es una historia de Martin Hesselius, y la gente esperaba, después del diagnóstico, una explicación en la sección final, aunque revelara lo que ya estaba implícito en el desarrollo: el té verde abre la mente a cosas que nunca deberíamos ver.

Más aún, Té verde es una buena historia a pesar de atentar contra sí misma. Si barriéramos todos los tintes espirituales, decimonónicos y pseudocientíficos, nos quedaría la historia de un pobre infeliz acosado por una criatura que sólo él puede ver. Y eso es lo que perdura en la memoria después de la lectura. De hecho, si antes de releer el cuento para escribir este informe alguien me hubiese preguntado de qué trataba, hubiese respondido exactamente eso: «la historia de un pobre infeliz acosado por una criatura que sólo él puede ver». Podríamos olvidar fácilmente el resto: Swedenborg, el té, Hesselius.

Me gusta pensar que Jennings es un hombre sencillo con inquietudes místicas, pero fundamentalmente sencillo. Esto queda demostrado en lo rudimentario de su visión sobrenatural: ¿qué podría ser menos terrorífico que un mono verde? ¿Un conejo? ¿Un canario? Es cierto, el simio astral es molesto, te distrae, no te deja leer ni realizar tus actividades con normalidad, pero mi hijo de seis años hace todo eso. Los padres necesitamos un intruso extradimensional más fuerte, un Perro de Tíndalos, como mínimo, para consultar con un especialista [ver: Los Perros de Tindalos y los ángulos del tiempo]

Fuera de broma, el mono verde de Sheridan Le Fanu procede de manera similar a los síntomas de diversos problemas mentales, en especial la esquizofrenia: voces o imágenes intrusivas que acosan al paciente, le sugieren «cosas» [autolesiones, en su mayoría], imposibilitan la concentración, estimulan o generan fantasías religiosas. Hesselius opta por la causa sobrenatural, cuando todos las señales apuntan a lo neurológico; y es bueno que así sea, de otro modo no tendríamos relato, sino un análisis clínico. Sin embargo, lo sobrenatural siempre me parece más tranquilizador. ¿Qué preferirías, enfrentarte a una entidad demoníaca [donde la «cura» es concreta y permanente] o sufrir algún tipo de trastorno psiquiátrico? En este último caso, los monos verdes son mucho más difíciles de erradicar. A veces te acompañan durante toda la vida [ver: E.A. Poe y la Locura como sublime forma de inteligencia]

La depresión también podría encuadrar en el trastorno de Jennings, aunque con menos precisión. En la depresión se puede conceptualizar los pensamientos negativos [como estrategia para lidiar con ellos] pero no se los percibe como agente externos.

Lovecraft escribió un cuento similar a Té verde, aunque en vez de esta infusión emplea la tecnología para abrir el tercer ojo: Desde el más allá (From Beyond), donde tampoco hay monos verdes pero sí gusanos, larvas y parásitos astrales que flotan a nuestro alrededor y se alimentan de nuestros cuerpos, pensamientos y emociones. No sabemos qué hacía el mono antes de que Jennings lo detectara, pero los gusanos de Lovecraft [mucho más extraños y alejados de la visión antropocéntrica de Le Fanu] son inofensivos hasta que Tillinghast se da cuenta de que están ahí [ver: ¡No te metas con la glándula pineal!: análisis de «Desde el más allá»]

A riesgo cometer una injusticia, diría que los horrores de Le Fanu son una variante light, vegana y libre de gluten, de los tropos de Lovecraft. El flaco de Providence, al menos, alerta sobre los peligros de leer el Necronomicón y otros libros prohibidos que conducen a la locura o la muerte. Sheridan Le Fanu ve el mismo peligro en la mordaz metafísica de Swedenborg mientras bebe demasiado té. Sin embargo, como el narrador nunca nos revela el contenido de las investigaciones de Jennings, ni tampoco qué le dice el mono, bien podría estar leyendo a Alhazred y escuchando una y otra vez: «¡Iä! ¡Iä! ¡Cthulhu fhtagn!».




Sheridan Le Fanu. I Taller gótico.


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«Vmbræ Mortuorum»: las Sombras de los Muertos.


«Vmbræ Mortuorum»: las Sombras de los Muertos.




Porque si eran espíritus en formas diferentes y horribles,
se les llamaba Lémures o Espectros.
Si aparecían en semejanza de un difunto, se les llamaba
vmbræ mortuorum.

[Daemonologie, James I de Inglaterra].


Los espíritus de los muertos asumieron diferentes características a lo largo de la historia. En El Espejo Gótico intentaremos examinar estos elementos distintivos, muchos de los cuales forman parte del folclore moderno de lo paranormal.

Para los romanos, los Lémures eran las sombras de los muertos, es decir, espíritus inquietos que interactúan con los seres humanos a través del entorno físico. Forman parte de un grupo más amplio, los larvae [lat. larva, «máscara»], de los cuales se habla mucho en la teosofía y la parapsicología. La palabra latina lemur [pl. lemurum] tiene su origen en la raíz indoeuropea lem, cuyo significado es incierto [probablemente un préstamos de la familia lingüística etrusca], aunque definitivamente está relacionada con el «lado oscuro» de lo espiritual, y puede encontrarse en varios seres mitológicos nocturnos, como las lamias.

Los Lémures, entonces, son espíritus de los difuntos que, por alguna razón, todavía vagan por la tierra. ¿Por qué? Porque no recibieron un entierro adecuado, porque no se les dispensaron los ritos funerarios apropiados, o porque no se les brindó un culto afectuoso. Los Lémures no son el tipo de fantasma solo asusta a los vivos. Su venganza no conoce límites, ni siquiera límites generacionales. No tienen una forma definida; de hecho, son seres liminales, asociados por Horacio y Ovidio a la oscuridad. En realidad, estos dos autores sugieren que el miedo a la oscuridad, universal en el ser humano, se debe a nuestra intuición de que en la oscuridad habitan estas sombras de los muertos.

Así como en la actualidad existen muchos rituales de limpieza espiritual [supuestamente] para desterrar espíritus y malas energías de un lugar, los romanos apaciguaban a estos seres durante la Lemuralia, que duraba tres días. El paterfamilias se levantaba a medianoche y arrojaba unos frijoles negros por encima del hombro. Al parecer, los Lémures se daban un festín, no porque les gustaran particularmente las legumbres, sino porque eran negras, y todas las entidades de la noche demandan ofrendas negras. Si este ritual fallaba había que organizar una batucada con ollas de bronce. Esta noción de que se puede espantar a las entidades sobrenaturales con el ruido del metal se expandió a la Edad Media, donde se creía que las campanas de la iglesia podían espantar incluso a los demonios.

Estaría bien desconfiar de toda criatura sobrenatural que se asuste con el ruido de las ollas, pero la idea aquí es que los Lémures son temibles pero también temerosos.

El Daemonologie [«demonología»], del rey James I de Inglaterra, saca algunas conclusiones interesantes sobre los vmbræ mortuorum [«sombras de los muertos»]. Por ejemplo, el libro sostiene que estas entidades «frecuentan los lugares solitarios porque así pueden desafiar la fe de las personas que se atreven a visitarlos». En otras palabras, los vmbræ mortuorum no embrujan los sitios abandonados y solitarios porque se ven atraídos por ellos, sino porque allí solo van personas de un determinado temperamento y templanza, y es en ellas en quienes están interesados. Esto revierte por completo las actuales leyendas de casas embrujadas [ver: Genius Loci: el espíritu del lugar]

Decíamos que los Lémures romanos pertenecen a la categoría más amplia de larvae, que abarca a una gran cantidad de espíritus incorpóreos, a la cual también pertenecen los Lares. Así como los Lémures son vengativos con los familiares que no los han honrado debidamente después de la muerte, los Lares son los espíritus que sí han sido honrado, y por esa razón permanecen en la esfera doméstica cuidando las casas y sus habitantes. Sin embargo, el Lar está apegado a una ubicación física; en cierto modo, está «atado» a su antigua casa, mientras que el Lemur, también un espíritu humano, no está apegado a ningún lugar, y puede vagar libremente. Esto también invierte los parámetros de la investigación paranormal actual, donde son los espíritus malignos los que están «pegados» a una casa [ver: Espíritus que no abandonan su antigua casa]

Los romanos también creían en los Manes, que también son larvae pero nunca fueron humanos; es decir, no son vmbræ mortuorum. De hecho, los Manes son entidades sin personalidad definida, y no están apegadas a ningún lugar específico, aunque parecen tener cierta predilección por las encrucijadas. Apuleyo estableció la idea de que es la jurisdicción donde actúa un espíritu lo que delata su identidad: si la actividad paranormal ocurre en la casa, es un Lar; si ocurre en un sitio solitario, es un Lémur, si se produce en un lugar aleatorio, es un Manes.

Los vmbræ mortuorum, aunque pueden estar apegados a un lugar físico, son entidades incorpóreas aunque no completamente inmateriales. Su plano de existencia, según la teosofía, es el Kamaloka, una dimensión semimaterial, un limbo donde permanecen las personalidades desencarnadas de los difuntos [kamarupa] hasta que se desintegran por completo. Este estado puede durar desde unas pocas horas después de la muerte, a días, semanas, meses, e incluso años. Según este modelo, los vmbræ mortuorum son exactamente eso, las «sombras de los muertos», no los muertos propiamente dichos, sino ciertos rasgos e impulsos de la personalidad que perduran en el Kamaloka durante un tiempo. Cuando estos impulsos se agotan, está «sombra» de lo que fue una persona en vida, desaparece [ver: Gente Sombra: la verdad detrás del mito]

En general, los impulsos que sostienen a los vmbræ mortuorum son pasiones consideradas «bajas», como el deseo vengativo de los Lémures y el apego material y afectivo de los Lares. En este contexto, el Kamaloka es una localidad astral idéntica al concepto griego del Hades, donde solo habitan las sombras del ser, no el ser mismo. Hablar de «localidad» es, por supuesto, relativo cuando se trata de espíritus, porque el Kamaloka no tiene un área definida, tampoco un límite, sino que existe en este espacio subjetivo más allá de nuestra percepción sensorial.

No solo los vmbræ mortuorum existen en este limbo. También hay entidades no humanas, algunas conscientes y otras sin ningún atisbo de personalidad. Al estar formadas por impulsos «bajos», acechan a los seres humanos para obtener sustendo de la miseria y el miedo. Estos parásitos astrales pueden ser bastante inocuos, más molestos que verdaderamente peligrosos. Eliphas Levi sostiene que estos seres se «pegan» al ser humano en diversos puntos del cuerpo [sobre todo las manos, los hombros y la espalda], y son capaces de manifestarse a través de la nigromancia y la magia negra:


«Estos son los cadáveres aéreos que evoca la nigromancia. Son larvas, sustancias muertas o moribundas (...) pueden hablar, pero solo a través de un tintineo de nuestros oídos, y no razonan, ordinariamente, sino reflejándose en nuestros pensamientos o en nuestros sueños.»


El ocultismo se aferró al concepto de vmbræ mortuorum. Según las artes oscuras, estas «sombras» son los remanentes dejados por el ego después de la muerte del cuerpo físico. Son estos «cadáveres aéreos», como los llama Eliphas Levi, aquellas entidades que se manifiestan en las sesiones espiritistas y otros métodos de comunicación con el otro lado, como la ouija [ver: Ouija: errores frecuentes, peligros y consecuencias]. Al tratarse de remanentes bajos del ego no poseen una gran inteligencia, de hecho, sus mensajes son elementales, cuando no cargados de un lenguaje monótono y vulgar. La teoría es que, al estar liberados de impulsos morales elevados, estos «cadáveres aéreos» pueden manifestarse en su escencia: un principio instintivo, casi puramente animal, aunque capaz de mostrar algún grado de autoconciencia [ver: El Cadáver Astral que tu consciencia dejará atrás]

Lo que queda después de completarse la separación de los principios superiores e inferiores del ser a través del proceso de la muerte son los vmbræ mortuorum. Sin embargo, no son entidades genéricas. Todavía poseen cierto grado de conciencia propia, más o menos indistinta, y sus acciones se asemejan a las de una persona. También poseen un residuo de voluntad, pero como los principios superiores ya han trascendido, los vmbræ mortuorum no se guían por preceptos morales. Solo existen de acuerdo a sus atracciones y desagrados. Si los apetitos «inferiores» [deseos y atracciones materiales] fueron sobrealimentados durante la vida, el «cadáveres aéreo» será más fuerte y capaz de actuar o influir en el plano físico con mayor intensidad [ver: ¿Energía Residual o entidades inteligentes?]

Cuando logran comunicarse con los vivos, ya sea a través de un psíquico, de médium artificial o e la acción directa sobre el plano material, muestran algún grado de saber y conocimiento, pero nada que no sea una repetición mecánica de que la entidad aprendió en vida. Por este motivo, si tomamos todas las supuestas declaraciones hechas por espíritus durante sesiones y canalizaciones, nunca están por encima del intelecto humano.

Los vmbræ mortuorum de personas inteligentes, sabias, pero no particularmente espirituales, conservarán su memoria durante más tiempo. Estas entidades pueden impresionar al invocador por sus aparentes conocimientos, o incluso aterrorizar al incauto que se tope con ellos al usar imprudentemente la ouija, pero en realidad solo están repitiendo lo que sabían en vida. Por esta razón los fantasmas parecen repetir una y otra vez el mismo patrón de comportamiento, las mismas palabras [ver: El verdadero significado de los fantasmas]

Algunos círculos ocultistas sostienen que los vmbræ mortuorum pueden ser ocupados por otras inteligencias que se aprovechan de esa energía remanente y el enlace con personas vivas para manifestarse. De este modo, estas inteligencias no humanas adquieren resabios de una personalidad y una inteligencia humanas. A través de los vmbræ mortuorum pueden experimentar un plano más cercano al nuestro, e incluso contactarse con nosotros, en general con motivos poco amigables, pero sus manifestaciones siempre dejan una sensación de inhumanidad. Si los fantasmas a veces actúan como sonámbulos inmersos en actividades repetitivas, manifestándose aproximadamente a la misma hora y ante las mismas personas, los vmbræ mortuorum que han sido ocupados por inteligencias no humanas actúan de manera aleatoria.

El teósofo C. W. Leadbeater distinguió dos tipos diferentes de vmbræ mortuorum: la Sombra [shade] y el Caparazón [shell]. La Sombra, que no es el alma del difunto ni el individuo real, sino un remanente de su personalidad; «no sólo lleva su apariencia personal exacta, sino que posee su memoria y todas sus pequeñas idiosincrasias, por lo tanto, puede ser fácilmente confundido con él, como de hecho ocurre con frecuencia en las sesiones de espiritismo».

El Caparazón es «el mero cadáver astral en las últimas etapas de su desintegración, habiendo abandonado cada partícula de su mente». Carece de conciencia, de inteligencia y, según Leadbeater, «se desplaza pasivamente sobre las corrientes astrales». Puede, sin embargo, ser ocupado por otras entidades más «densas», e incluso «realizar una espantosa parodia de la vida si llega a estar al alcance del aura de un médium». Cuando es contactado por una sesión, evocación o la ouija, el Caparazón todavía se parece a su personalidad difunta, «e incluso puede reproducir hasta cierto punto sus expresiones familiares», pero todo esto no es más que un automatismo, sin una conciencia real detrás.

Annie Besant también distingue a los vmbræ mortuorum en Sombras y Caparazones, entidades que repiten los pensamientos, maneras y acciones que el difunto manifestó durante su vida en la tierra, pero que no son el individuo en sí. En este contexto, los vmbræ mortuorum no originan pensamientos nuevos, ni emociones que no sean ecos de las que tuvieron en vida. Son «meras formas animadas», dice Annie Besant. ¿Animadas con qué? «Con lo que podría llamarse un recuerdo de la vida pasada en la tierra, repitiendo una y otra vez las acciones e impulsos más materiales que los dominaron durante su existencia física». El verdadero ser avanza, trasciende, y deja atrás estos vmbræ mortuorum flotando a la deriva en el astral.

Ahora bien, el ocultismo sostiene que los vmbræ mortuorum son aquellas presencias fugaces que conocemos como «fantasmas», las cuales pueden ser captadas por personas sensibles o relativamente psíquicas. Por lo general, estas presencias son percibidas como amenazadoras; producen miedo, inquietud, precisamente porque están constituídas por los residuos más bajos del ser; en otras palabras, nuestra peor parte. La «mejor parte», por llamarla de algún modo, la parte constituída de emociones elevadas, como el amor, tiene una experiencia post-mortem «pacífica y soñolienta», según Annie Besant, una especie de letargo, de semiconsciencia, que termina en el despertar a un nuevo plano.

Las vmbræ mortuorum, en cambio, todavía poseen un vínculo más o menos fuerte con el plano material, y pueden sentirse atraídas por el dolor de sus familiares y amigos. Si se les ofrece un canal de comunicación con el plano físico adquirirán mayor consistencia, y sus manifestaciones se volverán más intensas y aterradoras. Llenas de anhelo por la vida terrestre, por los placeres pero también por los sufrimientos de la corporalidad que no pueden saborear en ausencia de un cuerpo físico, pueden volverse agresivos [ver: Las 8 fases de la Actividad Poltergeist]

Probablemente todos los no-muertos de las leyendas [vampiros, ghouls, strigoii, draugar] son aproximaciones filosóficas al concepto de vmbræ mortuorum. Tales seres, sin embargo, todavía poseen la memoria del difunto, y hasta cierto grado están ligados a la tierra, al igual que los larvae de los que hablamos anteriormente. Esta idea de un estado intermedio, límbico, entre la vida física y la vida espiritual, constituída por los remanentes del ser, se repite en todas las mitologías.

En casos extraordinarios los vmbræ mortuorum adquieren la suficiente densidad como para hacerse visibles. Se los puede «ver» como una sombra o un vapor por el rabillo del ojo, desvaneciéndose cuando se los mira directamente [ver: Ver fantamas por el rabillo del ojo]. Pueden agruparse e infestar ciertos lugares, y aunque sean capaces de infundir temor, en realidad no poseen demasiadas herramientas para causar daño real. Le temen a las corrientes de aire, a la luz, el fuego y los cuchillos. El miedo, que es una forma de reconocimiento de su presencia, los alimenta, obteniendo así mayor fuerza; sin embargo, son mucho más frágiles de lo que parecen.

Otro tipo de vmbræ mortuorum prefiere el sigilo. No se manifestarán abiertamente, sino que permanecerán en la órbita de ciertas personas, vigilándolas, excitando comportamientos que debilitarán a su víctima, obteniendo de ellas mayor sustento [ver: Entidades astrales que se alimentan de pensamientos negativos]. Si sus presas practican la magia [wicca, adivinación, chaos, etc] harán predicciones falsas, presentándose como entidades poderosas, incluso demoníacas. Ahora bien, una persona psicológicamente estable solo sentirá miedo, pero aquellos que se encuentren en una situación difícil [duelo, depresión, etc] pueden llegar a obsesionarse. Los vmbræ mortuorum solo pueden obrar de este modo cuando la persona viva le da un lugar en su mente, generalmente a través del miedo [ver: Cómo protegerse de las entidades del bajo astral]

Este es el riesgo de las prácticas mágicas que advierten todos los grimorios: la psique humana es inexpugnable, no puede ser invadida sin la voluntad de su dueño. Si a estos seres se les permite entrar, no se irán sin dar pelea. Pueden producir pensamientos negativos, que se perciben como externos; excitan las pasiones bajas y sofocan el sentido moral. Es como si reorganizaran nuestra estructura mental para volverla más acogedora. Las ceremonias y rituales de limpieza y destierro practicados por terceros son inútiles en estos casos. Es la voluntad que los dejó entrar en primer lugar la que debe retirar la invitación [ver: Apego espiritual: causas y síntomas]

Las personas sensibles deben lidiar a menudo con los vmbræ mortuorum, a veces conscientemente, otras a través de sueños. En estos casos son frecuentes las pesadillas con seres amorfos, gelatinosos, que se adhieren al cuerpo, sobre todo a las manos [ver: Entidades, larvas, gusanos y parásitos del bajo astral]. La corriente «moderna» [aunque tiene unos 100 años], sostiene que la mejor forma de sacarse de encima a estos seres es «dándoles amor». Si una de estas cosas se pega a tu cuerpo lo último que quieres hacer es «darle amor». ¿Espantarías a un mosquito diciéndole que lo amas? ¿Eso impediría que siga haciendo aquello que es su naturaleza? Pero, suponiendo que fuese posible despejarse a estas babosas enviándoles vibraciones de amor, ¿eso no significa que encontrarán alimento en otra persona? No, lo mejor en estos casos es arrancarlos de cuajo, sin sentimientos de ninguna índole, ni de amor ni de odio. Como si aplastaras a un mosquito mientras está picándote [ver: Entidades del Plano Astral que se «pegan» al aura]

Las formas astrales bajas asumen en sueños este tipo de formas arquetípicas [gusanos, larvas, babosas, seres tentaculares], según algunos, debido a lo lentas y densas que son las cosas en los planos inferiores. No es infrecuente soñar que estas babosas se arrastran por la cabeza del soñador y entran en sus oídos, o bien que penetran en su cuerpo por otros orificios, a veces naturales, otras producidos por sus afilados dientes [ver: Vermifobia: gusanos y otros anélidos freudianos]

Es interesante notar que esta aproximación a la existencia post-mortem es similar en varios aspectos a las creencias de la Antigua Grecia. Los griegos tenían más de un término para referirse al alma, aunque ninguna abarca por completo nuestra idea actual de lo que supuestamente es el alma. Por un lado, usaban el término psyche, que refería al aliento; sin embargo, no denotaba el acto de respirar sino la exhalación final en el momento de la muerte, el último aliento. Los griegos también empleaban el término thumos: la voluntad, la fuerza vital de una persona; y eidolon, un reflejo plenamente realizado del individuo en el más allá. Según los mitos griegos, cuando una persona muere, su psyche se libera de las ataduras de su cuerpo físico y viaja al Hades, donde vive como una skiá [σκιά], que significa «sombra».

El Hades también tiene algunos puntos en común con los distintos sustratos del plano astral. En primer lugar, Hades proviene del griego aïdes [«lo nunca visto»], posee diferentes regiones [los Campos de Asfódelos, los Campos Elíseos y el Tártaro] y no es un lugar de castigo ni de recompensa. Los Campos de Asfódelos eran el destino de la mayoría de las personas, donde existían como skiá, «sombras», versiones espirituales pero incompletas de los originales vivos, sin cuerpo ni poder de pensamiento, muy similares al concepto de vmbræ mortuorum, y cuya única actividad era deambular sin rumbo y sin una memoria de su existencia terrenal. Los Campos Elíseos era el lugar adonde iban las personas especialmente heroicas o virtuosas. Eran lugares luminosos, llenos de belleza, música y alegría, como los planos superiores del astral. El Tártaro, por otro lado, era donde iban las personas particularmente malvadas, un sitio oscuro, frío y desolador; donde sus habitantes estaban atrapados en un círculo interminable de torturas relacionadas con las atrocidades que cometieron en vida.

La noción griega de skiá, esta «sombra» de una persona muerta que reside en otro plano, también era común en otras culturas. Incluso el cristianismo creía originalmente en este modelo. En los mitos bíblicos, los vmbræ mortuorum son conocidos como tsalmaveth [«sombra de muerte»], un nombre alternativo del Sheol, especie de Hades hebreo, un lugar subterráneo al que todos los seres humanos descienden. La sugerencia es que el Sheol es una instancia inmediata después de la muerte, y quienes descienden a este reino no recuerdan nada, ni siquiera a Yahvé. Las personas virtuosas trascienden este reino, pero otras permanecen allí como «sombras». Al igual que los vmbræ mortuorum, estas «sombras» podían invocarse a través de la nigromancia, aunque tales prácticas, como en la mayoría de las culturas, estaban prohibidas.

El concepto de vmbræ mortuorum resulta interesante por varias razones. En primer lugar, sitúa a la muerte física no como un corte abrupto de la vida, sino como una instancia en un proceso mucho más largo. Así como el cuerpo físico comienza a descomponerse después de la muerte, los vmbræ mortuorum también tienen una existencia limitada y sujeta a un proceso de desintegración espiritual. El verdadero «ser», si es que puede ser llamado de este modo, va liberándose de distintas capas que oscurecen su verdadera esencia. Eso plantea varios problemas. Aquello que consideramos como Yo no está compuesto únicamente de nuestros valores morales más elevados; por lo tanto, lo que por fin alcanza las regiones más puras de la existencia post-mortem difícilmente puede llamarse Yo. Probablemente sea un sujeto que nuestra madre no reconocería.

Ahora bien, la actitud desorientada de los vmbræ mortuorum ante su entorno, similar a la de los fantasmas de la cultura popular, está plenamente justificada. Quiero decir, en el plano físico hay una buena cantidad de suposiciones que puedes hacer que indican que el mundo a tu alrededor no se está desarrollando solo en tu cabeza. Es cierto, un árbol no es solo lo que vemos, esto es más bien una perspectiva, pero al menos es una perspectiva compartida. Los vmbræ mortuorum no tienen esta ventaja. No pueden interactuar con otras entidades como ellos, de modo que les resulta imposible establecer qué es objetivamente real [en términos de una experiencia colectiva en la que eres un participante más] y qué es imaginario. De modo que si ves a uno de estos simpáticos despojos atravesando una pared, o llorando en un rincón oscuro de tu casa, piensa en lo difícil que debe ser existir mientras te desintegras poco a poco, sin sentido del yo, pero con la apariencia de la persona que fuiste, con retazos de memoria, pequeñas idiosincrasias, y sin poder hacer ninguna suposición que distinga lo externo de tu mente [ver: ¿Los fantasmas saben que están muertos?]




Consultorio paranormal. I Bestiario astral.


Más literatura gótica:
El artículo: «Vmbræ Mortuorum»: las Sombras de los Muertos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Olores paranormales: ¿recuerdos olfativos o signos de visitación?


Olores paranormales: ¿recuerdos olfativos o signos de visitación?




¿Alguna vez te has despertado con el olor de la colonia o perfume de alguien que ha muerto? ¿Olor a flores cuando no tienes plantas en casa? ¿Huevos podridos? ¿Azufre? ¿O quizás el olor familiar de tu perro de la infancia cuando ya no hay animales en casa? Si es así, es muy posible que hayas tenido una experiencia paranormal, y ni siquiera hayas sido consciente de ella [ver: Entidades que se manifiestan a través del aroma]

Los olores fantasma son un componente más en el ámbito de las investigaciones paranormales, aunque sigue siendo una experiencia muy personal e imposible de registrar objetivamente [ver: El olor de los fantasmas y los olores fantasma]. Estos olores paranormales a veces cuentan una historia, poniendo un sello de tiempo en una vida que alguna vez se vivió. Comencemos con una experiencia [que no será la única en este artículo] que recientemente llegó al Consultorio Paranormal de El Espejo Gótico.


[Hace unos años, mis padres decidieron hacer un viaje, dejándome la casa solo para mí y mi perro durante una semana. Habían pasado unos tres días desde que se fueron y yo acababa de salir de la facultad. Cuando llegué a casa estaba bastante oscuro. Lo primero que noté fue que podía ver luz a través de la ventana de la sala de estar, lo cual era extraño, pero cuando entré rápidamente me di cuenta de que todas las luces de la casa estaban encendidas. Todas. Sin pensar mucho en eso, las fui apagando, dejando la luz de la sala y la cocina encendidas.

Entonces me golpeó un hedor abrumador, un olor tan asqueroso y acre que hizo que se me humedecieran los ojos. Esa debería haber sido una señal para irme de ahí, pero no lo hice. Fui a buscar a mi perro, el cual estaba acurrucado en un rincón de la sala de estar, estresado hasta el punto de que había vomitado en el suelo. En ese momento el olor solo había empeorado y tenía una terrible sensación de miedo que no podía describir. No sé cómo, pero logré reunir el valor suficiente para revisar cada habitación.

Comencé con el baño, la habitación de mis padres. No sucedió nada importante, pero cuando llegué a mi cuarto pude sentir algo mirándome desde atrás. Cuando giré la cabeza, por supuesto, no había nada. Salí de ahí apagando las luces y cuando caminaba de regreso por el pasillo lo sentí de nuevo, pero esta vez, cuando me di la vuelta, lo vi. Este horrible ser de aspecto podrido, o quemado, estaba parado justo afuera de la habitación de mis padres. Me paralicé de miedo. Sus ojos eran casi humanos pero muy hundidos y pude ver la piel oscura y carbonizada colgando de su rostro. No tengo idea de cuánto tiempo estuvo así, supongo que durante unos segundos. Cuando la cosa desapareció, el hedor que hasta entonces me había estado quemando las fosas nasales, desapareció con ella.
]


Los olores inexplicables asociados a las experiencias paranormales incluyen alimentos, pan o pasteles recién horneados, tabaco, olor a quemado, colonia, perfume, desodorante, olores corporales y, ocasionalmente, olor a huevos y carne podrida [ver: El olor de los ángeles, demonios, espíritus y fantasmas]. Algunos investigadores creen que una casa, sobre todo aquellas que poseen mucha madera en su interior, pueden absorber estos olores y reproducirlos en ráfagas cortas. Los escépticos, por supuesto, razonarán que no hay nada paranormal en ello. Tal vez, pero estos olores siempre parecen estar relacionados con un antiguo residente que ha fallecido. ¿Quién sabe? Tal vez sean una especie de tarjeta de presentación [ver: Señales de que hay un espíritu en tu casa]

Los encuentros con fantasmas suelen ir acompañados de olores terrenales, como el persistente aroma de una loción para después del afeitado o una particular marca de cigarrillos, o tal vez algo más agradable [y victoriano en cierto modo] como un perfume. Lo cierto es que la mayoría de las personas que aseguran haber visto a un fantasma a menudo describen haber notado una fragancia abrumadora, placentera o desagradable, antes o después. Al igual que los fantasmas, el olfato es una experiencia casi imposible de capturar; ambos, sin lugar a dudas, están ahí, pero tampoco se pueden mostrar o probar a nadie una vez que se desvanecen. Solo puedes usar tus palabras.


[Mi esposa despertó una vez por un olor abrumador que ella describió como «olor de abuela», desde ya, refiriéndose a su abuela fallecida. El olor que emanaba de su lado de la cama era tan denso que casi me enfermó, aunque a mi esposa le parecía agradable. Luego, con la misma rapidez, desapareció. No era el olor de ningún perfume que usara mi esposa. Durante las siguientes semanas, ese olor, que solo puedo describir como «a persona vieja», emergía repentinamente y luego desaparecía con la misma rapidez.]


Aunque normalmente pensamos en los perfumes como algo agradable, están profundamente entrelazados con nuestra propia mortalidad, utilizados [al menos mientras estamos en este plano] para enmascarar el hecho de que existimos dentro de cuerpos que sudan y excretan. En este contexto, los olores fantasma suelen ser igualmente intensos. Aún cuando aparentemente nos traen una fragancia agradable, como a flores, debajo de su superficie resultan abrasivos [ver: El aroma de jazmines invisibles]

Ahora bien, es bastante común escuchar que alguien ha tenido algún tipo de experiencia paranormal. Nada extraordinario. Cosas como «vi una sombra por rabillo del ojo» son frecuentes. Es decir que el sentido de la vista es el primero que se invoca cuando se trata de fantasmas y espíritus. De hecho, si uno debiese preguntarle a alguien si tuvo una de estas experiencias probablemente lo haría diciendo: «¿Alguna vez viste un fantasma?». Menos referenciado es nuestro sentido del olfato. Nadie pregunta: «¿Alguna vez oliste un fantasma?». Sin embargo, este tipo de experiencias son mucho más comunes de lo que pensamos, solo que también son las más fáciles de descartar, o de explicar como consecuencia de causas naturales, aunque el rastro de un perfume viejo, el aroma de las velas, humo, vino, o cualquier otra sustancia asociada a una persona fallecida, es muy difícil de explicar cuando emerge repentinamente [ver: Cuando algo invisible te respira en la cara]

Claro que los olores pueden aferrarse a las cosas y liberarse al azar. La nariz puede confundirse mucho a veces y luego mezclar aromas de manera extraña y procesarlos como otra cosa. Además, los olores están increíblemente bien vinculados a los recuerdos. Oler algo en particular puede despertar toda clase de emociones, incluso de recuerdos extremadamente vívidos [ver: ¿Energía Residual o entidades inteligentes?]

Dicho esto, los olores fantasma están en la categoría de origen paranormal menos probable. La experiencia es tan personal como intransferible, y son demasiadas las causas naturales que pueden producirlos. Si vemos a los espíritus como formas incorpóreas de energía, parece menos probable manifestar un olor que arrojar una mesa al otro lado de la habitación. Pero arrojar una mesa es un acto voluntario, y los olores paranormales, quizás, son tan involuntarios como el aroma que desprenden nuestros cuerpos. Tal vez estas formas de energías [fantasmas, espíritus, o como quieras llamarlos] simplemente emiten ciertos olores con su presencia. Tal es así que algunos consideran que los olores fantasma pueden ser un signo de visitación.


[Cuando mi abuelo murió pudimos olerlo junto a la puerta de mi cuarto durante dos días después de enterrarlo. Nunca había estado en mi casa, y mucho menos en mi cuarto. Siempre íbamos a visitarlo. Tenía un olor distintivo, como la mayoría de la gente.] [ver: Hay una entidad en mi habitación]


Ante esto solo quedan dos caminos: atribuirle todo el asunto a nuestro cerebro, lo cual sería lo más racional; o reconfortarse con la visita; desde ya, saludando y recordándole a la persona fallecida que es amada y extrañada, nunca invitándola a quedarse como medida de precaución [ver: Invité a un demonio a mi casa]. Son muchos los grimorios que sostienen que las entidades demoníacas son capaces de imitar el aspecto, la voz y el olor de nuestros seres queridos que han fallecido, probablemente para ganarse nuestra confianza y conseguir acceso a nuestro hogar.


[Ayer, poco después de las 3 de la madrugada, me desperté con el hedor más horrible e irreconocible, una mezcla de cosas asquerosas, como orina y huevos podridos. Se demoró tal vez durante un minuto o dos, luego desapareció por completo. No hay nada con lo que pudiera compararlo, era solo repugnante.]


En la Edad Media existía la creencia de que despertarse a la madrugada por un mal olor, a veces a quemado, otras a azufre o a huevos podridos, era una señal inequívoca de una presencia demoníaca. En este sentido, la mayoría de los tratados demonológicos coinciden en afirmar que, si bien los demonios y otras entidades no humanas pueden asumir una forma agradable a la vista, incluso la de un ser querido o una persona amada, pero no pueden disimular su mal olor [ver: Infección Astral: casas tomadas por los espíritus]

En cuando a los olores paranormales, en general, son tan intensos y, alternativamente, agradables o desagradables, que quienes los experimentan dejan de lado sus sensaciones para centrarse únicamente en el olor. Es muy importante tratar de analizar cómo nos sentimos si acaso nos sucede una experiencia de este tipo, cómo se siente la energía del lugar. Esto puede ser un indicador claro del origen del olor, si es que de hecho no tiene causas naturales. El miedo, sobre todo, es una señal para prestar atención [ver: Parásitos astrales y las «malas energías»]

Ahora bien, cuanto más desagradable sea un olor paranormal más nos dirá sobre la intención negativa de la entidad, no sobre su naturaleza. Un olor fantasma desagradable puede deberse a la emoción violenta de una entidad que, de hecho, es inofensiva, incluso un ser querido que no nos haría daño, pero que por alguna razón se encuentra confundido o enojado. Por lo demás, algunos espíritus son simplemente curiosos, y no poseen la fuerza suficiente para manifestarse. No obstante, algunas personas sensibles pueden detectar fácilmente su olor [ver: Un espíritu está tratando de comunicarse conmigo]

También hay entidades que intentan por todos los medios seguir presentes en su vieja casa. El «olor fantasma» es un componente familiar en estos casos:


[Recuerdo que, después de que mi padre falleció, todavía lo sentía muy cerca. Constantemente olía a cigarrillos y también a su perfume. Realmente me consoló, porque esos olores lo hacían sentir como si todavía estuviera con nosotros.]


Los espíritus arraigados a una casa suelen manifestarse más activamente cuando se realizan remodelaciones, incluso cuando se cambian los muebles de lugar [ver: Espíritus que no abandonan su antigua casa]. Algunos de ellos realmente creen que siguen viviendo en nuestro plano. En estos casos, el olor es una reacción. Es como si alguien entrara a tu casa cuando estás vivo y simplemente decidiera cambiar la disposición de los muebles sin consultártelo. A veces, durante una remodelación de la casa, la actividad puede intensificarse enormemente, y algunos espíritus pueden enojarse bastante.

Sin embargo, cuando se trata del espíritu de un ser querido, no de un antiguo propietario sobre el cual no tenemos ningún conocimiento, la actividad será, digamos, respetuosa. No intentarán asustarte, pero sí anunciar su presencia y su disgusto a través del olor.


[Volvimos de un viaje y mi habitación olía a mierda, a algo muerto, como un pez o una rata. Era un olor extremadamente fuerte y nunca pude encontrar la fuente. Literalmente volteamos mi habitación patas para arriba para encontrar la causa, pero no pudimos. Desapareció de un momento a otro. Si hubiese sido un olor del exterior, hubiese estado en cualquier otra habitación, como la de mi madre o mi hermana, pero solo se olía en la mía.]


No todas las personas pueden detectar los olores paranormales, algunas, de hecho, parecen ser inmunes a ellos. Estos olores pueden ser señales de visitación, por ejemplo, de un difunto, pero hay casos donde los orígenes del olor son mucho más siniestros [ver: Espíritus y «ambientes cargados»]

Aquellas personas que sí son capaces de percibir los olores fantasma no necesariamente lo hacen a través de la nariz. ¿Alguna vez has notado que, cuando piensas en un pariente fallecido, o en un momento o un lugar de tu vida, puedes percibir aromas asociados? Si la respuesta es afirmativa, probablemente formás parte de este grupo de personas capaces de oler algo que no proviene de su entorno físico. Todo en el universo resuena a través de frecuencias de energía, incluido el olor.

Dependiendo de la situación, la experiencia puede variar desde sentirse reconfortado por el aroma a naftalina del recuerdo del armario de tu abuela, hasta la sensación de ansiedad o miedo cuando percibís un hedor espantoso, como el azufre, generalmente en presencia de un espíritu demoníaco o una entidad enfurecida. Como el sentido del olfato en la vida real, es una experiencia evocadora, fuertemente anclada a tus emociones.

Es mucho más probable que experimentes olores paranormales por la noche; y la única forma de diferenciarlos de los olores terrenales [además de examinar el área] es analizando las emociones que te despiertan. Por ejemplo, no creo que te sientas aterrorizado si hueles mierda, pero en el caso de tratarse de un olor paranormal lo más probable es que el miedo forme parte integral de la experiencia.

Si un difunto está tratando de anunciar su presencia, lo más normal es que sientas su olor característico. Quizás no puedas racionalizarlo, ni explicarlo, pero cuando lo hueles sabes que es esa persona. Si crees que estás teniendo una de estas experiencias seguramente recordarás cómo olía la persona cuando te abrazaba, o aromas familiares asociados, como su comida favorita o su perfume. Cuando no es una entidad conocida, el olor puede ser indefinible, precisamente porque no tiene ningún recuerdo asociado en tu mente. Puede percibirse simplemente como un olor masculino o femenino, pero sin demasiados matices.

Los olores terrenales también son una antigua forma de protección contra estas entidades. Por algo se sigue utilizando el sándalo, el incienso y la mirra. Al parecer, estos olores resultan sumamente desagradables para las entidades del bajo astral; y si bien no impedirán que se acerquen, hará que les resulte mucho más difícil e incómodo, tal es así que probablemente dejen de molestarte. Esto es especialmente importante si desarrollas algún tipo de investigación paranormal para asegurarte de que no sufras un apego espiritual, es decir, que no termines llevándote estas energías negativas a casa contigo [ver: Apego espiritual: causas y síntomas]

Los olores paranormales desagradables siempre indican la presencia de un espíritu oscuro. No se trata aquí de un mal olor, sino de algo verdaderamente repugnante, que quema en las fosas nasales y que instintivamente nos genera el impulso de salir corriendo, aunque la reacción puede ser diferente de una persona a otra. En cualquier caso, notarás reacciones físicas ante ciertos aromas paranormales emitidos por entidades oscuras.

Son muchas las personas que pueden percibir olores y aromas sin un origen físico y nunca sospechar que están teniendo una experiencia paranormal. De hecho, cuando los olores se vuelven más y más desagradables con el transcurso del tiempo, posiblemente se deba a que no estás entendiendo el mensaje, ni siquiera aceptando que hay una entidad cerca con el deseo de manifestarse y comunicarse.

A menudo, la experiencia es breve: percibes un cierto perfume, un olor a comida o un aroma específico, que puede ser tan agradable como el de las flores o tan repulsivo como el olor a humedad y moho. En todo caso, es un olor muy distintivo. Aparece rápidamente y te envuelve, casi siempre desatando una serie de reacciones emocionales y recuerdos, cuando se trata de un ser querido que ha muerto. La mayoría de las veces es una experiencia inofensiva; tanto es así que probablemente la descartes a los pocos días. Sin embargo, también puede producir sensaciones muy significativas... o aterradoras.




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


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Apego espiritual: causas y síntomas


Apego espiritual: causas y síntomas.




El Apego Espiritual, o Spiritual Attachment, se define en términos simples como una persona que tiene algún tipo de energía indeseable o entidad conectada a ella. Los Apegos Espirituales son un fenómeno muy interesante, e involucran a una gran cantidad de energías sutiles, negativas, que pueden variar en poder y tener diferentes efectos potenciales (ver: Un caso de «apego espiritual»)

En el chamanismo existe el concepto de «grietas», las cuales se conocen en la parapsicología como «heridas áuricas». Estas grietas son pequeñas aberturas o heridas en el cuerpo energético que rodea y atraviesa a la persona, y que pueden ser causadas por una gran variedad de razones, Estas son aprovechadas por entidades negativas para adherirse a la persona, como si fueran parásitos (ver: Parásitos astrales y las «malas energías»). El Apego Espiritual ocurre todo el tiempo. Inconscientemente, nuestras acciones y hábitos están invitando y alimentando a estas entidades.

Sin embargo, la razón por la cual es tan común tener Apegos Espirituales es porque estas entidades se pegan a nuestro cuerpo energético después de un trauma. Los traumas crean grietas o escisiones en nuestro campo energético. Los espíritus inferiores aprovechan estos momentos de vulnerabilidad si no estamos protegidos o conscientes de ello. Esto es muy común y le sucede a casi todo el mundo, por lo que nadie debería sentirse culpable o avergonzado; esencialmente, es un proceso que sucede por debajo de nuestro nivel de conciencia. Una vez que somos conscientes de la situación, podemos tomar las acciones necesarias para liberarse de estos apegos espirituales (ver: Espíritus que se pegan a las personas)

Ciertas corrientes, con las que no estamos completamente de acuerdo, sostienen que los pensamientos son vibraciones, y que esas vibraciones atraes entidades que resuenan en sintonía con ellas. En este contexto, los pensamientos afectan la condición del cuerpo energético; y cuando estos se vuelven el alimento de parásitos astrales, es probable que la persona empiece una repetición interminable de patrones de comportamiento que resuenan con estas entidades bajas. En otras palabras, te vampirizan; lentamente al principio, pero a medida que el proceso se acelera las cosas pueden volverse realmente difíciles, porque estas entidades son insaciables (ver: Cómo y por qué algunas entidades se «pegan» a las personas)

Ahora bien, históricamente se creía que el Apego Espiritual era una consecuencia de malos hábitos, pero en realidad esto se relaciona más con cierto grado de inconsciencia sobre la Sombra, en términos de Carl Jung. En otras palabras, cuanto menos conscientes seamos de nuestro lado oscuro, de nuestras tentaciones, más sencillo será para estas entidades adherirse a nosotros y, una vez allí, comenzar a programarnos poco a poco para que nuestro comportamiento se ajuste a la vibración de energía que necesitan. Al adquirir consciencia de ese lado oscuro, podemos detectarlas mucho más fácilmente (ver: Entidades astrales que se alimentan de pensamientos negativos)

La mayoría de las personas están tan atrapadas en su perspectiva de la realidad que pueden pasar toda una vida siendo alimento de entidades bajas, aunque todos, en mayor o menor medida, somos platos potenciales, porque los apegos espirituales usarán cualquier grieta o herida en el aura para adherirse y, a partir de allí, comenzar a trabajar lentamente (ver: Entidades del Plano Astral que se «pegan» al aura). Aprender a reconocer e identificar tus propios patrones mentales es, esencialmente, adquirir consciencia en términos amplios; y esa apertura es justamente lo que le cierra las puertas a las entidades negativas. Este proceso no concluye, es un trabajo constante, doloroso, porque todo a tu alrededor tiende a incitarte a volver a dormir.

Los síntomas de apego espiritual más comunes varían en grados, desde aquellos que son apenas perceptibles hasta causar verdaderos estragos a nivel físico, mental y espiritual. Los espíritus apegados pueden influir en los sentimientos y las percepciones. En los casos más graves, podrías escucharlos como voces agresivas en tus pensamientos, algo característico de los espíritus inferiores y uno de los síntomas del brote psicótico. Ahora bien, los espíritus solo se pegan a las personas que están dispuestas a cooperar, y esa cooperación ocurre al nivel inconsciente más profundo (ver: Cómo protegerse de las entidades del bajo astral)

No solo las personas cargadas con emociones negativas y resentimiento son el objetivo de las entidades bajas. Las personas empáticas también son un bocado apetecible, en cierta forma, están más abiertas a este tipo de influencias. Es decir que el apego espiritual no tiene nada que ver con la bondad de una persona, o con su malicia, sino con su grado de desconocimiento sobre sí misma.

Existen, decíamos, diferentes tipos de apegos espirituales. Uno de los más comunes tiene que ver con las Entidades Terrenales, es decir, con el espíritu de una persona muerta que no abandonó este plano.

Una de las razones por las que un espíritu puede estar ligado a la tierra son las adicciones, y buscará a cualquier persona viva que le permita adherirse a ella para seguir experimentándolas. Otro ejemplo puede ser un pariente muerto, o alguien a quien amamos, que quiere permanecer cerca tuyo. Pensemos, por ejemplo, en un abuelo que fallece pensando que todavía tiene que proteger a sus nietos, y parte de su Cadáver Astral tratará de adherirse a ellos para cumplir lo que cree es su misión (ver: ¿Los fantasmas saben que están muertos?)

En resumen: las Entidades Terrenales son energías espirituales que alguna vez tuvieron un cuerpo físico. Tienden a no entender o a no aceptar que han sufrido una muerte física. Las Entidades Terrenales pueden o no ser conocidas por la persona a la cual se pegan. No todos tienen malas intenciones, y de hecho la persona las invita a unirse sin darse cuenta. Esto sucede en el momento de la muerte física, y del dolor de la persona que de algún modo invita al espíritu a que se quede con ellas. Si bien no todos los espíritus aceptarán esta invitación, algunos lo harán (ver: Entidades que se obsesionan con los vivos)

Cortar este tipo de apego espiritual no suele ser difícil, ya que tanto la persona como el espíritu comprenden que sus buenas intenciones son inapropiadas para el bien superior de cualquiera de las dos. Una vez que ambas partes entienden esto, y están de acuerdo en que es hora de soltarse y seguir adelante, el apego espiritual se corta rápida y fácilmente. Sin embargo, en casos raros, un espíritu puede tener miedo de separarse y, por lo tanto, resistirse a abandonar a la persona (ver: ¿Energía Residual o entidades inteligentes?)

A veces, el apego espiritual no se produce sobre una persona, sino en un lugar. En efecto, hay entidades que se pegan a ciertos lugares, y suelen ser bastante agresivas y territoriales. Esto ha dado lugar al concepto de Genius Loci (ver: Una entidad se «pegó» a mi cuerpo en un cementerio)

Los espíritus desconocidos suelen ser oportunistas que buscan aprovechar una vulnerabilidad dentro de la persona. Se sienten atraídos por un tipo particular de anfitrión e intentan manipular su comportamiento para mejorar esa vulnerabilidad inicial, y lo hacen con poca o ninguna atención por las consecuencias.

A veces el apego espiritual procede de una subpersonalidad, es decir, de una parte de ti mismo que se disocia de tu personalidad principal y existe independientemente de tu consciencia. Normalmente asume la forma de un niño rechazado, vengativo, lleno de resentimiento o sentimientos de abandono.

Otro tipo de apego espiritual ocurre como consecuencia de un Parásito del Pensamiento, relacionado con el concepto de Formas del Pensamiento (Thought Forms), desarrollado por Annie Besant y C.W. Leadbeater. Si estás obsesionado con cierto pensamiento, alimentarlo continuamente creará una Forma de Pensamiento o Tulpa que se adherirá a tu aura o al aura de otra persona. Estas entidades son cuerpos de energía, y están vivas, existen independientemente y se alimentan de nuestra energía como parásitos (ver: El libro de los Tulpas: cómo crear entidades y formas con el pensamiento)

Estos Parásitos del Pensamiento tienen la habilidad de inducir sugerencias, e incluso comandos hipnóticos que colocan en nuestras mentes. La clave de esta táctica es alimentar percepciones erróneas sobre nosotros mismos y los demás, con el fin de crear conflictos internos. Habitualmente se alimentan de nuestras frecuencias más bajas: celos, miedo, codicia, odio, hostilidad, etc.; y hasta logran que lleguemos a identificarnos con estas emociones, provocando ciclos o bucles donde se experimentan las mismas situaciones que bloquean cualquier posibilidad de progreso (ver: El extraño que siempre reaparece en mi vida)

Es importante enfatizar que existe una clara diferencia entre un apego espiritual exterior y las Formas de Pensamiento a los que la persona ha dado forma; si bien en este caso también son entidades adjuntas, derivan de la propia persona.

Probablemente el tipo de apego espiritual más peligroso está relacionado con entidades espirituales no humanas, es decir, aquellas que nunca han tenido un cuerpo físico. Generalmente son desconocidas para la mente consciente de la persona. Rara vez son invitadas, incluso a nivel subconsciente, y, por lo tanto, se unen su anfitrión sin su conocimiento o consentimiento. Si este apego espiritual no se corta adecuadamente, la entidad puede regresar o simplemente unirse a otra persona (ver: Cómo eliminar un parásito astral)

Las Entidades No Humanas son parte de una jerarquía y trabajan en nombre de sus Maestros, sobre los cuales no hablaremos aquí. En esencia, las Entidades No Humanas creen que están manipulando y usando a sus anfitriones, pero en realidad ellas también están siendo manipuladas. De hecho, pueden mencionar su lealtad a sus Maestros, y hasta usar nombres impactantes como Lucifer o Satanás, pero este es un artilugio para causar asombro o miedo. Ellas mismas temen a sus Maestros, tienen miedo de fallarles.

Al ser espíritus que siguen órdenes, pueden tratar de ser persuasivos o autoritarios con nosotros de diversas maneras, pero cuando la persona actúa imperativamente, pueden seguir sus órdenes. En algunos casos, pueden mentir y afirmar que son el Maestro, lo cual puede resultar bastante aterrador. Además, las Entidades No Humanas son maestros en la manipulación, y hasta pueden hacerse pasar por un espíritu benévolo. En raras ocasiones este tipo de apego espiritual puede terminar en una posesión espiritual, total o parcial (ver: Qué siente una persona poseída: síntomas de posesión)

Todas estas diferenciaciones pueden hacernos desviar del concepto principal: la entidad, cualquiera sea su naturaleza, se convierte en lo que se conoce como parásito.

Los síntomas del apego espiritual en el cuerpo físico son variados, pero siempre se manifiestan con mayor o menor intensidad a través del dolor o la tensión en el cuerpo. Algunos de los signos de apego espiritual mas comunes son:

  • Pensamientos intrusivos y obsesivos.
  • Cambios de humor repentinos, inexplicables o inesperados.
  • Cambios emocionales. Estallidos inexplicables de ira o tristeza.
  • Intensificación de hábitos nocivos.
  • Escuchar voces (ver: Algo me llamó por mi nombre)
  • Aumento de peso repentino.
  • Fobias.
  • Sensación constante de agotamiento. Fatiga. Falta de energía.
  • Problemas de memoria y concentración.
  • Trastornos severos de la personalidad.
  • Dolor de espalda (ver: Cuando algo invisible te toca la espalda), cintura y cuello. Migrañas. Dolores abdominales frecuentes.
  • Ataques de pánico o ansiedad.
  • Falta de claridad mental.
  • Insomnio.
  • Sensación de sofocación o presión en el pecho al dormir.
  • Sensaciones extrañas en la piel, como vibraciones y hormigueos. Sensación de que algo se arrastra debajo de la piel (ver: ¿Pueden los espíritus tocarte?)
  • Sensación de estar siendo observado (ver: Sentirse observado: ¿paranoia o fenómeno paranormal?)
  • Comportamientos impulsivos o atracción por situaciones peligrosas.
  • Sentir que algo se arrastra por su cabello (ver: Algo invisible me acaricia el cabello)
  • Percibir o ver formas de energía que se mueven (ver: ¿Por qué siempre se asoman desde los rincones?)
  • Irritación alrededor de las piernas (en mujeres)
  • Sensación de un pinchazo agudo en las piernas, las manos y los brazos.
  • Tus ojos se humedecen y empañan en cualquier momento (un poco como cuando te despertás)

Las entidades son básicamente energía, y en algunos casos también consciencia. Cualquier situación que genere miedo facilitará el apego. Una vez que la entidad logra acoplarse, estimula un desgarro más profundo en el aura, lo cual permite la entrada de otras energías negativas, o incluso que otras entidades se acoplen.

A diferencia de los fantasmas, las entidades adjuntas llevan su interacción con los seres humanos un paso más allá. Se adhieren a las personas a través de cortes, grietas y distorsiones en el aura; y no son fácilmente detectables. De hecho, la mayoría de las personas que tienen entidades pegadas no saben que las tienen, y hasta pueden vivir con ellas durante toda su vida. Es más sencillo sentirlas en las primeras etapas del apego espiritual, pero eventualmente esto puede cambiar, lo cual no significa que la entidad no esté allí. En todo caso, significa que te has acostumbrado a ella.

Los apegos espirituales no siempre tienen que ver con energías oscuras, tal es así que no todos los apegos espirituales son malos en sí mismos. A menudo son antepasados ​​o familiares que te extrañan y desean estar cerca tuyo. Estos espíritus pueden apegarse por razones de consuelo y cuidado. Creen que al unirse a un anfitrión pueden recibir ayuda o proporcionarla; desafortunadamente, en todos los casos absorberán tu energía.

Una buena forma de saber si una entidad está atada a una persona es haciéndose las siguientes preguntas:

¿Sientes algo de calor u hormigueo en lugares específicos de tu cuerpo?

¿Sientes una presión sutil en la piel, como si alguien estuviera muy cerca?

Estos son indicadores de que una entidad está pegada a tu espacio personal , sobre todo si no te sientes como tú mismo la mayoría del tiempo. Todos los apegos espirituales tienen su propia agenda. En muchos casos, la entidad puede alimentarse del caos y las emociones fuertes, pero también podrían preferir otros estímulos. No obstante, y a pesar de estas generalidades, hay un síntoma que se repite en los casos de apego espiritual: los pensamientos obsesivos

Dicho todo esto, el panorama parece desalentador. Es lógico sentirse vulnerable, pero lo cierto es que constantemente estamos en contacto con entidades que no son buenas para nosotros en el plano físico: virus, bacterias, parásitos, pero que no tienen ninguna intención particular de hacernos daño; simplemente están haciendo lo que deben hacer para sobrevivir. Lo mismo ocurre con los apegos espirituales. Estas entidades son seres no físicos con diferentes grados de consciencia. Algunos, de hecho, son bastante conscientes, casi al nivel que uno puede asociar con un espíritu humano recién fallecido, y otros lo son menos, más afines a una conciencia que podríamos encontrar en una planta o un insecto. Simplemente se sienten atraídos por el tipo de energía que les gusta.

Los parásitos más dañinos tienden a ser atraídos por emisores fuertes de energía de orden inferior, como las de la ira, la tristeza y el miedo. Cuando las personas están experimentando momentos de debilidad espiritual, estas entidades aprovechan para adherirse y alimentarse. La dinámica no es distinta de la de un mosquito que se siente atraído por la emanación de dióxido de carbono al respirar. Ahora bien, estas emociones fuertes de las cuales se alimentan los parásitos astrales rara vez serán continuas, de manera tal que la entidad intentará manipular al anfitrión para que continúe dándole el tipo de energía que necesita.

Es importante evitar las curaciones mágicas y los individuos fraudulentos que lucran con la desesperación de la gente. La autocuración no solo es posible, sino que es preferible en la mayoría de las situaciones. Los parásitos astrales prosperan en la creencia del anfitrión en su propia impotencia, por lo que recuperar el sentido de la autodirección es la mejor y más poderosa forma de expulsar a los parásitos astrales del campo de energía y evitar que se acerquen otros nuevos.

Eliminar estas entidades no es como aplastar un mosquito que nos está picando. En los casos más graves, cuando el apego es profundo y duradero, la entidad parasitaria juega un papel importante en la organización y dirección de la vida del huésped. Eliminarla implica hacer un gran cambio de dirección. Si se elimina el parásito antes de que el huésped esté completamente preparado para asumir la difícil tarea de hacer este cambio, las consecuencias de la eliminación pueden ser graves. Es una experiencia aterradora que a menudo resulta en la atracción de otro parásito astral para llenar el vacío.




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