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Apariciones post-mortem.


Apariciones post-mortem.




«Quince apariciones he visto;
la peor, un abrigo colgado en una percha.»

[Las apariciones, W.B. Yeats]



Hace un tiempo en El Espejo Gótico hablamos de las apariciones de crisis, que podrían describirse como visiones de personas vivas en situaciones de enfermedad grave, agonía o peligro mortal. Las «apariciones post-mortem» son visiones de personas fallecidas, en general, poco después su muerte y comúnmente interpretadas como despedidas. Por otro lado, las apariciones post-mortem no tienen por qué ser perturbadoras para quien las experimenta, aunque a veces lo son [ver: Comunicaciones post-mortem]

Por «aparición» se entiende, a grandes rasgos, un fenómeno visible que se asemeja en su aspecto al ser humano que la proyectó. Es un término algo engañoso, al igual que «fantasma». entidad a la cual se le atribuye cierta perduración, como el típico fantasma que ronda por una casa en particular y puede ser visto durante muchos años. En cambio, las apariciones post-mortem se producen una sola vez, durante unos segundos, y en ocasiones manifiestan efectos físicos como mover objetos o interactuar con el entorno, cuestiones que normalmente se asocian al comportamiento de los fantasmas [ver: Señales de que hay un espíritu en casa]

Las apariciones, bueno, aparecen [lat. apparere, «mostrarse»], es decir, son fenómenos visuales que pueden incluir otras manifestaciones sensoriales subordinadas [oído, olfato, gusto y tacto].

Si bien se considera que las apariciones post-mortem no interactúan demasiado con el entorno físico, debemos ampliar esa definición para incluir fenómenos auditivos y olfativos, además de los visuales. Entre los sonidos asociados se encuentran pasos, golpes, y muy ocasionalmente voces,. Entre los aromas se encuentran olores fuertes, no necesariamente desagradables, asociados a la persona cuando estaba viva, como café, perfume, tabaco.

Escasean los casos en los que la aparición diga más que unas pocas palabras, casi siempre nombres propios o lugares, a veces en un tono cordial, otras con un timbre autoritario, incluso irritado. Menos infrecuentes son las experiencias táctiles, desde leves caricias en el rostro, abrazos, a fuertes golpes o tirones de ropa [ver: Cuando algo invisible te toca]

La enorme mayoría de las apariciones post-mortem se producen pocas horas después de la muerte de la persona, aunque esta ventana puede expandirse a días o incluso meses. Interactúan directamente con una o dos personas de su entorno, familiares o amigos cercanos, y suelen tener un propósito explícito, a veces simplemente despedirse, otras comunicar un mensaje.

Cuando se habla de fenómenos paranormales se suele dejar de lado a las apariciones post-mortem por considerarlas experiencias demasiado subjetivas, pero lo cierto es que, más allá de una vaga sensación de presencia, las dos experiencias más comunes durante el duelo son «oír» y «ver» al difunto. De hecho, el duelo parece ser el combustible que permite establecer tal enlace, habida cuenta que las apariciones tienden a disminuir en frecuencia después del primer año desde la pérdida. En cambio, la sensación de «presencia» puede persistir durante muchos años, incluso durante toda la vida [ver: Experiencia aparicional]

El momento más propicio para las apariciones post-mortem no suele coincidir con los instantes de dolor crudo y desgarrador tras la pérdida, no en los momentos de absoluta tristeza y desolación, sino más bien en la desorientación posterior que forma parte del inicio del duelo. El contacto es inesperado e involuntario, es decir, no tiene que ver con la intensidad del dolor ni con el deseo de volver a ver a la persona fallecida. Simplemente ocurre, y cuando ocurre suele ser una experiencia reconfortante.

La literatura parapsicológica es extensa en lo que refiere a las apariciones post-mortem, en parte porque estas experiencias podrían estar relacionadas con el uso o activación de la percepción extrasensorial, en parte porque los fenómenos físicos asociados [sonidos, movimiento de objetos, proyección de sombras] podrían implicar la utilización de psicoquinesis.

Las apariciones post-mortem pueden producirse en cualquier sitio, no solo en la casa donde vivió el difunto. En esencia, están asociadas a una persona. En lugar de ser vistas en el ámbito doméstico, o en sitios donde trabajaron, las apariciones se dirigen a las personas que conocieron en vida. No tienen un vínculo estrecho con los espacios físicos, como ocurre con los fantasmas. La parapsicóloga Louisa E. Rhine acuñó en 1957 el término: «tipo espectador» (bystander-type) para aquellas apariciones que son observadas por un tercero, un espectador, que no es el destinatario del mensaje. Algo así como un testigo casual.

A diferencia del fantasma de la literatura gótica: difuso, hecho de sombras y niebla, las apariciones post-mortem son de aspecto sólido, siendo muy similares o idénticas a la persona cuando estaba viva. Sin embargo, esta «solidez» es aparente, y no está sujeta a las leyes físicas que conocemos. Pueden aparecer y desaparecer en espacios cerrados o atravesar objetos sólidos sin problema.

Los fenómenos táctiles son raros, y nulos cuando son buscados por la persona viva. Los intentos de tocar una aparición cortan de cuajo la experiencia, pero a veces la diluyen progresivamente. Por ejemplo, la aparición se presenta con un obstáculo entre ella y el testigo [un mueble, el cristal de una ventana, una calle], o bien evita el contacto. Siempre parece estar fuera del alcance de la mano, como si uno se estirara indefinidamente, hasta que por fin desaparece en un punto inaccesible. Esto resulta difícil de imaginar, pero quizás las apariciones post-mortem traigan consigo una distorsión más o menos aguda en la percepción del testigo. Tanto es así que todavía se discute si se trata de un fenómeno externo o meramente mental.

En resumen, podría decirse que los parámetros de la experiencia, la forma en que el testigo percibe a la aparición, están determinados por su propio estado mental en el momento del evento, y hasta condicionado por las intenciones de la aparición.

Los fantasmas o entidades asociadas a un lugar físico pueden comportarse de forma [aparentemente] errática, confusa, como si existiera cierto grado de desorientación espacial, pero las apariciones post-mortem muestran un comportamiento que sugiere consciencia de su entorno. Se mueven en una habitación evitando muebles, realizan acciones deliberadas como girar la cabeza para seguir los movimientos de la persona viva, etc.

Los avistamientos de apariciones tienden a disminuir rápidamente en los días posteriores al deceso [si no ocurre pronto, es probable que no ocurra nunca]. De hecho, los casos de apariciones post-mortem después del año del fallecimiento son raros, y su intensidad [la claridad o nitidez con la que se manifiestan] también se reduce drásticamente. Sin embargo, con el tiempo aumenta la frecuencia de fenómenos más subjetivos, como sensaciones súbitas de tibieza, frío, aire, que a menudo son experimentadas como una forma de tacto [ver: Toques espirituales]

La variabilidad de estas experiencias, así como su carga de subjetividad, atentan contra cualquier intento de esbozar una teoría unificada. Algunos sostienen que las apariciones post-mortem no representan la totalidad de la persona fallecida, sino un impulso, un sentimiento, algo de su personalidad que perdura un tiempo en nuestro plano y busca comunicarse con las personas con las que tuvo un vínculo emocional. De modo tal que si alguien es visitado por su padre fallecido, el visitante es la suma de todos los aspectos paternales de la persona, esa faz que solo existe en relación al testigo, en este caso, un hijo.

Tal vez debido a esto las apariciones post-mortem parecen incapaces de improvisar, o al menos desplazarse lateralmente de sus intenciones de comunicación. No oyen razones, no responden preguntas ni cumplen solicitudes. Hacen lo que han venido a hacer: despedirse y hacernos saber que están bien.

También existe una diferencia entre una aparición post-mortem y esta especie de «huella» o «registro» [o recuerdo impreso] que las personas dejan en ciertos lugares donde vivieron. Hasta podría decirse que la parapsicología tuvo su origen en la idea de que los lugares pueden conservar de alguna manera la «huella» de personas y eventos del pasado. Después de todo, los fantasmas, espíritus y entidades que pueblan los bestiarios parapsicológicos son rebanadas del pasado. No se registran, que yo sepa, fantasmas del futuro [ver: ¿Fantasmas o deslizamientos de tiempo?]

A finales del siglo XIX, la investigadora Eleanor Sidgwick propuso que existe «algo» en los espacios físicos habitados por personas, una «influencia sutil» que sirve de plataforma para que se produzca la aparición. Más que combustible, sería algo así como un sucesivo registro de impresiones que se extraen y consolidan para dar forma visible a la aparición. Estas ideas fueron la base para la teoría de la Cinta de Piedra, algo diferente, la cual propone que las apariciones vistas repetidamente, en patrones regulares, en un sitio determinado, son activaciones bruscas de energía residual almacenada. En otras palabras, las apariciones podrían ser fragmentos del pasado que han quedado grabados en el lugar [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones» impresas en la realidad?]

Las apariciones post-mortem no se comportan de esta manera. No son fenómenos repetitivos, no siguen un patrón, y son conscientes del entorno, aunque sí se producen con mayor frecuencia en lugares donde pudo haber quedado algún tipo de rastro, vestigio o huella de la persona cuando estaba viva. Tampoco hablamos aquí de huellas de eventos traumáticos, como a menudo se expone en la ficción. Los registros de emociones que la persona viva va dejando impresos son sutiles y automáticos, como huellas dactilares en una copa.




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Apariciones de crisis.


Apariciones de crisis.




«Estando de viaje ella tuvo la visión de su padre en el momento de morir.
Su padre estaba en Inglaterra y, que ella supiera, ni muerto ni muriéndose.»
[Henry James: Los amigos de los amigos]



Las Apariciones de crisis [Crisis Apparitions] son diferentes de otras manifestaciones, como las Apariciones o Energías Residuales, que son eventos específicos de un lugar, que no interactúan con las personas y que se repiten siguiendo un patrón [hora, fechas, clima] hasta que eventualmente se agotan [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones» impresas en la realidad?]. En cambio, las Apariciones de crisis ocurren una sola vez. Puede tratarse de una manifestación visual, una voz, un toque. La mayoría de las veces, esta «sensación» se presenta justo antes de la muerte de un ser querido.

Llamar «aparición» a este fenómeno es atinado. La palabra proviene del latín apparere, que significa «mostrarse». En este sentido, sólo puede ser una «aparición» una consciencia viva que, de manera visual o a través de otros canales sensoriales, se «muestra» a los sentidos ordinarios del receptor [vista, oído, olfato, gusto (?) y tacto].

Las Apariciones de crisis presentan varias dificultades. Por ejemplo, si uno tiene un pariente internado, grave, esta situación estará presente en la mente con bastante persistencia, de modo que cuando nos enteramos de su fallecimiento es probable que estemos pensando en ella. Esto, desde luego, no es una Aparición de crisis. ¿Qué es entonces? Una conexión psíquica lo suficientemente fuerte como para que una persona cerca de muerte pueda establecer un último enlace para enviar un mensaje o simplemente despedirse.

Un porcentaje para nada despreciable de gente puede señalar el momento específico en el que «presintieron» que un ser querido estaba muriendo o en grave peligro de muerte. No se trata necesariamente de una aparición, en el sentido de que se ve algo, más bien es una certeza, nacida de un elemento exterior que puede resumirse en algo tan vago como un olor o un sueño. La sensación que dejan es la de separación, de despedida, que se reconoce en el momento. Este es un fenómeno que forma parte del folclore de todas las culturas, es transhistórico, por lo tanto, forma parte de la experiencia humana.

En El Espejo Gótico hemos estudiado muchos ejemplos de fenómenos paranormales asociados con lugares físicos que de algún modo han absorbido una gran cantidad de energía emocional de eventos traumáticos y luego la han liberado. De eso se tratan básicamente las historias de fantasmas: eventos [información] que dejan una huella en determinado sitio [medio de almacenamiento] y luego se reproducen como una grabación cuando la persona adecuada está en el lugar [dispositivo de reproducción]. Si el trauma ocurriera una y otra vez a lo largo de los años [hospitales, neuropsiquiátricos, prisiones, abusos repetidos] el lugar puede terminar con múltiples huellas, lo que podría explicar por qué los avistamientos suelen ser fragmentados o nunca exactamente iguales [ver: Teoría de la Cinta de piedra]. Esto está completamente alejado de las Apariciones de crisis.

Si el «mensaje» se produce tiempo después de la muerte, se trata de una Aparición Post-Mortem, sobre la cual hablaremos otro día [ver: Comunicaciones Post-Mortem]. Por ahora basta decir que la parapsicología ha establecido, de forma arbitraria, que las Apariciones de crisis transcurren antes y hasta doce horas después de la muerte; y las Apariciones Post-Mortem después de doce horas del deceso. ¿Por qué? No lo sé. Supongo que responde a una necesidad de clasificación, porque realmente no hay diferencia entre un fenómeno que ocurre a las nueve horas de una muerte y otro trece horas después. Ambos se producen razonablemente dentro de una ventana de inmediatez.

Cuando alguien atraviesa un momento de crisis irreversible, donde la muerte es el único resultado posible, los enlaces psíquicos que ha establecido a lo largo de su vida transportan esa información. En algunos casos, puede incluso proyectar la imagen de la persona a un ser querido. Esta proyección puede hablar o permanecer en silencio, puede parecer fantasmal, etérea [flotando, brillando, siendo traslúcida] o exactamente igual a su aspecto físico. No son apariciones aterradoras, no inspiran miedo; todo lo contrario, resultan reconfortantes para quienes las reciben.

Uno de los tratados más interesantes sobre el tema es Fantasmas de los vivos (Phantasms of the Living, 1886), donde los parapsicólogos Edmund Gurney, Frank Podmore y Frederic William Henry Myers consideran que las Apariciones de Crisis permiten un estudio más metódico que otras manifestaciones, ya que potencialmente pueden verificarse; en definitiva, que alguien sea capaz de «adivinar» que alguien conocido ha muerto está muy por encima de cualquier medida de probabilidad. Además, debido al impacto que produce el fenómeno, la persona que lo experimenta no lo olvida fácilmente, y esto luego puede corroborarse con la fecha y hora de la muerte del emisor. De hecho, una persona moribunda puede aparecerse a muchos seres queridos diferentes, no siempre bajo la misma forma. En muchas familias existen historias de este tipo.

Una Aparición de Crisis, entonces, puede verificarse más tarde cuando se conoce la hora de la muerte, pero hay mensajes mucho más sutiles y subjetivos que no pueden corroborarse. Forman parte de la experiencia, y solo quien los experimenta puede darles o no valor. Puede ser como el roce de una mano, una caricia, un olor, incluso una punzada de dolor que corresponde con el sufrimiento del emisor. También se han reportado voces, llantos, la sensación de presión o peso sobre el colchón [como si alguien se sentara en la cama a tu lado], golpes intensos en la puerta [como si alguien intentara entrar] [ver: Un golpe: «SÍ»; dos golpes: «NO»; tres golpes: «DÉJAME ENTRAR»]. Curiosamente, uno de los elementos sonoros más frecuentes asociados con las Apariciones de Crisis es el sonido de campanas.

Ahora bien, si definimos la Aparición de Crisis como la percepción de un ser querido en el momento de su muerte, entonces debe ser una forma de telepatía. Después de todo, si se tratara simplemente de una visión o proyección, la experiencia no produciría esta certeza de muerte; y en este caso el amigo o familiar «sabe» que se ha producido el fallecimiento. Ahora bien, cuando uno habla de telepatía es fácil imaginar a un sujeto tratando de adivinar una carta en otra habitación o algo así. En este caso, por telepatía me refiero a una especie de conexión o enlace emocional entre una persona y sus amigos y familiares, quienes forman una red, y que por lo tanto pueden intercambiar algún grado de información.

De hecho, la mayoría de los estudios al respecto conjeturan que la telepatía es más probable entre personas con fuertes vínculos emocionales. En parte, la aparición podría ser causada por la percepción subconsciente de que un ser querido está en grave peligro. En momentos así, los vínculos emocionales más fuertes podrían incluso sincronizar la actividad cerebral. Otras teorías [menos convencionales] sugieren que durante un trauma la consciencia puede trascender momentáneamente los límites físicos. Esto podría aplicarse a los casos donde el experimentador no tiene motivos para prever la muerte de la persona, como lo es durante una enfermedad, descartando la mera expectativa como explicación.

Si la Aparición de Crisis se manifiesta en un sueño, lo más común es que no hable, aunque parece ser consciente de que está a punto de morir y quiere despedirse. A menudo estos sueños ocurren en escenarios particulares: estaciones de tren o subterráneo, puertos, aeropuertos, esencialmente lugares de espera antes de emprender un viaje [ver: Dreamwalking: cuando alguien entra en tus sueños]

Por supuesto, muchas Apariciones de Crisis responden a factores mundanos, como la coincidencia y el miedo, por ejemplo, a que ese amigo o familiar internado pierda la vida. No es insensato aceptar tales explicaciones, después de todo, muchas personas son susceptibles de engañarse retrospectivamente, creyendo que han experimentado «sensaciones» que nunca ocurrieron, o bien adornando o estilizando pequeños elementos que sí tuvieron lugar. Supongo que es una forma de lidiar con el dolor del duelo. Esa brisa repentina, ese súbito olor a rosas, esa mariposa que revolotea contra la ventana, son consideradas «señales». No digo que no lo son. Si ayudan, si brindan consuelo, quizás lo sean [ver: Entidades que se manifiestan a través del aroma]

En cuanto a las Apariciones de Crisis visuales, la mayoría de las veces son imágenes sólidas, sin diferencias con la persona real. El observador incluso puede no darse cuenta de que está viento algo sobrenatural hasta que más tarde se entera de la muerte de la persona. Tampoco se trata de una aparición solemne. No viene y te da un abrazo, o te dice lo mucho que te quiere. De hecho, suele hacer cosas normales, cotidianas, como pasar caminando, asomarse por una ventana, cruzar una puerta, sentarse a la mesa o pararse a los pies de una cama. Contrariamente a lo que uno podría creer, predominan las experiencias visuales, casi el 60% en la mayoría de los estudios publicados. Le siguen las manifestaciones auditivas [25%], táctiles [10%] y olfativas [5%]. Casi todas vienen con algún tipo de sueño asociado, aunque solo la mitad de las experiencias transcurre de noche. La otra mitad ocurre cuando el experimentador está bien despierto e involucrado en sus actividades

Los efectos psicológicos de las Apariciones de Crisis no varían demasiado. Los experimentadores aseguran haberse sentido reconfortados y en paz después de estas visitas, considerándolas una despedida. El miedo está ausente, también la sensación de amenaza o peligro, que son elementos asociados al avistamiento de fantasmas.

Algunos estudios incluyen a la Experiencia Aparicional como una variante menor de la Aparición de Crisis. Creo que es un ejemplo demasiado vago. Uno «siente» la «presencia» de la otra persona, por la razón que sea o por ninguna razón externa, y no mucho más. Esto se asemeja más a una distorsión cognitivo-visual, quizás esquizotipia [rasgos similares a los de la esquizofrenia pero que no son suficientes para requerir un diagnóstico], que a una experiencia fuera de los parámetros convencionales, pero alguien podría sugerir maliciosamente que tales distorsiones son indispensables para experimentar «presencias» [ver: Sentir «presencias» cuando estás solo]

Es interesante notar cómo la ficción tuvo que incorporar a las Apariciones de Crisis a su modelo de trabajo. Por ejemplo, en el relato de Henry James de 1896: Los amigos de los amigos (The Friends of the Friends), una mujer experimenta la visión de su padre mientras este se encuentra en el extranjero. Un día después, recibe un telegrama que confirma su fallecimiento. La trama de la historia depende de las comunicaciones: es decir que, recién en la época victoriana, se empezó a contar con un sistema telegráfico y postal fiable como para tales noticias viajaran rápidamente y las Apariciones de crisis empezaran a tomarse en serio.




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Pulsatio Mortuorum: espíritus que golpean las paredes.


Pulsatio Mortuorum: espíritus que golpean las paredes.




«Oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
«Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.»



A los doce años, en casa de un gran amigo, solos, nos disponíamos a salir al patio a jugar a la pelota cuando escuchamos dos golpes fuertes provenientes de la cocina. Fuimos a verificar que no se hubiera caído nada. Revisamos.

Todo estaba en su lugar.

Entonces escuchamos tres golpes.


TOC TOC TOC.


Provenian de la pared que separaba la cocina del patio. Por alguna razón, mi amigo devolvió el golpe, dos veces, que no se oyeron como los anteriores. Durante los siguientes minutos simplemente golpeamos esa pared, probando diferentes patrones, que siempre fueron respondidos con precisión.

Descubrimos que sólo se nos respondía si golpeábamos en un área específica de la pared, entre una ventana y la puerta de acceso al patio. En cualquier otro lugar no obteníamos nada.

Después de un tiempo, las respuestas se fueron apagando en intensidad. Los patrones eran los mismos que nosotros hacíamos con nuestras manos, pero empezaron a sonar cada vez más amortiguados, como si la fuerza que los estiuviera produciendo se fuera agotando. Entonces se detuvo por completo [ver: Pasos, golpes, objetos que caen y otros ruidos inexplicables]

En el siglo IX, el monje benedictino Rodolfo de Fulda escribió sobre comunicaciones con inteligencias incorpóreas que se manifiestan a través de golpes en las paredes, puertas y ventanas. La iglesia católica ya había notado la existencia de estas entidades con el nombre Spiritus Percutiensespíritus que golpean»], y los incluyó en antiguas fórmulas de bendición y exorcismo. En el siglo XVI, Paracelso consignó este fenómeno como Pulsatio Mortuorum, «golpe de los muertos», y concluyó que estos sonidos predicen desgracias, una creencia muy común. En cuanto a su procedencia, Paracelso observa que estas señales acústicas son localizables con mayor o menor precisión en el espacio, y que sus funciones temporales pueden distinguirse de los ruidos producidos normalmente. Ocurren espontáneamente o por provocación, controlados por la inteligencia. Tienen una especie de existencia autónoma y pueden considerarse como una forma primitiva de comunicación con entidades de las que no somos conscientes [ver: Un espíritu está tratando de comunicarse]

El Pulsatio Mortuorum de Paracelso refiere que estos ruidos extraños e inexplicables están relacionados con la presencia y actividad de un difunto, exactamente como sucederá en el Espiritismo algunos siglos después.

Uno de los primeros relatos detallados sobre este fenómeno se encuentra en el libro de Joseph Glanvill de 1681: Saducismus Triumphatus, donde se encuentra la crónica del llamado Tamborilero de Tedworth (Drummer of Tedworth). Allí se describe una serie de disturbios paranormales ocurridos en 1661, en casa del magistrado Mompesson, donde una entidad invisible respondía haciendo sonar cualquier cualquier objeto que se golpeara. Eventualmente, la entidad empezó a golpear cualquier cosa que se le ordenara en voz alta. Joseph Glanvill comenta amargamente que no se hizo ningún progreso en la investigación y el fenómeno, al cabo de un tiempo, cesó por completo.

¿Por qué los espíritus golpearían las paredes, puertas y ventanas?

El folclorista británico Andrew Lang examinó este fenómeno desde una óptica muy interesante, considerando leyendas y cuentos medievales sobre espíritus y golpes que nunca fueron analizados satisfactoriamente, y propuso una teoría que llamó «afasia espectral» [spectral aphasia], sugiriendo que estos «golpes» podrían ser la forma más sencilla y práctica en la que un espíritu interactúa con el plano físico, como una especie de código Morse:


«El fantasma no puede, por así decirlo, expresarse tan claramente como quisiera, y sufre de afasia. Ora se presenta como un perro negro, ora como una dama verde, ora como un anciano, y a menudo sólo puede golpear y dar golpecitos, encender una luz o tirar de las sábanas. Tales son las peculiaridades de la afasia espectral. El fantasma puede dar señales, pero no las señales correctas.»


En resumen: Andrew Lang pensaba que los espíritus no se comunicaban como querían, sino como podían, a menudo a través de golpes, que es la forma de interacción más básica con cualquier objeto físico En esa época [siglo XIX] se hablaba de estos golpes en términos de «telégrafo espiritual», comparando el fenómeno con las tecnologías emergentes, como el telégrafo eléctrico, básicamente mensajes en código capaces de viajar sin vehículos físicos palpables. De hecho, existe un parentesco simbólico entre el telegrafo eléctrico y el telégrafo espectral a través de la decodificación de los golpes espirituales con el modelo del código Morse [ver: Toques Espirituales]

En este contexto, los golpes en las paredes de los fantasmas de la novela gótica, a menudo cargados de enojo y resentimiento hacia los vivos, comenzaron a interpretarse por el Espiritismo como una especie de código. En consecuencia, dejaron de ser vistos como el producto aleatorio de un espíritu relacionado con una Casa Embrujada, y empezaron a asociarse con una Persona Embrujada: la médium humana. En la literatura gótica, el fantasma era un ser localizado, casi siempre un viejo habitante de la Casa Embrujada. Aquejado por esta «afasia espectral», simplemente repetía la historia de su muerte a través de golpes y ruidos inarticulados. Estos golpes fueron transformados por la sesión mediúmnica en un código [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones» impresas en la realidad?]

Allan Kardec, uno de los padres del Espiritismo, estableció un conjunto de instrumentos, códigos y protocolos para la comunicación con los muertos; lo que permitió desplazar el fenómeno desde los antiguos castillos, abadías y mansiones en ruinas de la novela gótica al ámbito de los hogares convencionales. La sesión espiritista, separada de la Casa Embrujada original, podía incorporar nuevos espacios domésticos, nuevas audiencias y, sobre todo, nuevos espíritus, dejando atrás a las tradicionales fantasmagorías góticas, aunque estas narrartivas permanecieron vigentes entre las clases sociales altas. Después de todo, el antiguo paisaje gótico era europeo, estaba impregnado de historia, era rico en lugares embrujados; mientras que las sesiones espiritistas florecieron mayoritariamente en los Estados Unidos, un país nuevo, sin ruinas antiguas, que requería de personas embrujadas en vez de lugares encantados.

A mediados del siglo XIX, los fantasmas ya no estaban «atados» a una casa en particular, sino que eran «invitados» por las médiums a sesiones practicadas en cualquier casa, mientras que sus golpes se decodificaban como señales alfabéticas. Eventualmente, el espíritu contactado en una sesión se convirtió en un amable difunto que simplemente deseaba comunicarse con sus seres queridos y consolarlos, pero originalmente era un extraño, alguien cuya identidad debía descubrirse a través de la decodificación de sus mensajes. La narrativa estandar apuntaba a alguien que había sido asesinado unos años antes y enterrado en el sótano. De hecho, los violentos golpes del fantasma primario incluían otros sonidos que recreaban su propio asesinato e intentaban mostrar la ubicación exacta de su cuerpo.

Siempre se necesitó un de anclaje físico para la comunicación espiritual. Primero fueron las Casas Embrujadas, que funcionaban tanto como espacios contenedores como en términos de baterías energéticas [ver: Espíritus y «ambientes cargados»]. El Espíritismo se deshizo de la Casa e incorporó a la médium humana, en gran medida pasiva, que era vista como una especie de batería galvánica. Así como los viejos espíritus ocupaban una casa, ahora ocupaban el cuerpo de una mujer.

Los fenómenos acústicos variaban según las habilidades de la médium. Sobre estas mujeres recaía todo el discurso pseudocientífico del Espiritismo emergente. Las mejores médiums eran aquellas capaces de canalizar y manifestar una mayor variedad de fenómenos. Por supuesto, esto introdujo una enorme cantidad de farsantes que introducían fenómenos cada vez más espectaculares, pero, en principio, las sesiones se remitían a simples fenómenos Poltergeist localizados, golpes, sobre todo. Más adelante, cuando las sesiones se convirtieron en pequeños montajes teatrales, casi como si se trataran de una oficina de telégrafos, empezó a hablarse de fenómenos de voz y materializaciones visuales. En ambos casos, sin embargo, los golpes eran los primeros signos de la presencia de un espíritu. [ver: Las 8 fases de la Actividad Poltergeist]

A partir de este período, donde las médiums humanas empezaron a desempeñar un papel análogo al de la Casa Embrujada, la comunicación con los espíritus empezó a perder credibilidad, hasta convertirse en un fraude organizado. Los investigadores más serios volvieron a la Casa, que no se manifestaba a voluntad, como en la sesión espiritista, sino en cualquier momento. Comenzaron a circular entonces algunas ideas precursoras de la teoría de la Cinta de Piedra, es decir, la noción de que los espíritus podían adherise a la madera y la piedra de una casa a través de fuerzas desconocidas. En este contexto, el espíritu no era visto como un visitante invocado por la médium para responder preguntas, sino una energía conectada a una casa, y a veces encadenada a ella durante un período determinado [ver: Espíritus que no abandonan su antigua casa]

En las sesiones espiritistas hay mensajes claros, pero las casas embrujadas son simplemente ruidosas. Andrew Lang, que fue miembro de la Society for Psychical Research, declaró que la lista de fenómenos que se producían rutinariamente en las sesiones sólo «imitan los fenómenos espontáneos que ocurren en las casas embrujadas». En el curso de una hora uno podía obtener ruidos extraños, luces, voces, levitaciones, manifestaciones ectoplásmicas, algo que Lang consideraba ridículo. Más aún, Andrew Lang propuso que los signos espontáneos que se producen en la Casa Embrujada son producto de la «afasia espectral», es decir, de las dificultades que un espíritu tiene para interactuar con el mundo físico de manera consistente, algo que las sesiones resolvieron de manera tan espectacular como fraudulenta.

Para Lang, los espíritus recurren a los golpes en las paredes y puertas porque esta es la forma más elemental de interactuar con el plano físico. Más que un intento de comunicación, es una forma de anunciar su presencia. En las sesiones, esto se domesticó, de manera tal que los golpes y ruidos extraños ya no tenían como finalidad darse a conocer, sino edificar a los vivos, consolar a los deudos a través de la mediación de un extraño: la médium, que invitaba a los vivos y a los muertos a encontrarse en su sala de estar. El fantasma clásico, en cambio, está enojado. ¿Y cómo no habría de estarlo, estando «pegado» a un lugar físico e incapaz de comunicarse? [ver: Apego espiritual: causas y síntomas]

En cuanto a los ruidos extraños, los fantasmas clásicos manejan una gran cantidad de recursos: pueden ir de sonidos delicados, como si la punta de un alfiler golpeara delicada y rítmicamente sobre la superficie de una mesa, a verdaderas detonaciones, crujidos, golpes metálicos, estallidos, rasguños en los vidrios de las ventanas. En la típica Casa Embrujada estos ruidos extraños a veces se producían simultáneamente, a tal punto que el lugar parecía estar lleno de inteligencias que manifestaban su presencia. Cada fantasma, sin embargo, solía tener una personalidad sonora permanente, y a menudo podía ser reconocido por las personas que vivían en la casa por su estilo de golpes.

Habitualmente, los espíritus más ruidosos, asociados al Poltergeist, anuncian su presencia con cierta intensidad, a través de un número indistinguible de golpes, fuertes al principio, que gradualmente se vuelven más débiles hasta desvanecerse en la distancia. Los espíritus menos revoltosos pueden manifestarse durante más tiempo mediante sonidos delicados de ritmo variado. En volumen, pueden crecer desde un leve golpeteo, como hecho por un ratón sigiloso al corretear por una viga, hasta un fuerte estruendo que parece sacudir toda la casa. En ningún caso se encuentran marcas visibles sobre las superficies desde donde parecen provenir estos sonidos.

En cuanto a los golpes metálicos, los ocultistas del siglo XIX hablaban de un curioso fenómeno conocido como Campana Astral (Astral Bell) [Arthur Conan Doyle lo utiliza en uno de los cuentos de Sherlock Holmes]. Este sonido varía desde una nota clara, como el tañido de una pequeña campana, hasta un leve clic. Algunos autores comentan que se oye como el sonido que se produce al golpear una copa de cristal con la hoja de un cuchillo. Se creía que la Campana Astral anunciaba la presencia de una entidad espiritual que apenas poseía la fuerza necesaria para manifestarse, sin embargo, otros concluyen que este sonido es el presagio de futuros síntomas de un ataque astral.

Huelga decir que siempre se debe descartar la posibilidad de una explicación natural y material, sobre todo en los casos donde el elemento sobrenatural parece obvio. Durante el día, la madera eleva su temperatura y se expande; durante la noche se enfría de nuevo, por lo que se contrae. Esto hace que la madera se asiente, es decir, que se mueva ligeramente, lo que puede causar un sonido de crujido o golpeteo. Estos ruidos también pueden deberse a una calefacción central de mala calidad, por razones similares. El calor del líquido hace que las tuberías se expandan y contraigan, produciendo ruidos de crujidos y golpes. Dependiendo de cómo se transmita el sonido, estos ruidos pueden sonar como si vinieran del interior de la casa cuando, de hecho, no es así.

Hay personas que lo primero que hacen ante un ruido extraño es diagnosticarlo como algo sobrenatural, sin tomarse el tiempo de buscar diligentemente todas las posibilidades. Si bien la hipótesis sobrenatural es digna de atención, nunca puede ser la primera explicación para un fenómeno acústico inusual. Cuando hay una entidad inteligente, más o menos consciente de su entorno, los fenómenos se producirán en cualquier momento del día, aunque predominantemente en horas de la noche. La energía residual, en cambio, suele estallar a intervalos regulares, siempre en el mismo sitio de la casa [ver: ¿Energía Residual o entidades inteligentes?]

Además de oírse, las entidades se sienten como una presencia física en el lugar; sin embargo, esto no indica invariablemente la presencia de una entidad inteligente. Los golpes, en este caso, suelen centrarse en un área determinada [aunque no siempre en el mismo sitio], la cual se vuelve prácticamente inhabitable debido a los estruendos, crujidos y golpes que se producen por la noche, como puede atestiguar cualquiera que intente dormir allí. No hay razón para pensar en la presencia de una entidad maligna, o capaz de ejercer una influencia nociva sobre las personas de la casa: simplemente se trata de una fuerza en estado de tensión y liberación [ver: Loca Infesta: de la Infestación Demoníaca al Poltergeist]

Todas las personas en la casa oyen estos ruidos peculiares, con frecuencia en una puerta o una pared, a veces en los muebles, y eventualmente empiezan a encontrar ciertos patrones recurrentes. En general, todo comienza con ligeros rasguños provenientes del interior de una pared, aproximadamente a la altura de la cabeza de una persona adulta. Naturalmente, lo primero que se piensa es en roedores, cucarachas y tuberías, y el fenómeno es ignorado, hasta que se escucha un golpe mucho más fuerte y seco. Si, como en mi caso, por curiosidad, uno devuelve el golpe en el mismo lugar, puede producirse una respuesta, a veces unos pocos segundos mas tarde. Carl Jung tuvo una de estas experiencias. Lenta y deliberadamente decidió golpear cinco veces en un sitio en la pared donde había escuchado dos golpes. Unos diez segundos después llegó la respuesta: exactamente cinco golpes con la cadencia que él mismo había empleado. Esa noche, comenta, no durmió [ver: La experiencia de Carl Jung en una casa embrujada]

Por supuesto, quizás en la casa vecina había un niño dispuesto a entablar un diálogo hecho de golpes en la pared, pero a Carl Jung le interesaba saber cómo te hacen sentir estas experiencias, más que lo que puedas pensar analíticamente sobre ellas. Los eventos siempre son únicos para quien los experimenta. Si crees que escuchar tres golpes en la pared indica la presencia de actividad demoníaca, importa poco que alguien que no ha estado allí te asegure que no es así [ver: Un golpe: «SÍ»; dos golpes: «NO»; tres golpes: «DÉJAME ENTRAR»]

Cuando los golpes se oyen en una puerta entra a tallar la creencia arquetípica en la invitación. En efecto, no solo las leyendas de vampiros sostienen que estos deben ser invitados a entrar; otras entidades, particularmente aquellas que no están atadas a una casa, requieren la invitación de uno de sus habitantes para ingresar y empezar a manifestarse [ver: ¿Por qué los vampiros necesitan ser invitados a entrar?]. Pensemos, por ejemplo, en el Vrykolaka de la tradición griega, una entidad incorpórea capaz de poseer y animar el cadáver de una persona que falleció de muerte violenta, enterrada de manera inapropiada, maldecida o excomulgada. El Vrykolaka procede como todos los vampiros originales: se levanta de la tumba e inmediatamente se dirige a las casas de las personas que conoció en vida y llamará a sus puertas [ver: Algo golpea 3 veces la puerta de mi habitación]

Según la hipótesis de Andrew Lang, los golpes representan la forma más primitiva de comunicación espiritual. Lamentablemente, también constituye un método fácil de fraguar. Harry Houdini, quien asistió a innumerables sesiones para desentrañar fraudes, concluyó que los golpes podían explicarse debido a la inusual habilidad de algunas médiums para hacer crujir a voluntad las articulaciones de las rodillas y de los dedos de los pies. En cualquier caso, la comunicación a través de golpes comenzó siendo un procedimiento lento y tedioso: «no» o «sí» con uno o dos golpes de intensidad variable sin mediación visible, conocida o normal. Es decir que la información que podía obtenerse de estos golpes era bastante pobre.

Estos fenómenos sonoros pueden dividirse en dos clases:

1- Impactos.

2- Movimientos de cuerpos materiales.

Los fenómenos de impacto consisten en golpes y sus variaciones, y no son causados por la acción de materia sobre materia. Por ejemplo, no podría llamarse impacto el sonido de un mueble al golpear contra el suelo; más bien, se trata de un golpe causado por una fuerza o energía desconocida aplicada sobre un cuerpo material. Dentro de los impactos podemos encontrar las siguientes variaciones:

a- Golpes de todos los grados de sonoridad, desde los golpecitos más leves hasta golpes que podrían producirse [a juzgar por la intensidad del ruido] con un martillo. En esta categoría se encuentran los sonidos de pasos y otros ruidos de una intensidad apenas audible.

b- Combinaciones de golpes: simples [a intervalos de unos pocos segundos], dobles, triples [dos rápidos, uno lento], y descargas de golpes en rápida sucesión [sin aumento o disminución], o bien en frecuencia ascendente, como una pelota rebotando cada vez más rápido.

La cantidad de personas que asegura haber visto a un fantasma [no atisbar por el rabillo, no vislumbrar una sombra o una silueta] es considerablemente menor a la cifra de individuos que sostienen haber escuchado a uno. Por lo general, los sonidos son pasos, crujidos, golpes, estruendos, ruidos como de objetos pesados que se arrastran. Estos sonidos ocurren sin que nadie en la casa pueda dar fe de haber visto algo espectral. Sin embargo, algunos sonidos sí están relacionados con figuras humanas semitransparentes entrando o saliendo de una habitación [deslizándose, no caminando] o de pie junto a una cama [ver: El hombre al pie de mi cama]. La combinación de estos factores [ruidos inexplicables y apariciones ocasionales], en proporciones adecuadas, constituye la narrativa ortodoxa de la Casa Embrujada.

Obviamente, es muy difícil obtener evidencias de estos fenómenos. Los ruidos pueden ser causados naturalmente de muchas maneras [viento, ratas, ramas, cañerías, pájaros], sin embargo, eso no significa que todos los ruidos deban descartarse, sobre todo los golpes en las paredes que continúan a pesar de los esfuerzos por detectar su origen. En los Poltergeist también encontramos el ruido producido [aparentemente] por el movimiento violento de muebles pesados, que al examinarlos se descubre que no se han movido.

No sólo existen reportes de testigos respetables, sino una gran cantidad de autores antiguos que examinaron en detalle estos fenómenos sonoros. Johann Weyer, Paracelso, Joseph Glanvill, Andrew Lang, Richard Bovet, Richard Baxter, detallan las mismas combinaciones de sonidos extraños, pero fue Peter Thyraeus [siglo XVI] quién detectó algunas circunstancias sobre las que sus colegas no repararon. En primer lugar, afirma Thyraeus, los golpes más fuertes no siempre son audibles para todas las personas. Tal vez involuntariamente, Thyraeus fue el primero en incluir la posibilidad de una alucinación auditiva.

En las sesiones espiritistas [en términos de trato con inteligencias espirituales o formas invisibles no inteligentes o semiinteligentes] es común comunicarse con los espíritus simplemente haciendo la pregunta y esperando un ruido o un golpe que [presumiblemente] proviene del espíritu y es entendido como una respuesta. Este «lenguaje» se llama rapping, y constituye uno de los sistemas más antiguos para establecer contacto con los espíritus. El «código» para entender las respuestas era muy sencillo al principio: dos toques para «sí», y uno para «no». A fines del siglo XIX se desarrolló todo un alfabeto hecho de golpes a través del cual los espíritus podían componer mensajes largos y complejos. Obviamente, este método es tan cuestionable y fácil de fraguar como el antiguo. La sesión estándar se iniciaba con un canto, un himno, una oración, y al cabo de unos minutos se oían ligeros golpes cerca de la médium, que aumentaban rápidamente de intensidad. Esto ocurría siempre, por lo tanto, es difícil aceptar su validez.

El teósofo Franz Hartmann acuñó el término trarames, un «poder invisible que puede comunicarse con el hombre a través de sonidos, voces, repiques de campanas, ruidos». Según la teosofía, las entidades humanas buscan manifestar su presencia de alguna manera. Las más poderosas pueden aparecer en forma corporal, pero la mayoría se limita a producir sonidos como golpes, silbidos, risas, gemidos, suspiros, pasos, todo esto con el propósito de llamar la atención de los vivos para que se comuniquen con ellos. Los Cadáveres Astrales, que poseen capacidades de razonamiento similares a las del ser humano, también son capaces de producir sonidos, pero no con el objeto de comunicarse, sino de apegarse a un agente humano físico [ver: ¿Por qué algunas entidades se «pegan» a las personas?]

Paracelso también habla del evestrum, análogo al concepto de cuerpo astral. Según sus observacions, cuando alguien está agonizando, su evestrum puede reaccionar ante la proximidad de su muerte mediante golpes perfectamente audibles para todos, o a través de otro ruido inusual, como el movimiento de muebles, la detención de los relojes, la rotura de un espejo. El trarames produce manifestaciones más subjetivas, siendo audible para una sola persona.

En De Occulta Philosophia, Cornelius Agrippa alerta contra los peligros de quemar incienso para desterrar a estas entidades repiqueteantes. Según su teoría, los espíritus se sienten atraídos por estímulos que son agradables para los sentidos, de modo tal que, para ahuyentarlos, se deben emplear olores nauseabundos. Para Agrippa, el incienso, el agua bendita, las oraciones, las ceremonias de exorcismo, los cánticos, «son invenciones de la vanidad clerical», y a veces pueden empeorar las cosas:


«Las ceremonias han sido instituidas originalmente para dar una forma externa a un acto interno; Pero cuando no existe el poder interno para realizar tales actos, una ceremonia no servirá de nada, excepto para atraer a los espíritus que desean burlarse de nuestra estupidez.»


Según Hartmann, trarames comienza a manifestarse en el momento en que los sentidos de la percepción interna se desarrollan. Es, en esencia, una exaltación de los sentidos, pero influye más en el sentido del oído: voces, música que puede ser escuchada por el oído interno, campanas invisibles. El trarames produce manifestaciones de un carácter subjetivo y puede «hablarle» a una persona de una manera que sea audible para ella pero inaudible para los demás. El evestrum, por lo general, presagia eventos futuros al causar visiones y apariciones.

El parapsicólogo Nandor Fodor imaginó una progresión en las manifestaciones sonoras: todo comienza con ruidos inarticulados aquí y allí, luego con voces que llaman por el nombre a las personas de la casa, pero esta energía disminuye en poco tiempo; en consecuencia, la pronunciación de las palabras se vuelve confusa, hasta que se vuelven sonidos sin sentido. La distorsión a menudo puede estar acompalñada por una increíble aceleración del habla, que anuncia el fin próximo de la actividad.

Cuando los golpes y ruidos extraños se deben al desplazamiento de objetos físicos, no suele indicar la intervención de una entidad inteligente. Parecería que la energía disponible sólo se dedica a producir ruidos tan fuertes y asombrosos como sea posible, y no mucho más. Son los sonidos más discretos los producidos por fuerzas [aparentemente] inteligentes, y son capaces de perdurar mucho más en el tiempo. Pueden variar desde golpes apagados hasta el crujido de cristales y vajilla rota, caída de sillas, tamborileo de dedos, puertas y ventanas que se abren y cierran violentamente. Se oyen pasos en los pasillos y en las escaleras, gritos, suspiros, sollozos, canciones y salmodias religiosas. Es frecuente que ante un golpe extremadamente violento en una parte de la casa se escuche una respuesta en otra habitación [ver: «¡CRASH!»: Sobre ruidos paranormales intensos]

Las personas que cultivan la fe católica tienen motivos adicionales para creer en estas entidades. El término spiritus percutiens [«espíritu que golpea»] está presente en varias bendiciones oficiales, sobre todo de iglesias y cámaras nupciales:


«Haz huir, Señor, a todos los espíritus malignos, a todos los fantasmas y a todo espíritu que golpea [Spiritum Percutientem


Por su propio nombre, el spiritus percutiens deja en claro que la Iglesia conocía estos golpes sobrenaturales, los reconocía y explicaba con la hipótesis Espiritista, es decir, creyendo realmente que eran espíritus.

Un método primitivo de comunicación a través del sonido es conocido como Tiptología [gr. typto, «golpe», y logos, «discurso»]. Quienes lo utilizaban limitaron sus comunicaciones a respuestas monosilábicas [«sí», «no», «no sé»] de acuerdo al número de golpes previamente convenidos. El mayor defecto de la tiptología consiste en la brevedad de las respuestas obtenidas. Un espíritu sencillamente no podía responder preguntas pertinentes como: «¿quién eres?» o «¿qué quieres?». Era necesario preguntar por descarte: «¿Deseas tal o cual cosa?» — «No.» — «¿Deseas tal o cual otra?» — «Sí» —; y así sucesivamente. Sin embargo, la entidad podía darle diferente énfasis a sus respuestas de afirmación o de negación mediante la fuerza de los golpes. De hecho, la intensidad de los golpes era interpretada como una expresión de la naturaleza de los sentimientos del espiritu: violencia [por la fuerza de los golpes], impaciencia [por la rapidez de la respuesta], enojo [por la repetición de la respuesta].

La tiptología se perfeccionó con la adopción de un método más amplio de comunicación, que podemos denominar alfabético. Este método consistía en designar una letra del alfabeto a un número determinado de golpes. De este modo podían obtenerse palabras, frases y comunicaciones más largas. Este modo de proceder era extremadamente tedioso, pero pronto surgieron varios métodos abreviados, así como otros novedosos, como el tablero Ouija, que ofrecían recursos menos limitados para la comunicación con los espíritus [ver: Ouija: errores frecuentes, peligros y consecuencias]




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


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El artículo: Pulsatio Mortuorum: espíritus que golpean las paredes fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción, enviar consultas o compartir tu experiencia, escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Espíritus que imitan la voz humana.


Espíritus que imitan la voz humana.




«A veces nos alegramos al despertar de un sueño perturbador;
puede ser igual en el instante posterior a la muerte.»
[Nathaniel Hawthorne]


Estas entidades pretenden ser otros espíritus [más poderosos, demoníacos, con nombres grandilocuentes], o incluso personas vivas. Parecen disfrutar engañando, haciéndonos creer que son algo que no son. Algunos se harán pasar por espíritus serviciales, angélicos, amistosos; otros imitarán las voces de quienes viven en la casa. Si bien estas imitaciones pueden ser muy convincentes, siempre hay algo extraño o fuera de lugar.

¿Alguna vez, estando despierto, has escuchado una voz incorpórea, un grito, un susurro, alguien que te llama por tu nombre, a pesar de estar completamente solo? [ver: Algo me llamó por mi nombre]

En prácticamente todas las culturas existen leyendas de espíritus, fantasmas y demonios que imitan la voz humana. En general, este fenómeno es considerado como algo negativo, es decir, una señal de la presencia de una entidad maligna. Después de todo, es una forma de engaño.

Dentro de la fenomenología poltergeist, la imitación de voces humanas de fuentes desconocidas forma parte de la etapa de infestación [ver: Las 8 fases de la Actividad Poltergeist]. Esto suele suceder cuando la persona está sola y escucha la voz de un familiar, o incluso la suya, como si estuviera llamándolo desde algún lugar de la casa. Los espíritus que imitan la voz humana siempre utilizan voces de personas que conoces.

Ahora bien, la imitación de voces es una táctica. No constituye una entidad definida que se manifieste exclusivamente de este modo. El mensaje siempre es breve: de dos a cuatro palabras pronunciadas en una ráfaga. En algunos casos poltergeist se han registrado mensajes más largos, incluso conversaciones enteras, pero en general los mensajes cortos son más claros que los largos, como si la imitación fuese perdiendo fidelidad al sostenerse más allá de unas cuantas palabras.

Esta voz imitada de una fuente desconocida suele ir precedida de un sonido seco, como un chasquido. Inicialmente, la persona que escucha reacciona como si alguien conocido lo estuviese llamando o dirigiéndose hacia ella, pero esta sensación dura muy poco, y es sustituida por la inquietud, cuando no directamente por el miedo. La voz de los Imitadores suena más dura que la voz humana, más mecánica, y posee una cadencia inusual, incluso artificial.

La parapsicología tradicional sostiene que, cuando este tipo de entidades hacen notar su presencia de este modo suele ser una señal de que se manifestarán pronto. Pero realmente no hay razones para suponer que los espíritus que imitan la voz humana siempre tengan malas intenciones. De hecho, podrían tratarse de voces del pasado, es decir, huellas auditivas que tienden a repetirse [ver: Escucho sonidos del pasado]. Algunos incluso sostienen que podrían tratarse de deslizamientos de tiempo u otras anomalías espacio-temporales [ver: ¿Fantasmas o deslizamientos de tiempo?]

Antes de considerar un origen paranormal hay que descartar explicaciones mundanas como el moho y el monóxido de carbono, que pueden inducir alucinaciones auditivas. Las personas que tienen hijos [sobre todo las madres] a menudo los escuchan, llamándolos, cuando estos no están en casa, lo cual es perfectamente normal y no tiene nada que ver con «energías» liberadas, sino más bien con un estado de alerta típico que rara vez se relaja cuando hay niños pequeños. Para ser justos, creo que es bastante común escuchar a tu cónyuge llamándote por tu nombre cuando no lo ha hecho. Personas perfectamente cuerdas pueden malinterpretar sonidos, así como encontrar facciones humanas en una mancha de humedad o en el nudo de un tronco de árbol.

Hay casos, sin embargo, donde dos o más personas, al mismo tiempo, escuchan a una tercera, llamándolas, a pesar de estar solas en la casa. Esto también podría tener una causa natural: ambos han confundido un ruido ambiental con la palabra «mamá». Pero las cosas pueden volverse más inquietantes que eso. Podrías escuchar como si uno de los miembros de tu familia dijera tu nombre en voz alta, pero, al responder, se te informa que nadie te ha llamado. Esto puede ocurrir con frecuencia, a cualquier hora del día o de la noche. Incluso podrías despertarte en medio de la noche escuchando una voz conocida susurrándote al oído, abrir los ojos y descubrir que estás solo en tu habitación... [ver: «Estoy aquí»: algo susurra debajo de mi cama]

La mayoría de las experiencias que nos envían al correo electrónico de El Espejo Gótico tienen que ver con estas extrañas experiencias auditivas. A lo largo del tiempo hemos publicado algunas, no muchas; solo aquellas enviadas por personas abiertas a una explicación natural. Cuando alguien afirma que siempre ha experimentado fenómenos paranormales está destruyendo su credibilidad y objetividad. El hecho de que la gente piense que eso hace que su historia sea más creíble, se equivoca. Por el contrario, implica que asume que cada evento extraño en su vida tiene una explicación paranormal, lo cual es una tontería.

Los sentimientos asociados a escuchar una voz no humana están al borde del pánico. No es inquietud, no es extrañeza: es miedo, puro y destilado a través de impulsos instintivos. Todas las alarmas se encienden y no hay forma de desactivarlas. Después de todo, somos homínidos, la última línea genética de un total de nueve ramas que alguna vez caminaron sobre la faz de la Tierra. Sobrevivimos porque somos adaptables, porque, entre otras cosas, somos buenos para detectar sonidos potencialmente peligrosos. Una voz que no es parte de nuestro grupo, una voz que suena muy parecida, pero que no es exactamente la de otro Sapiens, activa los rasgos genéticos dominantes que nos hicieron sobrevivir como especie. A nivel instintivo reaccionamos ante este Otro intrusivo como si nuestra vida dependiera de ello.

La parapsicología tradicional ni siquiera tiene en cuenta todo esto, y habitualmente habla de los espíritus que imitan la voz humana como actividad demoníaca que busca alimentarse del miedo. Si esto fuese así, no habría necesidad de sobresaltarnos. La mayoría de las personas viven en un perpetuo estado de ansiedad y miedo, alimento más que suficiente para satisfacer a toda la hueste de demonios del Malleus Maleficarum. La hipótesis, sin embargo, es que existen entidades demoníacas que imitan la voz de alguien con quien vives. Lo escucharás decir tu nombre, o alguna otra forma de dirección que sea común en la persona imitada. Según esta creencia, el Imitador hace esto para incitar al miedo, que es un tipo de energía de la cual se alimenta. Cuanto más le temes, más fuerte se vuelve.

En el esoterismo los demonios son descritos como criaturas extremadamente ignorantes y reactivas. En el mejor de los casos pueden imitarnos pero de un modo burlón, sin poder hacerse pasar por alguien que conoces. A pesar de ser brutos descerebrados [al menos así se los describe] hacen un buen trabajo en aparentar inteligencia. Se esconden en el mimetismo, en la imitación, porque no pueden ir más lejos que eso sin consentimiento. Si lo obtienen, se sincronizan con la mente de su víctima y usan su lógica y lenguaje para imitar su monólogo interior y de ese modo enmascarar pensamientos intrusivos. Por sí solos no son capaces de mucho, por lo que adoptan esta naturaleza parasitaria de adherirse a los humanos y alimentarse de ellos [ver: Cómo y por qué algunas entidades se «pegan» a las personas]

Los espíritus que imitan la voz humana, en el folclore, suelen confundirse con el concepto de doppelgänger [doppel, «doble»; y gänger, «caminante», «acompañante»]. Es un término ubicuo en la ficción de terror, pero relativamente reciente; de hecho, se popularizó gracias al libro de Catherine Crowe: El lado nocturno de la naturaleza (The Night-Side of Nature, 1848) [ver: Los gusanos astrales de Catherine Crowe]. Las historias de encuentros con doppelgängers tienden a ser simples, básicamente presagios de muerte. Cuando alguien se encuentra con su Doble, o con el doppelgänger de alguien más, es señal de que la persona duplicada morirá en poco tiempo. Si alguien veía a una persona parecida a ti en la calle probablemente asumía que te quedaba poco tiempo [ver: ¿Quién es el doppelgänger?]

Se dice que Percy Shelley, esposo de Mary Shelley, a menudo se encontraba consigo en la vía pública cada vez que estaba enfermo. Algo similar le sucedía a Goethe.

Más cercano al concepto imitadores es el Fetch, que también es un imitador como el doppelgänger, pero cuyas apariciones son menos evidentes, y a veces sólo auditivas. El Fetch no siempre es un presagio de muerte. Encontrarse con él, en ciertas circunstancias, es una reconfortante señal de una larga vida por delante. El Fetch británico tiende a ser más insustancial, como una sombra o simplemente una voz imitada. Si uno escucha la voz de un Fetch [que suena como la propia voz] durante el día, no hay mayores inconvenientes. Escuchar a un Fetch por la noche es más preocupante: no vivirás para ver una nueva primavera. Es el inicio de una cuenta regresiva.

Originalmente, las leyendas sobre el Fetch eran más siniestras todavía. Hay historias de personas que se despiertan en medio de la noche y se dan cuenta de que hay alguien más en su cama [cuando deberían estar solas]. Si confrontas al Fetch, es decir, si no lo ignoras, lo verás con la forma que eventualmente tendrá tu cadáver. La idea de encontrarse con la copia cadavérica de uno mismo no es agradable, pero supongo que, después de los gritos iniciales y de despertar al resto de las personas en la casa, tienes una historia interesante para contar.

En el folclore celta, las Banshees poseen algunas similitudes con los Imitadores. La presencia de estas entidades a menudo se anuncia a través de voces, gritos de una mujer, silbidos, toses, gritos y pies desnudos corriendo. Según la tradición, las Banshees gritan tu nombre a tu espalda y te piden que te des la vuelta [ver: Siento que hay alguien detrás mío]

Los espíritus que imitan voces humanas se han urbanizado durante el siglo pasado. Anteriormente estas historias estaban asociadas a las poblaciones cercanas a los bosques. Muchas brujas medievales fueron acusadas de imitar el desesperante pedido de ayuda de un niño, o el llanto de un bebé, para atraer a los incautos al interior del bosque. Algunos grimorios sostienen que, en la misa negra, la bruja que sacrificaba el corazón del incauto conseguía que su propia vida se prolongara durante el tiempo que la víctima debería haber vivido.

Volviendo a la parapsicología, es un error asumir que los Imitadores son fantasmas. Estos últimos son seres estacionarios, fijados a un lugar determinado. Podemos pensar en ellos como una especie de holograma que se repite [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones»?]. No son conscientes de su entorno, ni son capaces de interactuar con los vivos. Los Imitadores, en cambio, parecen reaccionar, y cada manifestación es seguida por un período más o menos largo de inactividad, como si el hecho de comunicarse les demandara una enorme cantidad de energía. Algunos teósofos, como Annie Besant, sostienen que esta «energía» es obtenida de ambientes cargados de negatividad. Discusiones, violencia [según Besant], liberan la energía que estas entidades necesitan para manifestarse, lo cual empeora la actividad durante un período de tiempo [ver: Espíritus y «ambientes cargados»]. En este contexto, estos seres imitan a las personas con el objetivo final de suplantar sus pensamientos con los propios, haciendo que se sientan retraídas, fatigadas mentalmente y enfermas físicamente.

Ahora bien, la voz del Imitador se oye como si efectivamente proviniera de algún lugar de la casa; en general, el dormitorio. Es decir, no se oye como si sonara en tu cabeza. Podemos pensarlo como la diferencia entre auriculares y parlantes. Los auriculares se sienten como si el sonido estuviera principalmente en tu cabeza, mientras que los parlantes nos permiten localizar el sonido en una fuente externa.

La voz imitada es distinta de la voz humana normal. Posee un ritmo inusual, y distinguir las palabras no es algo que se pueda lograr fácilmente. Las voces pueden hablar bastante rápido, pero no siempre siguen las reglas gramaticales; en ocasiones incluso deben invertirse para que tengan sentido. Si bien los Imitadores utilizan patrones lingüísticos similares a los de la voz humana para construir su discurso, pueden sonar como una sucesión de sonidos aleatorios, sin pausa. Todo esto resulta razonable teniendo en cuenta que las vibraciones de las cuerdas vocales humanas están ausentes aquí. En esencia, son imitaciones que solo en una primera instancia resultan creíbles. La persona reacciona al escuchar lo que parece ser alguien conocido, pero rápidamente descubre que no es así.

Hay una omisión parcial o total de consonantes en esas voces, una distorsión de la armonía. A veces consiguen imitar el tono de voz de alguien, pero no el ritmo y la cadencia de su discurso, por lo que resultan bastante aterradoras. Al parecer, los espíritus que copian la voz humana prefieren manifestarse cuando hay algo de ruido ambiental en lugar de un silencio total. Como decíamos anteriormente, la voz es precedida por una especie de chasquido o clic de origen desconocido.

Si el espíritu copia la voz de una persona viva, la experiencia puede desestimarse como un lapsus, pero cuando se oye la voz de una persona fallecida entran a jugar otras consideraciones. Si estas voces son, en realidad, las de la persona fallecida, debemos presuponer que alguna forma de conciencia sobrevive a la muerte física, que conserva ciertas características del difunto, y que es capaz de comunicarse [ver: Un espíritu está tratando de comunicarse conmigo]. Son muchas presunciones, pero de eso se trata la Hipótesis de Trans-Supervivencia. Este modelo supone que, después de la muerte, la persona todavía existe con su personalidad y recuerdos, pero en una forma que requiere de un tercero [vivo] para formar un enlace con el plano físico. Este es un proceso similar a otros métodos tradicionales para comunicarese con los muertos, como la mediumnidad, las sesiones de espiritismo y el tablero Ouija [ver: Ouija: errores frecuentes, peligros y consecuencias]

Desde Allan Kardec hasta el presente, se han registrado una colosal cantidad de supuestos «mensajes» de ultratumba, pero estos no difieren demasiado de lo que podría decirnos alguien biológicamente vivo. La descripción de «la vida después de la muerte» obtenida [supuestamente de primera mano] a través de diversas interfaces [psicofonías, mediums, Ouija, sesiones espiritistas] con aparente detalle y descripción, en realidad no aportan nada sustancial. Esto, por supuesto, tiene una conveniente explicación. Al parecer, existe una estricta jerarquía en el mundo espiritual, y las entidades desencarnadas que se sí comunican están sujetas a reglas sobre lo que se les permite o no discutir con nosotros.

Esto resulta paradójico, porque censurar aquella información que nos permitiría tener una certeza absoluta sobre el mundo espiritual equivale a permitir únicamente mensajes irrelevantes. Es como si recibiéramos el llamado de un explorador de la Antártida que se rehusara a hablar de cualquier cosa relacionada con su viaje, estancia, clima o vicisitudes de su aventura.

Ante la negativa de los espíritus de aportar algo sustancial sobre su existencia, el peso de lo paranormal recae sobre la subjetividad de los vivos. Hay personas bienintencionadas que sencillamente están predispuestas a interpretar que cada suceso extraño que experimentan es paranormal, incluidas las percepciones auditivas anómalas. De hecho, la tendencia a encontrar patrones en sonidos aleatorios es una cuestión muy humana, acaso una ventaja evolutiva para la supervivencia. Escuchar lo que podría ser un potencial depredador nos permite activar el instinto de lucha o huída. El problema es que también podemos encontrar patrones donde no los hay. Esto se conoce como apofenia, que consiste en percibir conexiones y patrones en sucesos aleatorios. Es decir que una persona perfectamente sincera y honesta puede ver conexiones donde no las hay, y darle al resultado un significado que, por supuesto, es absurdo [ver: El verdadero significado de los fantasmas]

Cada vez que alguien comparte su experiencia personal conmigo, vía mail, siempre trato de partir desde una explicación mundana. Pero el «creyente» rara vez acepta algo que contradiga su creencia. Si está seguro de haber escuchado la voz de su madre muerta llamándolo por su nombre, me parece perfectamente respetable. Pero desde este lugar siempre intentaremos discriminar entre los eventos internos y externos, que muchas veces pueden explicar las cosas sin la intervención de espíritus, por ejemplo, el proceso de subvocalización. Este ocurre, sobre todo, cuando leemos, aunque puede ocurrir en otras circunstancias en la que el lenguaje se reproduzca como parte de un proceso mental. Todos hemos visto a alguien inmerso en un libro mientras sus labios se mueven ligeramente. La laringe y las cuerdas vocales también pueden moverse como si la persona realmente estuviera hablando, y esto puede ir acompañado de alucinaciones auditivas.

Pero también hay elementos racionales para apoyar una explicación sobrenatural. ¿Por qué las voces de los espíritus suenan «extrañas»? Se ha sugerido que la unidad más pequeña en el habla humana es el fonema, sin embargo, el habla es tan rápida que es imposible distinguir fonemas individuales. En cambio, reconocemos patrones de sonido. Es por eso que cuando alguien se equivoca al hablar podemos distinguirlo rápidamente, y también notar cuando el flujo de palabras es «extraño». Por otro lado, las vocales están bien definidas en el abecedareio, pero en el habla normal su pronunciación varía según las consonantes que las preceden y suceden. Estos pequeños detalles hacen que un discurso suene normal y fluido o completamente artificial. Y, cuando es artificial, es no humano.

Nada de esto explica que las voces imitadas que la gente asegura escuchar generalmente son llamados por un nombre propio, o palabras sueltas como «mamá», «ayúdame» [o súplicas en variates locales] y «frío». ¿Puede un espíritu tener la sensación física de frío? ¿No es necesario un sistema nervioso para eso? Podemos esbozar un par de razonamientos provisionales. Una explicación podría ser es que la última sensación que muchas personas tendrían al momento de morir es frío. ¿Esta sensación puede persistir más allá del plano terrestre? Dante, en La Divina Comedia, escribe que, de los nueve círculos del infierno, el noveno, y el más bajo, es el Lago de Hielo. La teoría astral también supone que hay diferentes niveles en el mundo espiritual, y que el más bajo es húmedo, lúgubre, miserable y frío.

La teosofía reconoce siete planos espirituales, siendo el primero el más bajo y el séptimo el más alto. Incluso Pablo, en la Biblia, habla de un «tercer cielo». En cualquier caso, los espíritus en el plano más bajo y denso, y por lo tanto más próximo al físico, no la pasan precisamente bien. Algunos, de hecho, se sienten encerrados en una especie de limbo donde pueden experimentar todos los deseos humanos pero la incapacidad física de satisfacerlos. Imaginemos sentir hambre, frío, sueño, y no poder hacer nada para aliviarnos.

El espiritismo sostiene que el mundo de los espíritus está repleto de impostores ansiosos por interactuar con los seres humanos; tal es así que las voces que nos hablan desde el más allá tienen sus características individuales, como las voces humanas, pero no suenan como las voces de amigos o seres queridos tal como los recordamos. En las sesiones espiritistas medianamente responsables [en las que no se presenta Beethoven o Napoleón] los espíritus suelen ser bastante infelices. Aquellos que saben que están muertos [y no todos reconocen este hecho], prefieren continuar en ese estado miserable y no avanzar hacia lo desconocido [ver: ¿Los fantasmas saben que están muertos?]. Si se les intenta convencer de seguir adelante, asegurándoles que amigos y familiares los esperan en el siguiente plano, responden con resignación. ¿Por qué?

La teosofía especula que estos espíritus son demasiado densos, es decir, demasiado apegados a lo terrenal, por lo que están aterrorizados de pasar al siguiente nivel. Tratar de erradicarlos a través de algún ritual de destierro solo empeora la situación. A menos que un espíritu [que fue humano] esté listo para abandonar un lugar, cualquier intento de desterrarlo por la fuerza sólo tendrá resultados temporales. Una muerte rápida, violenta e inesperada, parece desencadenar algo en algunas personalidades que les hace permanecer en el lugar donde murieron, o cerca de las personas que quisieron.

Otra hipótesis es que este tipo de espíritus no se han dado cuenta de que han muerto. Saben que algo ha cambiado, pero están confundidos y no pueden entender porqué. Todo sigue igual que antes, pero se preguntan por qué los demás parecen no darse cuenta de su presencia.

Desde tiempos inmemoriales se cree en estas «almas estancadas» o espíritus que permanecen apegados al plano físico; en cierto modo, atrapados por las circunstancias de su muerte. Algunos creen que estas entidades a menudo exhiben conciencia de sí mismos [o un simulacro de conciencia] y son capaces de interactuar con los vivos. H.P. Blavatsky y C.W. Leadbeater afirman que estos seres no son exactamente quienes fueron en vida, sino más bien una parte que queda atrás, un cadáver astral, si se quiere, que de alguna manera conserva cierta inteligencia y una porción de sus recuerdos [ver: El Cadáver Astral que tu consciencia dejará atrás]

Para finalizar digamos que «escuchar voces» cuando estás solo, o que no pueden ser escuchadas por otras personas a tu alrededor, no es necesariamente un signo paranormal, y tampoco una señal de enfermedad mental. Como suceso aislado, es una experiencia humana relativamente común. Tal vez escuches a alguien decir su nombre, probablemente mientras estás quedándote dormido. Es un evento común y probablemente no sea motivo de preocupación. Sin embargo, si escuchas voces desagradables, amenazantes, manipuladoras o maliciosas, entonces es hora de contactar a un profesional de la salud mental.




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Poltergeist: agua en todas partes [que viene de ningún lado]


Poltergeist: agua en todas partes [que viene de ningún lado]




Aquellos que nos siguen ya saben que en El Espejo Gótico nos gusta lo paranormal, a pesar de la cantidad de basura que rodea el tema. Aclaro esto porque hoy tocaremos un tema particularmente susceptible de caer en el este basural.

En su libro: Poltergeist (Poltergeist), el investigador Colin Wilson entrevista a una familia que experimentó una gran cantidad de actividad paranormal en su hogar.


«Pregunté cómo habían comenzado los disturbios.

—Con estos charcos de agua en el suelo de la cocina.

—¿Puedes describir su forma?

La señora Pritchard negó con la cabeza.

—Eran pequeños charcos limpios, como al volcar una botella de tinta.

Esta era una descripción de los charcos de agua creados por una explosión energía. Parecen como si un gato pequeño hubiera colocado su trasero cerca del piso y orinado.»


Si la sensación de estar siendo observado y las mascotas que se comportan de manera extraña son elementos extremadamente subjetivos, el agua requiere ser estudiada con el mayor escepticismo, aunque existe cierto consenso general que indica que una de las 8 fases de la actividad poltergeist está relacionada con pequeños charcos de agua que aparecen aleatoriamente [ver: Las 8 fases de la Actividad Poltergeist]

La aparición de estos charcos es consistente con todos los relatos de poltergeist, pero aun así resulta difícil de tragar. Quiero decir, si yo encontrara un charco de agua al azar en el piso, incluso investigando en una casa embrujada, mi primera reacción no sería: «Bueno, supongo que un fantasma debe haber dejado su marca». Y si, además, yo fuera un autoproclamado «experto», te diría que la navaja de Occam sugiere que si ves un charco extraño en tu casa probablemente se trata de un fantasma. ¡La orina de gato, la condensación o una filtración serían una locura!

Algunos especialistas aseguran que el agua amplifica la energía espiritual, pero jamás aclaran en qué consiste esa «energía», de qué está hecha y cómo se comporta. Esta «amplificación» [siempre de acuerdo a los «expertos»] hace que a los espíritus les resulte más fácil moverse e interactuar a través de un medio líquido. Supongo que esta teoría surgió a fines del siglo XIX, donde el comportamiento de la electricidad todavía era motivo de asombro. La sugerencia aquí es que un espíritu se mueve a través del líquido, o interactúa con él, sin desplazar sus moléculas, sino de manera similar a como lo hace la electricidad. Digamos, mejor, que el agua puede tener un impacto en el comportamiento y las emociones humanas, tanto en contextos normales como paranormales [ver: ¿De qué están hechos los espíritus?]

Desde los tiempos chamánicos se cree que los espíritus pueden usar el agua como un conducto para interactuar con el plano físico. La idea general sugiere que cuando una entidad espiritual entra en contacto con grandes masas de agua puede extraer su energía y usarla para manifestarse. Esto permitiría que la entidad creara un entorno limitado en el que puede interactuar con el mundo de los vivos. La parapsicología tomó esta idea y la amplió al darle un lugar preponderante a los niveles de humedad y temperatura como facilitadores de la actividad paranormal. De hecho, los avistamientos de apariciones y los puntos fríos son más comunes en áreas húmedas [ver: Los «Puntos Fríos» y los fantasmas]

El agua parecía actuar de forma extraña durante el Poltergeist de Rosenheim. Pequeños charcos de agua se formaban en lugares secos de la casa. Apenas se limpiaba, otro charco se formaba en otro lugar:


«La señora K. tomó un trapo del armario debajo del fregadero y secó el agua. Entonces, mientras estrujaba el trapo en el fregadero, notó otro charco en el linóleo. Se agachó y lo secó. Mientras lo hacía, notó otro charco. Le tomó unos segundos darse cuenta de que parecían formarse nuevos charcos de agua tan rápido como los limpiaba


La explicación obvia, en este y en cualquier otro caso, es que el agua se filtraba desde algún lugar [ya hablaremos sobre esto], pero lo cierto es que estos charcos aleatorios son habituales en el fenómeno poltergeist. Nadie sabe exactamente porqué, pero ocurren en todos los casos registrados. Guy Lyon Playfair, que investigó el Caso Enfield, cree que estos charcos de agua son una especie de condensación de la energía utilizada por el poltergeist. Su explicación es tan plausible como incomprobable.

Estos charcos paranormales tienen sus peculiaridades. Por ejemplo, tienen un contorno nítido, perfectamente circular [a pesar de las depresiones del suelo], y sin marcas de salpicaduras alrededor, como si el líquido se hubiera vertido de forma sostenida e inmediatamente por encima de su superficie. Quizás esto tenga alguna relación con las leyendas medievales de «espíritus juguetones», quienes se caracterizaban por dejar pequeños charcos de orina en el suelo. Guy Playfair menciona lo siguiente sobre el caso de East Drive:


«Lo primero que pregunté fue la forma de los charcos de agua. Tal como esperaba, eran pequeños charcos bastante limpios. La única peculiaridad de esta primera manifestación era que el poltergeist estaba provocando una tormenta de nieve en miniatura en el salón mientras se formaban charcos de agua en la cocina de al lado. El poltergeist de East Drive también jugó una mala pasada con el suministro de agua. Cuando se abrieron los grifos y se descargó la cisterna, salió una espuma verdosa.»


Playfair enumera varios «síntomas» de lo que él denomina «síndrome de poltergeist», comenzando con golpes en las paredes, puertas y ventanas y terminando con fallas en los equipos electrónicos [ver: Pasos, golpes, objetos que caen y otros ruidos inexplicables]. En el medio anota una amplia variedad de fenómenos: muebles y objetos que se mueven solos, apports [objetos que aparecen o desaparecen espontáneamente] y pequeños focos de incendios. Lo curioso es que estos fenómenos ocurren siempre en el mismo orden. No aparecen charcos de agua antes de que se escuche el ruido de piedras golpeando las paredes ni incendios antes de los golpes en la puerta. Por supuesto, para las personas que viven en la casa todos estos acontecimientos parecen aleatorios, pero en realidad siguen un patrón.

Pero, si existe un patrón en la actividad poltergeist, también debe existir algún tipo de fuente de energía. Tiene que haberla porque se trata de actividad física que ocurre en nuestro espacio y nuestra dimensión, por lo tanto debe obedecer al menos algunas de las leyes físicas. Algunos piensan que esta energía simplemente «gotea» casi imperceptiblemente de la mayoría de las personas, pero que ciertos individuos expulsan en cantidades extraordinarias durante un período muy corto de tiempo [ver: Espíritus y «ambientes cargados»]

Ahora bien, charcos misteriosos y el sonido de goteo que resuena en algún lugar de la casa, pero que nunca se puede identificar, no es una señal de actividad demoníaca, ni mucho menos, y solo adquiere relevancia al ocurrir en simultáneo con otros elementos. Por otro lado, el agua aparece en lugares poco frecuentes, por ejemplo, en los umbrales de las puertas [especialmente de los dormitorios] o sobre una mesa donde no se ha derramado ningún líquido. Al limpiarse, el agua vuelve a aparecer pero no necesariamente en el mismo sitio. Es difícil precisar qué diferencia tienen estos charcos de agua con otros producidos por cuestiones mundanas: no hay señales de agua goteando desde el techo, ni filtraciones ni condensación. De hecho, el agua puede aparecer justo debajo de objetos perfectamente secos.

Podríamos decir que siempre se ven charcos de agua que salen de la nada en los casos de poltergeist, pero de ningún modo esto es señal de que algo paranormal está ocurriendo. De hecho, creo que nadie en sus cabales asociaría estas dos cosas cuando ocurre una sola vez, pero después de limpiar la zona y, al día siguiente, encontrar más agua en el mismo lugar, sin que un profesional encuentre una filtración, la situación puede ser bastante inquietante. Pero antes de recurrir a fontaneros paranormales, quiero decir, investigadores paranormales, es importante aclarar que estos charcos aleatorios vienen acompañados de otros fenómenos. Por lo general, en esta fase de la actividad poltergeist se producen avistamientos de sombras y siluetas por el rabillo del ojo [ver: Figuras humanas que caminan por tu casa de noche]. Algo «oscuro» que sale de una habitación y entra en otra, por ejemplo. No se siente particularmente amenazante debido a que estas formas se perciben a través de la visión periférica.

En este contexto, los charcos de agua aparecen en los sitios donde estas sombras fueron entrevistas por las personas de la casa. La forma de estos charcos no se asemeja a la que podría dejar alguien que ha derramado un vaso, sino más bien como si el líquido hubiera estado goteando. Sin embargo, no hay marcas de salpicaduras alrededor, y naturalmente no hay filtraciones en el techo y señales de que el líquido haya estado goteando desde una mesa o cualquier lugar elevado. Es frecuente que aparezcan en los pasillos y frente a las puertas de los dormitorios. Este fenómeno suele ir acompañado de la aparición y desaparición de objetos pequeños, cosas que se pierden inexplicablemente [ver: ¿Por qué las cosas se pierden en tu casa?]

La secuencia de acontecimientos se repite en la inmensa mayoría de casos de poltergeist: la persona llega a casa y encuentra un charco de agua en el piso. Naturalmente, esto es algo que puede suceder, la persona lo limpia, y al día siguiente vuelve a encontrarse con los mismo. Después de investigar filtraciones, pérdidas, condensación, y excluir cualquier otra posibilidad [como el cuenco de agua de la mascota de la casa, orina, etc.], el fenómeno sigue ocurriendo, pero esta vez se «mueve» a otras zonas de la casa, como si ya hubiera capturado la atención de la persona y ahora la estuviera desplazando hacia otro sitio.

Cuando esto ocurre en la cocina hay demasiadas explicaciones naturales como para recurrir a lo sobrenatural: una fuga proveniente de la heladera [refrigerador], un grifo que pierde debajo del fregadero, una filtración que corre por una depresión en el piso. En fin, dejemos a la cocina y al baño a los plomeros fantasma, sobre todo si los charcos aparecen en el mismo lugar. Cuando vemos agua acumulada la tendencia es mirar en el espacio inmediato, alrededor del lugar; sin embargo, si vertimos agua en puntos aleatorios veremos que fluye hacia el punto mas bajo, que termina siendo donde está el charco. Insisto con esto.

Decíamos antes que los charcos de agua al azar [que al pisarlos se siente como si fueran pegajosos] están asociados con otro tipo de actividad poltergeist, como arrojar cosas, la sensación de que algo tira de tus ropas, o te empuja, equipos electrónicos que enloquecen, etc. [ver: ¿Pueden los espíritus tocarte?]. En los peores casos se formarán manchas de humedad y moho en los dormitorios, en especial debajo de la cama, y olores inexplicables que desaparecen tan repentinamente como aparecieron [ver: Entidades que se manifiestan a través del olor]. Siempre son olores desagradables: huevos podridos, azufre, tabaco [ver: El olor de los ángeles, demonios, espíritus y fantasmas]

Cuando la actividad se centra en el dormitorio, como normalmente lo hace, las personas tienen muchas dificultades para conciliar el sueño, y cuando lo logran, para permanecer dormidas y obtener una buena noche de descanso. No es que suceda algo espeluznante o siniestro, pero la atmósfera del lugar es más pesada, como si acentuara las preocupaciones que la persona carga consigo. No es infrecuente tener sueños muy vívidos [no exactamente pesadillas] y despertar en medio de la noche creyendo que hemos oído un ruido extraño en la casa. Al despertar a la mañana la persona se siente completamente agotada. Una amiga de El Espejo Gótico definió esta sensación diciendo que se sentía como si hubiese estado hablando por teléfono toda la noche, pero sin recordar con quién y de qué habló.

Esta manifestación de agua es un elemento común de actividad poltergeist, pero al ser mucho menos espectacular que otros signos, como golpes en las paredes, puertas que se abren y cierran solas, luces que se encienden y apagan, olores extraños, puede pasar desapercibido durante mucho tiempo [ver: Libros, cuadros y portarretratos que se caen solos]. Algunos investigadores sostienen que todo se reduce a un brote de actividad psíquica de un miembro de la casa; otros que la actividad gira en torno a una persona pero que no proviene de ella. En cualquier caso, esta persona está en el centro de la escena, y la mayoría de los fenómenos se producen a su alrededor o en sus espacios personales. En ocasiones el agua deja de aparecer aleatoriamente para «chorrear» desde superficies completamente secas. Desafortunadamente, mudarse no ayuda en absoluto. El fenómeno «seguirá» a la persona hasta que la fuente que lo originó se agote, y eso puede durar incluso varios meses [ver: Apego espiritual: causas y síntomas]

La mayoría de las personas que vivieron en carne propia el fenómeno poltergeist dirán que comenzó de repente, pero al ser indagadas podemos descubrir que previamente ha ocurrido actividad mucho más sutil. En otras palabras, un poltergeist no comienza con grandes manifestaciones, sino con eventos pequeños, a veces triviales, que a menudo las personas de la casa ven como simples bromas. La actividad no aumenta dando grandes saltos: a veces se estanca, incluso se detiene por completo después de algún tiempo, y luego regresa, escalando hasta volverse aterradora [ver: Un golpe: «SÍ»; dos golpes: «NO»; tres golpes: «DÉJAME ENTRAR»]

Se desconoce cómo y por qué comienza la actividad poltergeist, pero existen diferentes teorías. Una asegura que los espíritus [o seres elementales, energía residual, etc.] atados a un lugar físico en particular están extrayendo energía de las personas que viven allí para darse a conocer, algunos dicen que molestos o perturbados por los cambios realizados en el lugar. Otra teoría es que las personas de la casa pueden ser la causa. En cualquier caso, la actividad poltergeist comienza sutilmente, con movimientos inadvertidos de objetos o la aparición de charcos de agua. A medida que aumenta, puede parecer que se arrojan pequeños objetos [a veces dirigidos a una persona], se oyen ruidos inexplicables como pisadas o muebles pesados siendo arrastrados por el piso [ver: Señales de que hay un espíritu en tu casa]. A propósito de esto último, en Todos los Santos (All Souls'), la escritora Edith Wharton comenta: «¿Quién que haya vivido en una casa antigua podría creer que los muebles se quedan quietos durante la noche?»

Esta sutileza inicial del poltergeist es detectada por la persona más sensitiva de la casa, que se sentirá inquieta desde el principio. Por ejemplo, al regresar de sus actividades diarias la persona puede tener la extraña impresión de que alguien más está en la casa, a pesar de estar sola; y hasta escuchar algunos ruidos vagos que provienen de un lugar difícil de precisar [ver: Sentir «presencias» cuando estás solo]. Además, el lugar puede estar varios grados por debajo de la temperatura ambiente.

En esta instancia es donde pueden aparecer los charcos inexplicables, no de repente, sino progresivamente, comenzando por pequeñas gotas sin origen aparente que golpean la parte superior de tu cabeza. Se cree también que estas primeras manifestaciones de agua no tienen un olor desagradable, y hasta pueden tener un aroma dulzón, pero el sabor es repugnante.

En simultáneo con la aparición de charcos de agua, la actividad poltergeist incluye pequeñas piedras y otros artículos que golpean las paredes y las ventanas, sonido de crujidos y pasos, pero todo eso seguramente es descartado como simples rarezas. Todas las casas hacen ruidos extraños y un charco de agua es lo más normal del mundo. Pero hay otro fenómeno que suele ocurrir en esta instancia, el cual sí produce temor: la mímica o imitación de la voz de una persona de la casa [ver: Algo me llamó por mi nombre]. Por ejemplo, escuchas que tu pareja, o cualquier familiar o amigo que viva contigo, te llama por tu nombre, pero no hay nadie en la casa. La instancia posterior puede incluir ataques físicos: morder, pellizcar o arañar la piel, a veces mientras duermes, otras estando bien despierto [ver: Arañazos, rasguños y marcas en la piel durante la noche]. En el poltergeist de Enfield, los charcos de agua [en círculos perfectos] que aparecieron en la casa venían acompañados de pequeños fuegos que brotaban y se extinguían en unos segundos.

En la parapsicología y el espiritismo los charcos de agua pertenecen a la categoría de apports, es decir, la supuesta transferencia paranormal de un objeto de un lugar a otro, o la aparición de algo, como el agua y el fuego, de una fuente desconocida.

La energía residual es probablemente la causa más común de actividad paranormal, y ocurre con mucha más frecuencia de lo que la mayoría cree [ver: ¿Energía Residual o entidades inteligentes?]. Esta energía residual no tiene nada que ver con una entidad inteligente y consciente de su entorno, sino más bien brotes repentinos de actividad inusual que no siguen un patrón. En estos casos, la actividad, incluidos los charcos de agua, ocurre siempre en el mismo lugar. Si se trata de una aparición, será vista en el mismo rincón, caminando por el mismo pasillo, asomándose por la misma ventana, y repitiendo los mismos movimientos. En estos casos no hay ninguna interacción entre el fenómeno y las personas que viven en la casa [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones» impresas en la realidad?]

La energía residual se activa con mayor frecuencia e intensidad cuando hay altos niveles de humedad. Se ha sugerido que el agua retenida en el ambiente [sobre todo si hay moho] puede activar esta especie de registro de las cosas que ocurrieron allí, por lo general, desgraciadas. En cierta forma, este teoría sugiere que el agua tiene «memoria» [ver: La teoría de la Cinta de Piedra]. Sin embargo, y a diferencia de lo que ocurre durante un poltergeist, la energía residual no se activa por un trauma o una situación de violencia. Estas repetitivas liberaciones de energía [como si un proyector hubiera comenzado a funcionar] son capaces de dejar una impresión duradera.

En la Wicca tradicional se cree que las brujas que trabajan para la luz pueden experimentar la sensación de gotas de agua cayendo sobre su piel, en cualquier parte del cuerpo, sin ninguna fuente externa. Esto, se cree, es una buena señal. Pero cuando hay una gota visible en el cuerpo, o uno de estos típicos charcos de la actividad poltergeist, entonces se lo toma como una señal de un espíritu de nivel inferior que puede o no ser benigno, ya que quiere ser «observado» o simplemente darse a conocer. Estos espíritus que envían estas «señales» a menudo solo están apegados al lugar, no a la persona que vive allí, y además sus poderes están confinados a un ámbito muy pequeño.




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