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Mitos y verdades de la Misa Negra


Mitos y verdades de la Misa Negra.




La ceremonia satánica conocida como Misa Negra tiene un solo requisito para considerarse exitosa: impactar; y su historia, por cierto, posee algunas curiosidades capaces de impactar a cualquiera, aunque en un sentido inverso al deseado por sus devotos.

La Misa Negra es, como toda ceremonia, un ritual que no prescinde de la teatralidad. Se basa principalmente en la inversión de los principios de la Misa Católica tradicional, es decir, en una especie de pesadilla en donde los símbolos, las palabras y los actos del sacerdote se invierten para producir una atmósfera de herejía y blasfemia acorde a las pretensiones del maligno.

Contrariamente a lo que muchos creen, la Misa Negra que actualmente se practica no posee una larga historia. De hecho, la mayoría de sus características proceden de la invención de los ocultistas del siglo XIX.

Poco se sabe sobre los rituales que se practicaban en la Edad Media. De hecho, solo sobreviven unas pocas referencias a las Misas Negras celebradas durante el siglo XVII.

Esto, sin embargo, no ha impedido que la Misa Negra ocupe un rol preponderante en la imaginación popular.

Desde luego, como acto emplazado en el imaginario popular, la Misa Negra está directamente asociada a los oscuros ritos de antaño, tamizados por el recuerdo del baile de las brujas, sus escobas voladoras, y una serie de herejías derivadas del cristianismo, como por ejemplo, las reuniones escandalosas de los Hermanos del Libre Espíritu (Brethren of the Free Spirit), movimiento que floreció en el norte de Europa durante el siglo XIV y que llegaría a convertirse en un verdadero flagelo.

La Misa Negra actual tal vez proceda de esta corriente. El papa Clemente V, que llegaría a declararla herética en el Concilio de Viena de 1311, expuso que el momento central del rito se producía durante el acto carnal de un hombre y una mujer sobre un altar, justo en el instante en donde se consagraba la hostia.

Los caballeros templarios también fueron acusados de pervertir la Misa a través de una serie de transgresiones de índole sexual.

Finalmente, el sabbath de las brujas, aquellas reuniones en el bosque donde supuestamente se mantenían relaciones ilegítimas con el demonio, pueden ser admitidos como una especie de trasfondo histórico de la Misa Negra.

Algunos demonólogos han observado que el sabbath de las brujas era en realidad una completa inversión de los términos de la misa católica, en este caso dedicada a Lucifer en tanto mono de Dios. El diablo, naturalmente, representaba a Dios, así como otros objetos católicos eran utilizados de forma inversa al de su uso sagrado: crucifijos, velas, campanas, altares, etc.

Hay que señalar que este tipo de reuniones se practicaban en una época en la cual la misa católica también era utilizada para inducir el mal. Por ejemplo, el Concilio de Toledo de 1694 condenó a los sacerdotes que celebraban la eucaristía con fines nefastos.

Uno de los hábitos más populares era celebrar la misa de los muertos y, en vez de nombrar a la persona fallecida, se pronunciaba el nombre a alguien a quien se quería perjudicar. Esto, desde luego, era un servicio que los sacerdotes católicos menos devotos solían practicar a cambio de dinero.

De modo que, en cierta forma, por aquel entonces la Misa Negra era innecesaria. Solo se necesitaba algo de dinero y un sacerdote ambicioso y perverso para que él mismo practique el ritual. Hasta la reina de Francia, Catalina de Médici, fue acusada de solventar una Misa Negra en donde se realizó un sacrificio humano para curar a su hijo enfermo, Philip.

Existen muy pocos libros prohibidos donde se den claras instrucciones para realizar la Misa Negra. El Grimorio de Honorio suele ser citado con este propósito, aunque en sus páginas no se encuentra nada que tenga que ver con la Misa Negra y, en cambio, con algunas alteraciones y licencias dentro de la Misa Católica, por ejemplo, el sacrificio de un gallo.

La asociación entre la Misa Negra, el satanismo, y especialmente el sexo, se produjo de forma paulatina, casi siempre de la mano de algún personaje notablemente perverso, por ejemplo, el barón Gilles de Rais, quien asesinó a docenas de inocentes y practicó, en simultáneo, toda clase de horrorosos abusos.

También es conocido el caso de madame de Montespan, ya dentro de la corte francesa, que involucró acusaciones de aborto, adulterio y envenenamientos; algo que también se repite en la monstruosa historia de Elizabeth Bathory, por ejemplo, o en la de madame La Voisin y sus misas negras, sacrificios y ritos satánicos; donde los cuerpos de las mujeres eran empleados como altar para las más odiosas ofrendas.

En el caso de la Montespan, se dice que sus Misas Negras exigían una fecha precisa, que coincidía con su período, momento en el que se mezclaban esos fluidos con otros producidos por una corte de varones onanistas. El resultado era cocido en una preparación que luego sustituía a la hostia.

Este cuestionable hábito culinario luego sería elevado a la insensatez absoluta de la mano de Aleister Crowley y sus tortas de luz; especie de eucaristía diabólica donde convergían todos los fluidos corporales y aún otros de desconocida procedencia.

Pero tal vez la conexión mejor registrada entre la Misa Negra y la perversión sea el mismísimo marqués de Sade, acusado de satanista y libertino, y a quien se le atribuía cierta frecuentación con el demonio Zorneo.

No obstante, lo único cierto es que el marqués escribió escenas escandalosas que ocurrían dentro de la misa católica, por ejemplo, en su novela Justine y Juliette; donde una misa común y corriente es transformada en una verdadera bacanal aunque sin intenciones diabólicas, es decir, meramente como entretenimiento de orden erótico.

Desde luego, si alguien se atreve a sodomizar al papa en un escrito, justo después de hacerlo pronunciar las palabras sagradas de la eucaristía a través de una sucesión escatológica de flatos, probablemente sea acusado de satanista.

El autor decadentista J.K. Huysmans —que dicho sea de paso sostuvo haberse acostado con un Súcubo—, se interesó fuertemente en el ocultismo; a tal punto que en su novela Allá lejos (Là bas), formula algunas claves que hicieron suponer a sus contemporáneos que de hecho era un asiduo concurrente a esta clase de tertulias.

El ocultista Gérard Encausse, mejor conocido como Papus, aclaró que las pretensiones de Huysmans provenían, a lo sumo, de los párrafos exaltados de una enciclopedia Larousse.

En resumen, son menos las verdades que los mitos alrededor de la Misa Negra.

Esto se debe, en parte, a que un ritual que busca invertir los términos de otro necesita prescindir del canon, de lo establecido, de las normas. Razón por la cual, la Misa Negra es más un acto que un rito, que incluso puede practicarse sin que sus oficiantes lo adviertan.

Uno puede, por ejemplo, asumir la postura de un cretino autónomo y, sin notarlo, ser el intérprete de un siniestro ritual que se repite en todos los hombres desde la noche de los tiempos.




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