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Paimon: la verdadera historia del demonio de «Hereditary».


Paimon: la verdadera historia del demonio de «Hereditary».




En la excelente película de terror de 2018, Hereditary [El legado del diablo], vemos enloquecer lentamente a una familia debido a la influencia de un culto satánico que adora a un demonio particularmente misterioso: Paimon. ¿Quién es exactamente la entidad demoníaca detrás de los sombríos eventos de la película?

Paimon es un demonio que habita en uno de los rincones más recónditos de los mitos cristianos, aunque de hecho proviene de la mitología mesopotámica, no como un demonio, sino como una diosa que progresivamente fue vista como un djinn, seres que a menudo son hermafroditas, y por lo tanto retratados con atributos tanto masculinos como femeninos. Originalmente, Paimon presidía las artes y la ciencia; razón por la cual el propósito de invocarlo era adquirir conocimientos en estos campos, algo muy distinto a lo que vemos en la película. [ver: Diccionario demonológico]

Ahora bien, la mayoría de la información que tenemos sobre el demonio Paimon proviene de grimorios y libros ocultistas posteriores, quienes oscurecieron progresivamente su figura mitológica. Estos tratados demonológicos suelen estirar y distorsionar las características mitológicas de los demonios, pero aún así es posible recolectar algunos rasgos en común para reconstruir algo de la figura original. De modo que comenzaremos con estas referencias y, a continuación, intentaremos escarbar más profundo.

Según estos libros prohibidos, Paimon suele ser invocado para que otorgue espíritus familiares y revelar la ubicación de tesoros ocultos [ver: Los «espíritus familiares» en la brujería]. Se le debe permitir hacer cualquier pregunta y la respuesta debe ser honesta y directa. El Lemegeton Clavicula Salomonis [«La Llave Menor de Salomón»] le añade un atributo aparentemente trivial al afirmar que Paimon tiene el poder de controlar a los peces. En Pseudomonarchia Daemonum [«pseudo monarquía de los demonios»] se afirma que Paimon es el sirviente más «obediente» de Lucifer, quien en este grimorio en particular es sumamente arrogante. Cuando es obligado por la virtud divina, a través de un exorcista, Paimon se revela como un hombre con «un semblante afeminado», portando una corona con una estrella en el medio y montando un dromedario. Detrás de él marcha una multitud de réprobos con trompetas y címbalos.

Cuando Paimon es invocado por un nigromante, su manifestación es precedida por un gran rugido. El invocador debe poseer una extraordinaria firmeza para obligar a Paimon a observar su deseo y pedirle que responda claramente. Si el demonio es doblegado, puede responder cualquier cuestión relacionada con la filosofía, la ciencia, y revelar cualquier secreto. Sin embargo, si el invocador es débil, quedará atado a las mentiras de Paimon:


[«Él (Paimon) prepara buenos familiares, y tiene el entendimiento de todas las artes. Al invocarlo se debe mirar hacia el noroeste, porque allí está su casa. Cuando sea llamado, el invocador debe recibirlo sin temor, enumerando sus preguntas y demandas para obtener lo mismo de él.»]


Según el Pseudomonarchia Daemonum, no está claro si Paimon, antes de caer entre los ángeles, pertenecía a la orden de las Dominaciones o de los Querubines. En cualquier caso, el grimorio sostiene que le siguen doscientas legiones y, si el invocador no realiza los correspondientes sacrificios, Paimon puede manifestarse con sus dos servidores: Beball [a veces llamado Lebal] y Abalam, haciendo casi imposible controlarlo

Tanto en el Dictionnaire Infernal [diccionario infernal] de Collin de Plancy, como en el Livre des Esperitz [libro de los espíritus], se lo menciona como Paymon. En El Libro de Abramelin y el Grimorio del Papa Honorio aparece como Bayemon. Todas estas obras coinciden en la obediencia de Paimon a Lucifer, en la confianza que el Príncipe de las Tinieblas tiene depositada en él, en su residencia en el noroeste, y en su mayor enemigo, el ángel Haziel.

En el Ars Goetia, nuevamente, se describe a Paimon como un hombre montado en un camello, precedido por tropas que tocan trompetas y címbalos. En los anteriores grimorios se insiste en que Paimon tiene un rostro hermoso, pero el Ars Goetia no es tan específico, aunque aún se refiere a él como hombre. Este libro también añade un par de datos interesantes: la «voz ronca» de Paimon, y su tendencia a hablar en su idioma nativo [no se sabe si la lingua diaboli o el enoquiano] hasta que se le ordene responder en el idioma del invocador.

Si tomamos todos los grimorios mencionados hasta aquí, encontraremos que Paimon generalmente es descrito enseñando ciencia y respondiendo preguntas, lo cual no parece particularmente diabólico. El Ars Goetia y el Pseudomonarchia Daemonum especifican que su conocimiento incluye «todas las artes» y «cosas secretas» [tesoros, en su mayoría]. El Livre des Esperitz amplía esto y afirma que Paimon suele responder con sinceridad y es capaz de otorgar «dignidades y señoríos». Otra coincidencia es el mérito de otorgar familiares [que también son buenos para enseñar] y el dominio sobre los peces. También hay atributos absurdos, como la mención en el Ars Goetia de que Paimon puede «hacer que un ladrón regrese y devuelva lo robado». En El Libro de Abramelin se expanden un poco estos poderes con el conocimiento de eventos pasados y futuros, hacer aparecer espíritus, crear visiones, adquirir y despedir espíritus sirvientes, reanimar a los muertos durante varios años, volar, permanecer bajo el agua indefinidamente y habilidades generales para «hacer todo tipo de cosas» a instancias del mago.

Ahora bien, es probable que el origen de Paimón se remonte a los mitos mesopotámicos. Algunos incluso afirman que hay una relación directa entre Paimón y la diosa egipcia Isis, pero basándose en cuestiones puramente cosméticas. Paimón [recordemos, de «rostro afeminado»] suele ser representado montando un camello, lo mismo que Isis. Pero ahí terminan las similitudes, de modo que no tomaremos este camino.

Es interesante que, en El Libro de Abramelin, Paimon se escriba con frecuencia «Paymon» y, a veces, «Paimonia». Probablemente podríamos rastrear el origen etimológico de su nombre en el hebreo pomn [«tintineo», como el de una pequeña campana], que a su vez deriva de la raíz hebrea pom, «agitar», «impulsar». La palabra pomn se utiliza seis veces en Éxodo, y no era infrecuente que los rabinos llamaran a Paimon con el título de ozazl [«azazel»], que es un nombre usado en Levítico con referencia al chivo expiatorio [de oz, «cabra»; y azl, «irse»]. Todavía se realizan acalorados debates sobre si la palabra ozazl [«azazel»] es el chivo expiatorio, o un demonio a quien se le ofrecia ese animal, No obstante, en la demonología rabínica siempre se usa para referirse a uno de los principales demonios [ver: Azazel, el origen del chivo expiatorio]

Azazel, además de provenir la antigua práctica hebrea conocida como chivo expiatorio, también es uno de los Ben-Elohim mencionados en El Libro de Enoc; es decir, uno de los «Vigilantes» que le dio conocimiento a la humanidad en contra de la voluntad de Dios. A pesar de esto, la mayoría de los demonólogos consideran a Azazel y Paimon como entidades completamente separadas.

Hay una conexión evidente en los rasgos más sutiles de Paimon: su nombre significa «tintineo», suele «rugir» cuando se manifiesta, sus tropas tocan trompetas, y además habita en el seno de los vientos del noroeste. Es claro, entonces, que Paimon era antiguamente una deidad del aire. De hecho, en De sphera [«Sobre las esferas»] de Juan Sacrobosco, se habla de los «cuatro espíritus de gran virtud» que gobiernan los cuatro puntos cardinales y sus respectivos vientos: Oriens, Amaymon, Paymon y Egim. Pero demos un paso más allá en el terreno especulativo: la relación de Paimon con el aire [quizás siendo él mismo, originalmente, un espíritu del aire] se expresa en su devoción por la música.

En este punto no es ilícito suponer que Paimon comenzó siendo un djinn. En primer lugar, se lo representa montando un dromedario, una clara alusión al desierto; pero también tenemos su asociación con el aire. Djinn significa «oculto», pero en relación a algo que no puede verse aunque sí resulta audible, como el viento. De hecho, sus dos principales servidores, Label y Ablim, también son djinns en la mitología de medio oriente.

Muchos de los demonios mencionados en grimorios y tratados demonológicos tienen sus orígenes en los antiguos dioses de culturas subyugadas o absorbidas por una nueva religión [ver: El «accidente» que convirtió a los Dioses en Demonios]. De hecho, era una práctica común demonizar a los dioses de otras civilizaciones, pero también a seres de menor escala. En otras palabras, todos los grimorios y todos los tratados demonológicos presentan groseras distorsiones de la entidad original. Sin embargo, aún en esta deliberada deformación es posible encontrar vestigios, que de ningún modo son concluyentes y deben tomarse con pinzas. Paimon podría estar vinculado a los djinns, pero ningún vínculo es demostrable empíricamente.

Dicho esto, es significativo que Paimon siempre apareza con un «rugido» y hable con una «voz ronca». Cuando encontramos estos elementos en la demonología, por lo general estamos ante un eufemismo. El rugido que precede a la aparición de Paimon es análogo al aullido de las banshees en los mitos celtas, aunque probablemente más horrible, ya que es capaz de «partir en dos» al invocador si este es indigno. La presentación de Paimon con rugidos y amenazas al ser invocado es un lindo detalle. Es como si nos levantáramos a la madrugada cuando alguien que no conocemos golpea la puerta. Los rugidos de Paimon son una versión extrema del «¿quién es?» de alguien perturbado en medio de la noche, porque los grimorios establecen claramente que Paimon luego adopta un tono de cordialidad cuando el invocador se presenta.

Es importante tener en cuenta que muchos de los grimorios se contradicen entre sí con respecto a Paimon, pero todos coinciden en describirlo con los atributos de un djinn, y probablemente uno importante, ya que algunas leyendas lo describen como uno de los líderes del Djinnestán. Las representaciones de Paimon respaldan todo esto.

Ahora bien, el Djinnestán no es una región del infierno cristiano, menos aún del Sheol hebreo, sino el plano extradimensional donde habitan los djinn, según la mitología árabe, seres anteriores a la creación del ser humano. La palabra djinn, como hemos visto, significa «oculto» [a la vista], y cuya etimología es un ejemplo interesante de la forma en la cual este pueblo antiguo concebía el mundo. Djinn proviene del árabe jann, que significa «esconderse», pero no como nosotros habitualmente interpretamos esta palabra. Por ejemplo, la misma raíz [jann] está presente en manjun, «loco» [pero que literalmente significa «intelecto escondido»] y janin, «embrión» [«oculto dentro del útero»]. Esta es una maravillosa forma de pensar el mundo.

Los djinn forman parte de la mitología árabe preislámica, aunque posteriormente fueron absorbidos y reinterpretados por el Corán. Su reino, el Djinnestán, donde algunos grimorios sitúan a Paimon, originalmente era considerado un planeta lejano, y luego un plano distinto del físico. Se dice que los djinn fueron creados a partir del «fuego abrasador y sin humo» de Dios, pero también que son de naturaleza física, siendo capaces de interactuar con personas y objetos de nuestro mundo, y además poseen libre albedrío.

Iblis, uno de los principales djinn, ejerció su libre albedrío al máximo cuando se negó a inclinarse ante Adán, incluso cuando el propio Dios se lo ordenó. Por esa desobediencia, Iblis fue expulsado del Edén y llamado «shaytan» [Satanás]. Al parecer, Paimon y muchos otros también habrían sido expulsados, convirtiéndose en renegados, como los demonios.

Los djinn generalmente no pueden ser vistos por los seres humanos, pero estos sí son claramente visibles para los djinn. Lo que sí podemos ver es la interacción de los djinn con nuestro mundo físico, lo cual explica un poco el nombre de Paimon, «tintineo», el cual, como hemos visto, está asociado al aire, al viento, particularmente cuando hace agitar una pequeña campana. Esta asociación con los vientos también explica porqué los djinn, en el folclore, pueden viajar grandes distancias a una gran velocidad y habitar en áreas inaccesibles: sobre las montañas, los mares, incluso en las «alturas del cielo».

La estructura social de los djinn parece acreditar las divagaciones de los grimorios sobre ducados y rangos militares asignados a los demonios. Tenían reyes, cortes, bodas, funerales, y, como los seres humanos, serán juzgados en el Día del Juicio y enviados al Cielo o al Infierno según sus acciones.

Todo parece indicar que Paimon pertenece a la raza de los Marid, el tipo más fuerte de djinn [los más débiles son los ifrit], no en términos de fuerza física, sino por su dominio del elemento aire. Mientras los djinn más poderosos se elevan y vuelan por el cielo, los más débiles solo pueden manifestarse en nuestro mundo con formas bestiales, nunca con el «rostro hermoso» de Paimon.

A finales de 1909, el ocultista Aleister Crowley y Victor Neuburg [compañero y amante], viajaron al norte de África con la intención de practicar una ceremonia mágica en el desierto. El resultado fue una experiencia aterradora que involucra a Paimon.

Lo que sucedió en el desierto fue el resultado de toda una vida de identificación con los demonios. En sus Confesiones, Aleister Crowley afirma que no podía entender la razón de esta repentina identificación infantil con las fuerzas del mal, y que incluso a una edad muy temprana buscó «el camino de Satanás». Fue su madre quien primero se refirió a él como «la Bestia», un nombre que Aleister Crowley haría suyo. Esta identificación temprana con el mal tendría un impacto considerable en aquella experiencia en el desierto.

Crowley y Neuburg viajaron a Londres a principios de julio de 1909 y llegaron a Argel el 17 de noviembre. La actitud de Aleister Crowley hacia las autoridades coloniales francesas fue de cortés desdén. Eligió ignorar las advertencias de que un viaje por el desierto sin guía podría ser peligroso, aunque hay que que decir que este desdén estaba de algún modo justificado: Aleister Crowley era un montañista experto, y perfectamente capaz de realizar esfuerzos físicos extraordinarios; además, tenía conocimientos básicos del árabe y entendía la cultura musulmana.

Mientras los dos hombres se dispusieron a comprar las provisiones necesarias, la única preocupación de Crowley era el físico delgado de su compañero y su «mirada de perro avergonzado». Victor Neuburg, ante la insistencia de Crowley, se afeitó la cabeza dejando solo dos mechones en las sienes, que estaban «retorcidos en forma de cuernos». Crowley, riéndose, anota en su cuaderno de viaje que Neuburg era «un demonio que yo había domesticado y entrenado para que me sirviera como un espíritu familiar».

El ritual que Crowley tenía en mente estaba basado en un sistema mágico desarrollado por John Dee, el eminente matemático y astrólogo isabelino, y su clarividente, Edward Kelley. John Dee y Kelley estaban bien versados en la Cábala, pero sus experimentos estaban inspirados en el mago renacentista Henry Cornelius Agrippa, quien elaboró un sistema de tablas numéricas y alfabéticas para invocar a los ángeles. John Dee aprovechó los supuestos dones de Edward Kelley como vidente e intentó entablar una conversación con los ángeles. En otras palabras: John Dee hacía las preguntas a través de Kelley y luego registraba sus respuestas, formuladas en un lenguaje angelical secreto, llamada vulgarmente Enoquiano. Con el tiempo, John Dee construyó una cosmología completa de ángeles y demonios y esbozó treinta aethyrs [aires], básicamente dimensiones distintas a la nuestra.

Este esquema se había integrado en las enseñanzas de la Orden Hermética del Alba Dorada, y aunque a Crowley se le había negado la entrada a la Segunda Orden, lo había aprendido de otros adeptos, y de hecho estaba bastante familiarizado con el sistema de John Dee. Sin embargo, mientras los iniciados de la Golden Dawn solo estudiaban el Enoquiano como un ejercicio académico, Aleister Crowley estaba decidido para probar su eficacia. Había hecho una copia de las diecinueve Llamadas o Claves de Dee, que invocaban poderosas fuerzas ocultas; y entonces, en el desierto, se sintió impulsado a intentarlo. Según anota en sus cuadernos de viaje, «las condiciones son perfectas para emprender un viaje a través de los Aethyrs de John Dee».

El plan de Crowley era simple: elegiría un lugar apartado y recitaría la Llamada apropiada, el encantamiento ritual que le daría acceso al Aethyr. Después de asegurarse de que las fuerzas invocadas estaban presentes, tomaría su piedra mágica [en este caso, un topacio] y, como lo había hecho Kelley siglos antes, «la piedra desempeñaría un papel no muy diferente al del espejo de Alicia». Después de entrar en el Aethyr, describiría sus experiencias a Neuburg, quien las escribiría. Cabe señalar que Crowley adaptó el procedimiento a su medida. A diferencia de John Dee, él sería su propio vidente, y Victor Neuburg, el clarividente, cumpliría la función de escriba.

Aleister Crowley afirma haber entrado en contacto con seres celestiales «tanto terribles como hermosos», quienes se comunicaron con él en un rico lenguaje simbólico. Entendió gran parte del simbolismo y comenzó a darse cuenta de que las Llamadas, de hecho, le daban acceso a un intrincado sistema universal de mundos y planos de existencia:


[«Vi con mis propios ojos y escuché con mis propios oídos la verdad. Estas visiones cristalizaron la conclusión teórica que mis estudios de religión comparada solo habían esbozado.»]


Aleister Crowley esperaba que esta experiencia fuera una exploración impersonal de los Aethyr, pero las cosas se habían vuelto mucho más intensas y complejas. Estaba convencido de que se le estaba revelando la «brillante simplicidad de las verdades cósmicas». También se dio cuenta de que se estaba involucrando personalmente, que el ritual estaba trabajando en él. A medida que progresaba, Crowley empezó a sentir algo muy parecido al miedo.


[«Era como si una mano sostuviera mi corazón mientras un rugido me envolvía en palabras horribles y encantadoras.»]


Para fortalecerse contra la creciente sensación de pavor y asombro, Aleister Crowley empezó a recitar el Corán mientras marchaba por el desierto. Las grandes extensiones vacías, calurosas durante día y heladas por la noche, y la continua enunciación de fórmulas mágicas, se combinaron para producir un estado de intensidad espiritual abrumador.

El llegar al monte Da'leh Addin, Crowley, siguiendo las instrucciones de sus interlocutores angélicos, intentó ingresar al decimocuarto Aethyr. Se encontró con un «espeso velo negro», a pesar de intentarlo repetidamente, no pudo penetrar. Mientras tanto, una «voz» susurraba en sus oídos advirtiéndole que estaba a punto de entrar en el «Reino de la Tumba». De repente, el velo se rasgó, y Crowley vio «un ángel glorioso» parado frente a él con los brazos extendidos y la cabeza echada hacia atrás. Llevaba una «corona con una estrella en la frente» [al igual que Paimon] y «rodeado del llanto de las bestias». Este ángel instruyó a Crowley para que se retirara, ya que el misterio del decimocuarto Aethyr es «tan grande y terrible que no puede ser revelado a la vista del sol».

Conmocionado, Crowley se preparó para regresar a la aldea de Bou Saada. Mientras lo hacía, «me llegó la orden de realizar una ceremonia mágica en la cima de la montaña». Cualquiera que sea la forma que tomó esta «orden», Crowley la obedeció. Él y Neuburg construyeron un gran círculo con rocas; inscribieron palabras mágicas y erigieron un altar en su centro. Allí, dice Crowley: «Me sacrifiqué. El fuego del sol que todo lo ve cayó sobre el altar, desgarrando cada partícula de mi cuerpo y personalidad.»

Crowley no recordaba nada de su regreso a Bou Saada. Sin embargo, a medida que recobró lentamente la conciencia, supo que había cambiado:


[«Sabía quién era yo y todos los acontecimientos de mi vida; pero ya no me sentía el centro de esas experiencias. Yo no existía. Todas las cosas eran como sombras que se deslizan sobre la tranquila superficie de un lago; sus imágenes no tienen significado para el agua, ni poder para agitar su silencio.»]


Unos días después, Crowley se preparó formalmente para pasar por la prueba del Abismo. Comprendió que lo haría cuando entró en el décimo Aethyr de John Dee, y supo que, mientras estaba allí, debía enfrentarse y derrotar al terrible «Choronzon, el poderoso demonio que habita en el Abismo más lejano». También sabía que solo podía hacerlo como Perdurabo, un Adepto, y que era fundamental que no quedara ni una pizca de su ego si quería sobrevivir a la experiencia. El éxito dependía de la habilidad de Crowley para dominar a Choronzon a través del poder de la voluntad.

Las complejas técnicas, rituales y parafernalia de la práctica mágica son los medios por los cuales un mago inflama su voluntad. Choronzon podía ser controlado solo a través de la aplicación silenciosa pero implacable de esta voluntad. Si fracasaba en obligar a Choronzon a someterse, este lo esclavizaría. Ante esto, y las advertencias que había recibido en los Aethyrs anteriores, Crowley cambió su procedimiento mágico.

El 6 de diciembre de 1909, Crowley y Neuburg abandonaron Bou Saada y se adentraron en el desierto. Acamparon en las dunas, trazaron un círculo en la arena e inscribieron los signos apropiados. Luego se trazó un triángulo cercano, cuyos perímetros también estaban inscritos con nombres divinos y también con el de Choronzon. El círculo mágico les brindaría protección, y el triángulo estaba destinado a contener cualquier manifestación. En este punto, Neuburg entró en el círculo. Estaba armado con una daga y tenía instrucciones de usarla si algo intentaba entrar en el círculo. Crowley, negándose a unirse a su compañero en la relativa seguridad del círculo mágico, entró en el triángulo. Mientras Neuburg realizaba los rituales de destierro, Crowley hizo la Llamada del décimo Aethyr. Choronzon se anunció con un «rugido» y las palabras «Zazas, Zazas, Nasatanada Zazas». Luego, según Crowley, pronunció las siguientes palabras:


[«Yo soy. De mí proceden la lepra, la viruela, la peste, el cáncer, el cólera y la enfermedad. ¡Ay! Llegaré hasta las rodillas del Altísimo, y desgarraré su falo con mis dientes, moleré sus testículos en un mortero y haré de ellos veneno para matar a los hijos de los hombres.»]


A partir de entonces, Crowley guardó silencio. Permaneció sentado en el triángulo, profundamente retraído, y no se movió ni habló durante el resto de la ceremonia. Lentamente, Choronzon procedió a burlarse del inexperto Neuburg. Durante el intenso debate que siguió, con Neuburg garabateando furiosamente para registrar cada detalle, Choronzon comenzó a borrar sigilosamente los bordes protectores del círculo. De repente, saltó del triángulo al círculo y derribó a Neuburg al suelo. El escriba se encontró luchando con un «demonio en la forma de un salvaje desnudo», un hombre fuerte que trató de desgarrarle el cuello con «colmillos cubiertos de espuma». Neuburg, invocando los nombres mágicos de Dios, golpeó con su daga y finalmente obligó a la figura a regresar al triángulo, reparó el círculo, y Choronzón reanudó sus delirios: tentando, denunciando, suplicando, intentando socavar la voluntad del escriba. Finalmente, la manifestación empezó a desvanecerse.

La ceremonia concluyó. Los dos hombres se purificaron y borraron el círculo y el triángulo. Crowley afirmó que se había «identificado astralmente» con Choronzon y que había «experimentado cada angustia, cada rabia, cada desesperación, cada arrebato de locura» del demonio.

Durante las dos semanas siguientes, mientras Crowley y Neuburg se dirigían a Biskra, los hombres reflexionaron sobre el mantra «Zazas, Zazas, Nasatanada Zazas», mencionado en algunos grimorios como uno de los secretos que Paimon otorga a sus invocadores. Atinadamente, en la película Hereditary podemos ver varios términos mágicos disimulados en las paredes de la casa; entre otros, satony, pandemonium y «Zazas Zazas Nasatanada Zazas».




Demonología. I Mitología.


Más literatura gótica:
El artículo: Paimon: la verdadera historia del demonio de «Hereditary» fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Liber Incantationum»: el libro de los Nigromantes.


«Liber Incantationum»: el libro de los Nigromantes.




El inquisidor Nicolás Aymerich (1320-1399) evidentemente mantuvo un amplio contacto con Nigromantes. En su Directorium Inquisitorum informó sobre la confiscación de varios libros prohibidos, entre ellos, la Tabla de Salomón y El tesoro de la nigromancia [del olvidado Honorio el Nigromante], los cuales ordenó quemar en público. Fue Aymerich quien examinó en detalle las extrañas y, a menudo, horrorosas prácticas implícitas en el culto a los demonios. Según el Directorium Inquisitorum, los Nigromantes eran disciplinados, prometían obediencia y se entregaban al servicio de los demonios; entonaban cánticos en su honor y ofrecían no sólo animales sino su propia sangre como sacrificio:


[También practican una especie de ascetismo en el ejercicio de la magia negra. Ayunan y observan la castidad con el perverso motivo de honrar a los demonios. Asimismo, por reverencia a los demonios, se visten con ropajes negros.]


No podemos suponer que Aymerich simplemente estaba inventando estos cargos; a lo sumo, podría estar exagerándolos. Pero cuando afirma que ha leído los libros de los Nigromantes, no tenemos motivos para sospechar que miente. Parte de este material todavía sobrevive; y el Manual de Munich [código CLM 849 en la Biblioteca Estatal de Baviera], también conocido como Liber incantationum, es excelente ejemplo del tipo de documento al que hace referencia Aymerich [ver: Libros de demonología]

El Manual de Munich contiene una gran cantidad de operaciones mágicas realmente extraordinarias. Un conjuro, por ejemplo, pretende invocar a un demonio que impartirá un dominio sin igual sobre todas las artes y ciencias sin ningún esfuerzo por parte del Nigromante. Evidentemente, el autor era un erudito ambicioso pero no particularmente diligente [ver: Grimorios]

En general, los conjuros, fórmulas y rituales del Manual de Munich tienen los siguientes objetivos:

Afectar las mentes y voluntades de otras personas; a veces para volverlas locas, otras para inflamarlas de amor u odio, para ganar su favor, para obligarlas a hacer o no algo; etc. No son sólo los seres humanos los que pueden ser así dominados, sino también los espíritus y los animales.

Si bien la Nigromancia no se usa a menudo para causar daños corporales [para eso hay otras opciones], puede provocar molestias tanto físicas como mentales. Por ejemplo, en el Manual de Munich hay conjuro que llama a los demonios a afligir a alguna víctima para que no pueda dormir, comer, beber o... bueno, cumplir con sus obligaciones maritales [ver: Cómo las brujas causaban impotencia en los hombres]

El objetivo final aquí, como en otras ramas del ocultismo, es afligir a la víctima como un medio para que cumpla la voluntad del Nigromante. En segundo lugar, el Nigromante puede crear ilusiones para lograr el mismo fin; por ejemplo, festines y banquetes extravagantes, o bien apariciones horrorosas. Igualmente ilusorio es el uso de la Nigromancia para resucitar a los muertos [ver: Nigromancia: el arte de invocar a los muertos y regresarlos a la vida]:


[Un anillo consagrado, colocado en la mano o en el pie de un cadáver, bastará para convocar a seis demonios, cada uno de los cuales animará el cuerpo durante un día para que pueda resucitar, levantarse y hablar. El mismo anillo, puesto en el dedo de una persona viva, lo hará parecer muerto hasta que se lo quiten.]


Otro propósito de la Nigromancia es descubrir cosas secretas, ya sean pasadas, presentes o futuras. El Manual de Munich brinda instrucciones detalladas para la Nigromancia adivinatoria: fórmulas para encontrar objetos robados o perdidos, para identificar a un ladrón o un asesino, y en general para obtener conocimiento de cualquier cosa que sea incierta. De hecho, el Manual de Munich incluso presenta una especie fórmula de geolocalización; mediante la cual, sostiene, uno puede saber exactamente dónde se encuentra una persona en particular; así como otra que permite el diagnóstico de una persona enferma, y su consiguiente tratamiento.

La información deseada, por supuesto, la proporcionan los espíritus de los muertos, que se aparecerán a un niño [o, excepcionalmente, a una niña] en un cristal, en un espejo, en la hoja de una espada, en el omóplato engrasado de un carnero; en fin, objetos que siempre es conveniente tener a mano.

En general, la información que busca el Nigromante puede aparecer en la superficie reflectante. Es un procedimiento complejo, donde deben observarse diversas pautas de hospitalidad. Por ejemplo, el Nigromante debe invitar al espíritu a desmontar de su caballo [por alguna razón siempre se presentan de este modo], preguntarle si tiene hambre y, si es así, ofrecerle carnero asado. Cuando el espíritu se haya alimentado [aunque sin tocar la comida], el Nigromante debe ponerle la mano derecha sobre la cabeza y hacerle jurar que dirá la verdad. Un lector medieval no habría encontrado nada gracioso en todo esto. Por el contrario, la perspectiva seguramente habría despertado horror o fascinación, y tal vez ambas simultáneamente [ver: Sobre el arte de la nigromancia]

En otros casos, los conjuros, fórmulas y rituales del Manual de Munich están destinados a obtener visiones de ángeles [a menudo durante el sueño] para que puedan impartir conocimiento de cosas pasadas, presentes y futuras. Si bien las técnicas de Nigromancia pueden volverse bastante complejas, se reducen a unos pocos elementos principales: círculos mágicos, conjuros y sacrificios son los elementos más distintivos.

Los círculos mágicos pueden trazarse en el suelo con una espada o un cuchillo, o bien inscribirse en un pergamino o tela. A veces son formas geométricas simples con quizás unas pocas palabras o caracteres inscritos alrededor de la circunferencia. Más a menudo son complejos, con inscripciones y símbolos de varios tipos en el interior, posiciones para varios objetos mágicos y un lugar designado para el «Maestro», es decir, el Nigromante. El Manual de Munich describe varios círculos mágicos, desde los más simples a los más complejos; y todos requieren incripciones sobre un trozo de lino, hechas con la sangre de animales [ratas y murciélagos, sobre todo], que luego serán enterradas cerca de la casa de la víctima [ver: Cómo funciona la Sal en la magia]

Un círculo mágico particularmente interesante del Manual de Munich tiene la forma básica de un círculo y un triángulo en su interior. En el centro se representan varios objetos: una espada, un anillo, una vasija, un cetro y una tablilla con el Tetragrámaton y cuatro cruces. Las inscripciones dentro del triángulo son esencialmente caracteres y palabras mágicas, como AGLA, que se ha descifrado como sinónimo de Ata Gibor Leolam Adonai, hebreo para «Tú eres poderoso para siempre, oh, Señor» [ver: Algunas lenguas para la comunicación interdimensional]

Por supuesto, el Manual de Munich no utiliza el término «círculo mágico»; de hecho, a veces ni siquiera se trata de un círculo en absoluto. La figura geométrica parece haber sido menos importante para los Nigromantes que los signos e inscripciones en su interior. Si bien existe una amplia evidencia de la importancia de los círculos como focos de poder mágico, los Nigromantes los concibieron principalmente como recintos dentro de los cuales podrían estar contenidos varios signos y objetos [ver: El efecto rebote en la magia]

Tampoco hay evidencia de que los círculos mágicos de la Nigromancia tuviesen una función protectora. Todos estamos más o menos familarizados con las leyendas de magos y brujas que interpretaban estos círculos mágicos como dispositivos dentro de los cuales el oficiante estaba a salvo de los demonios, pero hay pocas razones para pensar que los propios Nigromantes los vieran de esta manera. Un ritual en el Manual de Munich dice expresamente que los demonios vendrán cuando sean invocados, dentro del círculo; mientras que es el Nigromante quien debe mantenerse fuera.

En otro caso, la periferia del círculo mágico es inocua. El libro presenta un ritual de magia amorosa que involucra un círculo mágico dentro del cual los amantes pueden «encontrarse» sin ser vistos. El redactor incluso proporciona intrucciones para trazar una circunferencia amplia que permita mayor fluidez en las maniobras [ver: Las pociones de amor más extrañas de la Edad Media]

Si los círculos mágicos están inscritos en tela o pergamino, pueden tener otros poderes además de conjurar demonios. Por ejemplo, un círculo mágico destinado a invocar a un demonio en forma de caballo puede usarse para proteger a su portador de caballos hostiles, y si está acompañado por la sangre y los dientes de un caballo, causará la muerte a cualquier montura que lo mire; algo útil en una época donde la caballería era la fuerza más poderosa en el campo de batalla.

Por otro lado, un círculo mágico diseñado como parte de una ceremonia para resucitar a una persona muerta puede usarse para la magia del amor, o para saber si una persona enferma morirá, o incluso para cuestiones más banales, como evitar que los perros ladren [esto es útil si eres un Nigromante enterrando una efigie cerca de la parroquia local]. Sin embargo, si los círculos mágicos se trazan en el suelo, son, por así decirlo, descartables. El Manual de Munich tiene mucho cuidado de instruir al Nigromante cuándo y cómo debe borrar el círculo mágico, no solo para no dejar evidencia física de sus actividades, sino también para evitar que otros la usen [ver: «Glamour» y otros extraños hechizos de belleza]

Si el círculo mágico [que incluye tanto el círculo como los caracteres y otras figuras geométricas en su interior] es el principal elemento visual de las técnicas del Nigromante, la conjuración es el componente oral clave. La conjuración suele imperativa. Es decir, el Nigromante no pide a los espíritus y demonios, les ordena que aparezcan ante él y realicen alguna acción. En el caso de invocar a un demonio poderoso, el Nigromante puede embellecer la fórmula de invocación para no ofender a su invitado, pero de ningún modo debe ponerse en un plano inferior.

Por supuesto, hay espíritus y, sobre todo, demonios, que no están realmente felices de que se les obligue a manifestarse; tanto es así que el Nigromante muchas veces debe repetir el conjuro tres veces, o siete, y al parecer este es un proceso muy desgastante y, en consecuencia, peligroso, porque cuando el espíritu o demonio por fin comparece el Nigromante puede estar demasiado cansado como para imponer su voluntad. Es por eso que la mayoría de las fórmulas de invocación del Manual de Munich instruyen repetidamente a los espíritus para que aparezcan en una forma agradable y no amenazante.

Los espíritus de los muertos aparecen con la forma física que tenían al momento de morir. Los demonios de mayor jerarquía suelen elegir una forma majestuosa, generalmente como reyes o caballeros. Los demonios de menor rango generalmente se presentan como perros negros y responderán las preguntas en esta forma [ver: Los «espíritus familiares» en la brujería]

Además de los elementos visuales y orales en la Nigromancia, había componentes operativos: actos que realizaba el Nigromante, particularmente sacrificios y rituales simpáticos. El Manual de Munich instruye en el peligroso arte de invocar a los espíritus en una encrucijada con el sacrificio de un gallo blanco. Otro ritual requiere llevar un gato negro al lugar, donde los demonios reclamarán su sacrificio una vez que hayan jurado obediencia. Alberto el Grande corrobora este testimonio, informando que el cerebro, la lengua y el corazón del gato son especialmente agradables al paladar demoníaco [ver: Demonología]

En la Edad Media [como en los relatos de fantasmas clásicos] se creía que los espíritus y los demonios podían ser atraídos por la sangre, especialmente por la sangre humana; así, según el Manual de Munich, los Nigromantes a menudo usaban agua o vino mezclados con un poco de sangre, ya que la consagración de un espíritu en un anillo, o en una botella, no puede lograrse sino mediante la ofrenda de sangre.

Por lo general, el sacrificio solía ser de un animal, pero a veces se ofrecían otras sustancias a los demonios. El Nigromante podía utilizar leche, miel, cenizas, harina, sal y otros ingredientes colocados en frascos dentro del círculo mágico. En otros casos, las sustancias eran más difíciles de conseguir, como las excrecencias agónicas de los ahorcados.

La Nigromancia muchas veces suele ser simpática, es decir, la acción que se realiza sobre una imagen se traslada a la persona representada. Por lo tanto, la magia amorosa puede implicar escribir los nombres de los demonios en una imagen de la persona deseada, de modo que estos la aflijan hasta que se someta a la voluntad del Nigromante, o de un tercero. Los demonios representados simbólicamente en la imagen deben estar realmente presentes en la mujer [ver: El «precio» de los hechizos de amor]

A menudo estas operaciones simpáticas van acompañadas de encantamientos. Si el Nigromante está tratando de despertar el odio o la discordia entre dos personas, puede calentar dos piedras [que representan a las víctimas] sobre el fuego, luego arrojarlas al agua helada y luego golpearlas una contra la otra. Mientras lo hace, dirá: «No golpeo estas piedras, sino que golpeo a X. y X. cuyos nombres están escritos aquí». Un ritual simpático de amor incluye la siguiente fórmula:


[Como un ciervo anhela la fuente, que X. anhele mi amor, y como el cuervo anhela los cadáveres, que ella me desee, y como esta cera se derrite ante el fuego, así ella desee mi amor.]


De más está decir que el secretismo era vital para todas estas operaciones, no tanto por el riesgo que entrañaba ser encontrado realizando estas prácticas, sino por el peligro de que caigan en manos inadecuadas. El Manual de Munich advierte al Nigromante que mantenga sus rituales en secreto porque tienen un poder «inefable», tal es así que los rituales deben realizarse en un lugar secreto y, por supuesto, guardar cuidadosamente el libro «en el que está contenido todo el poder para que no caiga en manos de los necios».

El Nigromante también puede deshacer el daño que ha hecho, y esto es bastante fácil si el ritual original se llevó a cabo mediante operaciones simpáticas que pueden revertirse. Si las piedras han sido enterradas para despertar el odio en una pareja, el amor puede restaurarse desenterrándolas. Si se ha enterrado un objeto cargado mágicamente cerca de la casa de la víctima, el hechizo se puede deshacer del mismo modo. El efecto puede garantizarse recitando diversas fórmulas. Del mismo modo, los espíritus y demonios que han causado daño bajo la orden del Nigromante pueden ser liberados de este servicio [ver: Diccionario demonológico]

Aquí en El Espejo Gótico nos sentimos tentados a preguntarnos cuál era el efecto real de estas operaciones. ¿Acaso el poder de la sugestión obraba sobre la mente del Nigromante o los demonios realmente aparecían? Uno también se pregunta cuántos Nigromantes intentaron uno o dos rituales y luego se dieron por vencidos. A modo de respuesta, creo que debemos evaluar una combinación de resultados. Si la magia no funcionaba, el Nigromante podía culpar el resultado a su propia incapacidad o inexperiencia. En otras ocasiones, los resultados serían lo suficientemente persuasivos para convencer al Nigromante de que su creencia estaba bien fundamentada.

Después de todo, la mayoría de los objetivos perseguidos por esta forma particular de magia eran de índole psicológico y, por lo tanto, intangibles, lo que dificultaría probar que un ritual había fallado por completo. Si el Nigromante intentaba matar a una persona por arte de magia y esa persona sobrevivía, el fracaso sería claro, pero si el objeto era obtener un favor en la corte o la enemistad entre amigos, a menudo se podría señalar un éxito aparente, aunque no fuera dramático.

Desde luego, el autor del Manual de Munich admite pocas posibilidades de fracaso y proporciona numerosos testimonios de la eficacia de sus rituales, fórmulas y conjuros.

Al leer el Manual de Munich uno se comprende por qué este tipo de libros fueron perseguidos con tanta saña. El uso blasfemo del ritual, la invocación de espíritus con fines amorales o directamente destructivos, y la pura megalomanía de los Nigromantes, son repulsivos tanto para la mirada moderna como para la medieval. Sin embargo, estos libros prohibidos también revelan cosas sobre la sociedad que los generó. Tanto los Nigromantes como los Inquisidores creían en el poder del ritual. Más específicamente, creían que al cumplir con ciertos estándares externos y objetivos, el ritual podría tener un poder automático. La disposición interna no era decisiva; lo que contaba era la correcta observancia de las formas exteriores. La hostia se consagraba efectivamente en la misa, incluso si el sacerdote era un pecador. Así también, creían los Nigromantes, Dios podía ser burlado de manera efectiva, y su poder utilizado para fines malvados si los rituales se realizaban correctamente.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


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El artículo: «Liber Incantationum»: el libro de los Nigromantes fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

El extraño caso del «Necronomicón de Simón».


El extraño caso del «Necronomicón de Simón».




Al considerar el libro prohibido más notorio de la ficción, el Necronomicón, se presentan tres posibilidades, todas desafortunadas:

a- H.P. Lovecraft realmente se tropezó con un volumen decrépito, lleno de tradiciones antiguas, y lo incorporó a su trabajo.

Esta opción [absurda] es imposible de probar, ni siquiera si el Necronomicón fuese redescubierto en el ático de algún viejo cultista. Como mínimo, no podríamos probar que Lovecraft lo leyó, aunque sí es justo admitir que el flaco de Providence leyó algunos libros de ocultismo, no muchos, solo lo suficiente como para crear una atmósfera de autenticidad en sus relatos [ver: Historia y Prehistoria del Necronomicón de Lovecraft.]

b- H.P. Lovecraft y su círculo de amigos lo inventaron todo; el Necronomicón es ficción; nunca existió.

La mayoría de las personas cuerdas estarían felices con dejar el asunto ahí. Después de todo, la mística del Necronomicón y los Mitos de Cthulhu radica en esta contradicción inherente en el pensamiento de Lovecraft, una especie de tensión entre su mente racional y las imágenes que le insinuaban sus sueños. No hace falta ningún libro maldito escrito por un árabe loco para dar sustento a todo esto [ver: Borges y la misteriosa copia del «Necronomicón» en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires]

c- Ciertos ocultistas modernos, como Kenneth Grant, han sugerido que el Necronomicón de Abdul Alhazred no existe... al menos no el mundo material, pero que es absolutamente real en el Plano Astral [que puede ser o no el inconsciente colectivo de Carl Jung]

Esta propuesta, aparentemente descabellada, enuncia que ciertos ocultistas dotados y artistas especialmente sensibles pueden acceder al Necronomicón Astral a través de los sueños, y traer parte de su contenido de vuelta a nuestro plano físico. Como resultado [siempre dentro del marco de esta posibilidad] podemos encontrar varias copias y versiones físicas del Necronomicón, supuestamente inspiradadas en la edición astral [ver: El verdadero «Necronomicón» de John Dee]

En su libro de 1972: El renacimiento mágico (The Magical Revival), Kenneth Grant teoriza sobre una posibilidad aún más inquietante: el escritor norteamericano H.P. Lovecraft y el ocultista inglés Aleister Crowley se refirieron a las mismas entidades extradimensionales, el primero en sus conocidos relatos de terror, y el segundo en sus libros esotéricos. El resultado de esta hipótesis apunta hacia la existencia real del Necronomicón Astral, al que Lovecraft y Crowley accedieron desde ángulos completamente diferentes [ver: El Necronomicón Astral, la conexion Lovecraft-Crowley]

En otras palabras, Crowley y Lovecraft se aproximaron al Necronomicón Astral, y en consecuencia a los mismos principios universales, las mismas criaturas amorfas, las mismas arquitecturas imposibles, sólo que eligieron caminos distintos para interpretarlas. El primero escribió sobre ellas dentro de un esquema esotérico, mientras que el segundo tradujo esas visiones en obras de ficción. Es importante mencionar que la conexión Crowley-Lovecraft es puramente especulativa, ya que estos dos caballeros no se conocieron personalmente; aunque ambos estaban familiarizados con la obra del otro; y más aun, ambos salieron con la misma mujer: Sonia Greene (ver: Lovecraft y Sonia Greene: una historia de amor).

La mayoría de estos intentos de esbozar un Necronomicón pueden descartarse a la ligera, como la edición de Owlswick Press del Necronomicón, publicada en 1973; cuyo contenido no tiene ningún sentido, con textos árabes aleatorios y, aparentemente, sin relación entre sí. Bonita encuadernación, sin embargo.

Más valiosos es el Necronomicón del artista suizo H.R. Giger, el cual captura ciertos elementos de horror primigenio. Y aunque consiste principalmente en imágenes, no en la truculenta prosa lovecraftiana, la atmósfera está ahí.

También podemos destacar la enorme cantidad de ensayos sobre el Necronomicón, sobre todo las de L. Sprague de Camp. Son una lectura entretenida; pero el grimorio en sí, no obstante, resuena como una reescritura de las herejías derletheanas. Uno siempre es consciente de que no está leyendo el Necronomicón. No hay suspensión de la incredulidad.

Esto nos lleva al tema de este artículo: El Necronomicón [Editado con una introducción de Simón]. El lector de Lovecraft sin duda lo ha visto, quizás en la web, quizás en una librería amiga. Rápidamente debemos admitir que, de todos los supuestos Necronomicones que pululan por allí, este es el mejor intento [ver: El Necronomicón de Simón]

Por supuesto, el Necronomicón de Simón también proclama ser auténtico.

Se afirma que este [supuesto] manuscrito estuvo durante un tiempo en posesión de un tal Simón, adquirido de dos monjes errantes, escrito en griego [o tal vez en sumerio], y traducido al inglés por varias personas [ahora fallecidas, por supuesto] bajo la dirección de Simón [¿Peter Levenda?]. Lamentablemente, el original no está disponible para su estudio, lo cual puede afectar su credibilidad. En este punto podemos pensar que todo el asunto es una farsa, pero, cuidado, también que el Necronomicón no quiere ser encontrado por cualquiera, y que de algún modo interrumpe los esfuerzos del buscador de libros. Interferencia demoníaca, sin duda [ver: Por qué el «Necronomicón» no es un libro... sino tres]

Al observar el libro en sí, primero nos encontramos con la eficaz e inteligente introducción de de Simón, quien establece un patrón de conexiones entre la ficción de Lovecraft, la magia de Aleister Crowley, y su base mutua en la mitología sumeria y el ocultismo. De hecho, estas leyendas sumerias parecen contener algunos paralelos lingüísticos sorprendentes [y siniestros] con los Mitos de Cthulhu [ver: Lovecraft y las lenguas extraterrestres]

El Necronomicón de Simón comenzó a circular en 1977. Su introducción [80 páginas de un total de 263] es lo único en el libro que se atribuye a Simón, cuya verdadera identidad se desconoce. El resto, según el libro, pertenece a un pasado inconcebible; aunque en cierto momento se cita como fuente la versión del Necronomicón de Olaus Wormius. En la introducción se nos brinda un detalle curioso: Abdul Alhazred habría toma contacto con el Necronomicón original luego de presenciar un ritual egipcio, una invocación, más precisamente, a una entidad llamada Kutulu, referencia un tanto grosera a Cthulhu [ver: ¿La palabra «CTHULHU» es un código secreto?]

En el Necronomicón de Simón se relatan batallas de semidioses con entidades oscuramente divinas o demoníacas, exorcismos de seres interdimensionales, la lucha entre el caos y el orden, la luz y la oscuridad; en fin. Resultan sospechosos los conjuros a los Antiguos en recatado inglés moderno, las invocaciones en austero babilónico y ritos en [acaso] imaginaria lengua sumeria [ver: ¿Los pactos de sangre son una muestra de ADN para los Antiguos?]

Lo más rescatable, en términos estéticos, son las descripciones más o menos logradas de los seres que obsesionaban al flaco de Providence. ¿Pueden ser estos los arquetipos de los que a nadie le gusta hablar? Echando una mirada escéptica al Necronomicón de Simón en sí, uno sospecha que los temas lovecraftianos y sumerios han sido entretejidos por una mano razonablemente sofisticada en una fecha bastante reciente.

Gran parte del material del Necronomicón de Simón está extraído de fuentes sumerias, como el Enuma Elish [o las Siete Tablas Babilónicas de la Creación] y los textos MAKLU y MAGAN. El primero es una colección de exorcismos; el segundo contiene parte de la historia de la creación mezclada con el descenso de la Diosa Ishtar al Mundo Inferior. Los capítulos: De los Zonei y sus atributos (Of The Zonei and Their Attributes), El libro de la entrada y el caminar (The Book of Entrance, and Of the Walking) y Los encantamientos de las puertas (The Incantations of The Gates), describen un sistema de magia planetaria basado en los cinco planetas tradicionales [Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno] bajo sus formas divinas babilónicas. En la magia occidental clásica existen muchos ejemplos similares, principalmente basados en la astrología y la alquimia medievales, o en las esferas del Árbol de la Vida Cabalístico [ver: La carta astral de Lovecraft]

Otras partes del Necronomicón de Simón contienen una mezcla más consistente de elementos lovecraftianos, con lenguas extrañas y mitos antiguos [ver: Lovecraft y las lenguas prehumanas]. En los capítulos: El Conjuro del Dios del Fuego (The Conjuration of the Fire God)El Conjuro del Vigilante (The Conjuration of the Watcher), El Libro de la Llamada (The Book of Calling), El Libro de los Cincuenta Nombres (The Book of Fifty Names) y el Texto de URILIA (URILIA Text) [¿Texto de R'lyeh?], van en este sentido, mientras que las dos partes de El testimonio del árabe loco (The Testimony of the Mad Arab) son, como era de esperar, casi en su totalidad lovecraftianos [ver: ¿Y si el Necronomicón está en tu casa?]

Lo que está sucediendo aquí es el uso de la lengua sumeria con fines goéticos, no muy diferente de los Nombres Bárbaros de Invocación aullados por hechiceros de otras tradiciones mientras buscaban sus estados alterados de conciencia [ver: Sobre los Nombres Bárbaros de Evocación]. Los textos, los dioses y las fuerzas de la antigua Babilonia, dispersos y olvidados, se unifican en el Necronomicón de Simón en un sistema mágico coherente y autónomo. En otras palabras, el libro no tiene ningún valor histórico o filológico, ya que no aspira a la autenticidad [en términos tradicionales], sino más bien a ayudar al mago a alcanzar ciertos estados de consciencia que le permitan acceder a otras realidades.

Estas personas están más preocupadas por los resultados de las operaciones mágicas que por la pureza cultural o ideológica de un texto determinado.

Nombres Bárbaros [Barbarous Names] es un término ocultista para referirse a una palabra mágica [aparentemente] sin sentido que se emplea en rituales. La palabra «bárbaro» proviene del griego barbaroi, la cual designaba básicamente a los extranjeros, cuyos idiomas les sonaban a los griegos como balbuceos inarticulados [bar, bar]. En el ocultismo, la mayoría de los Nombres Bárbaros son de origen egipcio, aunque también hay otros, sobre todo hebreos y persas. Ahora bien, el significado de un Nombre Bárbaro es importante, desde luego, pero siempre que esté en sintonía con las vibraciones de la palabra original. En otros términos, aunque el practicante conozca el significado original de la palabra mágica no debe traducirla, y menos pronunciarla en voz alta como sustituta del original durante el ritual, ya que el poder de los Nombres Bárbaros reside en su sonido, no en su significado.

El mismo principio rige sobre todo el Necronomicón de Simón: es inventado pero no falso.

Nada en sus páginas tiene sustento histórico, pero aquellos que creen en el ocultismo lo utilizan para concentrar y dirigir su poder mental. Funciona, rigurosamente, como un Nombre Bárbaro.

El capítulo Los Cincuenta Nombres plantea una de las preguntas más interesantes aquí; aunque de hecho estos nombres pueden ser títulos antiguos del dios Marduk. Pero, ¿de dónde vienen todos los sigilos, sellos y diagramas esparcidos por todo el Necronomicón de Simón? Se parecen a ciertas figuras árabes de alguna manera, muy diferentes de los sigilos de libros esotéricos más tradicionales, como el Clavicula Salomonis y el Armadel.

También se observan paralelos entre el Cincuenta Nombres y el Vudú, lo cual no es del todo descabellado. Después de todo, algunos eruditos han intentado rastrear el Vudú a través de África hasta sus raíces egipcias y, por lo tanto, eventualmente sumerias. En cualquier caso, si de hecho hay un manuscrito antiguo real acechando en el Necronomicón de Simón, este tipo de diagramas y figuras podrían surgir de él.

Todo esto es pura conjetura, independientemente de la dirección que tomemos. La cuestión de si el Necronomicón de Simón es una obra de ficción, una ingeniosa mezcla de hechos y mitos, o algo real, es completamente irrelevante para la mayoría de las personas que compran este libro. Aunque usted, querido lector de El Espejo Gótico, se escandalice, muchas de estas personas no han leído nada de Lovecraft; simplemente entran en este sistema mágico que propone el libro y lo practican. El propio Simón, desde la publicación del libro en 1977, probablemente ha recibido muchas cartas y testimonios de clientes completamente satisfechos [ver: Orden Tifoniana y H.P. Lovecraft: su profeta]

El Necronomicón de Simón advierte sobre la maldición que pesa sobre todo aquel que lea o distribuya el libro, lo cual no parece haber evitado su divulgación [ver: Traductores que perdieron la cabeza. y algo más, al traducir el «Necronomicón»]. La lectura del libro, afirma Simón, puede llevar a la locura y al suicidio. Como suele suceder en este tipo de libros prohibidos, estas advertencias resultan más bien un estímulo. En cualquier caso, lo más ofensivo del libro, al menos para mí, es esta idea derletheana que subyace en el Necronomicón de Simón: el clásico enfrentamiento entre el Bien y el Mal, algo que Lovecraft detestaba [ver: August Derleth: el creador de los Mitos de Cthulhu]

Esta lucha entre el Bien [Dioses Mayores] y el Mal [Antiguos] es una creación posterior a Lovecraft. En el Necronomicón de Simón, los dos grupos están poblados por auténticos dioses mesopotámicos, así como ficticios. Los Antiguos [aquí, no en los Mitos] representan el caos primigenio. La principal es Tiamat. Los Dioses Mayores son entidades más jóvenes, hijos de los Antiguos, que se rebelaron contra y prevalecieron. Al parecer, Marduk [líder de los Dioses Mayores] mató a Tiamat [reina de los Antiguos], partió su cuerpo en dos y creó el Cielo y la Tierra. Los Dioses Mayores también crearon a la humanidad a partir de la sangre de Kingu [un Antiguo]. Otros Antiguos están encarcelados debajo de la Tierra o en otros universos.

Decepciona leer en la introducción de Simón que los Mitos de Cthulhu hablan de la lucha entre el bien y el mal, aquí personificados en estos Dioses Mayores y los Grandes Antiguos. Sin embargo, el trabajo de Lovecraft jamás presentó tal conflicto; de hecho, esta faceta maniquea pertenece, sobre todo, a las contribuciones posteriores de August Derleth [ver: El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»]

Según Simón, debemos ser cuidadosos. Los Antiguos yacen «no muertos sino soñando», esperando el día en que puedan regresar. Para hacer esto, dependen de la posición de las estrellas, así como de los sacrificios oficiados por sus seguidores mortales. Típico.

En el epílogo del Necronomicón de Simón, el árabe loco es perseguido por las premoniciones de su muerte, que imagina espantosa. Se da cuenta de que los horrores ocultos del Necronomicón están enfurecidos y buscan vengarse por revelar su existencia al mundo. El texto está plagado de incongruencias, pero es importante tomarlas como un signo del estado mental inestable del autor, y de su deseo de protegerse a sí mismo del peligro percibido. No puede firmar su trabajo y, por lo tanto, permanece sin nombre; aunque todos sabemos a quién se refiere el título «árabe loco».

El Necronomicón de Simón no solo es un engaño bien construido, sino uno necesario.

Después de todo, un pastiche de tradiciones antiguas, recogidas aquí y allí, es exactamente lo que hicieron los autores de los grimorios en la Edad Media y el Renacimiento. En otras palabras, la falsedad de los grimorios es lo que los hace auténticos. Ese, tal vez, es el [¿único?] mérito del Necronomicón de Simón: ayudarnos a darnos cuenta que, si bien el Necronomicón de Lovecraft no existe, era necesario inventar uno.




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El artículo: El extraño caso del «Necronomicón de Simón» fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Sobre los Nombres Bárbaros de Evocación


Sobre los Nombres Bárbaros de Evocación.




Los Nombres Bárbaros [Barbarous Name] se utilizan en el ámbito del ocultismo y el esoterismo para describir una palabra sin sentido [o aparentemente sin sentido] que se emplea en rituales mágicos. El término «bárbaro», por supuesto, proviene del griego barbaroi, el cual designaba básicamente a los extranjeros, cuyos idiomas les sonaban a los griegos como balbuceos inarticulados [«bar, bar»]

En el ocultismo, sin embargo, muchos Nombres Bárbaros son de origen egipcio, aunque también hay otros, sobre todo hebreos y persas, que inicialmente fueron confundidos por los magos al transcribirlos al griego. Como ejemplo de Nombre Bárbaro como palabra mágica podemos tomar el clásico «Ablanathanalba» [similar a Abracadabra], utilizado por los gnósticos, y cuyo significado, al parecer, es: «tú eres nuestro padre». Se trata de un pequeño palíndromo [se lee lo mismo empezando por uno y otro extremo de la palabra] que se utilizaba como talismán u amuleto [ver: Algunas lenguas para la comunicación interdimensional]

Ahora bien, el significado de un Nombre Bárbaro es importante, desde luego, pero siempre que esté en sintonía con las vibraciones de la palabra original. En otros términos, aunque el practicante conozca el significado original de la palabra no debe traducirla, y menos pronunciar en voz alta esa traducción en sustitución del original durante el ritual, ya que el poder de los Nombres Bárbaros reside en su sonido, no en su significado [ver: El secreto mágico de la palabra OJALÁ]

En la Edad Media, la mayoría de los Nombres Bárbaros procedían de fuentes griegas y hebreas, hasta que John Dee introdujo la Lengua Enoquiana, según se cree, el lenguaje que utilizan los ángeles, pero que en términos prácticos se usa como fuente para una gran cantidad de Nombres Bárbaros [ver: El verdadero «Necronomicón» de John Dee]

El mismo espíritu se encuentra en el Transitus Fluvii, el idioma secreto de las brujas, repleto de Nombres Bárbaros. En todos estos casos, la efectividad de los Nombres Bárbaros descansa en su pronunciación, en las vibraciones de los sonidos que constituyen cada palabra. A propósito del Enoquiano [ver: La Ley de Atracción y los ángeles de John Dee], hay que decir que su fuente ha desconcertado a los investigadores, pero es un lenguaje, no una jerga, porque posee una estructura propia y hay rastros de gramática y sintaxis [ver: Lengua Adánica]

Los Nombras Bárbaros de mayor poder son largas cadenas de palabras ininteligibles, muchas de las cuales se encuentran en los grimorios medievales. Este es un ejemplo típico de El grimorio de Armadel:


[EL ELOHIM ELOHO ELOHIM SEBAOTH ELION EIECH ADIER EIECH ADONAY JAH SADAY TETRAGRAMMATON SADAY AGIOS O THEOS ISCHIROS ATHANATOS AGLA.]


A simple vista, hay algunas palabras que podemos identificar como hebreas, pero la mayoría son Nombres Bárbaros. En este caso, se trata de una invocación; y la idea es que el practicante no tenga en mente el significado de las palabras sino el poder de sus vibraciones sonoras. A modo de ejemplo, si desglosamos la última palabra, AGLA [tal vez la menos peligrosa] deberíamos traducirla como Atah Gibor Le-Olam Adonai, que significa, «Tú, oh Señor, eres poderoso para siempre» [ver: Lingua Diaboli: el lenguaje del diablo]

Este es solo un ejemplo de la complejidad que pueden adquirir los Nombres Bárbaros, tal es así que incluso Aleister Crowley se avergonzó de haber dedicado tanto tiempo a la tarea ingrata de encontrar significados y rastrear las corrupciones de estos Nombres Bárbaros de Evocación presentes en la mayoría de los conjuros [ver: Lovecraft y las lenguas prehumanas] [ver: «¡Iä! ¡Iä! ¡Cthulhu fhtagn!»: análisis del R'lyehian, la lengua de Cthulhu.]

Es un hecho que muchos de los Nombres Bárbaros son corrupciones de los nombres divinos. Podemos rastrear, por ejemplo, la palabra Tetragrammaton [lit: «los cuatro nombres»] en Jehová. Pero esto, aunque justifique la curiosidad lingüística del practicante, es contrario a la teoría. Es decir, es porque los Nombres Bárbaros no tienen sentido que son efectivos [ver: Lovecraft y las lenguas extraterrestres]

En cualquier caso, hay dos caminos aquí: utilizar los Nombres Bárbaros sin intentar descifrar su significado, o bien traducirlos, comprenderlos, y nunca utilizarlos. El neófito no debería usar los viejos conjuros con sus Nombres Bárbaros porque, entendiéndolos imperfectamente, podría atribuirles supersticiosamente algún poder diferente del que entrañan en realidad. Nunca se debe jugar imprudentemente con la magia [ver: Voynichés: la lengua impronunciable]

A pesar del arrepentimiento de Aleister Crowley, mencionado anteriormente, lo cierto es que incluyó pasaje clásico de Nombres Bárbaros en su Misa Gnóstica. Previamente había hecho de los Nombres Bárbaros una característica central del ritual que utilizó para invocar a su Santo Ángel Guardián [se documentó más tarde como Liber Samekh]. En este contexto, Aleister Crowley concluyó que:


[Los conjuros más potentes son aquellos en un lenguaje antiguo y quizás olvidado, o incluso aquellos redactados en una jerga corrupta y posiblemente sin sentido.]


Ahora bien, ¿cuál es el sentido de utilizar palabras aparentemente aleatorias y sin sentido?

En teoría, los Nombres Bárbaros utilizados en la evocación tienen el propósito de exaltar la mente a través de la liberación del pensamiento discursivo y racional. Son un dispositivo para provocar una conciencia extática. Al excluir a la razón mediante la pronunciación de estas palabras, cosas muy extrañas y poderosas pueden ocurrir en la mente [ver: DELAQUEEL: palabra mágica para cumplir un deseo imposible]

Algunos ejemplos de Nombres Bárbaros se pierden en la noche de los tiempos, y sus significados se han ido distorsionando progresivamente. Términos como Sesengenbarpharanges o Akrammachamarei son intraducibles, aunque se conserva parte del espíritu de su significado original y el propósito de su uso. Durante el Renacimiento, los Nombres Bárbaros perdieron definitivamente su glamour [ver: «Glamour» y otros extraños hechizos de belleza]; se volvieron cada vez más excéntricos, aunque se siguió respetando la advertencia a los estudiantes de no descifrar las palabras, aún cuando sea posible hacerlo, sino a concentrarse en el sonido. De hecho, la práctica del trueno sonoro de los Nombres Bárbaros es esencial para añadirle un efecto psicológico y mágico al ritual.

A propósito de este trueno sonoro, Crowley comentó lo siguiente:


[Las largas cadenas de formidables palabras que rugen y gimen a través de tantos conjuros tienen un efecto real en la exaltación de la conciencia del mago si se pronuncian en el tono adecuado.]


El proceso de construir un Nombre Bárbaro es lo que le da su poder, y es mucho más efectivo que usar uno construido por otro mago, incluso si se trata de un Nombre Bárbaro clásico. La naturaleza del Nombre Bárbaro en sí es similar a un sigilo construido por el mago siguiendo las pautas que considere adecuadas, y ambos, el Nombre y el Sigilo, refuerzan mutuamente su poder. El método para construir un Nombre Bárbaro de evocación debe partir de la intención general de abrir una corriente desde la raíz del conocimiento hasta el subconsciente. De otro modo el mago conocería el significado de la palabra, despojándola de cualquier poder que pueda tener [ver: El lenguaje de los vampiros]

Al ser un emergente del subconsciente, el mago [su parte racional] no conoce la mecánica exacta del proceso que representa el Nombre Bárbaro. Si fuera a usarse en un ritual o una ceremonia, el mago debería dejar que la intensidad de la operación creciera hasta que, en el punto máximo, rugiera el Nombre Bárbaro, cuya mecánica exacta ha olvidado, pero cuya intención está grabada para siempre en su subconsciente [ver: El lenguaje de las hadas]

En este sentido, los Nombres Bárbaros son muy utilizados para la creación de Elementales, Formas de Pensamiento y Tulpas [ver: Tulpas, Seres Interdimensionales y una teoría sobre el Horror]. El Nombre Bárbaro construido sería el nombre del espíritu, y lo ataría a la intención con la que se lo creó en primer lugar. En todo caso, los Nombres Bárbaros funcionan dentro de su órbita de acción. El iniciado, al utilizarlos, rápidamente descubre que «suceden cosas», lo cual es una ventaja [y una desventaja en igual medida] en comparación con otras técnicas. Si la magia en general requiere paciencia y habilidad, los Nombres Bárbaros necesitan prudencia.

Las invocaciones egipcias son mucho más «puras», porque su significado no ha sido suficientemente estudiado por personas competentes. En menor medida, también las griegas y las latinas, pero son los Nombres Bárbaros los que proporcionan esa sonoridad mágica que no se encuentra en otras jergas. Sin embargo, no está del todo claro en qué radica realmente la eficacia de los Nombres Bárbaros. La peculiar excitación mental requerida puede incluso ser despertada por la percepción de lo absurdo de todo el proceso.

Sin dudas hay un aspecto freudiano en el uso de los Nombres Bárbaros, como esta idea de que la palabra debe surgir del mago en el momento supremo del ritual, casi a su pesar; quizás debido al poder de estas palabras para despertar la libido subconsciente reprimida. Pronunciadas, estas palabras no pueden dejar de tener efecto, porque se han convertido en el efecto, como lo refleja la leyenda del verdadero nombre de Dios, cuya pronunciación implica la disolusión del universo [ver: Senzar: la lengua secreta de Dzyan]

Sobre la eficacia de las palabras mágicas hay nuevamente dos fórmulas opuestas. Una palabra puede volverse poderosa y terrible en virtud de la repetición constante. Es así como la mayoría de las religiones ganan fuerza. Al principio, la declaración «Fulano de tal es Dios» no despierta demasiado interés. Continúe y se encontrará usted con desprecio, quizás escepticismo, y posiblemente persecución. Sigamos insistiendo y la controversia se habrá extinguido: «Fulano de tal es Dios». La persistencia es la única cualidad necesaria para el éxito de una religión [ver: ¿La palabra «CTHULHU» es un código secreto?]

La fórmula opuesta es el secreto. Una idea se perpetúa porque nunca debe mencionarse. Un iniciado nunca olvida las palabras secretas que le fueron confiadas, y aunque no significan absolutamente nada, en la gran mayoría de los casos, la única razón porque las recuerda es porque se le ha prohibido mencionarlas.

Es decir que, por un lado, hay una disposición para comunicar todos los secretos; por otro, el sublime y terrible conocimiento de que todos los secretos reales son incomunicables.

Según la tradición, una cierta ventaja en los conjuros es emplear más de un idioma. Con toda probabilidad la razón es que cualquier cambio estimula la atención. Y vaya que los Nombres Bárbaros sacuden la atención del iniciado. Por eso, los conjuros deben recitarse, no leerse.

El verdadero mago habla y actúa improvisadamente, y todos sus rituales se realizan perfectamente sin que apenas tenga conciencia de algún esfuerzo de la memoria. La ceremonia debe construirse progresivamente con una fatalidad tan lógica que un error resulte imposible. En este contexto, los Nombres Bárbaros interfieren con la automatización del ritual, impiden que se realice mecánicamente, pero también pueden surgir espontáneamente en contextos impensados. Repasemos esta breve anécdota comentada por Crowley:


[En una reunión campestre en los Estados Unidos de América, los devotos estaban tan emocionados que toda la asamblea desarrolló una furiosa forma de histeria. Los gritos comparativamente inteligibles de «Gloria» y «Aleluya» ya no expresaban la situación. Entonces alguien gritó «¡Ta-ra-ra-boom-de-ay!», y esto fue tomado por toda la reunión. Así se produjo una reacción en cadena. El asunto llegó a los periódicos, y un discípulo particularmente brillante de John Stuart Mill, lógico y economista, pensó que estas palabras, habiendo enloquecido a un grupo de tontos, podrían hacer lo mismo con todos los demás tontos del mundo. En consecuencia, escribió una canción y produjo el resultado deseado. Este es el ejemplo más notorio en los últimos tiempos del poder que ejerce un Nombre Bárbaro de evocación.]


Algunos Nombres Bárbaros pueden ser útiles para reconciliar la noción general de causalidad con la de magia, pero una operación mágica exitosa no implica ninguna teoría, ni siquiera la de la existencia de la causalidad misma. Todo el conjunto de fenómenos puede concebirse individualmente.

La magia es menos propensa a conducir al error porque sus términos son intercambiables, por definición, por lo que se basa en la relatividad desde el principio. Es elástica. No corre riesgo de afirmar proposiciones absolutas. Implica un autoajuste permanente, de modo que el fracaso está excluido. Ningún individuo puede jamás ser nada más que él mismo, ni hacer nada más que su Voluntad, que es su relación necesaria con su entorno. Por lo tanto, una de las principales herramientas mágicas es la incapacidad de comprender, por ejemplo, un nombre, una palabra, sin dudas extrañas en sus formas, pero reconocibles en su intención.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


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El Diablo como amante: atributos, virtudes y desproporciones del Maligno


El Diablo como amante: atributos, virtudes y desproporciones del Maligno.




La mayoría de los tratados demonológicos coinciden en una opinión inquietante: la naturaleza de un demonio que se obsesiona con una mujer a menudo está condicionada por la mente de esa persona. Aquellas que son reprimidas, supersticiosas, temerosas, y hasta insatisfechas, tienen muchas más probabilidades de convertirse en el objeto de los afectos forzados de Íncubos y Súcubos [ver: Íncubos y Súcubos: ¿qué ocurre durante un encuentro paranormal?]

No obstante, estos acosadores sobrenaturales no son más comunes en la población general del infierno que en la nuestra. En cierto modo, fue la manía por el Íncubo que se extendió por Europa en los siglos XV y XVI lo que provocó tantos informes sobre este tipo de relaciones. No es de extrañar entonces que aquellas piadosas mujeres que se susurraban los detalles más jugosos del último juicio de brujas, en efecto, fantasearan secretamente con ser poseídas por el demonio. Algunas de ellas vieron sus deseos inconscientes cumplidos en toda regla [ver: Diario de una iniciada]

No hablamos aquí de la posesión demoníaca tradicional, es decir, cuando un espíritu parece entrar y tomar el control del cuerpo [ver: ¿Qué siente una persona poseída?]. En este caso, la identidad consciente de la persona poseída se desplaza durante el evento, que suele ser de corta duración. Con menos frecuencia, la conciencia permanece durante la posesión, pero es incapaz de controlar su cuerpo. La obsesión ocurre cuando un espíritu persiste en dar a conocer su presencia, ya sea apareciendo a la vista, susurrando o gritándole al oído, acariciando o golpeando a la persona, o generando otras impresiones sensoriales directa o indirectamente [ver: ¿Tocada por un ángel o quemada por un demonio?]. Según esta definición, el sexo con espíritus es una forma de obsesión.

Según el testimonio sesgado de los juicios de brujas [donde muchas veces los testimonios eran extraídos bajo tortura], había dos tipos de sexo espiritual que disfrutaban las brujas. El primero era el que se suponía que una bruja tenía regularmente con su espíritu familiar [ver: Los «espíritus familiares» en la brujería]. Por lo general, este tipo de demonio asumía la forma de una mascota, principalmente un gato negro. De hecho, los gatos fueron chivos expiatorios muy populares. La persecución de gatos durante la Edad Media fue en gran medida responsable de la propagación de la peste debido a un aumento incontrolable en la población de ratas. En cierto modo, las brujas y los gatos se vengaron de sus perseguidores a través de la peste. Millones de personas murieron a causa de las pulgas transportadas por las ratas que una población estable de gatos podría haber mantenido bajo control.

El gato negro de la bruja era un instrumento material a través del cual el espíritu familiar [una especie de espíritu servicial], se expresaba a la bruja. La Inquisición trató de subvertir la naturaleza y el propósito original de la brujería en términos chamánicos para adaptarla a su propia visión del mundo, y en gran medida lo logró. El familiar de la bruja se convirtió en un demonio a los ojos de la gente común; y muchos gatos pagaron ese precio.

Si bien abundan los grimorios y libros prohibidos realmente no sabemos mucho sobre los procedimientos típicos de la brujería durante el período de las quemas. No obstante, sí queda claro que las brujas [no todas, desde luego] que practicaban formas paganas de magia popular tenían [o afirmaban tener] relaciones con sus espíritus familiares, aunque probablemente no con los animales que a menudo servian como sus anfitriones físicos [ver: El baile de las brujas: descubriendo los secretos de sabbats y aquelarres]

Los espíritus familiares eran capaces de entrar en el cuerpo de la bruja, al igual que los espíritus entran en el cuerpo del chamán, o en el de algunos practicantes de creencias y religiones de origen africano. La gran cantidad de relatos que describen relaciones entre brujas y demonios, junto con la regularidad de esta forma de unión en todas las prácticas relacionadas con el chamanismo, sugiere que las brujas llegaron a dominar este arte. Sin embargo, los demonios, a pesar de su antigüedad y experiencia, no necesariamente eran amantes consumados. Algunos, de hecho, eran bastante inoperantes en este sentido [ver: Seducción paranormal: encuentros calientes con fantasmas y espíritus]

La otra forma de relaciones que revestía un gran interés en los juicios era el coitus entre la bruja y el mismísimo Satanás. De la misma forma en que las monjas se casaban simbólicamente con Cristo, se creía que las brujas contraían nupcias con el diablo, y que además disfrutaban largas y apasionadas noches de boda, algo que a las piadosas monjas les estaba vedado. La Iglesia sostenía que las brujas le juraban absoluta obediencia al Maligno, lo cual incluía el pleno acceso a sus cuerpos. De hecho, la mayoría de las brujas se mantuvieron fieles a Satanás durante toda su vida, informa el Malleus Maleficarum, sin proporcionar datos que justifiquen esa afirmación [ver: Los Demonios, el amor, y el placer]

Bajo tortura [es importante tener esto en cuenta], las brujas acusadas a menudo testificaban que Satanás se metía en sus camas, de noche, generalmente en la forma de un hombre de piel morena, cabello y ojos oscuros; pero que en ocasiones asumía la forma de un gran perro negro o un macho cabrío. El acto era bestial y, a menudo, doloroso. Al parecer, el Maligno tenía una marcada preferencia por una posición que los romanos llamaban a tergo, es decir, a espaldas de la mujer, la cual estaba boca abajo o en cuatro patas, y que además disfrutaba con particular sadismo de las relaciones contra natura, es decir, de aquellas regiones de la geografía femenina [y masculina también] donde la procreación es biológicamente imposible [ver: Belial: el demonio del amor estéril]

Ahora bien, muchas brujas acusadas negaron haber obtenido placer de las caricias del demonio, aunque esta postura intransigente puede haber sido motivada por el temor de que si lo admitían, su eventual ejecución sería cosa juzgada. Solo una minoría de mujeres testificaron que el acto amoroso con Diablo fue de hecho muy placentero [ver: Lingua Diaboli: el lenguaje del diablo]

Una de las principales preocupaciones de los inquisidores y demonólogos por igual era el pene de Satanás [o Belcebú, o Lucifer, que a menudo se confunden en la demonología medieval]. Algunas brujas afirmaban que los atributos viriles de Satanás no eran demasiado impresionantes. De hecho, muchas sostuvieron que era tan pequeño como un dedo [no sabemos cuál]; mientras que otras testificaron que era tan grande y grueso que les produjo un dolor insoportable al recibirlo.

En términos biológicos, el miembro de Satanás tenía poca relación con el de los hombres mortales. A veces se hinchaba en el extremo, triplicando su tamaño, y no se podía retirar. También se decía que era frío como el hielo al tacto, o duro como una piedra, o cubierto de escamas que se expandían y contraían rasgando las paredes interiores del canal femenino [el sangrado post-coitus con el Maligno era utilizado para odiosas preparaciones]. Paradójicamente, algunos testimonios afirmaban que el pene del diablo no era frío, sino ardiente como una brasa al rojo vivo [ver: Algo invisible se metió en la cama conmigo]

No satisfechos con dotar a Satanás de un enorme instrumento [o al menos uno tan doloroso que resultaba difícil de olvidar], los demonólogos afirmaron que, en ocasiones, el Maligno poseía dos. De esta forma podía vejar a la bruja simultáneamente para su mayor degradación. Algunos demonólogos llevaron las cosas aun más lejos, y sostuvieron que Satanás tenía en realidad tres atributos, uno de los cuales era extraordinariamente largo para que la bruja pudiera realizarle una felación mientras recibía los otros dos. El artista francés Felicien Rops ilustró esta notable característica anatómica del Diablo en varios de sus grabados, por cierto, muy perturbadores.

Ahora bien, la opinión general de la Iglesia coincide en que Satanás no obtenía ninguna satisfacción de su cópula con las brujas. Dado que es un ángel [caído], sin cuerpo físico, no está constituido para reproducirse. Es una opinión sorprendente, ya que se basa en la creencia de que el placer solo puede obtenerse mediante maniobras que aspiren a la procreación. De todos modos, se creía que estos actos carnales tenían el único propósito de llevar pecado y condenación a los humanos [ver: Cómo las brujas causaban impotencia en los hombres]

Es importante aclarar que, incluso en los testimonios de brujas arrepentidas, Satanás no era un amante invasivo. Es decir, no forzaba a sus brujas. Al principio, se les acercaba en la forma de un joven atractivo y les susurraba algunos cumplidos, algunas palabras acaloradas, y quizás alguna impudicia. Más tarde se volvía cada vez más cruel y agresivo. Finalmente, para asegurarse de que la bruja sintiera que su propia condenación era irredimible y dejara de rezar o buscar la salvación de Cristo, la inducía a cometer los más perversos actos, sencillamente inconfesables [ante un cura confesor], y que por lo tanto no podían ser perdonados.

Mientras muchas mujeres eran quemadas vivas por confesar bajo tortura que habían mantenido relaciones con el Diablo, los monjes y monjas cometían actos esencialmente iguales pero en la seguridad del claustro. Por lo general, eran lo suficientemente astutos como para mantener un discreto silencio sobre sus amantes espirituales, pero a veces se los sorprendía en pleno acto. Las monjas, entonces, dirían que fueron visitadas por un ángel o un santo. Santa Matilde de Hackeborn fue más lejos, y sostuvo que Cristo «me besó la mano, me apretó contra Él, me susurró que le diera mi amor, y yo le entregué todo».

Otras monjas no fueron tan afortunadas como Santa Matilde. Ludovico María Sinistrari, en el libro De Daemonialitate et Incubis et Succubis, relata el caso de una monja a la que una de sus hermanas observaba encerrarse en su celda todas las noches después de la cena. Preocupada, la espía entró en una celda contigua y apoyó la oreja contra la pared. Escuchó dos voces conversando en un tono bajo, y el crujido de una cama acompañado de gemidos y suspiros. La espía alertó a la abadesa, que fue a la celda contigua a escuchar. Al principio sospecharon que la hermana estaba con otra monja, pero tuvieron que abandonar esta hipótesis cuando contaron a todas las monjas restantes del convento. Después de reunir pruebas [Sinistrari no menciona cuáles], un día, cuando los ardorosos gemidos volvieron a emanar de la celda cerrada, la abadesa golpeó la puerta y exigió que se abriera. Cuando la hermana lo hizo, se encontró que la celda estaba vacía.

Frustrada, la abadesa dejó el asunto en un prudente olvido, pero la monja espía fue más persistente. Se las arregló para hacer un agujero en la pared de la celda contigua. A través de este agujero vio a la presunta monja haciendo el amor con un atractivo joven. Llamó a la abadesa [podemos suponer que estaba cansada de sobresaltos en este punto] y a otras hermanas para que fueran testigos del proceso. Para cuando abrieron la puerta, el amante masculino se había desvanecido en el aire. La monja acusada siguió negando todo hasta que la amenazaron con torturarla, momento en el que finalmente confesó que se había acostado con un Íncubo, varias veces, y que había sido una delicia.




Demonología. I Diccionario demonológico.


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