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Sobre los Nombres Bárbaros de Evocación


Sobre los Nombres Bárbaros de Evocación.




Los Nombres Bárbaros [Barbarous Name] se utilizan en el ámbito del ocultismo y el esoterismo para describir una palabra sin sentido [o aparentemente sin sentido] que se emplea en rituales mágicos. El término «bárbaro», por supuesto, proviene del griego barbaroi, el cual designaba básicamente a los extranjeros, cuyos idiomas les sonaban a los griegos como balbuceos inarticulados [«bar, bar»]

En el ocultismo, sin embargo, muchos Nombres Bárbaros son de origen egipcio, aunque también hay otros, sobre todo hebreos y persas, que inicialmente fueron confundidos por los magos al transcribirlos al griego. Como ejemplo de Nombre Bárbaro como palabra mágica podemos tomar el clásico «Ablanathanalba» [similar a Abracadabra], utilizado por los gnósticos, y cuyo significado, al parecer, es: «tú eres nuestro padre». Se trata de un pequeño palíndromo [se lee lo mismo empezando por uno y otro extremo de la palabra] que se utilizaba como talismán u amuleto [ver: Algunas lenguas para la comunicación interdimensional]

Ahora bien, el significado de un Nombre Bárbaro es importante, desde luego, pero siempre que esté en sintonía con las vibraciones de la palabra original. En otros términos, aunque el practicante conozca el significado original de la palabra no debe traducirla, y menos pronunciar en voz alta esa traducción en sustitución del original durante el ritual, ya que el poder de los Nombres Bárbaros reside en su sonido, no en su significado [ver: El secreto mágico de la palabra OJALÁ]

En la Edad Media, la mayoría de los Nombres Bárbaros procedían de fuentes griegas y hebreas, hasta que John Dee introdujo la Lengua Enoquiana, según se cree, el lenguaje que utilizan los ángeles, pero que en términos prácticos se usa como fuente para una gran cantidad de Nombres Bárbaros [ver: El verdadero «Necronomicón» de John Dee]

El mismo espíritu se encuentra en el Transitus Fluvii, el idioma secreto de las brujas, repleto de Nombres Bárbaros. En todos estos casos, la efectividad de los Nombres Bárbaros descansa en su pronunciación, en las vibraciones de los sonidos que constituyen cada palabra. A propósito del Enoquiano [ver: La Ley de Atracción y los ángeles de John Dee], hay que decir que su fuente ha desconcertado a los investigadores, pero es un lenguaje, no una jerga, porque posee una estructura propia y hay rastros de gramática y sintaxis [ver: Lengua Adánica]

Los Nombras Bárbaros de mayor poder son largas cadenas de palabras ininteligibles, muchas de las cuales se encuentran en los grimorios medievales. Este es un ejemplo típico de El grimorio de Armadel:


[EL ELOHIM ELOHO ELOHIM SEBAOTH ELION EIECH ADIER EIECH ADONAY JAH SADAY TETRAGRAMMATON SADAY AGIOS O THEOS ISCHIROS ATHANATOS AGLA.]


A simple vista, hay algunas palabras que podemos identificar como hebreas, pero la mayoría son Nombres Bárbaros. En este caso, se trata de una invocación; y la idea es que el practicante no tenga en mente el significado de las palabras sino el poder de sus vibraciones sonoras. A modo de ejemplo, si desglosamos la última palabra, AGLA [tal vez la menos peligrosa] deberíamos traducirla como Atah Gibor Le-Olam Adonai, que significa, «Tú, oh Señor, eres poderoso para siempre» [ver: Lingua Diaboli: el lenguaje del diablo]

Este es solo un ejemplo de la complejidad que pueden adquirir los Nombres Bárbaros, tal es así que incluso Aleister Crowley se avergonzó de haber dedicado tanto tiempo a la tarea ingrata de encontrar significados y rastrear las corrupciones de estos Nombres Bárbaros de Evocación presentes en la mayoría de los conjuros [ver: Lovecraft y las lenguas prehumanas] [ver: «¡Iä! ¡Iä! ¡Cthulhu fhtagn!»: análisis del R'lyehian, la lengua de Cthulhu.]

Es un hecho que muchos de los Nombres Bárbaros son corrupciones de los nombres divinos. Podemos rastrear, por ejemplo, la palabra Tetragrammaton [lit: «los cuatro nombres»] en Jehová. Pero esto, aunque justifique la curiosidad lingüística del practicante, es contrario a la teoría. Es decir, es porque los Nombres Bárbaros no tienen sentido que son efectivos [ver: Lovecraft y las lenguas extraterrestres]

En cualquier caso, hay dos caminos aquí: utilizar los Nombres Bárbaros sin intentar descifrar su significado, o bien traducirlos, comprenderlos, y nunca utilizarlos. El neófito no debería usar los viejos conjuros con sus Nombres Bárbaros porque, entendiéndolos imperfectamente, podría atribuirles supersticiosamente algún poder diferente del que entrañan en realidad. Nunca se debe jugar imprudentemente con la magia [ver: Voynichés: la lengua impronunciable]

A pesar del arrepentimiento de Aleister Crowley, mencionado anteriormente, lo cierto es que incluyó pasaje clásico de Nombres Bárbaros en su Misa Gnóstica. Previamente había hecho de los Nombres Bárbaros una característica central del ritual que utilizó para invocar a su Santo Ángel Guardián [se documentó más tarde como Liber Samekh]. En este contexto, Aleister Crowley concluyó que:


[Los conjuros más potentes son aquellos en un lenguaje antiguo y quizás olvidado, o incluso aquellos redactados en una jerga corrupta y posiblemente sin sentido.]


Ahora bien, ¿cuál es el sentido de utilizar palabras aparentemente aleatorias y sin sentido?

En teoría, los Nombres Bárbaros utilizados en la evocación tienen el propósito de exaltar la mente a través de la liberación del pensamiento discursivo y racional. Son un dispositivo para provocar una conciencia extática. Al excluir a la razón mediante la pronunciación de estas palabras, cosas muy extrañas y poderosas pueden ocurrir en la mente [ver: DELAQUEEL: palabra mágica para cumplir un deseo imposible]

Algunos ejemplos de Nombres Bárbaros se pierden en la noche de los tiempos, y sus significados se han ido distorsionando progresivamente. Términos como Sesengenbarpharanges o Akrammachamarei son intraducibles, aunque se conserva parte del espíritu de su significado original y el propósito de su uso. Durante el Renacimiento, los Nombres Bárbaros perdieron definitivamente su glamour [ver: «Glamour» y otros extraños hechizos de belleza]; se volvieron cada vez más excéntricos, aunque se siguió respetando la advertencia a los estudiantes de no descifrar las palabras, aún cuando sea posible hacerlo, sino a concentrarse en el sonido. De hecho, la práctica del trueno sonoro de los Nombres Bárbaros es esencial para añadirle un efecto psicológico y mágico al ritual.

A propósito de este trueno sonoro, Crowley comentó lo siguiente:


[Las largas cadenas de formidables palabras que rugen y gimen a través de tantos conjuros tienen un efecto real en la exaltación de la conciencia del mago si se pronuncian en el tono adecuado.]


El proceso de construir un Nombre Bárbaro es lo que le da su poder, y es mucho más efectivo que usar uno construido por otro mago, incluso si se trata de un Nombre Bárbaro clásico. La naturaleza del Nombre Bárbaro en sí es similar a un sigilo construido por el mago siguiendo las pautas que considere adecuadas, y ambos, el Nombre y el Sigilo, refuerzan mutuamente su poder. El método para construir un Nombre Bárbaro de evocación debe partir de la intención general de abrir una corriente desde la raíz del conocimiento hasta el subconsciente. De otro modo el mago conocería el significado de la palabra, despojándola de cualquier poder que pueda tener [ver: El lenguaje de los vampiros]

Al ser un emergente del subconsciente, el mago [su parte racional] no conoce la mecánica exacta del proceso que representa el Nombre Bárbaro. Si fuera a usarse en un ritual o una ceremonia, el mago debería dejar que la intensidad de la operación creciera hasta que, en el punto máximo, rugiera el Nombre Bárbaro, cuya mecánica exacta ha olvidado, pero cuya intención está grabada para siempre en su subconsciente [ver: El lenguaje de las hadas]

En este sentido, los Nombres Bárbaros son muy utilizados para la creación de Elementales, Formas de Pensamiento y Tulpas [ver: Tulpas, Seres Interdimensionales y una teoría sobre el Horror]. El Nombre Bárbaro construido sería el nombre del espíritu, y lo ataría a la intención con la que se lo creó en primer lugar. En todo caso, los Nombres Bárbaros funcionan dentro de su órbita de acción. El iniciado, al utilizarlos, rápidamente descubre que «suceden cosas», lo cual es una ventaja [y una desventaja en igual medida] en comparación con otras técnicas. Si la magia en general requiere paciencia y habilidad, los Nombres Bárbaros necesitan prudencia.

Las invocaciones egipcias son mucho más «puras», porque su significado no ha sido suficientemente estudiado por personas competentes. En menor medida, también las griegas y las latinas, pero son los Nombres Bárbaros los que proporcionan esa sonoridad mágica que no se encuentra en otras jergas. Sin embargo, no está del todo claro en qué radica realmente la eficacia de los Nombres Bárbaros. La peculiar excitación mental requerida puede incluso ser despertada por la percepción de lo absurdo de todo el proceso.

Sin dudas hay un aspecto freudiano en el uso de los Nombres Bárbaros, como esta idea de que la palabra debe surgir del mago en el momento supremo del ritual, casi a su pesar; quizás debido al poder de estas palabras para despertar la libido subconsciente reprimida. Pronunciadas, estas palabras no pueden dejar de tener efecto, porque se han convertido en el efecto, como lo refleja la leyenda del verdadero nombre de Dios, cuya pronunciación implica la disolusión del universo [ver: Senzar: la lengua secreta de Dzyan]

Sobre la eficacia de las palabras mágicas hay nuevamente dos fórmulas opuestas. Una palabra puede volverse poderosa y terrible en virtud de la repetición constante. Es así como la mayoría de las religiones ganan fuerza. Al principio, la declaración «Fulano de tal es Dios» no despierta demasiado interés. Continúe y se encontrará usted con desprecio, quizás escepticismo, y posiblemente persecución. Sigamos insistiendo y la controversia se habrá extinguido: «Fulano de tal es Dios». La persistencia es la única cualidad necesaria para el éxito de una religión [ver: ¿La palabra «CTHULHU» es un código secreto?]

La fórmula opuesta es el secreto. Una idea se perpetúa porque nunca debe mencionarse. Un iniciado nunca olvida las palabras secretas que le fueron confiadas, y aunque no significan absolutamente nada, en la gran mayoría de los casos, la única razón porque las recuerda es porque se le ha prohibido mencionarlas.

Es decir que, por un lado, hay una disposición para comunicar todos los secretos; por otro, el sublime y terrible conocimiento de que todos los secretos reales son incomunicables.

Según la tradición, una cierta ventaja en los conjuros es emplear más de un idioma. Con toda probabilidad la razón es que cualquier cambio estimula la atención. Y vaya que los Nombres Bárbaros sacuden la atención del iniciado. Por eso, los conjuros deben recitarse, no leerse.

El verdadero mago habla y actúa improvisadamente, y todos sus rituales se realizan perfectamente sin que apenas tenga conciencia de algún esfuerzo de la memoria. La ceremonia debe construirse progresivamente con una fatalidad tan lógica que un error resulte imposible. En este contexto, los Nombres Bárbaros interfieren con la automatización del ritual, impiden que se realice mecánicamente, pero también pueden surgir espontáneamente en contextos impensados. Repasemos esta breve anécdota comentada por Crowley:


[En una reunión campestre en los Estados Unidos de América, los devotos estaban tan emocionados que toda la asamblea desarrolló una furiosa forma de histeria. Los gritos comparativamente inteligibles de «Gloria» y «Aleluya» ya no expresaban la situación. Entonces alguien gritó «¡Ta-ra-ra-boom-de-ay!», y esto fue tomado por toda la reunión. Así se produjo una reacción en cadena. El asunto llegó a los periódicos, y un discípulo particularmente brillante de John Stuart Mill, lógico y economista, pensó que estas palabras, habiendo enloquecido a un grupo de tontos, podrían hacer lo mismo con todos los demás tontos del mundo. En consecuencia, escribió una canción y produjo el resultado deseado. Este es el ejemplo más notorio en los últimos tiempos del poder que ejerce un Nombre Bárbaro de evocación.]


Algunos Nombres Bárbaros pueden ser útiles para reconciliar la noción general de causalidad con la de magia, pero una operación mágica exitosa no implica ninguna teoría, ni siquiera la de la existencia de la causalidad misma. Todo el conjunto de fenómenos puede concebirse individualmente.

La magia es menos propensa a conducir al error porque sus términos son intercambiables, por definición, por lo que se basa en la relatividad desde el principio. Es elástica. No corre riesgo de afirmar proposiciones absolutas. Implica un autoajuste permanente, de modo que el fracaso está excluido. Ningún individuo puede jamás ser nada más que él mismo, ni hacer nada más que su Voluntad, que es su relación necesaria con su entorno. Por lo tanto, una de las principales herramientas mágicas es la incapacidad de comprender, por ejemplo, un nombre, una palabra, sin dudas extrañas en sus formas, pero reconocibles en su intención.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


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El artículo: Algo sobre los Nombres Bárbaros de Evocación fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción y consultas escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Sobre espejos mágicos y seres interdimensionales


Sobre espejos mágicos y seres interdimensionales.




Un espejo mágico tiene múltiples usos. Uno puede pedirle pronósticos, procurarse poder, fama, fortuna, entre otras banalidades, pero el uso más impensado para este tipo de dispositivos es la ciencia.

Y eso es exactamente lo que John Dee le pidió a su espejo mágico: no ya el conocimiento de cuestiones abstractas, filosóficas, sino sabiduría respecto de las leyes naturales que rigen el cosmos.

De todos los canales de comunicación posibles con seres interdimensionales, los espejos parecen ser la mejor opción. O al menos eso pensó John Dee (1527-1608), matemático, filósofo, inventor y astrólogo isabelino, quien utilizó un misterioso espejo negro con propiedades asombrosas para comunicarse estas entidades.

Sí, se trata del mismo John Dee que, según H.P. Lovecraft, tradujo el Necronomicón de Abdul Alhazred. De más está decir que el Necronomicón nunca existió (ver: El verdadero «Necronomicón» de John Dee), pero si realmente hubiese existido John Dee habría sido el único hombre de su tiempo capaz de procurárselo y de traducirlo a las lenguas vernáculas.

Mucho se ha escrito sobre el tema sin entender del todo la estatura intelectual de John Dee, de manera tal que abundan los lugares comunes, la condescendencia, y cierto halo de candor cuando se comentan sus descubrimientos acerca de seres de otras dimensiones, pero lo cierto es que la agudeza de sus afirmaciones, el ingenio con el que plantea nuevas ideas, nuevas formas de concebir el universo, son lo suficientemente audaces como para tomarlas en serio.

La leyenda sostiene que, cierto día, John Dee fue visitado por una entidad no humana que irradiaba luz. La llamó «ángel» (ver: La Ley de Atracción y los ángeles de John Dee), pero no porque creyera que lo fuese, sino más bien para simplificar la anécdota, habida cuenta que los bestiarios astrales aún no habían sido concebidos.

Este «ángel» le entregó un Espejo Negro, a través del cual —sostuvo— podrían mantener una comunicación más fluida. Este Espejo Negro existe, y de hecho aún se conserva en el British Museum. Los especialistas sostienen que se trata de una pieza sólida de antracita, prodigiosamente pulimentada.

El «ángel» afirmó que, cuando John Dee mirara en el Espejo Negro, bajo las condiciones apropiadas, vería otros mundos y podría entablar contacto con inteligencias no humanas. Naturalmente, John Dee siguió al pie de la letra estas recomendaciones, y los contactos comenzaron a producirse con bastante frecuencia, y también con todas las dificultades que podemos imaginar cuando uno intenta dialogar con un ser de otra dimensión.

Hay que decir que John Dee llevó un registro detallado de estas conversaciones a través del Espejo Negro. En principio, la comunicación fue telepática, y a través de ella el «ángel» lo fue instruyendo en el manejo de su lengua, al comienzo, rudimentario. Esta lengua seria conocida como Enoquiano.

Es importante mencionar que el enoquiano es la primera lengua sintética (o la primera lengua no humana) sobre la cual se tiene conocimiento. Si fue un invento, fue el primero, y quizás el más extraordinario de todos: una lengua compleja, con su alfabeto y su gramática, pero diametralmente opuestas a las lenguas humanas. De todos los textos enoquianos que se preservan, muchos hacen referencia a matemáticas más avanzadas que las conocidas en la época de John Dee.

Otra dificultad que advirtió John Dee al usar el Espejo Negro es que no conseguía recordar con exactitud las conversaciones que mantenía con estos seres de otra dimensión, las cuales podían prologarse durante varias horas. Sus registros eran meticulosos, es cierto, pero solo en aquellos puntos que recordaba con claridad.

Desgraciadamente, John Dee tuvo que recurrir a un par de amanuenses que, en última instancia, lo llevarían a la perdición. Sin embargo, su decisión es perfectamente racional: se necesitaba a alguien más que conversara con el «ángel», o bien que tomara notas. De otro modo buena parte de los diálogos se perdería irremediablemente.

Para 1597, John Dee había recogido un vasto corpus de conversaciones, y anunció que pronto serían publicadas. Desde entonces, fue víctima de una feroz persecusión, a tal punto que una turba de enajenados, agitada por rumores que vinculaban al filósofo con la nigromancia y la magia negra, ingresó en su domicilio particular. Nadie se atrevió a tocar el Espejo Negro, pero la voluminosa biblioteca de John Dee, según se dice, con más de 4000 libros prohibidos, así como buena parte de los manuscritos donde habían sido registradas las conversaciones, fueron quemados.

Claro que un matemático del calibre de John Dee, que además fabricaba autómatas con una facilidad pasmosa, también puede ser un hombre ingenuo, incluso crédulo, y hasta un estafador. Pero nada de eso excluye la posibilidad de que haya realizado un descubrimiento asombroso.

Hoy en día no parece tan irracional que John Dee haya establecido algún tipo de comunicación telepática con entidades no humanas del plano astral, o bien con seres interdimensionales. Después de todo, era natural, para la época, que se le atribuyese a esas entidades un origen angélico.

Además, la necesidad del enoquiano para agilizar la comunicación es otro dato importante. La idea de inventar una lengua no corresponde a la época de John Dee, y tampoco concuerda con su mentalidad. De hecho, la primera lengua sintética aparecería mucho más tarde, y sin un ápice de la complejidad del enoquiano, un lenguaje absolutamente completo y diferente de cualquier lengua humana conocida.

Tampoco es descabellado que John Dee haya creado el enoquiano desde su subconsciente, y que el Espejo Negro haya servido únicamente como anclaje o herramienta para concentrar su energía mental, pero esta última hipótesis es tan fantástica que la posibilidad de comunicarse con seres interdimensionales.

Lo cierto es que no podemos excluir que el autor de La Mónada Jeroglífica (Monas Hieroglyphica), mediante una especie de ejercicio de autohipnotismo, quizás favorecido o acelerado por el Espejo Negro, claramente un elemento indispensable para la comunicación con el «ángel», consiguiera cruzar la frontera con otras dimensiones.

Además, según lo confiesa él mismo, el filósofo estaba desprovisto de dotes paranormales, de manera tal que se centró en el aprendizaje del enoquiano para asimilar de aquellos seres todo el conocimiento que fuera posible. Lamentablemente, no hay mucho margen para las deducciones acerca de la naturaleza física de esas entidades, o de su ubicación en el cosmos, si tomamos como referencia en material nos dejó John Dee. Simplemente asegura que son telépatas, y que pueden viajar en el pasado y el futuro. Este último dato es significativo, ya que ésta es la primera vez que se formula la idea de los viajes en el tiempo tal como los concebimos actualmente.

La verdadera ambición de John Dee era aprender de estos seres de otros planos o dimensiones todo el conjunto de leyes naturales que gobiernan el universo a través de las matemáticas. No se trataba, entonces, de nigromancia, ni siquiera de espiritualidad, sino de ciencia, de conocimiento.

Desgraciadamente, la mayor parte de las notas desaparecieron en el incendio de 1597, otras fueron destruidas, pero las que sobrevivieron revelan datos asombrosos, como la afirmación de que el universo está compuesto de varias esferas superpuestas, alineadas a lo largo de otras dimensiones o planos.

John Dee pasó sus últimos años en la ruina económica y social. Debió vender sus pertenencias, aún las más elementales para la supervivencia. Desacreditado, murió en 1608, según dicen, de hambre.

El rey Jacobo I, que sucedió a Isabel, su gran protectora, se encargó de que los escasos manuscritos que sobrevivieron al incendio fuesen robados, así como buena parte de sus notas. La corona se apropió del Espejo Negro, que aún se conserva en el British Museum, aunque de poco sirvió. Al parecer, los seres interdimensionales, o «ángeles», cesaron de comunicarse con nuestro plano cuando murió una de las mentes más brillantes de la época; haya sido un estafador, un loco, o un visionario.




Fenómenos paranormales. I Misterios.


Más literatura gótica:
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John Dee: libros de ocultismo


John Dee: libros de ocultismo.




John Dee (1527-1609) fue un notorio matemático y astrónomo de la corte de la reina Isabel I. Dedicó gran parte de su vida al ocultismo y el esoterismo, siendo además el supuesto descubridor del Enoquiano, el idioma de los ángeles. En este sentido, los libros de John Dee se introducen en el misterio de lo oculto a través de visiones e invocaciones que, según él, le fueron dictadas por los ángeles.

En este segmento iremos recorriendo todos los libros de John Dee.




Libros de John Dee.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


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La Ley de Atracción y los ángeles obedientes de John Dee


La Ley de Atracción y los ángeles obedientes de John Dee.





Mucho se habla en estos tiempos de la Ley de Atracción, aquella creencia de que los pensamientos son, en síntesis, unidades energéticas capaces de influir en el universo.

Según sus devotos, al pensar de forma positiva, por ejemplo, deseando intensamente que algo se cumpla, esas unidades energéticas se sincronizan con la frecuencia del objeto o del hecho deseado, logrando atraerlo irremediablemente hacia el sujeto.

En esencia: la Ley de Atracción propone que basta pensar en algo con la suficiente intensidad para que ese deseo se cumpla.

Sobre esta idea podríamos objetar varias cuestiones, entre otras, que no hay deseo más intenso que el deseo de vivir; de modo tal que, si la Ley de Atracción fuese cierta, viviríamos en un mundo en el que las enfermedades terminales remitirían a fuerza de excretar buenos pensamientos hacia el universo.

En vista de que esto no ocurre, también es lícito plantearse si acaso los pensamientos oscuros no son mucho más eficaces que los luminosos.

Ahora bien, muchos años antes de que la Ley de Atracción fuese llamada de este modo por los presbíteros de la new age, el nigromante isabelino John Dee (1527-1608) ya había aplicado sus principios con enorme éxito, aunque con una vuelta de tuerca que no se encuentra disponible en los actuales libros de autoayuda.

Como todos los hechiceros de la época, John Dee creía en una correspondencia entre nuestro mundo y el universo, lo cual se resume en la ley de correspondencia: como es arriba es abajo. Pero el mago no consideraba del todo eficiente el método de pedirle algo al universo y esperar a que ese deseo se cumpla. Lo que intentó, y logró, en gran medida, fue obligar al universo a que cumpla sus deseos.

Después de todo, el cosmos es demasiado grande y los deseos del hombre, por lo general, varían muy poco: amor, salud, dinero, poder. Difícil creer que un deseo sincero encuentre eco en una eternidad sobrecargada de reclamos; de modo tal que John Dee se enfocó en un solo aspecto del universo, más concretamente en las criaturas ancestrales que lo pueblan: los ángeles.

De acuerdo a John Dee, cada vez que la Ley de Atracción funciona no se debe a que el universo escuchó nuestros reclamos, al menos no el universo en términos abstractos, sino a que los pensamientos del sujeto captaron la atención de los ángeles; que dentro de la filosofía del mago son descritos más como seres no humanos del plano astral que como servidores divinos desprovistos de voluntad propia.

La Ley de Atracción, entonces, opera sobre las bases de un universo en abstracto capaz de cumplir nuestros deseos, pero John Dee, sumamente impaciente, deseaba obligar a los ángeles a que cumplan esa función, y debido a eso realizó largos y ásperos estudios lingüísticos, hasta que por fin logró dominar el Enoquiano: el idioma de los ángeles; también conocido como Lengua Adánica.

En definitiva, si uno se propone interpelar a los ángeles para obligarlos a cumplir un deseo siempre es aconsejable hacerlo en un idioma capaz de vulnerar las leyes que los gobiernan. De eso se trata el Enoquiano: una lengua que no solo es capaz de describir ciertos aspectos de la realidad, como nuestras lenguas vernáculas, sino de crearla y moldearla a voluntad.

El Enoquiano apela a la responsabilidad que los ángeles asumieron cuando fueron creados: responder a cualquier solicitud formulada en su lengua. Según El libro de Enoc, esa responsabilidad es en realidad una obligación, ya que los ángeles fueron hechos a partir de los signos del Enoquiano, y no pueden sino obedecer a quien es capaz de hablarlo.

Tal parece que el primer deseo de John Dee, ya en poder de una versión un tanto degradada del Enoquiano, fue que un ángel se presentara ante él para instruirlo en profundidad en el manejo de esa lengua remota. El hecho ocurrió en 1581.

Todavía hay ciertas discusiones al respecto. Algunos sostienen que el ángel que se presentó fue Azazel, otros Semihazah; en ambos casos, ángeles caídos que fueron derrotados en la Segunda Guerra Celestial, posterior a la caída de Lucifer, Satanás y sus esbirros. Más allá de esto, se le explicó al mago que el Enoquiano es el lenguaje que el Creador utilizó para dar forma a cada aspecto del universo, y que su manejo implica también el control absoluto de la cosa creada.

Casi todas las jerarquías angélicas son capaces de hablar esa lengua, al igual que Adán y sus descendientes, pero en ningún caso con las sutilezas de la verba divina; de modo tal que el poder que se puede ejercer sobre el universo no es absoluto.

John Dee divulgó los cuarenta y nueve signos del Enoquiano, algunos breves textos con más de doscientas palabras en esa lengua, además de una áspera traducción al inglés conocida como Claves Angelicae (Claves angelicales); en esencia, un diccionario enoquiano tan incompleto como asombroso.

En este punto podemos cuestionarnos respecto de por qué John Dee no se convirtió en gobernante absoluto del cosmos, ya que contaba con las herramientas lingüísticas para obtener del universo aquello que deseara; pero al hacerlo también estaríamos subestimando la mayor ambición de los sabios, precisamente, la sabiduría.




Libros prohibidos. I Libros infames.


Más literatura gótica:
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«Decodificando los secretos enoquianos»: John DeSalvo.


«Decodificando los secretos enoquianos»: John DeSalvo.




Decodificando los secretos enoquianos (Decoding the Enochian Secrets) es un libro de angelología del investigador John DeSalvo —autor de: El arte de la magia enoquiana y otros secretos de John Dee (The Lost Art of Enochian Magic and the Secrets Revealed to Dr. John Dee)—, publicado en 2010.

¿Cuáles son los secretos enoquianos que se dispone a decodificar el libro? En principio debemos aclarar que el Enoquiano es el idioma de los ángeles, emparentado con la Lengua Adánica, traducido por los astrólogos isabelinos John Dee y Edward Kelley en el siglo XVI. Su nombre se relaciona directamente con El libro de Enoc, donde se relata la Segunda Guerra de los Ángeles.

Decodificando los secretos enoquianos de John DeSalvo examina las cuarenta y nueve Tablas de Enoc recibidas por John Dee de inteligencias angélicas, diferentes del material proveniente de El libro de Enoc.

Considerado originalmente como una pieza profética, El libro de Enoc jamás fue admitido como libro canónico por la Iglesia, particularmente por su extraño contenido. Allí se relatan las experiencias de Enoc, abuelo de Noé, en esferas de realidad más elevadas, donde pudo informarse sobre el pasado secreto de la humanidad y de las guerras sostenidas entre los ángeles sediciosos y los que continuaron fieles a Dios.





Decodificando los secretos enoquianos.
Decoding the Enochian Secrets, John DeSalvo.

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Libros de angelología. I Mitos bíblicos: mitología de la Biblia.


El resumen y análisis del libro de John DeSalvo: Decodificando los secretos enoquianos (Decoding the Enochian Secrets) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El mundo enoquiano de Aleister Crowley»: Lon Milo Duquette.


«El mundo enoquiano de Aleister Crowley»: Lon Milo Duquette.




Mundo enoquiano de Aleister Crowley (Enochian World of Aleister Crowley) es un libro de ocultismo del investigador Lon Milo Duquette —autor de: El libro de la magia enoquiana (Enochian Vision Magick) y La magia de Aleister Crowley: manual de los rituales de Thelema (The Magick of Aleister Crowley)—, basado en testimonios del ocultista Aleister Crowley, y publicado en 2011.

Mundo enoquiano de Aleister Crowley de Lon Milo Duquette examina la relación del mago y ocultista Aleister Crowley con el sistema mágico enoquiano, descubierto por los astrólogos isabelinos John Dee y Edward Kelley; básicamente una decodificación del lenguaje de los ángeles conocido como Enoquiano, cuyos secretos superan las fantasías más extravagantes de la magia y el esoterismo.

El propio Aleister Crowley mantuvo una sostenida comunicación con una inteligencia angelical autodenominada Aiwass, quien le dictó las bases de El libro de la ley (Liber AL vel Legis).

Las investigaciones de Aleister Crowley sobre el sistema enoquiano fueron publicadas en la revista The Equinox durante 1912, revelando al gran público los ritos y creencias de la Orden Hermética del Alba Dorada.




Libros de angelología. I Libros de Aleister Crowley.


El análisis y resumen del libro de Lon Milo Duquette: Mundo enoquiano de Aleister Crowley (Enochian World of Aleister Crowley) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

El arte de la magia enoquiana: ángeles, invocaciones y otros secretos de John Dee


El arte de la magia enoquiana: ángeles, invocaciones y otros secretos de John Dee.




El arte de la magia enoquiana: ángeles, invocaciones y otros secretos de John Dee (The Lost Art of Enochian Magic: Angels, Invocations, and the Secrets Revealed to Dr. John Dee) es un libro de angelología del investigador John DeSalvo —autor de: Decodificando los secretos enoquianos (Decoding the Enochian Secrets)—, publicado en 2010.

El arte de la magia enoquiana examina los mensajes recibidos por los magos isabelinos John Dee y Edward Kelley en un lenguaje extraño, extraterreno, atribuido a los ángeles, conocido como Enoquiano.

Desde aquellos tiempos de John Dee y Edward Kelley, los primeros en recibir e interpretar el lenguaje secreto de los ángeles, la magia enoquiana ha ido ganando muchos adeptos en puntos estratégicos del esoterismo contemporáneo.

Se cree que la magia enoquiana es tan poderosa que su correcto manejo permite al iniciado ingresar en esferas de realidad asombrosas. De hecho, la magia enoquiana es la base de prácticamente todos los sistemas mágicos, por ejemplo, el sistema Thelema, de Aleister Crowley, o los ritos macabros de la Golden Dawn, establecidos a partir de los descubrimientos de John Dee y Edward Kelley, astrólogos de la corte de la reina Elizabeth I de Inglaterra en el siglo XVI, quienes interpretaron el mensaje secreto de El libro de Enoc.





El arte de la magia enoquiana: ángeles, invocaciones y otros secretos de John Dee.
The Lost Art of Enochian Magic: Angels, Invocations, and the Secrets Revealed to Dr. John Dee, John DeSalvo.

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Libros prohibidos. I Libros de John Dee.


El análisis y resumen del libro: El arte de la magia enoquiana: ángeles, invocaciones y otros secretos de John Dee (The Lost Art of Enochian Magic: Angels, Invocations, and the Secrets Revealed to Dr. John Dee) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El lenguaje angelical: historia y mitos sobre la lengua de los ángeles»: Aaron Leitch.


«El lenguaje angelical: historia y mitos sobre la lengua de los ángeles»: Aaron Leitch.




El lenguaje angelical: historia y mitos sobre la lengua de los ángeles (The Angelical Language: The Complete History and Mythos of the Tongue of Angels) es un libro de angelología del erudito e investigador Aaron Leitch —autor de: Grimorio enoquiano: introducción a la magia angélica desde John Dee a la Golden Dawn (Enochian Grimoire: Introduction to Angel Magick from John Dee to the Golden Dawn) y Enciclopedia del idioma de los ángeles (Encyclopedic Lexicon of the Tongue of Angels)—, publicado en 2010.

El lenguaje angelical, también conocido como Enoquiano, fue descubierto por el alquimista Edward Kelley y el astrólogo John Dee, ambos pertenecientes a la corte de la reina Isabel de Inglaterra. Este complejo lenguaje de los ángeles ha generado un fuerte debate entre magos, lingüistas, historiadores y criptógrafos. De hecho, el código original aún no ha sido descifrado satisfactoriamente.

El lenguaje angelical de Aaron Leitch se propone examinar el fascinante universo de aquellos dos ocultistas del renacimiento que fueron capaces de hablar con los ángeles y aprender de ellos su lengua, según algunos, similar a la utilizada por Adán y conocida como Lengua Adánica.




El lenguaje angelical: historia completa y mitos sobre la lengua de los ángeles.
The Angelical Language: The Complete History and Mythos of the Tongue of Angels, Aaron Leitch.

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El resumen del libro de Aaron Leitch: El lenguaje angelical: historia completa y mitos sobre la lengua de los ángeles (The Angelical Language: The Complete History and Mythos of the Tongue of Angels) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El libro de la magia enoquiana»: Lon Milo DuQuette.


«El libro de la magia enoquiana»: Lon Milo DuQuette.




El libro de la magia enoquiana (Enochian Vision Magick) es un libro de ocultismo del investigador Lon Milo DuQuette —autor de La magia de Aleister Crowley (The Magick of Aleister Crowley) y El mundo enoquiano de Aleister Crowley (Enochian World of Aleister Crowley)—, publicado originalmente en 2008 bajo el título: El libro de la magia enoquiana: guía práctica a la magia de John Dee y Edward Kelley (Enochian Vision Magick: Practical Guide to the Magick of Dr. John Dee and Edward Kelley).

El libro de la magia enoquiana de Lon Milo DuQuette examina la obra de John Dee uno de los magos y astrólogos más noteables del período isabelino. Su sistema de comunicación con los ángeles se convirtió en la piedra angular del esoterismo contemporáneo, principalmente de la Orden Hermética del Alba Dorada, cuyos representantes más conocidos serían Aleister Crowley, Leah Hirsig y Moina Mathers.

En 1582, acompañado por su médium y clarividente Edward Kelley, John Dee consiguió comunicarse con un extraordinario número de criaturas del plano astral identificadas a sí mismas como los «ángeles» que, en tiempos remotos, se habían contactado con Adán, Enoc, y varios patriarcas del Antiguo Testamento.

Esta comunicación con los ángeles se prolongó durante tres años, estableciendo las bases para un nuevo sistema mágico conocido como Enoquiano, el idioma de los ángeles; especie de lengua hablada en los tiempos adánicos cuya comprensión permite gobernar sobre todas las cosas del universo físico.




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El análisis y resumen del libro de Lon Milo DuQuette: El libro de la magia enoquiana (Enochian Vision Magick) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Diccionario enoquiano: los ángeles caídos de John Dee y El libro de Enoc


Diccionario Enoquiano: los ángeles caídos de John Dee y El libro de Enoc.




Diccionario Enoquiano (Enochian Dictionary) es un libro de angelología del lingüista Donald C. Laycock, publicado en 2001 bajo el título: Diccionario completo de enoquiano: el diccionadio del lenguaje angélico (The Complete Enochian Dictionary: A Dictionary of the Angelic Language).

Este libro está basado en la obra del ocultista John Dee, quien creyó descubrir el antiguo lenguaje de los ángeles, conocido como enoquiano, junto a su asistente, el médium Edward Kelly.

John Dee (1527-1608), fue el astrólogo personal de la reina Elizabeth I de Inglaterra. Junto a su médium oficial, Edward Kelly (1555-1597), lograron «traducir» el lenguaje de los ángeles, cuyas reglas les fueron entregadas a través de largas y agotadoras sesiones espiritistas.

La lengua enoquiana es, supuestamente, el idioma que hablaban los ángeles en El libro de Enoc (Sefer Henoc), obra que no participa del cánon católico pero que es aceptado por numerosas iglesias disidentes.

El descubrimiento del enoquiano se produjo el 8 de marzo de 1581. Básicamente podemos pensar en él como la lengua común entre los ángeles y los humanos antes de la caída de la Torre de Babel; cuyo alfabeto, gramática y sintaxis, permanecieron en el más escrupuloso misterio hasta que John Dee y Edward Kelley los recibieron de aquellos mismos ángeles.

Pero el idioma enoquiano no es únicamente un lenguaje mítico, como puede serlo la Lengua Adánica, el Transitus Fluvii o el Voynichés, sino un lenguaje cuya utilización también es una forma de magia.

Quien puede hablar la lengua de los ángeles podrá, además, emplear la magia secreta que subyace bajo las palabras.

El enoquiano que recibieron John Dee y Edward Kelly se resume en 49 tablillas sagradas. Cada una de ellas posee un núcleo gramático conocido como «llamadas enochianas».

Los propios ángeles que visitaron a John Dee y Edward Kelley explicaron que cada cuerpo celeste posee un ángel particular, un Logos Planetario, que puede ser invocado en su día correspondiente. A su vez, cada día de la semana, e incluso cada hora, está gobernada por una compleja jerarquía de ángeles que se relacionan entre sí.

Este mismo patrón mítico se encuentra en la trilogía Perelandra, de C.S. Lewis, y en el gérmen de la obra monumental de su gran amigo, J.R.R. Tolkien: El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings), y acaso en todos los mitos de la Tierra Media.

Tampoco es caprichosa la aparición de John Dee en numerosas novelas góticas. Charles Maturin, por ejemplo, lo menciona en Melmoth, el errabundo (Melmoth the Wanderer); Gustav Meyrink lo hace protagonista de El ángel de la ventana de Occidente (Der engel vom westlichen fenster); y H.P. Lovecraft lo convierte en un insospechado traductor del Necronomicón en El horror de Dunwich (The Dunwich Horror).

Ahora bien, ¿cómo recibieron John Dee y Edward Kelley la lengua enoquiana? A través de un dispositivo conocido como Mesa de Prácticas, sobre la cual se colocaba un speculum, es decir, una esfera de obsidiana que facilitaba y amplificaba la comunicación espiritual. Actualmente, esta esfera se encuentra en el Museo Británico.

El enoquiano es un lenguaje complejo, compuesto por extraños signos y símbolos que, presumiblemente, operan según las reglas de nuestros alfabetos. El Arcángel Gabriel, uno de los ángeles comunicantes, fue quien entregó las claves para entenderla. Para muchos, el enoquiano sería la lengua críptica del Manuscrito Voynich, aunque no parece haber una relación directa con el lenguaje de John Dee.

Como decíamos antes, el enoquiano es una forma de magia. Hablarlo es convocar y emplear a las potencias que habitan en el cosmos. Este arte, conocido como Sistema Enochiano, sostiene que el enoquiano, por su propia estructura, es la forma de magia más poderosa del universo. Tal vez por ello han sido muy pocos los que han logrado dominarla. Tras la muerte de John Dee y Edward Kelley el enoquiano cayó en el olvido. Recién fue recuperado cuando Samuel Liddell MacGregor Mathers y su esposa, Moina Mathers, la incorporaron a los oscuros ritos de la Orden Hermética del Alba Dorada.




Diccionario completo de enoquiano: el diccionadio del lenguaje angélico.
The Complete Enochian Dictionary: A Dictionary of the Angelic Language, Donald C. Laycock.




Libros prohibidos. I Libros de John Dee.


El análisis y resumen del libro de John Dee y Edward Kelley: Diccionario completo de enoquiano: el diccionadio del lenguaje angélico (The Complete Enochian Dictionary: A Dictionary of the Angelic Language) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Enoquiano: el idioma de los ángeles.


Enoquiano: el idioma de los ángeles.




Existen muchos idiomas míticos, como la lengua primigenia en la que Dios le habló a Adán por primera vez [ver: Lengua Adánica]. Sin embargo, de todas estas lenguas, míticas, hay una que sobresale: el Enoquiano, el idioma de los ángeles.

El Enoquiano procede de los diarios privados del matemático, astrónomo y ocultista personal de Elizabeth I, reina de Inglaterra, llamado John Dee (1527-1608) [ver: Diccionario enoquiano: los ángeles caídos de John Dee]

Tanto John Dee como su asistente, el medium Edward Kelley, sostuvieron que el Enoquiano les fue revelado como parte de una serie de mensajes angélicos, cuyo propósito era elevar la magia humana hacia un nivel completamente nuevo [ver: El arte de la magia enoquiana]

Siglos después ocurriría un episodio similar, de la mano del ocultista Aleister Crowley y sus contactos con Aiwass. De aquellas comunicaciones nacería uno de los libros más escandalosos de la historia: El libro de la ley (Liber AL vel Legis).

El Enoquiano sobrevivió en los diarios y cuadernos de John Dee y Edward Kelley, junto con algunas breves traducciones al inglés. Actualmente, el Enoquiano continúa siendo estudiado de cerca por varios lingüistas destacados, aunque con más detractores que seguidores [ver: El verdadero «Necronomicón» de John Dee]

El Enoquiano es una lengua imaginaria que ha ganado tanta popularidad como descrédito. De hecho, incluso su nombre es inexacto. Ni John Dee ni Edward Kelley hablan jamás de enoquiano [enochian], sino de Angelical [Angelical], Lengua Celestial [Celestial Speech], Lenguaje de los ángeles [Language of Angels], la Primera Lengua del Dios Cristo [First Language of God-Christ], Lenguaje Sagrado [Holy Language], Adánico [Adamical], y otros epítetos.

El término Enoquiano procede de las teorias de Dee y Kelley acerca de que el patriarca bíblico Enoc [el mismo de El libro de Enoc] fue el último hombre en conocer todas las posibilidades de esa lengua.

La idea de que existió una lengua angélica antediluviana era algo bastante común en la época de John Dee; y no sin cierta lógica. Si los ángeles interactuaban habitualmente con la humanidad, como queda claro en muchos pasajes de la Biblia, entonces sería posible que esa interacción se diese en una especie de «lengua común», un idioma bajo y degradado para los ángeles, pero notablemente complejo para los hombres.

La primera mención al Enoquiano se produjo en 1581. John Dee anotó en su diario que Dios le envió un ángel para comunicarle directamente sus intenciones. En 1582, John Dee se unió a Edward Kelley en calidad de médium. Al parecer, juntos lograron contactarse con aquel ángel, quien les reveló algunos rudimentos del Enoquiano.

John Dee sostiene que el Enoquiano es, en definitiva, la lengua de Dios, el lenguaje que el Creador utilizó para dar una forma objetiva a su mente, es decir, para crear el universo. Los ángeles, son capaces de hablar esa lengua, al igual que Adán, pero no con los matices y las sutilezas propias del paladar divino. Y los hombres, aún menos calificados que los ángeles, deben conformarse con una pronunciación áspera e inaxacta. Por comparación, las lenguas humanas suenan como balbuceos de bebé frente a las complejidades del Enoquiano.

Tras el episodio del Árbol del Conocimiento, Adán y Eva fueron expulsados del paraíso, pero se llevaron consigo el Enoquiano, el mismo que Adán había utilizado para nombrar a todas las cosas.

En cierta forma, John Dee sostiene que, con el tiempo, el Enoquiano se fue degradando paulatinamente, hasta convertirse en lo que conocemos como proto-hebreo, con escasos vínculos con aquella lengua de los ángeles. Las generaciones posteriores a Adán consideraron que el Enoquiano no debía ser una lengua común, sino una lengua secreta, hablada y escrita únicamente por los sabios y los sacerdotes, de modo que la escondieron. Los supuestos ángeles que se comunicaron con John Dee y Edward Kelley manifestaron que solo Enoc estuvo en desacuerdo, y que en secreto redactó un libro prohibido capaz de evocar la magia primordial más poderosa: El libro de Loagaeth [el libro del discurso de Dios].

Penosamente, comentaron con desánimo los ángeles, el libro se perdió durante el Diluvio Universal por un descuido de Noé.

La proliferación del Enoquiano comenzó el 26 de marzo de 1583, cuando el médium Edward Kelley reportó una serie de visiones muy extrañas. Vio símbolos insospechados en un cristal opaco: las letras del alfabeto enoquiano.

John Dee y Edward Kelly estudiaron a fondo los símbolos. Pocos días después, el médium recibió el primer texto en «enoquiano puro», que en honor a Enoc fue llamado: Liber Loagaeth. Básicamente consiste en cuarenta y nueve tablas encabezadas con las cuarenta y nueve letras del alfabeto enoquiano, más algunas adiciones y comentarios de los receptores.

El segundo conjunto de textos enoquianos fue «recibido» por Edward Kelley un año después en Cracovia, Polonia. Se trata del corpus más interesante, ya que viene acompañado por una traducción al inglés, que brindó las bases del vocabulario enoquiano. El texto consiste en cuarenta y ocho versos poéticos conocidos como: Claves Angelicae [claves angelicales]. Estas claves, o llaves, son el punto de partida para todo un sistema mágico basado en la palabra. Años después, Edward Kelley sostuvo que cada letra del alfabeto enoquiano representa las cuarenta y nueve puertas de la sabiduría; es decir, que la comprensión de cada símbolo es una especie de escalón espiritual y filosófico que el acólito debe recorrer para alcanzar el saber total.

Más allá de estos dos textos principales, muchas palabras enoquianas se hallaron ocultas y encriptadas en los diarios de John Dee. La cifra de palabras asciende a más de doscientas.

Una mirada escéptica sobre el asunto: el enoquiano de John Dee manifiesta algunas inconsistencias. Por ejemplo, todo el material recopilado parece separarse de las leyes conocidas, conformando estructuras fonéticas que no aparecen en ningún lenguaje hablado de la Tierra. Sin embargo, su sintaxis se acerca peligrosamente a la del Inglés Antiguo, al igual que la conjugación de verbos; algo extraño si tomamos en cuenta que el heredero natural del Enoquiano serían las lenguas semíticas. No obstante, la proporción de palabras en Enoquiano es bastante amplia como para trazar un veredicto definitivo. Algunas palabras, de hecho, se parecen mucho a sus versiones latinas. Por ejemplo, la palabra enoquiana luciftias, que significa «brillante», parece tener alguna conección con Lucifer [«portador de luz»].

Otro paralelo que debilita la posibilidad de que el Enoquiano sea una lengua no-humana procede de la admiración de John Dee por la reina Elizabeth I. En Enoquiano, la palabra «reino» se pronuncia Londoh, demasiado similar al nombre de la capital de un reino que por entonces se hallaba en serios aprietos políticos.

Para los que deseen seguir indagando en la vida de John Dee, Edward Kelley, y sobre todo el Enoquiano, conviene repasar algunas obras que los tienen como protagonistas, entre ellas; Melmoth el vagabundo (Melmoth the Wanderer, Charles Maturin) y El ángel de la ventana de Occidente (Der Engel vom westlichen Fenster, Gustav Meyrink).




Filología. I Angelología.


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«El libro de Soyga»: John Dee.


«El libro de Soyga»: John Dee.




El libro de Soyga (The Book of Soyga) —también conocido como Aldaraia— es un libro prohibido del ocultista inglés del siglo XVI John Dee (1527-1608).

El libro de Soyga, uno de los grandes libros de John Dee, da cuenta de un vasto corpus de encantamientos, además de largos pasajes indescifrables en los que se consignan conversaciones con ángeles y demonios.

Tras la muerte de John Dee el libro se perdió. Recién en 1994 se localizaron dos manuscritos en la British Library y la Bodleian Library; el primero bajo el título: Aldaraia sive Soyga vocor, y el segundo: Tractatus Astrologico Magicus. Ambas versiones poseen ligeras discrepancias.

La historia del Libro de Soyga está llena de baches y saltos temporales. Se sabe que el manuscrito original fue subastado en 1692. Al parecer estaba dividido en tres partes: Liber Aldaraia, Liber Radiorum y Liber Decimus Septimus. Todos hacen referencia a encantamientos e instrucciones de orden mágico, astrológico, demonológico, y un interesante apartado con la genealogía de los ángeles y sus nombres.

En un apéndice se comparte una lámina que contiene varias tablas de 36 columnas dispuestas aleatoriamente, y que, según John Dee, protegen un secreto terrible que ni siquiera él mismo fue capaz de descubrir. Esta tabla (ver arriba) ha sido estudiada sin éxito por numerosos lingüistas, aunque todo parece indicar que existen correspondencias que indicarían la presencia de un lenguaje críptico. Tal vez el nombre del libro ofrezca alguna solución al enigma: la palabra Soyga no pertenece a un raro idioma celestial, sino que es la palabra griega agios [«sagrado»] al revés.

La historia de El libro de Soyga encaja perfectamente con la personalidad del autor. En 1556, John Dee le propuso crear una gran biblioteca nacional a la reina Mary, que no vio en ello ninguna aplicación práctica; razón por la cual el nigromante se dispuso a organizarla con sus propios fondos. Reunió más de 3.000 manuscritos raros, y en 1583 se lanzó en un largo viaje al continente para conseguir otros tantos. Fue allí, dicen, cuando John Dee comenzó a recibir «visitas» de entidades angélicas. Entre ellas, se destaca la visita del ángel Uriel, quien le confió a John Dee las páginas del Libro de Soyga [ver: Enoquiano: el idioma de los ángeles]

Según anota el propio John Dee, el Libro de Soyga fue anteriormente cedido a Adán por el ángel Miguel, aunque no detalló la naturaleza de este encuentro prehistórico [ver: Lengua adánica]

El especialista Jim Reeds, que estudió los dos manuscritos sobrevivientes, descubrió que ambos contienen errores aparentemente intencionales, aunque en pasajes distintos; hecho que lo llevó a razonar que ambos están basados en un manuscrito anterior, es decir, el original. Las 23 tablas numéricas fueron sometidas a un estudio de algoritmos, arrojando que de hecho existe un código críptico aunque su significado continúa siendo un misterio.




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«La Mónada Jeroglífica»: John Dee; libro y análisis


«La Mónada Jeroglífica»: John Dee; libro y análisis.





La Mónada Jeroglífica (Monas Hieroglyphica) —a veces: Jeroglífico Monádico— es un libro prohibido del ocultista inglés John Dee (1527-1608), publicado en 1564.

La Mónada Jeroglífica, probablemente uno de los libros de John Dee más destacados, razona sobre el simbolismo oculto de un ícono que luego se convertiría en una pieza fundamental del esoterismo occidental: la Mónada Jeroglífica, diseñada por el propio John Dee.

Este símbolo —situado a la izquierda— representa oscuramente la unidad del cósmos, y devela, de un modo aún más oscuro, las conexiones entre John Dee y la filosofía rosacruz. En el glifo, comenzando por la parte superior, podemos ver a la luna, el sol, los elementos, y el fuego; que en la visión de John Dee, aparentemente, ocupa un lugar fuera de los elementos tradicionales.

En cierto modo, La Mónada Jeroglífica de John Dee es un elemento clave para entender las estremecedoras investigaciones de este astrólogo isabelino; a quien se le atribuye nada menos que el el descubrimiento del Enoquiano: el idioma de los ángeles —y con él la magia enoquiana—, así también como la Ley de Atracción, entre otros hallazgos asombrosos.

La Mónada Jeroglífica también sirve de ejemplo de la unión entre la ficción y las artes ocultas. Incluso podemos pensar que el libro es básicamente el verdadero «Necronomicón» de John Dee; es decir, la pieza que inspiró al mítico Necronomicón de H.P. Lovecraft.




La Mónada Jeroglífica.
Monas Hieroglyphica, John Dee (1527-1608)

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  • http://libroesoterico.com/biblioteca/Alquimia/John%20Dee%20La%20Monada%20Jeroglifica.pdf




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