El lenguaje de las hadas: cómo hablar el sutil idioma de las hadas


El lenguaje de las hadas: cómo hablar el sutil idioma de las hadas.




El universo de las criaturas fantásticas está repleto de lenguajes, dialectos e idiomas imposibles de articular; por ejemplo: la Lengua Adánica, aquella utilizada por Adán y Eva; el Senzar, la lengua de Dzyan; el Voynichés, descrito en El manuscrito Voynich; el Enoquiano, el idioma de los ángeles, el Transitus Fluvii, el lenguaje de las brujas. Hasta los vampiros tienen su propio idioma.

A pesar de esta abundancia de idiomas mágicos no existe un solo libro, ensayo o estudio serio dedicado específicamente al lenguaje de las hadas.

Esto resulta sumamente sospechoso, sobre todo cuando lo que sí existen son empalagosos tratados que explican cómo ver a las hadas, por ejemplo, o sobre cómo preguntarle a las hadas algún asunto de capital importancia, sin brindar en el proceso ninguna información acerca del lenguaje, dialecto o idioma en la que esas preguntas deberían ser formuladas.

Aún si dejamos de lado aquellos libros de dudosa erudición también deberíamos descartar a escritores admirables, como el poeta inglés William Blake, que aseguró haber asistido al funeral de un hada, o W.B. Yeats, quien en su obra: El crepúsculo celta: hadas y folklore (The Celtic Twilight: Faerie and Folklore) ofrece suculentos testimonios acerca de las costumbres de las hadas sin añadir una mísera palabra de su lenguaje.

Peor todavía es el caso de Bridget Cleary: la mujer que se convirtió en reina de las hadas sin hablar el idioma; o de Dora van Galder, autora de un desabrido opúsculo titulado: El mundo real de las hadas: una experiencia en primera persona (The Real World of Fairies: A First-Person Account), saturado de anécdotas autorreferenciales pero ausente de comentarios acerca del lenguaje de las hadas.

En este sentido, lord Dunsany, aquel entrañable acosador de seres mágicos, zanjó la cuestión al especular que los secretos de ese idioma inmemorial se transfieren únicamente cuando un hada se enamora de un hombre mortal, resolviendo de este modo un asunto que viene perturbando a los filólogos desde el Renacimiento.

Lo cierto es que, de acuerdo a la tradición, las hadas se comunican con los seres humanos utilizando nuestro lenguaje. Esto no se debe a que prefieran mantener oculto su idioma, sino a la dificultad que supone para cualquier ser humano aprender los extraordinarios matices de esa lengua.

Curiosamente, tanto los dialectos regionales como aquella lengua franca de las hadas no son difíciles de aprender debido a su complejidad, sino a su increíble simpleza: el lenguaje de las hadas está construido a partir de una mirada personal del mundo, de una subjetividad, y que por lo tanto nos es inaccesible.

Cada una de las razas y especies de hadas tienen su idioma propio, aunque prevalece una especie de lengua común para comunicarse entre las distintas ramas de la familia.

De hecho, podríamos decir que el idioma de las hadas no es una serie de sonidos articulados que refieren, por ejemplo, a un objeto, una emoción o un concepto; es decir, no tiene la intención de transmitir un significado único, colectivo y fácilmente transferible, sino más bien de centrar la atención del otro sobre la propia subjetividad del hablante.

Esto significa que hay tantas palabras para árbol en el lenguaje de las hadas como hadas que pronuncien la palabra árbol.

Algunos estudiosos opinan que cuando las hadas abandonaron nuestro plano de existencia se llevaron consigo los secretos de su lengua. Otros, en cambio, opinan que esos secretos están abiertos únicamente para los híbridos entre las dos razas: los Changeling, hijos de las hadas criados por mujeres humanas.

Pero si tomamos como punto de referencia a las leyendas de hadas, hay que decir también que estas criaturas pueden hablar perfectamente cualquier idioma humano; sobre todo debido a que buena parte de la comunicación se establece de forma telepática. Al parecer, entre las hadas esto es simplemente un refuerzo del lenguaje emitido verbalmente, pero a la hora de comunicarse con los humanos solo emplean este canal.

Esto explica por qué el lenguaje de las hadas tiende a la economía, a la simpleza, precisamente porque se ve reforzado por la transmisión telepática de los mismos conceptos que desea proyectar. En otras palabras, es mucho más fácil referirse a un árbol en particular si, además de articular la palabra árbol, podemos transmitir su forma, tamaño y características de manera telepática.

Ahora bien, si pudiésemos anular por completo las imágenes transmitidas telepáticamente, el lenguaje de las hadas consistiría enteramente de verbos. De hecho, cualquier frase en el idioma de las hadas es una secuencia de verbos que prescinden de la gramática y la sintaxis tal como las conocemos.

Cada uno de esos verbos está conectado a una imagen, la cual es transmitida telepáticamente y, en consecuencia, modifica el carácter genérico del verbo para transformarlo en una representación subjetiva, algo que resulta mucho más específico y elocuente que cualquier palabra articulada en una lengua humana.

Las palabras de las hadas son simplemente acciones atadas a una idea, una imagen, una perspectiva propia, singular e irrepetible. De tal manera que, al decir árbol —para seguir fatigando con el mismo ejemplo—, las hadas además transmiten la perspectiva singular desde la cual están percibiendo y experimentando ese árbol, es decir, la acción de la experiencia, tanto desde el plano físico como desde el retórico.

Si solo pudiésemos escuchar las palabras en el lenguaje de las hadas, sin contacto alguno con las imágenes transmitidas de forma telepática, su discurso nos resultaría totalmente incomprensible. No tendríamos ni la más ligera noción de lo que están hablando.

Las imágenes transmitidas a través del pensamiento, las cuales no son estáticas sino notablemente flexibles, son las responsables de esclarecer el mensaje articulado. Podemos pensarlo como un archivo adjunto enviado por correo que clarifica el texto y le da una fisionomía singular.

Esto explica porque Yeats, Dunsany, Blake, y tantos otros indiscretos acechadores de hadas, pudieron dar cuenta de sus costumbres, tradiciones, pero no de su lenguaje.

Del mismo modo, para cualquier humano sería imposible hablar el idioma de las hadas, justamente porque carecemos de las herramientas necesarias para adjuntar las imágenes correspondientes a las palabras articuladas. Uno podría repetir exactamente las mismas palabras dichas por un hada y resultar perfectamente ininteligible para ella.

En este punto debemos suponer que, al menos para los estándares de las hadas, nuestra capacidad telepática es extremadamente pobre.

Consideremos por un momento que las hadas no envían sus representaciones telepáticas de forma aislada o segmentada, sino que todo lo que piensan, todo lo que imaginan, todo lo que sienten a medida que hablan, se transmite sin ningún tipo de filtro.

Si nosotros tuviésemos las mismas capacidades comunicativas que las hadas, es decir, si todos pudiésemos saber exactamente qué piensan, imaginan y sienten los demás, probablemente sufriríamos un duro golpe a nuestra autoestima, como mínimo.

Por su propia estructura es imposible escribir en el lenguaje de las hadas; de manera tal que no hay libros ni registros escritos por ellas mismas. Sencillamente no tendría ningún sentido. No obstante, algunos exegetas aseguran que las hadas registran su historia imprimiendo sonidos musicales e imágenes sobre ciertos objetos —piedras, telas, anillos—, que los humanos consideran mágicos.

Lo mismo hace el artista que imprime sus ideas en sus textos, pinturas, o sobre cualquier otra expresión artística; aunque de forma mucho menos eficiente.

Aquellos que realmente logran cargar a sus obras con sus propias emociones normalmente logran un efecto demoledor en su público. Básicamente son aquellas canciones que nos emocionan, los libros que podríamos releer una y mil veces, los cuadros que sencillamente no podemos dejar de ver.

Las impresiones dejadas por las hadas, por su parte, son mucho más intensas, más vívidas y genuinas. Se desenrollan en nuestra imaginación como un largo pergamino, se abren a nuestra consciencia con toda clase de formas, colores y sensaciones.

La literatura —humana, al menos— es muchas cosas a la vez, y la menos importante de todas es belleza de las palabras que el escritor elige. También está cargada de imágenes que el autor imprime de forma más o menos laboriosa y que el lector reinterpreta de acuerdo a su propia imaginación. Quizás por eso algunos grandes autores, como Chaucer y Shakespeare, se jactaban de haber aprendido de las hadas.




Mitología comparada. I Más sobre Hadas.


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