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Voynichés, la lengua impronunciable

Voynichés, la lengua impronunciable.

Hace algún tiempo hablábamos del Manuscrito Voynich, aquel libro cuya escritura resulta intraducible al igual que su origen y contenido, de naturaleza tan incierta como perturbadora.

Ahora bien, el hecho de que el texto resulte impenetrable no invalida las conjeturas que podamos elaborar sobre él. Más aún, un grupo de eruditos ociosos ha elaborado un sistema bastante asombroso para arrancarle sus secretos.

Convencionalmente se denomina Voychinés a la desconcertante lengua del Manuscrito Voynich. No se parece en nada a la caligrafía medieval, por su parte, de lenta elaboración, y mucho a la fisionomía itálica que apareció en la región de Florencia, Italia, alrededor del 1.400 d.C.

Los signos del Manuscrito Voynich son perfectamente legibles. El problema es que la clave de su cifrado continúa siendo un misterio, asi como los valores fonológicos que debemos asignarle a cada signo, de modo que una página del Manuscrito Voynich juega su partida con las cartas sobre la mesa casi como un desafío y un insulto a los descifradores de enigmas filológicos.

Hasta el momento la partida ha sido ampliamente ganada por el libro.

Conocemos los signos pero desconocemos el sonido que el autor les ha asignado, de tal forma que es posible leer el texto de forma fonética pero desconociendo perfectamente su significado. Lo poco que sabemos es que el Manuscrito Voynich ha sido escrito de izquierda a derecha, y que su lectura presumiblemente sigue esa dirección.

Ahora bien, cansados de interpretaciones que carecen de rigor académico un grupo de lingüistas ha conformado el Alfabeto Voynich Europeo (Eurpean Voynich Aphabet), o E.V.A., creado René Zandbergen y Gabriel Landini en 1998, una especie de sistema que permite conjeturar sobre la naturaleza y el significado del Voychinés. El resultado de estos estudios, lejos de echar luz sobre el asunto, lo ha sumido el elucubraciones aún más extraordinarias. Al parecer el Voychinés no se parece a ninguna lengua conocida, actual o extinta, y posee en cambio características morfológicas únicas.

El grado de libertad con la que los signos conforman palabras arroja la posibilidad de que el Voychinés sea de hecho una lengua apriorística, es decir, una lengua artificial que permite cierta flexibilidad en la consignación de su gramática.

El EVA propone un sistema de trascripción que facilita la interpretación del Manuscrito Voynich denominado Frogguy, que lo traduce literalmente al alfabeto latino aunque no arroja luz sobre su contenido. En otras palabras, los signos del Manuscrito Voynich son perfectamente legibles, su significado no.

Todo aficionado a las lenguas arcanas se ha visto tentado por el Manuscrito Voynich, pero su cifrado hermético, acaso hijo de una lengua antiquísima o de una conformación alucinatoria, persiste en conservar sus secretos a toda costa, venciendo incluso los intentos de los ordenadores más poderosos. Es posible que eventualmente sepamos el contenido del libro, y que éste nos resulte banal, e incluso infantil. Sus ilustraciones sugieren algo de botánica, algo de astronomía y agricultura; pero nada sobre un enigma de semejante envergadura como el sistema en el que ha sido compuesto, para muchos, solo accesible mediante estados alterados de conciencia.





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