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«Trolldómr» y los Libros Negros de Cyprianus.


Trolldómr y los Libros Negros de Cyprianus.




En la tradición escandinava existen los Svarteboken [«libros negros»], similares en algunos aspectos a los Libros de las Sombras de las brujas, particularmente de la religión Wicca. Los Svarteboken, en esencia, son pequeños grimorios atribuidos en parte a un sujeto misterioso: Cyprianus [Cipriano]

Los Libros Negros no solo proporcionan las típicas instrucciones para invocar demonios, lanzar hechizos y adquirir poderes mágicos; en algunos casos, la posesión del Libro Negro en sí otorga poderes sobrenaturales a su propietario. Sin embargo, y a pesar de esta ventaja, gracias a la cual no es necesario practicar las artes ocultas para obtener sus beneficios, bastando ser solamente el propietario, el uso inadecuado de un Libro Negro, incluso su posesión, puede traer graves consecuencias.

Algunos Libros Negros están escritos con sangre, otros simplemente están firmados de este modo, y esa es la raíz de su peligrosidad, ya que estos pequeños grimorios suelen quedar dentro de una familia y en cierto modo funcionan como un pacto. Cuando un Libro Negro sale de esa familia, por descuido o falta de herederos, y termina en manos imprudentes, este se libera del pacto con su propietario original y puede causar toda clase de desgracias.

Hay una leyenda alemana sobre un Libro Negro que, por circunstancias desconocidas, llegó a manos de unos campesinos. Sus poderes se liberaron cuando estos intentaron leerlo, no al revés, como debe hacerse, sino como si se tratara de un libro corriente. Una vez activado, causó grandes calamidades a la familia de campesinos. De hecho, cuenta la historia que intentaron repetidamente deshacerse del libro, pero no pudieron hacerlo, porque el Svarteboken estaba ligado a su propietario. Se decía que los Libros Negros no podían ser quemados, pues resistían a las llamas, ni tampoco destruidos por el agua. Si se los desechaba, siempre encontraban la forma de regresar.

Finalmente, los campesinos consiguieron la ayuda de un ministro, quien clavó con éxito el Libro Negro en un ataúd. Este final, quizás apócrifo, vindica el poder cristianismo sobre el paganismo.

Los Libros Negros tenían un fuerte arraigo popular. Muchas familias poseían uno, funcionando como una especie de guía para las generaciones venideras donde también se incluían recetas de cocina y métodos curativos, ritos estacionales y agrícolas, además de encantamientos, conjuros y hechizos. Los Libros Negros de Cyprianus [Cipriano], a pesar de contener elementos inocuos, tenían una pésima reputación entre las autoridades de la iglesia, quienes creían que la única forma de obtener el libro por sucesión familiar era renunciando al bautismo y entregándose a Satanás. Sin embargo, lo cierto es que la mayoría de los Libros Negros estaban relacionados con párrocos rurales, más precisamente con sus esposas, quienes a menudo oficiaban de curanderas en las comunidades aisladas.

Aunque los Libros Negros, en gran parte, eran un compendio del saber tradicional recopilado por una familia durante generaciones, los aspectos mágicos siempre estaban atribuidos a un tal Cyprianus. Se cuenta una variedad de historias sobre la identidad de este individuo. Algunos dicen que sería Cipriano de Antioquía [San Cipriano], que vivió en el siglo IV d.C. en Turquía; quien logró invocar y dominar a una variedad de demonios, y que finalmente se convirtió al cristianismo y terminó su vida como mártir. En la Edad Media circulaban muchas leyendas unidas al nombre de Cyprianus, incluida la tradición de que practicaba la magia negra antes de su conversión al cristianismo. En otra tradición medieval, Cipriano era un hechicero que trató de seducir a Santa Justina, pero fue convertido cuando ella hizo la señal de la cruz, liberándolo del poder del diablo.

Los Svarteboken escandinavos casi nunca hacen referencia a San Cipriano, sino más bien a un hechicero, una figura fáustica llamada Cyprianus, que a menudo es descrito como un malvado noruego [o danés] que aprendió la magia negra a través de sus tratos con el Diablo. De hecho, una versión de la leyenda comenta que Cyprianus era tan malvado que el Diablo lo expulsó del infierno. Para vengarse, Cyprianus escribió el primer Libro Negro con fórmulas e invocaciones que permitirían controlar a los demonios.

Ahora bien, esta tradición de Cyprianus como expulsado por el diablo relaciona [con hilos delicados] a los Libros Negros con el Drácula de Bram Stoker. Según esta variante de la leyenda, el «infierno» del cual fue expulsado Cyprianus era en realidad la Scholomance, aquella legendaria escuela de magia negra situada en Transilvania y dirigida por el Diablo. En este contexto, Cyprianus habría sido uno de los diez solomonari [tal como lo fue Drácula], quien después de haber sido expulsado regresó a escandinavia y comenzó a difundir los secretos de esta institución [ver: ¿Quién convirtió a Drácula en vampiro?]

Otras historias, en cambio, comentan que Cyprianus no estaba al tanto de las oscuras actividades de Scholomance hasta que ingresó en ella. Escapó y escribió el primer Svarteboken como método de defensa contra las actividades del Diablo y sus solomonari.

Rastrear los verdaderos orígenes del Cyprianus de los Libros Negros es prácticamente imposible. Hay demasiadas variantes extravagantes, como aquella mencionada en el Oldtidens Sortebog [«el antiguo libro mágico»], donde se afirma que Cyprianus fue una hermosa monja mexicana del siglo XIV, arrojada a una mazmorra en 1351. Mientras estuvo encerrada, escribió con sangre todos sus conocimientos mágicos en sus hábitos. Tiempo después, sus ropas fueron encontradas en un antiguo castillo y volcadas en el primer Libro Negro.

Uno de los principales intereses de los Libros Negros era la adivinación. Una de las prácticas más comunes era el støyping, y consistía en vertir plomo fundido a través de un agujero sobre un trozo de pan sumergido en agua fría. Luego se procedía a interpretar la causa de varias enfermedades, que a menudo eran atribuídas a la presencia de un changeling, es decir, la prole de los maliciosos huldra-folk dejada en el lugar de un niño humano sano. Este rito de adivinación a menudo era realizado por una signekjerring [«anciana bendita»].

Las leyendas más interesantes en torno a los Libros Negros son aquellas que narran su uso inadecuado, un motivo recurrente del folclore escandinavo. En tales historias, un sirviente o una criada encuentra y lee el Libro Negro de la familia, invocando así al diablo mientras el propietario [casi siempre un clérigo] está ausente. La única manera de salvarse es darle al diablo una tarea imposible, como desatar los nudos de una red de pesca o vaciar un fiordo. De este modo, el diablo, obligado por el Libro Negro a cumplir las órdenes del invocador, se mantiene ocupado hasta que el propietario del libro regresa y lo envía de vuelta al infierno.

En los años '70 del siglo pasado, una mujer noruega llamada Mary Rustad empezó a revisar la casa de campo a la que se había mudado recientemente. La casa había pertenecido a su familia durante siglos y estaba llena de objetos en desuso. En el ático encontró una caja, y dentro de la caja encontró dos libros que datan de principios del siglo XVIII, conocidos como Los Libros Negros de Elverum.

La familia Rustad siempre estuvo asociada a la brujería. De hecho, en 1625 se llevó a cabo un proceso judicial contra Ingeborg Økset, antepasado de Mary Rustad; de modo que la presencia de estos libros en la finca familiar no es sorprendente. Sin embargo, los hechizos y conjuros de los Libros Negros de Elverum no son gran cosa. Algunos apelan a Cristo, otros a Lucifer, pero también hay recetas medicinales que no tienen ningún elemento espiritual, por ejemplo, para tratar la impotencia [ver: Cómo las brujas causaban impotencia]. Lo sorprendente es la especificidad de estos hechizos. Hay uno que puede usarse para enviar al diablo tras el sinvergüenza que cometió un robo, no para matarlo, sino para que devuelva las pertenencias robadas.

En los Libros Negros de Elverum también hay instrucciones para encontrar brujas. Si usted sospecha que hay una bruja en su comunidad, se recomienda merodear en los alrededores de la iglesia local en ciertas noches y esperar cerca del campanario. Al parecer, a las brujas les encanta mordisquear las campanas y aprovecharán cualquier oportunidad para hacerlo. Los Libros Negros simplifican un poco esta tradición. No es que las brujas realmente mordisquearan las campanas, sino que raspaban el metal para utilizarlo en sus pociones.

Si bien los Libros Negros poseen toda clase de conjuros y encantamientos, así como instrucciones sobre cómo fabricar objetos mágicos, amuletos y talismanes, también conservan fórmulas personales anotadas por el propietario, es decir, variantes propias de fórmulas conocidas. La mayoría de los Libros Negros [conocidos] son pequeños cuadernos escritos a mano que datan de mediados del siglo XVIII. Por aquel entonces solo tenían valor para su propietario, pero a fines del siglo XIX surgió un renovado interés por ellos como depositarios de antiguas tradiciones y costumbres populares escandinavas, incluso precristianas. Algunos Libros Negros se imprimieron como curiosidades de una época que realmente creía en la magia.

Además del aspecto mágico, la proliferación de Libros Negros dependía de dos cuestiones fundamentales: el acceso a los libros [que era muy limitado para la gente común] y la creencia generalizada en el poder de la palabra escrita. Tener acceso a un libro era tener acceso a cierto grado de poder. El clero pertenecía a este grupo privilegiado, y cuando a mediados del siglo XVII se instruyó a todas las iglesias a que mantuvieran un registro, los párrocos [sobre todo] comenzaron a llevar pequeños cuadernos de anotaciones donde se enumeraban los nombres de los feligreses en relación con los eventos importantes de sus vidas. Uno se pregunta si los Libros Negros podrían estar relacionados con el establecimiento de estos registros eclesiásticos.

En un principio, estos registros no se diferenciaban demasiado de un cuaderno de almacenero de pueblo, con anotaciones cronológicas de los quehaceres diarios, pero evolucionaron gradualmente hasta convertirse en verdaderos registros con columnas para bautizos, confirmaciones, bodas y entierros. El acceso a tales libros estaba estrictamente regulado, pero cualquiera podía ver al sacerdote escribir los nombres y las fechas de quienes iban a participar en los rituales de la iglesia. Este acceso privilegiado a la información a través de un libro manuscrito podría haber dado lugar a especulaciones sobre su significado.

No me refiero aquí a que el clero estaba involucrado en la magia [y lo estaba], sino que la idea de mantener un registro de actividades e información rodeado del mayor secretismo bien pudo haber sido imitado.

Lo cierto es que uno puede encontrar recetas contra prácticamente todo en los Libros Negros, desde curar un dolor de muelas [kalamaris, katalibus, ratalibus] hasta protegerse de ladrones [auratebul], desde volverse invisible a enamorar a una chica o fabricar amuletos para protegerse del mal. Estos amuletos solían ser palabras escritas en un papel que envolvía una pequeña piedra y se llevaba alrededor del cuello. Las palabras a veces derivaban de la liturgia católica. Se escribían en un tosco latín, mal escritas o, mejor dicho, escritas como las personas sencillan las escuchaban de un sacerdote rural que no tenía muchos más conocimientos del latín que sus fieles.

Los Libros Negros, en general, eran bastante respetuosos. Un hechizo para hacer daño podía estar escrito en este latín rudimentario, pero nunca haría alusión a la tradición cristiana. Los Svarteboken menos familiares y dedicados a la medicina rural, ingresaban en el tenebroso territorio del trolldom [«hechicería»].

Los escandinavos medievales estaban preocupados por la eficacia de la magia, que funcionaba como una herramienta en la vida cotidiana tanto de los campesinos como de la nobleza. Era un lugar común. Muchas formas de magia, ya sean relacionadas con creencias paganas o clericales, se consideraban beneficiosas y eran aceptadas. Las formas oscuras de la magia, sin embargo, eran inaceptables y se consolidaron en la noción de trolldómr [de trolle, «conjurar»; y dom, sufijo utilizado para formar sustantivos a partir de adjetivos]. Este término puede traducirse aproximativamente como «hechicería», aunque sin la relación necesaria con los trolls, de la cual hablaremos más adelante.

A mediados del siglo XVI, los obispos comenzaron a viajar a las comunidades rurales escandinavas con el objetivo de proporcionarles a los clérigos locales algunas herramientas para comenzar a aislar a los practicantes de la magia. La estrategia, muy exitosa, fue etiquetar todas las formas de magia como trolldómr, término que implicaba malicia en las operaciones mágicas. Fue en este momento en que comenzaron a prosperar los Libros Negros bajo un manto de secretismo. Esto significaba que no podían salir del seno de una familia ya que constituían una prueba de delito.

Los trolls ya estaban asociados con la magia en los mitos nórdicos, pero en el folclore moderno, desde alrededor del siglo XIX en adelante, se han transformado en criaturas grandes y brutas, o incluso en seres pequeños que pueden poseer algún rasgo mágico, pero ya no peligrosos. Sin embargo, los trolls fueron vistos como muy peligrosos en el pasado [ver: Grendel y la misteriosa raza de los «Eotens»]

Es importante entender que los trolls escandinavos no son solo una cosa, sino todo un abanico de seres diferentes pero al mismo tiempo similares en algunos aspectos. Están los trolls de la montaña, que no parecen demasiado interesados en los seres humanos; y los trolls del bosque, que están aterrorizados por el cristianismo y se convierten en piedra cuando les da el sol. El troll promedio es similar a un ser humano de gran estatura, y generalmente se distingue de nosotros por el hecho de tener cola, que esconde entre sus ropas. A propósito, el clero tuvo una excelente idea para que la gente no se vaya de la iglesia antes de que termine el servicio religioso al difundir la idea de que los trolls no soportan escuchar misa, y huyen precipitadamente si oyen las sagradas escrituras. Si uno no quería ser acusado de ser un troll [y podía ser una acusación seria], era aconsejable quedarse hasta el final del servicio.

Los trolls, salvo excepciones, eran expertos en todos los aspectos mágicos de los Libros Negros: eran capaces de volverse invisibles, de cambiar de forma, y de lanzar maldiciones devastadoras. Sin embargo, la magia de los trolls no era considerada realmente «magia» por los antiguos escandinavos, sino más bien habilidades extraordinarias, si es que podemos captar la sutil distinción. La magia [seiðr] en la cultura nórdica era algo sagrado, algo que practicaba el propio Odín, mientras que los trolls solo utilizaban una forma degradada y con fines viles. Ahora bien, desde la mirada cristiana, las habilidades de los trolls se ajustaban a lo que incluso hoy consideraríamos magia, de modo que el término trolldómr era lógico [para esa mirada cristiana], aunque no para la percepción escandinava.

En la actualidad se habla mucho de magia nórdica, de seiðr, pero estas interpretaciones [wiccanas y neopaganas en su mayoría] son muy licuadas, una especie de chamanismo burgües para gente blanca que quiere «conectar con la naturaleza». No puede haber «expertos» en magia nórdica porque el seidr no tiene fuentes históricas. Hay menciones en los Eddas y Sagas, pero no hay descripciones rigurosas de sus rituales. De hecho, por las pocas referencias que han sobrevivido, sabemos que el seiðr era originalmente una magia basada en el tejido [seithr], algo así como un tejido ritual. Los hombres no la practicaban porque se consideraba una forma cobarde y retorcida de lograr objetivos. Tal vez por eso los aesir se sorprendieron enormemente cuando Odin decidió practicarla.

Las leyes medievales prohibían la magia dañina [maleficium, en latín] mientras que se toleraba la magia beneficiosa [sanación, suerte en la caza, protección del ganado y las cosechas]; sin embargo, a finales de la Edad Media los teólogos desarrollaron una nueva visión, donde toda la magia, incluso al servicio del bien, estaba vinculada a los poderes del mal [ver: El «accidente» que convirtió a los Dioses en Demonios]

En Noruega, las leyes medievales se aplicaron hasta 1697, pero la pena de muerte por practicar la hechicería fue adoptada por decreto real recién en 1584. Para el centenario de la Reforma, el 12 de octubre de 1617, el castigo ya era menos riguroso: el destierro en lugar de la pena de muerte.

En este contexto, cuando las autoridades de la fe etiquetaron toda forma de magia como trolldómr, la gente sencillamente no dejó de practicar sus ritos y costumbres, solo se vio forzada a realizarlos de manera privada, discreta, cobijadas por sus personas de confianza: sus familias. Así, probablemente, nacieron los Libros Negros.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


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El artículo: Trolldómr y los Libros Negros de Cyprianus fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Grendel y la misteriosa raza de los «Eotens».


Grendel y la misteriosa raza de los «Eotens».




El odio de Grendel se desató,
el monstruo disfrutó su guerra contra los daneses,
manteniendo viva la sangrienta enemistad,
sin buscar la paz, sin ofrecer tregua,
sin aceptar ningún acuerdo,
sin precio en oro o tierra,
cometiendo un crimen tras otro.


Grendel, como todos los Monstruos medievales, vive fuera de la sociedad, entre lo pagano y el cristianismo, mucho antes ser transformado por el cuento de hadas como una advertencia para los niños. La amenaza es que uno puede morir en esa región incierta, y que su cadáver será devorado [ver: Nachtkrapp: el cuento Vikingo para mandar a los chicos a dormir]

Estas historias a menudo se desarrollaron en períodos de escasez de alimentos. Por supuesto, los Monstruos nunca mueren de hambre, pero existen al margen de las sociedades que temen a la hambruna, y sobre todo a lo que puede reducirse el ser humano cuando está asediado por el hambre. Hansel y Gretel no corren ningún peligro hasta que su propio padre los abandona en el bosque debido a la falta de comida. Son los padres los que conducen a los niños a la cueva del Monstruo [ver: Groac'h: la bruja de Hansel y Gretel]

Beowulf es el poema más largo que se conserva en Inglés Antiguo, y Grendel es su primer y único villano con nombre propio. Geoffrey de Monmouth en su Historia Regum Britanniae [La historia de los reyes de Gran Bretaña, 1136] afirma que, antes de que los humanos llegaran a las Islas Británicas, los habitantes originales eran gigantes caníbales que tuvieron que ser derrotados por Brutus, nieto de Eneas de Troya. Estos gigantes luego fueron conocidos como Ogros y Trolls.

Beowulf es una historia pagana escrita por un cristiano, inspirada en una narración oral compartida entre los paganos de Gran Bretaña y Escandinavia. En otras palabras, es una historia nórdica muy antigua que luego fue llevada al pergamino por un monje que agregó algunos elementos cristianos. Los personajes [todos paganos] hablan del cristianismo, pero el elemento más cristiano del poema es su adversario, Grendel, y la forma en que el héroe, Beowulf, lo considera.

Beowulf, rey de los gautas, es el protagonista del poema. Es un poderoso guerrero que busca poner a prueba su fuerza. Primero lleva a sus hombres a Dinamarca para ayudar al rey Hrothgar contra la criatura que está haciendo estragos en su reino, Grendel; y, más adelante en el poema, luchará y matará a la madre de Grendel. Si bien Beowulf era originalmente un guerrero pagano, el monje puso el nombre de Cristo en sus labios. También afirmó que Grendel era «descendiente de Caín», y que los enemigos de Beowulf, por lo tanto, eran enemigos de Dios. En otras palabras, la naturaleza misma de Grendel lo convierte en el enemigo, no solo de los daneses y los gautas, sino de Dios.

La descripción de Grendel es vaga y existen numerosos debates sobre qué es exactamente. Se lo describe en el poema como un aglæca, una palabra relacionada con aglæc: «calamidad», que a su vez proviene de āglāc, «tormento». Esta era una palabra para referirse a un guerrero poderoso, y también se la usa en relación a Beowulf. Grendel además recibe el epíteto sceadugenga, «caminante de las sombras»; es decir, alguien que habita o se mueve únicamente en la oscuridad: un noctámbulo.

En el poema se hace referencia a Grendel y a su madre como gigantes, demonios, espíritus infernales y lobos en varios puntos, pero no se da una descripción física o identificación de especie. Ciertamente no es humano, de otro modo, el autor seguramente habría hablado de canibalismo; sin embargo, Grendel está relacionado con los humanos por ser descendiende de Adán, pero al mismo tiempo está separado de la humanidad por su descendencia de Caín.

Sabemos que Grendel tiene envidia de los hombres en Heorot, el salón de Hrothgar, y eso alimenta su ira, que a su vez lo hace matar y luego comer a sus víctimas. Cuando nos encontramos por primera vez con Grendel, entra en Heorot mientras los hombres de Hrothgar duermen, despertándolos abruptamente con su ira y violencia:


Estaban profundamente dormidos,
saciados y despreocupados
después del banquete, sin pena ni temor.
Él
[Grendel] los atacó con terrible rapidez,
sombríamente, arrancando con avidez de sus camas
a treinta desafortunados thanes del rey,
regodeándose, glorificándose en el hecho espantoso,
y luego arrastrando los pies a casa con su vergonzoso botín.


Grendel mata a treinta de los hombres de Hrothgar y se lleva los cuerpos [el «vergonzoso botín»] para devorarlos en su cubil. Esto era espantoso tanto para la mentalidad escandinava como para la cristiana. Los treinta desafortunados thanes que murieron no recibieron ni un entierro cristiano ni un funeral vikingo. Una muerte honorable en la batalla no sería espantosa para un nórdico, pero ser consumido por un descendiente de Caín era un destino bastante ingrato.

Este es el contexto en el cual Beowulf llega a Heorot. Grendel se está comiendo a los guerreros más fuertes y parece imparable. Pero, poco después de la llegada de Beowulf, Grendel cae en su trampa, pero aun así se las arregla para comerse a alguien más antes de que el héroe pueda actuar:


Al monstruo no le importaba perder el tiempo,
sino que se abalanzó repentinamente sobre un hombre dormido;
babeando de avaricia lo abrió,
tragó la sangre que brotaba de sus venas
y masticó grandes bocados de carne;
lo devoró por completo, manos y pies incluidos.


El autor [anónimo] reconoce que Grendel incluso se come las manos y los pies del guerrero, lo que significa varias cosas. Primero, Grendel es más una bestia que un ser humano, ya que se come las partes que, en un animal, normalmente se consideran no comestibles [ver: La biología de los Monstruos]

Ahora bien, su condición de monstruo sobrenatural no se describe claramente en Beowulf. Solo sabemos que, siendo maldecido como descendiente de Caín, Grendel está atormentado por los sonidos de los cantos que llegan todas las noches desde el salón de Hrothgar. No puede soportarlo más y ataca a Heorot. Continúa haciéndolo todas las noches, ¡por doce años!

El rey Hrothgar le da a Beowulf una calurosa bienvenida y ofrece un banquete. Luego, Beowulf y sus guerreros se acuestan en el salón para esperar el ataque de la criatura. Grendel acecha fuera del edificio por un tiempo, espiando a los guerreros adentro. Luego ataca. Rompe la puerta con los puños e ingresa. El primer guerrero que encuentra todavía está dormido, por lo que lo agarra y lo devora. Grendel agarra a un segundo guerrero, pero se sorprende cuando este lo sujeta con una fuerza irresistible. Mientras Grendel intenta zafarse, el lector descubre que ese segundo guerrero es Beowulf.

Beowulf no usa armas ni protección en esta pelea. Tampoco confía en sus compañeros; no los necesita. Confía en que Dios le ha dado la fuerza para derrotar a Grendel. Finalmente, le arranca el brazo, hiriendo mortalmente a la criatura. Grendel huye pero muere en su guarida en el pantano. Allí, Beowulf luego se involucra en una feroz batalla con la madre de Grendel, y de nuevo sale victorioso. Entonces Beowulf encuentra el cadáver de Grendel y le corta la cabeza, que conserva como trofeo. El héroe regresa a la superficie, y a sus hombres que lo esperan, a las nōn [alrededor de las 3 p.m.] Regresa a Heorot, donde un agradecido Hrothgar lo colma de regalos.

Grendel se presenta como alguien, o algo, que puede comerse a los muertos con impunidad, hasta que se encuentra con Beowulf; pero su monstruosidad, de la cual sus hábitos alimenticios son un marcador, es simplemente parte de quién es. Grendel es un exiliado, un outsider [en términos lovecraftianos], una criatura que seguramente inspiraría piedad, incluso lástima, si no fuese por su pernicioso hábito de comer carne humana. Beowulf, en cambio, es un caudillo pagano con actitudes cristianas. El autor prepara cuidadosamente este escenario para proporcionar el mayor impacto posible a la sensibilidad cristiana de la audiencia. En este contexto, no es difícil ver el festín caníbal de Grendel como una especie de grotesca eucaristía pagana.

J.R.R. Tolkien era un experto en Beowulf [Beowulf y los críticos (Beowulf and the Critics)]. Su conocimiento del poema influyó profundamente en El Señor de los Anillos y El Hobbit; de hecho, el enfoque de Tolkien hacia los monstruos [como los Orcos y otros] es similar al de Beowulf: son irredimibles, capaces únicamente de realizar acciones inmorales. No pueden elegir entre el bien y el mal, sino que solo tienden al mal; por eso nadie vacila jamás en matar a un Orco en la Tierra Media. Aquellos que se comen a los muertos [y los Orcos y los Trolls son ampliamente conocidos por sus apetitos por la carne humana] deben ser masacrados en cada oportunidad [ver: Morgoth y la ingeniería genética que creó a los Orcos]

Los mitos nórdicos describen a dos criaturas en particular que están relacionadas con Grendel: los Draugr y los Trolls. Los primeros son cadáveres animados, similares a los Ghouls, necrófagos que viven en túmulos y lugares de entierros paganos y salen por la noche en búsqueda de carne humana, preferentemente viva. Las leyendas escandinavas son conscientes de este pasado remoto en el que los muertos, bajo la forma de cadáveres ambulantes, amenazaban a los vivos, y solo podían ser derrotados por un Héroe.

Una de estas historias es la de Asmund, el Matador de Berserkers, un guerrero que hizo un juramento extraño con un hombre llamado Asvith: cuando Asvith falleciera, Asmund sería enterrado vivo con su amigo. Cuando un grupo de suecos [siempre imprudentes] irrumpió accidentalmente en la tumba común, fueron recibidos por Asmund. Explicó que Asvith había regresado de entre los muertos y lo atacó, comiéndose también el caballo y el perro con los que habían sido enterrados. Solo la decapitación terminó con el intento de Asvith de comerse a Asmund. De manera similar, cuando el amigo de Asmund, Aran, murió, Asmund esperó junto a la tumba a que regresara de entre los muertos. Una vez de regreso, Aran procedió a consumir animales y cadáveres hasta que Asmund le cortó la cabeza [pero no antes de arrancarle las orejas a Asmund]. De manera similar, en la Saga de Grettir, un Draugr llamado Glámr, parecido a Grendel en comportamiento, es un cadáver ambulante que mata y come guerreros hasta que Grettir lo derrota.

Al igual que Grendel [y su madre], los Trolls representan un peligro muy real en la tradición nórdica. Los Trolls ocasionalmente comen humanos, vivos o muertos; sin embargo, cocinan la carne antes de comerla, mientras que Grendel se come a sus víctimas crudas, incluso antes de que sus cuerpos se hayan enfriado. Es peor que un Troll, quien al menos conserva algún rastro de comportamiento humano al cocinar a sus presas.

Los hábitos de los Draugr y los Trolls, y el miedo que engendran, tiene sentido en los climas del norte. El canibalismo de supervivencia no era desconocido en las tierras escandinavas, y esto se ve claramente en la Saga Völsunga, la Saga Víðförla y la Saga Hálfdanar, donde los Héroes comen carne humana para absorber los atributos mágicos de ciertos órganos. Por otro lado, el abandono infantil y el canibalismo eran dos soluciones durante los períodos de hambruna y, por lo tanto, también peligros reales durante los inviernos más crudos. En los cuentos paganos, el canibalismo es un marcador de alguien reducido a un estado inferior al humano, pero que solo intenta sobrevivir. Para los cristianos, sin embargo, el canibalismo era un marcador del mal; por eso Grendel no tiene oportunidad de redimirse, ni de ser convertido. No conoce a un santo cristiano; no está bautizado; no cambia su nombre; en cambio, se encuentra con un guerrero, le arrancan el brazo y muere. En otras palabras, paga el precio pagano de ser un caníbal [ver: La derrota de los dioses paganos]

Grendel también aborbe algunos atributos de los Ogros. La percepción medieval de estos seres era particularmente inquietante: los Ogros prefieren la carne de los niños. Al igual que Grendel, los Ogros viven fuera de la sociedad; a menudocon una mujer, a veces una madre, otras una esposa; y, como Grendel, son vestigios paganos cuya peligrosidad es socavada por el cristianismo por la facilidad con la que son derrotados por el Héroe. Grendel, al menos, puede decir que fue derrotado por un gran guerrero como Beowulf, pero los Ogros a veces son vencidos por niños, incluso por gatos.

La palabra Ogro deriva del latín Orcus, otro nombre para Hades, el dios del inframundo en los mitos griegos; en otras palabras, los Ogros son una personificación del infierno. En segundo lugar, los Ogros son devoradores de niños, y son estos sus principales adversarios. Esto puede verse en todas las adaptaciones de los hermanos Grimm de temas medievales, e incluso anteriores, donde los niños abandonados deben luchar contra los Ogros para no ser comidos. De hecho, las Brujas han sido mucho más investigadas, analizadas y debatidas en relación a su obsesión con los niños, pero su contraparte masculina, los Ogros, han pasado desapercibidos. Una de las razones [para ser justos] es que las brujas son históricas y los Ogros son míticos. El Malleus Maleficarum no repara en ellos, y ningún Ogro, que yo sepa, fue ejecutado por la Inquisición.

Las Brujas han recibido mucha atención del feminismo, y con toda justicia, pero eso ha dejado a los Ogros fuera de la discusión. El auge de los estudios feministas se centró en la victimización de las mujeres por parte de la sociedad medieval; y los Ogros, por género, son machos. Es decir, son parte del patriarcado y parte del problema, por así decirlo, como queda demostrado en los cuentos de hadas. Los Ogros encarnan el peligro que representan los «machos» más grandes, comenzando por el propio padre. Es decir que los Ogros son metáforas; mientras que las Brujas fueron mujeres torturadas y asesinadas. Lo que une a los Ogros y las Brujas es la amenaza que constituyen para los niños [ver: Mæra: la bruja de todos los cuentos de hadas]

Es común pensar que los cuentos de hadas usan el miedo para mantener a raya a los niños [haz esto o aquello o vendrá un monstruo y te llevará], pero también representan las ansiedades de los adultos en relación a los niños. Cuando uno examina las historias de Ogros encuentra el miedo al hambre, el miedo a ser devorado por un monstruo hecho a partir del hambre. Podríamos decir que hay un elemento de identificación con el niño heroico que derrota al Ogro como con el Ogro mismo [ver: Por qué los cuentos de hadas no son para chicos]

Es fundamental tener en cuenta que estas historias resuenan desde un tiempo en el que la mortalidad infantil era una realidad habitual. Era un mundo propenso a la hambruna. Los muy jóvenes y los muy viejos son los primeros en morir en una hambruna, y esta siempre se encuentra en el eje de los cuentos de hadas. Hansel y Gretel fueron llevados al bosque porque había una hambruna. Su madrastra insiste en que su padre los abandone, de lo contrario, todos tendrán que morir de hambre. Los padres son los Ogros originales.

Tanto Grendel como los Ogros representan los peligros de la hambruna; ambos son monstruos paganos que han sido tamizados por una cultura cristiana posterior; ambos pueden ser derrotados por los valientes, los inteligentes y los fuertes, pero no antes de que causen estragos. El hecho de que coman niños o guerreros demuestra su incapacidad para vivir en la sociedad humana, de ahí la necesidad de derrotarlos. Al final, Grendel y los Ogros son vencidos. Con ellos muere el canibalismo y puede comenzar un nuevo período de prosperidad, porque en la derrota de los monstruos paganos está el advenimiento del cristianismo, que ha ofrecido un cuerpo diferente para comer: el de Cristo.

En la Edad Media, aquellos que comían el cuerpo de Cristo se convertían, eran redimidos y aptos para vivir en la nueva sociedad humana. Aquellos que preferían la carne humana [Grendel, Ogros, Trolls y Draugr] simplemente eran asesinados.

Tolkien señala que, si bien Grendel tiene orígenes cristianos [como descendiente de Caín], «no se puede disociar de las criaturas de la mitología del norte». Grendel habita el mundo visible, come la carne y bebe la sangre de los hombres, entra a sus casas por las puertas; y se enloquece con el sonido de las arpas. Para un cristiano, el Mal susurra al oído del hombre justo, trata de inducirlo a cometer malas acciones, pero en la mitología el mal es físico; tiene cuerpo, músculos, huesos, y necesidades orgánicas. Los monstruos paganos, sobre todo los nórdicos, son sólidamente físicos, concebidos como hechos de tierra y roca a los que la luz del sol, o de la fe, puede devolverlos [ver: Los Monstruos y lo Monstruoso]

Para un cristiano, como el autor de Beowulf, los monstruos paganos eran susceptibles de encarnar las ideas cristianas del pecado. Eran earmsceapen [«viles»], lo cual está fortalecido en Grendel por ser descendiente de Caín. Pero Grendel no solo está bajo esta maldición heredada [todos, según la teología cristiana, somos seres «caídos»], sino que la utiliza a su favor. Sin embargo, el poema también le asigna un hæþen sawle [«alma pagana»]. En otras palabras, Grendel es concebido como poseedor de un alma, que será castigada tras su muerte. Lo sabemos porque Beowulf sentencia: ðær abidan sceal miclan domes, hu him scir Metod scrifan wille [«allí esperará el gran Juicio, donde el Señor glorioso lo sentenciará»].

En Grendel encontramos muchos rasgos demoníacos, como su hostilidad hacia los hombres, su odio por la alegría [la música en el salón de Hrotgar realmente lo enloquece], su gran estatura física, su fealdad, su fuerza sobrehumana, su amor por la oscuridad, pero carece de auténticas intenciones diabólicas, como el engaño, la mentira y el deseo de mancillar el alma humana. Por otro lado, como ya hemos visto, Grendel es una criatura física con necesidades biológicas, perfectamente capaz de experimentar miedo ante la inminencia de la muerte; tal es así que cuando Beowulf le arranca el brazo, el autor dice: hyge wæs him hinfus, wolde on heolster fleon, secan deofla gedræg [«En su corazón ansiaba escapar, deseaba huir a la oscuridad y buscar la compañía del diablo»]. El «diablo», en este caso, es su madre.

Es decir que Grendel era un habitante carnal de este mundo, alguien con alma, hasta que fue asesinado físicamente por Beowulf; y eso eran esencialmente los Ogros antes de ser metamorfoseados por el cuento de hadas: un monstruo físico hostil a los humanos. Cuando no se lo menciona por su nombre particular, el autor de Beowulf se refiere a Grendel como un eoten, a veces en asociación con cyn, que significa algo así como tribu o parentesco. Entonces, ¿los Eotens eran un tipo particular de monstruo? Y, de ser así, ¿qué tipo de criaturas eran?

Realmente no lo sabemos, porque la palabra eoten solo sobrevive en Beowulf; no hay otros ejemplos, de modo que quizás solo se refiere a Grendel como «pariente» de Caín, el primer asesino.


«De Caín descendieron toda clase de eotens e ylfe [elfos] y orcnéas [sombras malvadas], así también como los Gigantes, quienes se unieron en largas guerras con Dios.»


Beowulf también menciona que los eotens viven en «páramos brumosos» a los que se accede por «escarpados pedregales» situados en un «país inhabitable y pantanoso». Entonces, Grendel [y presumiblemente otros eotens] vivían en páramos, tierras baldías y pantanos; esencialmente el tipo de región donde los seres humanos no pueden prosperar. El hogar particular de Grendel está en una cueva subterránea a la que se llega nadando a través de un lago de montaña:


Misteriosa es la región en la que viven:
páramos de lobos, yermos azotados por el viento
y traicioneros caminos pantanosos:
un torrente de agua desciende por oscuros acantilados
y se sumerge en la tierra en una inundación subterránea.


La apariencia exacta de Grendel nunca se detalla en el poema. Lo más cercano a una descripción sugiere que posee una forma vagamente humana, aunque mucho más grande:


Torcido en la forma de un hombre,
se mueve más allá del límite del hombre más alto,
una aberración llamada Grendel
en los días antiguos.


Y, en otra parte del poema, refiriéndose a Grendel y a su madre:


Un par de enormes caminantes rondando los páramos,
y uno de ellos, por lo que pudieron distinguir, tenía forma de mujer:
pero una forma de hombre, aunque retorcida, también recorrió las huellas del exilio.
Excepto que era más grande que cualquier ser humano.


No hay una descripción más detallada en el poema, aunque esto podría demostrar que los eotens se consideraban aproximadamente de forma humanoide pero más grandes y fuertes que un humano promedio [La cabeza decapitada de Grendel es tan grande que se necesitan cuatro hombres para transportarla de regreso a Heorot]. Tanto Grendel como su madre [presumiblemente de la misma raza], solo atacan a Heorot de noche. Durante el día se acuestan en la cueva debajo del lago. ¿Esto significa que los eotens eran nocturnos? Es probable, sobre todo cuando vemos la insistencia con la que el autor de Beowulf se refiere a Grendel como sceadugenga, que significa literalmente «caminante de las sombras», pero que podemos entender simplemente como «noctámbulo».

No hay indicios de que los eotens sean superiores a los humanos en astucia, intelecto, tecnología o magia. Grendel y su madre no elaboran astutos planes ni lanzan hechizos, solo irrumpen, agarran a las personas y se las comen. Sin embargo, el autor de Beowulf utiliza una vez la palabra forsworen, que describe un tipo de hechizo que inutiliza algo, lo cual parece implicar que Grendel hechiza las espadas de los guerreros. Esto explicaría por qué Beowulf renuncia a las armas para luchar contra él. Sin embargo, podría ser un término metafórico para expresar que el miedo que infunde Grendel paraliza a los guerreros.

Todo esto nos da una imagen aproximada de los eotens [suponiendo que Grendel sea un representante ordinario de esta especie] como criaturas grandes, de aspecto humanoide, muy fuertes, nocturnas, que viven en regiones aisladas [donde los humanos no pueden prosperar en comunidad], y que tienen una predilección por la carne humana cruda. No parecen utilizar armas [no estamos seguros en cuanto a la magia], ni se muestran particularmente inteligentes, aunque no creo que podamos afirmar que son estúpidos porque Grendel en ningún momento intenta engañar o burlar a nadie.

Entonces, ¿qué es Grendel exactamente?

La palabra eoten [Inglés Antiguo] está relacionada con el nórdico jötun, aquella raza de gigantes que aparecen con frecuencia en las leyendas escandinavas en oposición a los Æsir. Además, los jötuns eran considerados como un grupo de criaturas a la par de los dioses. En los Eddas, los jötuns pelean con los dioses, en ocasiones hay matrimonios celebrados entre ambos grupos, y en general no vivían en Midgard [la Tierra Media en la que habitan los seres humanos]. El autor de Beowulf parece haber pensado en los eotens como algo diferente de los jötuns. De hecho, parecen ser un tipo de criatura mucho más terrenal, que vive en rincones pantanosos y oscuros del mismo plano en el que viven los humanos. La guarida de Grendel está a menos de un día a caballo de Heorot, sin ningún obstáculo importante en el camino.

Grendel se menciona una vez en Beowulf como thyrse, que suele traducirse como «demonio» o «gigante», aunque de hecho está más relacionada con «troll». Si bien hay discrepancias, los Trolls se aproximan bastante a los eotens [si es que de hecho son una raza aparte]: ambos son grandes, brutos, fuertes, de aspecto más o menos humanoide, habitan en la naturaleza y comen carne humana. Sin embargo, los Trolls están más relacionados con los terrenos rocosos; siendo ellos mismos en general de un material duro como la piedra. Los eotens [Grendel en particular] parecen tener una conformación epidérmida distinta. Cuando los guerreros inspeccionan el brazo cortado de Grendel, observan que su piel está cubierta de extrañas y duras protuberancias:


Cada clavo, escama de garra y espuela,
cada punta y roncha en la mano de ese bruto pagano
era como acero con púas.
Todo el mundo dijo que no había hierro pulido
lo suficientemente duro como para atravesarlo,
ni hoja que pudiera cortar su brutal garra cubierta de sangre.


¿Por qué Grendel tiene un nombre propio en Beowulf, mientras que los otros monstruos del poema [el dragón y la madre de Grendel] carecen de esa identificación personal?

Esto puede deberse a que el episodio original de la historia oral se limitaba únicamente a la lucha entre Beowulf y Grendel, siendo el resto una adición posterior. El hecho de que Grendel no haya muerto en Heorot, y en cambio se haya retirado a su guarida subterránea para ser confrontado nuevamente por el héroe, justifica esa suposición. Según la clasificación Aarne-Thompson, este es el motivo folclórico 301: El cuento del hijo del oso, que a menudo presenta un solo monstruo enfrentado sobre y debajo de la superficie.

No hay duda de que la madre de Grendel tiene menos importancia que su hijo. Sin embargo, puede existir un simbolismo intencionado [y velado] al nombrar a esta hembra simplemente como «la madre de Grendel»; como si ella hubiese engendrado un nuevo linaje de monstruos. En este contexto, la historia se completa, ya que Beowulf mata tanto a la bestia como a quien la engendró. Si bien la madre de Grendel parece ajena a la cultura de Beowulf [un mujer guerrera, sin nombre, que vive bajo tierra] sus motivaciones sí con comprensibles: la muerte de su hijo.

De hecho, ella casi encaja mejor en el molde heroico que Beowulf. Vengar la muerte de un miembro de la familia era visto como un acto noble. La madre de Grendel, entonces, es tanto el monstruo salvaje, completamente ajeno a la civilización, como el monstruo interior: la venganza personificada [ver: El monstruo femenino como figura de resiliencia]

¿Y qué hay del Dragón? Un Dragón es más importante que un Troll, o un eoten, o lo que sea que haya sido Grendel, ¿verdad?

El episodio del Dragón puede o no haber estado relacionado con el personaje de Beowulf en la tradición oral. El objetivo de la lucha contra el Dragón es proporcionarle a Beowulf, en calidad de rey y guerrero legendario, una buena muerte. Es un final feliz, dentro de los parámetros del norte. El Dragón es simplemente un vehículo; por eso se lo trata en términos genéricos, sin nombre propio.

Grendel es claramente el foco de Beowulf, y con toda probabilidad de la tradición oral subyacente. No es caprichoso que el término anglosajón aglǣca se utilice tanto para Beowulf como para Grendel. Los dos son «luchadores feroces», y la verdadera prueba del poder del otro. Derrotar a Grendel es la prueba de Beowulf. Pero solo tenemos conjeturas sobre cómo pudo haber sido la tradición oral original, aunque ciertas conclusiones parecen razonables.

El nombre de Grendel puede estar relacionado con el Inglés Antiguo gryndal [«feroz»] y el Nórdico Antiguo grindill [«tormenta», poéticamente se refiere a alguien muy enojado]; también puede derivar del verbo en Inglés Antiguo grindan [«moler»]. Nada de todo esto es más que conjeturas; de hecho, existe la posibilidad de que el nombre Grendel no tenga significado, o bien tenga un significado para el cual no hay etimología.

Para finalizar [esto se ha extendido demasiado] quiero compartir una pregunta para la cual no tengo respuesta, pero que siempre resurge cuando vuelvo al poema. ¿Qué es Beowulf? Todo parece indicar que es un ser humano con capacidades extraordinarias, pero, ¿qué tal si también es una especie de monstruo como Grendel?

Tengamos en cuenta lo siguiente: Grendel no podía ser dañado con espadas, ya sea porque las hechizaba o porque su piel era demasiado dura para perforarla. Más tarde, cuando Beowulf lucha contra la madre de Grendel, ella no puede apuñalarlo con una daga debido a su armadura. No recurre a ninguna espada [y en su cubil había docenas de armas], sino que trata de usar sus propias manos, tal como lo hizo Beowulf con Grendel. No quiero decir que Beowulf y Grendel sean el mismo tipo de monstruo, pero quizás hay más similitudes que distancias entre estos dos personajes.

Después de que Beowulf vence a Grendel, Hrothgar, eufórico, dice que quiere adoptarlo, pero la reina Wealhtheow renegocia ese arreglo, ofreciéndole al hperoe toda clase de tesoros si no acepta la oferta de su esposo. Podemos suponer que ella imagina que Beowulf puede comenzar a ver con buenos ojos hacerse cargo del reino. Después de todo, ninguno de ellos pudo vencer a Grendel, mientras que él lo derrotó con relativa facilidad. ¿Qué impediría que Beowulf y sus hombres se apoderaran del trono de Hrothgar? Más aún, Hrothgar inicialmente trató de mantener en secreto su problema con Grendel, pero se corrió la voz y la historia llegó a Beowulf. Los daneses no querían que las tribus vecinas supieran que estaban siendo asediados y debilitados.

Probablemente esta es la razón por la que Beowulf se va cuando su trabajo está terminado. Pero, antes de eso, en la corte danesa se cuenta la historia de Hengest derrotando a los eotens, quizás para advertirle solapadamente a Beowulf de que los daneses ya han matado a muchos eotens en el pasado. También es probable que Beowulf haya detectado esa intención. Claramente los daneses no pudieron con Grendel. ¿Cómo hicieron para derrotar a otros como él? Además, Hengest no era danés, solo alguien que les servía.

Hay una sombra que pesa sobre Beowulf. El tema de su padre es algo tabú en la historia. Su padre era renombrado, pero también una especie de exiliado, de forajido. Había iniciado una pelea al matar a un hombre [con sus propias manos] y tuvo que huir porque su gente creyó que esto traería la guerra. Cuando Beowulf llega a Heorot y dice que quiere ayudar, Hrothgar responde sacando a relucir esta dolorosa historia. Cuando Beowulf regresa a casa, se nos dice que sus compatriotas lo despreciaban, que no lo honraban debidamente, pero que su victoria contra Grendel cambió las cosas para él. Por eso Beowulf estaba preocupado por demostrar su valía; para torcer el resentimiento que sus compatriotas sentían por él debido a los errores de su padre.

Algunos afirman que Beowulf ni siquiera era su nombre, sino un epíteto, y que su verdadero nombre era Ælfhere. Beowulf significa «lobo de las abejas», una kenning para «oso». Cuando se dice que Beowulf se abrió camino en la batalla siendo apenas un niño de siete años, se le llama beorn, que literalmente significa «oso». El análogo escandinavo de Beowulf es Boðvarr, que a menudo se empleaba para referirse a un forajido particularmente rudo, una especie de bestia forjada cuando alguien era obligado a vivir como un beorn, un «oso», aislado de las comunidades.

Definitivamente hay una corriente subyacente de animalismo en Beowulf. Arrancarle de cuajo el brazo a una criatura poderosa como Grendel, usando solo sus manos [su padre era recordado por la misma fuerza], quizás sugiere que el apodo beorn, «oso», no era del todo metafórico.




Mitología. I Medievalismo.


Más literatura gótica:
El artículo: Grendel y la misteriosa raza de los «Eotens» fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Los Hombres Lobo»: William Wilfred Campbell; poema y análisis.


«Los Hombres Lobo»: William Wilfred Campbell; poema y análisis.




Los Hombres Lobo (The Were-Wolves) es un poema gótico del escritor canadiense William Wilfred Campbell (1860-1918), publicado en la antología de 1893: El viaje aterrador (The Dread Voyage).

Los Hombres Lobo, sin dudas uno de los mejores poemas de William Wilfred Campbell, se introduce en la leyenda de los Hombres Lobo para razonar una horrorizada respuesta a la lógica de la supervivencia del más fuerte planteada por Darwin. Es un poema discordante, que relaciona la alegoría cristiana de la Edad Media con imágenes bestiales de que amenazan con subvertir su marco religioso [ver: Análisis psicológico del Hombre Lobo en la ficción]

Los Hombres Lobo está ambientado en los «páramos del norte», donde los licántrpos están condenados a merodear en la fría medianoche del Polo «hasta el día del juicio». Según el narrador, los Hombres Lobo alguna vez fueron humanos, «son las almas de los hombres» de las lejanas «edades oscuras»; es decir, no son nativos de la región boreal, sino que han migrado desde la Europa medieval, posiblemente perseguidos por el cristianismo. En este contexto, los licántropos encarnan una severa advertencia moral:


Éstos, que podrían haber sido como dioses,
eligieron, cada uno, ser una bestia repugnante,
entre los inmundos cementerios del corazón,
cebándose en pensamientos putrefactos;
pero el gran Dios que los hizo
les dio a cada uno un alma humana,
y así, en una eterna medianoche,
merodean alrededor del Polo.


El mensaje de Los Hombres Lobo queda casi sepultado por la atmósfera gótica que impregna cada verso. El uso que hace William Wilfred Campbell de estas figuras bestiales para simbolizar el mal mueve más a la piedad, si no directamente a la fascinación, que a la condena moral; la cual era claramente la intención del autor, muy preocupado por la erosión que el darwinismo produjo en la barrera entre las especies [ver: Razas y clanes de Hombres Lobo]

En este sentido, los Hombres Lobo [anteriormente humanos], plantean una involución, una regresión atávica hacia algo más primitivo, más elemental. William Wilfred Campbell ciertamente estaba preocupado por las teorías evolutivas de Darwin que [según su propia visión] redujeron al ser humano de una poderosa creación divina a un simio más o menos ingenioso.

El planteo de William Wilfred Campbell sería el siguiente: muy bien, acepto que el ser humano moderno ha evolucionado desde formas más primitivas, incluso estoy dispuesto a aceptar que no somos el producto de la creación divina, siempre que tú [Charles Darwin] aceptes que ese camino también puede recorrerse de forma inversa; es decir, que el progreso evolutivo del ser humano puede ser interrumpido, o incluso revertido, a un tipo de atavismo bestial. Por supuesto, no me refiero al primitivo culto a los antepasados o a las salvajes costumbres del totemismo, sino a involucionar realmente en bestias salvajes [ver: Freud y el caso del Hombre de los Lobos]

La figura del Hombre Lobo es pertinente para este razonamiento. Las leyendas de licántropos no adquirieron sus rasgos más horribles hasta que el pensamiento pagano que las originó en primer lugar fue modificado por el contacto con la teología cristiana. Recién en la Edad Media la licantropía pasó a ser considerada una especie de brujería, un don, si se quiere, obtenido a través de algún tipo de pacto satánico. Hasta entonces estaba más relacionada con la locura [por ejemplo, la de los Berserkers escandinavos] que con una maldición o castigo divino.

William Wilfred Campbell intenta resucitar el marco cristiano de la leyenda de los Hombres Lobo, incluso cuando su horrorizada fascinación por el atavismo acepta la teoría evolutiva de Darwin. De esta forma, un poema que intenta confrontar los aspectos más sombríos de la teoría de la evolución termina concediéndole veracidad. Sin embargo, el autor se toma una pequeña revancha personal. Estos Hombres Lobo que «alguna vez fueron humanos», ahora se ven reducidos a perseguirse sus propios rabos en los confines de la tierra por el crimen de repudiar «al gran Dios que los hizo», análogo al «crimen» darwiniano de repudiar a Dios en términos científicos [ver: El origen de la enemistad entre Vampiros y Hombres Lobo]




Los Hombres Lobo.
The Were-Wolves, William Wilfred Campbell (1860-1918)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Corren, todavía corren,
desde el atardecer hasta el alba;
y sus ojos cansados resplandecen
bajo los cielos blancos del norte.
Cada pantera en la oscuridad
es un alma embrujada por demonios,
los sombríos, fantasmagóricos hombres lobo
que merodean alrededor del Polo.

Sus lenguas son de llameante carmesí,
sus atormentados ojos azules brillan,
y se esfuerzan al máximo
sobre lagos y arroyos helados;
sus gritos son una nota de agonía,
que no es ladrido ni aullido,
estas panteras del páramo del norte
que lo recorren en la oscuridad.

Puedes oír la agitada respiración,
puedes ver sus formas fugaces
en la pálida medianoche polar,
cuando el norte amasa tormentas;
cuando llamean las heladas árticas
y retumban los truenos sobre el campo de hielo;
estos demoníacos hombres lobo
merodean alrededor del Polo.

Corren, todavía corren
a través de la noche boreal,
llenos de una aterradora locura,
un horror por la luz;
por siempre y para siempre,
como hojas ante el viento,
dejan muy atrás el pálido
resplandor del alba.

Su única paz es la oscuridad,
corren sin descanso
hasta el corazón de la medianoche,
para siempre desde el amanecer.
A través de lejanos y fantásticos témpanos,
el ojo de la noche puede marcar
a estos hombres lobo
por el espanto que los acosa en la oscuridad.

A lo largo de este odioso viaje
son las almas de los hombres
que en la lejana edad oscura
hicieron de Europa un pantano negro.
Huyeron de las cortes y los conventos,
y ataron su polvo mortal
con demoníacos, lobunos cinturones
de humano odio y lujuria.

Éstos, que podrían haber sido como dioses,
eligieron, cada uno, ser una bestia repugnante,
entre los inmundos cementerios del corazón,
cebándose en pensamientos putrefactos;
pero el gran Dios que los hizo
les dio a cada uno un alma humana,
y así, en una eterna medianoche,
merodean alrededor del Polo.

Una oración por la negrura,
un anhelo por la noche,
porque cada uno está condenado
por el horror de la luz;
y lejos en el corazón de la medianoche,
donde se lanza su vuelo sombrío,
sienten con dolor el amanecer
que se arrastra en torno al mundo.

Bajo la medianoche del norte,
sobre el hielo blanco y reluciente,
corren, todavía corren
con su horror al amanecer;
por los siglos de los siglos,
corren hacia la noche,
todavía corren hasta el día del juicio.


They hasten, still they hasten,
From the even to the dawn;
And their tired eyes gleam and glisten
Under north skies white and wan.
Each panter in the darkness
Is a demon-haunted soul,
The shadowy, phantom werewolves,
Who circle round the Pole.

Their tongues are crimson flaming,
Their haunted blue eyes gleam,
And they strain them to the utmost
O’er frozen lake and stream;
Their cry one note of agony,
That is neither yelp nor bark,
These panters of the northern waste,
Who hound them to the dark.

You may hear their hurried breathing,
You may see their fleeting forms,
At the pallid polar midnight,
When the north is gathering storms;
When the arctic frosts are flaming,
And the ice-field thunders roll;
These demon-haunted werewolves,
Who circle round the Pole.

They hasten, still they hasten,
Across the northern night,
Filled with a frighted madness,
A horror of the light;
Forever and forever,
Like leaves before the wind,
They leave the wan, white gleaming
Of the dawning far behind.

Their only peace is darkness,
Their rest to hasten on
Into the heart of midnight,
Forever from the dawn.
Across far phantom ice-floes
The eye of night may mark
These horror-haunted werewolves
Who hound them to the dark.

All through this hideous journey
They are the souls of men
Who in the far dark-ages
Made Europe one black fen.
They fled from courts and convents,
And bound their mortal dust
With demon, wolfish girdles
Of human hate and lust.

These, who could have been godlike,
Chose, each a loathsome beast,
Amid the heart’s foul graveyards,
On putrid thoughts to feast;
But the great God who made them
Gave each a human soul,
And so ‘mid night forever
They circle round the Pole.

A-praying for the blackness,
A-longing for the night,
For each is doomed forever
By a horror of the light;
And far in the heart of midnight,
Where their shadowy flight is hurled,
They feel with pain the dawning
That creeps in round the world.

Under the northern midnight,
The white, glint ice upon,
They hasten, still they hasten,
With their horror of the dawn;
Forever and forever,
Into the night away
They hasten, still they hasten
Unto the judgment day.


William Wilfred Campbell
(1860-1918)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de hombres lobo.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de William Wilfred Campbell: Los Hombres Lobo (The Were-Wolves), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Liber Incantationum»: el libro de los Nigromantes.


«Liber Incantationum»: el libro de los Nigromantes.




El inquisidor Nicolás Aymerich (1320-1399) evidentemente mantuvo un amplio contacto con Nigromantes. En su Directorium Inquisitorum informó sobre la confiscación de varios libros prohibidos, entre ellos, la Tabla de Salomón y El tesoro de la nigromancia [del olvidado Honorio el Nigromante], los cuales ordenó quemar en público. Fue Aymerich quien examinó en detalle las extrañas y, a menudo, horrorosas prácticas implícitas en el culto a los demonios. Según el Directorium Inquisitorum, los Nigromantes eran disciplinados, prometían obediencia y se entregaban al servicio de los demonios; entonaban cánticos en su honor y ofrecían no sólo animales sino su propia sangre como sacrificio:


[También practican una especie de ascetismo en el ejercicio de la magia negra. Ayunan y observan la castidad con el perverso motivo de honrar a los demonios. Asimismo, por reverencia a los demonios, se visten con ropajes negros.]


No podemos suponer que Aymerich simplemente estaba inventando estos cargos; a lo sumo, podría estar exagerándolos. Pero cuando afirma que ha leído los libros de los Nigromantes, no tenemos motivos para sospechar que miente. Parte de este material todavía sobrevive; y el Manual de Munich [código CLM 849 en la Biblioteca Estatal de Baviera], también conocido como Liber incantationum, es excelente ejemplo del tipo de documento al que hace referencia Aymerich [ver: Libros de demonología]

El Manual de Munich contiene una gran cantidad de operaciones mágicas realmente extraordinarias. Un conjuro, por ejemplo, pretende invocar a un demonio que impartirá un dominio sin igual sobre todas las artes y ciencias sin ningún esfuerzo por parte del Nigromante. Evidentemente, el autor era un erudito ambicioso pero no particularmente diligente [ver: Grimorios]

En general, los conjuros, fórmulas y rituales del Manual de Munich tienen los siguientes objetivos:

Afectar las mentes y voluntades de otras personas; a veces para volverlas locas, otras para inflamarlas de amor u odio, para ganar su favor, para obligarlas a hacer o no algo; etc. No son sólo los seres humanos los que pueden ser así dominados, sino también los espíritus y los animales.

Si bien la Nigromancia no se usa a menudo para causar daños corporales [para eso hay otras opciones], puede provocar molestias tanto físicas como mentales. Por ejemplo, en el Manual de Munich hay conjuro que llama a los demonios a afligir a alguna víctima para que no pueda dormir, comer, beber o... bueno, cumplir con sus obligaciones maritales [ver: Cómo las brujas causaban impotencia en los hombres]

El objetivo final aquí, como en otras ramas del ocultismo, es afligir a la víctima como un medio para que cumpla la voluntad del Nigromante. En segundo lugar, el Nigromante puede crear ilusiones para lograr el mismo fin; por ejemplo, festines y banquetes extravagantes, o bien apariciones horrorosas. Igualmente ilusorio es el uso de la Nigromancia para resucitar a los muertos [ver: Nigromancia: el arte de invocar a los muertos y regresarlos a la vida]:


[Un anillo consagrado, colocado en la mano o en el pie de un cadáver, bastará para convocar a seis demonios, cada uno de los cuales animará el cuerpo durante un día para que pueda resucitar, levantarse y hablar. El mismo anillo, puesto en el dedo de una persona viva, lo hará parecer muerto hasta que se lo quiten.]


Otro propósito de la Nigromancia es descubrir cosas secretas, ya sean pasadas, presentes o futuras. El Manual de Munich brinda instrucciones detalladas para la Nigromancia adivinatoria: fórmulas para encontrar objetos robados o perdidos, para identificar a un ladrón o un asesino, y en general para obtener conocimiento de cualquier cosa que sea incierta. De hecho, el Manual de Munich incluso presenta una especie fórmula de geolocalización; mediante la cual, sostiene, uno puede saber exactamente dónde se encuentra una persona en particular; así como otra que permite el diagnóstico de una persona enferma, y su consiguiente tratamiento.

La información deseada, por supuesto, la proporcionan los espíritus de los muertos, que se aparecerán a un niño [o, excepcionalmente, a una niña] en un cristal, en un espejo, en la hoja de una espada, en el omóplato engrasado de un carnero; en fin, objetos que siempre es conveniente tener a mano.

En general, la información que busca el Nigromante puede aparecer en la superficie reflectante. Es un procedimiento complejo, donde deben observarse diversas pautas de hospitalidad. Por ejemplo, el Nigromante debe invitar al espíritu a desmontar de su caballo [por alguna razón siempre se presentan de este modo], preguntarle si tiene hambre y, si es así, ofrecerle carnero asado. Cuando el espíritu se haya alimentado [aunque sin tocar la comida], el Nigromante debe ponerle la mano derecha sobre la cabeza y hacerle jurar que dirá la verdad. Un lector medieval no habría encontrado nada gracioso en todo esto. Por el contrario, la perspectiva seguramente habría despertado horror o fascinación, y tal vez ambas simultáneamente [ver: Sobre el arte de la nigromancia]

En otros casos, los conjuros, fórmulas y rituales del Manual de Munich están destinados a obtener visiones de ángeles [a menudo durante el sueño] para que puedan impartir conocimiento de cosas pasadas, presentes y futuras. Si bien las técnicas de Nigromancia pueden volverse bastante complejas, se reducen a unos pocos elementos principales: círculos mágicos, conjuros y sacrificios son los elementos más distintivos.

Los círculos mágicos pueden trazarse en el suelo con una espada o un cuchillo, o bien inscribirse en un pergamino o tela. A veces son formas geométricas simples con quizás unas pocas palabras o caracteres inscritos alrededor de la circunferencia. Más a menudo son complejos, con inscripciones y símbolos de varios tipos en el interior, posiciones para varios objetos mágicos y un lugar designado para el «Maestro», es decir, el Nigromante. El Manual de Munich describe varios círculos mágicos, desde los más simples a los más complejos; y todos requieren incripciones sobre un trozo de lino, hechas con la sangre de animales [ratas y murciélagos, sobre todo], que luego serán enterradas cerca de la casa de la víctima [ver: Cómo funciona la Sal en la magia]

Un círculo mágico particularmente interesante del Manual de Munich tiene la forma básica de un círculo y un triángulo en su interior. En el centro se representan varios objetos: una espada, un anillo, una vasija, un cetro y una tablilla con el Tetragrámaton y cuatro cruces. Las inscripciones dentro del triángulo son esencialmente caracteres y palabras mágicas, como AGLA, que se ha descifrado como sinónimo de Ata Gibor Leolam Adonai, hebreo para «Tú eres poderoso para siempre, oh, Señor» [ver: Algunas lenguas para la comunicación interdimensional]

Por supuesto, el Manual de Munich no utiliza el término «círculo mágico»; de hecho, a veces ni siquiera se trata de un círculo en absoluto. La figura geométrica parece haber sido menos importante para los Nigromantes que los signos e inscripciones en su interior. Si bien existe una amplia evidencia de la importancia de los círculos como focos de poder mágico, los Nigromantes los concibieron principalmente como recintos dentro de los cuales podrían estar contenidos varios signos y objetos [ver: El efecto rebote en la magia]

Tampoco hay evidencia de que los círculos mágicos de la Nigromancia tuviesen una función protectora. Todos estamos más o menos familarizados con las leyendas de magos y brujas que interpretaban estos círculos mágicos como dispositivos dentro de los cuales el oficiante estaba a salvo de los demonios, pero hay pocas razones para pensar que los propios Nigromantes los vieran de esta manera. Un ritual en el Manual de Munich dice expresamente que los demonios vendrán cuando sean invocados, dentro del círculo; mientras que es el Nigromante quien debe mantenerse fuera.

En otro caso, la periferia del círculo mágico es inocua. El libro presenta un ritual de magia amorosa que involucra un círculo mágico dentro del cual los amantes pueden «encontrarse» sin ser vistos. El redactor incluso proporciona intrucciones para trazar una circunferencia amplia que permita mayor fluidez en las maniobras [ver: Las pociones de amor más extrañas de la Edad Media]

Si los círculos mágicos están inscritos en tela o pergamino, pueden tener otros poderes además de conjurar demonios. Por ejemplo, un círculo mágico destinado a invocar a un demonio en forma de caballo puede usarse para proteger a su portador de caballos hostiles, y si está acompañado por la sangre y los dientes de un caballo, causará la muerte a cualquier montura que lo mire; algo útil en una época donde la caballería era la fuerza más poderosa en el campo de batalla.

Por otro lado, un círculo mágico diseñado como parte de una ceremonia para resucitar a una persona muerta puede usarse para la magia del amor, o para saber si una persona enferma morirá, o incluso para cuestiones más banales, como evitar que los perros ladren [esto es útil si eres un Nigromante enterrando una efigie cerca de la parroquia local]. Sin embargo, si los círculos mágicos se trazan en el suelo, son, por así decirlo, descartables. El Manual de Munich tiene mucho cuidado de instruir al Nigromante cuándo y cómo debe borrar el círculo mágico, no solo para no dejar evidencia física de sus actividades, sino también para evitar que otros la usen [ver: «Glamour» y otros extraños hechizos de belleza]

Si el círculo mágico [que incluye tanto el círculo como los caracteres y otras figuras geométricas en su interior] es el principal elemento visual de las técnicas del Nigromante, la conjuración es el componente oral clave. La conjuración suele imperativa. Es decir, el Nigromante no pide a los espíritus y demonios, les ordena que aparezcan ante él y realicen alguna acción. En el caso de invocar a un demonio poderoso, el Nigromante puede embellecer la fórmula de invocación para no ofender a su invitado, pero de ningún modo debe ponerse en un plano inferior.

Por supuesto, hay espíritus y, sobre todo, demonios, que no están realmente felices de que se les obligue a manifestarse; tanto es así que el Nigromante muchas veces debe repetir el conjuro tres veces, o siete, y al parecer este es un proceso muy desgastante y, en consecuencia, peligroso, porque cuando el espíritu o demonio por fin comparece el Nigromante puede estar demasiado cansado como para imponer su voluntad. Es por eso que la mayoría de las fórmulas de invocación del Manual de Munich instruyen repetidamente a los espíritus para que aparezcan en una forma agradable y no amenazante.

Los espíritus de los muertos aparecen con la forma física que tenían al momento de morir. Los demonios de mayor jerarquía suelen elegir una forma majestuosa, generalmente como reyes o caballeros. Los demonios de menor rango generalmente se presentan como perros negros y responderán las preguntas en esta forma [ver: Los «espíritus familiares» en la brujería]

Además de los elementos visuales y orales en la Nigromancia, había componentes operativos: actos que realizaba el Nigromante, particularmente sacrificios y rituales simpáticos. El Manual de Munich instruye en el peligroso arte de invocar a los espíritus en una encrucijada con el sacrificio de un gallo blanco. Otro ritual requiere llevar un gato negro al lugar, donde los demonios reclamarán su sacrificio una vez que hayan jurado obediencia. Alberto el Grande corrobora este testimonio, informando que el cerebro, la lengua y el corazón del gato son especialmente agradables al paladar demoníaco [ver: Demonología]

En la Edad Media [como en los relatos de fantasmas clásicos] se creía que los espíritus y los demonios podían ser atraídos por la sangre, especialmente por la sangre humana; así, según el Manual de Munich, los Nigromantes a menudo usaban agua o vino mezclados con un poco de sangre, ya que la consagración de un espíritu en un anillo, o en una botella, no puede lograrse sino mediante la ofrenda de sangre.

Por lo general, el sacrificio solía ser de un animal, pero a veces se ofrecían otras sustancias a los demonios. El Nigromante podía utilizar leche, miel, cenizas, harina, sal y otros ingredientes colocados en frascos dentro del círculo mágico. En otros casos, las sustancias eran más difíciles de conseguir, como las excrecencias agónicas de los ahorcados.

La Nigromancia muchas veces suele ser simpática, es decir, la acción que se realiza sobre una imagen se traslada a la persona representada. Por lo tanto, la magia amorosa puede implicar escribir los nombres de los demonios en una imagen de la persona deseada, de modo que estos la aflijan hasta que se someta a la voluntad del Nigromante, o de un tercero. Los demonios representados simbólicamente en la imagen deben estar realmente presentes en la mujer [ver: El «precio» de los hechizos de amor]

A menudo estas operaciones simpáticas van acompañadas de encantamientos. Si el Nigromante está tratando de despertar el odio o la discordia entre dos personas, puede calentar dos piedras [que representan a las víctimas] sobre el fuego, luego arrojarlas al agua helada y luego golpearlas una contra la otra. Mientras lo hace, dirá: «No golpeo estas piedras, sino que golpeo a X. y X. cuyos nombres están escritos aquí». Un ritual simpático de amor incluye la siguiente fórmula:


[Como un ciervo anhela la fuente, que X. anhele mi amor, y como el cuervo anhela los cadáveres, que ella me desee, y como esta cera se derrite ante el fuego, así ella desee mi amor.]


De más está decir que el secretismo era vital para todas estas operaciones, no tanto por el riesgo que entrañaba ser encontrado realizando estas prácticas, sino por el peligro de que caigan en manos inadecuadas. El Manual de Munich advierte al Nigromante que mantenga sus rituales en secreto porque tienen un poder «inefable», tal es así que los rituales deben realizarse en un lugar secreto y, por supuesto, guardar cuidadosamente el libro «en el que está contenido todo el poder para que no caiga en manos de los necios».

El Nigromante también puede deshacer el daño que ha hecho, y esto es bastante fácil si el ritual original se llevó a cabo mediante operaciones simpáticas que pueden revertirse. Si las piedras han sido enterradas para despertar el odio en una pareja, el amor puede restaurarse desenterrándolas. Si se ha enterrado un objeto cargado mágicamente cerca de la casa de la víctima, el hechizo se puede deshacer del mismo modo. El efecto puede garantizarse recitando diversas fórmulas. Del mismo modo, los espíritus y demonios que han causado daño bajo la orden del Nigromante pueden ser liberados de este servicio [ver: Diccionario demonológico]

Aquí en El Espejo Gótico nos sentimos tentados a preguntarnos cuál era el efecto real de estas operaciones. ¿Acaso el poder de la sugestión obraba sobre la mente del Nigromante o los demonios realmente aparecían? Uno también se pregunta cuántos Nigromantes intentaron uno o dos rituales y luego se dieron por vencidos. A modo de respuesta, creo que debemos evaluar una combinación de resultados. Si la magia no funcionaba, el Nigromante podía culpar el resultado a su propia incapacidad o inexperiencia. En otras ocasiones, los resultados serían lo suficientemente persuasivos para convencer al Nigromante de que su creencia estaba bien fundamentada.

Después de todo, la mayoría de los objetivos perseguidos por esta forma particular de magia eran de índole psicológico y, por lo tanto, intangibles, lo que dificultaría probar que un ritual había fallado por completo. Si el Nigromante intentaba matar a una persona por arte de magia y esa persona sobrevivía, el fracaso sería claro, pero si el objeto era obtener un favor en la corte o la enemistad entre amigos, a menudo se podría señalar un éxito aparente, aunque no fuera dramático.

Desde luego, el autor del Manual de Munich admite pocas posibilidades de fracaso y proporciona numerosos testimonios de la eficacia de sus rituales, fórmulas y conjuros.

Al leer el Manual de Munich uno se comprende por qué este tipo de libros fueron perseguidos con tanta saña. El uso blasfemo del ritual, la invocación de espíritus con fines amorales o directamente destructivos, y la pura megalomanía de los Nigromantes, son repulsivos tanto para la mirada moderna como para la medieval. Sin embargo, estos libros prohibidos también revelan cosas sobre la sociedad que los generó. Tanto los Nigromantes como los Inquisidores creían en el poder del ritual. Más específicamente, creían que al cumplir con ciertos estándares externos y objetivos, el ritual podría tener un poder automático. La disposición interna no era decisiva; lo que contaba era la correcta observancia de las formas exteriores. La hostia se consagraba efectivamente en la misa, incluso si el sacerdote era un pecador. Así también, creían los Nigromantes, Dios podía ser burlado de manera efectiva, y su poder utilizado para fines malvados si los rituales se realizaban correctamente.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


Más literatura gótica:
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El hueso de tu cuerpo que vas a necesitar el Día del Juicio


El hueso de tu cuerpo que vas a necesitar el Día del Juicio.




Cuando la ciencia y la religión se enfrentan a menudo surgen teorías asombrosas, cuando no directamente desatinadas, que buscan justificar los pasajes más extraños de los mitos bíblicos, de modo tal que se adapten, aunque sea a la fuerza, a las nuevas hipótesis acerca del universo.

Uno de estos debates tiene que ver con el Día del Juicio Final, y un hueso que, supuestamente, todos los seres humanos tenemos en nuestro cuerpo, y que nos permitiría ser evaluados en tiempo y forma por la justicia divina.

En resumen: se dice que los muertos se levantarán de sus tumbas para ser juzgados en el Apocalipsis. Esto presenta algunas dificultades, entre otras, que los cuerpos se deterioran con el transcurso del tiempo, se degradan, hasta que finalmente desaparecen por completo.

¿De qué forma, entonces, podría levantarse de la tumba alguien que vivió en la Antigua Grecia, o en la Edad de Piedra, por tal caso, si sus cuerpos han sido completamente desintegrados por los gusanos y los siglos?

Ciertos eruditos pensaron en este problema, y encontraron en los mitos hebreos una solución, no demasiado elegante, hay que decirlo, pero una solución al fin.

El Talmud sostiene que en cada cuerpo humano existe un hueso llamado Luz, cuya característica principal es la de ser indestructible, y que por lo tanto puede permanecer inalterable hasta el Día del Juicio Final. Entre otras facultades asombrosas, este hueso permitiría que nuestros cuerpos se reconstruyan tal como estaban antes de morir.

De esta forma, la incómoda realidad de la degradación de los cuerpos quedaba soslayada, a pesar de que la conjetura se basa en una interpretación un tanto audaz de un pasaje del Génesis, donde Luz es evidentemente el nombre de un lugar y no un hueso.

Un viejo libro prohibido hebreo, el Breshith Rabboth, narra una anécdota significativa al respecto.

Mientras dirigía una invasión a Judea, el emperador romano Adriano se encontró con el rabino Jehoshuang, y le preguntó cómo Dios levantaría a los muertos en el Día del Juicio.

—De Luz, respondió el rabino.

El emperador no quedó satisfecho, y exigió explicaciones más razonables. Entonces Jehoshuang le dio un hueso, y lo desafió a romperlo. El emperador lo sometió a la acción del fuego, lo golpeó con un martillo, e intentó quebrarlo de diversas maneras, pero no pudo destruirlo.

La teoría causó cierto revuelo en el mundo cristiano, aunque muchos estuvieron dispuestos a aceptarla. En cualquier caso, el mayor problema consistía en determinar dónde se ubicaba en nuestro cuerpo ese hueso indestructible.

Los rabinos aseguraron que estaba situado en la parte inferior de la espalda, y que tenía el tamaño y la forma de un guisante. Filósofos gentiles admitieron esa propuesta, pero imaginaron que Luz era en realidad una de las vértebras, otros, el sesamoideo, en el dedo gordo del pie. Finalmente, en la Edad Media se creyó que formaba parte de uno de los huesos triangulares en la parte superior del cráneo.

En 1728 se dijo la última palabra al respecto. Corresponde al libro: La religión de un librero (The Religion of a Bookseller), de John Dunton.

Allí se afirma que los talmudistas creían que Luz no sufre los efectos de la putrefacción, y que es capaz de permanecer incorruptible hasta el Día del Juicio Final, pero también que en su núcleo se encuentra una especie de código, una síntesis, si se quiere, capaz de reconstruir todo nuestro organismo.

Sin tener noción de la existencia del ADN, los talmudistas explican que, en el Día del Juicio, Luz será impregnado por una especie de Rocío Celestial, capaz de diseminar la Virtud divina y de activar el código escondido en su interior.

Una vez activado, Luz comenzará a atraer a todos los átomos (en términos griegos) que antiguamente constituían el cuerpo, aunque estén dispersos en los rincones más alejados del universo, ordenándolos en la misma secuencia que tenían antes de su disolución.

John Dunton comenta esta posibilidad, pero no la suscribe del todo. En definitiva, la existencia de Luz no responde a una necesidad operativa, sino a cierta desprolijidad, inadmisible en Dios, en los eventos que se sucederán en el Apocalipsis.

La idea de que los ángeles, en el Juicio Final, deban ejercer el desagradable oficio de exhumadores, barriendo tumbas y rastrillando cada átomo perdido en el cosmos para restituir un cuerpo humano, era indecorosa, además de poco práctica.

Luz vino a resolver estas dificultades de forma tal que, cuando Dios sonara la alarma, sean los propios elementos los que se restablezcan a sí mismos para que, por ejemplo, Sócrates o Alejandro puedan ser juzgados por herejes, aún cuando hubiesen nacido mucho antes de Cristo.

De esto se desprende una conclusión: legislar retroactivamente, en especial sobre alguien que ha muerto, y que no conoció, en vida, la punibilidad de los actos que se le adjudican, es tan disparatado como creer que puede existir algo humano capaz de sobrevivir al paso de los eones.




Mitos bíblicos. I Misterios miserables.


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