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«Hombre lobo»: Arthur Inman; poema y análisis.


«Hombre lobo»: Arthur Inman; poema y análisis.




«Soy movimiento incorpóreo en la noche.»



Hombre lobo (Werewolf) es un poema de hombres lobo del escritor norteamericano Arthur Inman (1895-1963), publicado por Akham House en la antología de 1947: El lado oscuro de la luna (Dark of the Moon).

Hombre lobo, uno de los grandes poemas de Arthur Inman, nos sitúa en la piel de un licántropo, desde su despertar en la noche hasta la aceptación final de su condición.


Y despierto en la oscuridad y encuentro que palidece ante la luz refulgente;
mi cuerpo se desprende; estoy en cuatro patas cerca del fétido suelo;
soy un espíritu liberado, impulsado a volar, aceptando la noche,
hechizo primigenio atado a una extraña misión licántropa.

El grito en mi garganta no pronuncia voz alguna de la mente,
su lamento se eleva hasta estrellas más nítidas que los soles cósmicos,
y no me regresa ningún eco de la humanidad ni del sufrimiento del hombre,
del corazón, del cansancio de la vieja desesperación.

Las largas estepas ondulan bajo la audaz luz de la luna, mis pies apenas rozan
las altas cumbres de las delicadas hierbas, ningún sonido sigue a mi vuelo,
y sensuales yacen los inmóviles pelos de mi pelaje liso y tenebroso:
soy movimiento incorpóreo en la noche fluida e inconmensurable.

Superar a los trenes del hombre con su rugiente velocidad reptiliana;
ir más rápido que las alas en el cielo; ser corpóreo e incorpóreo;
conocer un único llamado lujurioso y una codicia solitaria;
ser criatura que se mueve lascivamente hacia un fin, sin músculos, incansable.

Los perros aúllan a mi paso, los gallos despiertan para cantar,
la presencia de cosas incorpóreas fluye a mi alrededor mientras avanzo,
y de toda la extraña vida soy la esencia veloz y excepcional,
no formulada ante las restricciones de la compulsión.

Me desvío hacia el agua, evito el fuego, las armas con punta de plata;
por lo demás, soy libre como un rayo de fría luna
arrojado a través de distancias impermeables; la inquietante suma
de todo terror soy, ajeno al mundo del hombre, criatura solitaria.


El Orador del poema comienza despertando «en la oscuridad». Lo primero que descubre es que sus ojos pueden ver en la negrura [«palidece ante la luz»]. Está «en cuatro patas», se siente «liberado», «impulsado a volar», Todo eso forma parte del «hechizo» o maldición que lo ata a una «extraña misión licántropa». Grita, pero no pronuncia palabras; quiere decir, lamentarse, pero no oye «ningún eco de humanidad». Podemos imaginar que, al gritar, lo que le sale es un aullido lobuno. Entonces el Orador se lanza a correr por «las largas estepas» bajo la luz de la luna. Su velocidad es tal que sus «pies apenas rozan las delicadas hierbas». Siente el viento en su «pelaje liso y tenebroso». Dice atinadamente: «soy movimiento en la noche». Experimenta un «llamado lujurioso y una codicia solitaria». En cierto modo, se siente libre porque responde a sus impulsos animales. Es una criatura «que se mueve lascivamente hacia un fin» [ver: Análisis psicológico del Hombre Lobo en la ficción]

Es interesante como, en este punto, el Orador [vuelto ya un licántropo] sienta a su alrededor «la presencia de cosas incorpóreas». ¿Acaso son otros licántropos? ¿Acaso ahora puede percibir toda una flora y fauna sobrenatural, invisible a los ojos humanos?

Al final, el Orador comenta algunos elementos del folklore: evita el agua corriente, el fuego y la plata. «Por lo demás», dice, «soy libre como un rayo de fría luna». Toda su presencia, su misma existencia, es «la inquietante suma de todo terror», y por lo tanto «ajeno al mundo del hombre, criatura solitaria» [ver: Razas y clanes de hombres lobo]

Hombre lobo es un buen poema, tal vez porque Arthur Inman tenía algo de licántropo, no en términos sobrenaturales sino por lo marginado, lo solitario, lo nocturno. Su obra no tuvo éxito, de hecho, se la calificó de mediocre, y para colmo sufría una rara compulsión: la hipergrafía; es decir, escribía diarios personales de forma obsesiva, quizás debido a un trastorno bipolar o a una lesión en el lóbulo temporal. De sus cuadernos, que abarcan desde 1919 hasta su muerte en 1963, se desprenden alrededor de 17.000.000 de palabras que conforman uno de los diarios en inglés más voluminosos que se conservan.

Si bien es cierto que Arthur Inman tenía una formación literaria un tanto pobre, su sensibilidad, su excentricidad, sus obsesiones, entre ellas, su salud, le permitieron conectar con algunos aspectos de la experiencia humana vedados para la mayoría de los individuos «normales». Pasó buena parte de su vida adulta encerrado en departamentos oscuros, insonorizados, presa de frecuentes migrañas, dando rienda suelta a toda clase de prejuicios raciales. Al final, se quitó la vida con un revólver en el baño. Si alguien reuniera las condiciones de aislamiento y sufrimiento para escribir sobre la maldición de ser o sentirse una criatura de la noche, ese fue Arthur Inman.




Hombre lobo.
Werewolf, Arthur Inman (1895-1963)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Y despierto en la oscuridad y encuentro que palidece ante la luz refulgente;
mi cuerpo se desprende; estoy en cuatro patas cerca del fétido suelo;
soy un espíritu liberado, impulsado a volar, aceptando la noche,
hechizo primigenio atado a una extraña misión licántropa.

El grito en mi garganta no pronuncia voz alguna de la mente,
su lamento se eleva hasta estrellas más nítidas que los soles cósmicos,
y no me regresa ningún eco de la humanidad ni del sufrimiento del hombre,
del corazón, del cansancio de la vieja desesperación.

Las largas estepas ondulan bajo la audaz luz de la luna, mis pies apenas rozan
las altas cumbres de las delicadas hierbas, ningún sonido sigue a mi vuelo,
y sensuales yacen los inmóviles pelos de mi pelaje liso y tenebroso:
soy movimiento incorpóreo en la noche fluida e inconmensurable.

Superar a los trenes del hombre con su rugiente velocidad reptiliana;
ir más rápido que las alas en el cielo; ser corpóreo e incorpóreo;
conocer un único llamado lujurioso y una codicia solitaria;
ser criatura que se mueve lascivamente hacia un fin, sin músculos, incansable.

Los perros aúllan a mi paso, los gallos despiertan para cantar,
la presencia de cosas incorpóreas fluye a mi alrededor mientras avanzo,
y de toda la extraña vida soy la esencia veloz y excepcional,
no formulada ante las restricciones de la compulsión.

Me desvío hacia el agua, evito el fuego, las armas con punta de plata;
por lo demás, soy libre como un rayo de fría luna
arrojado a través de distancias impermeables; la inquietante suma
de todo terror soy, ajeno al mundo del hombre, criatura solitaria.


And I wake in the darkness and find darkness paled to refulgent light;
My body is shed; I am quadruped close to the odorous ground;
I am loosened spirit impulsed to flight, acceptive of night,
Primal spell upon strange lycanthropic errand bound.

Cry in my throat utters no voice of mind, and the wail
Of it rises to stars that are sharper than cosmic stars,a nd there
Is returned no echo to me of mankind and of man's travail,
Of the human heart, of the weariness of old despair.

The long steppes undulate in the bold moonlight, and my feet scarcely stir
The tall tips of the delicate grasses, and no sound trails my flight,
And sensuous lie the still hairs of my smooth and tenebrous fur:
Discarnate motion am I in a fluent and measureless night.

Outstrip the trains of man with their roaring reptilic speed;
Go faster than wings in the sky; be bodied and bodiless;
Know a single lusting call and a solitary greed;
Be creature lasciviously moving toward an end, unmuscled, tireless.

Dogs howl as I pass, and cocks awake to crow, and the presence
Of incorporeal things flows past as I progress,
And I am of all weird life the swift exceptional essence
Unformulated to constrictions of duress.

Swerve I for water, avoid fire, weapons tipped with silver come
Not near; for the rest be free as a beam of cold moonlight thrown
Across distances imperviable; the eerie sum
Of all terror am I, alien to man's world, creature alone.


Arthur Inman (1895-1963)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de hombres lobo.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Arthur Inman: Hombre lobo (Werewolf), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«La alegoría del muchacho lobo»: Thom Gunn; poema y análisis.


«La alegoría del muchacho lobo»: Thom Gunn; poema y análisis.




«Entonces, clara excepción a las leyes naturales,
solo al instinto y a la luna, se deja caer sobre sus pies.
Sin embargo, tiene las patas sangrantes.»



La alegoría del muchacho lobo (The Allegory of the Wolf Boy) es un poema del escritor inglés Thom Gunn (1929-2004), publicado en la antología de 1957: El sentido del movimiento (The Sense of Movement).


Las causas están en el Tiempo; solo su resultado
se materializa en la carne, en los poderes finitos.
¿Y cómo adivinar que en ese firme tejido esconde
las semillas de la división? Jugando al tenis y tomando el té
en el suave césped, no es nuestro,
sino que juega con nosotros con una triste duplicidad.


La primera estrofa de La alegoría del niño lobo, uno de los grandes poemas de Thom Gunn, comienza describiendo a un muchacho sociable, común, que comparte el «tenis» y el «té» con los demás [entre los que se incluye el orador]; sin embargo, alberga el germen de lo diferente, una especie de alienación secreta [«semillas de división»]. El orador afirma: «él no es nuestro, sino que juega con nosotros en una triste duplicidad». Esta condición alienante no proviene del entorno, es decir, de presiones externas: es intrínseca [«encarnada»] y de origen incognoscible [«las causas están en el tiempo»]


Esta noche, el muchacho, todavía un muchacho abierto y rubio,
sale de la casa, mete su ropa entre
dos urnas de jardín y va más allá
de su comprensión, a través de la oscuridad y el polvo:
campos de rastrojos afilados, abandonados por la máquina
a la enemistad zumbante de la lujuria de los insectos.


La segunda estrofa muestra al muchacho escapando de su entorno social, por la noche, desnudo, adentrándose en la naturaleza.


Aún sin dorarse en la densa y calurosa noche,
los tallos se clavan en sus pies: busca la luna,
que, con el roce de su luz infértil,
liberará los deseos atesorados contra su voluntad
por el largo apremio de la tarde.
Lentamente, el duro borde se desplaza sobre la colina.


En la tercera estrofa, el muchacho entra en un campo que fue recientemente cosechado, siente los «tallos» clavándose en sus pies [nótese que todavía tiene pies]. Persigue la luna, anticipa la transformación, que ha sentido como impulsos reprimidos [«deseos atesorados contra su voluntad»].


Pálido bajo el haz de luz, se detiene, lo enfrenta directamente,
y en el mismo instante, al saltar del suelo,
siente la familiar picazón del pelo oscuro y denso;
entonces, clara excepción a las leyes naturales,
solo al instinto y a la luna, se deja caer sobre sus pies.
Sin embargo, tiene las patas sangrantes.


La última estrofa describe la transformación en hombre lobo. La luz de la luna cae sobre su cuerpo desnudo, empieza a sentir «la familiar picazón del cabello oscuro y denso». Después de esta experiencia marcada por el dolor, y un toque de erotismo, el muchacho se deja caer en el suelo, pero en vez de pies tiene «patas sangrantes».

En la década de 1960, el movimiento gay se apropió de La alegoría del muchacho lobo, y con dos buenas razones: Thom Gunn era homosexual, y el título del poema declara ser una alegoría. Por lo tanto, la transformación del muchacho en lobo es una metáfora. ¿Sobre qué? Sobre deseos reprimidos, impulsos que no pueden expresarse libremente. Sin embargo, esto no significa que el poema sólo posea un subtexto gay. Thom Gunn se refiere a todos los impulsos sexuales. Si el poema es una alegoría, es una alegoría sobre la sexualidad, no únicamente sobre la homosexualidad [ver: Atrapado en el cuerpo equivocado: la identidad de género en el Horror]

El propio Thom Gunn sostuvo que La alegoría del muchacho lobo fue inspirado en un cuento de Saki [H. H. Munro], titulado: Gabriel Ernesto (Gabriel-Ernest), que tiene la misma trama, aunque con un tinte más oscuro: un lobo acecha en el bosque y ataca a la gente de una aldea cercana. El lobo, por supuesto, es un muchacho llamado Gabriel Ernesto, quien al final se lleva a un niño de la escuela dominical y lo convierte en licántropo porque lo que ansía, además de sangre, es compañía. Gabriel Ernesto y La alegoría del muchacho lobo coinciden en describir a alguien que termina cediendo, o aceptando, sus impulsos reprimidos.

Es una simplificación decir que La alegoría del muchacho lobo es la historia de un hombre joven que sale del closet. El material reprimido [y, por lo tanto, no reconocido] se ha ido acumulando tanto a lo largo de su vida, que su expresión final, en la forma de un lobo, no es una revelación feliz [ver: Cuando lo que sale del closet es un Monstruo]. Cuando el lobo se apodera de la persona que se resiste a reconocerlo, actúa como una bestia. Más bien, diría que La alegoría del muchacho lobo es un poema sobre los peligros de no reconocer y aceptar nuestros impulsos [no solo de índole sexual]. Esto no significa abrazar esos impulsos o llevarlos a cabo. Significa saber que están ahí, que existen, y que son una parte de quienes somos.

La disociación entre el cuerpo humano y sus impulsos animales no es un motivo aislado en la poesía de Thom Gunn. Debajo del subtexto personal del autor, que en 1957 todavía luchaba por aceptar su identidad sexual, La alegoría del muchacho lobo explora la dualidad [«semillas de división»] entre el ser humano y la naturaleza, y utiliza el tema de la metamorfosis en lobo para expresarla. Recordemos que, en las leyendas medievales de hombres lobo, el proceso de transformación no se realiza plenamente; siempre queda algo humano en el lobo, y viceversa. De tal modo que no pertenece a ninguno de los dos mundos. Del mismo modo, en el refinado mundo social [del tenis y el té), el muchacho «juega con nosotros con una triste duplicidad». «Juega», aquí, se refiere a la forma en que interpreta un papel y engaña a los demás [ver: Análisis psicológico del Hombre Lobo en la ficción]

Al caer la noche, el muchacho escapa, deja atrás a la sociedad, y se adentra en los campos. No comprende su agitación interior, esta energía incontenible de los deseos acumulados contra su voluntad, pero percibe que la «picazón» le resulta familiar. La luz de la luna es «infértil», dice Thom Gunn, porque los actos que ansía cometer el muchacho son con los de su mismo sexo. Entonces se convierte en animal, en bestia. En términos de la sociedad que reprimía a Thom Gunn, el muchacho se convierte en una clara excepción a las leyes naturales.

A pesar de esto, el muchacho nunca podrá ser lobo, y es aquí donde el poema se vuelve brillante. El muchacho tiene las «patas sangrantes», es decir, algo permanece humano, o incompleto desde la perspectiva del lobo. La transición no se ha completado.

Creo que Thom Gunn trataba de decir que la tensión entre el hombre y la bestia nunca se resuelve. Nunca podemos pertenecer enteramente a ninguno de esos dos estados.




La alegoría del muchacho lobo.
The Allegory of the Wolf Boy, Thom Gunn (1929-2004)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Las causas están en el Tiempo; solo su resultado
se materializa en la carne, en los poderes finitos.
¿Y cómo adivinar que en ese firme tejido esconde
las semillas de la división? Jugando al tenis y tomando el té
en el suave césped, no es nuestro,
sino que juega con nosotros con una triste duplicidad.

Esta noche, el muchacho, todavía un muchacho abierto y rubio,
sale de la casa, mete su ropa entre
dos urnas de jardín y va más allá
de su comprensión, a través de la oscuridad y el polvo:
campos de rastrojos afilados, abandonados por la máquina
a la enemistad zumbante de la lujuria de los insectos.

Aún sin dorarse en la densa y calurosa noche,
los tallos se clavan en sus pies: busca la luna,
que, con el roce de su luz infértil,
liberará los deseos atesorados contra su voluntad
por el largo apremio de la tarde.
Lentamente, el duro borde se desplaza sobre la colina.

Pálido bajo el haz de luz, se detiene, lo enfrenta directamente,
y en el mismo instante, al saltar del suelo,
siente la familiar picazón del pelo oscuro y denso;
entonces, clara excepción a las leyes naturales,
solo al instinto y a la luna, se deja caer sobre sus pies.
Sin embargo, tiene las patas sangrantes.


The causes are in Time; only their issue
Is bodied in the flesh, the finite powers.
And how to guess he hides in that firm tissue
Seeds of division? At tennis and at tea
Upon the gentle lawn, he is not ours,
But plays us in a sad duplicity.

Tonight the boy, still boy open and blond,
Breaks from the house, wedges his clothes between
Two moulded garden urns, and goes beyond
His understanding, through the dark and dust:
Fields of sharp stubble, abandoned by machine
To the whirring enmity of insect lust.

As yet ungolden in the dense, hot night
The spikes enter his feet: he seeks the moon,
Which, with the touch of its infertile light,
Shall loose desires hoarded against his will
By the long urging of the afternoon.
Slowly the hard rim shifts above the hill.

White in the beam he stops, faces it square,
And the same instant leaping from the ground
Feels the familiar itch of close dark hair;
Then, clean exception to the natural laws,
Only to instinct and the moon being bound,
Drops on four feet. Yet he has bleeding paws.


Thom Gunn (1929-2004)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Hombres lobo.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Thom Gunn: La alegoría del muchacho lobo (The Allegory of the Wolf Boy), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Los Hombres Lobo»: William Wilfred Campbell; poema y análisis.


«Los Hombres Lobo»: William Wilfred Campbell; poema y análisis.




Los Hombres Lobo (The Were-Wolves) es un poema gótico del escritor canadiense William Wilfred Campbell (1860-1918), publicado en la antología de 1893: El viaje aterrador (The Dread Voyage).

Los Hombres Lobo, sin dudas uno de los mejores poemas de William Wilfred Campbell, se introduce en la leyenda de los Hombres Lobo para razonar una horrorizada respuesta a la lógica de la supervivencia del más fuerte planteada por Darwin. Es un poema discordante, que relaciona la alegoría cristiana de la Edad Media con imágenes bestiales de que amenazan con subvertir su marco religioso [ver: Análisis psicológico del Hombre Lobo en la ficción]

Los Hombres Lobo está ambientado en los «páramos del norte», donde los licántrpos están condenados a merodear en la fría medianoche del Polo «hasta el día del juicio». Según el narrador, los Hombres Lobo alguna vez fueron humanos, «son las almas de los hombres» de las lejanas «edades oscuras»; es decir, no son nativos de la región boreal, sino que han migrado desde la Europa medieval, posiblemente perseguidos por el cristianismo. En este contexto, los licántropos encarnan una severa advertencia moral:


Éstos, que podrían haber sido como dioses,
eligieron, cada uno, ser una bestia repugnante,
entre los inmundos cementerios del corazón,
cebándose en pensamientos putrefactos;
pero el gran Dios que los hizo
les dio a cada uno un alma humana,
y así, en una eterna medianoche,
merodean alrededor del Polo.


El mensaje de Los Hombres Lobo queda casi sepultado por la atmósfera gótica que impregna cada verso. El uso que hace William Wilfred Campbell de estas figuras bestiales para simbolizar el mal mueve más a la piedad, si no directamente a la fascinación, que a la condena moral; la cual era claramente la intención del autor, muy preocupado por la erosión que el darwinismo produjo en la barrera entre las especies [ver: Razas y clanes de Hombres Lobo]

En este sentido, los Hombres Lobo [anteriormente humanos], plantean una involución, una regresión atávica hacia algo más primitivo, más elemental. William Wilfred Campbell ciertamente estaba preocupado por las teorías evolutivas de Darwin que [según su propia visión] redujeron al ser humano de una poderosa creación divina a un simio más o menos ingenioso.

El planteo de William Wilfred Campbell sería el siguiente: muy bien, acepto que el ser humano moderno ha evolucionado desde formas más primitivas, incluso estoy dispuesto a aceptar que no somos el producto de la creación divina, siempre que tú [Charles Darwin] aceptes que ese camino también puede recorrerse de forma inversa; es decir, que el progreso evolutivo del ser humano puede ser interrumpido, o incluso revertido, a un tipo de atavismo bestial. Por supuesto, no me refiero al primitivo culto a los antepasados o a las salvajes costumbres del totemismo, sino a involucionar realmente en bestias salvajes [ver: Freud y el caso del Hombre de los Lobos]

La figura del Hombre Lobo es pertinente para este razonamiento. Las leyendas de licántropos no adquirieron sus rasgos más horribles hasta que el pensamiento pagano que las originó en primer lugar fue modificado por el contacto con la teología cristiana. Recién en la Edad Media la licantropía pasó a ser considerada una especie de brujería, un don, si se quiere, obtenido a través de algún tipo de pacto satánico. Hasta entonces estaba más relacionada con la locura [por ejemplo, la de los Berserkers escandinavos] que con una maldición o castigo divino.

William Wilfred Campbell intenta resucitar el marco cristiano de la leyenda de los Hombres Lobo, incluso cuando su horrorizada fascinación por el atavismo acepta la teoría evolutiva de Darwin. De esta forma, un poema que intenta confrontar los aspectos más sombríos de la teoría de la evolución termina concediéndole veracidad. Sin embargo, el autor se toma una pequeña revancha personal. Estos Hombres Lobo que «alguna vez fueron humanos», ahora se ven reducidos a perseguirse sus propios rabos en los confines de la tierra por el crimen de repudiar «al gran Dios que los hizo», análogo al «crimen» darwiniano de repudiar a Dios en términos científicos [ver: El origen de la enemistad entre Vampiros y Hombres Lobo]




Los Hombres Lobo.
The Were-Wolves, William Wilfred Campbell (1860-1918)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Corren, todavía corren,
desde el atardecer hasta el alba;
y sus ojos cansados resplandecen
bajo los cielos blancos del norte.
Cada pantera en la oscuridad
es un alma embrujada por demonios,
los sombríos, fantasmagóricos hombres lobo
que merodean alrededor del Polo.

Sus lenguas son de llameante carmesí,
sus atormentados ojos azules brillan,
y se esfuerzan al máximo
sobre lagos y arroyos helados;
sus gritos son una nota de agonía,
que no es ladrido ni aullido,
estas panteras del páramo del norte
que lo recorren en la oscuridad.

Puedes oír la agitada respiración,
puedes ver sus formas fugaces
en la pálida medianoche polar,
cuando el norte amasa tormentas;
cuando llamean las heladas árticas
y retumban los truenos sobre el campo de hielo;
estos demoníacos hombres lobo
merodean alrededor del Polo.

Corren, todavía corren
a través de la noche boreal,
llenos de una aterradora locura,
un horror por la luz;
por siempre y para siempre,
como hojas ante el viento,
dejan muy atrás el pálido
resplandor del alba.

Su única paz es la oscuridad,
corren sin descanso
hasta el corazón de la medianoche,
para siempre desde el amanecer.
A través de lejanos y fantásticos témpanos,
el ojo de la noche puede marcar
a estos hombres lobo
por el espanto que los acosa en la oscuridad.

A lo largo de este odioso viaje
son las almas de los hombres
que en la lejana edad oscura
hicieron de Europa un pantano negro.
Huyeron de las cortes y los conventos,
y ataron su polvo mortal
con demoníacos, lobunos cinturones
de humano odio y lujuria.

Éstos, que podrían haber sido como dioses,
eligieron, cada uno, ser una bestia repugnante,
entre los inmundos cementerios del corazón,
cebándose en pensamientos putrefactos;
pero el gran Dios que los hizo
les dio a cada uno un alma humana,
y así, en una eterna medianoche,
merodean alrededor del Polo.

Una oración por la negrura,
un anhelo por la noche,
porque cada uno está condenado
por el horror de la luz;
y lejos en el corazón de la medianoche,
donde se lanza su vuelo sombrío,
sienten con dolor el amanecer
que se arrastra en torno al mundo.

Bajo la medianoche del norte,
sobre el hielo blanco y reluciente,
corren, todavía corren
con su horror al amanecer;
por los siglos de los siglos,
corren hacia la noche,
todavía corren hasta el día del juicio.


They hasten, still they hasten,
From the even to the dawn;
And their tired eyes gleam and glisten
Under north skies white and wan.
Each panter in the darkness
Is a demon-haunted soul,
The shadowy, phantom werewolves,
Who circle round the Pole.

Their tongues are crimson flaming,
Their haunted blue eyes gleam,
And they strain them to the utmost
O’er frozen lake and stream;
Their cry one note of agony,
That is neither yelp nor bark,
These panters of the northern waste,
Who hound them to the dark.

You may hear their hurried breathing,
You may see their fleeting forms,
At the pallid polar midnight,
When the north is gathering storms;
When the arctic frosts are flaming,
And the ice-field thunders roll;
These demon-haunted werewolves,
Who circle round the Pole.

They hasten, still they hasten,
Across the northern night,
Filled with a frighted madness,
A horror of the light;
Forever and forever,
Like leaves before the wind,
They leave the wan, white gleaming
Of the dawning far behind.

Their only peace is darkness,
Their rest to hasten on
Into the heart of midnight,
Forever from the dawn.
Across far phantom ice-floes
The eye of night may mark
These horror-haunted werewolves
Who hound them to the dark.

All through this hideous journey
They are the souls of men
Who in the far dark-ages
Made Europe one black fen.
They fled from courts and convents,
And bound their mortal dust
With demon, wolfish girdles
Of human hate and lust.

These, who could have been godlike,
Chose, each a loathsome beast,
Amid the heart’s foul graveyards,
On putrid thoughts to feast;
But the great God who made them
Gave each a human soul,
And so ‘mid night forever
They circle round the Pole.

A-praying for the blackness,
A-longing for the night,
For each is doomed forever
By a horror of the light;
And far in the heart of midnight,
Where their shadowy flight is hurled,
They feel with pain the dawning
That creeps in round the world.

Under the northern midnight,
The white, glint ice upon,
They hasten, still they hasten,
With their horror of the dawn;
Forever and forever,
Into the night away
They hasten, still they hasten
Unto the judgment day.


William Wilfred Campbell
(1860-1918)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de hombres lobo.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de William Wilfred Campbell: Los Hombres Lobo (The Were-Wolves), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El hombre lobo»: Anne S. Bushby; poema y análisis


«El hombre lobo»: Anne S. Bushby; poema y análisis.




El hombre lobo (The Werewolf) es un poema gótico de la escritora inglesa Anne S. Bushby (¿?— 1875), publicado de manera póstuma en la antología de 1876: Poemas de la difunta Anne S. Bushby (Poems by the Late Anne S. Bushby).

El hombre lobo, tal vez uno de los mejores poemas de Anne S. Bushby, retrata el encuentro de una mujer y su pequeño hijo con un hombre lobo (ver: Razas y clanes de hombres lobo)

La obra de Anne S. Bushby fue prácticamente olvidada, sobre todo debido al reconocimiento que obtuvo como traductora al inglés de los cuentos de Hans Christian Andersen (ver: El cuento de hadas y el plan para «civilizar» a las mujeres). Sin embargo, allí podemos encontrar algunas piezas exquisitas, como sin dudas lo es El hombre lobo, un poema sencillo que se inscribe en la tradición del romanticismo.

La fascinación de Anne S. Bushby por Hans Christian Andersen nos sitúa en el escenario principal del cuento de hadas: el bosque encantado (ver: La psicología del bosque encantado). Además, es de noche, los árboles se agitan, el viento susurra entre las hojas, y esta madre se queda sola con su hijo mientras su esposo se mete en el bosque buscando algo de madera para reparar el carro en el que estaban viajando.

Entonces, desde las sombras del bosque aparece un hombre lobo, pero la mujer de algún modo logra ahuyentarlo pronunciando el nombre de Dios y arrojándole un trozo de su ropa. Al regresar a casa, la luz ilumina el rostro del esposo, de cuyos dientes cuelgan algunos jirones de tela. ¡Él es el licántropo que la atacó! Al reconocerlo, el hombre vuelve a transformarse (ver: Psicología del hombre lobo)

El hombre lobo de Anne S. Bushby se nutre de las leyendas medievales que, eventualmente, se convertirían en cuentos de hadas. Aquí, la figura de alguien familiar que por las noches se convierte en hombre lobo y es capaz incluso de devorar a su esposa e hijo, es un motivo recurrente en estas historias folclóricas (ver: El Hombre Lobo y la Mujer Loba: algunas diferencias de género en la ficción). En cierto modo, la figura del licántropo representa una parte de nosotros mismos que existe en los sótanos del subconsciente, un impulso salvaje que, en este caso, incluso es capaz de matar su vínculo más fuerte con la sociedad y la civilización: la familia (ver: El origen del hombre lobo y la licantropía)




El hombre lobo.
The Werewolf, Anne S. Bushby (¿?— 1875)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Fue a medianoche, y aunque la luna proyectaba una luz pálida,
sobre el bosque encantado colgaba
una espesa niebla, y entre las hojas el viento aullaba.
En un carro por ese salvaje camino,
un campesino conducía a su esposa e hijo.

«A las hadas no debes temer,
ellas bailan bajo la luna en el claro verde.
Si la lechuza chillara desde aquel pantano,
di una oración, no escuches su voz áspera.
Lo que veas, no temas, pero abraza al niño», dijo el padre.

«¡Adelante, viejo caballo! Detrás de ese árbol
puedo ver el campanario de nuestra iglesia.
¡Vamos! Pero, espera, detente un momento.
La rueda está a punto de romperse;
buscaré algo de madera y la arreglaré, querida;
sujeta al niño y no temas!»

Una hora podría ella haber estado sola,
cuando escuchó un ruido: «Oh, ¿qué es eso?»
¡Un sabueso negro como el carbón!
¡Ella reconoce al hombre lobo mientras él enseña los dientes!
Mira fijamente a su hijo,
y ella le arroja el delantal mientras él salta.

Sus afilados dientes lo muerden;
pero ella clama a Dios pidiendo ayuda, y él huye,
Sus brazos envuelven al indefenso bebé,
se sienta como una estatua, pálida y fría.
Pero pronto su esposo está a su lado,
y ahora cabalgan a salvo.

Al llegar a casa, se enciende una luz
que ilumina un pensamiento horrible:
«¿Qué, mi amor, son estos hilos
que cuelgan de tus dientes?
¡Entonces tú eres un hombre lobo!»
«¡Tus palabras —dijo él— me han liberado de nuevo!»


‘Twas at the middle hour of night;
And though the moon gave her pale light,
O’er the haunted wood a thick mist hung
And the wind was howling its leaves among.
In a cart along that way so wild
A peasant was driving his wife and child.

“For the fairy folks thou need’st fear not,
They dance ‘neath the moon on yon green spot.
Should the screech-owl cry from yonder marsh,
Say a prayer, nor heed its voice so harsh.
Whate’er thou seest, be not afraid,
But clasp the child,” the father said.

“Forward, old horse! Behind yon tree
Our church’s steeple I can see.
Get on! But hold, a moment stop–
The linch-pin is about to drop;
‘Tis crack’d–I’ll cut a stick, my dear;
Hold fast the child, and have no fear!”

An hour alone she might have sat,
When a noise she heard–“Oh, what is that?”
Lo! a coal-black hound! She sees and knows
The werewolf! while his teeth he shows,
And glares upon her child, she flings
Her apron o’er it as he springs.

His sharp teeth bite it; but she cries
To God for help, away he flies.
Her arms the helpless babe enfold,
She sits like a statue, pale and cold.
But soon her husband’s by her side,
And onwards now they safely ride.

Arrived at home, a light is brought;
She starts, as with some horrid thought:
“What? Husband! husband! can these be
Threads hanging from thy teeth I see?
Thou art thyself a werewolf then!”
“Thy words,” he said, “have set me free again!”


Anne S. Bushby
(¿?— 1875)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas victorianos.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Anne S. Bushby: El hombre lobo (The Werewolf), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Hombre lobo»: Julian Hawthorne; poema y análisis


«Hombre lobo»: Julian Hawthorne; poema y análisis.




Hombre lobo (Were-Wolf) es un poema gótico del escritor norteamericano Julian Hawthorne (1846-1934), publicado originalmente en la edición del 1 de mayo de 1895 de la revista Chap-Book, y luego reeditado en la antología de 1900: Una antología americana (An American Anthology).

Hombre lobo, sin lugar a dudas uno de los mejores poemas de Julian Hawthorne —hijo de Nathaniel Hawthorne y autor de prestigio por derecho propio—, versifica la visión de un hombre de una escalofriante criatura que corre por el páramo: un hombre lobo (ver: Razas y clanes de hombres lobo)

Hombre lobo de Julian Hawthorne posee una fuerza singular. Ciertamente es el mejor poema de hombres lobo, lo cual es un mérito extraordinario para un novelista como Julian Hawthorne. De hecho, no parece el poema ocasional de un prosista, sino el esfuerzo cúlmine de un poeta de toda la vida.

Julian Hawthorne aborda la leyenda del hombre lobo con sumo respeto, y eso implica hacerlo en un contexto de absoluto espanto, sin matices románticos (ver: El Hombre Lobo y la Mujer Loba: algunas diferencias de género). Esta criatura no solo corre por los campos metamorfoseada en lobo, sino que además parece llevar una pequeña víctima en sus fauces, un bebé, tal vez, saqueado de alguna incursión en una aldea. Esto refleja con macabra minuciosidad las leyendas medievales de hombres lobo (ver: Hombres lobo: el significado de la leyenda).

Hombre lobo de Julian Hawthorne es un poema aterrador que va perfilando la forma de esta criatura extraña, imprecisa al principio, que finalmente se va volviendo más y más definida para el observador. El resultado de esta visión es la suma de todos los horrores que subyacen en los cuentos de hadas (ver: La psicología del hombre lobo)




Hombre lobo.
Were-Wolf, Julian Hawthorne (1846-1934)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Corre el viento en los páramos,
corren las nubes a través de la luna,
sombras espantosas corren
a toda prisa en las dunas nevadas.
Sombras azules sobre el blanco espectral
que brilla en la noche.
Pero hay algo más horroroso, más espectral aún,
¿qué cosa espantosa avanza allí,
corriendo, corriendo, corriendo
más rápido que las nubes o el viento?
¿Qué presagio de una enfermedad sin nombre,
de dónde viene, yendo a toda velocidad,
corriendo, corriendo, corriendo,
dejando todo atrás excepto el miedo?

Inclinado en la carrera,
aliento agudo por las fosas nasales tensas,
ojos caídos en un rostro despiadado,
¿qué duende de malevolencia
corre por la noche helada
en vuelo sobrehumano?
¡Véalo correr, correr, correr,
superando las sombras que vuelan!
¡Escuche el corazón del demonio,
latir, latir, latir, latir en su pecho!
Corriendo, corriendo, corriendo
bajo el cielo helado,
veloz, tan espantosamente veloz,
sin detenerse nunca para descansar.

¿Qué sujeta con tanta fuerza
en sus delgadas y frías manos mientras acelera?
¿Algo suave, algo blanco,
algo humano, que sangra?
¿Es la cabeza rizada de un bebé
y las extremidades inocentes, roídas y rojas?
Más y más rápido se inclina,
se inclina y corre;
salpicados de sangre están sus horribles labios,
sonriendo con horrible regocijo.
Los lobos que lo siguen con pies apresurados,
oliendo ese hedor a duende,
se dispersan de inmediato, aterrorizados,
mientras se aleja hacia la orilla del mar helado.

¡Lejos! ¿Es hombre? ¿Es mujer,
aquello que se alimenta de carne?
¡Lejos! ¿Es una bestia? ¿Es humano?
¿O es realmente un demonio?
¡Demonio de entrañas humanas engendrado,
inspirado por el infierno, olvidado por Dios!
Ahora llega la hora de la medianoche:
la forma humana que ningún demonio puede asumir,
ni siquiera en esa hora mística.
Más abajo, más abajo, se dobla.
¡Ha llegado la medianoche, ha llegado y se ha ido!
¡En cuatro patas, véalo zambullirse y saltar!
¡Termina un grito humano con el aullido de un lobo!
¿Qué cosa gris y demacrada galopa sobre el mundo?


Runs the wind along the waste,
Run the clouds across the moon,
Ghastly shadows run in haste
From snowy dune to dune—
Blue shadows o’er the ghastly white
Spectral gleaming in the night.
But ghastlier, more spectral still,
What fearful thing speeds hither,
Running, running, running
Swifter than cloud or wind?
What omen of nameless ill,
Whence coming, speeding whither,
Running, running, running,
Leaves all save fear behind?
Leaning, leaning in the race,
Breath keen-drawn through nostrils tense,
Fell eyes in ruthless face,
What goblin of malevolence
Runs through the frozen night
In superhuman flight?
See it run, run, run,
Outstripping the shadows that fly!
Hear the fiend’s heart beat, beat,
Beat, beat, beat in its breast!
Running, running, running on
Under the frozen sky,
Fleet, so fearfully fleet,
Pausing never to rest.

Clutched—what is clutched so tight
In its lean, cold hands as it speeds?
Something soft, something white,
Something human, that bleeds?
Is it an infant’s curly head,
And innocent limbs, gnawed and red?
Fleeter and yet more fleet
It leans, leans and runs;
Dabbled with blood are its awful lips,
Grinning in horrible glee.
The wolves that follow with scurrying feet,
Sniffing that goblin scent, at once
Scatter in terror, while it slips
Away, to the shore of the frozen sea.

Away! is it man? is it woman,
On such dread meat to feed?
Away! is it beast? is it human?
Or is it a fiend indeed?
Fiend from human loins begotten,
Hell-inspired, God-forgotten!
Now the midnight hour draws on:
Human form no fiend may keep
Or ever that mystic hour is told.
Lower, lower, lower it bends.
Midnight is come—is come and gone!
Down on all fours see it plunge and leap!
A human yell in a wolf’s howl ends! …
What gaunt, gray thing gallops on o’er the world?


Julian Hawthorne
(1846-1934)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Julian Hawthorne.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Julian Hawthorne: Hombre lobo (Were-Wolf), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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