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Ritual para transformarse en hombre lobo

Ritual para transformarse en hombre lobo.


El concepto de licántropo u hombre lobo, es decir, la idea de que el ser humano puede transformarse en lobo, atraviesa prácticamente todas las culturas que compartieron territorio con estos depredadores.

En algunas regiones ni siquiera existe la necesidad de ser mordido por una de estas bestias para convertirse en hombre lobo; de hecho, en muchos casos se trata simplemente de un deseo, sin la influencia de componentes hereditarios, maldiciones o incómodas mordeduras.

Sin embargo, existen otras formas de convertirse en hombre lobo además de la llamada "transformación por la pasión".

Entre las supersticiones más extendidas acerca de azarosas conversiones en hombres lobo existen algunas verdaderamente extrañas.

En Inglaterra, por ejemplo, se creía que beber agua de la huella de un lobo invariablemente nos convertiría en licántropos. 

En Francia bastaba con beber agua de cualquier lugar en el que dos o más lobos hayan bebido juntos. 

En Rusia solo era necesario comer los sesos de un lobo para adquirir sus propiedades. 

En Alemania se creía que todos los hombres de valor poseían el espíritu del lobo, aletargado por las pasiones humanas. Para despertarlo se vestía al guerrero con la piel de un lobo, que facilitaba la transición. 

Algo similar ocurría con los osos y los temibles Berserkers.

En los mitos nórdicos se sugiere que el feroz espíritu de los lobos a menudo se introduce en el alma de las mujeres particularmente hermosas. Nada inusual se detecta en ellas durante el día, pero de noche, cuando la luna ilumina sus pálidos rostros, el lobo puede surgir inesperadamente.

Si bien los grimorios y libros prohibidos de la Edad Media dan cuenta de muchas formas de transformarse en hombre lobo, solo citan generalidades, supuestos ingredientes, pócimas mágicas y ritos utilizados por las brujas y los nigromantes para convertirse en licántropos y bajo esa forma asistir a sus odiosos sabbats.

Recién a comienzos del siglo XX apareció impreso el primer ritual completo para convertirse en hombre lobo.

El hombre que publicó este peligroso rito fue Elliot O’Donnell (1872-1965), famoso investigador paranormal, cazador de fantasmas, y autor de varias novelas y relatos fantásticos.

Este misterioso y casi bizarro ritual para transformarse en hombre lobo apareció en el libro de 1912: Hombres lobo (Werewolves).

Veamos de qué se trata:

Primero es necesario encontrar un sitio alejado para practicar el ritual de transformación en licántropo, donde no existan enojosas interrupciones ni se vea ni se escuche la presencia de otros seres humanos. 

El lugar, aclara Elliot O'Donnell, debe ser perfectamente plano.

Exactamente a la medianoche, con la luna llena brillando intensamente en el cielo nocturno, se debe trazar un círculo en el suelo de siete pies de diámetro, utilizando una cuerda.

En el interior se debe trazar un nuevo círculo, esta vez más pequeño, de tres pies de diámetro.

En el centro se debe encender una pequeña fogata con madera de espino.

Sobre el fuego se debe colocar un caldero de hierro lleno de agua.

Aquí Elliot O'Donnell complica las cosas para cualquiera que desee practicar este ritual para transformarse en hombre lobo.

Cita muchas peligrosas hierbas y otros ingredientes proverbialmente inocentes que deben sumergirse en el agua hirviendo, por ejemplo: asa fétida (asafoetida), cicuta, opio, aloe, perejil, beleño y solanum, por citar algunos.

Luego, cita un largo encantamiento que, formulado correctamente, permite al oficiante convertirse en hombre lobo

Por cuestiones obvias no citaremos el hechizo original, sino una vaga traducción al español:

Espíritus de lo profundo, insomnes, escuchen mi ruego.
Espíritus de la tumba, ya sin alma, escuchen mi ruego.
Espíritus de los árboles que crecen sobre el musgo, escuchen mi ruego.
Espíritus del aire, mezquinos y oscuros, escuchen mi ruego.
Espíritus del agua, odiosos y sedientos, escuchen mi ruego.
Espíritus del inframundo, que vigilan a los silenciosos muertos, escuchen mi ruego.
Espíritus del fuego, destructivos e iracundos, escuchen mi ruego.
Espíritus del hielo, mudos señores del invierno, escuchen mi ruego.
¡Espíritus de los lobos, escuchen mi ruego!
De todos los diabólicos templos,
De todos los santuarios salvajes,
De todos los altares de carne y hueso,
De todos los ansiosos ruegos escuchad el mío;
Pues vuestro es mi templo, mi santuario, mi altar, mi ruego.
¡Aúlla, oh, espíritu del lobo!
¡Aúlla en mi! 
¡Que mi aullido sea el tuyo!
¡Que tuyo sea mi templo, mi santuario, mi altar, mi ruego!
¡Que dicha sea la palabra que transforma al hombre en lobo, y al lobo en hombre!
...


Naturalmente, el resto de las palabras de este ritual para transformarse en hombre lobo no serán dichas aquí. Que la responsabilidad de semejante blasfemia siga siendo del temerario Elliot O'Donnell.

Sin embargo, el rito no culmina con este encantamiento.

Al final del encantamiento el oficiante debe quitarse la ropa y untarse el pecho con una fétida pócima compuesta con las hiervas del caldero.

Acto seguido, el oficiante debe colocarse un cinturón hecho con piel de lobo, arrodillarse en el círculo interior del ritual, y observar atentamente las llamas moribundas.

Solo entonces, si su deseo es sincero y el rito ha sido cumplido con absoluto rigor, del fuego emergerá el reflejo furtivo de aquello que no debe nombrarse, y el lobo que duerme eternamente en el hombre despertará.





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