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Experiencia invocando a «Bloody Mary»


Experiencia invocando a «Bloody Mary».




Una nueva experiencia del Consultorio Paranormal de El Espejo Gótico, esta vez relacionada con una de las leyendas urbanas más conocidas: el fantasma de Bloody Mary, especie de espíritu que se manifiesta en los espejos cuando es invocado (ver: Sobre espejos mágicos y seres interdimensionales)


***

Esto sucedió hace más de treinta años. Por aquel entonces estaba en la escuela secundaria, una época bastante extraña y confusa para mí. Pasaba buena parte de mi tiempo libre leyendo los libros más extraños que pudiese encontrar. Cierta vez dí con un libro viejo y andrajoso en uno de los estantes de la biblioteca de mi abuelo. Era un libro esotérico que hablaba de fantasmas, demonios y toda clase de cosas raras.

Centré mi atención en uno de los capítulos titulado Bloody Mary. Según recuerdo, este era el nombre de una reina de Inglaterra que hizo quemar en la hoguera a cientos de disidentes religiosos. Este capítulo en particular daba instrucciones precisas sobre cómo invocar al Bloody Mary [ver: Espejos en el dormitorio.]

El libro decía que la invocación debía realizarse de noche, en un cuarto completamente a oscuras, sosteniendo una vela encendida frente a un espejo, donde finalmente había que repetir el nombre Bloody Mary varias veces para que el fantasma apareciera (ver: 9 veces Verónica en el espejo).

No es que fuera un erudito en la materia —tenía apenas quince años—, pero lo cierto es que había leído cosas más extrañas que esa. La leyenda de Bloody Mary no me interesó particularmente. Digamos que me molestó la imprecisión del autor. El libro decía que había que repetir el nombre de Bloody Mary varias veces... ¿Varias veces? ¿Cuántas exactamente?

Supuse que el sujeto tendría miedo de que sus lectores realmente llevaran a cabo la invocación.

Más irritado que otra cosa, decidí investigar el asunto.

Días después visité la biblioteca más grande de mi ciudad, y me hice con todos los libros sobre Bloody Mary que pude encontrar, que no fueron muchos.

Pronto descubrí que las imprecisiones no eran una exclusividad de aquel libro de mi abuelo. Algunos afirmaban que había que decir el nombre de Bloody Mary entre cincuenta y cien veces para que su rostro apareciera en el espejo. En un libro hasta se mostraba una imagen de cómo podría verse.

Eventualmente pude establecer algunos parámetros en común en la leyenda de Bloody Mary:

El ritual de Bloody Mary debía hacerse entre varias personas, invocando su nombre frente a un espejo en una habitación a oscuras, o iluminada con velas. En algunos libros se sosteía que debía repetirse el nombre de Bloody Mary trece veces, otros, hasta que apareciera. Sobre la apariencia de Bloody Mary la información variaba mucho. Algunos sostenían que se veía como un cadáver, una bruja, un fantasma, o simplemente el rostro de una mujer cubierto de sangre; y que podía ser amigable o malvada.

Las consecuencias del rito de Bloody Mary no eran precisamente agradables. Se decía que podía gritarles a los participantes, maldecirlos, incluso estragularlos con unas manos lívidas que salían del espejo (ver: Peligros de invocar a los muertos).

Unas semanas después logré convencer a mi grupo de amigos para invocar a Bloody Mary. Por algún motivo, confiaban en mis conocimientos, cuestión que no refuté. Me gustaba ser considerado una autoridad en la materia (ver: Nigromancia: el arte de invocar a los muertos).

Éramos tres varones y dos mujeres. Todos estábamos realmente emocionados. Decidí que lo mejor era practicar la invocación de Bloody Mary en mi casa; en primer lugar, porque mi madre tenía un gran espejo de cuerpo entero. De modo tal que organicé todo para que mis amigos se quedaran a pasar la noche.

Esperamos a que mis padres se duerman para llevar el espejo a mi habitación. Lo colocamos en el centro, y nos sentamos alrededor. Fue perfecto, aunque creo que todos estábamos un poco asustados. Ver el espejo allí de algún modo lo volvía un asunto serio.

Apagamos las luces, encendimos una vela, y comenzamos el experimento.

Los primeros intentos fueron infructuosos. Se lo atribuímos a uno de mis amigos, que claramente no se lo estaba tomando en serio. Sus bromas probablemente eran una forma de ocultar que estaba más asustado que el resto. Una de las chicas lo invitó a retirarse de la habitación, cosa que él hizo (haciéndose el ofendido, desde luego), y se fue a ver la televisión al comedor.

Finalmente, hubo acuerdo y proseguimos:

... Bloody Mary... Bloody Mary... Bloody Mary... —recitamos al unísono.

No pasó nada, pero no nos desanimamos.

Seguimos intentándolo.

... Bloody Mary... Bloody Mary... Bloody Mary...

A pesar de la luz de la vela, el cuarto estaba oscuro como una boca de lobo. Para colmo, nuestro amigo bromista no estaba allí para romper la atmósfera de tensión que reinaba en el lugar. Estábamos auténticamente serios, y fue un poco espeluznante escuchar nuestras voces recitando Bloody Mary una y otra vez. Solo imagina a un grupo de niños diciendo eso en un cuarto a oscuras.

Todo estaba en silencio mientras recitábamos rítmicamente. No se exactamente cuántas veces dijimos Bloody Mary, pero sencillamente no podíamos parar.

En algún momento, sucedió algo.

Había un espeluznante brillo blanco en el centro del espejo.

... Bloody Mary... Bloody Mary... Bloody Mary...

Continuamos.

5 veces más, 10.

... Bloody Mary... Bloody Mary... Bloody Mary...

Entonces, súbitamente apareció una cara fantasmal en el centro del espejo, frente a todos nosotros. El rostro era de un blanco absoluto, de facciones femeninas, y con enormes espacios oscuros donde deberían estar los ojos.

... Bloody Mary... Bloody Mary... Bloody Mary...

No sé qué fuerza extraña se apoderó de nosotros, pero no podíamos parar de repetir el nombre de Bloody Mary cada vez más fuerte, incluso ante la presencia de esa cara espectral, sin cuerpo, como si flotara en el aire.

... BLOODY MARY... BLOODY MARY... BLOODY MARY...

Las fosas nasales de esa cara eran completamente negras, al igual que la abertura de la boca, totalmente desencajada en una mueca espantosa.

Bloody Mary nos miró a todos amenazadoramente.

Creo que sonrió.

Tan pronto como la cara de Bloody Mary empezó a agrandarse en el espejo, como si se acercara a nosotros, nuestro amigo expulsado entró en el cuarto y encendió las luces. Algo de esa fuerza que nos sujetaba se rompió, y gritamos a todo pulmón.

No entraré en detalles sobre lo que ocurrió a continuación, que incluye a mi padre irrumpiendo en mi cuarto, semidormido, y el largo sermón que debí soportar.

Todos estábamos bastante conmocionados como para dormir, así que hablamos entre nosotros para verificar que todos habíamos visto lo mismo. La mayoría dijo que no había visto nada, pero la expresión en sus rostros decía lo contrario.

Bien, esa fue mi experiencia con Bloody Mary.

Me temo que no es tan espectacular como otras experiencias paranormales que he leído en El Espejo Gótico, pero créeme cuando te digo que esa noche me ha acompañado durante toda mi vida, hasta la actualidad. Me da miedo quedarme a solas con un espejo, incluso en el baño. No siempre, pero a veces siento el impulso irresistible de apagar las luces y volver a decir en voz alta el nombre de Bloody Mary.

***




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


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La leyenda del Espíritu Guardián de los cementerios


La leyenda del Espíritu Guardián de los cementerios.




Los cementerios producen cierta inquietud en el visitante, cierta intranquilidad, cierta turbación que los espíritus simples justifican como una reacción supersticiosa. Después de todo, ¿qué hay de temible en un sitio dónde descansan los muertos?

En el siglo XVIII existió un grupo conocido como los Poetas de Cementerio (Graveyard Poets), el cual se caracterizó por meditar acerca de sarcófagos, esqueletos y gusanos. Estos Poemas de Cementerio utilizan esa sensación de intranquilidad de la que hablábamos antes, y la explican a través de una figura tenebrosa, intangible, que habita en todos los cementerios.

Sentir miedo, malestar, angustia, en un cementerio, es perfectamente natural; ¿pero son acaso las viejas lápidas y estatuas lo que verdaderamente nos inquieta, o hay algo más, observándonos?

En este contexto, aquellos poetas interpretaron que las sensaciones que producen los cementerios, que oscilan entre la inquietud superficial y una profunda congoja y aflicción, son en realidad reacciones frente a la presencia del Guardián del Cementerio.

La leyenda sostiene que cada cementerio tiene su Espíritu Guardián. Se dice también que este espíritu pertenece a la primera persona en ser enterrada en un cementerio, quien permanece en el plano terrenal para vigilar a los vivos y mantener seguros a sus residentes subterráneos.

Esto, al menos a simple vista, no parece particularmente inquietante; pero los orígenes de la leyenda, los cuales son analizados con melancólica precisión en el De Masticatione Mortuorum in Tumulis —literalmente: De la masticación de los muertos en sus tumbas—, son mucho más escalofriantes.

Desafortunadamente, en la Edad Media la gente era impaciente, y rara vez esperaba que alguien muriera de causas naturales para ocupar el cargo de Guardián del Cementerio. A menudo era el loco de la aldea quién era asesinado, esparciendo luego su sangre en el nuevo cementerio para que su espíritu se encargue de custodiarlo.

En épocas más civilizadas esta tradición fue abandonada. Se la sustituyó por la creencia racional de que la última persona enterrada del año sería la encargada de vigilar el cementerio hasta el año siguiente.

Ahora bien, el Guardián no es simplemente un ser del plano astral que vive en los cementerios de forma, digamos, más o menos etérea, para resguardar aquel lugar sagrado de la aparición del Ghoul, el Grobnik, el Vampiro, y otros fallecidos que se resisten a permanecer debidamente en sus tumbas; sino que además tiene su personificación en términos físicos.

Si observamos con detenimiento veremos que las estatuas de los cementerios tienen un estilo similar, un patrón estético, si se quiere, que se repite con frecuencia a pesar de las tendencias de cada época. Esto se debe a que algunas estatuas de los cementerios son representaciones de las distintas facetas del Espíritu Guardián.

Desde la Edad Media hasta nuestros días, el Espíritu Guardián es un alma destinada a proteger a los difuntos, pero también a evitar que los muertos regresen para jorobar a los vivos. Habida cuenta de que esa función, además de agotadora, es dificultosa, el Guardián del Cementerio posee distintos puntos específicos en el plano físico desde los cuales custodia su reino, moviéndose libremente de un lugar a otro a través de las estatuas que le fueron consagradas.

Es decir que las estatuas de los cementerio, que para muchos justifican una visita recreativa, no persiguen únicamente objetivos estéticos al adornar una tumba, una cripta, un mausoleo, sino también utilitarios: brindarle al Guardián un soporte físico desde el cual vigilar a los vivos y preservar el descanso de los muertos.

¿Cómo podemos identificar las estatuas del Guardián del Cementerio?

En principio, éste nunca es representado mirando hacia arriba, hacia el cielo. El Guardián es una figura encapuchada que mira invariablemente hacia abajo, vigilando a aquellos a quien debe proteger, o bien hacia adelante, para observar el ir y venir de los vivos.

En este punto es justo preguntarnos qué es exactamente lo que debe vigilar el Guardián. Después de todo, si ese oficio fuese eficaz no existirían los vándalos o los profanadores.

En cuanto a los muertos, bueno, tampoco es razonable caer en la tentación de afirmar que el trabajo del Guardián es eficiente simplemente porque los muertos no se levantan de sus tumbas.

El motivo principal por el cual existía la necesidad de crear un Guardián para los cementerios es para evitar que el llanto de los vivos inquiete a los muertos.

De acuerdo a esta leyenda, la tristeza, el desconsuelo, la consternación de los vivos, son percibidas por los muertos como una especie de rumor, de susurro turbulento y persistente que lastima al alma con el recuerdo de las cosas que dejó atrás.

Y así como nosotros intentamos olvidar nuestras preocupaciones cotidianas para descansar por las noches, o al menos postergarlas hasta la mañana siguiente, los muertos también necesitan al olvido para reposar. Aquellos que evaden al olvido —por ingratitud o egoísmo de sus deudos—, y a la custodia del Guardián, se convierten en fantasmas, los insomnes del mundo espiritual.




Mitos y leyendas oscuras. I Fenómenos paranormales.


Más literatura gótica:
El artículo: La leyenda del Espíritu Guardián de los cementerios fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Jan Harold Brunvand: libros de leyendas urbanas


Jan Harold Brunvand: libros de leyendas urbanas.




Jan Harold Brunvand (1933— ) es quizás uno de los primeros investigadores en analizar seriamente las supersticiones, cuentos populares, y principalmente las leyendas urbanas de la actualidad. En efecto, los libros de Jan Harold Brunvand se ecuentran entre los más acertados respecto de la investigación y análisis de las leyendas urbanas que circulan por el mundo, e incluso las leyendas urbanas de internet, es decir, aquellas forjadas y dispersadas desde la web.

En esta sección iremos recorriendo algunos de los más destacados libros de Jan Harold Brunvand, un autor fundamental para todos aquellos interesados en las leyendas modernas.




Libros de Jan Harold Brunvand.
  • Autoestopista fantasma: una leyenda urbana (The Vanishing Hitchhiker: American Urban Legends)
  • El gran libro de las leyendas urbanas (The Big Book of Urban Legends)
  • El libro de leyendas urbanas de terror (The Book of Scary Urban Legends)
  • Enciclopedia de leyendas urbanas (Encyclopedia of Urban Legends)
  • Askeladden de Noruega: el héroe inquebrantable (Norway's Askeladden the Unpromising Hero)
  • Casa Frumoasa: la casa hermosa en la Rumania rural (Casa Frumoasa: The House Beautiful in Rural Romania)
  • Demasiado bueno para ser cierto: el libro colosal de las leyendas urbanas (Too Good to be True: The Colossal Book of Urban Legends)
  • Diario del folklore norteamericano (Journal of American Folklore)
  • Diccionario de proverbios y frases proverbiales (A Dictionary of Proverbs and Proverbial Phrases)
  • El asesino en el asiento trasero (The Killer in the Back Seat)
  • El auto económico (The Economical Car)
  • El cadillan de cemento sólido (The Solid Cement Cadillac)
  • El doberman asfixiado y otras nuevas leyendas urbanas (The Choking Doberman and Other "New" Urban Legends)
  • El gran libro de las leyendas urbanas (The Big Book of Urban Legends)
  • El tren de los huérfanos (The Baby Train)
  • Enciclopedia de leyendas urbanas (Encyclopedia of Urban Legends)
  • Folklore norteamericano: una enciclopedia (American Folklore: An Encyclopedia)
  • Folklore: una guía de estudio e investigación (Folklore: A Study and Research Guide)
  • Guía para los coleccionistas de folklore (A Guide for Collectors of Folklore)
  • La aerolínea fantasma (The Ghost Airliner)
  • La chica con el peinado colmena (The Girl with the Beehive Hairdo)
  • La fierecilla domada: un estudio comparativo de versiones orales y literarias (The Taming of the Shrew: A Comparative Study of Oral and Literary Versions)
  • La flatulencia embarazosa y otras nuevas leyendas urbanas (The Embarrassing Fart and More New Urban Legends)
  • La mascota mexicana (The Mexican Pet)
  • La verdad nunca se interpone en el camino de una gran historia (The Truth Never Stands in the Way of a Good Story)
  • ¡Maldiciones! ¡A la parrilla otra vez! (Curses! Broiled Again!)
  • Ten miedo, mucho miedo: el libro de las leyendas urbanas de terror (Be Afraid, Be Very Afraid: The Book of Scary Urban Legends)




Libros prohibidos. I Libros extraños.


Más literatura gótica:
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Eástre: el verdadero origen de los huevos de Pascua


Eástre: el verdadero origen de los huevos de Pascua.




Mucho antes de la llegada del conejo de Pascua, incluso antes de que esta festividad se extendiera por todas las culturas occidentales, los nórdicos y sajones ya disfrutaban de una solemne repartija de huevos en esta época del año.

Ostara, para los nórdicos, y Eástre, para los sajones, era la diosa de la primavera, cuyo nombre sobrevivió a su declive en la palabra inglesa Easter, «Pascua». En ciertos aspectos es idéntica a la diosa nórdica Frigga; ambas, consideradas diosas de la resurrección de la naturaleza tras el invierno.

Eástre era tan estimada por los teutones que, aún después de la conversión al cristianismo, continuaron adorándola en secreto. Sin embargo, el establecimiento del marco cristiano de la Pascua implico que Eástre fuese degradada a un simple espíritu malicioso o demonio femenino, de modo tal que la única manera segura de adorarla era prescindiendo de sus representaciones pero preservando sus costumbres.

La presencia de Eástre en la Pascua estaba tan arraigada en la cultura popular, que el cristianismo no tuvo otra alternativa más que absorberla dentro de su culto, en este caso, trasfiriendo sus ritos a la celebración de la Pascua.

La tradición original, cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos, consistía básicamente en el intercambio de regalos durante las fiestas de Eástre. Y así como la diosa representaba un nuevo inicio, el obsequio principal de sus celebraciones eran huevos pintados de colores.

El huevo también era un símbolo de la resurrección para el cristianismo, de manera tal que la transición entre las ofrendas a Eástre a los huevos de Pascua se dio de manera natural. Destino más ingrato fue el de las Easterstones, los altares de la diosa Eástre, sobre los cuales los devotos se amontonaban para depositar sus huevos.

La eliminación del culto a Eástre y la transformación del verdadero significado de los huevos de Pascua tardó unos dos siglos. Sin embargo, la iglesia nunca pudo erradicar del todo a la diosa del imaginario popular.

Esa imposibilidad plantea una paradoja y una reflexión.

La primera, que sencillamente no se puede erradicar a una deidad que se especializa en resucitar. Lograrlo implicaría probar que tal atributo era falso.

La segunda, que la censura al culto de Eástre condujo a su expansión global. Ya no requiere de cultos locales, sino que es practicado todos los años en estas fechas, independientemente de que sus devotos sepan o no a quién están honrando cada vez que obsequian o disfrutan un huevo de Pascua.




Mitología. I Mitología nórdica.


Más literatura gótica:
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¿Por qué llora la Llorona?


¿Por qué llora la Llorona?




No es asombroso que un fantasma, como la Llorona, busque venganza. Más extraño sería que aspire a la reconciliación con las circunstancias que la condujeron a la muerte, pero quizá de eso se trata esta historia después de todo.

Todos conocen la historia de la Llorona: aquella mujer que ahogó a sus hijos en el río y luego se quitó la vida, vagando eternamente después de muerta y, desde luego, llorando desconsoladamente.

Más allá de las versiones localistas de la historia de la Llorona, cuya leyenda parece haberse originado en México, podemos sintetizar su drama del siguiente modo:

El espíritu de una mujer, vestida completamente de blanco, recorre las calles y rutas a altas horas de la noche, mientras llora de culpa, incapaz de encontrar el alma de sus hijos.

Ahora bien, mujeres que han muerto de forma trágica hay muchas, incluso luego de cometer crímenes atroces como los que se le atribuyen a ella, pero Llorona, después de todo, hay una sola. ¿Cuál es el rasgo que la hace especial?

O mejor dicho: ¿por qué llora la Llorona?

Si analizamos el caso en términos antropológicos, veremos que el asesinato de sus hijos, su suicidio, o el drama pasional que la condujo a la locura, no tienen nada que ver con su destino ingrato.

Lo cierto es que todos los rasgos visibles de la Llorona: su vestido blanco, su pelo azabache, su incesante peregrinar en llanto, no nacieron con esta leyenda. De hecho, esas características ya eran bastante conocidas en la Edad Media.

La clave para saber por qué llora la Llorona está en su vestido blanco.

En la Edad Media se creía que si una mujer era enterrada con un vestido totalmente blanco o negro, sin ningún detalle de color rojo, como una rosa, un trozo de tela, un pañuelo, su alma estaba condenada a vagar después de muerta.

Algunos antropólogos deducen que esta tradición procede de oscuros ritos funerarios de una era ya olvidada, pero que acaso representa el tributo de sangre que el difunto debe abonar para acceder a las estancias eternas.

En cualquier caso, la mujer que era enterrada sin algo de color rojo, regresaba de la tumba para conseguirlo; en general, utilizando la sangre de quienes la habían enterrado.

Si dejamos de lado todos los detalles circunstanciales en la leyenda de la Llorona, y nos quedamos únicamente con el hecho de que fue enterrada con un vestido blanco, sin ningún detalle rojo, esto solo explicaría su reaparición.

Lo curioso es que la leyenda medieval sostiene que las mujeres que regresaban de la tumba en estas condiciones, lo hacían como si nada hubiese ocurrido entre su muerte y su resurrección, de tal manera que evidenciaban los últimos pensamientos y emociones que sintieron antes de fallecer.

En el caso de la Llorona, es lógico deducir que lo último que hizo antes de morir fue llorar por todo lo que le había sucedido.

Por eso llora la Llorona: no por haber ahogado a sus hijos, tampoco por haber sido abandonada por aquel soldado lenguaraz, y menos todavía por haber cometido suicidio.

Después de todo, quizá la Llorona recorre los mismos caminos, noche tras noche, no para vengarse del hombre o de las circunstancias que le quitaron la vida, sino para encontrar aquel color perdido, aquel tributo, que Caronte exige para entrar en sus dominios, y así olvidar para siempre su pasado.




Leyendas urbanas. I Misterios miserables.


Más literatura gótica:
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Supersticiones para no ser el próximo muerto después de un funeral


Supersticiones para no ser el próximo muerto después de un funeral:




Hay ocasiones que propician la razón, y otras que nos sumen en el más profundo y denso charco de pensamientos mágicos.

Hablamos de supersticiones, por supuesto, y también de funerales, probablemente la ocasión que agrupa una mayor cantidad de este tipo de creencias, de tal forma que el supersticioso promedio, antes de asistir a un entierro, debe tomar una gran cantidad de precauciones para protegerse.

Caso contrario, es decir, si no se toman las medidas profilácticas correspondientes, el propio supersticioso podría ser el próximo muerto después del funeral.

A continuación compartimos algunas de las más extrañas supersticiones de entierros, funerales y cementerios.




Supersticiones de cementerios, entierros y funerales:

- Se cree que barrer el piso de casa antes de que el cadáver sea oportunamente retirado y trasladado al cementerio asegura el pronto deceso del esmerado deudo.

- Los victorianos consideraban que si uno tenía la mala fortuna de ver su rostro reflejado en el coche fúnebre pronto se convertiría en el siguiente pasajero.

- Ser la primera persona en retirarse del cementerio después de un entierro es motivo suficiente para acarrear la muerte del expeditivo deudo. Esta superstición es relativamente fácil de soslayar, salvo que otro de los familiares o allegados estén al tanto de ella. En ese caso pueden ocurrir demoras, amagues, y conversaciones frívolas para retrasar el abandono de la necrópolis.

- La persona que acarreaba el ataúd a la altura de la cabeza del difunto era proclive a ser el próximo en morir. Esta superstición estaba tan extendida que generó, en principio, que ese sitio estuviese reservado a familiares ingratos; y, en segundo lugar, a que paulatinamente se fuesen retirando las abrazaderas anteriores en los féretros.

- Una superstición similar sostiene que el muerto siempre debe ser retirado de su hogar, o de cualquier establecimiento de pompas fúnebres, primero por los pies, siendo la cabeza lo último en cruzar el umbral. Caso contrario —se creía— el fallecido podía mostrarse rencoroso con los habitantes del inmueble. De esta superstición proviene el dicho «salir con los pies para adelante».

- Otra superstición para tener en cuenta: no se debe cerrar con llave la puerta de casa cuando uno asiste a un entierro o una procesión fúnebre. El motivo de esta superstición es desconocido, aunque es probable que haya sido difundida por delincuentes sagaces.

- También hay que tener cuidado al momento de sumarse a una procesión fúnebre. Si uno se encuentra de frente con los deudos hay que darles la espalda hasta que pasen de largo, y recién ahí unirse a la procesión.

- Para evitar este tipo de sobresaltos uno puede quedarse en casa, pero cuidado, si una procesión fúnebre pasa cerca hay que cerrar las ventanas y cortinas. De otro modo se corre el riesgo de que el difunto advierta nuestra ausencia en su entierro y proceda a maldecirnos ante las autoridades celestiales correspondientes.

- Nunca se debe contar la cantidad de vehículos que siguen al coche fúnebre durante una procesión que se dirige al cementerio. Esa cifra podría deducir la cantidad de años que nos quedan de vida.

- Hablando de coches fúnebres, es decir, aquellos que transportan al ataúd hasta el cementerio, jamás deben pasar dos veces por la misma calle o encrucijada, naturalmente, con el óbito a bordo. Hacerlo implica confundir aún más al espíritu, a tal punto que puede llegar a rehusarse a abandonar el vehículo.

- Ya dentro del cementerio, si uno camina junto al ataúd mientras este se dirige a la ceremonia de entierro, nunca debe detener su marcha. Al parecer, la súbita quietud de los deudos perturba al difunto, quien eventualmente puede elegirnos como su sucesor en la otra vida.

- Una superstición que, por tenebrosa, conviene respetar: nunca se debe llevar a un bebé a un entierro. Esto garantiza una gran tragedia antes de que cumpla su primer año de vida.

- Si un gato negro se cruza frente a una procesión significa que se aproxima otra muerte en la familia.

- Jamás se debe mirar por encima del hombro mientras uno está en el cementerio, esto lo sabe cualquier supersticioso. Menos conocida es la superstición de que no se debe mirar hacia atrás al retirarse de un entierro. Esto podría significar que pronto debermos regresar a despedir a otro ser querido.

- Para finalizar, hay que decir que al abandonar el cementerio después del entierro uno nunca debe dirigirse directamente a casa. Cualquier parada —supermercado, burdel, la casa de un acreedor— es suficiente para evitar que la muerte nos siga el rastro.



Misterios miserables. I Historias de cementerios.


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Significado de las estatuas de los cementerios


Significado de las estatuas de los cementerios:




Las estatuas de los cementerios tienen un significado cultural y folklórico muy profundo; y si bien es cierto que las variantes son muchas en términos de diseño, casi todas se basan en una serie de pincipios simbólicos invariables, un patrón, si se quiere, que se repite en todos los cementerios occidentales.

Esto quiere decir que las estatuas de ángeles en los cementerios, por ejemplo, pueden variar en tamaño, diseño y estilo, pero a pesar de sus diferencias estéticas el motivo folklórico que las sustenta, en este caso, la figura mítica del ángel, posee un significado específico, y eso es precisamente lo que nos proponemos investigar en este artículo.

En primer lugar, hay que decir que todas las estatuas de los cementerios son representaciones de las distintas facetas del Espíritu Guardián de la necrópolis.

Desde la Edad Media hasta nuestros días, todos los cementerios poseen un Espíritu Guardián: un alma destinada a proteger al cementerio y sus difuntos de los espíritus diabólicos; por un lado, pero también para evitar que las almas de los fallecidos regresen a atormentar a los vivos.

Para lograr este objetivo, el Espíritu Guardián es representado a través de estatuas, cada una con sus propias características, pero cuya función es, precisamente, proteger al cementerio y a sus habitantes.

Es decir que el significado de las estatuas de los cementerios no tiene nada que ver con lo ornamental. No están ahí simplemente para adornar un nicho, una tumba, una cripta, un mausoleo o un sepulcro, sino justamente para asegurar el descanso eterno de sus habitantes.

Algunas de las formas más populares en las que este Espíritu Guardián de los cementerios es representado es bajo la forma de ángeles, leones, esfinges, águilas, perros, caballos, figuras encapuchadas, entre otras.

Antes de proseguir es importante hacer una excepción:

El Espíritu Guardián de los cementerios NUNCA es representado como una estatua mirando hacia arriba: el guardián siempre mira hacia abajo, vigilando a aquellos a quien debe proteger, o bien hacia el frente, observando sus dominios y custodiándolos.



Significado de las estatuas de leones en los cementerios:


El león es un símbolo de fuerza y poder. Casi siempre las estatuas de leones en los cementerios se encuentran en pares. Su función es custodiar la entrada a un mausoleo y evitar el ingreso de espíritus malignos.

Mientras uno de los dos leones descansa, con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, o incluso con los ojos cerrados, como si estuviese durmiendo, el otro observa atentamente hacia adelante, vigilando.

De esta forma es representado el Espíritu Guardián del cementerio en su rol de custodio. Cuando los leones aparecen en otras posiciones simbolizan el coraje de los fallecidos, quienes esperan pacientemente, como el león a su presa, el momento de la resurrección.

En los cementerios de la Antigua Roma, los leones eran utilizados para ahuyentar a las Bustuariae: las reinas del cementerio, es decir, mujeres entregaban sus cuerpos sobre las tumbas a cambio de dinero; y, ya en la Edad Media, a los nigromantes, quienes frecuentaban los cementerios para practicar ritos odiosos, como invocar a los muertos.



Significado de las estatuas de esfinges en los cementerios:


Las estatuas de esfinges son, básicamente, aquellas que poseen el cuerpo de un león y una cabeza humana. Si bien son las criaturas mitológicas más populares en las necrópolis occidentales, puede haber otras, aunque generalmente con un mismo significado en común.

Al igual que las estatuas de los leones, suelen encontrarse en pares; pero a diferencia de aquellos, las esfinges no vigilan la entrada a la tumba de visitantes indeseables, sino que su trabajo consiste en impedir que las almas de los fallecidos salgan de su sepulcro.



Significado de las estatuas de águilas en los cementerios:


Las estatuas de águilas en los cementerios suelen estar ubicadas en el techo de ciertos mausoleos. Rara vez se encuentran en pares.

Las águilas simbolizan la fe, el coraje y la generosidad; pero dentro de los cementerios usualmente representan al Espíritu Guardián en su rol de psicopompo; es decir, de guía de los muertos.



Significado de las estatuas de perros en los cementerios:


Una de las estatuas de cementerio más populares es la de un perro sentado junto a un mausoleo, tumba, cripta o sepulcro.

Pueden o no aparecer en pares; pero casi siempre se observa a un solo perro, sentado, como esperando tranquilamente a su amo, lo cual simboliza la lealtad, la fidelidad y la vigilancia del Espíritu Guardián.

En algunos cementerios existen estatuas de perros un poco alejadas de las tumbas, y siempre mirando hacia la entrada principal. Esto representa la leyenda de que el Espíritu Guardián puede perseguir a los intrusos que pasan la noche en el cementerio bajo la forma de un enorme perro negro.

No es lo más común de observar, pero en ciertos cementerios hay estatuas de perros enfurecidos, enseñando los dientes en una clara actitud agresiva. En estos casos, protegen a los fallecidos de la presencia de los Grobnik y los ghouls: vampiros de cementerio, criaturas abominables que cultivan el malicioso hábito de comer cadáveres.

También hay casos de estatuas de dos perros, un macho y una hembra. El macho generalmente se ubica a la derecha, con un objeto entre las patas, que puede ser una pelota o una pequeña presa. La hembra, situada a la izquierda desde la perspectiva del observador, aparece jugando con algún cachorro.

En ambos casos esto representa al Espíritu Guardián en su rol más piadoso y comprensivo, el cual sugiere que los lazos que construimos a lo largo de la vida continúan después de la muerte.



Significado de los caballos, alces y ciervos en los cementerios:


Las estatuas de este tipo de animales representan, en general, al Espíritu Guardián del cementerio como líder de la comunidad de difuntos, no únicamente como guardián de una tumba en particular.

Muchas veces se los encuentran en áreas del cementerio donde no hay personas enterradas, sino inhumadas en nichos, por ejemplo.



Significado de las estatuas de ángeles en los cementerios:


Las estatuas de ángeles, independientemente de su tamaño y diseño, representan al Espíritu Guardián en su rol como intermediario entre el cielo y la tierra.

Si se trata de la estatua de un ángel que llora, generalmente se ubica en un mausoleo donde está enterrado el cuerpo de una persona que falleció prematuramente. Las estatuas de ángeles con espada, en cambio, protegen al nicho familiar, es decir, a todos los miembros de la familia enterrados ahí. El mismo significado se les atribuye a los ángeles que llevan una rosa en las manos.

En los mitos bíblicos, los ángeles son algo más que simples mensajeros: son intermediarios entre el hombre y Dios; y si bien muchos de ellos son representados llorando, otros aparecen llevando en brazos a un niño, o incluso a una figura humana adulta, reflejando así su labor como transportadores de almas.

En cualquier caso, los ángeles de los cementerios cumplen dos funciones específicas: cuidar al alma, llorarla, si se trata de una muerte temprana, pero también escoltarla hacia la otra vida.



Significado de las estatuas de figuras encapuchadas en los cementerios:


Las figuras encapuchadas son, quizá, las estatuas de los cementerios más misteriosas, y poseen muchas variantes que vale la pena repasar.

Algunas figuras encapuchadas pueden verse sentadas, o bien de pie frente a la tumba que custodian. Sus rostros aparecen cubiertos, pero solo en parte, revelando facciones que no parecen ser precisamente amigables.

En este sentido, las estatuas de figuras encapuchadas representan al Espíritu Guardián en una postura que tradicionalmente se conoce como de "eterno silencio"; es decir, de quietud y paciencia por el alma que acaba de partir, la cual necesita tiempo para abandonar la tumba y ascender al cielo.

Otras figuras encapuchadas aparecen lamentándose visiblemente, a veces arrodilladas, otras inclinadas sobre la tumba o mausoleo, como si estuviesen llorando.

De acuerdo a la leyenda, las figuras encapuchadas recorren el cementerio durante la noche, con la cabeza al descubierto, para custodiar su perímetro y alejar a los malos espíritus. En cualquier caso, estas extrañas figuras están encapuchadas durante el día por la sencilla razón de que si alguien observa fijamente sus ojos podría ver su propia muerte.



Algo más acerca de los Espíritus Guardianes de los cementerios:


Para finalizar este repaso por el significado de las estatuas de los cementerios, diremos algo más acerca de sus misteriosos guardianes.

No se trata de un espíritu enviado para esa tarea, sino esencialmente del alma de la primera persona enterrada en el cementerio. Esta tradición alcanzó una enorme popularidad en la Edad Media, y se trasladó hasta nuestros días, a veces con matices sumamente perturbadores.

Algunas personas eran especialmente seleccionadas para ser los Espíritus Guardianes del cementerio. Esto, que a simple vista parece un gran honor, refleja en gran medida los oscuros ritos funerarios del pasado, ya que esa primera persona en ser enterrada en el cementerio debía, además, ser enterrada viva.

De esta forma se aseguraba que el alma no ascendiera al cielo, sino que quedara perpetuamente arraigada al cementerio. Por otro lado, el Espíritu Guardián del cementerio solo puede ser reemplazado cuando alguna otra persona es enterrada viva allí, algo que en otros tiempos ocurría con bastante frecuencia.

Más allá de estos detalles macabros, la función del Espíritu Guardián es asegurar que la frase que se encuentra tallada en prácticamente todas las tumbas se cumpla con absoluto rigor: Requiescat in Pace (R.I.P.), es decir, «descansa en paz».

Y para que los muertos descansen, él debe velar.




Misterios miserables. I Fenómenos paranormales.


Más literatura gótica:
El artículo: Significado de las estatuas de los cementerios fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Efecto Mandela: ¿recuerdos falsos o pruebas de un universo paralelo?


Efecto Mandela: ¿recuerdos falsos o pruebas de un universo paralelo?




Antes de explicar qué es el Efecto Mandela (Mandela Effect), empecemos por lo básico:

¿Hasta dónde estamos dispuestos a confiar en nuestra memoria?

No me refiero a recuerdos vagos, inciertos, sino a aquellos que nunca nos atreveríamos a poner en duda; recuerdos que otros también se arriesgan a confirman como reales, pero que en definitiva terminan siendo totalmente falsos.

De eso se trata el Efecto Mandela: un recuerdo falso, pero que en su inexactitud es compartido por muchas otras personas.

El término Efecto Mandela fue acuñado por la investigadora paranormal Fiona Broome —autora de: Cacería de fantasmas en cementerios embrujados (Ghost Hunting in Haunted Cemeteries) y 101 preguntas respondidas sobre cómo cazar fantasmas (101 Ghost Hunting Questions Answered)— tras descubrir que algunos de sus recuerdos más concretos, y compartidos por muchas otras personas, eran falsos.

Los defensores de la teoría del Efecto Mandela explican que, en última instancia, se trata de una especie de bug o glitch en la Matrix; es decir, un error de programación que evidencia una posibilidad sumamente inquietante: nuestra realidad es una SIMULACIÓN.

Vayamos ahora a un par de ejemplos del Efecto Mandela para entender mejor de qué estamos hablando:

El nombre de este glitch se debe a la increíble cantidad de personas que comparten el recuerdo falso de que Nelson Mandela murió en la década de los '80, cuando lo cierto es que falleció en 2013.

A partir de este recuerdo colectivo falso surgieron otros, muchísimos más, casi todos vinculados a la cultura popular:

Todos recuerdan el el logo del Monopoly, entrañable juego de mesa que nos enseñó, entre otras cosas, a sobrevivir en el capitalismo: un burgués rico, de bigote blanco, vestido con esmoquin y con un monóculo.

¿No?

Bueno, otros seguramente recordarán los tiradores en el traje de Mickey; o la escena de Risky Business donde Tom Cruise baila en calzones y gafas de sol en el living de su casa.

¿Tampoco?

¿Y Star Wars?

¿Quién no recuerda a C3PO en la saga original, completamente dorado? O a Darth Vader. Muchos conocen de memoria su estremecedora confesión en El imperio contraataca: «Luke, yo soy tu padre».

Pues bien, aquellos que sí han recordado estas cosas, o al menos una de ellas, deben saber que todos esos recuerdos son FALSOS.

El tipo del Monopoly nunca utilizó un monóculo.


Mickey Mouse jamás osó vestir con tiradores.


Tom Cruise no llevaba gafas de sol en esa escena.


C3PO no es completamente dorado en la trilogía original. Su pierna derecha es de metal.


Y, quizá lo más inquietante, Darth Vader nunca dijo: «Luke, yo soy tu padre»; sino: «No, yo soy tu padre».




Estos recuerdos entrañables, y completamente falsos, son utilizados por los defensores del Efecto Mandela como evidencia de que nuestra línea de tiempo, y acaso nuestro universo entero, sufren constantes retoques de un demiurgo inconformista.

De acuerdo al Efecto Mandela, la mayoría de las personas no recuerdan los hechos originales; otras, sin embargo, sí recuerdan las cosas tal y como ocurrieron, aunque las evidencias, que pertenecen a la realidad alterada, prueben que se trata de un recuerdo falso.

A pesar de lo absurdo que resulta discutir la verosimilitud del Efecto Mandela, lo cierto es que la teoría del MULTIVERSO, o la posibilidad de que existan incontables UNIVERSOS PARALELOS, es una parte esencial de la mecánica cuántica.

Consideremos lo siguiente:

Las partículas subatómicas difractan como olas, es decir que solo se comportan como partículas cuando se las observa, o mejor dicho, cuando se las mide. Esencialmente, es como si todas las partículas existieran en múltiples lugares al mismo tiempo... HASTA QUE SE LAS OBSERVA DIRECTAMENTE.

Recién entonces actúan en un solo espacio y dentro de una sola línea de tiempo.

El físico Hugh Everett III sostuvo que todas esas realidades existen, pero en universos separados entre sí; es decir, en universos paralelos.

En otras palabras, quizá Darth Vader sí dijo: «Luke, yo soy tu padre», pero ciertamente no en este universo.

Es por eso que los defensores del Efecto Mandela sostienen que sus recuerdos inexactos no son, después de todo, falsos, sino que de algún modo reflejan la realidad desde otro punto de vista en relación al tiempo; es decir, que pertenecen a otra línea de tiempo distinta de la que vivimos actualmente.

Pero tampoco es necesario recurrir a la física cuántica para explicar el Efecto Mandela.

Una experiencia colectiva inexacta, como el Efecto Mandela, en el que muchas personas recuerdan algo que no ocurrió exactamente así, se apoya sobre las bases de la infalibilidad de la memoria, lo cual es, paradójicamente, falso.

Todos nuestros recuerdos son parte de una extensa red de neuronas, y estas, como toda red o servidor, puede sufrir fallos.

La locación física de un recuerdo en el cerebro es a menudo llamada engrama, o rastro de memoria, esencialmente una estructura neuronal. Durante la consolidación del recuerdo, el rastro es transferido desde su almacenamiento temporario al hipocampo, en el lóbulo temporal; o, si se trata del recuerdo de un hecho o un evento, a la corteza prefrontal. ¿Pero por qué este sistema, esta red, puede albergar recuerdos falsos?

Nos gusta pensar que nuestros recuerdos están a salvo, almacenados en una especie de hermético baúl encefálico, y que podemos extraerlos y llevarlos a la consciencia al ser requeridos, cuando en realidad el asunto es un poco más complejo.

Hagamos juntos el siguiente ejercicio:

Tomemos la computadora en la que estás leyendo este artículo, o el teléfono móvil, tablet, o lo que sea. Ahora tratá de recordar el momento en el que lo compraste, o en el que alguien te lo regaló.

¿Listo?

Lo que acaba de ocurrir es que tu cerebro reactivó las neuronas vinculadas al rastro de ese recuerdo en particular. Esto permitió que accedas al recuerdo, o al no recuerdo, y que esas mismas neuronas efectúen nuevas conexiones en un proceso llamado reconsolidación.

La reconsolidación puede reforzar el recuerdo original, como en el ejemplo anterior, haciendo que recuerdes perfectamente cómo conseguiste la computadora, celular o tablet, pero también puede hacer que el rastro de memoria en el que el recuerdo está alojado pierda fidelidad.

Activar un recuerdo es bastante similar a darle doble clic sobre un archivo en cualquier sistema operativo; solo que en el caso del cerebro el acceso directo no siempre nos conduce al archivo original, es decir, al recuerdo tal y como fue almacenado, sino a una versión ligeramente degradada.

La pérdida de fidelidad en un recuerdo es parte de un largo proceso de asociaciones, en el cual las neuronas establecen atajos hacia el archivo original. El problema es que estos atajos, sustentados sobre asociaciones, pueden lograr que terminemos almacenando recuerdos inexactos, es decir, recuerdos que no son del todo falsos, pero tampoco completamente verdaderos.

De hecho, es relativamente fácil instalar un recuerdo falso en otra persona. Este fenómeno es conocido como sugestibilidad, y lo hemos empleado maliciosamente en este artículo.

La sugestibilidad es, en resumen, la tendencia de nuestro cerebro a creer en lo que otros sugieren. Cuando la desinformación es introducida en otra persona mediante una frase, o incluso a través de una pregunta, puede llegar a comprometer sus recuerdos reales.

Cuando antes decíamos que todos seguramente recordaban los tiradores en el traje de Mickey, estábamos induciendo un hecho falso, o mejor dicho, desinformádote, para afectar tu propio recuerdo. Algunos, probablemente, incluso han recordado con cierto grado de certeza los tiradores de Mickey, cuando lo cierto es que nunca existieron.

Si bien resulta tentador pensar que el Efecto Mandela está relacionado con la posibilidad de universos paralelos, o bien con glitches de una realidad simulada, lo más probable es que se trate de un simple aunque fascinante fenómeno cognitivo.




Fenómenos paranormales. I El lado oscuro de la psicología.


Más literatura gótica:
El artículo: Efecto Mandela: ¿recuerdos falsos o pruebas de un universo paralelo? fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Aibheaeg: el hada que cura el dolor de muelas


Aibheaeg: el hada que cura el dolor de muelas.




¿Dolor de muelas?

¿Miedo al dentista?

No hay necesidad de entrar en pánico, la mitología podría ayudarlo.

Si actualmente el dolor de muelas es, como mínimo, un problema bastante incómodo, a pesar de que pueda tratarse eficazmente con un dentista, en la Edad Media, o incluso mucho antes, consistía en una verdadera catástrofe para la salud.

Y así como existían diosas de la fertilidad y de la muerte, dioses capaces de invocar al trueno y derribar naciones, también existían divinidades inferiores, mucho más modestas, que se ocupaban de este tipo de asuntos exiguos para la épica pero fundamentales para la salud, como el dolor de muelas.

En este sentido, la historia de Aibheaeg: el hada que cura el dolor de muelas, es una de las más extrañas y poco conocidas de todas, ya que de ella, en realidad, procede la leyenda del Ratón de los dientes, o Ratón Pérez, en ciertas regiones, así también como la del Hada de los dientes (Tooth Fairy).

Aibheaeg procede de los mitos celtas, y su culto como diosa de las hadas se extendía principalmente en la región de Donegal. Sabemos que su ocupación era curar el dolor de muelas, aunque también prestaba servicio para aliviar dolencias menos urgentes.

Los druidas la invocaban en el llamado Pozo de Fuego (Well of Fire), básicamente un estanque cuyas aguas aliviaban el dolor de muelas. Para obtener los favores del hada era necesario dejar a cambio una piedra pequeña y completamente blanca, en pago por el diente o la muela cuyo dolor se deseaba curar.

Esta tradición de dejarle al hada una piedra blanca y pequeña, como un diente simbólico para curar el dolor de muelas, fue evolucionando con el correr del tiempo; o mejor dicho, degradándose hasta volverse prácticamente irreconocible.

Incluso en los Eddas, parte esencial de los mitos nórdicos, se describe la costumbre de ofrendarle al hada el primer diente de leche que pierden los niños. A cambio, se creía, ella permitía que el pequeño devoto creciera con una dentadura impecable y libre de caries.

Durante la Edad Media las supersticiones alrededor del hada de los dientes fueron perdiendo vigencia, o al menos la idea de que esta podía curar el dolor de muelas y eliminar las caries. En cambio, se la asoció directamente a los dientes de leche de los chicos.

En la región de Inglaterra, por ejemplo, los dientes de leche ya caídos eran quemados. De este modo, Aibheaeg recolectaba las cenizas y les aseguraba a sus antiguos portadores una mordida impecable. En caso de no entregarle los dientes al hada se corrían graves riesgos para la integridad espiritual.

Si uno tenía la mala fortuna de que sus padres no le ofrendaran al hada nuestros dientes de leche, se corría el riesgo de pasar toda la eternidad buscándolos en el otro mundo. Tal vez por eso los espectros sajones se caracterizaban por deambular por el inframundo con una dentadura muy desmejorada.

Respecto de esta leyenda, Michaël Ranft comenta en De Masticatione Mortuorum in Tumulis (De la masticación de los muertos en sus tumbas) que muchos difuntos despiertan en sus ataúdes con el irresistible deseo de roerse las extremidades, y explica que esto se debe a que sus dientes de leche no fueron consagrados a las hadas.

Por otra parte, si no se ofrendaban los dientes a las hadas existía la posibilidad de que una bruja los encontrara. Esto, en la Europa medieval, era calamitoso en términos de superstición, ya que si una bruja tomaba posesión de un diente podía ejercer un poder absoluto sobre el sujeto.

La tradición de darles dinero a los niños que pierden sus dientes de leche nació, curiosamente, entre los vikingos.

Los dientes de leche eran considerados como excelentes amuletos para la buena suerte, sobre todo en la batalla; de manera tal que los guerreros pagaban una suma simbólica por ellos.

De hecho, uno de los artículos más encontrados en los sitios de excavación en regiones antiguamente pobladas por los vikingos son los collares de dientes que los guerreros portaban en la batalla para obtener buena suerte.

Con el transcurso de los siglos el hecho de ir a la guerra fue haciéndose más una obligación que un acto voluntario, como ocurría entre los vikingos. No obstante, la necesidad de tener buena suerte no perdió actualidad.

Es por eso que, aún hoy, los padres, familiares y allegados regalan dinero a los niños cuando estos pierden un diente, precisamente porque los amuletos de la buena suerte no se obsequian, y mucho menos se roban, sino que se pagan.

Sin embargo, la tradición se fue desnaturalizando de tal modo que actualmente solo se realiza una parte de lo que deberíamos estar haciendo.

El diente de leche que se paga, o mejor dicho, que se compra, cumple la misma función que la piedra blanca en el pozo de Aibheaeg; es decir, el diente es la ofrenda, y la buena suerte, el don que el hada entrega a cambio.

De tal manera que solo aquellos cuyos dientes de leche hayan sido ofrendados a Aibheaeg pueden invocarla para pedirle que les cure el dolor de muelas.

Duro de asimilar, es cierto, pero necesario para desenmascarar la gran conspiración de odontólogos burócratas que niegan la existencia de las hadas.




Más sobre Hadas. I Seres fantásticos de la mitología.


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¿El día dura en realidad solo 16 HORAS?


¿El día dura en realidad solo 16 HORAS?




¿Usted es una de esas personas que nunca tiene tiempo?

¿Las 24 horas del día sencillamente no le alcanzan para realizar todas sus actividades y obligaciones?

¿Sus fines de semana duran lo que un flato en una jaula? ¿Sus vacaciones pasan volando?

Pues bien, si efectivamente usted se encuentra en esta categoría, por fin puede relajarse un poco, porque el TIEMPO SE ESTÁ ACELERANDO.

No nos referimos aquí al advenimiento de tiempos nefastos, milenaristas, o a propuestas formuladas por aficionados que aseguran conocer al detalle las profecías del calendario Maya. Por el contrario, es una parte de la ciencia ortodoxa la que afirma que EL TIEMPO SE ESTÁ ACELERANDO en el universo.

Y más aún, si las 24 HORAS del día no le son suficientes para realizar sus tareas cotidianas, tranquilo, quizás las 24 HORAS actuales sean, en realidad, apenas 16 HORAS en relación al tiempo de hace unas pocas décadas.

Existen dos puntos de referencia para estudiar la posibilidad de que nuestras 24 HORAS sean en realidad 16 HORAS. Repasemos:

El primero está relacionada con la Resonancia de Schumann, básicamente el conjunto de picos en la banda de ELF, o baja frecuencia del espectro electromagnético de la Tierra. Podemos pensarlo como el pulso electromagnético regular de la planeta, cuyos históricos 7,83 ciclos por segundo han ido aumentando considerablemente a partir de 1980.

Durante milenios la Tierra giró sobre su propio eje a 7,8 hz.; pero desde la década de los '80, vaya uno a saber por qué, el ciclo se aceleró, llegando a rozar los 12 hz. en la actualidad. Si estos cálculos son correctos, el día que vivimos como si fuera de 24 HORAS en realidad tiene 16 HORAS; lo cual explicaría por qué todo el mundo anda tan apurado.

El segundo punto de referencia consiste en en la expansión del universo, cuyas distancias interestelares son cada vez más grandes. Pero el problema es todavía más complejo que eso.

La ciencia puede medir esas distancias; del mismo modo en que puede medir la velocidad de la luz, la cual es constante, ¿pero qué ocurre con el tiempo?

¿Acaso es posible medir un cambio en el tiempo?

Supongamos que la duración del día terrestre, que para nuestros relojes dura 24 HORAS, fuese haciéndose más corto. Supongamos ahora que esa aceleración del tiempo llega, por ejemplo, a las 16 HORAS DIARIAS, o a las 12 HORAS, o a 1 HORA de tiempo por día. ¿Qué ocurriría?

Teóricamente no podríamos darnos cuenta de que nuestro día está durando 16 HORAS. Tampoco si de repente empezara a durar 36 o 48 HORAS. Sencillamente no contamos con las herramientas para medir un cambio en el tiempo si ese cambio se está produciendo mientras estamos intentando medirlo.

Pero la expansión del universo sí puede medirse, y las distancias interestelares se ensanchan cada vez más, mientras que la velocidad de la luz continúa siendo constante, ¿entonces podría ser que el TIEMPO ESTÉ ACELERÁNDOSE?

Todos sentimos que el tiempo "se mueve" más rápido de lo que solía hacerlo, a tal punto que muchos investigadores afirman que lo que un ser humano percibía en 1980 como un período de tiempo de 24 HORAS, actualmente se percibe como si fueran 16 HORAS.

Ahora bien, si el DÍA DURA EN REALIDAD 16 HORAS, ¿cómo es posible que nuestros relojes continúen midiendo el tiempo en segundos, minutos y horas, llegando a redondear un día entero en 24 HORAS?

No es fácil desbaratar nuestra concepción del tiempo, y menos aún poner en duda las herramientas que lo miden.

En cualquier caso, la posibilidad de que el DÍA TENGA SOLO 16 HORAS no significa que a las 24 HORAS tradicionales se le hayan amputado ocho; sino que el tiempo, básicamente una CUARTA DIMENSIÓN, esté siendo percibido a un ritmo más y más acelerado.

Las horas tienen la misma cantidad de minutos, y estos la misma cifra de segundos, solo que cada una de esas medidas estarían encapsulando a un lapso tiempo que transcurre más rápido de lo que solía hacerlo.

Dicho esto, es importante señalar un par de objeciones que los defensores de la TEORÍA DEL DÍA DE 16 HORAS no se han tomado el trabajo de responder.

Para que el tiempo se acelere, o se ralentice, tiene que ocurrir un evento difícil de imaginar: que la velocidad de la luz cambie; y hasta el momento no se ha podido probar que la velocidad de la luz haya sufrido alguna variación desde que el inicio del universo.

A favor de la candorosa hipótesis de que el día dura 24 horas podemos argumentar que, de acuerdo al testimonio de testigos respetables, no estaría amaneciendo a las tres de la tarde.

También es verdad que los cambios en el tiempo de duración del día terrestre varían constantemente. Algunos estiman que el día se alarga unos 17 microsegundos por año, lo cual equivale a un segundo más por día cada 59.000.años. En retrospectiva, y debido a los cambios en la influencia del sol y la luna sobre nuestro campo gravitatorio, el día hace 600.000.000 de años duraba alrededor de 22 horas.

Más allá de estas cuestiones, lo más importante, creemos, es no entregarse a la desesperación. El tiempo, como tantas otras cosas, es relativo; y una hora, aunque fuese la última que tengamos por delante, tal vez sea más que suficiente para disfrutar de la eternidad.


Para ver el mundo en un grano de arena
y el cielo en una flor silvestre
abarca el infinito en la palma de tu mano
y la eternidad en una hora.

(To see a World in a Grain of Sand
And a Heaven in a Wild Flower,
Hold Infinity in the palm of your hand
And Eternity in an hour)

William Blake: Augurios de inocencia (Auguries of innocence)




Fenómenos paranormales. I Parapsicología.


Más literatura gótica:
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Efecto Umbral: ¿por qué cada vez que CRUZÁS UNA PUERTA TE OLVIDÁS DE ALGO?


Efecto Umbral: ¿por qué cada vez que CRUZÁS UNA PUERTA TE OLVIDÁS DE ALGO?




A todos nos ha ocurrido alguna vez, o mejor dicho, muchas veces a lo largo de la vida:

De repente nos paramos en seco, un poco perplejos, confundidos, mirando alrededor como buscando algo; y nos preguntamos:

¿Qué iba a hacer?

¿Qué venía a buscar?

Si en ese preciso instante alguien nos preguntara qué estamos haciendo, nuestra respuesta quizá sería:

—No lo sé, pero estoy seguro que iba a hacer algo, que venía a buscar algo.

Entonces, casi de casualidad, posamos la mirada sobre una taza, un libro, una miserable cuchara, y es como si un relámpago iluminara nuestro cerebro. Inmediatamente recordamos qué íbamos a hacer, o qué objeto íbamos a buscar, y ese olvido momentáneo pero profundo por fin queda resuelto.

Es probable que en ese momento consideremos que no hemos prestado demasiada atención a la tarea, o que esta era tan intrascendente que la hemos olvidado en el camino. Pero lo que realmente ocurrió fue otra cosa.

Y lo que ocurrió es el EFECTO UMBRAL: la experiencia de llegar a una habitación y advertir que hemos olvidado lo que fuimos a hacer o a buscar ahí en primer lugar.

Hace algún tiempo, un grupo de investigadores de la Universidad de Notre Dame publicó un interesante estudio al respecto, titulado: Caminar a través de las puertas causa olvidos (Walking Through Doorways Causes Forgetting).

El estudio arrojó datos sumamente interesantes acerca de que nuestra memoria falla con mayor frecuencia cuando cruzamos el umbral de una puerta, incluso de una puerta que separe dos ambientes en nuestra propia casa.

En este sentido, el EFECTO UMBRAL es un fenómeno que todos hemos experimentado en más de una ocasión.

Vayamos a un ejemplo práctico:

Imaginemos que estamos sentados tranquilamente en un sillón de casa viendo la televisión.

En cierto momento decidimos ir por una botella de agua. Al llegar la cocina nos invade una sensación de irrealidad, de cierta confusión: no podemos recordar qué diablos íbamos a buscar.

Quizá recordemos que nuestra intención era buscar algo y llevarlo de vuelta al sillón, pero no recordamos qué era.

Puede que seamos afortunados y veamos casualmente una botella de agua sobre la mesada; en ese caso recordaremos inmediatamente cuál era el propósito de nuestra expedición a la cocina, pero si no tenemos esa suerte es muy probable que pasen varios minutos hasta que por fin logremos recuperar la memoria.

Al parecer, el EFECTO UMBRAL no solo nos deja perplejos durante un momento, sin recordar en absoluto lo que íbamos a hacer, sino que CRUZAR EL UMBRAL DE UNA PUERTA puede causar que olvidemos por completo lo que estábamos a punto de decir.

Ahora bien, atravesar el umbral de una puerta no es lo que causa el olvido, sino que este se produce de vez en cuando debido a que la memoria a corto plazo funciona mejor en el contexto en el que se originó la información.

A esto se le conoce como Principio de especificidad de codificación (Encoding Specificity Principle).

Este principio establece que, para recuperar algo de la memoria, el cerebro utiliza la información específica almacenada, pero también la información aportada por la situación, el contexto o el entorno en el que ese recuerdo se creó originalmente.

En otras palabras, es más fácil para nuestro cerebro recordar algo en el mismo sitio en el que ese recuerdo se originó. Cuando cruzamos el umbral de una puerta, el contexto cambia, y la memoria puede fallar; sobre todo cuando la tarea que íbamos a realizar en el otro cuarto, o el objeto que pretendíamos buscar, son poco importantes.

Dicho esto, y para regresar al ejemplo anterior, bastaría simplemente con regresar a la habitación donde está el sillón y el televisor, es decir, al sitio en el que se originó la decisión de ir a buscar la botella de agua para recordarlo todo, pero el EFECTO UMBRAL funciona tan bien que esto rara vez resulta exitoso.

Cada vez que tomamos una decisión, incluso decisiones mínimas, como ir por una botella de agua mientras miramos la televisión, el cerebro evalúa su importancia inmediata. Una vez que se establece su valor, se la mantiene en la memoria hasta que la vida útil de esa decisión finalmente expire.

Salvo que nos estemos deshidratando en el sillón, la decisión de ir por una botella de agua posee un escaso valor cualitativo, y es optimizada dentro de la memoria a corto plazo; es decir que si no resolvemos rápidamente aquello que habíamos decidido ir a buscar a la cocina, el cerebro purgará esa información por considerar que su utilidad ya ha expirado.

Es por eso que probablemente recuerdes con bastante precisión a qué hora te has despertado hoy, pero difícilmente a qué hora exacta bebiste tu segundo vaso de agua o de jugo o de café en el día.

Esto significa que no es necesario CRUZAR EL UMBRAL DE UNA PUERTA para olvidar pequeñas cosas cotidianas, pero sí es un factor que colabora para el reseteo de la memoria a corto plazo.

Al parecer, a nuestro cerebro le gustan los puntos de restauración, casi como si se tratara de un sistema operativo. Algunos expertos han elegido un nombre jactancioso para este apetito: Modelo de Eventos en la Representación de la Memoria.

Básicamente consiste en que el hecho de que atravesar el umbral de una puerta es un momento perfecto para que el cerebro purgue los recuerdos irrelevantes adquiridos recientemente.

Al cambiar de contexto físico, para nosotros, de ambiente o de habitación, el cerebro deduce que los datos superfluos que ha archivado en el espacio anterior son menos relevantes ahora que ha cambiado de sitio, y acto seguido los elimina.

Pero al igual que un sistema operativo, nada se elimina completamente del cerebro. Por eso es altamente probable que si miramos casualmente la botella de agua recordemos de repente que era eso lo que habíamos ido a buscar a la cocina en primer lugar.

La próxima vez que nos quedemos perplejos de repente, sin saber exactamente qué íbamos a hacer a continuación, o qué diablos íbamos a buscar o a decir, sería interesante que miremos hacia atrás y veamos si efectivamente hemos CRUZADO EL UMBRAL DE UNA PUERTA.




El lado oscuro de la psicología. I Fenómenos paranormales.


Más literatura gótica:
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Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Relato de Charles Beaumont.
Poema de Clark Ashton Smith.
Poema de H. P. Lovecraft.


Relato de Bernard Capes.
Consultorio paranormal.
Poema de Leah Bodine Drake.