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El origen del Conejo de Pascua y los huevos de chocolate



El origen del Conejo de Pascua y los huevos de chocolate.


La leyenda del Conejo de Pascua (Easter Bunny) es menos antigua de lo que podríamos calcular a simple vista.

Paradójicamente, el Conejo de Pascua se encarga de repartir huevos de chocolate (antiguamente huevos pintados), tarea que cualquier mamífero se rehusaría orgullosamente a realizar.

La primera mención al Conejo de Pascuas se produce en el libro de Georg Franck von Frankenau: De Ovis Paschalibus (Sobre los huevos de Pascua), fechado en 1682.

Allí se hace referencia a un misterioso conejo de la región de Alsacia que repartía huevos coloridos para esa fecha.

Ahora bien, ¿cuál es la razón por la cual un Conejo se encarga de repartir huevos durante la Pascua?

La leyenda sostiene que cuando el buen José de Arimatea ordenó sellar el sepulcro de Cristo no advirtió que, además del cadáver del Salvador, dentro se encontraba un conejo; escondido y aterrorizado por el desfile de personas que entraban y salían llorando.

Cuando la abertura de la caverna fue sellada, el Conejo de Pascua quedó a solas con el cuerpo de Jesús.

Lo observó con la desconfianza típica de estos animales, tal vez preguntándose rudimentariamente quién era aquel hombre cuya muerte había despertado tanta tristeza.

El tiempo transcurrió, lento y melancólico, en la oscuridad del sepulcro, hasta que ocurrió algo extraordinario.

El Conejo de Pascua observó, no sin inquietud, que el cadáver de Jesús se quitaba las blancas mortajas que lo envolvían.

Con un gesto, Jesús consiguió que la pesada roca que obturaba la salida de la cueva se abriera.

Jesús salió caminando del sepulcro y se ocupó de sus propios asuntos.

El Conejo de Pascua, en cambio, permaneció durante un tiempo en el interior de la cueva, reflexionando.

Todavía perturbado por el sonido atronador de los llantos, resolvió que en adelante se encargaría de informar a todo el mundo que no había necesidad de estar tristes; en definitiva, que el muerto había resucitado.

Ya que los Conejos son reconocidos por su falta de elocuencia, nuestro Conejo de Pascua se vio en un serio aprieto. ¿Cómo comunicar semejante noticia si no es a través de la palabra?

Resolvió entonces que la única forma de trasmitir un mensaje tan contrario a las leyes de la naturaleza era a través de un símbolo igualmente inusual y fabuloso.

Desde entonces, el Conejo de Pascua emerge de su escondrijo cada Domingo de Pascua, repartiendo huevos de colores como mensaje de alegría, y acaso para informar a los incrédulos que Jesús ha resucitado y que ya no hay necesidad de llantos.

¿Por qué un conejo y no otro animal?

Los folkloristas suponen que la elección del conejo como símbolo de la Pascua está relacionada con la notable capacidad de estos roedores para procrear.

La Pascua era, en sus orígenes, una temporada de festividades dedicadas a la fertilidad.

En la mitología nórdica, por ejemplo, se consideraba que el Conejo era un animal favorecido por Odín, ya que sus patas traseras le permiten impulsarse velozmente, e incluso saltar de forma prodigiosa, mientras que sus extremidades delanteras dificultan cualquier tipo de "descenso".

Casi mil años antes de Cristo el Conejo ya era visto como un símbolo de fertilidad, y sobre todo de madurez.

Normalmente iba asociado a la diosa Astarté, y su mes, Abril, coincidía con el período de explosión reproductiva de estos mamíferos notablemente prolíficos.

Durante la Edad Media los Conejos eran vistos como criaturas hermafroditas.

Así lo afirmaron Plinio, Plutarco y Filóstrato, este último, sofista de cuestionable capacidad para el tanteo.

Incluso en las representaciones pictóricas se solía colocar a los Conejos cerca de la Vírgen María como símbolos de pureza.

Claramente la leyenda del Conejo de Pascua en el sepulcro de Jesús es una adición tardía, acaso medieval, que jamás aparece en los mitos bíblicos.

Su inclusión se debe al intento de la iglesia por absorber las fiestas paganas dejando que algunos personajes menores participaran secundariamente.

Por ejemplo, en Inglaterra se conoce a la Pascua como Easter, y al Conejo de Pascuas; Easter Bunny.

El Easter era una fiesta pagana muy extendida entre los pueblos del norte europeo, por la cual se honraba a la luz (equinoccio de marzo) y el advenimiento de la primavera.

En el siglo VIII d.C. la Iglesia se vio en el aprieto de sumar la Pascua al calendario local, que coincidía con la fiesta del Easter; de modo que no la reemplazaron, sino que transfirieron ciertos símbolos de esta festividad y los unieron a la Pascua tradicional

Fue así como este Conejo de Pascua logró esconderse sigilosamente en el sepulcro de Cristo y, desde allí, urdir suculentas estratagemas en chocolate.



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