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Billy Blind y la degradación de Odín

Billy Blind y la degradación de Odín.


Algunos mitos se degradan con el tiempo. Ni siquiera los dioses más poderosos de antaño están libres de la corrosión de los siglos.

Desde que acumulamos metódicamente el saber podemos recordar y estudiar a casi todos los dioses de la antigüedad, pero la adoración es algo que no opera de forma retrospectiva ni se construye sobre el conocimiento acumulado. Cualquier amante de la mitología más o menos calificado sabe más acerca de Odín, Señor del Asgard, que cualquier adorador germano del siglo VI.

De la larga historia de las caídas divinas vale la pena rescatar la idea de que algunos dioses se resisten tenazmente a la aniquilación. Esta idea, por cierto, muy polémica, a menudo contradice a la propia tradición que busca desnudar. Uno de los casos paradigmáticos es justamente el de Odín, amo de los dioses nórdicos.

¿Qué nos dice el mito? Que Odín entregó un ojo de la cara para conseguir la sabiduría y luego cayó heróicamente en la guerra de las guerras, el Ragnarok, bajo las fauces de hierro del lobo Fenrir. Ahora bien, Odín, así como el resto de los dioses nórdicos, conocían de antemano la profecía; sabían que su destino era la muerte y la aceptaban con total naturalidad.

Esto es lo que nos anuncia el Mito propiamente dicho. Odín murió en la planicie de Idavold y los círculos de la Tierra Media (Midgard) pasaron a ser gobernados por Balder y sus descendientes. ¿Pero qué ocurre cuando un dios se resiste a aceptar su destino? Ocurre la degradación.

Los Mitos y los Pueblos no siempre corren paralelamente. Lo que anuncia un Mito determinado no siempre tiene un correlato entre sus adoradores. Si bien el Ragnarok es claro con respecto a la muerte de Odín, sus adoradores no aceptaron esa idea tan fácilmente; y su culto continuó, cada vez más desgastado y angosto, hasta volverse prácticamente irreconocible.

En este punto hay que admitir otra posibilidad. Tal vez no haya sido Odín quién se resistió a la aniquilación, sino que la adoración de su pueblo lo obligó a continuar vivo en la tradición.

Siglos y siglos después de que Odín dejó de ser adorado activamente por los pueblos germánicos, un puñado de folkloristas comenzó a recoger una tradición que se repetía sistemáticamente en Alemania, Inglaterra, Esocia, Irlanda e Islandia. Esta tradición habla de una criatura menuda y burlona llamada Billy Blind, es decir, Billy el ciego.

Estudiado groseramente, Billy Blind coincide con las características de los Brownies, es decir, con aquellos espíritus hogareños de cuya amistad se jactaba Robert Stevenson. Sin embargo, un estudio más profundo sobre su carácter, y en especial sobre la ceguera en uno de sus ojos, comenzó a derivar en una hipótesis inquietante: Billy Blind no es otro más que Odín.

La secuencia de acontecimientos parece atestiguar que algunas creencias nunca mueren, sino que se adaptan a los nuevos tiempos conforme a una necesidad de sobrevivir.

Los dioses del Asgard estaban condenados a morir. Todos sus adoradores lo sabían. Luego llegó del Este una rara creencia acerca de un dios crucificado que vuelve de la muerte; es decir, que muere y renace al igual que los viejos dioses nórdicos. Los pocos que habían sobrevivido al Ragnarok se enfrentaron a dos alternativas igualmente difíciles: desaparecer para siempre o "degradarse" para sobrevivir apenas entre las creencias populares.

Nadie sabe si Odín decidió por sí mismo su continuidad, o si ésta responde al fervor de un puñado de adoradores leales. Lo único cierto es que en una época Odín caminó orgullosamente bajo los techos del oro del Valhalla, tapizados con millones de escudos, rodeado de Einherjes, Valkirias, y amigos fieles, entre ellos, Thor y Tyr; hasta que cambió esos escenarios de opulencia por las humildes cocinas de los pobres, asumiendo el rol juguetón de los que han ganado sabiduría con los años.





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