Eástre: el verdadero origen de los huevos de Pascua


Eástre: el verdadero origen de los huevos de Pascua.




Mucho antes de la llegada del conejo de Pascua, incluso antes de que esta festividad se extendiera por todas las culturas occidentales, los nórdicos y sajones ya disfrutaban de una solemne repartija de huevos en esta época del año.

Ostara, para los nórdicos, y Eástre, para los sajones, era la diosa de la primavera, cuyo nombre sobrevivió a su declive en la palabra inglesa Easter, «Pascua». En ciertos aspectos es idéntica a la diosa nórdica Frigga; ambas, consideradas diosas de la resurrección de la naturaleza tras el invierno.

Eástre era tan estimada por los teutones que, aún después de la conversión al cristianismo, continuaron adorándola en secreto. Sin embargo, el establecimiento del marco cristiano de la Pascua implico que Eástre fuese degradada a un simple espíritu malicioso o demonio femenino, de modo tal que la única manera segura de adorarla era prescindiendo de sus representaciones pero preservando sus costumbres.

La presencia de Eástre en la Pascua estaba tan arraigada en la cultura popular, que el cristianismo no tuvo otra alternativa más que absorberla dentro de su culto, en este caso, trasfiriendo sus ritos a la celebración de la Pascua.

La tradición original, cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos, consistía básicamente en el intercambio de regalos durante las fiestas de Eástre. Y así como la diosa representaba un nuevo inicio, el obsequio principal de sus celebraciones eran huevos pintados de colores.

El huevo también era un símbolo de la resurrección para el cristianismo, de manera tal que la transición entre las ofrendas a Eástre a los huevos de Pascua se dio de manera natural. Destino más ingrato fue el de las Easterstones, los altares de la diosa Eástre, sobre los cuales los devotos se amontonaban para depositar sus huevos.

La eliminación del culto a Eástre y la transformación del verdadero significado de los huevos de Pascua tardó unos dos siglos. Sin embargo, la iglesia nunca pudo erradicar del todo a la diosa del imaginario popular.

Esa imposibilidad plantea una paradoja y una reflexión.

La primera, que sencillamente no se puede erradicar a una deidad que se especializa en resucitar. Lograrlo implicaría probar que tal atributo era falso.

La segunda, que la censura al culto de Eástre condujo a su expansión global. Ya no requiere de cultos locales, sino que es practicado todos los años en estas fechas, independientemente de que sus devotos sepan o no a quién están honrando cada vez que obsequian o disfrutan un huevo de Pascua.




Mitología. I Mitología nórdica.


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1 comentarios:

Ricardo Corazón de León dijo...

Muy interesante. Y todos con su huevo y nadie sabe de dónde viene, ni siquiera en el Cristianismo.

Gracias por compartir.



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