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La verdadera historia de los Serafines [y otros no-ángeles].


La verdadera historia de los Serafines [y otros no-ángeles].




Sería prudente escapar de cualquier artículo que trate sobre los ángeles cuyo comienzo sea: «la palabra ángel significa mensajero». A esa frase lacónica seguirá un tratamiento enciclopédico de la naturaleza espiritual de estos seres, sus jerarquías y funciones en la corte divina. Este enfoque sincrético puede inducir en el lector la impresión de que los mitos bíblicos poseen una angelología sólidamente desarrollada. Sin embargo, estas historias se originaron a lo largo de más de un milenio y, como tales, no se puede esperar un sistema coherente de categorización, precisamente por tratarse de un tipo de material extraordinariamente diversificado [ver: Jerarquías angélicas]

En otras palabras, el «ángel» es una categoría construida a partir de datos adicionales, una exégesis posterior que se esfuerza por organizar una variedad de deidades menores, demonios y seres celestiales en grupos particulares.

Hoy en El Espejo Gótico intentaremos desafiar la representación popular de los ángeles, particularmente de los Serafines, quienes juegan un papel importante pero misterioso en el judaísmo y el cristianismo.

En primer lugar, el término «ángel» debe entenderse como un tipo de ser celestial, anterior a la creación, muy diferente a la forma en la que estas entidades suelen ser retratadas en el arte y la ficción.

La etimología de los Serafines denota su origen como seres relacionados con el fuego. El singular sɛrəf significa «el que arde», y los Serafines se consideraban tradicionalmente como ángeles ardientes, o en llamas. En hebreo, la palabra saraph significa «quemar», y se usa siete veces a lo largo del Antiguo Testamento como sustantivo, generalmente para denotar «serpiente». Por qué estos dos términos [«quemar» y «serpiente»] están relacionados es tema de discusión. Algunos deducen que podría tratarse debido al color rojizo de ciertas serpientes, o incluso a la sensación de ardor que deja su mordedura. La forma plural: seraphim, aparece únicamente en Números e Isaías, pero solo en este último se utiliza para referirse a un ser celestial. Isaías luego usa el singular para describir una «ardiente serpiente voladora».

Esta «serpiente ardiente», saraph, aparece en la Torá para describir una especie de serpiente del desierto cuyo veneno quema al contacto. La palabra hebrea saraph podría corresponder al sánscrito sarpa y sarpin [«serpiente» y «reptil» respectivamente]. Todo esto es consistente con la lengua hebrea antigua, donde lo venenoso es literalmente ardiente, y lo ardiente es serpentino. Los Serafines, entonces, arden, queman como la mordedura de las serpientes.

El Libro de Isaías amplía la descripción de los Serafines como «serpientes ardientes» en la tierra de la angustia, e indica que comparables a víboras, peores que las serpientes ordinarias. El profeta también tiene una visión sobre los Serafines como agentes divinos, con seis alas y rostros humanos, que probablemente no deben interpretarse como serpientes sino como llamas. Algunos sostienen que Isaías está hablando de los Serafines como si se trataran de rayos. Después de todo, los rayos pueden ser vistos como formas serpentinas que «queman»; sin embargo, el rayo nunca es deificado en los mitos hebreos, y solo está asociado a Dios en una forma despersonalizada, como un arma en el arsenal divino o como una característica ordinaria de la teofanía.

La traducción de la palabra hebrea mal’āḵ [pl. mal’āḵīm] por el griego angelos [«mensajero»] oscurece un poco la percepción antigua de las funciones de estos seres. El hebreo mal'akh era la palabra estándar para «mensajero», tanto divino como humano. Cuando se trata de mensajeros humanos [es decir, que no demuestran ninguna habilidad sobrehumana] la palabra mal'akh aparece en su significado básico y literal de mensajero; no obstante, en estos casos las primeras traducciones de la Biblia emplean términos latinos como legatus o nuntius, y solo cuando se presenta algún ser sobrenatural aparece la palabra angelus. El original no hace tal distinción. Habla de «mensajeros», independientemente de su naturaleza terrenal o divina.

La estructura morfológica de la palabra mal'akh sugiere que esta se refiere a los medios para llevar a cabo una tarea. Por lo tanto, el término mal'akh significa simplemente «el que es enviado», a menudo traducido como «mensajero». Esto significa que la palabra «ángel» solo debería ser utilizada para todos los seres celestiales que Dios envió en misiones como mensajeros, por lo tanto, los Serafines no son ángeles; de hecho, antiguamente nadie habría identificado a los Serafines y Querubines como mal’āḵīm [«mensajeros»]. Más aún, la apariencia aterradora de estas criaturas los convertía en candidatos poco probables para servir como ángeles, es decir, como mediadores del mensaje divino; y por eso no hay registro de que los Serafines alguna vez lo hayan hecho.

Es importante entender que, originalmente, la palabra «ángel» [mal'akh] no designaba a un tipo de criatura celestial, sino a una función. La idea de que «ángeles» es un término genérico para cualquiera de los asistentes sobrenaturales de Dios, ya sea que cumplan la función de mensajeros o no, es posterior. La mayoría de las traducciones de la Biblia toman prestado el término griego angelos, pero no en su sentido original como «mensajero», sino en su significado posterior como cualquier ser sobrenatural bajo la autoridad de Dios. De ahí que actualmente pensemos en los «ángeles» como en una raza o especie de criaturas, cuando en realidad es solo una función.

La apariencia serpentina de los Serafines probablemente tiene sus fuentes en la iconografía del uraeus egipcio, el cual se usaba como símbolo de soberanía, realeza y autoridad divina. Podemos verlo en la cabeza de todos los dioses y faraones, dándole la apariencia de una cobra. La palabra uraeus es griega, y esta es una traducción del egipcio jor, la figura de la cobra que protege a los reyes y dioses por medio de su «fuego» [veneno]. Estas imágenes se han relacionado con los Serafines de las visiones de Isaías, o quizás más directamente con la «ardiente serpiente voladora» antes mencionada, pero esto continúa siendo tema de debate, ya que una imagen de Serafines serpenteantes choca con la propia visión de Isaías, que claramente los imaginó con cabezas, piernas y brazos. La visión de los Serafines que tuvo Isaías es el único caso en el Antiguo Testamento en que esta palabra se usa para describir seres celestiales:


[«Vi también al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Sobre él estaban los serafines: cada uno tenía seis alas llenas de ojos por dentro; con dos cubrían su rostro, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Clamaban: "Santo, santo, santo, YHVH de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria".»]


Un Serafín tiene la amabilidad de llevar a cabo un acto de purificación ritual para el profeta, tocando sus labios con un carbón encendido del altar:


[«Y lo puso sobre mi boca y dijo: He aquí que esto ha tocado tus labios, y es quitada tu iniquidad, y quedas limpio de pecado.»]


Aquí, la palabra Serafines es el nombre dado a los seres celestiales que cantan el trisagio a Yahweh [repitiendo «santo, santo, santo»] y realizan un acto de purificación, que no sabemos si es ordinario o excepcional, solo para el profeta. De todos modos, Isaías es rotundo al afirmar que los Serafines tienen seis alas llenas de ojos; lo cual los excluye del concepto general de ángeles [en términos de mensajeros]. De hecho, en la Biblia no hay un solo ángel que se manifieste ante los humanos portando alas. Solo se entiende que son ángeles debido al contexto, no a su apariencia.

Si tomamos por cierta la palabra del profeta, los Serafines son seres celestiales, alados, con una pasión ardiente por las obras divinas. Sin embargo, el hecho de que su función sea alabar a Dios los excluye del estatus de ángeles. Solo en fuentes posteriores, como la Summa Theologiae de Tomás de Aquino y De Coelesti Hierarchia del Pseudo Dionisio, se considera a los Serafines como una división de los mensajeros divinos. De hecho, en algunos mitos hebreos [no bíblicos], como el Segundo Libro de Enoc, se los llama Akyəst, «dragones».

A propósito, el Segundo Libro de Enoc añade dos categorías más, además de los Serafines y Querubines, como los seres celestiales más próximos al trono divino: los Chalkydri [«serpientes de cobre»] y Chol [«fénix»], quienes estallan en cantos de alabanza al amanecer. Los Serafines, como anota Isaías, también son incanzables al alabar a Dios.

En la Cabalá, los Serafines son los ángeles superiores del Mundo de Beriah, el segundo de los cuatro planos celestiales del Árbol de la Vida, pero el primer reino creado. Al parecer, en este plano de existencia los Serafines toman conciencia de su distancia de la divinidad absoluta, lo cual provoca su continuo ardor. Es la teología cristiana medieval la que sitúa a los Serafines en el lugar más alto de la jerarquía angelical. Son los guardianes del trono de Dios, cantando continuamente como en la visión de Isaías.

El aspecto de los Serafines tiene raíces filosóficas muy profundas, pero difícilmente puedan ser asociados a los ángeles en la imaginación popular actual. Si una criatura de aspecto humanoide, con seis alas llenas de ojos, rodeada de llamas, se presentara en tu habitación, probablemente lo último que pensarías es en un ángel; sin embargo, los Serafines y su incesante revolución alrededor del trono divino, su ardor incansable, que los enciende y purifica, pero también los consume, proviene de la noción cabalística del Mundo de Beriah, el plano del autoconocimiento. En otras palabras, los Serafines saben que nada puede conocer el comienzo y el fin de todas las cosas, excepto Dios; y por alguna razón esto los obliga, por un lado, a alabar al Creador, y por el otro a arder perpetuamente [ver: Metatrón: el ángel que fue dios]

Orígenes de Alejandría va un poco más lejos al afirmar que los Serafines son los únicos seres celestiales a los que se les ha revelado todo el conocimiento de Dios, lo cual, en apariencia, los eleva al papel de seres divinos. Sin embargo, el hecho de que Dios revelara a los Serafines todo su conocimiento no implica que estos lo hayan comprendido. De hecho, técnicamente les sería imposible comprenderlo todo; porque está escrito: «La mayor parte de las obras de Dios son secretas». Orígenes fue criticado por hacer estas afirmaciones y la iglesia cristiana lo calificó de hereje. Sin embargo, su teoría sobre los Serafines tiene raíces muy fuertes en las creencias cristianas primitivas.

Tomás de Aquino intenta explicar el aspecto llameante de los Serafines de acuerdo a la naturaleza imperfecta, aunque elevadísima, de estos seres. Los Serafines, que de todos los seres creados son los que más se acercan a la comprensión del plan divino, arden por su deseo de completar ese plan. En otras palabras, son impacientes [ver: ¿Tocada por un ángel o quemada por un demonio?]

En este sentido, la figura del fuego los identifica por su movimiento ascendente y continuo. Sus llamas, su ardor, los eleva hacia Dios; los purifica, los convierte en una luz inextinguible que quema, pero también los hace suceptibles a la impaciencia ante el ritmo aparentemente pausado de los planes divinos, incluso a la rebelión.

Uno de los Serafines que perdió su lugar divino en la demonología medieval es Samael, quien originalmente era considerado el Guardián de Dios, y cuyo nombre a veces se traduce como «veneno de Dios», lo cual parece, digamos, poco angelical, pero ya hemos visto la relación entre el fuego y el veneno que arde con los Serafines. Además, samael en hebreo también significa «izquierdo», y por eso en algunas tradiciones se consideraba a Samael la «mano izquierda de Dios».

En su función de guardián del fuego divino, Samael vuelve a expresar todos los atributos simbólicos de los Serafines. La palabra hebrea para «guardián» es samar, básicamente el nombre de los círculos de espinas colocadas alrededor de las ovejas para protegerlas. Irónicamente, la letra hebrea samej es una imagen cruda de una serpiente urobórica envuelta alrededor del Eterno.

Es importante entender que los Serafines y las serpientes solo están relacionados de manera simbólica, en general aludiendo al fuego o ardor que causa su mordida. No parece haber ninguna relación directa entre Dios y seres con aspecto de serpiente; de hecho, hay pocas posibilidades de que el pueblo hebreo antiguo haya desarrollado una actitud positiva hacia las serpientes, como fue el caso en Egipto y Grecia. Ciertamente nunca hubo ningún culto hebreo a la serpiente. Sin embargo, el uraeus egipcio y el Serafín tienen mucho en común: ambos son criaturas ardientes, voladoras, que son reconocidos por sus funciones protectoras, y ambos están igualmente asociados con los poderes divinos y la autoridad real [ver: El olor de los ángeles, demonios, espíritus y fantasmas]

Los textos bíblicos operan como todas las mitologías: por medio de categorías proporcionadas por la experiencia mundana. En este sentido, la metáfora del mensajero encaja muy bien en el contexto más amplio de retratar a las deidades como humanos. En el Antiguo Testamento hay tres tres metáforas centrales que organizan la red de descripciones divinas: [a] Dios es como un patriarca; [b] Dios es como un creador; [c] Dios es como un rey. La teología posterior tomó la segunda y la elevó a la categoría suprema, pero la última [Dios es como un rey] es la más influyente en el contexto bíblico. De hecho, el Dios del Antiguo Testamento se comporta como el un típico tirano del Cercano Oriente. En calidad de rey, entonces, Dios posee a sus mensajeros [los ángeles], sus ejércitos [liderados por arcángeles] y su corte [los Serafines y Querubines]. Sin embargo, todas estas instituciones deben ser tratadas como metáforas.

Pero incluso en el terreno de la metáfora existe una entidad percibida por siglos de intérpretes y exégetas como una figura teológicamente problemática: el Ángel del Señor.

Casi todas las apariciones de mal'akh Yahveh siguen el mismo patrón: la narración presenta al Ángel del Señor, quien se comporta como si fuera una deidad; por ejemplo, prometiendo fertilidad, aniquilando a todo el ejército sin esfuerzo, o simplemente presentándose como Elohim o Yahveh. Las personas presentes, además, reverencian al Ángel del Señor de una forma reservada exclusivamente a Dios. Estos incidentes dejan al lector con varias preguntas. ¿Quién es este Ángel del Señor? ¿Acaso no todos los ángeles son del Señor? ¿No será que es el propio Dios quién acaba de aparecer? Pero, en ese caso, ¿por qué se lo llama Ángel del Señor?

Existe una numerosa cifra de explicaciones que se esfuerzan por dilucidar esta entidad; y todas introducen conceptos adicionales, es decir, que no están en el texto original: se trata de Cristo preencarnado, una manifestación terrenal de Dios, un Serafín fundido con la imagen divina, etc. En otras palabras: la teología tiende a imponer un significado que nada tiene que ver con la carga cultural y con el contexto histórico. Lo cierto es que El Ángel del Señor habla como si fuera el Señor del mismo modo en que los antiguos mensajeros reales utilizaban la primera persona para comunicar su mensaje, es decir, hablaban como si fueran el propio consignatario. En este contexto, los Serafines rodeando el trono divino y repitiendo una y otra vez la misma alabanza quizás sean una versión exagerada de una corte real.

Otro Serafín prestigioso es Lucifer, antes de su caída en desgracia como Satanás, aunque Tomás de Aquino insistió en que Satanás no era un Serafín, sino un Querubín, argumentando que los Querubines se derivan del conocimiento, que es compatible con el pecado, mientras que los Serafines derivan de la caridad, y que por esa razón son impermeables a la tentación. De hecho, Santo Tomás afirma que ni un solo Serafín se unió a la rebelión, y que ninguno de ellos cayó como demonio [ver: De las guerras celestiales]. A pesar de estas afirmaciones, antiguamente se representaba a Lucifer con doce alas, indicando que su estatus incluso estaba por encima de los demás Serafines.




Angelología. I Mitología.


Más literatura gótica:
El artículo: La verdadera historia de los Serafines [y otros no-ángeles] fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Cuando algo invisible te toca la espalda


Cuando algo invisible te toca la espalda.




Viernes en el Consultorio paranormal de El Espejo Gótico, esta vez con una experiencia sumamente común: la sensación de que algo invisible te toca la espalda (ver: Cuando algo invisible te toca)

Después de la experiencia diremos algo sobre este fenómeno.


***

Primero quiero saludar al equipo de El Espejo Gótico. Me encanta la sección del Consultorio Paranormal y quiero compartir mi experiencia. En realidad, son tres. Intentaré ser lo más breve posible.

La primera ocurrió alrededor de las 3 de la madrugada. Estaba acostada de lado, con el cabello recogido, y el lado izquierdo del cuello expuesto. Era pleno verano, así que no estaba tapada. Tenía los auriculares puestos y escuchaba música cuando sentí como dos dedos tocando mi cuello, no en puntos diferentes, sino que se sentía como si los dos dedos se mantuvieran juntos (ver: ¡No puedo dormir sin taparme las orejas!)

Tan pronto como sucedió, me saqué los auriculares y me senté. Estaba aterrada. No podía moverme. Recuerdo que finalmente volví a acostarme, pero tenía tanto miedo de cerrar los ojos que me quedé sentada preparándome para que algo horrible ocurriera en cualquier momento (ver: Un espíritu está tratando de comunicarse conmigo)

Nunca antes había experimentado algo como esto. En la cama a veces siento como si algo me estuviera tocando la espalda, como si me acariciara suavemente, pero estoy segura de que hay una explicación para eso. Sin embargo, esta cosa de tocarme el cuello fue horrible porque realmente se sentían los dedos sobre mí. Me hizo sentir muy vulnerable (ver: Me siento observada en mi casa)

Mi segunda experiencia ocurrió alrededor de la medianoche. Estaba acostada tratando de quedarme dormida, cuando juro que escuché que la perilla de la puerta comenzaba a moverse. De repente, la habitación se sintió muy fría (ver: Los «Puntos Fríos» y los fantasmas). Luego, antes de que pudiera reaccionar, sentí unos dedos grandes y fríos presionando mi espalda y moviéndose lentamente por mi columna hasta llegar al área de la cadera.

Mi tercera experiencia también sucedió de noche. Me estaba quedando dormida y sentí que alguien me acariciaba la espalda. Estaba en la cama con mi esposo, sin embargo, estaba acostada de lado, mirando hacia él. Mi espalda no estaba cerca de él; de hecho, él ya estaba roncando en ese momento (ver: Señales de que hay un espíritu en tu casa)

Así que, justo cuando estaba por quedarme dormida, siento que alguien invisible me toca la espalda, como si me acariciara suavemente desde la parte inferior de la espalda hacia arriba. Al ver que no era mi esposo, mi corazón comenzó a acelerarse. Me moví, incómoda, y pensé en cualquier excusa lógica para no preocuparme demasiado (ver: Algo invisible se metió en la cama conmigo)

Volví a la misma posición para dormir, y de nuevo llegué a ese momento antes de quedarme totalmente dormida, ¡y sucedió de nuevo! Tenía miedo, mucho, así que literalmente no me moví. Volví a sentir una tercera vez una mano invisible en mi espalda unos segundos después, cuando ya estaba completamente despierta y alerta (ver: Sentir que hay un espíritu en casa)

Recé algunas oraciones, aunque no soy una mujer religiosa, y después de un rato finalmente me dormí. Sin embargo, durante todo el día siguiente sentí una extraña sensación de energía en esa parte de mi espalda. No duele, pero puedo sentir la energía fluyendo en esa área o algo así (ver: Parásitos astrales y las «malas energías»)

Despúés de eso, han ocurrido otros episodios, pero nunca tan marcados. Por ejemplo, estando en la ducha, enjuagándome el cabello, y sintiendo que algo me tocaba en la cadera, como si estuviera tratando de llamarme la atención, cuando no había nadie en el baño conmigo y la puerta estaba cerrada (ver: La energía negativa en mi casa se manifestó)

Espero no haberme extendido demasiado. Espero con mucho interés la respuesta de El Espejo Gótico.

***


Antes de analizar este fenómeno, es importante aclarar que las alucinaciones táctiles son muy comunes. Se trata de la percepción de que algo nos toca cuando en realidad no hay ningún estímulo externo que lo justifique.

La alucinación táctil, entonces, es una percepción sensorial falsa de contacto físico con una persona u objeto que no está ahí. Al igual que muchas formas de alucinaciones, esta no se limita a personas que padecen una enfermedad mental. Pueden tener muchas causas. Una de las más comunes es sentir que hay cosas que se mueven por nuestro cuerpo, como insectos que se arrastran por debajo o por encima de la piel. Esto generalmente se llama Formicación.

Dicho esto, entremos en el terreno paranormal.

Las sensaciones táctiles son un fenómeno paranormal muy frecuente, pero que se descarta fácilmente, salvo cuando es recurrente. En el espiritismo, por ejemplo, se cree que estos toques fantasmales son intencionales, y que invariablemente están destinados a quien lo recibe (ver: Un golpe: «SÍ»; dos golpes: «NO»; tres golpes: «DÉJAME ENTRAR»)

Se trata de un tipo de contacto físico y psíquico a la vez. Puede provocar una inmensa variedad de sensaciones en el receptor, y a menudo se anuncia de antemano, es decir, algo cambia en el ambiente, algo indefinible, antes de que la persona sea tocada, normalmente en la espalda y las piernas (ver: Siento que hay alguien detrás mío)

El efecto de la sensación del toque fantasmal puede variar. Algunas personas sienten como si lo produjera un objeto blando, pero también como las patas de un animal, una mano humana, telarañas, flores y dedos. El tacto en sí puede ser fuerte, suave, seco, húmedo, pegajoso o frío (si es caliente puede deberse a una entidad no humana). Puede sentirse como un pequeño golpe, una caricia, una bofetada, una patada, un pinchazo, un empujón, un puñetazo o incluso un beso (ver: Algo invisible me besó).

En casos más extremos pueden aparecer quemaduras, arañazos, ampollas y ligeras decoloraciones de la piel (ver: ¿Pueden los espíritus tocarte?)

Entre los toques fantasma agradables, por llamarlos de algún modo, están los abrazos, súbitas brisas en el rostro sin causa aparente (ver: Cuando algo invisible te respira en la cara). Estos fenómenos van acompañados de Experiencias Aparicionales, es decir, cuando sentís una presencia cerca; particularmente la sensación de que alguien está sentado a tu lado. Algunos sostienen que este tipo de toques son en realidad mensajes enviados por entidades guardianas, o ángeles (El olor de los ángeles, demonios, espíritus y fantasmas)

Estos eventos de toque fantasma ocurren cuando la persona que los recibe podría necesitar un estímulo positivo. Más que un toque, este tipo de sucesos se experimentan como abrazos, caricias, alguien sosteniendo tu mano, frotando tu cabello, palmeando tu hombro o espalda (ver: Algo me tira de los pies en la cama)

Los espíritus a menudo se manifiestan en el mundo físico a través del aire. Un toque fantasma a veces se experimenta como una suave brisa que te roza la cara o alborota tu cabello; desde ya, cuando no hay una causa lógica que lo explique. Otro signo revelador es el movimiento localizado de objetos, por ejemplo, papeles en una mesa cercana que se mueven sin explicación.

Hay toques invisibles que producen sensaciones líquidas, sumamente raras. En estos casos es posible que la persona experimente la sensación de un líquido cálido sobre la piel, como miel o aceite. Parece extraño, y hasta desagradable, pero aquellos que han tenido esta experiencia la describen como sumamente placentera.

Ahora bien, antes de sentir que algo invisible te toca la espalda, o por tal caso en cualquier otra parte del cuerpo, suele ocurrir un cambio repentino en el ambiente. Algunos lo describen como la sensación de alguien sentado al lado, una presencia física, aunque invisible, que de algún modo irradia energía, la cual puede ser positiva o negativa, dependiendo de la entidad y sus intenciones.

Los espíritus demoníacos básicamente actúan sobre la atracción y la invitación, de modo tal que no pueden tocar sin que previamente hayan sido atraídos o invitados por la persona (ver: Invité a un demonio a mi casa). Por lo general, esto sucede cuando se intenta comunicarse con los espíritus sin saber sin saber exactamente lo que se está haciendo (ver: Ouija: errores frecuentes, peligros y consecuencias)

El toque de un demonio, o de una entidad no humana negativa, no se siente diferente a ser tocado por un humano, al menos en términos físicos, pero produce reacciones instintivas extremas. Ser tocado por una de estas entidades se siente como si te tocara algo absolutamente horrible, desagradable y repugnante.

El tema de los toques psíquicos se ha discutido mucho (y volveremos a hacerlo en e futuro), pero es un fenómeno tan subjetivo que poco o nada se puede concluir sobre él. La sensación de que algo invisibe te toca la espalda no es algo que pueda medirse realmente. Por otro lado, una amplia variedad de sensaciones corporales asociadas, que van desde lo ordinario hasta lo espectacular, también pueden atribuirse a acciones completamente internas. Pero aquí entramos en el terreno de a autosugestión, y eso será motivo para otra entrega del Consultorio Paranormal de El Espejo Gótico.




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


Más Consultorio Paranormal:
El artículo: Cuando algo invisible te toca la espalda fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción, enviar consultas o compartir tu experiencia, escríbenos a elespejogotico@gmail.com

¿Por qué no hay ángeles mujeres? La diversidad de género en el cielo


¿Por qué no hay ángeles mujeres? La diversidad de género en el cielo.




En el arte existe una gran cantidad de imágenes de ángeles mujeres, sin embargo, en los mitos bíblicos la feminidad de los ángeles está prolijamente ausente. Contrariamente a lo que sucede en el infierno, donde la diversidad de género parece más equilibrada, con una gran cantidad de demonios femeninos, la Biblia no propone ni un solo nombre, ni una sola referencia, acerca de un ángel mujer.

Para soslayar esta incómoda falta de referencias, muchos teólogos sostienen que los ángeles no son hombres o mujeres, es decir, masculinos o femeninos, al menos en la forma en la que los seres humanos entendemos y experimentamos las diferencias de género.

No obstante, cada vez que la Biblia menciona la palabra «ángel» siempre se la utiliza en su forma masculina. De hecho, cuando los ángeles se manifiestan ante personas, en la Biblia, siempre se los ve como hombres; y cuando se les da un nombre, siempre es masculino.

¿Dónde están, entonces, los ángeles mujeres?

La palabra hebrea para ángel es מֲלְאָךְ (Malak), que luego sería traducida al griego angelos. Ambas significan «mensajero», y ambas son sustantivos masculinos. En este sentido, si tomamos a la Biblia como única referencia sobre el tema, todo parece indicar que no hay ángeles femeninos, sin embargo, quizás la palabra ángel no designe a una especie después de todo, sino más bien a un cargo, un oficio exclusivamente masculino.

Como decíamos anteriormente, todas las apariciones de ángeles en la Biblia describen fisionomías masculinas. La mayoría de estas apariciones son genéricas, es decir, el ángel no dice su nombre, y simplemente se encarga de hacer su trabajo, a menudo anunciar algo. Pero cuando se les da un nombre, siempre son masculinos, aunque tampoco son demasiados. La Biblia solo nombra a dos ángeles por su nombre: Gabriel y Miguel.

El único que hace una referencia a lo que podrían ser ángeles mujeres es Zacarías, quien menciona la aparición de dos mujeres con alas. Algunos interpretan que podrían tratarse de ángeles femeninos, pero lo cierto es que Zacarías no utiliza la palabra ángel para referirse a ellas, y sí lo hace ante seres alados con aspecto varonil.

Para colmo, Zacarías observa que esas dos mujeres aladas vuelan llevando la canasta de la maldad. Las describe con alas de cigüeña, un pájaro impuro en los mitos hebreos. Esta es la única referencia posible de ángeles femeninos en la Biblia: mujeres portando el mal, básicamente, y asumiendo la forma de un ave inmunda.

Pero, si no hay ángeles mujeres en la Biblia, ¿por qué a menudo los ángeles son representados en el arte con aspecto femenino?

Al no contar con referencias bíblicas, es decir, con un sustento oficial, digamos, es posible que esas representaciones femeninas de ángeles estén relacionadas con antiguas tradiciones paganas, que poco a poco se fueron integrando al pensamiento y, sobre todo, al arte cristiano.

Muchas mitologías, sobre todo los mitos griegos, utilizan la figura de mujeres aladas. Algunas diosas paganas también tenían alas —como Nike, la mensajera de la victoria—, y en cierto modo se comportaban como ángeles, apareciendo repentinamente, entregando mensajes, empuñando espadas y luchando en los campos de batalla, como las valquirias de los mitos nórdicos.

Quizás los teólogos estén en lo cierto, y los ángeles no sean hombres o mujeres en términos humanos, pero en ese caso debería existir, al menos, una sola referencia a un ángel mujer, o al menos con atributos tradicionalmente asociados a la feminidad. El problema, en última instancia, tal vez se resuma a una cuestión de perspectiva.

La Biblia aporta muy poco sobre el tema de los ángeles. Algo sobre las jerarquías angélicas, algo sobre la improductividad reproductiva de los ángeles, y no mucho más. Si bien se aclara que los ángeles no pueden producir descendencia angelical, esto no significa que no posean género; de hecho, hay una gran cantidad de ángeles caídos mujeres, y otros que, tras la caída, como Semihazah, engendraron criaturas híbridas con mujeres humanas, los Nephilim (ver: Sobre las Guerras Celestiales).

Uno puede morir de literalidad aquí, porque podríamos utilizar el mismo recurso para decir que el epíteto: hijos de Israel no hace referencia a las mujeres de aquella tierra, lo cual es absurdo.

El hecho de que los ángeles caídos puedan participar en actividades reproductivas, aunque ilegítimas, y sujetas al castigo divino, argumenta a favor de la posibilidad de que haya más de un género entre los ángeles. ¿Entonces por qué no se mencionan ángeles mujeres? Bueno, aquí entra a jugar la cuestión de perspectiva de la que hablábamos antes.

El hecho de que no haya ángeles femeninos quizás se deba a que toda la actividad angelical en la Tierra descrita en la Biblia es de naturaleza militar.

Los ángeles o envían mensajes o luchan, a veces en una especie de guerra fría contra los demonios. En este contexto, era impensado imaginar a las mujeres involucradas directamente en estos asuntos, tradicionalmente masculinos.

Por eso mismo, tal vez, la palabra ángel no refiera a una especie de entidad celestial en particular, sino a un oficio, una misión, encarnada en un ser de naturaleza intermedia entre lo espiritual y lo corporal. Siendo oficios que, en la Tierra, pertenecían al género masculino, es lógico suponer que sus representantes celestiales asuman una forma análoga en nuestro plano.

Sabemos también que los ángeles están restringidos en términos de tiempo y espacio, y que tienen una forma y una existencia limitada, como los humanos, aunque con parámetros más amplios. No son seres absolutamente espirituales, sino que poseen algún grado de corporeidad, o densidad espiritual, por decirlo de algún modo.

El enfoque tradicional entre lo material y lo espiritual se vuelve difuso aquí, y hasta incorrecto; porque los ángeles existen únicamente dentro de la Creación, de manera tal que su espiritualidad, en cierto modo, posee algún grado de materialidad, incluso si está mucho más allá de nuestra capacidad de comprensión.

Al no tener cuerpos físicos, al menos como nosotros los concebimos, las diferencias de género entre ángeles resultan irrelevantes. Sin embargo, cuando interactuan con el mundo material sí asumen una forma humana, preponderantemente masculina, pero como ya hemos visto, esto se relaciona con una cuestión de oficios; pero también de logística. Un ángel femenino, en tiempos bíblicos, habría sido ignorado o considerado como un engaño.

En resumen: no tenemos una idea precisa sobre cómo funcionan las relaciones entre ángeles, y menos aún entre ángeles y mortales. Dentro de la Biblia todas las interacciones de ángeles con humanos involucran el cumplimiento de deberes tradicionalmente asociados a lo masculino. En este sentido, realmente no debería sorprender que no haya evidencia de ángeles femeninos en las Escrituras.

Hasta aquí nos referimos únicamente a la Biblia, pero también hay otras referencias interesantes, como John Dee, quien aseguró haber aprendido el Enoquiano: el lenguaje de los ángeles, y haber descubierto una sutil trama de intrigas y pasiones entre los ángeles en El libro de Enoc; obra profana, blasfema en cierto punto, y quizás por eso encantadora.

Allí, por ejemplo, se habla de Yecum, un ángel mujer, caída en desgracia, enviada por Dios a seducir a los ángeles caídos; y también de Aradia, nada menos que la hermana de Lucifer.




Ángeles. I Mitos bíblicos.


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Sobre espejos mágicos y seres interdimensionales


Sobre espejos mágicos y seres interdimensionales.




Un espejo mágico tiene múltiples usos. Uno puede pedirle pronósticos, procurarse poder, fama, fortuna, entre otras banalidades, pero el uso más impensado para este tipo de dispositivos es la ciencia.

Y eso es exactamente lo que John Dee le pidió a su espejo mágico: no ya el conocimiento de cuestiones abstractas, filosóficas, sino sabiduría respecto de las leyes naturales que rigen el cosmos.

De todos los canales de comunicación posibles con seres interdimensionales, los espejos parecen ser la mejor opción. O al menos eso pensó John Dee (1527-1608), matemático, filósofo, inventor y astrólogo isabelino, quien utilizó un misterioso espejo negro con propiedades asombrosas para comunicarse estas entidades.

Sí, se trata del mismo John Dee que, según H.P. Lovecraft, tradujo el Necronomicón de Abdul Alhazred. De más está decir que el Necronomicón nunca existió (ver: El verdadero «Necronomicón» de John Dee), pero si realmente hubiese existido John Dee habría sido el único hombre de su tiempo capaz de procurárselo y de traducirlo a las lenguas vernáculas.

Mucho se ha escrito sobre el tema sin entender del todo la estatura intelectual de John Dee, de manera tal que abundan los lugares comunes, la condescendencia, y cierto halo de candor cuando se comentan sus descubrimientos acerca de seres de otras dimensiones, pero lo cierto es que la agudeza de sus afirmaciones, el ingenio con el que plantea nuevas ideas, nuevas formas de concebir el universo, son lo suficientemente audaces como para tomarlas en serio.

La leyenda sostiene que, cierto día, John Dee fue visitado por una entidad no humana que irradiaba luz. La llamó «ángel» (ver: La Ley de Atracción y los ángeles de John Dee), pero no porque creyera que lo fuese, sino más bien para simplificar la anécdota, habida cuenta que los bestiarios astrales aún no habían sido concebidos.

Este «ángel» le entregó un Espejo Negro, a través del cual —sostuvo— podrían mantener una comunicación más fluida. Este Espejo Negro existe, y de hecho aún se conserva en el British Museum. Los especialistas sostienen que se trata de una pieza sólida de antracita, prodigiosamente pulimentada.

El «ángel» afirmó que, cuando John Dee mirara en el Espejo Negro, bajo las condiciones apropiadas, vería otros mundos y podría entablar contacto con inteligencias no humanas. Naturalmente, John Dee siguió al pie de la letra estas recomendaciones, y los contactos comenzaron a producirse con bastante frecuencia, y también con todas las dificultades que podemos imaginar cuando uno intenta dialogar con un ser de otra dimensión.

Hay que decir que John Dee llevó un registro detallado de estas conversaciones a través del Espejo Negro. En principio, la comunicación fue telepática, y a través de ella el «ángel» lo fue instruyendo en el manejo de su lengua, al comienzo, rudimentario. Esta lengua seria conocida como Enoquiano.

Es importante mencionar que el enoquiano es la primera lengua sintética (o la primera lengua no humana) sobre la cual se tiene conocimiento. Si fue un invento, fue el primero, y quizás el más extraordinario de todos: una lengua compleja, con su alfabeto y su gramática, pero diametralmente opuestas a las lenguas humanas. De todos los textos enoquianos que se preservan, muchos hacen referencia a matemáticas más avanzadas que las conocidas en la época de John Dee.

Otra dificultad que advirtió John Dee al usar el Espejo Negro es que no conseguía recordar con exactitud las conversaciones que mantenía con estos seres de otra dimensión, las cuales podían prologarse durante varias horas. Sus registros eran meticulosos, es cierto, pero solo en aquellos puntos que recordaba con claridad.

Desgraciadamente, John Dee tuvo que recurrir a un par de amanuenses que, en última instancia, lo llevarían a la perdición. Sin embargo, su decisión es perfectamente racional: se necesitaba a alguien más que conversara con el «ángel», o bien que tomara notas. De otro modo buena parte de los diálogos se perdería irremediablemente.

Para 1597, John Dee había recogido un vasto corpus de conversaciones, y anunció que pronto serían publicadas. Desde entonces, fue víctima de una feroz persecusión, a tal punto que una turba de enajenados, agitada por rumores que vinculaban al filósofo con la nigromancia y la magia negra, ingresó en su domicilio particular. Nadie se atrevió a tocar el Espejo Negro, pero la voluminosa biblioteca de John Dee, según se dice, con más de 4000 libros prohibidos, así como buena parte de los manuscritos donde habían sido registradas las conversaciones, fueron quemados.

Claro que un matemático del calibre de John Dee, que además fabricaba autómatas con una facilidad pasmosa, también puede ser un hombre ingenuo, incluso crédulo, y hasta un estafador. Pero nada de eso excluye la posibilidad de que haya realizado un descubrimiento asombroso.

Hoy en día no parece tan irracional que John Dee haya establecido algún tipo de comunicación telepática con entidades no humanas del plano astral, o bien con seres interdimensionales. Después de todo, era natural, para la época, que se le atribuyese a esas entidades un origen angélico.

Además, la necesidad del enoquiano para agilizar la comunicación es otro dato importante. La idea de inventar una lengua no corresponde a la época de John Dee, y tampoco concuerda con su mentalidad. De hecho, la primera lengua sintética aparecería mucho más tarde, y sin un ápice de la complejidad del enoquiano, un lenguaje absolutamente completo y diferente de cualquier lengua humana conocida.

Tampoco es descabellado que John Dee haya creado el enoquiano desde su subconsciente, y que el Espejo Negro haya servido únicamente como anclaje o herramienta para concentrar su energía mental, pero esta última hipótesis es tan fantástica que la posibilidad de comunicarse con seres interdimensionales.

Lo cierto es que no podemos excluir que el autor de La Mónada Jeroglífica (Monas Hieroglyphica), mediante una especie de ejercicio de autohipnotismo, quizás favorecido o acelerado por el Espejo Negro, claramente un elemento indispensable para la comunicación con el «ángel», consiguiera cruzar la frontera con otras dimensiones.

Además, según lo confiesa él mismo, el filósofo estaba desprovisto de dotes paranormales, de manera tal que se centró en el aprendizaje del enoquiano para asimilar de aquellos seres todo el conocimiento que fuera posible. Lamentablemente, no hay mucho margen para las deducciones acerca de la naturaleza física de esas entidades, o de su ubicación en el cosmos, si tomamos como referencia en material nos dejó John Dee. Simplemente asegura que son telépatas, y que pueden viajar en el pasado y el futuro. Este último dato es significativo, ya que ésta es la primera vez que se formula la idea de los viajes en el tiempo tal como los concebimos actualmente.

La verdadera ambición de John Dee era aprender de estos seres de otros planos o dimensiones todo el conjunto de leyes naturales que gobiernan el universo a través de las matemáticas. No se trataba, entonces, de nigromancia, ni siquiera de espiritualidad, sino de ciencia, de conocimiento.

Desgraciadamente, la mayor parte de las notas desaparecieron en el incendio de 1597, otras fueron destruidas, pero las que sobrevivieron revelan datos asombrosos, como la afirmación de que el universo está compuesto de varias esferas superpuestas, alineadas a lo largo de otras dimensiones o planos.

John Dee pasó sus últimos años en la ruina económica y social. Debió vender sus pertenencias, aún las más elementales para la supervivencia. Desacreditado, murió en 1608, según dicen, de hambre.

El rey Jacobo I, que sucedió a Isabel, su gran protectora, se encargó de que los escasos manuscritos que sobrevivieron al incendio fuesen robados, así como buena parte de sus notas. La corona se apropió del Espejo Negro, que aún se conserva en el British Museum, aunque de poco sirvió. Al parecer, los seres interdimensionales, o «ángeles», cesaron de comunicarse con nuestro plano cuando murió una de las mentes más brillantes de la época; haya sido un estafador, un loco, o un visionario.




Fenómenos paranormales. I Misterios.


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Vörðr: el ángel de la guarda de los Vikingos


Vörðr: el ángel de la guarda de los Vikingos.




El concepto de Ángel de la Guarda, entendido en términos de espíritu guardián, se extiende por muchos pueblos y religiones a lo largo de la historia, pero en ningún lado adquirió matices tan excepcionales como entre los Vikingos.

En los mitos nórdicos, lo más parecido a un ángel de la guarda es el Vǫrðr, básicamente un espíritu guardián que acompaña a la persona desde el instante de su nacimiento hasta su muerte, momento en el cual procede a adjudicarse otras responsabilidades sobre el alma, o hugr, de su custodiado.

No es infrecuente encontrar conflictos jurisdiccionales en las leyendas escandinavas. Las obligaciones de una criatura a veces se oponen a las de otra, generando una gran confusión en torno al sistema forjado por Odín. Por ejemplo, el Vǫrðr a veces debe luchar contra Fylgja, un espíritu cuya ocupación es hacer que la persona cumpla su destino superior, es decir, aquel que fue diseñado por las Nornas; no obstante, este destino puede ser desgraciado, y el Vǫrðr hará todo lo posible para torcer su devenir.

En ocasiones Vǫrðr se manifiesta como una pequeña esfera de luz, un chispazo, de movimientos impredecibles. Puede asumir la forma de la persona que custodia con el objetivo de comunicarle algo de gran importancia. No es exactamente un doppelgänger, pero su presencia se percibe claramente, y puede provocar variadas sensaciones físicas, como por ejemplo cierta picazón en una mano o en la nariz; señales más bien discretas, pero que para los vikingos eran signos inequívocos de la presencia del Vǫrðr tratando de decirnos algo.

Se cree que las personas más sensibles pueden percibir al Vǫrðr antes de que su custodiado llegue a determinado lugar; algo similar a lo que ocurre con el Etiäinen en el folclore finés. De más está decir que esto también puede producir cierto desconcierto, sobre todo entre familiares y allegados, en aquellas ocasiones en las que un invitado parece llegar dos veces.

No solo los humanos poseen un ángel de la guarda —o mejor dicho, un espíritu guardián— dentro de los mitos nórdicos. Otros seres venerables también pueden acceder a esa distinción. Por allí tenemos a Hyldemoer, el espíritu guardián de los árboles; e incluso a los Vårdträd, cuyo nombre significa «árbol guardián», algo así como un espíritu que habita en determinados árboles y que puede, mediante promesas o sacrificios, realizar algún tipo de favor.

La historia de Vǫrðr nos permite responder una pregunta que los mitos bíblicos prefieren no abordar, quizás por una excesiva prudencia teológica: ¿cuál es el destino del ángel de la guarda después de la muerte de la persona que protege? ¿Se le asigna otra? ¿Regresa a la fuente eterna de la que surgió en primer lugar? ¿Se desintegra en el olvido?

Lo cierto es que nadie sabe adónde van los ángeles de la guarda en este punto, ni siquiera si efectivamente van a algún lado, pero sí sabemos cuál es el destino del Vǫrðr cuando la persona que protege muere.

Si la persona tiene una muerte digna —según los estándares nórdicos—, el Vǫrðr se quedará en el plano terrenal hasta que el alma o hugr de la persona regrese para la batalla final en el Ragnarok. Si es alguien que ha muerto en combate, se unirá a él en el ejército de los Einherger; si, en cambio, falleció en circunstancias poco honrosas, como la enfermedad o la vejez, lo acompañará en las frías planicies del Hel.

Hay una tercera posibilidad para el destino del Vǫrðr. En lo personal, me parece la más interesante.

Si una persona es asesinada, el Vǫrðr hará todo lo posible para vengarla. Al igual que las Erinias, Furias y Euménides de los mitos griegos, el Vǫrðr dejará de lado su función como ángel de la guarda para convertirse en un espíritu vengador, capaz de perseguir y atormentar a los asesinos durante el resto de sus vidas.

El éxito de esa venganza depende en gran medida de la fuerza de su Vǫrðr contrincante, que también hará todo lo que esté a su alcance para proteger a la persona que se le ha asignado, incluso si es un asesino.

Es interesante mencionar que la palabra inglesa wraith, que podemos traducir por «espectro», proviene de la palabra Vǫrðr; en este caso, en su faceta de espíritu vengador, así también como la palabra warden, «guardián», tiene su origen en este extraño ángel de la guarda de los vikingos.




Mitología. I Seres fantásticos de la mitología.


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Doreen Virtue: libros de angelología y magia


Doreen Virtue: libros de angelología y magia.




Doreen Virtue es una de las personalidades más destacadas en el ámbito del estudio de los ángeles, o angelología. En este sentido, los libros de Doreen Virtue también se ocupan de otros fenómenos paranormales, como las hadas y la presencia de seres mitológicos en ámbitos insospechados.

En esta sección iremos recogiendo todos los libros de Doreen Virtue.




Libros de Doreen Virtue.
  • Cómo conectarse con los arcángeles (How to Connect Closely with Archangels)
  • Cómo escuchar a tu ángel de la guarda (How to Hear Your Angels)
  • Hadas: como conectarse, trabajar y sanar con las hadas y otros elementales (Fairies 101: An Introduction to Connecting, Working, and Healing with the Fairies and Other Elementals)
  • Números de los ángeles (Angel Numbers)
  • 10 mensajes que los ángeles quieren que sepas (10 Messages Your Angels Want You to Know)
  • Arcángeles y maestros ascendidos (Archangels and Ascended Masters)
  • Despierta tu poder índigo.
  • El camino de los trabajadores de la luz.
  • El tarot de los ángeles (Angel Tarot Cards)
  • Guía de la diosa (Goddess Guidance)
  • Guía diaria de tus ángeles (Daily Guidance From Your Angels)
  • Limpieza de chakras (Chakra Clearing)
  • Los ángeles del romance (The Romance Angels)
  • Magia divina (Divine Magic)
  • Mensajes de los ángeles: ¿qué quieren los ángeles de tí? (Messages From Your Angels: What Your Angels Want you to Know)
  • Mensajes mágicos de las hadas (Magical Messages from the Fairies)
  • Sanando con las hadas (Healing with the Fairies)
  • Sanando con los ángeles (Healing With The Angels)
  • Terapia con ángeles (The Angel Therapy)
  • Unicornios mágicos (Magical Unicorn)




Libros prohibidos. I Libros extraños.


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La Ley de Atracción y los ángeles obedientes de John Dee


La Ley de Atracción y los ángeles obedientes de John Dee.





Mucho se habla en estos tiempos de la Ley de Atracción, aquella creencia de que los pensamientos son, en síntesis, unidades energéticas capaces de influir en el universo.

Según sus devotos, al pensar de forma positiva, por ejemplo, deseando intensamente que algo se cumpla, esas unidades energéticas se sincronizan con la frecuencia del objeto o del hecho deseado, logrando atraerlo irremediablemente hacia el sujeto.

En esencia: la Ley de Atracción propone que basta pensar en algo con la suficiente intensidad para que ese deseo se cumpla.

Sobre esta idea podríamos objetar varias cuestiones, entre otras, que no hay deseo más intenso que el deseo de vivir; de modo tal que, si la Ley de Atracción fuese cierta, viviríamos en un mundo en el que las enfermedades terminales remitirían a fuerza de excretar buenos pensamientos hacia el universo.

En vista de que esto no ocurre, también es lícito plantearse si acaso los pensamientos oscuros no son mucho más eficaces que los luminosos.

Ahora bien, muchos años antes de que la Ley de Atracción fuese llamada de este modo por los presbíteros de la new age, el nigromante isabelino John Dee (1527-1608) ya había aplicado sus principios con enorme éxito, aunque con una vuelta de tuerca que no se encuentra disponible en los actuales libros de autoayuda.

Como todos los hechiceros de la época, John Dee creía en una correspondencia entre nuestro mundo y el universo, lo cual se resume en la ley de correspondencia: como es arriba es abajo. Pero el mago no consideraba del todo eficiente el método de pedirle algo al universo y esperar a que ese deseo se cumpla. Lo que intentó, y logró, en gran medida, fue obligar al universo a que cumpla sus deseos.

Después de todo, el cosmos es demasiado grande y los deseos del hombre, por lo general, varían muy poco: amor, salud, dinero, poder. Difícil creer que un deseo sincero encuentre eco en una eternidad sobrecargada de reclamos; de modo tal que John Dee se enfocó en un solo aspecto del universo, más concretamente en las criaturas ancestrales que lo pueblan: los ángeles.

De acuerdo a John Dee, cada vez que la Ley de Atracción funciona no se debe a que el universo escuchó nuestros reclamos, al menos no el universo en términos abstractos, sino a que los pensamientos del sujeto captaron la atención de los ángeles; que dentro de la filosofía del mago son descritos más como seres no humanos del plano astral que como servidores divinos desprovistos de voluntad propia.

La Ley de Atracción, entonces, opera sobre las bases de un universo en abstracto capaz de cumplir nuestros deseos, pero John Dee, sumamente impaciente, deseaba obligar a los ángeles a que cumplan esa función, y debido a eso realizó largos y ásperos estudios lingüísticos, hasta que por fin logró dominar el Enoquiano: el idioma de los ángeles; también conocido como Lengua Adánica.

En definitiva, si uno se propone interpelar a los ángeles para obligarlos a cumplir un deseo siempre es aconsejable hacerlo en un idioma capaz de vulnerar las leyes que los gobiernan. De eso se trata el Enoquiano: una lengua que no solo es capaz de describir ciertos aspectos de la realidad, como nuestras lenguas vernáculas, sino de crearla y moldearla a voluntad.

El Enoquiano apela a la responsabilidad que los ángeles asumieron cuando fueron creados: responder a cualquier solicitud formulada en su lengua. Según El libro de Enoc, esa responsabilidad es en realidad una obligación, ya que los ángeles fueron hechos a partir de los signos del Enoquiano, y no pueden sino obedecer a quien es capaz de hablarlo.

Tal parece que el primer deseo de John Dee, ya en poder de una versión un tanto degradada del Enoquiano, fue que un ángel se presentara ante él para instruirlo en profundidad en el manejo de esa lengua remota. El hecho ocurrió en 1581.

Todavía hay ciertas discusiones al respecto. Algunos sostienen que el ángel que se presentó fue Azazel, otros Semihazah; en ambos casos, ángeles caídos que fueron derrotados en la Segunda Guerra Celestial, posterior a la caída de Lucifer, Satanás y sus esbirros. Más allá de esto, se le explicó al mago que el Enoquiano es el lenguaje que el Creador utilizó para dar forma a cada aspecto del universo, y que su manejo implica también el control absoluto de la cosa creada.

Casi todas las jerarquías angélicas son capaces de hablar esa lengua, al igual que Adán y sus descendientes, pero en ningún caso con las sutilezas de la verba divina; de modo tal que el poder que se puede ejercer sobre el universo no es absoluto.

John Dee divulgó los cuarenta y nueve signos del Enoquiano, algunos breves textos con más de doscientas palabras en esa lengua, además de una áspera traducción al inglés conocida como Claves Angelicae (Claves angelicales); en esencia, un diccionario enoquiano tan incompleto como asombroso.

En este punto podemos cuestionarnos respecto de por qué John Dee no se convirtió en gobernante absoluto del cosmos, ya que contaba con las herramientas lingüísticas para obtener del universo aquello que deseara; pero al hacerlo también estaríamos subestimando la mayor ambición de los sabios, precisamente, la sabiduría.




Libros prohibidos. I Libros infames.


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Significado de las estatuas de los cementerios


Significado de las estatuas de los cementerios:




Las estatuas de los cementerios tienen un significado cultural y folklórico muy profundo; y si bien es cierto que las variantes son muchas en términos de diseño, casi todas se basan en una serie de pincipios simbólicos invariables, un patrón, si se quiere, que se repite en todos los cementerios occidentales.

Esto quiere decir que las estatuas de ángeles en los cementerios, por ejemplo, pueden variar en tamaño, diseño y estilo, pero a pesar de sus diferencias estéticas el motivo folklórico que las sustenta, en este caso, la figura mítica del ángel, posee un significado específico, y eso es precisamente lo que nos proponemos investigar en este artículo.

En primer lugar, hay que decir que todas las estatuas de los cementerios son representaciones de las distintas facetas del Espíritu Guardián de la necrópolis.

Desde la Edad Media hasta nuestros días, todos los cementerios poseen un Espíritu Guardián: un alma destinada a proteger al cementerio y sus difuntos de los espíritus diabólicos; por un lado, pero también para evitar que las almas de los fallecidos regresen a atormentar a los vivos.

Para lograr este objetivo, el Espíritu Guardián es representado a través de estatuas, cada una con sus propias características, pero cuya función es, precisamente, proteger al cementerio y a sus habitantes.

Es decir que el significado de las estatuas de los cementerios no tiene nada que ver con lo ornamental. No están ahí simplemente para adornar un nicho, una tumba, una cripta, un mausoleo o un sepulcro, sino justamente para asegurar el descanso eterno de sus habitantes.

Algunas de las formas más populares en las que este Espíritu Guardián de los cementerios es representado es bajo la forma de ángeles, leones, esfinges, águilas, perros, caballos, figuras encapuchadas, entre otras.

Antes de proseguir es importante hacer una excepción:

El Espíritu Guardián de los cementerios NUNCA es representado como una estatua mirando hacia arriba: el guardián siempre mira hacia abajo, vigilando a aquellos a quien debe proteger, o bien hacia el frente, observando sus dominios y custodiándolos.



Significado de las estatuas de leones en los cementerios:


El león es un símbolo de fuerza y poder. Casi siempre las estatuas de leones en los cementerios se encuentran en pares. Su función es custodiar la entrada a un mausoleo y evitar el ingreso de espíritus malignos.

Mientras uno de los dos leones descansa, con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, o incluso con los ojos cerrados, como si estuviese durmiendo, el otro observa atentamente hacia adelante, vigilando.

De esta forma es representado el Espíritu Guardián del cementerio en su rol de custodio. Cuando los leones aparecen en otras posiciones simbolizan el coraje de los fallecidos, quienes esperan pacientemente, como el león a su presa, el momento de la resurrección.

En los cementerios de la Antigua Roma, los leones eran utilizados para ahuyentar a las Bustuariae: las reinas del cementerio, es decir, mujeres entregaban sus cuerpos sobre las tumbas a cambio de dinero; y, ya en la Edad Media, a los nigromantes, quienes frecuentaban los cementerios para practicar ritos odiosos, como invocar a los muertos.



Significado de las estatuas de esfinges en los cementerios:


Las estatuas de esfinges son, básicamente, aquellas que poseen el cuerpo de un león y una cabeza humana. Si bien son las criaturas mitológicas más populares en las necrópolis occidentales, puede haber otras, aunque generalmente con un mismo significado en común.

Al igual que las estatuas de los leones, suelen encontrarse en pares; pero a diferencia de aquellos, las esfinges no vigilan la entrada a la tumba de visitantes indeseables, sino que su trabajo consiste en impedir que las almas de los fallecidos salgan de su sepulcro.



Significado de las estatuas de águilas en los cementerios:


Las estatuas de águilas en los cementerios suelen estar ubicadas en el techo de ciertos mausoleos. Rara vez se encuentran en pares.

Las águilas simbolizan la fe, el coraje y la generosidad; pero dentro de los cementerios usualmente representan al Espíritu Guardián en su rol de psicopompo; es decir, de guía de los muertos.



Significado de las estatuas de perros en los cementerios:


Una de las estatuas de cementerio más populares es la de un perro sentado junto a un mausoleo, tumba, cripta o sepulcro.

Pueden o no aparecer en pares; pero casi siempre se observa a un solo perro, sentado, como esperando tranquilamente a su amo, lo cual simboliza la lealtad, la fidelidad y la vigilancia del Espíritu Guardián.

En algunos cementerios existen estatuas de perros un poco alejadas de las tumbas, y siempre mirando hacia la entrada principal. Esto representa la leyenda de que el Espíritu Guardián puede perseguir a los intrusos que pasan la noche en el cementerio bajo la forma de un enorme perro negro.

No es lo más común de observar, pero en ciertos cementerios hay estatuas de perros enfurecidos, enseñando los dientes en una clara actitud agresiva. En estos casos, protegen a los fallecidos de la presencia de los Grobnik y los ghouls: vampiros de cementerio, criaturas abominables que cultivan el malicioso hábito de comer cadáveres.

También hay casos de estatuas de dos perros, un macho y una hembra. El macho generalmente se ubica a la derecha, con un objeto entre las patas, que puede ser una pelota o una pequeña presa. La hembra, situada a la izquierda desde la perspectiva del observador, aparece jugando con algún cachorro.

En ambos casos esto representa al Espíritu Guardián en su rol más piadoso y comprensivo, el cual sugiere que los lazos que construimos a lo largo de la vida continúan después de la muerte.



Significado de los caballos, alces y ciervos en los cementerios:


Las estatuas de este tipo de animales representan, en general, al Espíritu Guardián del cementerio como líder de la comunidad de difuntos, no únicamente como guardián de una tumba en particular.

Muchas veces se los encuentran en áreas del cementerio donde no hay personas enterradas, sino inhumadas en nichos, por ejemplo.



Significado de las estatuas de ángeles en los cementerios:


Las estatuas de ángeles, independientemente de su tamaño y diseño, representan al Espíritu Guardián en su rol como intermediario entre el cielo y la tierra.

Si se trata de la estatua de un ángel que llora, generalmente se ubica en un mausoleo donde está enterrado el cuerpo de una persona que falleció prematuramente. Las estatuas de ángeles con espada, en cambio, protegen al nicho familiar, es decir, a todos los miembros de la familia enterrados ahí. El mismo significado se les atribuye a los ángeles que llevan una rosa en las manos.

En los mitos bíblicos, los ángeles son algo más que simples mensajeros: son intermediarios entre el hombre y Dios; y si bien muchos de ellos son representados llorando, otros aparecen llevando en brazos a un niño, o incluso a una figura humana adulta, reflejando así su labor como transportadores de almas.

En cualquier caso, los ángeles de los cementerios cumplen dos funciones específicas: cuidar al alma, llorarla, si se trata de una muerte temprana, pero también escoltarla hacia la otra vida.



Significado de las estatuas de figuras encapuchadas en los cementerios:


Las figuras encapuchadas son, quizá, las estatuas de los cementerios más misteriosas, y poseen muchas variantes que vale la pena repasar.

Algunas figuras encapuchadas pueden verse sentadas, o bien de pie frente a la tumba que custodian. Sus rostros aparecen cubiertos, pero solo en parte, revelando facciones que no parecen ser precisamente amigables.

En este sentido, las estatuas de figuras encapuchadas representan al Espíritu Guardián en una postura que tradicionalmente se conoce como de "eterno silencio"; es decir, de quietud y paciencia por el alma que acaba de partir, la cual necesita tiempo para abandonar la tumba y ascender al cielo.

Otras figuras encapuchadas aparecen lamentándose visiblemente, a veces arrodilladas, otras inclinadas sobre la tumba o mausoleo, como si estuviesen llorando.

De acuerdo a la leyenda, las figuras encapuchadas recorren el cementerio durante la noche, con la cabeza al descubierto, para custodiar su perímetro y alejar a los malos espíritus. En cualquier caso, estas extrañas figuras están encapuchadas durante el día por la sencilla razón de que si alguien observa fijamente sus ojos podría ver su propia muerte.



Algo más acerca de los Espíritus Guardianes de los cementerios:


Para finalizar este repaso por el significado de las estatuas de los cementerios, diremos algo más acerca de sus misteriosos guardianes.

No se trata de un espíritu enviado para esa tarea, sino esencialmente del alma de la primera persona enterrada en el cementerio. Esta tradición alcanzó una enorme popularidad en la Edad Media, y se trasladó hasta nuestros días, a veces con matices sumamente perturbadores.

Algunas personas eran especialmente seleccionadas para ser los Espíritus Guardianes del cementerio. Esto, que a simple vista parece un gran honor, refleja en gran medida los oscuros ritos funerarios del pasado, ya que esa primera persona en ser enterrada en el cementerio debía, además, ser enterrada viva.

De esta forma se aseguraba que el alma no ascendiera al cielo, sino que quedara perpetuamente arraigada al cementerio. Por otro lado, el Espíritu Guardián del cementerio solo puede ser reemplazado cuando alguna otra persona es enterrada viva allí, algo que en otros tiempos ocurría con bastante frecuencia.

Más allá de estos detalles macabros, la función del Espíritu Guardián es asegurar que la frase que se encuentra tallada en prácticamente todas las tumbas se cumpla con absoluto rigor: Requiescat in Pace (R.I.P.), es decir, «descansa en paz».

Y para que los muertos descansen, él debe velar.




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