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Enoquiano, el idioma de los ángeles

Enoquiano, el idioma de los ángeles.


Existen muchos "idiomas" míticos, desde el Transitus Fluvii, el idioma de las brujas, hasta las simetrías insospechadas de El Manuscrito Voynich, conocidas como Senzar, el Lenguaje de las Flores, el Código Dorabella, el Código de Copiale, y la extraña lengua primigenia en la que Dios le habló a Adán, conocida como Lengua Adánica.

Sin embargo, de todas estas lenguas, míticas y no tanto, hay una que sobresale: el Enoquiano, el idioma de los ángeles.

El Enoquiano procede de los diarios privados del matemático, astrónomo y ocultista personal de Elizabeth I, reina de Inglaterra, llamado John Dee (1527-1608); y de su sucesor, el enigmático Edward Kelley (1555-1597), una de las figuras más notables del esoterismo del renacimiento.

Tanto John Dee como Edward Kelley sostuvieron que el Enoquiano les fue revelado como parte de una serie de mensajes angélicos, cuyo propósito era elevar la magia humana hacia un nivel completamente nuevo.

Siglos después ocurriría un episodio similar, de la mano del ocultista Aleister Crowley y sus contactos con el ominoso ángel Aiwass. De aquellas comunicaciones nacería uno de los libros malditos más escandalosos de la historia: El libro de la ley (Liber AL vel Legis).

El Enoquiano sobrevivió en los diarios y cuadernos de John Dee y Edward Kelley, junto con algunas breves traducciones al inglés. Actualmente, el Enoquiano continúa siendo estudiado de cerca por varios lingüistas destacados, aunque con más detractores que seguidores.

El Enoquiano es una lengua imaginaria que ha ganado tanta popularidad como descrédito. De hecho, incluso su nombre es inexacto. Ni John Dee ni Edward Kelley hablan jamás de enoquiano (enochian), sino de Angelical (Angelical), Lengua Celestial (Celestial Speech), Lenguaje de los ángeles (Language of Angels), la Primera Lengua del Dios Cristo (First Language of God-Christ), Lenguaje Sagrado (Holy Language), Adánico (Adamical), y otros epítetos.

El término Enoquiano procede de las teorias de Dee y Kelley acerca de que el patriarca bíblico Enoc -el mismo de El libro de Enoc- fue el último hombre en conocer todas las posibilidades de esa lengua.

La idea de que existió una lengua angélica antediluviana era algo bastante común en la época de John Dee; y no sin cierta lógica. Si los ángeles interactuaban habitualmente con la humanidad, como queda claro en muchos pasajes de la Biblia, entonces sería posible que esa interacción se diese en una especie de "lengua común", un idioma bajo y degradado para los ángeles, pero notablemente complejo para los hombres.

La primera mención al Enoquiano se produjo en 1581. John Dee anotó en su diario que Dios le envió un ángel para comunicarle directamente sus intenciones. En 1582, John Dee se unió a Edward Kelley en calidad de médium. Al parecer, juntos lograron contactarse con aquel ángel, quien les reveló algunos rudimentos del Enoquiano.

John Dee sostiene que el Enoquiano es, en definitiva, la lengua de Dios, el lenguaje que el Creador utilizó para dar una forma objetiva a su mente, es decir, para crear el universo. Los ángeles, son capaces de hablar esa lengua, al igual que Adán, pero no con los matices y las sutilezas propias del paladar divino.

Y los hombres, aún menos calificados que los ángeles, deben conformarse con una pronunciación áspera e inaxacta. Por comparación, las lenguas humanas suenan como balbuceos de bebé frente a las complejidades del Enoquiano.

Tras el bochornoso episodio del Árbol del Conocimiento (y aquella manzana que nunca existió), Adán y Eva fueron expulsados del paraíso, pero se llevaron consigo el Enoquiano, el mismo que Adán había utilizado para nombrar a todas las cosas.

En cierta forma, John Dee sostiene que, con el tiempo, el Enoquiano se fue degradando paulatinamente, hasta convertirse en lo que conocemos como proto-hebreo, con escasos vínculos con aquella lengua de los ángeles.

Las generaciones posteriores a Adán consideraron que el Enoquiano no debía ser una lengua común, sino una lengua secreta, hablada y escrita únicamente por los sabios y los sacerdotes, de modo que la escondieron. Los supuestos ángeles que se comunicaron con John Dee y Edward Kelley manifestaron que solo Enoc estuvo en desacuerdo, y que en secreto redactó un libro prohibido capaz de evocar la magia primordial más poderosa: El libro de Loagaeth (el libro del discurso de Dios).

Penosamente, comentaron con desánimo los ángeles, el libro se perdió durante el Diluvio Universal por un descuido de Noé.

La proliferación del Enoquiano comenzó el 26 de marzo de 1583, cuando el médium Edward Kelley reportó una serie de visiones muy extrañas. Vio símbolos insospechados en un cristal opaco: las letras del alfabeto enoquiano.

John Dee y Edward Kelly estudiaron a fondo los símbolos. Pocos días después, el médium recibió el "primer texto en enoquiano puro", que en honor a Enoc fue llamado: Liber Loagaeth (el libro del discurso divino). Básicamente consiste en cuarenta y nueve tablas encabezadas con las cuarenta y nueve letras del alfabeto enoquiano, más algunas adiciones y comentarios de los receptores.

El segundo conjunto de textos enoquianos fue recibido por Edward Kelley un año después en Cracovia, Polonia. Se trata del corpus más interesante, ya que viene acompañado por una traducción al inglés, que brindó las bases del vocabulario enoquiano. El texto consiste en cuarenta y ocho versos poéticos conocidos como: Claves Angelicae (Claves angelicales). Estas claves, o llaves, son el punto de partida para todo un sistema mágico basado en la palabra.

Años después, Edward Kelley sostuvo que cada letra del alfabeto enoquiano representa las cuarenta y nueve puertas de la sabiduría; es decir, que la comprensión de cada símbolo es una especie de escalón espiritual y filosófico que el acólito debe recorrer para alcanzar el saber total.

Más allá de estos dos textos principales, muchas palabras enoquianas se hallaron ocultas y encriptadas en los diarios de John Dee. La cifra de palabras asciende a más de doscientas.

Una mirada escéptica sobre el asunto: el enoquiano de John Dee manifiesta algunas inconsistencias. Por ejemplo, todo el material recopilado parece separarse de las leyes conocidas, conformando estructuras fonéticas que no aparecen en ningún lenguaje hablado de la Tierra. Sin embargo, su sintaxis se acerca peligrosamente a la del Inglés Antiguo, al igual que la conjugación de verbos; algo extraño si tomamos en cuenta que el heredero natural del Enoquiano serían las lenguas semíticas.

No obstante, la proporción de palabras en Enoquiano es bastante amplia como para trazar un veredicto definitivo. Algunas palabras, de hecho, se parecen mucho a sus versiones latinas. Por ejemplo, la palabra enoquiana Luciftias, que significa "brillante", parece tener alguna conección con Lucifer ("el que brilla", "portador de luz").

Otro paralelo que debilita la posibilidad de que el Enoquiano sea una lengua no-humana procede de la admiración de John Dee por la reina Elizabeth I. En Enoquiano, la palabra reino se pronuncia Londoh, demasiado similar al nombre de la capital de un reino que por entonces se hallaba en serios aprietos políticos.

Para los que deseen seguir indagando en la vida de John Dee, Edward Kelley, y sobre todo el Enoquiano, conviene repasar algunas obras que los tienen como protagonistas, entre ellas; Melmoth el vagabundo (Melmoth the Wanderer, Charles Maturin) y El ángel de la ventana de Occidente (Der Engel vom westlichen Fenster, Gustav Meyrink).



Más misterios miserables. I Libros prohibidos.


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El artículo: Enoquiano, el idioma de los ángeles fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Este blog siempre ha sido mi favorito

Anónimo dijo...

Existe una lengua que fue conocida pero ya no lo es. La hablan seres espirituales no humanos llámese Ángeles o demonios. Si uno de estos seres comunicará con algún ser humano sería en el idioma que hable ese ser humano.