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La verdadera historia de los Serafines [y otros no-ángeles].


La verdadera historia de los Serafines [y otros no-ángeles].




Sería prudente escapar de cualquier artículo que trate sobre los ángeles cuyo comienzo sea: «la palabra ángel significa mensajero». A esa frase lacónica seguirá un tratamiento enciclopédico de la naturaleza espiritual de estos seres, sus jerarquías y funciones en la corte divina. Este enfoque sincrético puede inducir en el lector la impresión de que los mitos bíblicos poseen una angelología sólidamente desarrollada. Sin embargo, estas historias se originaron a lo largo de más de un milenio y, como tales, no se puede esperar un sistema coherente de categorización, precisamente por tratarse de un tipo de material extraordinariamente diversificado [ver: Jerarquías angélicas]

En otras palabras, el «ángel» es una categoría construida a partir de datos adicionales, una exégesis posterior que se esfuerza por organizar una variedad de deidades menores, demonios y seres celestiales en grupos particulares.

Hoy en El Espejo Gótico intentaremos desafiar la representación popular de los ángeles, particularmente de los Serafines, quienes juegan un papel importante pero misterioso en el judaísmo y el cristianismo.

En primer lugar, el término «ángel» debe entenderse como un tipo de ser celestial, anterior a la creación, muy diferente a la forma en la que estas entidades suelen ser retratadas en el arte y la ficción.

La etimología de los Serafines denota su origen como seres relacionados con el fuego. El singular sɛrəf significa «el que arde», y los Serafines se consideraban tradicionalmente como ángeles ardientes, o en llamas. En hebreo, la palabra saraph significa «quemar», y se usa siete veces a lo largo del Antiguo Testamento como sustantivo, generalmente para denotar «serpiente». Por qué estos dos términos [«quemar» y «serpiente»] están relacionados es tema de discusión. Algunos deducen que podría tratarse debido al color rojizo de ciertas serpientes, o incluso a la sensación de ardor que deja su mordedura. La forma plural: seraphim, aparece únicamente en Números e Isaías, pero solo en este último se utiliza para referirse a un ser celestial. Isaías luego usa el singular para describir una «ardiente serpiente voladora».

Esta «serpiente ardiente», saraph, aparece en la Torá para describir una especie de serpiente del desierto cuyo veneno quema al contacto. La palabra hebrea saraph podría corresponder al sánscrito sarpa y sarpin [«serpiente» y «reptil» respectivamente]. Todo esto es consistente con la lengua hebrea antigua, donde lo venenoso es literalmente ardiente, y lo ardiente es serpentino. Los Serafines, entonces, arden, queman como la mordedura de las serpientes.

El Libro de Isaías amplía la descripción de los Serafines como «serpientes ardientes» en la tierra de la angustia, e indica que comparables a víboras, peores que las serpientes ordinarias. El profeta también tiene una visión sobre los Serafines como agentes divinos, con seis alas y rostros humanos, que probablemente no deben interpretarse como serpientes sino como llamas. Algunos sostienen que Isaías está hablando de los Serafines como si se trataran de rayos. Después de todo, los rayos pueden ser vistos como formas serpentinas que «queman»; sin embargo, el rayo nunca es deificado en los mitos hebreos, y solo está asociado a Dios en una forma despersonalizada, como un arma en el arsenal divino o como una característica ordinaria de la teofanía.

La traducción de la palabra hebrea mal’āḵ [pl. mal’āḵīm] por el griego angelos [«mensajero»] oscurece un poco la percepción antigua de las funciones de estos seres. El hebreo mal'akh era la palabra estándar para «mensajero», tanto divino como humano. Cuando se trata de mensajeros humanos [es decir, que no demuestran ninguna habilidad sobrehumana] la palabra mal'akh aparece en su significado básico y literal de mensajero; no obstante, en estos casos las primeras traducciones de la Biblia emplean términos latinos como legatus o nuntius, y solo cuando se presenta algún ser sobrenatural aparece la palabra angelus. El original no hace tal distinción. Habla de «mensajeros», independientemente de su naturaleza terrenal o divina.

La estructura morfológica de la palabra mal'akh sugiere que esta se refiere a los medios para llevar a cabo una tarea. Por lo tanto, el término mal'akh significa simplemente «el que es enviado», a menudo traducido como «mensajero». Esto significa que la palabra «ángel» solo debería ser utilizada para todos los seres celestiales que Dios envió en misiones como mensajeros, por lo tanto, los Serafines no son ángeles; de hecho, antiguamente nadie habría identificado a los Serafines y Querubines como mal’āḵīm [«mensajeros»]. Más aún, la apariencia aterradora de estas criaturas los convertía en candidatos poco probables para servir como ángeles, es decir, como mediadores del mensaje divino; y por eso no hay registro de que los Serafines alguna vez lo hayan hecho.

Es importante entender que, originalmente, la palabra «ángel» [mal'akh] no designaba a un tipo de criatura celestial, sino a una función. La idea de que «ángeles» es un término genérico para cualquiera de los asistentes sobrenaturales de Dios, ya sea que cumplan la función de mensajeros o no, es posterior. La mayoría de las traducciones de la Biblia toman prestado el término griego angelos, pero no en su sentido original como «mensajero», sino en su significado posterior como cualquier ser sobrenatural bajo la autoridad de Dios. De ahí que actualmente pensemos en los «ángeles» como en una raza o especie de criaturas, cuando en realidad es solo una función.

La apariencia serpentina de los Serafines probablemente tiene sus fuentes en la iconografía del uraeus egipcio, el cual se usaba como símbolo de soberanía, realeza y autoridad divina. Podemos verlo en la cabeza de todos los dioses y faraones, dándole la apariencia de una cobra. La palabra uraeus es griega, y esta es una traducción del egipcio jor, la figura de la cobra que protege a los reyes y dioses por medio de su «fuego» [veneno]. Estas imágenes se han relacionado con los Serafines de las visiones de Isaías, o quizás más directamente con la «ardiente serpiente voladora» antes mencionada, pero esto continúa siendo tema de debate, ya que una imagen de Serafines serpenteantes choca con la propia visión de Isaías, que claramente los imaginó con cabezas, piernas y brazos. La visión de los Serafines que tuvo Isaías es el único caso en el Antiguo Testamento en que esta palabra se usa para describir seres celestiales:


[«Vi también al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Sobre él estaban los serafines: cada uno tenía seis alas llenas de ojos por dentro; con dos cubrían su rostro, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Clamaban: "Santo, santo, santo, YHVH de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria".»]


Un Serafín tiene la amabilidad de llevar a cabo un acto de purificación ritual para el profeta, tocando sus labios con un carbón encendido del altar:


[«Y lo puso sobre mi boca y dijo: He aquí que esto ha tocado tus labios, y es quitada tu iniquidad, y quedas limpio de pecado.»]


Aquí, la palabra Serafines es el nombre dado a los seres celestiales que cantan el trisagio a Yahweh [repitiendo «santo, santo, santo»] y realizan un acto de purificación, que no sabemos si es ordinario o excepcional, solo para el profeta. De todos modos, Isaías es rotundo al afirmar que los Serafines tienen seis alas llenas de ojos; lo cual los excluye del concepto general de ángeles [en términos de mensajeros]. De hecho, en la Biblia no hay un solo ángel que se manifieste ante los humanos portando alas. Solo se entiende que son ángeles debido al contexto, no a su apariencia.

Si tomamos por cierta la palabra del profeta, los Serafines son seres celestiales, alados, con una pasión ardiente por las obras divinas. Sin embargo, el hecho de que su función sea alabar a Dios los excluye del estatus de ángeles. Solo en fuentes posteriores, como la Summa Theologiae de Tomás de Aquino y De Coelesti Hierarchia del Pseudo Dionisio, se considera a los Serafines como una división de los mensajeros divinos. De hecho, en algunos mitos hebreos [no bíblicos], como el Segundo Libro de Enoc, se los llama Akyəst, «dragones».

A propósito, el Segundo Libro de Enoc añade dos categorías más, además de los Serafines y Querubines, como los seres celestiales más próximos al trono divino: los Chalkydri [«serpientes de cobre»] y Chol [«fénix»], quienes estallan en cantos de alabanza al amanecer. Los Serafines, como anota Isaías, también son incanzables al alabar a Dios.

En la Cabalá, los Serafines son los ángeles superiores del Mundo de Beriah, el segundo de los cuatro planos celestiales del Árbol de la Vida, pero el primer reino creado. Al parecer, en este plano de existencia los Serafines toman conciencia de su distancia de la divinidad absoluta, lo cual provoca su continuo ardor. Es la teología cristiana medieval la que sitúa a los Serafines en el lugar más alto de la jerarquía angelical. Son los guardianes del trono de Dios, cantando continuamente como en la visión de Isaías.

El aspecto de los Serafines tiene raíces filosóficas muy profundas, pero difícilmente puedan ser asociados a los ángeles en la imaginación popular actual. Si una criatura de aspecto humanoide, con seis alas llenas de ojos, rodeada de llamas, se presentara en tu habitación, probablemente lo último que pensarías es en un ángel; sin embargo, los Serafines y su incesante revolución alrededor del trono divino, su ardor incansable, que los enciende y purifica, pero también los consume, proviene de la noción cabalística del Mundo de Beriah, el plano del autoconocimiento. En otras palabras, los Serafines saben que nada puede conocer el comienzo y el fin de todas las cosas, excepto Dios; y por alguna razón esto los obliga, por un lado, a alabar al Creador, y por el otro a arder perpetuamente [ver: Metatrón: el ángel que fue dios]

Orígenes de Alejandría va un poco más lejos al afirmar que los Serafines son los únicos seres celestiales a los que se les ha revelado todo el conocimiento de Dios, lo cual, en apariencia, los eleva al papel de seres divinos. Sin embargo, el hecho de que Dios revelara a los Serafines todo su conocimiento no implica que estos lo hayan comprendido. De hecho, técnicamente les sería imposible comprenderlo todo; porque está escrito: «La mayor parte de las obras de Dios son secretas». Orígenes fue criticado por hacer estas afirmaciones y la iglesia cristiana lo calificó de hereje. Sin embargo, su teoría sobre los Serafines tiene raíces muy fuertes en las creencias cristianas primitivas.

Tomás de Aquino intenta explicar el aspecto llameante de los Serafines de acuerdo a la naturaleza imperfecta, aunque elevadísima, de estos seres. Los Serafines, que de todos los seres creados son los que más se acercan a la comprensión del plan divino, arden por su deseo de completar ese plan. En otras palabras, son impacientes [ver: ¿Tocada por un ángel o quemada por un demonio?]

En este sentido, la figura del fuego los identifica por su movimiento ascendente y continuo. Sus llamas, su ardor, los eleva hacia Dios; los purifica, los convierte en una luz inextinguible que quema, pero también los hace suceptibles a la impaciencia ante el ritmo aparentemente pausado de los planes divinos, incluso a la rebelión.

Uno de los Serafines que perdió su lugar divino en la demonología medieval es Samael, quien originalmente era considerado el Guardián de Dios, y cuyo nombre a veces se traduce como «veneno de Dios», lo cual parece, digamos, poco angelical, pero ya hemos visto la relación entre el fuego y el veneno que arde con los Serafines. Además, samael en hebreo también significa «izquierdo», y por eso en algunas tradiciones se consideraba a Samael la «mano izquierda de Dios».

En su función de guardián del fuego divino, Samael vuelve a expresar todos los atributos simbólicos de los Serafines. La palabra hebrea para «guardián» es samar, básicamente el nombre de los círculos de espinas colocadas alrededor de las ovejas para protegerlas. Irónicamente, la letra hebrea samej es una imagen cruda de una serpiente urobórica envuelta alrededor del Eterno.

Es importante entender que los Serafines y las serpientes solo están relacionados de manera simbólica, en general aludiendo al fuego o ardor que causa su mordida. No parece haber ninguna relación directa entre Dios y seres con aspecto de serpiente; de hecho, hay pocas posibilidades de que el pueblo hebreo antiguo haya desarrollado una actitud positiva hacia las serpientes, como fue el caso en Egipto y Grecia. Ciertamente nunca hubo ningún culto hebreo a la serpiente. Sin embargo, el uraeus egipcio y el Serafín tienen mucho en común: ambos son criaturas ardientes, voladoras, que son reconocidos por sus funciones protectoras, y ambos están igualmente asociados con los poderes divinos y la autoridad real [ver: El olor de los ángeles, demonios, espíritus y fantasmas]

Los textos bíblicos operan como todas las mitologías: por medio de categorías proporcionadas por la experiencia mundana. En este sentido, la metáfora del mensajero encaja muy bien en el contexto más amplio de retratar a las deidades como humanos. En el Antiguo Testamento hay tres tres metáforas centrales que organizan la red de descripciones divinas: [a] Dios es como un patriarca; [b] Dios es como un creador; [c] Dios es como un rey. La teología posterior tomó la segunda y la elevó a la categoría suprema, pero la última [Dios es como un rey] es la más influyente en el contexto bíblico. De hecho, el Dios del Antiguo Testamento se comporta como el un típico tirano del Cercano Oriente. En calidad de rey, entonces, Dios posee a sus mensajeros [los ángeles], sus ejércitos [liderados por arcángeles] y su corte [los Serafines y Querubines]. Sin embargo, todas estas instituciones deben ser tratadas como metáforas.

Pero incluso en el terreno de la metáfora existe una entidad percibida por siglos de intérpretes y exégetas como una figura teológicamente problemática: el Ángel del Señor.

Casi todas las apariciones de mal'akh Yahveh siguen el mismo patrón: la narración presenta al Ángel del Señor, quien se comporta como si fuera una deidad; por ejemplo, prometiendo fertilidad, aniquilando a todo el ejército sin esfuerzo, o simplemente presentándose como Elohim o Yahveh. Las personas presentes, además, reverencian al Ángel del Señor de una forma reservada exclusivamente a Dios. Estos incidentes dejan al lector con varias preguntas. ¿Quién es este Ángel del Señor? ¿Acaso no todos los ángeles son del Señor? ¿No será que es el propio Dios quién acaba de aparecer? Pero, en ese caso, ¿por qué se lo llama Ángel del Señor?

Existe una numerosa cifra de explicaciones que se esfuerzan por dilucidar esta entidad; y todas introducen conceptos adicionales, es decir, que no están en el texto original: se trata de Cristo preencarnado, una manifestación terrenal de Dios, un Serafín fundido con la imagen divina, etc. En otras palabras: la teología tiende a imponer un significado que nada tiene que ver con la carga cultural y con el contexto histórico. Lo cierto es que El Ángel del Señor habla como si fuera el Señor del mismo modo en que los antiguos mensajeros reales utilizaban la primera persona para comunicar su mensaje, es decir, hablaban como si fueran el propio consignatario. En este contexto, los Serafines rodeando el trono divino y repitiendo una y otra vez la misma alabanza quizás sean una versión exagerada de una corte real.

Otro Serafín prestigioso es Lucifer, antes de su caída en desgracia como Satanás, aunque Tomás de Aquino insistió en que Satanás no era un Serafín, sino un Querubín, argumentando que los Querubines se derivan del conocimiento, que es compatible con el pecado, mientras que los Serafines derivan de la caridad, y que por esa razón son impermeables a la tentación. De hecho, Santo Tomás afirma que ni un solo Serafín se unió a la rebelión, y que ninguno de ellos cayó como demonio [ver: De las guerras celestiales]. A pesar de estas afirmaciones, antiguamente se representaba a Lucifer con doce alas, indicando que su estatus incluso estaba por encima de los demás Serafines.




Angelología. I Mitología.


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El artículo: La verdadera historia de los Serafines [y otros no-ángeles] fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

¿Tocada por un ángel o quemada por un demonio?


¿Tocada por un ángel o quemada por un demonio?




Otro viernes en el Consultorio Paranormal de El Espejo Gótico, en esta ocasión con una experiencia muy inquietante, y sin certezas realmente, acerca de la posibilidad de ser tocado por un ángel... ¿o tal vez quemado por un demonio?


***

Me gustaría empezar diciendo que de ninguna manera soy una mujer religiosa o devota. No practico activamente ninguna fe, aunque me considero una persona espiritual en muchos sentidos. No sé por qué es importante aclarar esto. Supongo para que mi experiencia no sea tomada como el típico delirio de una fanática o algo así.

Una pequeña historia de fondo personal antes de entrar en lo que sucedió.

Desde muy joven desarrollé un gran interés por la meditación, los sueños lúcidos, la proyección astral, etc. Si bien mis experiencias iniciales fueron alucinantes, a medida que fui creciendo me fui dando cuenta de la necesidad de documentar los aspectos específicos de cada experiencia. Me gusta pensar que tengo muchos sueños almacenados como recuerdos en mis cuadernos (ver: ¿Por qué no recordamos nuestros sueños?)

Menciono esto porque todos podemos recordar un evento de nuestra infancia que le hemos contado a familiares o amigos, y que ellos no recuerdan que haya ocurrido. Probablemente porque fue un sueño que se quedó con nosotros, y eventualmente se convirtió en un falso recuerdo (ver: ¿Por qué todo parece lógico en tus sueños hasta que despertás?)

Puedo racionalizar cualquier experiencia paranormal que haya tenido en el pasado leyendo las entradas de mi diario. La mayoría catalogan lo que estaba haciendo antes de una proyección astral o de un sueño lúcido. De esta forma puedo determinar si un evento puede explicarse o desacreditarse como un sueño o un evento real (ver: Dreamwalking: cuando alguien extraño entra en tus sueños)

Ahora sí, paso contar a la experiencia que quiero compartir con El Espejo Gótico.

Ocurrió cuando tenía 18 años. Mi hermano me llevaba en coche a la casa de mi novio. Desafortunadamente, sufrimos un grave accidente. El coche quedó completamente destrozado, pero ninguno de nosotros sufrió heridas. Un oficial de policía se acercó a nosotros con una mirada de desconcierto que nunca olvidaré. Dijo que podía predecir fatalidades con bastante eficacia mientras se acercaba a un accidente, basándose en los restos; y que estaba 100% seguro de que alguien había muerto cuando se acercó a la escena de nuestro accidente. Realmente se sorprendió de que ni mi hermano ni yo tuviéramos un solo rasguño (ver: ¿Pueden los espíritus tocarte?)

No sufrí ningún daño físico en aquel accidente, pero psicológicamente estaba devastada. Insomnio, llanto, incapacidad para concentrarme. En fín, los típicos síntomas del shock post-traumático. Eventualmente comencé a refugiarme en la madriguera de la religión. En mi afán por encontrar una explicación le atribuí nuestro «milagro» a la intervención divina. Era una conclusión lógica, después de todo.

Para evitar un debate religioso, que de ningún modo me interesa plantear en la actualidad, solo diré que comencé a leer textos sagrados todas las noches, siempre teniendo un cuaderno a mi lado para escribir mis pensamientos sobre pasajes, cosas que no entendía, y así sucesivamente.

Por esta época empecé a experimentar sueños que catalogaría en mi diario como visiones de «antiguos espíritus santos» que me visitaban y me ofrecían protección contra los «espíritus malignos» (ver: Cómo protegerse de las entidades del bajo astral). Hoy los atribuyo a patrones lógicos del cerebro: experimenté un evento traumático, comencé a leer sobre religión antes de acostarme, sentía arrepentimiento por ser yo la causa de que hayamos salido esa noche en primer lugar, y voilà. Unamos esas piezas y aquellos sueños tendrán sentido en cuando a su contenido «sagrado». Racionalizado. Nada fuera de lo común.

Pero esta experiencia... bueno, no puedo racionalizarla.

No recuerdo la fecha y la hora exactas. Escribí esa entrada como guía de estudio para la religión, con poca inflexión personal. Por lo tanto, no siguió el formato tradicional que usaba en otro contexto, con fechas y horas bien marcadas.

Ahora, en esta noche en particular, recuerdo que no era lo suficientemente tarde para irme a dormir. Estaba escribiendo activamente con las luces encendidas, así que sé con seguridad que no había caído en un estado de sueño. El pasaje que estaba leyendo hablaba sobre la intervención de los espíritus: cómo los ángeles están allí para proteger a los buenos de corazón y un pasaje adicional sobre el diablo susurrando en los oídos de los débiles en su voluntad.

De repente me emocioné. Mucho. Me invadió una sensación de satisfacción y paz ante la idea de que un ángel nos haya cuidado a mi hermano y a mí (ver: Significado de soñar con ángeles)

Esas emociones duraron poco. Se cortaron abruptamente. Lo que siguió fue una sensación de pavor, y esa es la única forma en que puedo describirlo. Pavor. No lo he experimentado desde entonces, pero se sentía siniestro. Se sentía pesado, como si algo hubiese cambiado radicalmente en la atmósfera de mi habitación (ver: Espíritus y «ambientes cargados»)

La sensación fue sofocante. Creció en intensidad hasta volverse casi insoportable, y luego se detuvo. Simplemente se detuvo, casi como si el aire de la habitación hubiera cambiado. Ojalá hubiera terminado allí, porque podría atribuir esto a la ansiedad o a un ataque de pánico. Pero lo que siguió fue peor (ver: Hay una entidad en mi habitación)

Silencio, y me refiero a un silencio total, absoluto, como si todos los sonidos de la casa, incluso los de mi familia moviéndose abajo, se ahogaran. Luego, alas. El sonido de alas que batían en el aire; muy sutil, apenas audible al principio, pero creciendo, acercándose (ver: La energía negativa en mi casa se manifestó)

Podía escuchar el aleteo. Parecía provenir del otro lado de la ventana. Así que miré hacia allí pensando que un pájaro estaba afuera [nota al margen: en ese entonces, mientras pensaba en Dios y pedía una señal, casi siempre aparecía un pájaro en mi ventana, probablemente una coincidencia, son pájaros después de todo]

A medida que el batir de alas se hizo más fuerte, noté que venía del pasillo fuera de mi habitación. Mi puerta estaba abierta de par en par en ese momento. Y ese sentimiento de pavor reapareció. El sonido de las alas se hizo más fuerte, más claro, más pesado; acercándose más, hasta el punto que se volvió ensordecedor. Además, noté un olor espantoso, como a huevos podridos, que venía del pasillo (ver: El olor de los ángeles y demonios)

Lo que ocurrió a continuación fue una repentina ráfaga de viento que entró en mi habitación y la sensación de algo extremadamente sólido golpeando mi pierna (ver: Cuando algo invisible te toca)

Entonces todo volvió a la normalidad.

Salté de la cama. Mi primer pensamiento fue que un murciélago había entrado volando en la habitación. Cerré la puerta, tiré las sábanas al suelo y di vuelta el colchón. Busqué y busqué para encontrar una explicación razonable; cualquier cosa: un pájaro atrapado, un murciélago. Pero no había nada en mi habitación (ver: Invité a un demonio a mi casa)

Fue mientras estaba de pie, buscando, que comencé a sentir una sensación de ardor en la pierna donde había recibido aquel golpe. Había una gran marca roja, no tan grave como para dejar un hematoma, pero lo suficiente como para dejar una marca con forma de media luna.

Esa noche no podía dormir.

Me quedé en la sala de estar, echada en el sofá, con la televisión encendida de fondo. El dolor en la pierna se agudizó. Se sentía como si me estuviesen mordiendo unos dientes pequeños y afilados. Traté de incorporarme, pero cuando lo hice algo me empujó hacia abajo. Mi pecho se sentía pesado, como si lo estuvieran presionando. De repente, ya no pude oir el sonido de la televisión. En ese silencio escuché de nuevo el batir de alas, y una corriente de aire caliente y fétido en mi rostro (ver: Cuando algo invisible te respira en la cara)

Estaba aterrorizada.

Intenté llamar a mi padre y a mi hermano, pero no se despertaron. No estoy segura de que haya podido gritar, o si el grito sonó únicamente en mi cabeza. Traté de reunir todas mis fuerzas y me concentré en levantarme. Y así como me sentí paralizada de un momento a otro podía moverme normalmente (ver: ¿Qué siente una persona poseída?)

Todavía hoy me pregunto qué ocurrió ese día. No puedo entender qué es lo que experimenté. ¿Me visitó algo? ¿Lo imaginé todo? ¿Quizás fue un sueño? ¿Fui tocada por un ángel o quemada por un demonio? ¿Quizás me quedé dormida mientras escribía? (ver: Significado de soñar con el demonio)

Es una locura pensar que somos capaces de experimentar cosas como esta, cosas tan fuera de lo común, y que, con el tiempo, el impacto que nos producen se disipe. Eventualmente sigues adelante con tu vida, te quedas atrapada en una relación, tratas de seguir una carrera, te estresas por estupideces.

Creo que lo que más me entristece es eso, que una experiencia que debería haberme enseñado una lección importante se convierta en solo un recuerdo a medias.

***




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


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El hombre extraño que siempre reaparece en mi vida


El hombre extraño que siempre reaparece en mi vida.




Un nuevo viernes en el Consultorio paranormal de El Espejo Gótico, esta vez, con una experiencia sumamente curiosa: un extraño hombre que reaparece en los momentos más importantes de la vida de nuestra amiga. ¿Podría tratarse de una especie de guardián? ¿De ángel de la guarda? ¿O simplemente un sujeto con la rara habilidad de aparecer en el momento indicado? (ver: La verdadera historia de ángel de la guarda)


***

Mi nombre es Ayelén. Tal vez en El Espejo Gótico tengan algún aporte o conocimiento sobre quién o qué puede ser este hombre extraño que reaparece en mi vida.

Me he encontrado por casualidad con el mismo hombre en varias ocasiones diferentes, con quien solo he hablado cuatro veces, pero que siempre ha estado en el trasfondo de muchos eventos importantes en mi vida. Es de muy baja estatura, robusto, calvo, usa un buen traje oscuro y tiene los ojos con un ligero tinte rojizo, como alguien que bebe mucho.

Siempre veo a este hombre en las ocasiones más extrañas. La primera vez fue en mi antiguo trabajo, justo cuando acababa de enterarme de que estaba embarazada de quien sería mi primera hija. De hecho, me había enterado esa misma mañana, un par de horas antes de que el hombre entrara en el local donde trabajaba. Me emocioné mientras caminaba directamente hacia mí. Vestía bien, y eso lo convertía en un potencial cliente, y en una comisión para mí.

Se acercó, y antes de que puediese preguntarle si podía ayudarlo con algo, me dijo que me veía radiante, y preguntó si estaba embarazada.

De repente empezó a hablar sobre el bebé, que sería una niña hermosa, sana, y que seguramente cambiaría mi vida. La charla me sorprendió un poco, sobre todo porque me sentí cómoda con él, a pesar de ser un completo extraño. Comenzó a preguntarme cosas a las que invariablemente debía responderle que sí; cosas sobre mi vida, mi pasado.

Extrañamente sentí como si él ya supiera todas las respuestas antes de que yo las dijera.

Le pregunté a qué se dedicaba. Me dijo que era contador. Pero no fue específico al respecto. Decidió irse después de que mi jefa mostrara algunos signos de molestia por la charla, que en definitiva no tenía nada que ver con nuestros productos. Me saludó de una manera muy extraña, con un movimiento de la cabeza, diciendo que seguramente nos veríamos por ahí, y se fue.

Un año después, estaba con mi hija en el parque. Me había sentado en un banco mientras mi bebé dormía una siesta en su cochecito. Estoy segura de que no había nadie más sentado en el banco, pero de repente él estaba ahí. Lo reconocí de inmediato. El mismo hombre, vestido exactamente igual. Aunque sabía la respuesta, le pregunté si lo conocía.

De nuevo se produjo una charla sumamente extraña. Apenas pude decir algo. Me sentía como hipnotizada. Digamos que era amable, pero no demostraba ninguna emoción en particular. A pesar de eso, me sentía reconfortada en su presencia.

Esta es la parte más extraña de esta historia para mí, esta sensación de estar tranquila sin saber por qué y ante un hombre que parecía saberlo todo sobre mi vida, como si él estuviera cuidando de mí.

Literalmente parecía saberlo todo sobre mí. Eso era extraño, pero más esta sensación mía de que no tenía que preguntarle cómo sabía todo eso. Y no lo hice.

Básicamente, puedo resumir nuestra conversación en una serie de advertencias que hizo sobre algunas cosas que estaban pasando en mi vida. No entraré en detalles sobre eso. De repente, dijo que me vería por ahí y se fue.

Fui directamente a casa de mis padres y les pregunté quién era este tipo. Pensé que tal vez era algún amigo suyo que me conocía por fotos o algo así. Lo describí en detalle, pero dijeron que no lo conocían. Incluso estuve mirando viejos álbumes de fotos familiares para ver si lo reconocía. Nada.

Pasó un año más, aproximadamente, antes de volver a encontrarme con él.

Fue mientras estaba en la sala de espera de mi médico. De repente él estaba sentado ahí, frente a mí, hojeando una revista, y podría jurar que no estaba un minuto antes.

Me saludó con un movimiento de cabeza, sin mostrar emociones ni gestos faciales, pero de todos modos me sentí... protegida.

¡Hasta me alegré de verlo!

Entonces empezó a hablar sobre cuestiones triviales que ni siquiera recuerdo. Lo que sí recuerdo es que estaba fascinada mirándolo. No sé cómo, la charla derivó en una amiga mía de la infancia. Me dijo que no me preocupara por ella, que a veces la vida simplemente no es justa. Inmediatamente después, me saludó y se retiró.

Esta amiga era víctima de bullying (yo también), pero con el curso de los años dejaron de molestarme. Ella siguió siendo el centro de las bromas más crueles que puedas imaginar. Me apena decir que me alejé de ella, a pesar de que sabía exactamente por lo que estaba pasando. Me arrepiento profundamente de mi actitud. En algún momento le pedí disculpas a través de las redes sociales, muchos años después, pero creo que esto no sirvió de mucho. El sentimiento de culpa siempre me acompañó, y estoy segura de que la herida que le causé tampoco cicatrizó.

Unos días después me enteré de que ella se había quitado la vida.

Ha pasado un año desde este último encuentro con el hombr extraño. No he vuelto a verlo desde entonces, al menos no en la vida real. Se me apareció en un sueño hace un par de noches, y ese es el motivo por el cual decidí compartir mi experiencia en El Espejo Gótico.

En el sueño me encontraba con este misterioso hombre en una calle oscura. Entramos en una casa, sin mediar palabra. Me llevó al interior de una habitación blanca. Se me ocurre decir la palabra esterilizada, pero no es eso exactamente. Me refiero a una habitación completamente limpia.

Entonces el hombre me puso una mano en el hombro y dijo:

—Realmente no se nos permite hacerlo de esta manera, pero quería despedirme. Ya no nos volveremos a ver.

Entonces desperté.

Esa es mi historia. Sé que no es tan extraña como otras que he leído en El Espejo Gótico, pero creo que es interesante. Tal vez haya otras personas con encuentros similares. En ese caso, me gustaría conocer sus historias.

Para resumirlo: el hombre se veía siempre igual, siempre hablaba en un tono un poco risueño, que sonaba algo sarcástico pero sabio. Siempre hacía preguntas para las que él ya conocía las respuestas, y mencionaba casualmente eventos de mi vida futura de una manera extraña. Nunca fue hostil, pero tampoco amistoso; solo amable. No sé de qué otra manera describirlo.

En estos días estuve pensando mucho en él, pero no creo que vuelva a verlo en el futuro. No sé si esa es una buena o una mala noticia [ver: Sincronicidades Negativas]

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¿Por qué no hay ángeles mujeres? La diversidad de género en el cielo


¿Por qué no hay ángeles mujeres? La diversidad de género en el cielo.




En el arte existe una gran cantidad de imágenes de ángeles mujeres, sin embargo, en los mitos bíblicos la feminidad de los ángeles está prolijamente ausente. Contrariamente a lo que sucede en el infierno, donde la diversidad de género parece más equilibrada, con una gran cantidad de demonios femeninos, la Biblia no propone ni un solo nombre, ni una sola referencia, acerca de un ángel mujer.

Para soslayar esta incómoda falta de referencias, muchos teólogos sostienen que los ángeles no son hombres o mujeres, es decir, masculinos o femeninos, al menos en la forma en la que los seres humanos entendemos y experimentamos las diferencias de género.

No obstante, cada vez que la Biblia menciona la palabra «ángel» siempre se la utiliza en su forma masculina. De hecho, cuando los ángeles se manifiestan ante personas, en la Biblia, siempre se los ve como hombres; y cuando se les da un nombre, siempre es masculino.

¿Dónde están, entonces, los ángeles mujeres?

La palabra hebrea para ángel es מֲלְאָךְ (Malak), que luego sería traducida al griego angelos. Ambas significan «mensajero», y ambas son sustantivos masculinos. En este sentido, si tomamos a la Biblia como única referencia sobre el tema, todo parece indicar que no hay ángeles femeninos, sin embargo, quizás la palabra ángel no designe a una especie después de todo, sino más bien a un cargo, un oficio exclusivamente masculino.

Como decíamos anteriormente, todas las apariciones de ángeles en la Biblia describen fisionomías masculinas. La mayoría de estas apariciones son genéricas, es decir, el ángel no dice su nombre, y simplemente se encarga de hacer su trabajo, a menudo anunciar algo. Pero cuando se les da un nombre, siempre son masculinos, aunque tampoco son demasiados. La Biblia solo nombra a dos ángeles por su nombre: Gabriel y Miguel.

El único que hace una referencia a lo que podrían ser ángeles mujeres es Zacarías, quien menciona la aparición de dos mujeres con alas. Algunos interpretan que podrían tratarse de ángeles femeninos, pero lo cierto es que Zacarías no utiliza la palabra ángel para referirse a ellas, y sí lo hace ante seres alados con aspecto varonil.

Para colmo, Zacarías observa que esas dos mujeres aladas vuelan llevando la canasta de la maldad. Las describe con alas de cigüeña, un pájaro impuro en los mitos hebreos. Esta es la única referencia posible de ángeles femeninos en la Biblia: mujeres portando el mal, básicamente, y asumiendo la forma de un ave inmunda.

Pero, si no hay ángeles mujeres en la Biblia, ¿por qué a menudo los ángeles son representados en el arte con aspecto femenino?

Al no contar con referencias bíblicas, es decir, con un sustento oficial, digamos, es posible que esas representaciones femeninas de ángeles estén relacionadas con antiguas tradiciones paganas, que poco a poco se fueron integrando al pensamiento y, sobre todo, al arte cristiano.

Muchas mitologías, sobre todo los mitos griegos, utilizan la figura de mujeres aladas. Algunas diosas paganas también tenían alas —como Nike, la mensajera de la victoria—, y en cierto modo se comportaban como ángeles, apareciendo repentinamente, entregando mensajes, empuñando espadas y luchando en los campos de batalla, como las valquirias de los mitos nórdicos.

Quizás los teólogos estén en lo cierto, y los ángeles no sean hombres o mujeres en términos humanos, pero en ese caso debería existir, al menos, una sola referencia a un ángel mujer, o al menos con atributos tradicionalmente asociados a la feminidad. El problema, en última instancia, tal vez se resuma a una cuestión de perspectiva.

La Biblia aporta muy poco sobre el tema de los ángeles. Algo sobre las jerarquías angélicas, algo sobre la improductividad reproductiva de los ángeles, y no mucho más. Si bien se aclara que los ángeles no pueden producir descendencia angelical, esto no significa que no posean género; de hecho, hay una gran cantidad de ángeles caídos mujeres, y otros que, tras la caída, como Semihazah, engendraron criaturas híbridas con mujeres humanas, los Nephilim (ver: Sobre las Guerras Celestiales).

Uno puede morir de literalidad aquí, porque podríamos utilizar el mismo recurso para decir que el epíteto: hijos de Israel no hace referencia a las mujeres de aquella tierra, lo cual es absurdo.

El hecho de que los ángeles caídos puedan participar en actividades reproductivas, aunque ilegítimas, y sujetas al castigo divino, argumenta a favor de la posibilidad de que haya más de un género entre los ángeles. ¿Entonces por qué no se mencionan ángeles mujeres? Bueno, aquí entra a jugar la cuestión de perspectiva de la que hablábamos antes.

El hecho de que no haya ángeles femeninos quizás se deba a que toda la actividad angelical en la Tierra descrita en la Biblia es de naturaleza militar.

Los ángeles o envían mensajes o luchan, a veces en una especie de guerra fría contra los demonios. En este contexto, era impensado imaginar a las mujeres involucradas directamente en estos asuntos, tradicionalmente masculinos.

Por eso mismo, tal vez, la palabra ángel no refiera a una especie de entidad celestial en particular, sino a un oficio, una misión, encarnada en un ser de naturaleza intermedia entre lo espiritual y lo corporal. Siendo oficios que, en la Tierra, pertenecían al género masculino, es lógico suponer que sus representantes celestiales asuman una forma análoga en nuestro plano.

Sabemos también que los ángeles están restringidos en términos de tiempo y espacio, y que tienen una forma y una existencia limitada, como los humanos, aunque con parámetros más amplios. No son seres absolutamente espirituales, sino que poseen algún grado de corporeidad, o densidad espiritual, por decirlo de algún modo.

El enfoque tradicional entre lo material y lo espiritual se vuelve difuso aquí, y hasta incorrecto; porque los ángeles existen únicamente dentro de la Creación, de manera tal que su espiritualidad, en cierto modo, posee algún grado de materialidad, incluso si está mucho más allá de nuestra capacidad de comprensión.

Al no tener cuerpos físicos, al menos como nosotros los concebimos, las diferencias de género entre ángeles resultan irrelevantes. Sin embargo, cuando interactuan con el mundo material sí asumen una forma humana, preponderantemente masculina, pero como ya hemos visto, esto se relaciona con una cuestión de oficios; pero también de logística. Un ángel femenino, en tiempos bíblicos, habría sido ignorado o considerado como un engaño.

En resumen: no tenemos una idea precisa sobre cómo funcionan las relaciones entre ángeles, y menos aún entre ángeles y mortales. Dentro de la Biblia todas las interacciones de ángeles con humanos involucran el cumplimiento de deberes tradicionalmente asociados a lo masculino. En este sentido, realmente no debería sorprender que no haya evidencia de ángeles femeninos en las Escrituras.

Hasta aquí nos referimos únicamente a la Biblia, pero también hay otras referencias interesantes, como John Dee, quien aseguró haber aprendido el Enoquiano: el lenguaje de los ángeles, y haber descubierto una sutil trama de intrigas y pasiones entre los ángeles en El libro de Enoc; obra profana, blasfema en cierto punto, y quizás por eso encantadora.

Allí, por ejemplo, se habla de Yecum, un ángel mujer, caída en desgracia, enviada por Dios a seducir a los ángeles caídos; y también de Aradia, nada menos que la hermana de Lucifer.




Ángeles. I Mitos bíblicos.


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Vörðr: el ángel de la guarda de los Vikingos


Vörðr: el ángel de la guarda de los Vikingos.




El concepto de Ángel de la Guarda, entendido en términos de espíritu guardián, se extiende por muchos pueblos y religiones a lo largo de la historia, pero en ningún lado adquirió matices tan excepcionales como entre los Vikingos.

En los mitos nórdicos, lo más parecido a un ángel de la guarda es el Vǫrðr, básicamente un espíritu guardián que acompaña a la persona desde el instante de su nacimiento hasta su muerte, momento en el cual procede a adjudicarse otras responsabilidades sobre el alma, o hugr, de su custodiado.

No es infrecuente encontrar conflictos jurisdiccionales en las leyendas escandinavas. Las obligaciones de una criatura a veces se oponen a las de otra, generando una gran confusión en torno al sistema forjado por Odín. Por ejemplo, el Vǫrðr a veces debe luchar contra Fylgja, un espíritu cuya ocupación es hacer que la persona cumpla su destino superior, es decir, aquel que fue diseñado por las Nornas; no obstante, este destino puede ser desgraciado, y el Vǫrðr hará todo lo posible para torcer su devenir.

En ocasiones Vǫrðr se manifiesta como una pequeña esfera de luz, un chispazo, de movimientos impredecibles. Puede asumir la forma de la persona que custodia con el objetivo de comunicarle algo de gran importancia. No es exactamente un doppelgänger, pero su presencia se percibe claramente, y puede provocar variadas sensaciones físicas, como por ejemplo cierta picazón en una mano o en la nariz; señales más bien discretas, pero que para los vikingos eran signos inequívocos de la presencia del Vǫrðr tratando de decirnos algo.

Se cree que las personas más sensibles pueden percibir al Vǫrðr antes de que su custodiado llegue a determinado lugar; algo similar a lo que ocurre con el Etiäinen en el folclore finés. De más está decir que esto también puede producir cierto desconcierto, sobre todo entre familiares y allegados, en aquellas ocasiones en las que un invitado parece llegar dos veces.

No solo los humanos poseen un ángel de la guarda —o mejor dicho, un espíritu guardián— dentro de los mitos nórdicos. Otros seres venerables también pueden acceder a esa distinción. Por allí tenemos a Hyldemoer, el espíritu guardián de los árboles; e incluso a los Vårdträd, cuyo nombre significa «árbol guardián», algo así como un espíritu que habita en determinados árboles y que puede, mediante promesas o sacrificios, realizar algún tipo de favor.

La historia de Vǫrðr nos permite responder una pregunta que los mitos bíblicos prefieren no abordar, quizás por una excesiva prudencia teológica: ¿cuál es el destino del ángel de la guarda después de la muerte de la persona que protege? ¿Se le asigna otra? ¿Regresa a la fuente eterna de la que surgió en primer lugar? ¿Se desintegra en el olvido?

Lo cierto es que nadie sabe adónde van los ángeles de la guarda en este punto, ni siquiera si efectivamente van a algún lado, pero sí sabemos cuál es el destino del Vǫrðr cuando la persona que protege muere.

Si la persona tiene una muerte digna —según los estándares nórdicos—, el Vǫrðr se quedará en el plano terrenal hasta que el alma o hugr de la persona regrese para la batalla final en el Ragnarok. Si es alguien que ha muerto en combate, se unirá a él en el ejército de los Einherger; si, en cambio, falleció en circunstancias poco honrosas, como la enfermedad o la vejez, lo acompañará en las frías planicies del Hel.

Hay una tercera posibilidad para el destino del Vǫrðr. En lo personal, me parece la más interesante.

Si una persona es asesinada, el Vǫrðr hará todo lo posible para vengarla. Al igual que las Erinias, Furias y Euménides de los mitos griegos, el Vǫrðr dejará de lado su función como ángel de la guarda para convertirse en un espíritu vengador, capaz de perseguir y atormentar a los asesinos durante el resto de sus vidas.

El éxito de esa venganza depende en gran medida de la fuerza de su Vǫrðr contrincante, que también hará todo lo que esté a su alcance para proteger a la persona que se le ha asignado, incluso si es un asesino.

Es interesante mencionar que la palabra inglesa wraith, que podemos traducir por «espectro», proviene de la palabra Vǫrðr; en este caso, en su faceta de espíritu vengador, así también como la palabra warden, «guardián», tiene su origen en este extraño ángel de la guarda de los vikingos.




Mitología. I Seres fantásticos de la mitología.


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Doreen Virtue: libros de angelología y magia


Doreen Virtue: libros de angelología y magia.




Doreen Virtue es una de las personalidades más destacadas en el ámbito del estudio de los ángeles, o angelología. En este sentido, los libros de Doreen Virtue también se ocupan de otros fenómenos paranormales, como las hadas y la presencia de seres mitológicos en ámbitos insospechados.

En esta sección iremos recogiendo todos los libros de Doreen Virtue.




Libros de Doreen Virtue.
  • Cómo conectarse con los arcángeles (How to Connect Closely with Archangels)
  • Cómo escuchar a tu ángel de la guarda (How to Hear Your Angels)
  • Hadas: como conectarse, trabajar y sanar con las hadas y otros elementales (Fairies 101: An Introduction to Connecting, Working, and Healing with the Fairies and Other Elementals)
  • Números de los ángeles (Angel Numbers)
  • 10 mensajes que los ángeles quieren que sepas (10 Messages Your Angels Want You to Know)
  • Arcángeles y maestros ascendidos (Archangels and Ascended Masters)
  • Despierta tu poder índigo.
  • El camino de los trabajadores de la luz.
  • El tarot de los ángeles (Angel Tarot Cards)
  • Guía de la diosa (Goddess Guidance)
  • Guía diaria de tus ángeles (Daily Guidance From Your Angels)
  • Limpieza de chakras (Chakra Clearing)
  • Los ángeles del romance (The Romance Angels)
  • Magia divina (Divine Magic)
  • Mensajes de los ángeles: ¿qué quieren los ángeles de tí? (Messages From Your Angels: What Your Angels Want you to Know)
  • Mensajes mágicos de las hadas (Magical Messages from the Fairies)
  • Sanando con las hadas (Healing with the Fairies)
  • Sanando con los ángeles (Healing With The Angels)
  • Terapia con ángeles (The Angel Therapy)
  • Unicornios mágicos (Magical Unicorn)




Libros prohibidos. I Libros extraños.


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«¿Cantará el polvo tus alabanzas?»: Damon Knight; relato y análisis


«¿Cantará el polvo tus alabanzas?»: Damon Knight; relato y análisis.




¿Cantará el polvo tus alabanzas? (Shall the Dust Praise Thee?) es un relato fantástico del escritor norteamericano Damon Knight (1922-2002), publicado en la antología de 1967: Visiones peligrosas (Dangerous Visions).

¿Cantará el polvo tus alabanzas?, acaso el cuento de Damon Knight más conocido, narra la llegada de Dios a la Tierra durante el Día del Juicio Final, listo inflingir su ira sobre la humanidad. Sin embargo, los ángeles le informan que, tras una guerra global en la que participaron todas las potencias del orbe, la vida en el planeta ya ha sido aniquilada.

Es decir que el verdadero Juicio Final ya se produjo, exterminando no solo a la humanidad sino a todas las criaturas vivientes, animales y vegetales; incluso el agua ha desaparecido. Solo el polvo y la piedra permanecen en ese mundo desolado.

Todo lo que queda de la humanidad, el único testimonio de su existencia, es una frase que los últimos sobrevivientes han dejado como mensaje a Dios:


Nosotros estábamos aquí. ¿Dónde estabas tú?
(WE WERE HERE. WHERE WERE YOU)




¿Cantará el polvo tus alabanzas?
Shall the Dust Praise Thee?, Damon Knight (1922-2002)

Y por fin llegó el Día de la Ira. El cielo resonó con trompetas, angustiantes, ominosas. Por todas partes las rocas secas se alzaron, gimiendo, y cayeron desmoronadas. El cielo se hendió, y en el resplandor apareció un trono de fuego blanco, en un arco iris que ardía con tonos verdes.

Los relámpagos rasgaban el horizonte. Alrededor del trono flotaban siete majestuosas figuras vestidas de blanco, con cintas doradas cruzando sus pechos; y cada una llevaba en su gigantesca mano una redoma que humeaba hacia el cielo. Desde el resplandor del trono llegó una voz:

—Seguid y verted vuestras redomas* de la ira de Dios sobre la tierra.

Y el primer ángel descendió, y vació su redoma en un torrente de oscuridad que humeó por encima de toda la desierta tierra. Y se hizo el silencio. Luego el segundo ángel voló bajando a la tierra, y planeó de un lado a otro, sin vaciar su redoma: y finalmente regresó junto al trono, diciendo:

—Señor, debo vaciar la mía en el mar. ¿Pero dónde está el mar?

Y de nuevo se hizo el silencio. Porque las resecas rocas de la tierra se extendían sin fin bajo el cielo; y allá donde habían estado los océanos había tan sólo cuevas abiertas en las rocas.

El tercer ángel exclamó:

—Señor, la mía es para los ríos y fuentes de agua.

Y luego el cuarto ángel dijo:

—Señor, déjame vaciar la mía.

Y vertió el contenido de su redoma hacia el sol; y en un instante ardió con una terrible explosión: y planeó de un lado para otro dejando caer su luz sobre la tierra. Tras un instante vaciló y regresó junto al trono. Y de nuevo se hizo el silencio. Entonces del trono brotó una voz diciendo:

—Suficiente.

Bajo el amplio domo de los cielos, no volaba ningún pájaro. Ninguna criatura reptaba o se arrastraba sobre la superficie; no había ningún árbol, ninguna brizna de hierba.

La voz dijo:

—Este es el día señalado. Descendamos.

Entonces Dios anduvo sobre la tierra, como en los viejos tiempos. Su forma era como una columna de humo. Y tras Él avanzaban los siete ángeles con sus redomas, murmurando. Estaban solos bajo el cielo gris amarillento.

—Aquellos que están muertos han escapado de nuestra ira —dijo Jehová—. Pero no escaparán al juicio.

El reseco valle en el que se encontraban era el Jardín del Edén, donde el primer hombre y la primera mujer habían recibido un fruto que no debían comer. Al este se hallaba el paso por el que la pareja condenada había sido arrojada al desierto. A una poca distancia hacia el oeste se divisaban las dentadas formas del monte Ararat, donde se había posado el Arca tras el Diluvio purificador.

Y Dios dijo con una gran voz:

—Abramos el libro de la vida; y que los muertos salgan de sus tumbas.

Su voz resonó bajo el tenebroso cielo. Y de nuevo las resecas rocas se alzaron y cayeron; pero los muertos no aparecieron. Sólo el polvo se retorció.

El primer ángel sujetaba en sus brazos un gran libro abierto. Cuando el silencio se hubo establecido, cerró el libro, y en su rostro hubo miedo; y el libro se desvaneció de entre sus manos. Los otros ángeles murmuraban entre sí y suspiraban. Uno dijo:

—Señor, terrible es el sonido del silencio, cuando nuestros oídos deberían estar llenos de lamentaciones.

Y Dios dijo:

—Este es el día señalado. Sin embargo, un día en el cielo son mil años en la tierra. Gabriel, dime, según como cuentan los hombres el tiempo, ¿cuántos días han transcurrido desde el Día?

El primer ángel abrió un libro y dijo:

—Señor, tal como los hombres cuentan el tiempo, ha pasado un día desde el Día.

Un impresionado murmullo recorrió a los ángeles. Y volviéndose a ellos, Dios dijo:

—Sólo un día: un instante. Y sin embargo no se alzan.

El quinto ángel se humedeció los labios y dijo:

—Señor, ¿no eres Tú acaso Dios? ¿Qué secretos pueden haber para el Hacedor de todas las cosas?

—¡Paz! —dijo Jehová, y los truenos resonaron hacia el sombrío horizonte—. A su debido tiempo, haré que estas piedras se levanten y hablen. Seguidme, vamos un poco más lejos.

Vagaron por las resecas montañas y por entre los vados cañones del mar. Y Dios dijo:

—Miguel, tú estabas encargado de velar sobre esa gente. ¿Cómo fueron sus últimos días?

Hicieron una pausa cerca del fisurado del Vesubio, que en una época de distracción celeste había entrado en erupción dos veces, enterrando vivas a miles de personas. El segundo ángel respondió:

—Señor, cuando los vi por última vez, estaban preparando una gran guerra.

—Sus iniquidades rebasan todo entendimiento —dijo Jehová—. ¿Cuáles eran las naciones que estaban preparando la guerra?

El segundo ángel respondió:

—Señor, eran llamadas Inglaterra y Rusia y China y América.

—Vayamos entonces a Inglaterra.

Al otro lado del reseco valle que había sido el Canal, la isla era una meseta de piedras, en ruinas y desolada. Por todas partes las rocas estaban cuarteadas y sin vigor. Y Dios se encolerizó más, y gritó:

—¡Que las piedras hablen!

Entonces las grises rocas se desmoronaron en polvo, descubriendo cavernas y túneles, como las cámaras de un hormiguero vacío. Y en algunos lugares resplandeció el brillante metal, dispuesto en capas graciosas pero sin ningún diseño, como si el metal se hubiera fundido y hubiera corrido como agua.

Los ángeles murmuraron; pero Dios dijo:

—Esperad. Esto no es todo —Y ordenó de nuevo—. ¡Hablad!

Y las piedras se alzaron una vez más, para dejar al descubierto una cámara mucho más profunda. Y en silencio, Dios y los ángeles se inmovilizaron en un círculo en torno al pozo, y se inclinación hacia delante para ver las formas que se movían allí.

En la pared de aquella profunda cámara, alguien había grabado una hilera de letras. Y cuando la máquina de aquella cámara había sido destruida, el metal incandescente había brotado y había llenado las letras en la pared, de tal modo que ahora brillaban como plata en la oscuridad.

Y Dios leyó las palabras.


NOSOTROS ESTÁBAMOS AQUÍ. ¿DÓNDE ESTABAS TÚ?




Damon Knight (1922-2002)


*Redoma: especie de recipiente mágico que contiene la pureza pero también la ira divina.




Relatos góticos. I Relatos de Damon Knight.


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La Ley de Atracción y los ángeles obedientes de John Dee


La Ley de Atracción y los ángeles obedientes de John Dee.





Mucho se habla en estos tiempos de la Ley de Atracción, aquella creencia de que los pensamientos son, en síntesis, unidades energéticas capaces de influir en el universo.

Según sus devotos, al pensar de forma positiva, por ejemplo, deseando intensamente que algo se cumpla, esas unidades energéticas se sincronizan con la frecuencia del objeto o del hecho deseado, logrando atraerlo irremediablemente hacia el sujeto.

En esencia: la Ley de Atracción propone que basta pensar en algo con la suficiente intensidad para que ese deseo se cumpla.

Sobre esta idea podríamos objetar varias cuestiones, entre otras, que no hay deseo más intenso que el deseo de vivir; de modo tal que, si la Ley de Atracción fuese cierta, viviríamos en un mundo en el que las enfermedades terminales remitirían a fuerza de excretar buenos pensamientos hacia el universo.

En vista de que esto no ocurre, también es lícito plantearse si acaso los pensamientos oscuros no son mucho más eficaces que los luminosos.

Ahora bien, muchos años antes de que la Ley de Atracción fuese llamada de este modo por los presbíteros de la new age, el nigromante isabelino John Dee (1527-1608) ya había aplicado sus principios con enorme éxito, aunque con una vuelta de tuerca que no se encuentra disponible en los actuales libros de autoayuda.

Como todos los hechiceros de la época, John Dee creía en una correspondencia entre nuestro mundo y el universo, lo cual se resume en la ley de correspondencia: como es arriba es abajo. Pero el mago no consideraba del todo eficiente el método de pedirle algo al universo y esperar a que ese deseo se cumpla. Lo que intentó, y logró, en gran medida, fue obligar al universo a que cumpla sus deseos.

Después de todo, el cosmos es demasiado grande y los deseos del hombre, por lo general, varían muy poco: amor, salud, dinero, poder. Difícil creer que un deseo sincero encuentre eco en una eternidad sobrecargada de reclamos; de modo tal que John Dee se enfocó en un solo aspecto del universo, más concretamente en las criaturas ancestrales que lo pueblan: los ángeles.

De acuerdo a John Dee, cada vez que la Ley de Atracción funciona no se debe a que el universo escuchó nuestros reclamos, al menos no el universo en términos abstractos, sino a que los pensamientos del sujeto captaron la atención de los ángeles; que dentro de la filosofía del mago son descritos más como seres no humanos del plano astral que como servidores divinos desprovistos de voluntad propia.

La Ley de Atracción, entonces, opera sobre las bases de un universo en abstracto capaz de cumplir nuestros deseos, pero John Dee, sumamente impaciente, deseaba obligar a los ángeles a que cumplan esa función, y debido a eso realizó largos y ásperos estudios lingüísticos, hasta que por fin logró dominar el Enoquiano: el idioma de los ángeles; también conocido como Lengua Adánica.

En definitiva, si uno se propone interpelar a los ángeles para obligarlos a cumplir un deseo siempre es aconsejable hacerlo en un idioma capaz de vulnerar las leyes que los gobiernan. De eso se trata el Enoquiano: una lengua que no solo es capaz de describir ciertos aspectos de la realidad, como nuestras lenguas vernáculas, sino de crearla y moldearla a voluntad.

El Enoquiano apela a la responsabilidad que los ángeles asumieron cuando fueron creados: responder a cualquier solicitud formulada en su lengua. Según El libro de Enoc, esa responsabilidad es en realidad una obligación, ya que los ángeles fueron hechos a partir de los signos del Enoquiano, y no pueden sino obedecer a quien es capaz de hablarlo.

Tal parece que el primer deseo de John Dee, ya en poder de una versión un tanto degradada del Enoquiano, fue que un ángel se presentara ante él para instruirlo en profundidad en el manejo de esa lengua remota. El hecho ocurrió en 1581.

Todavía hay ciertas discusiones al respecto. Algunos sostienen que el ángel que se presentó fue Azazel, otros Semihazah; en ambos casos, ángeles caídos que fueron derrotados en la Segunda Guerra Celestial, posterior a la caída de Lucifer, Satanás y sus esbirros. Más allá de esto, se le explicó al mago que el Enoquiano es el lenguaje que el Creador utilizó para dar forma a cada aspecto del universo, y que su manejo implica también el control absoluto de la cosa creada.

Casi todas las jerarquías angélicas son capaces de hablar esa lengua, al igual que Adán y sus descendientes, pero en ningún caso con las sutilezas de la verba divina; de modo tal que el poder que se puede ejercer sobre el universo no es absoluto.

John Dee divulgó los cuarenta y nueve signos del Enoquiano, algunos breves textos con más de doscientas palabras en esa lengua, además de una áspera traducción al inglés conocida como Claves Angelicae (Claves angelicales); en esencia, un diccionario enoquiano tan incompleto como asombroso.

En este punto podemos cuestionarnos respecto de por qué John Dee no se convirtió en gobernante absoluto del cosmos, ya que contaba con las herramientas lingüísticas para obtener del universo aquello que deseara; pero al hacerlo también estaríamos subestimando la mayor ambición de los sabios, precisamente, la sabiduría.




Libros prohibidos. I Libros infames.


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Aradia: la hermana de Lucifer


Aradia: la hermana de Lucifer.




En 1899, el folklorista Charles Leland publicó un libro prohibido que posteriormente sería admitido como parte del canon Wicca, titulado: Aradia o el Evangelio de las brujas (Aradia, or the Gospel of the Witches); el cual relata la historia de Aradia, reina de las brujas y hermana de Lucifer.

Leland sostuvo que aquel extraño libro era, en realidad, parte de una obra más amplia y tenebrosa perteneciente a un grupo de brujas de la Toscana, quienes veneraban a Diana, Aradia y Lucifer. De hecho, el autor aseguró que el texto le fue entregado en persona por una misteriosa mujer toscana, llamada Magdalena, quien además le reveló ciertos aspectos de aquel antiguo culto.

De acuerdo a esta leyenda, Aradia, la diosa de la luna, y Lucifer, el dios de la luz, son hermanos. Ambos nacieron del vientre de Diana, y fueron criados con idéntica dedicación, aunque rápidamente evidenciaron ciertas diferencias de temperamento.

Al parecer, Lucifer era un muchacho muy orgulloso del esplendor de su espíritu. Según esta tradición, no fue expulsado del cielo durante las Guerras Celestiales con los ángeles, sino que descendió por voluntad propia a la Tierra debido a que su orgullo le impedía servir al Creador.

Por otro lado, Diana instruyó a su hija, Aradia, mucho más diplomática que su hermano, a que ella también descendiera a la Tierra para enseñarle a los hombres y las mujeres el arte de la magia. Es por eso que se considera que Aradia fue la primera bruja de la historia.

Leland describe a Aradia como un ser primordial, mezcla de ángel y demonio, sin inclinaciones concretas hacia el bien o hacia el mal, o mejor dicho, con una agenda propia, que muchas veces puede contrastar poderosamente con la ética y la moral de los hombres. No obstante, la mayoría coincide en inscribir su doctrina dentro de la magia blanca.

Mientras Aradia permaneció en la Tierra, su sabiduría se esparció principalmente sobre las mujeres, quienes aprendieron de ella el arte de la magia en todas sus formas, especialmente aplicada a la medicina natural. No obstante, su estancia en nuestro mundo no fue prolongada. Pronto retornó a las esferas inconcebibles en donde habita Diana, y desde allí, cuenta la leyenda, observa a sus aprendices y guía los pasos de aquellas mujeres que se inician en el camino de la Wicca.

En Aradia o el evangelio de las brujas, Leland supone que las brujas de la Toscana son las únicas que han conseguido preservar intacta la antigua sabiduría de Aradia, sin desviarse hacia un culto más oscuro y siniestro, como el de Lucifer, más asociado a la magia negra.

Ahora bien, ya fuera de las conjeturas de Leland, hoy sabemos que Aradia es una deformación de Herodias, no de aquella mujer del Antiguo Testamento, sino de la propia Lilith, la madre de los vampiros; una asociación que ya había sido establecida por Jules Michelet en su obra: Satanismo y brujería (La Sorcière).

Dentro de esta tradición, Aradia (Lilith) habría sido engendrada por Ardat. A su vez, daría a luz a Alouqua, otra tenebrosa deidad relacionada a los vampiros, y a los Lilim, aquellas criaturas nocturnas que tanto pavor infundían a los pueblos antiguos.

De hecho, el culto de Aradia se mantuvo firme, por lo menos, hasta el siglo VI d.C., donde fue enérgicamente condenado por el Concilio de Ancyra.

Por alguna razón que ningún especialista ha logrado esclarecer del todo, Lucifer obtuvo una enorme popularidad, quizá luego de ser instaurado como uno de los enemigos principales de la cristiandad. En cambio, su hermana Aradia, fue prácticamente olvidada salvo por un puñado de brujas de la Toscana, quienes mantuvieron vivo su culto hasta nuestros días.




Libros prohibidos. I Libros de brujería.


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Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Relato de T.G. Jackson.
Poema de H.P. Lovecraft.
Taller gótico.


Relato de Hume Nisbet.
Consultorio paranormal.
Poema de Leah Bodine Drake.