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Lengua Adánica: ¿qué idioma se hablaba en el Paraíso?

El misterio de la Lengua Adánica.
¿Qué idioma se hablaba en el Edén?

El escenario no podía ser más complicado para la comunicación. Solo había un hombre sobre la faz de la Tierra: Adán, y Dios debía comunicarse con él. ¿Pero, cómo? ¿En qué lengua? ¿Adán acaso nació conociéndola?

Para respoder estas preguntas perfectamente lógicas debemos introducirnos en uno de los mitos hebreos más bellos e interesantes: la lengua Adánica.

Según este mito, el lenguaje que Dios utilizó para dirigirse a Adán, y posiblemente a Eva, en el Edén, luego fue conocido como Lengua Adánica, la lengua primordial de la que surgen todos los idiomas posteriores.

Ahora bien, este mito ofrece una visión divergente, por la cual Dios le habló a Adán en una lengua impronunciable, al menos para el humano, que Adán tradujo como pudo a las posibilidades de sus cuerdas vocales. Esa "traducción" es lo que actualmente se conoce como Lengua Adánica, un eco, un reflejo pálido de la palabra perfecta emitida por Dios.

Según esta variante, la Lengua Adánica es la que Adán utilizaría para dar nombre a todas las criaturas de la Tierra, incluida a Eva, cuyo nombre, en hebreo antiguo, se pronunciaba Ḥawwāh.

En definitiva, la Lengua Adánica es un proto-lenguaje del cual proceden todas las lenguas posteriores. Recordemos que una de las funciones principales de Adán, como primer hombre creado, es la de dar un nombre a cada cosa.

Los eruditos hebreos siempre han sido fuertemente críticos acerca del origen de este proto-lenguaje. Algunos, y con toda lógica, sostienen que la Lengua Adánica es una forma arcaica del hebreo, ya que los nombres que menciona el Génesis solo tienen sentido en ese idioma. Los cabalistas, en cambio, sostienen que la Torah terrenal es una copia imperfecta de la Torah Eterna, y que el idioma hebreo que se utiliza en la "versión vernácula" difiere notablemente del original, escrito, por supuesto, en la mítica Lengua Adánica.

En la Edad Media se llevaron a cabo espantosos experimentos para probar la existencia de la Lengua Adánica. En el siglo XIII, por ejemplo, se pensaba que si un niño era criado en ausencia de todo idioma, sin oír jamás una palabra en cualquier lengua o dialecto, y sin recibir ningún estímulo para que desarrolle el habla, "espontáneamente" empezaría a hablar en la Lengua Adánica

No hace falta emplear una imaginacion portentosa para especular en qué consistían aquellos experimentos.

La tradición hebrea sostiene que la Lengua Adánica se preservó, con algunas alteraciones y desarreglos, entre los descendientes de Adán, hasta la confusión de lenguas durante la construcción de la Torre de Babel. Esto fue refutado osadamente por Dante Alighieri en su obra De Vulgari Elocuentia, donde especula que la Lengua Adánica es de origen divino, y, por lo tanto, inalterable e imperecedera. 

Más adelante arroja un nuevo dato polémico, mencionando que no es Adán el primero en hablar en primera persona, sino Eva al dirigirse a la serpiente.

Dante continúa debatiendo sobre la Lengua Adánica en La divina comedia. Allí cambia radicalmente de posición, y sostiene que ésta es, en definitiva, una lengua propia de Adán

En consecuencia, y siendo un producto nétamente humano, la Lengua Adánica si puede alterarse, o corromperse, si se quiere, con el paso del tiempo. En este sentido, Dante comenta que el idioma hebreo es un sub-producto de la Lengua Adánica, una versión cuya degradación procede del exilio del Edén. Incluso especula que la forma arcaica del nombre de Dios en hebreo, El, se proncunciaba en la Lengua Adánica con una sola letra: I.

El mito de la Lengua Adánica, además de perseguir propósitos prácticos, intenta explicar que el primer y mayor don de Dios al hombre es la palabra, cuya posesión incluye otorgarle un nombre a las cosas. Dios lo crea todo pero le cede a Adán el privilegio de darle un nombre a cada cosa, y si el nombre es también la cosa que nombra, como lo afirma el Talmud (y Borges), entonces conocer el nombre de algo es tener un poder absoluto sobre él.

Para finalizar este artículo debemos decir algo sobre una de las primeras palabras de la Lengua Adánica: Eva, el nombre que Adán le dio a su compañera.

El nombre original de Eva es Ḥawwāh, que literalmente significa: "la que vive", y cuya raíz: Hāyâ, significa "vivir". La palabra griega Eva (Εὕα), procede de esta misma raíz. Ahora bien, la elección de nombres de Adán no era arbitraria, es decir, los nombres que elegía no eran azarosos, sino que trataban de ajustarse a lo que él percibía como la esencia de cada cosa nombrada. 

Eva, en este sentido, es llamada Ḥawwāh, "la que vive", pero indudablemente no fue la primera criatura viva en el Edén. ¿Por qué, entonces, Adán la llamó bajo este misterioso nombre? Algunos sostienen que Adán percibió en ella una cualidad que nunca antes había visto: lo femenino como principio dador de vida.

La Lengua Adánica procede de una vieja creencia: conocer el verdadero nombre de las cosas provee un poder absoluto sobre la cosa nombrada. Así lo sostiene Borges en uno de los vástagos más exquisitos de la Lengua Adánica, la poesía:

Si (como el griego afirma en el Cratilo)
El nombre es arquetipo de la cosa,
En las letras de rosa está la rosa
Y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,
Habrá un terrible Nombre, que la esencia
Cifre de Dios y que la Omnipotencia
Guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
En el Jardín. La herrumbre del pecado
(Dicen los cabalistas) lo ha borrado
Y las generaciones lo perdieron.





Más mitología poética. I Misterios miserables.


Más misterios miserables:
El artículo: Lengua Adánica. ¿Qué idioma se hablaba en el Paraíso? fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Anónimo dijo...

La lengua de paraiso segun Borges es el hebreo.

Isrel 1969

Temí que en Israel acecharía
con dulzura insidiosa
la nostalgia que las diásporas seculares
acumularon como un triste tesoro
en las ciudades del infiel, en las juderías,
en los ocasos de la estepa, en los sueños,
la nostalgia de aquellos que te anhelaron,
Jerusalén, junto a las aguas de Babilonia,
¿Qué otra cosa eras, Israel, sino esa nostalgia,
sino esa voluntad de salvar,
entre las inconstantes formas del tiempo,
tu viejo libro mágico, tus liturgias,
tu soledad con Dios?
No así. La más antigua de las naciones
es también la más joven.
No has tentado a los nombres con jardines,
con el oro y su tedio
sino con el rigor, tierra última.
Israel les ha dicho sin palabras:
olvidarás quién eres.
Olvidarás al otro que dejaste.
Olvidarás quién fuiste en las tierras
que te dieron sus tardes y sus mañanas
y a las que no darás tu nostalgia.
Olvidarás la lengua de tus padres y aprenderás la lengua del Paraíso.
Serás un israelí, serás un soldado.
Edificarás la patria con ciénagas: la levantarás con desiertos.
Trabajará contigo tu hermano, cuya cara no has visto nunca.
Una sola cosa te prometemos:tu puesto en la batalla.