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El Satanás de Dante y La divina comedia

El Satanás de Dante y La divina comedia.


En el vasto pero finito infierno de Dante, Satanás es retratado como un demonio de dimensiones ciclópeas incrustado en el centro de un región de invierno perpetuo.

Este Satanás, perfectamente congelado, posee tres rostros y seis pares de alas. Al batirlas solo logra prolongar el invierno imperecedero que rodea los campos del Cocito. Cada mandíbula, con metódica regularidad, mastica ávidamente los cuerpos destrozados de Judas, Bruto y Casio. Estos últimos estuvieron involucrados en el asesinato de Julio César, un acto atroz que para Dante marcó el fin de la posibilidad de una Italia unificada.

Contrariamente a lo que describen las religiones monoteístas, esto es, que Satanás fue uno de los ángeles más poderosos del cielo y que, aún en su condena, conserva una porción considerable de su fuerza, Dante ilustra un ser mucho menos influyente. No gobierna sobre ningún reino subterráneo. De hecho, se encuentra prisionero del infierno así como el resto de los réprobos que lo habitan.

El Satanás de Dante y La divina comedia es una criatura grotesca signada por la tragedia.

El Infierno de Dante está compuesto por Nueve Círculos. El Noveno, dividido en cuatro anillos menores, está marcado por la pronfundidad en la que los réprobos se encuentran sumergidos en el hielo. Satanás se encuentra ubicado en el último Círculo o Anillo, llamado Judecca, rodeado por los peores pecadores: los traidores.

Estos traidores se diferencian claramente de los espíritus fraudulentos, ya que su traición consiste en el engaño a personas con las que tuvieron algún tipo de relación especial. 

Incluso dentro de los traidores existen categorías, cuatro, para ser más precisos: Caina (en honor a Caín), agrupa a los traidores de sus propios familiares; por ejemplo, Mordred, el hijo traidor del rey Arturo. Antenora, en honor a Antenor de Troya, quien traicionó a su ciudad en favor de los griegos. Allí residen los traidores políticos. Ptolomea, donde habitan los que traicionan a sus huéspedes; y finalmente Judeca, el Último Anillo, cuyo nombre refiere a Judas Iscariote, donde los traidores a sus benefactores padecen un tormento indecible.

El Noveno Círculo del Infierno también está repleto de monstruos clásicos de la mitología. Entre ellos están Nimrod, Anteo y Efialtes, quien junto a Otus, su hermano, intentó vanamente derrotar a Zeus y los dioses del Olimpo.

En esta región de desolación las almas condenadas se hallan congeladas en el hielo, incapaces de hablar o de moverse, aunque sus formas van cambiando fantásticamente para profundizar sus castigos.

Curiosamente, en este círculo los pecadores permanecen anónimos, al contrario de lo que ocurre en el resto de las dependencias infernales. Incluso el propio Dante, el mismísmo autor de La divina comedia, vacila en ingresar en este recinto de locura.

Otro dato interesante, que seguramente impresionó a todos los lectores de La divina comedia, es que su autor, Dante, se queda en silencio en presencia de Satanás, algo que no ocurre en ningún otro momento de la obra.

En cambio, Dante lo observa todo: réprobos silenciosos, rodeados por un hielo eterno, totalmente separados de cualquier forma de vida y de luz.

Ahora bien, ¿cuál es el crimen que Satanás debe purgar en su prisión de hielo?

El castigo de Satanás tiene que ver con su acto de rebeldía, con su deseo de alcanzar el poder divino. Cuando fue expulsado de los cielos su caída excavó un abismo en el cosmos, donde cumple una condena que no es caprichosa, sino de hecho equilibrada. Allí paga su ofensa atravesando una situación opuesta a la que deseaba alcanzar derrocando a Dios, esto es, estar por encima de toda la creación.

En el aislamiento inimaginable de los eones, Satanás se encuentra solo, y por debajo de toda la Creación.

Es Virgilio, el guía de Dante en el infierno, quien explica que los habitantes de esa región han perdido la bondad y el intelecto, es decir, que han perdido la capacidad de amar.

En el vértice de esa ausencia de Dios se encuentra Satanás.

A pesar de su aparente inmovilidad, Satanás es plenamente conciente de su situación; está alerta, vigilante, con sus seis ojos abiertos, desencajados y cubiertos de lágrimas; sumergido hasta la cintura, babeando, aleteando como si quisiera escapar.

Dante y Virgilio finalmente salen del Infierno escalando sobre la mole de Satanás y atravesando el centro de la tierra. Emergen en el hemisferio sur, descrito en el Purgatorio, justo antes del amanecer de Pascua, bajo un cielo claro y estrellado.



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