Cocito: el infierno de los que no llegan a fin de mes


Cocito: el infierno de los que no llegan a fin de mes.




Los poderosos obtienen beneficios tanto en la Tierra como en el Cielo, e incluso en el infierno, pero si uno es un simple pecador con problemas para llegar a fin de mes, la cuestión se torna bastante complicada.

En los mitos griegosCocito es uno de los ríos que riegan las estériles planicies del Hades. Su nombre significa «lamentación», debido a que sus aguas nauseabundas proceden de las lágrimas de pungas, comerciantes y otros ladrones de poca monta que habitan en ellas.

La divina comedia, en cambio, sitúa al Cocito en el noveno círculo del infierno, y lo describe como un gran lago congelado debido al constante batir de las alas de Lucifer. En este sentido, Dante traslada a los ladrones a otras dependencias infernales, dejando al Cocito como lugar de encierro para los traidores.

Y justamente es el grado de traición el que determina la profundidad en la que el pecador es enterrado en los hielos del Cocito. Repasemos los más interesantes.

Aquellos que traicionaron a su familia son enterrados hasta el cogote en la Caína, una de las áreas concéntricas del Cocito; los que traicionaron a la patria residen en la Antenora, sumergidos hasta la cintura; los que traicionaron la confianza de sus huéspedes se refrescan en la Tolomea, permitiéndoseles el congelamiento gradual de los huevos; y los que traicionaron a sus benefactores habitan en la Judeca, completamente sepultados bajo el hielo.

Dante se no aporta mayores detalles respecto de este castigo dispar, habida cuenta que una traición es una traición, independientemente a quien se traicione, pero en tono confidencial aclara que en la Judeca, nombre que refiere a Judas Iscariote, habita el mismísimo Lucifer, enterrado hasta la cintura, como todo buen traidor a la patria; en su caso, el Cielo.

Algunas fuentes —Virgilio, entre otras — sitúan al Cocito como afluente del Aqueronte, el río que separa el reino de los muertos del nuestro; algo así como una frontera natural que todos deberemos cruzar tras la muerte. Los que cuentan con una economía resuelta no tienen problemas en abonar un óbolo a Caronte, el barquero, para acceder de las comodidades del infierno, pero a los pobres, a los que no llegan a fin de mes, les aguarda un destino aún más ingrato que el castigo directo.

Los insolventes son obligados a vagar por las orillas del Cocito hasta que perezcan los últimos seres humanos, y Caronte por fin transporte a los rezagados gratuitamente.

Uno podría pensar que es mejor vagar eternamente por las fronteras del infierno que sufrir dentro de sus instalaciones; no obstante, los condenados que han sido admitidos carecen de memoria, mientras que los pobres, los que recorren los márgenes del Cocito como tenues sombras inarticuladas, recuerdan perfectamente su pasado en la tierra, y sienten hambre, sed, sueño, ganas de cagar, pero carecen de un cuerpo físico para safisfacer esas necesidades.

Es decir que el castigo a la pobreza, al menos en el Hades, se asemeja peligrosamente a la realidad: no poder satisfacer las necesidades más elementales; mientras los ladrones, los traidores, lo réprobos en general, disfrutan de una atención mucho más personalizada.




Mitología comparada. I Diccionario demonológico.


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