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Los dioses de la Wicca

Los dioses de la Wicca.


La religión Wicca ha sido oscuramente mitificada, calificada de "satánica", de primitiva, de intensificar el costado animal de sus acólitos. Nada de todo eso es realmente cierto. 

La única certidumbre es que la Wicca posee un pasado mítico muy rico, tan profundamente arraigado en el paganismo que muchas de sus formas podrían ser tomadas erróneamente por observadores ajenos a sus características.

La religión Wicca orbita sobre dos deidades principales, el Dios y la Diosa, que representan las fuerzas de la naturaleza, no ya como opuestos, sino como complementos necesarios. Esto mismo ocurre en prácticamente todos los cultos antiguos de la fertilidad.

El Dios y la Diosa son tanto polaridades como complementos. En sí mismas no poseen ningún poder concreto, ni pueden influir independientemente sobre el devenir humano. Es en el balance entre ambas donde se desprende lo masculino y lo femenino, que como todo wiccano de la vieja escuela sabe, nunca son absolutos ni se representan en los principios masculino y femenino tal cual los concebimos.

Para la Wicca lo femenino no solo se representa en la mujer, asi como lo masculino no es únicamente "varonil". A veces el hombre y la mujer pueden encarnar principios contrarios a los de su genitalidad. De hecho, una mirada profunda sobre la filosofía wicca nos lleva a considerar a que menudo la genitalidad confunde estos principios, y que de hecho son apenas rasgos secundarios que no expresan la verdadera potencia de lo femenino y lo masculino.

Estos dioses primordiales de la Wicca muchas veces son simbolizados en el Sol y la Luna. En este sentido, las fases de la Diosa Lunar la llevan a encarnar una especie de trinidad: Doncella, Madre y Anciana, ocupando un rol determinante para sus devotos. 

Ella administra lo potencial, lo que puede ser, y lo gesta hasta llevarlo al plano grosero de las formas; siempre de manera incompleta, inexacta, con los desarreglos propios de toda idea que es perfecta y pura en la mente, pero que parte de su esencia al trasladarse al universo formal de la palabra.

El Sol, es decir, el Dios Astado, es el motor que vivifica a la Diosa. Es su amante, su hijo y su padre; ajustándose al ciclo anual representado por la cosecha; donde Ella nace y renace constantemente.

Según Gerald Gardner, autor de Brujería Hoy (Witchcraft Today), El significado de la Brujería (The Meaning of Witchcraft) y El libro de las sombras (The Book of Shadows), los dioses wicca serían resabios de antiguas deidades Islas Británicas: un Dios Cornudo que gobierna en el Otro Mundo, y una Diosa Madre que otorga la vida y la regeneración después de la muerte.

Para no perder acólitos, Gerald Gardner le sugiere a los brujos y brujas que no sean británicos que busquen conectarse con los dioses autóctonos de su territorio. Lo cierto es que los nombres propios del Dios y la Diosa son nombres secretos; solo los conocen los iniciados en los secretos de la Wicca, y no han sido publicados en ningún libro. Solo se ofrecen nombres genéricos como Cernunnos y Aradia.

La religión wicca considera que sus dioses pueden manifestarse de forma personal y corpórea, a veces incluso a través de sus sacerdotes y sacerdotisas. Este es el objetivo principal de los rituales conocidos vulgarmente como Bajar la Luna y Bajar el Sol, donde se busca una especie de "posesión divina" similar al Entusiasmo de las bacanales griegas.

Pero lo cierto es que no hay un acuerdo general al respecto, aún dentro de la religión wicca. Algunas ramas sostienen que cada dios es individual, personal, y que responde a las necesidades del oficiante. Otros consensan la existencia de muchos dioses independientes entre si; casi como una manifestación concreta de la teoría de los arquetipos formulada por Carl Jung.

No obstante, gran parte de la comunidad wicca defiende la postura de que solo existen dos deidades: Él y Ella, y que las parejas mitológicas que vemos en prácticamente todos los panteones de la antigüedad serían rostros locales de la gran pareja universal.

Tras la publicación de La Diosa Blanca (The White Goddess), de Robert Graves, El Dios de los Brujos (The God of the Witches), de Margaret Murray, y La Diosa hebrea (The Hebrew Goddess), de Raphael Patai; muchos wiccanos aceptaron la existencia de una única Diosa Primordial, perfecta y autónoma, cuyas raíces se extienden como voraces tentáculos hacia los cultos desconocidos del período Neolítico.


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