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Metatrón: el ángel que fue Dios


Metatrón:
El ángel que fue Dios.


Metatrón es, quizás, el ángel más extraño de la mitología judeocristiana. Está presente en innumerables leyendas y tradiciones, aunque el Nuevo y el Antiguo Testamento (Tanaj) lo ignoran por completo.

El misterio en torno a su figura es tan grande, y tan confuso, que nadie ha logrado ponerse de acuerdo en lo referente a sus funciones, y ni siquiera si efectivamente se trata de un ángel o de algo más. Su rol y jerarquía son desconocidos, lo cual no ha evitado conjeturas, a menudo fantásticas, que giran en torno a este curioso ángel de los días antiguos.


El Talmud menciona de pasada a Metatrón, señalando que es una entidad misteriosa, acaso una joya en la creación de Jehová; y luego refiere un extraño incidente protagonizado por Elisha ben Abuya, quien visitó los palacios celestiales y vió a Metatrón cómodamente sentado en un sitio de honor. Vale aclarar que, en la tradición antigua, sólo Yahvé puede sentarse en su reino, los ángeles y almas permanecen de pie, de modo que el buen rabí se sorprendió enormemente al ver a Metatrón regiamente sentado, por lo que declaró que no existía un único Dios, sino dos.


Posteriores análisis reubicaron el comentario exaltado de ben Abuya, señalando que Metatrón es el escriba de Yahvé, por lo cual debe permanecer sentado. Acto seguido, lo designan como un ángel de cualidades excepcionales. Es él, apuntan, quien recibe las órdenes del Señor, y es él quien las trasmite a los ángeles menores, como Rafael o Gabriel. De ahí su ambicioso apodo: el pequeño Yahve.


Más cerca en el tiempo se asoció a Metatrón con Enoc, tal como lo señala el Libro de Enoc, aunque esta fuente es demasiado nueva y dudosa para tomarla en serio. El misterio fundamental de este ángel fue desentrañado por Robert Graves -autor, entre otras gemas mitológicas, de La Diosa Blanca (The White Godess)-, quien sostiene que la naturaleza ambigua de Metatrón y su oscura tarea en los círculos celestiales, se debe a que no es en absoluto un ángel, ni un santo, ni un profeta, ni nada remotamente asociado al mito judeocristiano.

Según Robert Graves, los judíos fusionaron dos términos griegos terribles: Metadromos, el que busca venganza, y Meta Ton Thronón, que significa El más cerano al trono. Ambos aluden a una curiosa deidad que los griegos no conocían, pero que intuían en la oscura noche de los tiempos. La mentalidad griega era tan genial, tan vasta su capacidad de aceptar otras verdades, que consideraban que el panteón de los Olímpicos bien podía estar incompleto, y que un dios desconocido quizás habitase las regiones siderales más distantes, de modo que, al desconocer su nombre, lo llenaron de epítetos y alusiones ambiguas.

Un Dios que mantiene su existencia en secreto, decían, es el más digno de adoración.

Aelfwine.




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