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La hija autómata de René Descartes


La hija autómata de René Descartes.

La ciencia no está libre de superstición, y la superstición, al parecer, no está libre de científicos.

Ese monumento al pensamiento que fue -y seguirá siendo- René Descartes, oculta un misterio. Este enigma ha sido cuidadosamente sepultado por sus biógrafos, más interesados en otros detalles de la vida del filósofo que en la única maravilla sobrenatural a la que podemos asociarlo.

Declaramos, sin más preámbulos: René Descartes tuvo una hija autómata.

La idea central detrás del concepto cartesiano es que todos los animales privados de intelecto son, en definitiva, autómatas; seres que actúan instintivamente, y cuyo único fin es sobrevivir y prolongar su estirpe. En consecuencia, todo su organismo actúa de forma automática, sin dar lugar a rebeliones o deseos personales.

Tras la muerte de Francine, hija ilegítima de René Descartes, a los cinco años de edad, el filósofo se hundió en una profunda depresión. Su dolor fue tan grande, tan intenso y continuado, que Descartes decidió batallar contra la muerte. ¿Cómo? Reconstruyendo a su hija muerta.

René Descartes comenzó la tarea sobrehumana de construir un autómata lo más parecido a su hija fallecida. Según la declaración exaltada de varios cronistas de la época, lo logró, y de un modo que causaría horror y asombro en igual proporción.


Francine
vio la luz una madrugada de marzo. Descartes inmediatamente la aceptó como su hija, y no cuestionó su naturaleza mecánica. Se unió a ella inseparablemente. Le hablaba, le comentaba sus proyectos, consultaba con ella algunos problemas de difícil resolución, e incluso le pedía consejos, que eran valorados de un modo obsesivo.

Incapaz de dejarla sola, René Descartes se llevó a Francine a Holanda, en un viaje que venía postergando durante meses. Para no levantar sospechas, guardó al autómata en un cofre similar a un ataúd, pero de proporciones acordes a una niña de cinco años. Cierta noche, el capitán del barco, intrigado por el contenido del cofre, forzó la cerradura. Se dice que el buen capitán perdió la cabeza al ver a una niña de rostro pálido, perfecto, levantándose de su ataúd y hablando en un perfecto francés.

Horrorizado, el capitán arrojó a Francine por la borda, y mandó a llamar a Descartes, acaso para pedirle explicaciones por aquel asalto a la razón. El filósofo, hombre de humor volátil, sugirió que diesen un paseo por el barco, momento en el que aprovechó para arrojar al capitán a las frías aguas nocturnas, tal vez con la idea de que no hay peor crimen que el de despojar a un hombre de sus fantasías.

Siendo menos dramáticos, pensemos en todas las cosas que hemos perdido a lo largo de los años, todas las personas, afectos y lugares que se han diluido en el tiempo. Ahora pensemos cuál de todas esas cosas rescataríamos de la muerte, qué personas o qué lugares desearíamos volver a recorrer, qué charlas volveríamos a escuchar con atención, qué texturas querríamos volver a sentir, y qué voces mataríamos por volver a escuchar.

Ahora imaginemos que hemos logrado reunir en el éter un fragmento de lo que hemos perdido, que gracias al amor y la imaginación le arrancamos a la muerte una astilla de aquello que ha muerto, y a continuación que un imbécil (bienintencionado, como todos los imbéciles) nos arroja el sueño por la borda.

Luego de este ejercicio tal vez comprendamos la cólera del filósofo, que, como muchos de nosotros, fue capaz de ignorar la razón a cambio de un poco de eternidad.

Aelfwine.
lord-aelfwine@hotmail.com




El artículo: La hija autómata de René Descartes fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

2 comentarios:

Anónimo dijo...

=( perder un hijo es mas doloroso que deber morir pero un autómata que usurpe su lugar sería blasfema ilusión.
Amenos que el alma misma de esa persona se conectase a un cuerpo digno no tendría sentido...

La única cosa que creo pueda justificar la creación de una inteligencia no viva es para servirle a los vivos, no para que nos autoengañemos. Mentirse a sí mismo es estúpido y mas aún desperdiciar el amor que podemos ofrecerle a quién puede beneficiar y querernos a su vez...
Si mucho una sierva mecánica para desperdiciar un poco de esperma XD
Pero el amor es para el espíritu, para la vida y para nuestros muertos.

Aníbal dijo...

Existe evidencia de que sea verdadera esta historia? Si es así me gustaría saberlo. Interesante sería, una faceta desconocida de nuestro racional Descartes. Ojalá me respondan. Gracias.