Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Poema de Samuel Coleridge.
Frases de William Shakespeare.
Relato de Edgar Allan Poe.

Poema de Robert Herrick.
Libro prohibido.
Poema de Robert Browning.


La bruja debe morir: psicología de los cuentos de hadas

La bruja debe morir: el significado escondido de los cuentos de hadas (The Witch Must Die: The Hidden Meaning Of Fairy Tales) es un interesante libro prohibido de Sheldon Cashdan, profesor de psicología de la universidad de Massachussets, publicado en el año 2000 y ampliado bajo el título: La bruja debe morir: De qué modo los cuentos de hadas influyen en nuestras vidas (The Witch Must Die: How Fairy Tales Shape Our Lives).

La bruja debe morir es, sobre todo, una obra sobre la psicología del cuento de hadas, y cómo estas historias tradicionales ayudan a los niños a lidiar con sus conflictos al proyectar sus miedos e inquietudes.

Sheldon Cashdan parte de dos preguntas fundamentales: 

¿Por qué los cuentos de hadas han perdurado de forma casi inalterable a través del tiempo? y ¿Cuál es la fuerza que los sostiene y que permite que niños generacionalmente separados por mil años de diferencia sigan regocijándose con sus personajes?

El primer paso para resolver el enigma propone que todo cuento de hadas es una especie de rito, donde un adulto que es admirado por el niño, por ejemplo, su padre, su madre o sus abuelos, le relatan una historia

Ahora bien, cualquier niño sabe que esta no es una historia cualquiera, sino que ese adulto admirado también fue un niño que oyó atentamente los peligros y aventuras que ahora le trasmite como un conocimiento ancestral.

Recordemos que la naturaleza del cuento de hadas es oral. Su fuerza no solo reside en su contenido, sino en cómo se lo trasmite. El adulto que lee un cuento de hadas a sus hijos es, además de un padre generoso, una especie de sabio hechicero capaz de confiar misterios antiquísimos.

Y el niño, el oyente, es el depositario ritual de estos misterios, que luego serán trasmitidos a las generaciones posteriores.

¿Por qué a los niños pequeños les gusta oír una y otra vez la misma historia? ¿Por qué, a pesar de conocer de memoria cada palabra e inflexión del relato, los niños se disponen a oírla como si jamás la hubiesen escuchado?

Allí reside la naturaleza ritual del cuento de hadas.

La historia importa, desde luego, pero también importa ese rito oral que es como una confesión de identidad.

Los niños captan el enigma, entienden que más allá de las brujas hay una verdad única e indivisible, y aunque no logren precisarla o verbalizarla, la intuyen como una fuerza sin nombre detrás de cada acto del cuento.

No en vano el niño pequeño reclamará mayor énfasis cuando el lector de cuentos de hadas caiga en el desgano, y qué decir si uno intenta modificar una palabra o una oración que el niño ya conoce de antemano. Mejor reacción encontrará en un devoto cuya cita bíblica es alterada.

A través de las historias de Blancanieves, Cenicienta, Hansel y Gretel, la Sirenita, la Bella y la Bestia, Caperucita Roja, el Flautista de Hamelin, La bruja debe morir expone cómo los cuentos de hadas ayudan a los más pequeños a entender sus propios conflictos psicológicos al proyectarlos sobre la lucha primordial del bien contra el mal que libran los personajes del cuento.

Todos los cuentos de hadas expresan, de forma más o menos directa, los "pecados" que los adultos censuran expresamente, como la avaricia, la holgazanería, la vanidad, la lujuria, la arrogancia, la soberbia; encarnados sobre los Villanos. Por otro lado, Sheldon Cashdan estudia con gran elegancia las preocupaciones humanas esenciales dentro del cuento de hadas, y revela el papel secreto que juegan los arquetipos y las imágenes simbólicas, como los zapatos de cristal, las casas de jengibre, las madrastras diabólicas, las brujas, las hadas madrinas, por mencionar solo algunos.

Los adultos, no todos, desde luego, han perdido la noción de importancia que tienen los cuentos de hadas. El niño, cuando escucha un cuento de hadas, siempre se interesa por una parte en especial, que oscila de individuo en individuo, pero que siempre se enfoca sobre la matriz de ese relato en particular. Si uno quiere saber, como los hermanos Grimm, cuál es el núcleo, la pregunda primordial, de un cuento de hadas en especial, basta con advertir si el nivel de atención del oyente se encuentra en su punto más alto.

Los más pequeños, a no dudarlo siquiera por un instante, se hacen preguntas filosóficas devastadoras al escuchar un cuento de hadas, desde ya, sin la formalidad de un interrogante académico, pero cuya respuesta no necesitan oír pues está implícita en el cuento. Esto ha salvado a todos los narradores circunstanciales, ya que son preguntas sin respuesta. Por ejemplo:

¿Por qué Blancanieves muerde la manzana envenenada?

O todavía peor:

¿Por qué la madrastra es mala?


Nadie en su sano juicio le diría al niño que la madrastra es mala porque representa la muerte de la madre real, identificada en la figura de una intrusa que desea matarte y reemplazarte por su propia descendencia.

Por supuesto, el niño es incapaz de expresar esto en términos análogos, pero puede entenderlo, y de hecho lo hace, de una forma más limpia y directa que los adultos, cuyos miedos primordiales se han desplazado.

Si dejamos que un niño pregunte abiertamente cualquier cosa sobre un cuento en particular, casi siempre formulará interrogantes imposibles de resolver.

¿Por qué el padre/madre del/la protagonista nunca está cuando él/ella lo necesita?
¿Por qué el príncipe no reconoce a Cenicienta hasta probarle el zapato?
¿Por qué las brujas siempre viven en el bosque?
¿Por qué el lobo debe vestirse con las ropas de la abuela para atrapar a Caperucita?

La lista podría prolongarse indefinidamente.

La bruja debe morir también alerta sobre los peligros de la disneyficación, es decir, de los rasgos primordiales del cuento de hadas que son atenuados, en el mejor de los casos, o directamente alterados, por Disney y su oligopolio de la fantasía folklórica.

Alguien podrá preguntarse, y con toda lógica, ¿por qué las películas de Disney son tan exitosas entre los niños si las historias que presenta han sido alteradas y "viciadas" con una ética que no se encuentra en los originales?

La respuesta, menos contundente de lo que nos gustaría, propone que Disney es menos estúpido de lo que parece, y que sus guionistas siempre han sabido donde cortar y donde no, qué personaje puede alterarse y cuál, a pesar de su aparente inoperancia, debe dejarse intacto.



Más libros prohibidos. I Libros malditos.


Más literatura gótica:
El resumen del libro de Sheldon Cashdan: La bruja debe morir (The Witch Must Die) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

5 comentarios:

Anónimo dijo...

La propuesta de Cashdan se aproxima a las posturas de Erich Fromm y Bruno Bettelheim, no?
Beso, Seba!

Anónimo dijo...

Me olvidaba, Darnton, en "La gran matanza de gatos y otros episodios..." también analiza esta clase de cuentos- en sus versiones originales-, aunque no desde la psicología sino desde la historia de las mentalidades. De hecho, este historiador critica a los que intentan psicoanalizar los cuentos de hadas y procede a contextualizar los relatos. Para él, los cuentos de hadas representan las condiciones de vida del campesinado europeo desde la Baja Edad Media hasta el siglo XIX. Afirma que los cuentos no remiten a manifestaciones del subconsciente ni a conductas arquetípicas sino a un problema central para los estratos bajos de esas centurias: el hambre.
Paula

Anónimo dijo...

es un control que ejerce disney sobre las mentes de los niños

Sebastián Beringheli dijo...

Se aproxima, como la de casi todos los que se acercan al cuento de hadas, pero en cierta forma admite las hipótesis de J.R.R. Tolkien en "Sobre los cuentos de hadas". Beso!

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Una curiosa excepción es la villana de la primera parte de La bella durmiente del bosque. No es una bruja, sino un hada quien lanza la maldición, atenuada por otra hada.
Y queda impune. No es castigada, tal vez porque es imposible o tal vez la historia plantea que fue ofendida al no ser invitada, que esa ofensa debe ser castigada.