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Senzar: la lengua de Dzyan


Senzar; la lengua de Dzyan.

H.P. Blavatsky menciona en La doctrina secreta (The Secret Doctrine) una misteriosa lengua llamada Senzar.

Según la teósofa, el Senzar sería la lengua original de Las estancias de Dzyan (The Stanzas of Dzyan), es decir, de una civilización perdida en la noche de los tiempos.

En obras posteriores H.P. Blavatsky fue otorgando mayores precisiones. Por ejemplo, que el Senzar no era una lengua común, sino el habla de los antiguos sacerdotes y sabios, de los iniciados en los misterios sobre el verdadero pasado de la humanidad; una verdad inquietante para cualquiera que padezca de vértigo temporal. En Isis sin velo (Isis Unveiled) se subraya que el Senzar, de hecho, es la lengua sobre la que se construyó el sánscrito antiguo.

La teosofía anuncia que el Senzar, cuya sola sugerencia causaba horror en los pueblos salvajes, está ausente en todas las nomenclaturas y dialectos fuera de su órbita de influencia, explicando de este modo porqué los filólogos y lingüistas jamás se hayan topado con sus rastros, transformando convenientemente a H.P. Blavatsky en la única persona de occidente capaz de interpretar su significado.

Si bien el Senzar no tiene una influencia directa sobre otros idiomas, al tratarse de una "lengua fundamental", uno puede comprender todos los idiomas si logra administrar sus secretos; ya que en el Senzar se encuentra el "gérmen del habla", es decir, el habla primordial, los primeros acuerdos por los cuales dos personas diferentes aceptan llamar a algo bajo un sonido determinado.

Más aún, algunos teósofos entusiastas sostienen que el Senzar opera en distintos niveles, tanto sobre la mente en el estado de vigilia como durante el sueño, momento en el que revela sus imágenes más ricas y exuberantes. En este sentido, el Senzar es una lengua que se escucha despierto, pero que se comprende durante el sueño; instante en el que florece imprevisiblemente y lejos de las clausuras de la conciencia diurna.

Solo un puñado de iniciados alrededor del mundo son capaces de leer e interpretar los sonidos del Senzar, por cierto, ásperos o dulces y delicados, según la ocasión y el nivel de sensibilidad del oyente, de tal modo que ante una misma palabra una persona puede oír "roca", y otro "flor" o "ducado", generando gran confusión y debate sobre cualquier inciso, incluso el más nimio, que se intente proyectar.

De más está decir que el Senzar es una lengua mítica, incierta e improbable, pero su naturaleza responde a una mecánica acaso posible.

En un pasado remoto, antes de que el significado y el significante operen sobre la incipiente psiquis humana, en algún rincón remoto del mundo los hombres balbucearon sus primeros sonidos, balbuceos que, por otro lado, solo tenían significado para ellos mismos, es decir: la palabra individual, sin acuerdos colectivos.

Solo mediante una negociación inimaginable -ya que no había una lengua con la cual comunicarse- los hombres de aquel rincón remoto acordaron que ciertos sonidos y modulaciones se ajustaban a un concepto, a una cosa, e incluso a una emoción. Es difícil imaginar, al menos para mi, como en ausencia de una lengua los hombres comenzaron esa concesión por la cual todos aceptaron que un sonido significaba una cosa, y solo esa cosa.

Después de todo, inventar una lengua es menos difícil que imponérsela a un tercero que la desconoce.




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