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Los principales linajes y estirpes entre las HADAS


Los principales linajes y estirpes entre las HADAS.




Existe una innumerable cantidad de razas de hadas, sobre todo provenientes de la mitología celta, de manera tal que los investigadores han debido recurrir a distintas clasificaciones para tratar de entender la posición que ocupa cada una de ellas dentro de la gran familia.

Las hadas se dividen en dos categorías principales, conocidas como las Cortes Seelie y Unseelie.

La palabra seelie proviene del Inglés Antiguo sǣl, que significa «feliz», aunque a veces se lo interpreta como «afortunado» o «bendecido». Por el otro lado, unseelie —del Inglés Antiguo gesǣlig— significa «infeliz», pero también «desafortunado» o «profano».

Estas dos categorías: Seelie y Unseelie, clasifican a las hadas en términos de temperamento. En esencia, ambas son parte de la misma raza, pero con agendas completamente distintas.

Las hadas que pertenecen a la Corte Seelie pueden llegar a ser bondadosas con el ser humano, o en el peor de los casos, indiferentes, pero rara vez violentas; mientras que las hadas de la Corte Unseelie se caracterizan por su hostilidad.

Algunos investigadores asocian esta división entre las hadas con la clasificación que los mitos nórdicos realizan sobre los Elfos.

Por un lado, tenemos a los Elfos de la Luz (Ljósálfar); por el otro, a los Elfos Oscuros (Dökkálfar). Ambas sub-especies poseen las mismas características que las hadas Seelie y Unseelie, es decir, los primeros son bondadosos con el hombre, mientras que los segundos son francamente maliciosos.

El poeta William Butler YeatsEl crepúsculo celta: hadas y folklore (The Celtic Twilight: Faerie and Folklore)— expandió esta primera clasificación, que en definitiva explica las diferencias en términos demasiado genéricos, básicamente entre hadas buenas y hadas malas, sin espacio para las estirpes y linajes en particular.

W.B. Yeats creyó, por regla general, que las hadas maliciosas casi siempre actúan solas, mientras que las hadas bondadosas generalmente se mueven en grupos. Fue así que el poeta estableció dos nuevas clasificaciones: Trooping Fairies (o Tropa de Hadas), y Solitary Fairies (Hadas Solitarias).

La primera división se caracteriza por moverse únicamente en grupo, generalmente en largas y espléndidas procesiones por los bosques, tal como testimonia el poeta William Blake; quien, según él mismo afirmó, de niño avistó una larga procesión con motivo del funeral de un hada.

La segunda división clasifica únicamente a las hadas solitarias, es decir, aquellas que por algún motivo u otro han sido expulsadas, relegadas, o que sencillamente han elegido el camino de la rebeldía, y que desde entonces vagan solas por los bosques y los arroyos, estableciendo pequeños territorios que defienden con gran tenacidad.

La investigadora Katharine Mary Briggs —La anatomía de Puck (The Anatomy of Puck)— añadió una tercera categoría de hadas, que básicamente define a las Hadas Domesticadas (Domesticated Fairies); es decir, aquellas hadas que pueden convivir en armonía con los seres humanos, incluso bajo el mismo techo.

En esta última categoría de hadas domésticas se incluye a los Brownies, de quienes se dice que ayudaron a Robert Louis Stevenson a componer varias de sus obras.

Las hadas que pertenecen a la Corte Seelie se caracterizan por buscar la ayuda de los seres humanos, no únicamente por prestarla, y además por devolver los favores recibidos con el cumplimiento de algún tipo de deseo multiplicado por tres.

De ellas procede la leyenda de las Hadas Madrinas; es decir, de que es posible pedirle tres deseos a las hadas.

Pero esto no significa que las hadas de la Corte Seelie sean totalmente inofensivas.

Si se las ofende, o se transgrede alguna norma impuesta por ellas, sobre todo relacionadas con la prohibición de visitar un lugar específico del bosque, buscarán venganza.

Así las define Katharine Mary Briggs en el libro: Enciclopedia de hadas, hobgoblins, brownies, bogies y otras criaturas sobrenaturales (An Encyclopedia of Fairies, Hobgoblins, Brownies, Boogies, and Other Supernatural Creatures):


Una hada perteneciente a esta corte se vengará de los insultos y podría ser propensa a realizar travesuras.

(A fairy belonging to this court will avenge insults and could be prone to mischief)


Es importante aclarar que por travesuras las hadas entienden acciones que para nosotros resultan detestables, como robar niños y suplantarlos por los suyos. A ellos corresponde la leyenda de los Changeling: los hijos de las hadas criados por mujeres humanas.

En cualquier caso, el temperamento y el carácter de las hadas, desde nuestra perspectiva, resulta sumamente inestable, a incluso volátil. Tampoco tienen muy en claro cuál es nuestro límite de tolerancia, de forma tal que no es infrecuente que las bromas de las hadas, sus travesuras, terminen yendo demasiado lejos.

Del mismo modo en el que reaccionan con violencia ante alguna ofensa, real o imaginaria, las hadas también olvidan rápidamente. Por el otro lado, es decir, desde la perspectiva de las hadas, el ser humano les resulta una criatura un tanto aburrida y preocupada por asuntos que a ellas no les generan el menor interés.

En general, todas las familias de hadas, Seelie y Unseelie por igual, se dejan ver únicamente durante el crepúsculo. Por eso se las conoce también como las Doradas (The Golden Ones) y la Corte del Verano (The Summer Court). Cada familia tiene su lengua propia, aunque comparten una especie de lengua franca: el lenguaje de las hadas, del cual conocemos apenas unas pocas palabras.

La Corte Unseelie agrupa a las hadas con tendencias más solitarias: algunas fueron expulsadas, otras se alejaron voluntariamente de sus familias, pero en cualquier caso es la soledad la que acentúa sus impulsos retorcidos.

Contrariamente a lo que ocurre con las hadas de la Corte Seelie, no hace falta ofenderlas para conocer su costado más oscuro.

Si bien estas hadas son, en esencia, solitarias, pueden moverse en grupos reducidos, sobre todo cuando se agrupan para realizar un ataque coordinado. Los investigadores Brian Froud y Alan Lee —Hadas (Faeries)— definen de esta forma una de las tantas travesuras de las Unseelie cuando se mueven en compañía:


Aparecen de noche y atacan a los viajeros, llevándolos a menudo por el aire, golpeándolos y forzándolos a cometer actos tales como disparar contra el ganado.

(They appear at night and assault travelers, often carrying them through the air, beating them, and forcing them to commit such acts as shooting at cattle)


Pero así como no todas las hadas Seelie son benevolentes, tampoco las Unseelie son exclusivamente malvadas.

Muchas pueden incluso sentir un fuerte lazo emocional con los humanos que se muestran respetuosos con ellas; aunque en este último ejemplo las cosas también pueden volverse inquietantes, en especial cuando un hada se enamora de un hombre mortal, el cual terminará siendo, en el peor de los casos, una simple mascota de sus caprichos.

Aún dentro de estas dos grandes clasificaciones, Seelie y Unseelie, las hadas poseen diferentes jerarquías, rangos y personalidades.

Las Unseelie son, por naturaleza, rebeldes y solitarias, y rara vez responden ante una superiora, salvo cuando las circunstancias las obligan. Las Seelie, por su parte, cuentan con un sistema social flexible. De hecho, las procesiones son conducidas por la aristocracia de las hadas, la elite, por llamarla de algún modo, conocida como Aos Sí.

Para finalizar hay que decir que buena parte de lo que sabemos sobre las divisiones, estirpes y linajes de estas criaturas, proviene del romanticismo, el período en el que las hadas abandonaron nuestro plano de existencia; más precisamente en el año 1799, tal como lo determinó Anna Kingsford. Poco sabemos sobre su estructura social antes de esta época.

El éxodo de las hadas, sobre todo de la rama Seelie, se prolongó hasta el año 1912. Es decir que, desde entonces, solo quedan algunas pocas hadas dispersas en el mundo, casi todas ellas hurañas, hostiles, demasiado aferradas a la tierra como para partir definitivamente hacia otros planos de existencia.




Mitología comparada. I Seres fantásticos de la mitología.


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El lenguaje de las hadas: cómo hablar el sutil idioma de las hadas


El lenguaje de las hadas: cómo hablar el sutil idioma de las hadas.




El universo de las criaturas fantásticas está repleto de lenguajes, dialectos e idiomas imposibles de articular; por ejemplo: la Lengua Adánica, aquella utilizada por Adán y Eva; el Senzar, la lengua de Dzyan; el Voynichés, descrito en El manuscrito Voynich; el Enoquiano, el idioma de los ángeles, el Transitus Fluvii, el lenguaje de las brujas. Hasta los vampiros tienen su propio idioma.

A pesar de esta abundancia de idiomas mágicos no existe un solo libro, ensayo o estudio serio dedicado específicamente al lenguaje de las hadas.

Esto resulta sumamente sospechoso, sobre todo cuando lo que sí existen son empalagosos tratados que explican cómo ver a las hadas, por ejemplo, o sobre cómo preguntarle a las hadas algún asunto de capital importancia, sin brindar en el proceso ninguna información acerca del lenguaje, dialecto o idioma en la que esas preguntas deberían ser formuladas.

Aún si dejamos de lado aquellos libros de dudosa erudición también deberíamos descartar a escritores admirables, como el poeta inglés William Blake, que aseguró haber asistido al funeral de un hada, o W.B. Yeats, quien en su obra: El crepúsculo celta: hadas y folklore (The Celtic Twilight: Faerie and Folklore) ofrece suculentos testimonios acerca de las costumbres de las hadas sin añadir una mísera palabra de su lenguaje.

Peor todavía es el caso de Bridget Cleary: la mujer que se convirtió en reina de las hadas sin hablar el idioma; o de Dora van Galder, autora de un desabrido opúsculo titulado: El mundo real de las hadas: una experiencia en primera persona (The Real World of Fairies: A First-Person Account), saturado de anécdotas autorreferenciales pero ausente de comentarios acerca del lenguaje de las hadas.

En este sentido, lord Dunsany, aquel entrañable acosador de seres mágicos, zanjó la cuestión al especular que los secretos de ese idioma inmemorial se transfieren únicamente cuando un hada se enamora de un hombre mortal, resolviendo de este modo un asunto que viene perturbando a los filólogos desde el Renacimiento.

Lo cierto es que, de acuerdo a la tradición, las hadas se comunican con los seres humanos utilizando nuestro lenguaje. Esto no se debe a que prefieran mantener oculto su idioma, sino a la dificultad que supone para cualquier ser humano aprender los extraordinarios matices de esa lengua.

Curiosamente, tanto los dialectos regionales como aquella lengua franca de las hadas no son difíciles de aprender debido a su complejidad, sino a su increíble simpleza: el lenguaje de las hadas está construido a partir de una mirada personal del mundo, de una subjetividad, y que por lo tanto nos es inaccesible.

Cada una de las razas y especies de hadas tienen su idioma propio, aunque prevalece una especie de lengua común para comunicarse entre las distintas ramas de la familia.

De hecho, podríamos decir que el idioma de las hadas no es una serie de sonidos articulados que refieren, por ejemplo, a un objeto, una emoción o un concepto; es decir, no tiene la intención de transmitir un significado único, colectivo y fácilmente transferible, sino más bien de centrar la atención del otro sobre la propia subjetividad del hablante.

Esto significa que hay tantas palabras para árbol en el lenguaje de las hadas como hadas que pronuncien la palabra árbol.

Algunos estudiosos opinan que cuando las hadas abandonaron nuestro plano de existencia se llevaron consigo los secretos de su lengua. Otros, en cambio, opinan que esos secretos están abiertos únicamente para los híbridos entre las dos razas: los Changeling, hijos de las hadas criados por mujeres humanas.

Pero si tomamos como punto de referencia a las leyendas de hadas, hay que decir también que estas criaturas pueden hablar perfectamente cualquier idioma humano; sobre todo debido a que buena parte de la comunicación se establece de forma telepática. Al parecer, entre las hadas esto es simplemente un refuerzo del lenguaje emitido verbalmente, pero a la hora de comunicarse con los humanos solo emplean este canal.

Esto explica por qué el lenguaje de las hadas tiende a la economía, a la simpleza, precisamente porque se ve reforzado por la transmisión telepática de los mismos conceptos que desea proyectar. En otras palabras, es mucho más fácil referirse a un árbol en particular si, además de articular la palabra árbol, podemos transmitir su forma, tamaño y características de manera telepática.

Ahora bien, si pudiésemos anular por completo las imágenes transmitidas telepáticamente, el lenguaje de las hadas consistiría enteramente de verbos. De hecho, cualquier frase en el idioma de las hadas es una secuencia de verbos que prescinden de la gramática y la sintaxis tal como las conocemos.

Cada uno de esos verbos está conectado a una imagen, la cual es transmitida telepáticamente y, en consecuencia, modifica el carácter genérico del verbo para transformarlo en una representación subjetiva, algo que resulta mucho más específico y elocuente que cualquier palabra articulada en una lengua humana.

Las palabras de las hadas son simplemente acciones atadas a una idea, una imagen, una perspectiva propia, singular e irrepetible. De tal manera que, al decir árbol —para seguir fatigando con el mismo ejemplo—, las hadas además transmiten la perspectiva singular desde la cual están percibiendo y experimentando ese árbol, es decir, la acción de la experiencia, tanto desde el plano físico como desde el retórico.

Si solo pudiésemos escuchar las palabras en el lenguaje de las hadas, sin contacto alguno con las imágenes transmitidas de forma telepática, su discurso nos resultaría totalmente incomprensible. No tendríamos ni la más ligera noción de lo que están hablando.

Las imágenes transmitidas a través del pensamiento, las cuales no son estáticas sino notablemente flexibles, son las responsables de esclarecer el mensaje articulado. Podemos pensarlo como un archivo adjunto enviado por correo que clarifica el texto y le da una fisionomía singular.

Esto explica porque Yeats, Dunsany, Blake, y tantos otros indiscretos acechadores de hadas, pudieron dar cuenta de sus costumbres, tradiciones, pero no de su lenguaje.

Del mismo modo, para cualquier humano sería imposible hablar el idioma de las hadas, justamente porque carecemos de las herramientas necesarias para adjuntar las imágenes correspondientes a las palabras articuladas. Uno podría repetir exactamente las mismas palabras dichas por un hada y resultar perfectamente ininteligible para ella.

En este punto debemos suponer que, al menos para los estándares de las hadas, nuestra capacidad telepática es extremadamente pobre.

Consideremos por un momento que las hadas no envían sus representaciones telepáticas de forma aislada o segmentada, sino que todo lo que piensan, todo lo que imaginan, todo lo que sienten a medida que hablan, se transmite sin ningún tipo de filtro.

Si nosotros tuviésemos las mismas capacidades comunicativas que las hadas, es decir, si todos pudiésemos saber exactamente qué piensan, imaginan y sienten los demás, probablemente sufriríamos un duro golpe a nuestra autoestima, como mínimo.

Por su propia estructura es imposible escribir en el lenguaje de las hadas; de manera tal que no hay libros ni registros escritos por ellas mismas. Sencillamente no tendría ningún sentido. No obstante, algunos exegetas aseguran que las hadas registran su historia imprimiendo sonidos musicales e imágenes sobre ciertos objetos —piedras, telas, anillos—, que los humanos consideran mágicos.

Lo mismo hace el artista que imprime sus ideas en sus textos, pinturas, o sobre cualquier otra expresión artística; aunque de forma mucho menos eficiente.

Aquellos que realmente logran cargar a sus obras con sus propias emociones normalmente logran un efecto demoledor en su público. Básicamente son aquellas canciones que nos emocionan, los libros que podríamos releer una y mil veces, los cuadros que sencillamente no podemos dejar de ver.

Las impresiones dejadas por las hadas, por su parte, son mucho más intensas, más vívidas y genuinas. Se desenrollan en nuestra imaginación como un largo pergamino, se abren a nuestra consciencia con toda clase de formas, colores y sensaciones.

La literatura —humana, al menos— es muchas cosas a la vez, y la menos importante de todas es belleza de las palabras que el escritor elige. También está cargada de imágenes que el autor imprime de forma más o menos laboriosa y que el lector reinterpreta de acuerdo a su propia imaginación. Quizás por eso algunos grandes autores, como Chaucer y Shakespeare, se jactaban de haber aprendido de las hadas.




Mitología comparada. I Más sobre Hadas.


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Cuando las Hadas abandonaron nuestro plano de existencia


Cuando las Hadas abandonaron nuestro plano de existencia.




Para el año 1846, en plena era victoriana, el investigador William John Thomas sostuvo que la creencia en las Hadas no estaba extinguida en Inglaterra. Otros, como Thomas Keightley —autor de La mitología de las hadas (The Fairy Mythology)— lo acompañaron en esa audaz afirmación.

Lo cierto es que durante este período, y solo en este, se realizó una auténtica búsqueda por encontrar evidencias que prueben la existencia de las Hadas.

No hablamos de personas que realmente creían en las Hadas sin necesidad de cuestionar esa creencia, sino de historiadores, científicos, teólogos, artistas, escritores, anticuarios, medievalistas; todos ellos participaron en esta búsqueda de las Hadas.

Para el año 1880, los más importantes estudiosos del folklore y la mitología, como Sabine Baring-Gould, Andrew Lang —El libro azul de los cuentos de hadas (The Blue Fairy Book)—, Joseph Jacobs, y John Rhys, examinaron testimonios orales, cuentos, leyendas, e incluso restos arqueológicos relacionados con la «gente pequeña».

El resultado de estas investigaciones, incierto en términos científicos, logró que un gran porcentaje de la población creyera que las hadas realmente existían, o que existieron en alguna época.

Ya en el siglo XX, verdaderas eminencias de la literatura, como Arthur Conan Doyle y Arthur Machen publicitaron sus hallazgos con respecto a las Hadas. W.B. YeatsEl crepúsculo celta: hadas y folklore (The Celtic Twilight: Faerie and Folklore) —publicó interminables reportes de sus interacciones con las Sidhe, haciendo que la creencia en las hadas se convirtiera en una necesidad cultural y política en Irlanda.

George Russell y William Sharp, por su parte, encabezaron verdaderas cacerías de hadas, realizando minuciosos mapas sobre las zonas de avistamiento más calientes. Incluso algunos eruditos que no estaban totalmente convencidos del tema, como Douglas Hyde, afirmaban que las Hadas estaban vivas en Irlanda.

Por otra parte, folkloristas como Patrick Kennedy, Lady Wilde, y Lady Gregory, anunciaron que comenzaba a observarse un comportamiento extraño en las Hadas; como si estas se estuviesen preparando para un gran acontecimiento, que luego sería conocido como el Éxodo de las Hadas.

En definitiva, las Hadas estaban a punto de abandonar para siempre nuestro plano de existencia.

El Éxodo de las Hadas comenzó a finales del siglo XVIII; y la literatura se encargó de divulgar ese acontecimiento: Charlotte Bronte, en su novela: Shirley (Shirley), sostuvo que el creciente avance de la tecnología y la industrialización habían obligado a las Hadas a abandonar las Islas Británicas.

El Irlanda, sin embargo, las Hadas eran parte del patrimonio nacional de la isla, uno que Inglaterra no podría expropiar mediante temerarias afirmaciones, de modo tal que siguieron apareciendo allí durante algún tiempo.

La idea de que las Hadas estaban abandonando nuestro plano de existencia, es decir, el plano material, o físico, se tomó con cierta alarma, y precipitó una enorme cantidad de hipótesis acerca de la procedencia de estas criaturas.

Para trazar un paralelo con nuestro tiempo, podemos imaginar el impacto que produciría en la opinión pública si, repentinamente, los reportes de personas que afirman haber visto un OVNI comenzaran a reducirse dramáticamente.

No obstante, antes de desaparecer para la mayoría de las personas que habitualmente veían a las hadas, o que creían verlas, en general, en un ámbito rural, la «gente pequeña» siguió manteniendo contacto con destacadas personalidades del arte y la cultura:

El escritor Lafcadio Hearn detalló sus reuniones con ellas, incluso en Japón. Martín Lutero se encontraba frecuentemente con los Changelings. Richard Dadd, el pintor, entabló una entrañable amistad con las Hadas. W. Graham Robertson, guionista teatral, dejó testimonio de sus intercambios artísticos con la «gente pequeña». Maurice Hewlett, en El saber de Proserpina (The Lore of Proserpine), desarrolló sus experiencias personales con las Hadas. Y Walter ScottSobre las hadas de la superstición popular (On the Fairies of Popular Superstition)— se manifestó abiertamente como un creyente en las Hadas; por mencionar los casos más resonantes.

Cuestión aparte es la de Robert Louis Stevenson, hombre extremadamente racional, quien creía que las Hadas solo eran visibles para los niños, y que en la edad adulta se presentan únicamente en sueños. En su obra: Un capítulo sobre los sueños (A Chapter on Dreams), asegura que todos los detalles de El extraño caso del doctor Jeckyll y Mr. Hyde (The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde) le fueron dictados en sueños por las Hadas, y más precisamente por una raza conocida como Brownies.

Es importante señalar que, en la era victoriana, las Hadas no eran vistas simplemente como seres mágicos; sino más bien como criaturas espirituales, originadas fuera del mundo material pero estrechamente vinculadas a él.

Algunos estudios arrojan la sospecha de que las Hadas son, en definitiva, ángeles de muy baja jerarquía que no se comprometieron con las Guerras Celestiales, o Guerras de los Ángeles, y que su estadía en el plano terrenal responde a una especie de castigo divino por esa falta de compromiso.

Otros, en cambio, consideraban que las Hadas eran los espíritus de aquellas personas que no fueron lo suficientemente buenas como para ascender al cielo, ni lo suficientemente malas para ser condenadas al infierno; lista en la que se incluye a los paganos, personas que fallecieron sin ser bautizadas, personas asesinadas, muertas antes de tiempo, y un largo etcétera.

Más allá de estas conjeturas, lo cierto es que si las Hadas estaban abandonando nuestro plano de existencia, entonces era lógico suponer que eran libres de hacerlo, es decir, que poseían libre albedrío.

En este contexto, resurgieron las ideologías de los neoplatónicos, como Paracelso, que además crear a un homúnculo dedujo que las Hadas eran elementales: ni ángeles ni demonios ni espíritus humanos, sino criaturas con agenda propia.

A partir de entonces, las Hadas ocuparon un lugar especial, único y distante de los problemas políticos entre el cielo y el infierno. Si bien las categorías siguieron existiendo, es decir, las razas y especies de hadas, como djinns, duendes, sátiros, gnomos, ogros, sirenas, faunos, elfos, enanos, trolls, etc; en general todos los espíritus de la naturaleza cayeron bajo la denominación de Hadas.

Las Hadas de este período no eran completamente etéreas, sino que estaban hechas de carne, hueso y sangre. Se reproducían sexualmente y no eran inmortales, aunque su vida era extremadamente larga para los estándares humanos. En ciertos casos incluso podían enamorarse de nosotros, pero cuando un hada se enamora de un hombre mortal, afirman aquellos que han tenido la mala fortuna de entablar este tipo de relación amorosa, las cosas generalmente terminan en tragedia.

Se cree que las Hadas incluso podían asumir una posición sumisa frente a ciertas personas, como Bridget Cleary: la mujer que se convirtió en reina de las hadas. También eran capaces de producir ciertas ilusiones ópticas, como volverse invisibles o levitar; y poseian una fuerza y una rapidez sobrehumanas.

Los últimos en pronunciar una teoría sobre las hadas fueron los miembros más ilustres de la naciente teosofía:

H.P. BlavatskyIsis sin velo (Isis Unveiled)— sostiene que las Hadas son en realidad criaturas no humanas del plano astral; opinión a la cual suscribe Charles W. Leadbeater en su libro: El plano astral (The Astral Plane).

En cualquier caso, las Hadas estaban estrechamente relacionadas con la naturaleza, y el impacto que produjo sobre ellas la industrialización parece haber sido el factor determinante para que abandonaran nuestro plano.

Anna Kingsford: médica, vegetariana, anti-vivisección y enemiga psíquica de Pasteur, fechó el año en que las Hadas iniciaron su Éxodo: 1799; el cual se prolongó hasta 1912.

Desde entonces, solo quedan algunas pocas Hadas rezagadas en el mundo, casi todas hurañas, hostiles, demasiado aferradas a la tierra como para partir definitivamente hacia otros planos de existencia.

Sin embargo, la mayoría de ellas se han ido marchitando con el tiempo, desvaneciéndose lentamente hasta volverse indistinguibles de un simple grano de arena, de una ráfaga de viento, de un breve pero intenso estremecimiento en la médula cuando pensamos en ellas.




Mitología. I Bestiario de seres mágicos.


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Cuando un hada se enamora de un hombre mortal


Cuando un hada se enamora de un hombre mortal.




Las relaciones de pareja con seres mitológicos suelen acarrear grandes desgracias, sobre todo para el mortal, incapaz de adaptarse a los tiempos de la eternidad, así como al temperamento y el carácter de las hembras sobrenaturales.

Los mitos nórdicos nos hablan de una extraña pero fascinante especie de hadas conocidas como Skogsfru, muy temidas en las tradiciones populares pero añoradas durante el romanticismo, quien vio en ellas un símbolo de las urgencias del amor y del deseo que consume a sus devotos.

Las Skogsfru tienen la apariencia de una hermosa mujer con largo cabello castaño recogido en una trenza. Este es el único atributo que comparten. Pueden, de hecho, cambiar su aspecto a voluntad, e incluso asumir formas tan fantásticas como aterradoras; salvo modificar la forma del cabello, que siempre se mantiene inalterable.

Las Skogsfru solían rondar especialmente por las zonas rurales. Algunas prefieren acechar a sus víctimas desde la familiaridad de sus bosques, protegidas por los árboles. Otras, en cambio, se aventuran en las aldeas y acechan a los hombres jóvenes mientras los mayores se encuentran trabajando el campo.

Normalmente las Skogsfru utilizan su belleza natural, o mejor dicho, exquisitamente antinatural, para subordinar a sus presas masculinas; y casi siempre lo consiguen sin mayores esfuerzos. No obstante, en ocasiones las cosas se complican horriblemente.

Al parecer, las Skogsfru encuentran irresistible la energía vital de ciertos hombres, y se alimentan de ella. A cambio, ellas ofrecen un encuentro amoroso incomparable, pero al mismo tiempo tan perturbador que el mortal, una vez vaciado de fuerzas y fluidos, es presa de una melancolía tan honda que normalmente lo conduce a la locura y al suicidio.

En algunos casos, por cierto, extraordinarios, las Skogsfru llegan a enamorarse sinceramente del hombre mortal; y no permiten que pierdan la cordura aún en los momentos más críticos de sus caricias blasfemas.

Estas relaciones entre un hada y un hombre mortal suelen culminar en un desencanto absoluto. Sin embargo, contrariamente a lo que ocurre en muchas historias de amor entre hadas y mortales de la Edad Media, las Skogsfru nunca secuestran al hombre para llevarlo a su reino encantado; en parte porque tal reino no existe, al menos para ellas, y en parte porque desean asumir los hábitos de la vida secular.

El problema radica en que las Skogsfru son hadas salvajes: viven a la intemperie, alimentándose de musgo e insectos, durmiendo en cuevas o viejos árboles roídos por el tiempo, y casi siempre se sienten incómodas en el calor del hogar humano.

No importa cuánto amen a sus varones mortales, tarde o temprano las Skogsfru siempre regresan a la humedad de los bosques.

El hombre abandonado nunca se recuperará de la pérdida.

Se dice que quien ha besado a una hada ya no deseará otros labios, ni tendrá pensamiento alguno que no incluya aquello que ha extraviado. Poco a poco irá perdiendo el apetito; su porte se volverá decrépito, raquítico, su piel se secará sobre los huesos hasta que el corazón, ya exhausto, invite al espíritu a desalojar el cuerpo.

Algunos explican este final trágico como una consecuencia lógica de aventurarse en los brazos de un hada; aunque rara vez se aclara si este estado deplorable es un tributo justo para un amor semejante.

En cierta forma, perder un gran amor es como asistir al funeral de uno mismo.

Una parte nuestra se ha ido, pero su ausencia a menudo reclama un largo tributo de nostalgia, de dolor, de íntima sabiduría. Si regresa será una fantasmagoría, una aparición fatua que nos recuerda vagamente al original; y nosotros, apenas un otro que insiste en repetir la teatralidad de los espejos.




Tierra de hadas. I Mitología comparada.


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Significado oculto de los cuentos de hadas


Significado oculto de los cuentos de hadas.




Érase una vez que un estudio de animación conocido como Walt Disney Company pronunció un conjuro. Esto le permitió gobernar sobre el Reino del Cuento de Hadas. Desde entonces, generaciones de niños han sido criados a la luz de sus versiones desconcertantes, cuando no directamente trastornados.

Desde luego que no todos las versiones de Disney son nefastas. Por ahí anda Maléfica (Maleficent), que recupera la atmósfera oscura de la Bella Durmiente (Sleeping Beauty). Sin embargo, este tipo de ejemplos no abundan demasiado.

El éxito de los cuentos de hadas, y en todo caso del conjuro de Disney, se resume en los tres pilares o motivos esenciales del mito: iniciación, adoración y advertencia.

Los chicos adoran los cuentos de hadas por su aparente simplicidad. Todo es acción, sin pasajes descriptivos, monólogos o personajes ambiguos. El bueno es bueno y el malo, malísimo.

De hecho, podemos pensar que los cuentos de hada incluso persiguen objetivos lo menos sofisticados posibles, y eso se logra al no describir en detalle casi nada: los bosques son oscuros, las princesas son hermosas, los castillos son mágicos, sin que se nos ofrezca ningún tipo de información adicional.

Ahora bien, en este punto cabe preguntarse cómo y porqué los cuentos de hadas son tan populares siendo historias tan resueltamente básicas.

Es ahí, justamente, donde reside su enorme profundidad.

A pesar de su aparente simplicidad, los cuentos de hadas elaboran motivos realmente complejos, y con una gran carga de contenido iniciático.

Tomemos por ejemplo a una princesa virginal: Aurora, de la Bella Durmiente, su dedo pinchado por el huso, que desde luego sangra, su posterior estado de letargo entre los arbustos de espino, y el despertar gracias al beso del príncipe azul.

Fuera de contexto, la historia de Aurora parece un motivo exiguo para la psicología; sin embargo, ofrece un tipo de simbolismo meridiano: el huso representa la penetración, la sangre, naturalmente, simboliza la primera menstruación, así como el arbusto de espino también manifiesta de forma externa la maduración de Aurora; variante del mito de la vagina dentada analizado Sigmund Freud; capaz de castrar a cualquier príncipe que se atreva a acercarse a ella prematuramente.

Algo similar podemos hallar en cuentos como el de Caperucita Roja, cuyo color reinante, sumado a sus aventuras por lo prohibido, donde acecha lo masculino bajo su forma bestial, no dejan márgenes para el error.

No importa qué autores y recopiladores seleccionemos, los hermanos Grimm, E.T.A. Hoffmann, Hans Christian Andersen o Andrew Lang; todos ellos capturaron la esencia de historias que jamás habían sido escritas, pero que sin embargo existían desde hace cientos y cientos de años; justamente porque la matriz que las sostiene no puede ser sustituida.

En cierta manera, podemos decir que, al ser escritos, los cuentos de hadas se convirtieron en el ganso de los huevos de oro para tipos como Jung y Freud.

A propósito de estos degenerados, ambos recorrieron caminos alternativos para explorar la narrativa y su profundo arraigo en la psique.

Para Carl Jung, los cuentos de hadas están saturados de imágenes arquetípicas, y la razón de su aparente simpleza radica que cada uno de sus personajes simboliza distintos aspectos de nuestra personalidad.

Para Freud, en cambio, los cuentos de hadas cumplen la misma función que los sueños; esto es, la representación de motivos relacionados con los deseos reprimidos; según él, estrictamente de índole sexual.

Uno de los mejores tratados al respecto es la obra de Bruno Bettelheim: El empleo del encantamiento: significado e importancia de los cuentos de hadas (The Uses of Enchantment: The Meaning and Importance of Fairy Tales). Allí se realiza un extraordinario análisis de la figura del Bosque, muy popular en los cuentos de hadas, según el autor, algo así como una representación de nuestra propia oscuridad interior que debe ser atravesada por el héroe e iluminada por su conciencia.

Bruno Bettelheim también identifica la fuerte presencia de los complejos de Edipo y Electra en cuentos como Blancanieves (Snow White), y temas como el onanismo en Jack y las habichuelas mágicas (Jack and the Beanstalk) y el miedo a la castración en Cenicienta (Cinderella).

Menos complejidad ofrecen las típicas metamorfosis que aparecen en los cuentos de hadas, donde lo masculino casi siempre se transforma en reptil (príncipes que se convierten en sapos, principalmente) y lo femenino en ave.

Tampoco conviene descartar algo que los cuentos de hadas vienen construyendo desde hace siglos: en todos ellos se nos ofrece el retrato de una familia disfuncional: princesas abandonadas, niños criados por madrastras, y en general fuera de la órbita del padre, silueta decididamente ineficaz, monstruosa o directamente ausente.

La adaptabilidad de los cuentos de hadas es uno de los secretos de su supervivencia.

Es fácil tomar cualquier ideología y aplicarla con un alto grado de eficiencia sobre ellos: las feministas entendieron que la Bella y la Bestia era una parábola del sacrificio de la mujer ante la sociedad patriarcal; los marxistas consideraron que los siete enanos de Blancanieves representaban las capas del proletariado que se unen para construir una sociedad solidaria, sustentable y basada en el esfuerzo mutuo; incluso los nazis creyeron que el príncipe azul simbolizaba al pueblo ario que debe despertar a Aurora, el amanecer de la nación, dormida bajo el influjo diabólico del comunismo y la judería.

En este punto conviene alertar a todos aquellos que crean que las versiones de Disney de los más famosos cuentos de hadas son un tanto... fuertes.

Claro que motivos como la muerte de la madre o el padre, el exilio (Flautista de Hamelin), el abandono (Hansel y Gretel), la casi invariable naturaleza huérfana de los protagonistas, son elementos fuertes; el regreso a los originales puede ser aún más perturbador.

Con todos sus aciertos y sus deficiencias, las versiones de Disney son siempre menos oscuras que los cuentos de hadas originales.




Más sobre las Hadas. I El lado oscuro de la psicología.


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Mensajes ocultos en los cuentos de hadas


Mensajes ocultos en los cuentos de hadas.




Rituales en los cuentos de hadas: oscuridad y erotismo de los cuentos de hadas (Fairy Tale Rituals: Engage the Dark, Eerie and Erotic Power of Familiar Stories) es un libro del investigador Kenny Klein —autor de: A través del cristal de las hadas: una mirada al reino invisible de las criaturas mágicas (Through The Faerie Glass: A Look at the Realm of Unseen and Enchanted Beings)—, publicado en 2011.

¿Existen mensajes ocultos en los cuentos de hadas?

Para responder a esa pregunta primero debemos entender que todos los cuentos clásicos de hadas han sobrevivido al tiempo y el desgaste justamente por poseer en su matriz el germen de una idea, de un concepto, de una filosofía, que trasgrede la degradación propia del tiempo.

En otras palabras: sí, los cuentos clásicos de hadas poseen mensajes arcanos en su interior.

En general, estos mensajes ocultos se relacionan directamente con las hadas, seres fantásticos de la mitología de enorme sutileza, pero también oscuras, letales y seductoras.

La seducción, la pasión y el deseo son elementos esenciales en todo cuento de hadas, desde Blancanieves (Snow White) a Caperucita Roja (Red Ridding Hood), pasando por la Bella Durmiente (Sleeping Beauty) y la Bella y la Bestia (Beauty and the Beast).

Estos tres ingredientes: seducción, pasión y deseo, no solo inspiraron a los creadores de estas obras inmortales, sino que estimularon incontables generaciones de oyentes y lectores fascinados por los símbolos arcanos que se esconden detrás de los cuentos de hadas; verdaderos arquetipos como el despertar sexual de Blancanieves, la jornada totémica de Caperucita Roja, o las revueltas sociales de Cenicienta.



Rituales en los cuentos de hadas.
Fairy Tale Rituals.




Libros de mitología. I Más sobre Hadas.


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Cuentos de hadas de la época victoriana


Cuentos de hadas de la época victoriana.




Durante la época victoriana los cuentos de hadas pasaron de la tradición oral a convertirse en un género literario por mérito propio. Desde luego, esto no ocurrió de la noche a la mañana.

Se requirió algo más que las versiones de Andrew Lang o las notables investigaciones de los hermanos Grimm. Hizo falta que los grandes autores de la época se empeñaran en reproducir lo que hasta entonces solo el tiempo y la tradición podían forjar.

Así fue que apareció la hermosa versión de Robert Browning de El flautista de Hamelin (Pied Piper of Hamelin); también La Rosa y el Anillo (The Rose and the Ring) de William Makepeace Thackeray, y las andanzas de Peter Pan por los Jardines de Kensington de la mano de J.M. Barrie.

En cierta forma, los cuentos de hadas de la época victoriana fueron perdiendo su faceta trágica. En ellos encontramos indicios de diversión, de encanto, e incluso de sátiras y críticas. En última instancia, los cuentos de hadas de la era victoriana expresan la alegría de estar vivos.

A propósito de esto repasemos algunas historias singulares del período publicadas en la antología: El libro de los cuentos de hadas victorianos (The Victorian Fairy Tale Book).




Cuentos de hadas de la época victoriana:




Hadas. I Antologías.


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«A través del cristal de las hadas»: Kenny Klein; libro y análisis


«A través del cristal de las hadas»: Kenny Klein; libro y análisis.




A través del cristal de las hadas: una mirada al reino invisible de las criaturas mágicas (Through The Faerie Glass: A Look at the Realm of Unseen and Enchanted Beings) es un libro de mitología del investigador Kenny Klein —autor de: Rituales de las hadas (Fairy Tale Rituals) y Magia de las hadas (Fairy Tale Magic)—, publicado en 2010.

Los hábitos de las hadas fueron mutando a través de los siglos, desde seductoras de caballeros incautos a salvadoras de viajeros y caminantes extraviados, de enamoradizas criaturas fantásticas a conductoras de la locura, la desesperación y la muerte...

¿Cómo son realmente las hadas?. Contrariamente a las asépticas convenciones del cuento fantástico, las hadas y otros seres mágicos pueden ser realmente perversos.

A través del cristal de las hadas recopila un vasto registro de antiguas canciones, cuentos folklóricos, leyendas, mitos y sagas que reflejan la verdadera identidad de las hadas; dónde viven, cuáles son sus deseos, miedos y poderes. El libro presenta además una especie de enciclopedia o diccionario de las hadas más famosas y sus mitos en colaboración con los humanos.




A través del cristal de las hadas: una mirada al reino invisible de las criaturas mágicas.
Through The Faerie Glass: A Look at the Realm of Unseen and Enchanted Beings, Kenny Klein.

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Tierra de Hadas. I Mitología.


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«El país de las hadas»: John Matthews; libro y análisis


«El país de las hadas»: John Matthews; libro y análisis.




El país de las hadas: el mundo secreto de las hadas (Faeryland: The Secret World of the Hidden Ones) es un libro de mitología del investigador John Matthews —autor de: Cómo ver a las hadas (How to See Faeries) y La biblia del shamanismo (The Shamanism Bible)—, publicado en 2013.

El país de las hadas: el mundo secreto de las hadas realiza un interesante repaso por las distintas razas y especies de hadas a lo largo de la mitología celta y los mitos nórdicos.







El país de las hadas: el mundo secreto de las hadas.
Faeryland: The Secret World of the Hidden Ones, John Matthews.
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Libros de hadas. I Mitología comparada.


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«Enseñanzas de las hadas»: Orion Foxwood


«Enseñanzas de las hadas»: Orion Foxwood.





Enseñanzas de las hadas (The Faery Teachings) es un libro de mitología del investigador Orion Foxwood —autor de: El árbol del encantamiento (Tree of Enchantment)—, publicado en 2007.

Las «enseñanzas de las hadas» a las que se refiere el título del libro tienen que ver con la antigua relación de los humanos con los espíritus de la naturaleza, actualmente relegada al terreno de la leyenda y las tradiciones populares.

Sin embargo, aquellos espíritus de la naturaleza, sintetizados en la figura de las hadas, vuelven a menudo a influir sobre quien se demora en sus misterios ancestrales, obteniendo una dosis de inspiración y sabiduría capaces de alterar el curso de una vida.





Enseñanzas de las hadas.
The Faery Teachings, Orion Foxwood.
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Libros de Hadas. I Mitología comparada.


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Hadas: leyendas, mitos, relatos y libros


Hadas: leyendas, mitos, relatos y libros.








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