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Begierig: el vampiro de Martin Lutero

Begierig, el vampiro de Martin Lutero.

El Begierig pertenece a una aborrecible raza de vampiros de Alemania, hijo de los antiquísimos mitos nórdicos sobre criaturas innombrables de la noche.

Begierig siginifica literalmente: "ávido masticador", lo cual ya debería decirnos algo acerca de su personalidad. Curiosamente, uno de los primeros reportes sobre esta raza de vampiros fue registrado por el ministro George Röhrer, cuya tarea consistía en informar al teólogo Martín Lutero sobre los fenómenos paranormales que asolaban ambas orillas del Rin.

Se dice que incluso Martín Lutero en persona tuvo un encuentro con el vampiro Begierig. Dueño de una fe inquebrantable, Lutero obligó al Begierig a revelarle todos sus secretos de ultratumba, entre ellos, los requisitos para que alguien pueda convertirse en vampiro y, desde luego, las armas espirituales para matar a esa estirpe portentosa.

El vampiro Begierig, anuncia la crónica, le confesó a Martín Lutero todos los secretos de su raza, fechoría que lo transformó inmediatamente en un exiliado entre los vampiros nórdicos.

Según le confesó a Martín Lutero, el Begierig no es un vampiro ordinario; es decir, un humano que se transforma luego de ser mordido por un vampiro. Al parecer, solo existen tres maneras de convertirse en un Begierig.

La primera, y acaso la más difícil, es nacer con una deficiencia en el coxis. La segunda transformación se produce cuando una persona muere ahogada durante el solsticio de invierno; y la tercera, posiblemente la que más impactó a Martin Lutero, sugiere que toda persona que es enterrada con su nombre cosido en las ropas regresará invariablemente luego de tres noches bajo la forma de un ansioso hematófago.

Las leyendas alemanas denuncian que el Begierig es un vampiro reconocidamente cobarde, que rara vez abandona la seguridad de su tumba. Se lo acusa de realizar actos de vandalismo miserables, como atar las colas de las vacas y provocar pequeños desmanes en la hacienda.

Como dijimos, el Begierig pasa gran parte del tiempo en su tumba, echado boca arriba, con el ojo izquierdo abierto, y masticando sus ropas o cualquier pedazo de tela que pueda sustraer de los sepulcros adyacentes. Cuando estos manjares escasean, el Begierig mastica sus propias extremidades. Los sepltureros experimentados saben reconocer estos escondrijos, ya que al masticar el Begierig emite un sonido similar al gruñido de los cerdos.

A pesar de estos apetitos repugnantes, el vampiro Begierig posee algunos poderes formidables. Se dice que fuerza psíquica es realmente poderosa, y que es capaz de drenar la energía de cualquier persona que camine sobre su tumba.

El primer paso para matar a este vampiro es obligar a sus parientes vivos a mantener una dieta en base a ajo. Esto, sostienen los especialistas, evita que el Begierig continúe psíquicamente vinculado con ellos.

Acto seguido el vampiro debe ser exhumado al amanecer. La luz del sol no lo mata, pero anestesia sus sentidos, volviéndolo lento y predecible. No es necesario atarlo ni golpearlo, ya que de todas formas sería inútil. La única forma de inmovilizar al Begierig es colocándole una piedra o una moneda en la boca, y así detener su pulsión incontenible por masticar. Finalmente debe quemárselo y esparcir sus cenizas sobre terreno consagrado.


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