Vepar: la sirena que se enamoró de un hombre (y lo buscó en incontables otros)


Vepar, la sirena que se enamoró de un hombre (y lo buscó en incontables otros)




Vepar es el nombre vulgar con el que esta sirena suele aparecer en los arrecifes y acantilados para alentar a los solitarios que, como ella misma, prefieren la brisa y el rumor de las olas sobre el ruido inarticulado de las ciudades.

Como toda sirena que se precie de tal, Vepar selecciona cuidadosamente a los hombres con los que se contacta. Elige sobre todo a los espíritus sensibles pero tampoco desprecia la tristeza recia del marino.

Algunos cronistas medievales nos alertan sobre esta aparente contradicción. Vepar no es una criatura impulsiva, por el contrario, elige minuciosamente a los hombres que luego seduce, pero siempre se equivoca.

En realidad, esta contradicción no es tal. Vepar sabe perfectamente que los hombres que selecciona están incapacitados para darle lo que desea; y quizás por eso les atrae.

Desde luego, sus gimnasias amatorias son verdaderamente prodigiosas. Su sitio preferido para realizar estos encuentros es en general una cueva recóndita, aunque en ulteriores encontronazos amorosos sea capaz de proteger a su hombre con un halo mágico que le permite desenvolverse temporalmente en las profundidades del mar.

Vepar es una amante cálida, atenta y peligrosamente pasional. No obstante, no exige lo mismo a sus amantes. Por el contrario, prefiere los temperamentos introspectivos, bucólicos, y cierta tristeza indefinible que los vuelve inapropiados para la continuidad del romance.

Algunos dicen que Vepar no nació sirena, sino que fue convertida en una a causa de un mal entendido con ciertas deidades costeras. Su interés en la pena de los hombres y la fuerza seductora que la tristeza masculina ejerce sobre ella tienen un origen claro y a la vez asombroso.

Al parecer, antes de convertirse en sirena, Vepar estaba enamorada de un joven marino inexperto que anhelaba el mar. La tierra le producía un vivo rechazo, incluso se sentía mareado cuando debía caminar sobre cualquier terreno firme. Vepar supo de inmediato que él jamás tendría ojos para ella; y que en su corazón solo pertenecía a las olas embravecidas.

Cuando el marino murió en una expedición por olvidados arrecifes, Vepar invocó a las más antiguas criaturas oceánicas y les comunicó su pena. Fueron ellas las que la convirtieron en sirena.

Desde entonces Vepar busca incesantemente el fulgor de los ojos de su amado en otros hombres. No importa si estos están capacitados para retribuirle su interés. Lo único que Vepar necesita es reencontrarse con aquel lento anhelo del mar; esa atracción irresistible que algunos hombre sienten por la frecuentación de la tempestad.



Más Diccionario de demonios femeninos. I Mitología comparada.


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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encanto!

Info José dijo...

Muy bueno! Saludos



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