Tamar: la reina del desprecio femenino


Tamar, la reina del desprecio femenino.




Los mitos hebreos identifican su nombre con las palmeras, árbol generoso con el viajero pero de existencia solitaria. En los mitos bíblicos aparece en varias ocasiones, siempre asociada a la frustración y al maltrato de la condición femenina por parte de caballeros intolerantes.

Tamar estaba inconvenientemente casada con Onán (grandis jeropae), aquel hombre famoso por autoabastecerse de placer. Su obsesión por el goce manual era tan intenso que se negó a poseerla, siquiera a propiciarle caricias y besos que la acerquen a la vecindad del éxtasis.

Angustiada por la indiferencia de su marido, Tamar se propuso tomar cartas en el asunto.

Hasta entonces había sido una esposa de comportamiento intachable, pero la ausencia de afecto la trastornó de tal forma que decidió seducir nada menos que a su suegro, hombre de probada virilidad.

Según el mito bíblico, para llevar a cabo su cometido Tamar se disfrazó de prostituta, aunque su objetivo no era únicamente saciar su deseo, de placer y de venganza, sino acceder a la maternidad.

El Libro de Samuel delata que fue su incestuoso hermano, Amnón, quien la embarazó utilizando una estratagema. Al parecer, Amnón fingió estar enfermo para que Tamar lo visite en sus habitaciones privadas. Una vez allí abusó de ella y luego la repudió, haciéndola responsable de la consumación de aquel crimen, que para el razonamiento bíblico conformaba apenas un acto pecaminoso.

Estos antecedentes explican por qué la desdichada Tamar pasó a integrar en la Edad Media un lugar privilegiado entre los demonios y súcubos más escandalosos del infierno.

Según la lógica bíblica, la actitud de Tamar justifica su destino de azufre. Tal vez por eso se la describe como una dama vengativa que desprecia a los hombres, prometiéndoles favores que nunca concede.

Su mayor fuente de goce, anuncian los cronistas, procede de la desesperación de los hombres que atisban su silueta incierta, fugitiva, y que nunca logran alcanzarla.




Más Diccionario demonios femeninos. I Feminología: la mujer en el mito.


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7 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Proponer algo para luego negarlo sí que es un rasgo de maldad.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Proponer algo para luego negarlo sí que es un rasgo de maldad.

Anónimo dijo...

En realidad está hablando de dos Tamar diferentes.

La primera, la que se había casado con Onán a la muerte de su marido (hermano de este), estaba frustrada porque su egoísta marido nuevo se negaba a darle un hijo. Según la ley judía, cuando un hombre se casaba con la esposa de su hermano difunto, los hijos que nacían continuaban la línea de sangre del difunto; y Onán quería toda la herencia para él.

La segunda Tamar es la hija de David, de la que se enamoró lascivamente su hermano por parte de padre Amnón. Amnón la atrajo a su cuarto fingiéndose enfermo. Cuando Tamar se dio cuenta de sus intenciones le sugirió que le pidiera su mano a su padre, pero Amnón se negó. La violó y luego la repudió. Por este motivo se convirtió en enemigo de Absalón, hermano de Tamar, que lo mató en venganza. Recomiendo a los fans de esta historial que lean "Los cabellos de Absalón", de Calderón de la Barca.

Sebastián Beringheli dijo...

Interesante aporte y sugerencia.

Anónimo dijo...

tiene sentido al decir que una mujer con ese nombre aborrece a los hombre y como lo decían antes proponen algunas cosas cosas, no las cumples corren tras ellas y no las alcanzan, se los digo porque soy una Tamar. Este el el mejor nombre que Dios da a una mujer

Anónimo dijo...

independientemente de esto la biblia parece lo mismo que los griegos que daban a cada cosa, cada situación, cada actitud que no entendían un dios que lo regia aquí son actores de la biblia los que encarnan cosas propias del genero humano y en este caso del sexo femenino. la verdad que es una parte mas del la ignorancia del genero humano.

Anónimo dijo...

En la Biblia no dice que onan la despreciaba y se masturbaba, lo que dice es que al tener relaciones con ella vertía el semen en tierra para no embarazada, porque esos hijos serían reputados como hijos de su hermano premuerto, y no de el.



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