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Lovecraft, Hazel Heald, y una cena a la luz de las velas.


Lovecraft, Hazel Heald, y una cena a la luz de las velas.




¿Quién dijo que el flaco de Providence no podía apreciar y disfrutar un poco de romance? Bueno, a decir verdad, él mismo; pero eso no impidió que tuviera su cena a la luz de las velas con una mujer sobre la que no se sabe casi nada [ver: Lovecraft y Winifred Jackson: ¿una historia de amor?]

En algún momento de la primavera de 1932, surgió una nueva y prometedora clienta para los trabajos de revisión de H.P. Lovecraft, no porque mostrara algún talento especial para convertirse en escritora por derecho propio, sino porque le daría trabajo con regularidad. Su nombre era Hazel Heald (1896-1961), una mujer de la que no se sabe casi nada. Nació y aparentemente pasó la mayor parte de su vida en Somerville, Massachusetts y, hasta donde sé, no publicó nada aparte de los cinco relatos que Lovecraft revisó [o escribió] para ella [ver: Relatos de Lovecraft escritos en colaboración]

Hazel Heald comenzó su correspondencia y colaboración con Lovecraft en 1932. No solo fue una relación a distancia, sino que llegaron a conocerse en persona a través de C. M. Eddy Jr. Según este, Hazel Heald se enamoró perdidamente de Lovecraft, pero sus insinuaciones fueron ignoradas por el flaco de Providence [ver: En la cama de Lovecraft]

A diferencia de Zealia Bishop y Sonia Greene [ver: Lovecraft y Sonia: una historia de amor], Hazel Heald no escribió sus memorias sobre Lovecraft, por lo que no está claro cómo se puso en contacto con él y cómo eran sus relaciones profesionales o personales. Muriel Eddy [si es que podemos confiar en ella en este punto] informa que Hazel Heald se había unido a un club de escritores establecido por los Eddy, y que C.M. Jr. la contactó con Lovecraft. Años después, Murial Eddy sostuvo que Hazel Heald le confió un vago interés romántico en Lovecraft; y que hasta logró persuadir al flaco de Providence para que fuera a su casa en Somerville en una ocasión, cuando organizó una cena a la luz de las velas para él.

No podemos estar seguros de la veracidad de esa afirmación, dada la aparente falta de inconsistencia de Muriel Eddy en otros asuntos; de hecho, lo único que sugiere algún tipo de participación romántica entre Hazel Heald y Lovecraft [unilateral, desde luego] es una mención en una carta a Duane W. Rimel a fines de 1934, en la que Lovecraft comenta sobre la desaparición del gato de Hazel Heald, el cual habría ingerido algún tipo de alimento en mal estado. «Una especie de frenesí se apoderó del animal y salió corriendo de la casa, para no ser visto nunca más», comenta Lovecraft, quien era un verdadero amante de los gatos [ver: Lovecraft, los gatos y un paseo por Ulthar]

El comentario del gato no es superficial. Sugiere que la correspondencia entre ambos no era estrictamente sobre asuntos comerciales; pero, por otro lado, tampoco lo eran sus cartas a Zealia Bishop, de quien nadie sospecha que estuviese enamorada de Lovecraft. En cualquir caso, Lovecraft estaba programando reunirse con Hazel Heald en Somerville, luego regresar de un viaje a Quebec a principios de septiembre. Esta reunión, por supuesto, pudo haber sido de índole profesional. El hecho de que Lovecraft se refiera a ella como «Señora Heald» sugiere que estaba divorciada o que era viuda.

Sin duda, los trabajos de «revisión» de Lovecraft fueron pagados [irregularmente] por Hazel Heald, a pesar de que esas historias tardaron años en publicarse. En sus cartas, Lovecraft no se queja de ningún atraso en los pagos, como sí lo hizo con Zealia Bishop. En cualquier caso, el flaco de Providence siguió refiriéndose a Hazel Heald en tiempo presente, como clienta, hasta el verano de 1935, aunque no parece que haya trabajado mucho para ella después del verano de 1933 [ver: Relatos de los Mitos de Cthulhu escritos en colaboración]

En ese punto, la carrera de Lovecraft no avanzaba precisamente bien. Solo publicó un relato en 1932 [Los sueños en la casa de la bruja (The Dreams on the Witch-House)], y ninguno en la primera mitad de 1933 [excluyendo la colaboración A través de las puertas de la llave de plata (Through the Gates of the Silver Key)]. No está claro cuántos ingresos le aportó el trabajo para Hazel Heald, pero el siguiente comentario de Lovecraft a Donald Wandrei menciona que, a mediados de febrero de 1933, «mi tía [Annie] y yo tuvimos un coloquio desesperado sobre las finanzas familiares». El hecho de que Lovecraft y Annie no pudieran costear el alquiler [$10 por semana] dice mucho sobre las penurias económicas que estaban atravesando.

En una carta de Hazel Heald a August Derleth, fechada el 31 de marzo de 1937, poco después de la muerte de Lovecraft, podemos leer lo siguiente:


[Lamento mucho no haber guardado sus cartas, pero mudarme de un lugar a otro lo hizo imposible. Como algunas de ellas eran personales, no quería que estuvieran cerca para que otros las leyeran, quizás, después de que deje esta vida terrenal. A veces se dejan cartas que parecen sagradas para los propietarios, pero otros las ven bajo una luz diferente.]


Hazel Heald, decíamos, la clienta más importante de H. P. Lovecraft. Entre 1932 y 1937, cinco relatos aparecieron bajo el nombre de Hazel Heald: El hombre de piedra (The Man of Stone), Horror en el museo (The Horror in the Museum), Muerte alada (Winged Death), Más allá de los eones (Out of the Æons), y Horror en el cementerio (The Horror in the Burying-Ground). El último se publicó aproximadamente un mes después de la muerte de Lovecraft. A pesar de todo eso, se sabe relativamente poco sobre la correspondencia entre ambos. Lovecraft no parece haber guardado sus cartas y ella no guardó las suyas, en este caso, debido a que «algunas de ellas eran personales».

Es una pista austera, pero nos permite concluir que, al menos desde el lado de Hazel Heald, la correspondencia entre ambos no solo era de índole profesional, sino también personal.

Muriel C. Eddy [en unas memorias muy cuestionables, tituladas: El caballero de Angell Street (The Gentleman from Angell Street)], recuerda lo siguiente:


[En ese mismo año, 1932, formé mi propio club de escritores de Nueva Inglaterra, y uno de mis miembros, una divorciada, estaba muy ansiosa por triunfar. Me envió un manuscrito original con una trama muy aceptable, pero contada de manera poco convincente y aficionada. Dejé que Lovecraft lo leyera cuando vino a nuestra casa en Pearl Street, y estuvo de acuerdo en que tenía posibilidades. Le escribí de vuelta a Hazel Heald y le conté que H.P.L. (agregando que él también estaba divorciado) podría revisarle el manuscrito de El hombre de piedra ¡Ella estaba encantada!.]


A propósito de este primer encuentro, Hazel Heald comenta a August Derleth en una carta fechada el 25 de marzo de 1937:


[Yo era una principiante y tuve la suerte de encontrar HPL, que sin duda era el mejor que se podía encontrar. Era un crítico severo, pero yo sabía que si él me ayudaba, el editor seguramente aceptaría mis relatos. Por ejemplo, tuve que reescribir Más allá de los eones seis veces antes de que Lovecraft estuviera completamente satisfecho.]


En esa primera etapa de 1932, Hazel Heald tenía 36 años, estaba divorciada y trabajaba como empleada [otros sostienen que era contadora], pero su verdadera aspiración era ser escritora. Si Lovecraft siguió su modus operandi para los clientes de revisión, sus cartas iniciales habrían involucrado muchas notas, una discusión gentil de tarifas y términos, y sugerencias sobre dónde y cómo comercializar la historia.

Habiendo estado sujeto a los caprichos de Farnsworth Wright, editor de Weird Tales, no sería sorprendente que Lovecraft inicialmente recomendara otras revistas pulp que podrían pagar más, y más rápidamente. Hazel Heald se vio muy beneficiada por la experiencia de Lovecraft en el ámbito pulp, y las primeras historias en las que trabajaron juntos no parecen haber sido enviadas directamente a Weird Tales. El hombre de piedra apareció en Wonder Stories, y Muerte alada en Strange Tales of Mystery & Terror.

W. Paul Cook, un corresponsal de Lovecraft, escribió en 1940 un artículo titulado: In Memoriam: Howard Phillips Lovecraft: recuerdos, apreciaciones, estimaciones (In Memoriam: Howard Phillips Lovecraft: Recollections, Appreciations, Estimates), donde nos vuelve a poner inadvertidamente tras la pista de la relación entre Lovecraft y Hazel Heald:


[El martes siguiente por la mañana, bien temprano, antes de que me fuera a trabajar, Howard regresó de Quebec (Lovecraft visitó Montreal y Quebec entre el 2 y el 6 de septiembre de 1932). Nunca antes, ni desde entonces, he visto tal espectáculo: pliegues de piel colgando de un esqueleto, ojos hundidos en cuencas como agujeros quemados en una manta; las manos y los delicados y sensibles dedos del artista no eran más que garras. El hombre estaba muerto excepto por sus nervios. Esa noche tenía una cita para cenar en Somerville con una mujer a la que estaba revisando.]


Por supuesto, la cita para cenar era con Hazel Heald. Muriel Eddy [insisto, cuyo testimonio no es completamente confiable] nos da su versión de los hechos:


[Ella lo invitó a su casa para la cena del domingo y dispuso en el menú todo lo que más le gustaba a H.P.L. Comieron a la luz de las velas, y él estaba muy intrigado por su consideración al no invitar a más personas. Solía decir que podía pensar mejor cuando no había demasiada gente alrededor. Con mucho tacto, le explicó a Hazel que su relato, aunque muy bueno, necesitaba algunos retoques aquí y allí, algo para estimular la imaginación del lector. ¿Le permitiría que lo hiciera por ella? Lo consideraría un honor y un privilegio. Ella estuvo de acuerdo.]


Muriel Eddy debió equivocarse en las fechas, porque El hombre de piedra ya había sido revisado y enviado a Wonder Stories para septiembre de 1932. Por supuesto, bien podrían haber discutido otras revisiones posteriores, pero esta inexactitud cronológica tiñe un poco el comentario general, sobre todo el dato de que «comieron a la luz de las velas». Quizás sucedió así, quizás no. Simplemente no podemos saberlo.

Hazel Heald describió este proceso de revisión con Lovecraft en una carta a August Derleth, fechada el 30 de septiembre 1944:


[Me hizo reescribir muchas veces. Ciertamente fui esclava de esa historia, ¡la primera! Pero a todas mis historias posteriores las revisó de la misma manera. ¡Estaba tan eufórico cuando eran aceptadas!. Los de la revista dijeron que tendría que enviarles una fotografía mía. Luego, cuando salió la revista, ¡había una caricatura mía que ni siquiera mi madre reconocería! Me sentí tan herida de que los lectores pensaran así en mí, y HPL fue una buena opción para aliviar ese dolor. Dijo que nadie, jamás, se reconoció a sí mismo por el dibujo de aquel artista. También me aconsejó que buscara un abogado para el pago de mi cheque.]


Si bien Lovecraft no habla en sus cartas de la cita con Hazel Heald [y menos que esta haya sido «a la luz de las velas»], ni de ninguna reunión específica con ella, en una sugiere que hizo al menos una visita a su rincón de Massachusetts:


[Me interesó el relato de Paul Cook sobre la visita de Lovecraft a Boston, y cómo lo hizo descansar antes de venir a mi casa. Ciertamente no se mostró cansado y comió muy bien, aunque Cook dijo que le dio una buena comida antes de venir. Me pregunto si pensó que se moriría de hambre en mi casa. Parecía divertirse mucho. Poco después vino de nuevo y visitamos todos los museos juntos. Ahí fue donde concibí la idea de Más allá de los eones.]


Cenas a la luz de las velas, agradables paseos por los museos locales... Un momento. ¡Museos! No está claro qué museos pudieron haber visitado Lovecraft y Hazel Heald, o cuándo pudo haber ocurrido esto, aunque el Museo de Bellas Artes de Boston como el Museo Semítico de Cambridge, Massachusetts, ambos con grandes colecciones de artefactos egipcios y momias, podrían haber inspirado al ficticio Museo Cabot en otra colaboración entre ambos: Horror en el museo [ver: Una noche en el museo: análisis de «Horror en el museo»]

En todo caso, Más allá de los eones pudo haberse concebido durante aquella cena a principios de septiembre, pero Horror en el museo se terminó en octubre de ese año. Para Lovecraft, sin embargo, no fue una revisión. Se atribuye la escritura de toda la historia en una carta a Clark Ashton Smith fechada el 28 de octubre de 1932:


[Acabo de escribir un cuento fantasma para una clienta de una manera que equivale virtualmente a la composición original: sobre un museo de cera o una cámara de los horrores donde existe el rumor de que no todos los fabulosos monstruos que se muestran son artificiales. He incluido a Tsathoggua entre las blasfemias (el dato de la inclusión de Tsathoggua se debe a que esta monstruosidad de los Mitos de Cthulhu era una invención de Clark Ashton Smith)]


Farnsworth Wright aceptó Horror en el museo en noviembre de 1932, pero en febrero de 1933 surgió un problema: Wonder Stories todavía no le había pagado a Hazel Heald por El hombre de piedra. En este punto, Lovecraft había escrito al menos tres historias con o para Heald. Una había sido aceptada y publicada, una rechazada, y otra aceptada y pendiente de publicación; pero no sabemos si Hazel Heald le había pagado a Lovecraft por alguna de ellas hasta este momento. Sin sus cartas, no tenemos los detalles exactos de su acuerdo comercial. Sin embargo, la falta de pago de Wonder Stories no pudo haber ayudado al aspecto comercial de su relación [ver: Relatos de Lovecraft escritos con mujeres]

Aún así, Lovecraft parece haber confiado en Hazel Heald, porque cuando Horror en el museo se publicó, inmediatamente siguió trabajando en Más allá de los eones, el cual también fue aceptado por Weird Tales [ver: El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»]. Así lo comenta Lovecraft en una carta a Robert E. Howard fechada el 24 de julio de 1933:


[Me alegro de que hayas disfrutado de las historias de la Casa de la Bruja y el Museo. Otro cuento que revisé para la autora del Museo, y que Wright aceptó, trae a von Juntz y su libro negro casi como el tema central. Se trata de una momia hallada en la cripta de un ciclópeo templo de piedra de fabulosa antigüedad; volcánicamente levantado del mar. (el libro de von Juntz al que se refiere Lovecraft es el Unaussprechlichen Kulten, creado por Robert E. Howard]


Weird Tales pagaba solo cuando el relato se publicaba, y en la década de 1930, cuando la depresión empeoró, el pago a menudo se realizaba mucho después de la publicación. Parece bastante probable que, en este punto, Hazel Heald se atrasara en el pago de las revisiones de Lovecraft, pero, tal vez, el flaco de Providence encontró una manera de compensar esa demora al hacer que ella pasara dos manuscritos suyos a máquina, algo que él detestaba hacer:


[HPL me ayudó a cambio de tipear su cuento Sueños en la Casa de la Bruja. También redacté La cosa en el umbral. Su letra me resultaba familiar, por lo que me era mucho más fácil transcribirla que para alguien extraño. Hazel Heald a August Derleth, 31 de marzo de 1937]


Por sugerencia de Lovecraft, Hazel Heald se puso en contacto con un abogado de Nueva York para demandar a Wonder Stories por su dinero, y lo obtuvo en noviembre de 1933. Aunque Lovecraft no lo menciona, Muerte alada debió haber sido aceptado por Weird Tales poco después [apareció en la edición de marzo de 1934]. Este parece haber sido el final [del aspecto profesional, al menos] de la relación entre Hazel Heald y Lovecraft:


[Muerte alada fue otro cuento fantasma. Todo lo que la honesta señora Heald me dio para empezar fue una idea turbia acerca de que alguien mata a alguien con insectos. Luego consiguió que un amigo médico le informara un poco sobre los insectos venenosos de África, y decidió darle un toque africano a la historia. Eso era todo lo que tenía para continuar. La trama, con la idea de la personalidad transferida y el enviado de la muerte que regresa, es completamente mía. No vale la pena hacer este tipo de trabajos, cuando uno podría tener las mismas posibilidades de obtener el pago completo con una pieza nominalmente escrita por uno. Todavía me queda una obra más de Heald.]


En la anterior carta de Lovecraft a Clark Ashton Smith [9 de marzo de 1934] el flaco de Providence no parece demasiado satisfecho. Como él mismo lo afirma, ¿qué sentido tenía reescribir toda una historia con elementos propios para que otro se lleve el crédito, y el magro pago, cuándo él mismo podría escribirla y enviarla por su cuenta? No se me ocurren muchos motivos, salvo que Lovecraft se sintiera comprometido con Hazel Heald de un modo más que profesional. No quiero decir que hayan salido o algo así, pero una amistad incipiente podría ser una explicación [ver: Una noche en el burdel con Lovecraft]

«Todavía me queda una obra más de Heald», dice Lovecraft, y esta es probablemente Más allá de los enomes, que Farnsworth Wright aceptaría pero mantendría sin publicar [y sin pagar] hasta 1935. Aún así, aunque Lovecraft abandonó la escritura fantasma y los trabajos de revisión en 1934, sus relatos con Hazel Heald tuvieron algo de vida útil más allá de las revistas pulp. Horror en el museo, al menos, fue reimpreso en un par de antologías [ver: Lovecraft como escritor fantasma]

En lo que respecta a Más allá de los eones, Lovecraft comentó lo siguiente en una carta a Clark Ashton Smith [26 de marzo de 1935]:


[Con respecto a Más allá de los eones, debería atribuirme algo más que una participación. ¡Escribí toda la maldita cosa! La historia original de la momia del museo enviada para revisión era tan pésima (algunas tonterías sobre un minero peruano atrapado bajo tierra) que tuve que descartarla por completo y preparar una nueva historia. Todo lo que sobrevive del bosquejo inicial de Heald (¡la digna Señora H. nunca se molestó en escribir ningún texto real) es la idea básica de un cerebro vivo descubierto en una momia antigua. Es realmente tonto intentar trabajos tan extensos, cuando con la misma cantidad de trabajo uno podría escribir una reconocida historia propia. Esta es la última colaboración del tipo que intentaré; de hecho, he hecho oídos sordos a todas las sugerencias adicionales de Sultan Malik, la señora Heald, el chico Bloch y otros.]


Sólo podemos especular sobre las cartas de Lovecraft y Hazel Heald entre 1934 y 1937. Su nombre está notablemente ausente de su lista de corresponsales de 1934, a quienes él les enviaba postales de sus viajes [ver: ¡Vamos a Arkham!: Lovecraft y sus paisajes]. Sin embargo, sabemos que ella le escribió mientras Lovecraft estaba en Florida en 1934 [gracias a un sobre que sobrevivió], por lo que es probable que siguieran en contacto. La mejor evidencia de que esa relación [al menos por correspondencia] se prolongó en el tiempo es una carta de Lovecraft a John Weir, un fan de Weird Tales que deseaba lanzar un nuevo fanzine y le pidió al flaco de Providence que le recomendara algunos autores:


[Lo siento, no puedo desenterrar más material en este momento; estoy revolcándome en una maraña de tareas y tambaleándome bajo lo que parece una variante de gripe. Me alegro de que haya recibido al menos algo de material de los que recomendé. Ahora que lo pienso, es posible que obtenga una historia corta de la señora Hazel Heald. Pregúntele por En el Golfo de N'Logh o algún otro cuento que no haya aterrizado profesionalmente.]


«Algún otro cuento» es donde las cosas se ponen interesantes. En sus cartas a August Derleth, Hazel Heald menciona tres cuentos: En el Golfo de N'Logh (In the Gulf of N'Logh), La guarida de la muerte fungosa (Lair of Fungous Death) y Un heredero del Mesozoico (An Heir of the Mesozoic). Este último llegó a John Weir y fue publicado en aquel fanzine, llamado Fantasmagoria. ¿Alguna de estas historias fueron «revisadas» [es decir, reescritas completamente] por Lovecraft? No lo sabemos, pero su mera existencia plantea una duda razonable, ya que Hazel Heald no volvió a publicar absolutamente nada después de la muerte de Lovecraft [ver: El horror hereditario y la enfermedad de Lovecraft]

Lovecraft murió el 15 de marzo de 1937. No queda claro cuándo Hazel Heald se enteró de su fallecimiento, pero una carta suya se publicó en la edición de junio de 1937 de Weird Tales:


[Quiero expresar mi dolor por el fallecimiento de H. P. Lovecraft. De hecho, era su amiga, así como muchos otros aquí. Para nosotros, que realmente lo conocimos, es una pena que no haya palabras para expresar esta tristeza. La suya fue la mano amiga que me inició en el juego de los escritores y me dio el valor para seguir adelante en las dificultades más graves. Pero debemos intentar pensar que solo está lejos, en uno de sus viajes más largos, y que algún día nos volveremos a encontrar con él en el Gran Más Allá.]


Dos meses después, en la edición de agosto de 1937 de Weird Tales, se publicó otra carta de Hazel Heald:


[Rara vez se encontró un cerebro como el de H. P. Lovecraft, asombroso en su inteligencia. Siempre buscaba más conocimientos, obteniendo tras interminables horas de estudio una comprensión más rica y completa de las personas y de la vida. Siendo un gran viajero, se deleitaba con el estudio de las ciudades antiguas y su tradición oculta, y caminaba muchas millas para inspeccionar algún lugar histórico. Era un verdadero amigo de todos los que lo conocían, siempre dispuesto a dar su valioso tiempo para ayudar a algún pobre autor en apuros. Era muy aficionado a los animales, especialmente a los gatos, un interés que se refleja en varios de sus cuentos. Salía de su camino para acariciar a algún gato callejero abandonado y darle una palabra amistosa. Era un ferviente amante de la arquitectura y de todas las bellas artes, y un día en un museo con él fue un tiempo bien empleado. Trabajó hasta altas horas de la noche entregando al mundo obras maestras, sacrificando su salud. Lovecraft fue un regalo para el mundo que nunca podrá ser reemplazado: un amigo de la humanidad.]


Poco se sabe de la vida posterior de Hazel Heald. Sus cartas a August Derleth decaen después de 1937, pero se reanudan a principios de la década de 1940, cuando Derleth buscaba obtener permiso para volver a publicar sus historias entre los relatos de revisión de Lovecraft [ver: August Derleth: el creador de los Mitos de Cthulhu]

Ella continuó intentando seguir una carrera literaria, mencionando sus muchos esfuerzos para seguir publicando en distintas revistas pulp, siempre sin éxito. Eventualmente debió abandonar sus sueños y obtuvo un empleo regular como ama de llaves.

¿Qué significó Lovecraft para Hazel Heald?

La poca correspondencia que sobrevive de Hazel Heald se debe enteramente a su conexión con Lovecraft, de una forma u otra; de hecho, es posible que nunca la hubiésemos recordado en El Espejo Gótico si no fuera por su relación con Lovecraft. La propia Hazel Heald seguramente sabía que esa conexión era la responsable de la poca atención que recibió de fanáticos como John Weir y editores como August Derleth. A diferencia de Zealia Bishop o Adolphe de Castro, Hazel Heald no contaba con los recursos económicos para considerar seriamente la autoedición. Solo vendió un par de manuscritos a un fan de Lovecraft, y eso fue todo.


[Me interesó mucho el artículo de Sonia Davis sobre Lovecraft, pero creo que él fue representado falsamente. Colaboró en varias historias conmigo, y siempre lo encontré generoso, considerado y no la persona egoísta que ella representa. Era todo un hombre y no estaba «atado a las faldas de sus tías». Lo vi varias veces, visitamos museos y después cenó en mi casa. Nunca habló mal de su matrimonio, solo dijo que simplemente no había funcionado. Nunca se burló de nadie y, aunque era un tipo muy nervioso, era fácil hablar con él sobre cualquier tema. Se detenía en la calle y acariciaba a cualquier gato callejero que veía.

Atentamente, Sra. Hazel Heald.]




H.P. Lovecraft. I Mitos de Cthulhu.


Más literatura gótica:
El artículo: Lovecraft, Hazel Heald, y una cena a la luz de las velas fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Lovecraft y Winifred Jackson: ¿una historia de amor?


Lovecraft y Winifred Jackson: ¿una historia de amor?




Hacia fines de 1919, H.P. Lovecraft y Rheinhart Kleiner [uno de los primeros corresponsales del flaco de Providence, y uno de los más críticos de su filosofía racial] comenzaron una discusión sobre las mujeres, el amor y el sexo. Al parecer, Kleiner siempre había sido susceptible a las tentaciones, y Lovecraft consideraba sus variadas implicaciones con una mezcla de leve sorpresa, diversión, y tal vez un cierto desprecio. En un momento, comenta:


[Por supuesto, no estoy familiarizado con los fenómenos amatorios, salvo a través de una lectura superficial. Siempre supuse que uno esperaba hasta encontrar alguna ninfa que le pareciera radicalmente diferente del resto, y sin la cual uno sentiría que no podría vivir. Entonces, imagino, uno comenzaría a asediar su corazón de manera profesional, sin desistir hasta que la ganara de por vida o fuera arruinado por el rechazo.]


En materia de pasiones, digamos, de índole carnal, Lovecraft era igualmente radical en sus opiniones:


[El erotismo pertenece a un orden inferior de instintos, y es una cualidad animal más que noblemente humana. El salvaje o el simio primigenio simplemente buscan en su bosque nativo para encontrar pareja; ¡el ario exaltado debería levantar los ojos a los mundos del espacio y considerar su relación con el infinito!]


Por supuesto, podríamos aprovechar ese párrafo para vociferar sobre los aspectos racistas del pensamiento de Lovecraft, pero creo que sus opiniones epistolares muchas veces se interpretan maliciosamente [ver: «La Sombra sobre Innsmouth»: del odio racial a la empatía]. Cuando uno se acostumbra al estilo de las cartas de Lovecraft, es más sencillo comprender que, en este caso en particular, los signos de exclamación, más el tono grandilocuente de todo el pasaje, son indicativos de una cierta autoparodia. En otras palabras, el flaco de Providence está siendo deliberadamente exagerado, incluso riéndose de sus opiniones.

Pronto, Lovecraft recupera la compostura y comenta más seriamente:


[Por el romance y el cariño nunca he sentido el menor interés; mientras que el cielo, con su relato de eternidades pasadas y venideras, y su magnífica panoplia de universos giratorios, siempre me ha cautivado. Y, en verdad, ¿no es esta la actitud natural de una mente analítica? ¿Qué es una hermosa ninfa? Carbono, hidrógeno, nitrógeno, una o dos pizcas de fósforo y otros elementos. Todos se descompondrán pronto. Pero, ¿qué es el cosmos? ¿Cuál es el secreto del tiempo, el espacio y las cosas que se encuentran más allá del tiempo y el espacio?]


Bueno, eso parece resolver el asunto.

Para Lovecraft, el cuerpo de la mujer se resume a «carbono, hidrógeno, nitrógeno, una o dos pizcas de fósforo y otros elementos»; es decir, parece incapaz de percibirlas en términos de deseo. Sin embargo, ¿es realmente cierto que Lovecraft no estaba familiarizado con los «fenómenos amatorios», que nunca había «sentido el mínimo interés» por el romance? [ver: En la cama de Lovecraft]

Quizás haya alguna pequeña razón para dudar al respecto; y esta se centra en una mujer que ha sido mencionada muy esporádicamente por los biógrafos de Lovecraft: Winifred Virginia Jackson (1876-1959)

Winifred Virginia Jackson se casó con Horace Jordan, un afroamericano [más adelante esto será puesto en duda], alrededor de 1915. La pareja se mudó al número 57 de Morton Street, Newton Center, un suburbio de Boston, Massachusetts. Al parecer, ella se divorció a principios de 1919, aunque siguió figurando en la lista de miembros de la United Amateur Press Association [UAPA] con su nombre de casada hasta septiembre de 1921. Para enero de 1920, sin embargo, ya vivía con dos amigas, ambas escritoras, en el número 20 de Webster Street, en Allston.

Winifred V. Jackson se unió a la UAPA en octubre de 1915, reclutada por la amiga y corresponsal de Lovecraft, Anne Tillery Renshaw. Winifred debe haberle escrito a Lovecraft a finales de 1915, o principios de 1916. Continuaron escribiéndose hasta [al menos] 1921 o 1922. En este punto las referencias a ella se desvanecen en la correspondencia de Lovecraft. De esos años todo lo que queda son seis cartas de Lovecraft a Winifred fechadas entre 1920 y 1921, cerca del final de su relación, por lo que solo podemos reconstruir de modo muy incompleto la naturaleza de su vínculo [ver: Lovecraft, Hazel Heald, y una cena a la luz de las velas]

El número de enero de 1916 de The Conservative, la revista amateur de Lovecraft, contiene dos poemas de ella [firmados como Winifred Virginia Jordan]: Canción del viento del norte (Song of the North Wind) y Galileo y Swammerdam (Galileo and Swammerdam). Tres poemas más aparecieron en la edición de abril de 1916: Abril (April), En el prado de Morven (In Morven's Mead) y El viento nocturno desnudó mi corazón (The Night Wind Bared My Heart). Dos más, Insomnia (Insomnia) y El estanque (The Pool), se publicaron en el mes de octubre. En esa misma edición, Lovecraft publicó el poema Lo desconocido (The Unknown) bajo el seudónimo que habitualmente utilizaba Winifred V. Jackson: «Elizabeth Berkeley», lo cual se repitió en mayo de 1917 cuando El abogado de la paz (The Peace Advocate) apareció bajo el mismo seudónimo en la revista Tryout [ver: Los extraños seudónimos de Lovecraft.]

¿Lovecraft utilizando un seudónimo de mujer, y más aún, el seudónimo que habitualmente utilizaba una mujer en particular con la que tenía [al menos] trato por correspondencia?

¿Acaso estaban escribiendo juntos?

Antes de que los defensores del ascetismo amoroso de Lovecraft nos salten a la yugular, sigamos cavando.

Winifred V. Jackson y Lovecraft ciertamente parecen haber hecho juntos una cantidad considerable de trabajo amateur. Ella misma publicó sólo un número de la revista Eurus, en febrero de 1918, que contenía un poema de Lovecraft dedicado a Jonathan E. Hoag. Junto con otros escritores aficionados, Winifred V. Jackson y Lovecraft editaron y publicaron tres números de la United Co-operative, entre 1918 y 1921; paralelamente, ella fue editora del Silver Clarion en un momento en que Lovecraft estaba prestando cierta atención a ese periódico. Más aún, en la convención de la United Amateur Press Association de 1917, Lovecraft fue elegido presidente y Winifred vicepresidenta, por lo que su correspondencia durante los próximos años habría incluido muchos asuntos oficiales, así como otros de índole personal.

Por ejemplo, a principios de 1918, Winifred enfermó de influenza durante la pandemia de la «gripe española», y una de las cartas de Lovecraft de esa época sugiere que ella necesitaba una enfermera en casa para cuidarla, e incluso que se sentía tan débil que tenía que dictar sus cartas a Lovecraft. En una carta a Rheinhart Kleiner, fechada el 5 de mayo de 1918, el flaco de Providence menciona:


[La recuperación de la señora Jordan no ha sido tan rápida como cabría desear, pero últimamente me envió una copia del London Daily Mail, escrita con su propia letra en lugar de la de su enfermera, por lo que supongo que ha mejorado mucho. En la última carta que dictó, relató un divertido incidente.]


Durante esta época se consolidó el vínculo entre Lovecraft y Jackson, el cual se convertiría en una colaboración literaria: El caos reptante (The Crawling Chaos). Ese año, Lovecraft compartió un sueño en una carta; Winifred respondió con el suyo, y hasta incluyó un mapa y la sugerencia de que Lovecraft escribiera una historia con él. Esto se convirtió en su segunda colaboración: La pradera verde (The Green Meadow), el cual se mantuvo inédito hasta 1927. Ambas colaboraciones utilizaron el seudónimo de Winifred: Elizabeth Berkeley. [ver: Relatos de Lovecraft escritos con mujeres]

Por supuesto, nada de esto sugiere que Lovecraft y Jackson fueran otra cosa que colegas de trabajo, en ocasiones cercanos, si no fuera por algunos comentarios hechos por Willametta Keffer [una escritora aficionada] a George T. Wetzel en la década de 1950. Según Wetzel, Keffer le dijo que [y aquí Wetzel parafrasea una carta de Keffer]:


[Todos en la Amateur Press pensaban que Lovecraft se casaría con Winifred Jordan. Un miembro amigo, que conocía tanto a HPL como a Winifred Virginia, me habló del «romance».]


Es difícil saber qué hacer con todo esto. Podría ser un chisme, claro, pero no uno infundado.

Lovecraft debe haber conocido personalmente a Winifred V. Jackson, a más tardar, en el verano de 1920, cuando ella residía en el 20 de Webster Street, Allston, ciudad donde sabemos que Lovecraft estuvo al menos en dos ocasiones. Curiosamente, él no la menciona en ninguno de sus diversos relatos de sus viajes allí. Lo que sí escribió fue un efusivo artículo titulado: Winifred Virginia Jackson: una poeta «diferente» (Winifred Virginia Jackson: A ‘Different’ Poetess), publicado en marzo de 1921 en la United Amateur.

Por sus cartas, también sabemos que Lovecraft pasó la Navidad de 1920 escribiendo un poema pintoresco tras recibir una fotografía de Winifred Virginia Jackson, presumiblemente su regalo de Navidad para él. El poema se titula: Al recibir un retrato de la Señora Berkeley, poetisa (On Receiving a Portraiture of Mrs. Berkeley, ye Poetess). Es un poema delicado, encantador, donde Lovecraft elogia tanto la belleza física de Winifred Virginia Jackson como su talento para la poesía. En este punto es lícito afirmar que el flaco de Providence estaba lejos de percibir a Jackson como una mezcla de «carbono, hidrógeno, nitrógeno, una o dos pizcas de fósforo y otros elementos»


Aunque la bella forma exterior la situaría
en las filas de la hermosa raza de Venus,
esa cabeza bien formada contiene un arte tan grande
que la de Palas debe cultivar cepas inferiores.

[Tho’ outward form the fair indeed would place
Within the ranks of Venus’ comely race,
Yon shapely head so great an art contains
That Pallas’ self must own inferior strains.
]


Winifred V. Jackson era realmente una mujer muy atractiva, y el hecho de que fuera catorce años mayor que Lovecraft no excluye la posibilidad de un romance entre los dos. Después de todo, quien eventualmente se convertiría en esposa de Lovecraft, Sonia H. Greene, también era mayor que él.

Es curioso notar que estas dos mujeres, una judía [Greene] y otra sin ningún prejuicio racial [Jackson] hayan sido las únicas en agitar el corazón del flaco de Providence, cuyas opiniones xenófobas y racistas son más valoradas por sus estudiosos que sus acciones en la vida real. Claramente, Lovecraft era mucho menos prejuicioso en la práctica que en las cartas que escribía, donde asumía una postura intransigente [ver: Una noche en el burdel con Lovecraft]

¿Qué es más significativo a la hora de valorar la opinión de un hombre: sus cartas o a las personas reales a quienes amó? Uno puede fingir o exagerar una postura filosófica o política, por incorrecta que sea [y en la época de Lovecraft la xenofobia y el racismo eran políticamente correctos], sobre todo cuando quieres construir la imagen de este tipo duro, erudito, anticuario, una especie de vindicación moderna del hombre del siglo XVIII, pero difícilmente puedes fingir un interés sentimental de este tipo, en especial cuando este contradice aquellas posturas que tan radicalmente has defendido.

En fin.

Para la época de este supuesto cortejo con Lovecraft, Winifred V. Jackson estaba divorciada. Ella volvió a usar su apellido de soltera y, en las cartas de Lovecraft, «Señora Jordan» se convirtió a partir de entonces en «Señorita Jackson». En una carta fechada el 25 de diciembre de 1920, Lovecraft le escribió:


[A partir de su firma enmendada o restaurada, asumo que su caso judicial ha terminado con éxito; una circunstancia que causará regocijo universal debido al inevitable suspenso y tensión de los que sin duda se libera.]


Los rumores de una relación romántica entre Lovecraft y Jackson serían registrados de manera póstuma en el libro de 1976: El romance perdido de Lovecraft (Lovecraft's Lost Romance), escrito por George T. Wetzel y R. Alain Everts. No es una obra rigurosa, pero registra de primera mano una serie de chismes recogidos del mundillo aficionado, muchos de los cuales son completamente infundados. 

Por ejemplo, Wetzel y Everts afirman que Horace Jordan, esposo de Jackson, era afroamericano, pero se ha descubierto que su certificado de nacimiento y su tarjeta de reclutamiento lo clasifican como «blanco». También se afirma en el libro que Winifred V. Jackson, durante la supuesta etapa de cortejo con Lovecraft, mantenía un romance activo con el célebre poeta y crítico afroamericano William Stanley Braithwaite (1878-1962). De hecho, ella seguiría siendo su amante durante muchos años.

¿Lovecraft lo sabía?

Me resulta difícil creer, dadas las opiniones raciales de Lovecraft, que este conociera al detalle las afinidades de Winifred V. Jackson. Si las hubiera conocido probablemente habría dejado a Jackson inmediatamente, incluso dejaría de tratarla en términos profesionales. Pero, ¿acaso Lovecraft no sabía que Jackson había estado casada con un [supuesto] afroamericano como Jordan? Bueno, también es difícil creer que el flaco de Providence ignorara tantas cosas, pero no hay ninguna referencia suya, al menos por escrito, que indique que supiera que Horace Jordan era negro.

Sin embargo, Lovecraft sí conocía al amante de Winifred V. Jackson: Braithwaite, quien en ese momento ya era el crítico afroamericano más prominente del Estados Unidos [de hecho, mantendría una breve correspondencia con él en 1930]. Como editor literario del influyente Boston Transcript, Braithwaite ocupó una posición formidable en la poesía estadounidense en ese momento. Lovecraft menciona casualmente que un poema de Winifred V. Jackson que había aparecido en el Boston Transcript junto con uno suyo, y luego reimpreso en varias antologías de Braithwaite. Sería injusto pensar que esto se debió a que ella era la amante de Braithwaite, ya que gran parte de la poesía de Winifred V. Jackson era bastante buena, mejor [en aquel tiempo] que la de Lovecraft. Sin duda, Lovecraft le agradeció Braithwaite un comentario vertido en un artículo de 1921, donde definía la producción poética del flaco de Providence como «poemas de terror potente y sugestión oscura».

Lovecraft y Jackson no siempre estuvieron en perfecto acuerdo; de hecho, tenían posiciones diametralmente opuestas en muchos asuntos. Por ejemplo, mientras que Lovecraft era un ardiente anglófilo, y apoyó a los británicos durante la Primera Guerra Mundial y la Guerra de Independencia de Irlanda. Jackson apoyaba al Sinn Fein, el partido de izquierda de Irlanda. Es asombroso cómo el severo Lovecraft [que por mucho menos hubiese roto relaciones con cualquier otro corresposal] aceptaba, casi mansamente, esta clase de desacuerdos políticos. En una carta a Alfred Gapin, fechada en abril de 1920, escribe:


[Escuché por primera vez de la organización (Sinn Fein) por la señora Jordan, que está tan dedicada a la causa que hace trabajo de secretaria en las oficinas dos o tres días a la semana sin remuneración.]


A pesar de estas diferencias políticas, Lovecraft menciona que continuó viendo a Winifred en varias reuniones de aficionados. Su aprecio por Lovecraft también parece haber sido real, aunque no podemos decir que su naturaleza haya sido romántica. En cualquier caso, luego de una visita a casa de Winifred, Lovecraft escribió una carta a su madre, Sara Susan Lovecraft, fechada el 17 de marzo de 1921, donde menciona:


[Encontré mis inútiles intentos poéticos predominando en sus viejos álbumes de recortes, que se remontan a una época en la que probablemente no conocía su interés por mí.]


Básicamente, Lovecraft está diciendo aquí que cuando visitó a Winifred en su casa ella le mostró un álbum de recortes con poemas publicados del flaco de Providence. Lindo detalle.

La madre de Lovecraft, Susan, murió el 24 de mayo de 1921 en el Butler Hospital, después de una serie de complicaciones tras una cirugía de vesícula biliar [ver: El horror hereditario y la enfermedad de Lovecraft]. Pocos días después, el 7 de junio, Lovecraft le escribió a Jackson una carta muy conmovedora, de la cual podemos inferir que el flaco de Providence incluso le hablaba a su madre de Winifred, o al menos discutían su trabajo poético:


[Mi querida señorita Jackson:

Puede decirse con justicia que ha perdido usted a una amiga en mi madre, porque aunque nunca tuvo noticias directas de ella, es posible que se la cuente entre las primeras y más entusiastas admiradoras de su trabajo. Recuerdo su especial aprecio por sus poemas desde el primer momento que los vio. Lamento más que no la conociera personalmente, ni por carta ni por reunión.
]


Hay dos pruebas más que parecen resolver el asunto del romance entre Lovecraft y Winifred V. Jackson. En algún momento [probablemente en 1921], Lovecraft tomó una fotografía de Jackson en la playa, en lo que claramente constituye un encuentro de índole personal, no profesional. Pero, a mediados de julio de ese año, Lovecraft y Winifred asistieron a la convención de la Asociación Nacional de Prensa Amateur en Boston, donde Lovecraft conoció a una nueva aficionada de Nueva York, Sonia Haft Greene. R. Alain Everts informa que, en una entrevista de 1967, Sonia le dijo: «le robé a HPL a Winifred Jackson».

Quizás fue así.

Desde este momento, las referencias a Sonia aumentan en las cartas de Lovecraft al mismo tiempo que las referencias a Winifred disminuyen; sin embargo, la correspondencia entre ambos no cesó de inmediato. Si hubo una rivalidad romántica entre ellas, no lo sabemos. Ciertamente Lovecraft parece haber sido cortejado [muy lánguidamente] por Jackson y Greene, pero no está claro que el flaco de Lovecraft siquiera fuera consciente de ello.

Por otro lado, había otro factor para el distanciamiento: Braithwaite.

Lovecraft no se dio cuenta de inmediato de su raza [los padres de Braithwaite eran mestizos] hasta 1918, cuando Braithwaite recibió la medalla Springarn, lo que ocasionó uno de los estallidos de prejuicio racial más intemperantes en las cartas de Lovecraft. Por otro lado, el flaco de Providence quizás intuía la aventura extramarital entre Winifred y Braithwaite, quizás no, pero definitivamente era consciente de que existía alguna asociación entre ambos. Su última carta a Winifred menciona a Braithwaite, a quien Lovecraft llamaba «gatito negro» en sus cartas a Rheinhart Kleiner. Hay otras referencias dispersas en sus cartas, principalmente a Braithwaite escribiendo sobre la poesía de Winifred Jackson o mencionando al The Conservative en relación con ella.

No está claro qué sabía Lovecraft sobre la relación entre Winifred Jackson y Braithwaite, pero las referencias a ella en su correspondencia caen precipitadamente en el período 1921-1922. Sobrevive una sola carta de Lovecraft a Braithwaite, fechada el 7 de febrero de 1930, en la que se complace en recibir noticias de Winifred Jackson, por lo que no deben haber estado en contacto para esa fecha.

Tampoco hay evidencia de que Winifred V. Jackson haya viajado alguna vez a Providence para visitar a Lovecraft, como sí lo hacía con frecuencia Sonia, a pesar de que vivía mucho más lejos [Brooklyn]. Poco después de que Sonia Greene «robara» a Lovecraft, escuchamos muy poco de Winifred Jackson, ya sea en las cartas de Lovecraft como en la prensa amateur en general. Ella publicó solo dos poemarios más: Carreteras secundarias (Backroads) y Poemas escogidos (Selected Poems). Luego hizo silencio.

¿Tan devastada quedó Winifred V. Jackson luego de que Lovecraft entablara una relación seria con Sonia Greene? [ver: Lovecraft y Sonia Greene: una historia de amor]

No podemos saberlo, y menos por Lovecraft. El flaco de Providence solía terminar abruptamente sus relaciones de amistad con todas las escritoras aficionadas que estaban asociadas a él en ese momento. Por ejemplo, viajó a Boston a escuchar una conferencia de Lord Dunsany en compañía de Alice Hamlet; de hecho, ella le presentó al maestro irlandés, pero escuchamos muy poco de ella después de ese punto. Lovecraft visitó a Myrta Alice Little varias veces en New Hampshire durante 1921, y de esos encuentros solo sobrevive carta larga y laberíntica. Luego está el enigma de Anna Helen Crofts, la única otra mujer con la que Lovecraft colaboró [en lugar de hacer un trabajo de revisión sin firmar], en el curioso relato: La poesía y los dioses (Poetry and the Gods).

Dudo que hubiese algo romántico involucrado en estas relaciones, al menos del lado de Lovecraft. Pero no es improbable que un hombre con su intelecto, y su gran reputación en el mundillo aficionado, pudiera haber sido objeto de afecto e interés de parte de otras escritoras, aunque no tenemos ni la más remota evidencia de tal cosa.

Por otra parte, esa ruptura con Winifred Jackson no tiene por qué ser otra cosa que dos amigos separándose. Ella pasaba más tiempo con su nuevo negocio y Lovecraft con Sonia H. Greene, con quien se casaría en 1924. Para la falta de correspondencia sobreviviente, Lovecraft da una pista en una carta a Alfred Galpin, fechada el 31 de agosto de 1921:


[Ella (Winifred) desea que todas sus epístolas se quemen sin exhibición, aunque son en verdad mucho menos difamatorias de lo que cree. Normalmente cumplo con el deseo, aunque en este caso tuve que guardar esta página por el bien de la historia.]


¿Qué había en las cartas de Winifred Jackson como para que ella le pidiera que Lovecraft las quemara luego de leerlas?

Lovecraft y Jackson se dieron ánimo mutuamente, compartieron poemas, sueños y colaboraron en dos historias. Su período de correspondencia estuvo marcado por acontecimientos importantes en la vida de ambos: enfermedad, divorcio y muerte; pero si hubo algo más entre ellos, solo podemos imaginarlo. Las seis cartas que sobreviven consisten en un borrador entre los documentos de Lovecraft y cinco cartas que R. H. Barlow transcribió y envió a August Derleth; sólo un extracto de la primera carta se publicó en Cartas escogidas (Selected Letters). Presumiblemente, estas fueron todas las cartas que Winifred Jackson pudo [o quiso] desenterrar cuando Barlow se puso en contacto con ella en 1938 [ver: El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»]


[Veo que necesito ponerme una armadura contra un destino que se ocupa únicamente de traerme pérdidas. La pérdida de las cartas del señor Lovecraft también te conmueve.

Sinceramente, Winifred Virginia Jackson.]


Este es un extracto de una carta de Winifred Jackson a R.H. Barlow, fechada el 11 de noviembre de 1938, poco tiempo después de la muerte de Lovecraft. Es una declaración recatada, que solo menciona las cartas de Lovecraft como objeto de dolor por su pérdida. ¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto? No mucho. Quizás no sentía por Lovecraft más de lo que le manifestó a Barlow, quizás que era lo suficientemente discreta como para reservar sus sentimientos.




H.P. Lovecraft. I Autores con historia.


Más literatura gótica:
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Los Demonios, el amor, y los placeres de la carne


Los Demonios, el amor, y los placeres de la carne.




La teología sostiene que los demonios no pueden sentir amor, algo perfectamente lógico si tenemos en cuenta su condición de expatriados de la bonanza celestial; sin embargo, los grimorios medievales presentan una enorme cantidad de ejemplos contrarios, es decir, historias de demonios que pueden enamorarse, o en su defecto disfrutar de los placeres de la carne.

Por otro lado, si los mitos bíblicos eximen a Dios de tales prácticas, es razonable deducir que su adversario, Satanás, haya elegido el camino inverso.

La demonología, entonces, observa que, contrariamente a lo que sucede con los ángeles, donde no hay ejemplos de feminidad, es decir, de ángeles mujeres, lo femenino abunda en el infierno. En este contexto, la diversidad de género parece ser un asunto exclusivo de los demonios, y si hay diversidad debemos admitir que tiene una función: la atracción.

John Milton, sin embargo, asegura en El Paraíso Perdido (Lost Paradise) que los demonios no poseen un género definido, y que asumen las características que necesitan para cumplir con su odiosa agenda. Esto contradice mitos como el de Baal, que originalmente era un demonio de la fecundidad, y de Yecum, un demonio femenino a la cual se le adjudica el poder de seducir incluso a los ángeles.

Muchos libros medievales suscriben la opinión de que los demonios asumen los rasgos predominantes de cada género en función de sus propias personalidades. En este contexto, Nicolás Remy asegura en el libro Demonolatría (Daemonolatriae) que los demonios son incapaces de amar, pero que sí pueden mantener relaciones, y que de hecho viven en un constante estado de lujuria, ya que para ellos el encuentro de los cuerpos no tiene ningún vínculo con el afecto, la ternura, el amor, y sobre todo con la saciedad. En todo caso, utilizan al amor como herramienta para humillar y someter a sus seguidores (ver: Belial: el demonio del amor estéril).

Esto parece ignorar algunas interesantes historias de amor entre demonios, como la de Pinet y Florina, por ejemplo, quienes mantienen una relación sentimental desde que fueron arrojados del cielo; y la de Kelen y Nisroch, otros dos demonios enamorados a pesar de las adversidades de existir en el infierno.

Por otro lado, Thomas de Aquino, Plutarco, y otros, sostienen que los demonios no sienten deseo, sino que lo simulan, aunque no rechazan la posibilidad de que puedan mantener encuentros detestables con humanos. Por allí andan las leyendas de Íncubos y Súcubos; y probablemente la más interesante de todas: Abrahel, una demonio a quien nadie, que se sepa, ha logrado resistirse.

Claramente los demonios utilizan el placer como arma. Barbatos, por ejemplo, se caracteriza por ser un maestro de la seducción. Prusias y Larimón, a su vez, conocen todos los secretos y fantasías de las mujeres. Incluso Samael fue lo suficientemente sagaz como para seducir a Eva y engendrar con ella a Caín.

El Malleus Maleficarum, por su parte, señala que nos demonios no aman a sus brujas, y que sus relaciones con ellas tienen la función de sellar con ellas algún tipo de compromiso infernal, o pacto satánico, con el objeto de arrancarlas del Libro de la Vida, haciéndoles imposible que el arrepentimiento las vuelva a acercar a Dios. Esto explicaría por qué las brujas necesitaban untar sus escobas con ungüentos que, quizás, servían para acelerar el deseo, ya que los demonios no podían safisfacerlo acabadamente (ver: ¿Por qué las brujas vuelan en escobas?).

William de Auvergne, contrario a las opiniones del Malleus Maleficarum, declara que los demonios no solo aman a las mujeres, sino que sienten una particular debilidad por las mujeres de cabello largo, oscuro, y corpulentas.

Evolucionista a pesar suyo, Plutarco también suscribe la opinión de que los demonios no sienten deseo, y para argumentar esa hipótesis declara que esa ausencia responde a una imposibildad de procrear. En este contexto, la lujuria demoníaca es una impostura más que busca exaltar las pasiones elementales del ser humano para ofender al Creador.

Boguet, en la misma sintonía, vocifera que los demonios no sienten atracción, o al menos tal como nosotros la concebimos, ya que son incapaces de dejar descendencia. El pensador incluso va más lejos, y razona que los demonios ni siquiera poseen los órganos indispensables para tales prácticas, pero que son capaces de ejecutar las más prodigiosas maniobras dactilares.

Pierre de Rostegny, sumamente perturbado por la idea, acusa a Lucifer de deleitarse en la seducción de mujeres casadas, agregando al adulterio al pecado venial de encamarse con el maligno. Esto, quizás, se apoya en el mito de Zar, un demonio que seducía a las mujeres casadas para vengarse de sus esposos. Además, De Rostegny prosigue, y aventura la noción, bien conocida en la Edad Media, de que el demonio jamás mantiene relaciones por las vías naturales, es decir, aquellas aprobadas por Dios para engendrar descendencia, sino que prefiere saciar sus instintos mediante otros accesos, muchas veces inaccesibles para el buen esposo cristiano.

Los ejemplos de demonios enamorados también nos permiten conocer algunas antiguas historias sobre violencia de género o, en este caso, de celos enfermizos. Asmodeo, por ejemplo, se sentía tan atraído por Sarah que asesinó a sus siete maridos consecutivamente, impidiéndoles sellar el vínculo matrimonial en la noche de bodas. Por suerte, el arcángel Rafael intercedió antes de que matara al octavo.

En La vida de San Bernardo (The Life of Saint Bernard), escrito en el siglo XI, se relata el repetitivo adulterio de una mujer casada con un demonio, con el cual habría vivido experiencias verdaderamente imborrables. Gregorio de Nyssa sube la apuesta, y menciona que los demonios pueden tener hijos con mujeres mortales, solo que con un número bastante reducido, y que esta tasa bajísima de natalidad los obliga a vivir en un perpetuo estado de lujuria.

Los Aquelarres y Sabbats eran el escenario ideal para este tipo de encuentros pecaminosos. Allí, el diablo se presentaba de numerosas formas, ya sea como un gato, un toro, un perro, e incluso un carnero. De hecho, abundan las declaraciones de brujas que afirmaban haber mantenido encuentros íntimos con el diablo en sus reuniones (ver: El baile de las brujas: los secretos de Sabbath), pero recordemos que en estas tertulias desenfrenadas el demonio no era una aparición real, es decir, física; sino que se manifestaba en el jefe regional. Así como el sacerdote católico es Dios, simbólicamente, durante la Eucaristía, el jefe regional era Satán durante el Sabbat.

Nicolás Remy la teoría inquietante de que los demonios de las altas jerarquías pueden incluso forzar a sus víctimas, sobre todo mujeres, aun cuando estas porten símbolos religiosos. En 1587, Catherine Latonia denunció haber sido atacada por un demonio, probablemente para no incriminar a alguien de su familia. Sylvester Prieras, un tanto confundido, coincide con Remy, pero asegura que el demonio no solo se gratifica al atacar a mujeres, sino también a monjas, las cuales, según este pensador, pertenecerían a un género desconocido.

Martín Lutero también sospecha que los demonios pueden dejar embarazadas a las mujeres, pero que el fruto de esas uniones ilegítimas no suele vivir mucho debido a un carácter heredado realmente salvaje, como el caso de Atila, según la leyenda, hijo de un demonio.

Dejando a los sabios de lado, el amor y el deseo de los demonios parecen expresar nuestro lado más primordial, y también un intento de aceptar esos instintos elementales. La liberación de los sentidos, de la sensualidad en estado puro, no es ciertamente un motivo romántico; por el contrario, requiere una fuerte presencia de espíritu, y una disposición al desenfreno, al extravío del Yo, que pocas personas están dispuestas a experimentar.




Demonología. I Mitología.


Más literatura gótica:
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Poemas de amor en alemán y español


Poemas de amor en alemán y español.




Los grandes poetas alemanes forjaron los cimientos del Romanticismo, un movimiento artístico y cultural que va mucho más allá de los poemas de amor a los que estamos habituados. En este sentido, los poemas alemanes son verdaderos precursores del descubrimiento del Yo, tal como lo concebimos actualmente, así también como de la complejidad e idealización del amor; de ahí que sea tan importante para nuestra biblioteca agrupar algunos de los más importantes poemas de amor en alemán y español.

En esta sección, entonces, iremos recorriendo poco a poco los poemas de amor en alemán y español que se encuentran en nuestra biblioteca, por cierto, en constante expansión.




Poemas de amor en alemán y español:




Poemas en El Espejo Gótico. I Autores en El Espejo Gótico.


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Poemas nórdicos de amor


Poemas nórdicos de amor.








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Helen Fisher: libros en español


Helen Fisher: libros en español.




Helen Fisher​ (1945— ) es una de las personalidades más destacadas dentro de la antropología y la psicología de nuestra época. Los libros de Helen Fisher, muy populares dentro del ámbito de la autoayuda, se especializan en el comportamiento humano y, más específicamente, en la biología del amor y la atracción.

En esta sección iremos repasando todos los libros de Helen Fisher.




Libros de Helen Fisher.
  • Anatomía del amor (Anatomy of Love)
  • Porqué amamos (Why We Love)
  • Amor: una reacción química (Love: the Chemical Reaction)
  • Encontrar el amor verdadero al entender tu propio tipo de personalidad (Finding Real Love By Understanding Your Personality Type)
  • La evolución del comportamiento humano (The Evolution of Human Behavior)
  • Los talentos naturales de la mujer y cómo están cambiando el mundo (The Natural Talents of Women and How They are Changing the World)
  • Naturaleza y química del amor romántico (The Nature and Chemistry of Romantic Love)
  • ¿Por qué él? ¿Por qué ella? (Why Him? Why Her?)




El lado oscuro de la psicología. I El lado oscuro del amor.


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¿Qué pasó con Aragorn y Arwen después de «El Señor de los Anillos»?


¿Qué pasó con Aragorn y Arwen después de «El Señor de los Anillos»?




La historia de amor entre Aragorn y Arwen es tan decisiva como secundaria en el desarrollo de la novela. De hecho, poco y nada se dice en El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings) sobre cómo se conocieron, salvo detalles circunstanciales, y menos aún cuál fue su destino después de la destrucción del Anillo Único y la caída de Sauron.

J.R.R. Tolkien se reservó esa información para un apéndice de la novela, titulado: El cuento de Aragorn y Arwen (The Tale of Aragorn and Arwen).

Tras la derrota de Sauron, Aragorn fue coronado rey de Gondor con el nombre: Elessar, un apodo en Quenya que le había sido otorgado por Galadriel —abuela de Arwen, es decir, su suegra—, y que traducido al inglés significa Elfstone, «piedra de elfo».

Poco después Aragorn contrajo matrimonio con Arwen, más precisamente el 24 de junio del año 3019 de la Tercera Edad.

La pareja tuvo un hijo varón, Eldarion, que dio inicio a la Casa de Telcontar, otra palabra en Quenya que significa «trancos». También tuvieron dos hijas, aunque J.R.R. Tolkien no proporcionó sus nombres.

Durante los primeros años juntos, Aragorn y Arwen reinaron sobre Gondor y Arnor con gran prosperidad, renovando buenos términos de convivencia con hombres, elfos y enanos, y recuperando los territorios perdidos en los últimos siglos (ver: Los 8 sueños en «El Señor de los Anillos»)

A la edad de 210 años, con 122 en el trono de Gondor, Aragorn murió por voluntad propia; lo cual no es un suicidio, sino más bien una retirada de la vida, facultad propia de los hombres con sangre de Númenor.

Así describe la escena J.R.R. Tolkien:


Luego, yendo a la Casa de los Reyes en la Calle Silenciosa, Aragorn se recostó en el largo lecho que le habían preparado. Allí se despidió de Eldarion, y entregó en sus manos la corona alada de Gondor y el cetro de Arnor; y luego todos lo dejaron solo, excepto Arwen.

(Then going to the House of the Kings in the Silent Street, Aragorn laid him down on the long bed that had been prepared for him. There he said farewell to Eldarion, and gave into his hands the winged crown of Gondor and the sceptre of Arnor; and then all left him save Arwen)


Las últimas palabras de Aragorn fueron:


Contamplad, no estamos atados a los círculos del mundo, y más allá hay algo más que recuerdos. Adiós.

(Behold, we are not bound to the circles of the world, and beyond them is more than memory. Farewell)


Su cuerpo fue enterrado en la Casa de los Reyes, y junto a él fueron trasladadas las tumbas de Merry y Pippin, quienes habían muerto en Gondor 58 años antes.

Arwen, sumida en la tristeza —según Tolkien, como si la luz de sus ojos se hubiese agotado—, le dijo adiós a su esposo, luego a su hijo, Eldarion, y a sus dos hijas, y entonces se fue de Minas Tirith.

Arwen vagó durante un tiempo por la Tierra Media hasta llegar a Lothlórien, la tierra de su juventud, ya desierta de elfos. Anduvo allí bajo los árboles, hasta que, un año después del fallecimiento de su esposo, a la edad de 2901 años, murió en la colina de Cerin Amroth, el mismo lugar en el que había visto a Aragorn por primera vez.

Ese fue el final de la historia de amor de Aragorn y Arwen en la Tierra Media.

Es importante mencionar que la unión entre Aragorn y Arwen tuvo fuertes consecuencias políticas y sociales en la Tierra Media, ya que reunió una genealogía destinada al olvido en caso de que Sauron hubiese ganado la Guerra del Anillo.

En principio, Arwen es pariente sanguínea de Aragorn.

Elros Tar-Minyatur, hermano del padre de Arwen, Elrond, es también uno de los ancestros de Aragorn y el primer rey de Númenor. Elros eligió ser un hombre mortal, y de esa rama de la familia proviene Aragorn; mientras que Elrond eligió el privilegio de los elfos, de cuyo linaje proviene Arwen.

En otras palabras, Aragorn y Arwen son primos, separados por cientos de generaciones de hombres, pero apenas una en el linaje de los elfos.

El matrimonio de Aragorn y Arwen reunió así la división de los Medio Elfos —Elros y Elrond—, pero también sirvió para preservar las líneas de sangre de los Altos Elfos —Ingwë, Finwë, Olwë y Elwë—, todos ellos ancestros de la pareja; y, a través de Arwen, el linaje de Melian, reina de Doriath, que perteneció a la raza de los Maiar, especie de ángeles de segundo orden dentro de los cuales se encuentran nada menos que Gandalf y Sauron.




Tierra Media. I Mitología comparada.


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Los DUENDES degenerados de LUCRECIA BORGIA


Los DUENDES degenerados de LUCRECIA BORGIA.




Se produjo un asombroso hallazgo en la biblioteca de Jacinto del Módulo, aficionado al ateísmo del barrio de Villa del Parque. El día martes envió un largo correo al profesor Lugano a raíz de su investigación acerca de las distintas razas de seres del plano astral, adjuntando información pertinente respecto de otras criaturas insólitas, y evidentemente degeneradas, nunca antes descritas por los bestiarios medievales.

El erudito recurre a una áspera traducción de cierto párrafo epistolar adjudicado a Lucrecia Borgia, quien al parecer habría entrado en contacto con una curiosa raza de duendes, posiblemente de origen etrusco, conocidos como Verjotas.

Los Verjota descienden de la antigua creencia en espíritus elementales con gran destreza para el amor. Según Del Módulo, que rastreó ese parentesco en las páginas más áridas de la mitología, estos duendes estarían emparentados con los Lambetuto, muy temidos en la Provenza, y quizá con una discreta estirpe de djinns, los Jeropasah.

Según la leyenda, los Verjota irrumpen en las habitaciones de las muchachas y, citando a Del Módulo, hombre afín al romanticismo, retozan con ellas del modo más desvergonzado. Tras acabar la faena, los Verjota evaden hábilmente las maniobras vengativas de familiares y allegados, y se precipitan en la noche emitiendo un grito aterrador:


¡è nato un cornuto!


Que Del Módulo traduce caprichosamente como:


¡Ha nacido un cornudo!


En ciertas ocasiones, los Verjota pueden prolongar el asedio durante horas y horas, realizando verdaderas acrobacias capaces de ridiculizar a Casanova o al Marqués de Sade. Esto, sin embargo, puede ser peligroso, debido a que los Verjota poseen un tiempo de vida limitado en el plano terrenal.

Del Módulo adjunta algunas notas dramáticas que dan cuenta de los intentos desesperados de Lucrecia Borgia por reanimar a su duendes, ya exhaustos, mediante masajes. No obstante, una vez que el Verjota ha vaciado su energía vital no hay forma de volver levantarlo.

Destino ingrato —se lamenta Del Módulo— el de esos pequeños cretinos, acaso idéntico al de todos amoríos fugitivos; porque después de la furiosa labor del Verjota un vapor de remordimiento cae sobre sus amadas, que incluso llegan a negar que tales hazañas —no las del virtuosismo amoroso, sino las de la entrega absoluta, sin reparos— realmente hayan ocurrido.




Mitología. I Seres fantásticos de la mitología.


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