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Lovecraft y Winifred Jackson: ¿una historia de amor?


Lovecraft y Winifred Jackson: ¿una historia de amor?




Hacia fines de 1919, H.P. Lovecraft y Rheinhart Kleiner [uno de los primeros corresponsales del flaco de Providence, y uno de los más críticos de su filosofía racial] comenzaron una discusión sobre las mujeres, el amor y el sexo. Al parecer, Kleiner siempre había sido susceptible a las tentaciones, y Lovecraft consideraba sus variadas implicaciones con una mezcla de leve sorpresa, diversión, y tal vez un cierto desprecio. En un momento, comenta:


[Por supuesto, no estoy familiarizado con los fenómenos amatorios, salvo a través de una lectura superficial. Siempre supuse que uno esperaba hasta encontrar alguna ninfa que le pareciera radicalmente diferente del resto, y sin la cual uno sentiría que no podría vivir. Entonces, imagino, uno comenzaría a asediar su corazón de manera profesional, sin desistir hasta que la ganara de por vida o fuera arruinado por el rechazo.]


En materia de pasiones, digamos, de índole carnal, Lovecraft era igualmente radical en sus opiniones:


[El erotismo pertenece a un orden inferior de instintos, y es una cualidad animal más que noblemente humana. El salvaje o el simio primigenio simplemente buscan en su bosque nativo para encontrar pareja; ¡el ario exaltado debería levantar los ojos a los mundos del espacio y considerar su relación con el infinito!]


Por supuesto, podríamos aprovechar ese párrafo para vociferar sobre los aspectos racistas del pensamiento de Lovecraft, pero creo que sus opiniones epistolares muchas veces se interpretan maliciosamente [ver: «La Sombra sobre Innsmouth»: del odio racial a la empatía]. Cuando uno se acostumbra al estilo de las cartas de Lovecraft, es más sencillo comprender que, en este caso en particular, los signos de exclamación, más el tono grandilocuente de todo el pasaje, son indicativos de una cierta autoparodia. En otras palabras, el flaco de Providence está siendo deliberadamente exagerado, incluso riéndose de sus opiniones.

Pronto, Lovecraft recupera la compostura y comenta más seriamente:


[Por el romance y el cariño nunca he sentido el menor interés; mientras que el cielo, con su relato de eternidades pasadas y venideras, y su magnífica panoplia de universos giratorios, siempre me ha cautivado. Y, en verdad, ¿no es esta la actitud natural de una mente analítica? ¿Qué es una hermosa ninfa? Carbono, hidrógeno, nitrógeno, una o dos pizcas de fósforo y otros elementos. Todos se descompondrán pronto. Pero, ¿qué es el cosmos? ¿Cuál es el secreto del tiempo, el espacio y las cosas que se encuentran más allá del tiempo y el espacio?]


Bueno, eso parece resolver el asunto.

Para Lovecraft, el cuerpo de la mujer se resume a «carbono, hidrógeno, nitrógeno, una o dos pizcas de fósforo y otros elementos»; es decir, parece incapaz de percibirlas en términos de deseo. Sin embargo, ¿es realmente cierto que Lovecraft no estaba familiarizado con los «fenómenos amatorios», que nunca había «sentido el mínimo interés» por el romance? [ver: En la cama de Lovecraft]

Quizás haya alguna pequeña razón para dudar al respecto; y esta se centra en una mujer que ha sido mencionada muy esporádicamente por los biógrafos de Lovecraft: Winifred Virginia Jackson (1876-1959)

Winifred Virginia Jackson se casó con Horace Jordan, un afroamericano [más adelante esto será puesto en duda], alrededor de 1915. La pareja se mudó al número 57 de Morton Street, Newton Center, un suburbio de Boston, Massachusetts. Al parecer, ella se divorció a principios de 1919, aunque siguió figurando en la lista de miembros de la United Amateur Press Association [UAPA] con su nombre de casada hasta septiembre de 1921. Para enero de 1920, sin embargo, ya vivía con dos amigas, ambas escritoras, en el número 20 de Webster Street, en Allston.

Winifred V. Jackson se unió a la UAPA en octubre de 1915, reclutada por la amiga y corresponsal de Lovecraft, Anne Tillery Renshaw. Winifred debe haberle escrito a Lovecraft a finales de 1915, o principios de 1916. Continuaron escribiéndose hasta [al menos] 1921 o 1922. En este punto las referencias a ella se desvanecen en la correspondencia de Lovecraft. De esos años todo lo que queda son seis cartas de Lovecraft a Winifred fechadas entre 1920 y 1921, cerca del final de su relación, por lo que solo podemos reconstruir de modo muy incompleto la naturaleza de su vínculo [ver: Lovecraft, Hazel Heald, y una cena a la luz de las velas]

El número de enero de 1916 de The Conservative, la revista amateur de Lovecraft, contiene dos poemas de ella [firmados como Winifred Virginia Jordan]: Canción del viento del norte (Song of the North Wind) y Galileo y Swammerdam (Galileo and Swammerdam). Tres poemas más aparecieron en la edición de abril de 1916: Abril (April), En el prado de Morven (In Morven's Mead) y El viento nocturno desnudó mi corazón (The Night Wind Bared My Heart). Dos más, Insomnia (Insomnia) y El estanque (The Pool), se publicaron en el mes de octubre. En esa misma edición, Lovecraft publicó el poema Lo desconocido (The Unknown) bajo el seudónimo que habitualmente utilizaba Winifred V. Jackson: «Elizabeth Berkeley», lo cual se repitió en mayo de 1917 cuando El abogado de la paz (The Peace Advocate) apareció bajo el mismo seudónimo en la revista Tryout [ver: Los extraños seudónimos de Lovecraft.]

¿Lovecraft utilizando un seudónimo de mujer, y más aún, el seudónimo que habitualmente utilizaba una mujer en particular con la que tenía [al menos] trato por correspondencia?

¿Acaso estaban escribiendo juntos?

Antes de que los defensores del ascetismo amoroso de Lovecraft nos salten a la yugular, sigamos cavando.

Winifred V. Jackson y Lovecraft ciertamente parecen haber hecho juntos una cantidad considerable de trabajo amateur. Ella misma publicó sólo un número de la revista Eurus, en febrero de 1918, que contenía un poema de Lovecraft dedicado a Jonathan E. Hoag. Junto con otros escritores aficionados, Winifred V. Jackson y Lovecraft editaron y publicaron tres números de la United Co-operative, entre 1918 y 1921; paralelamente, ella fue editora del Silver Clarion en un momento en que Lovecraft estaba prestando cierta atención a ese periódico. Más aún, en la convención de la United Amateur Press Association de 1917, Lovecraft fue elegido presidente y Winifred vicepresidenta, por lo que su correspondencia durante los próximos años habría incluido muchos asuntos oficiales, así como otros de índole personal.

Por ejemplo, a principios de 1918, Winifred enfermó de influenza durante la pandemia de la «gripe española», y una de las cartas de Lovecraft de esa época sugiere que ella necesitaba una enfermera en casa para cuidarla, e incluso que se sentía tan débil que tenía que dictar sus cartas a Lovecraft. En una carta a Rheinhart Kleiner, fechada el 5 de mayo de 1918, el flaco de Providence menciona:


[La recuperación de la señora Jordan no ha sido tan rápida como cabría desear, pero últimamente me envió una copia del London Daily Mail, escrita con su propia letra en lugar de la de su enfermera, por lo que supongo que ha mejorado mucho. En la última carta que dictó, relató un divertido incidente.]


Durante esta época se consolidó el vínculo entre Lovecraft y Jackson, el cual se convertiría en una colaboración literaria: El caos reptante (The Crawling Chaos). Ese año, Lovecraft compartió un sueño en una carta; Winifred respondió con el suyo, y hasta incluyó un mapa y la sugerencia de que Lovecraft escribiera una historia con él. Esto se convirtió en su segunda colaboración: La pradera verde (The Green Meadow), el cual se mantuvo inédito hasta 1927. Ambas colaboraciones utilizaron el seudónimo de Winifred: Elizabeth Berkeley. [ver: Relatos de Lovecraft escritos con mujeres]

Por supuesto, nada de esto sugiere que Lovecraft y Jackson fueran otra cosa que colegas de trabajo, en ocasiones cercanos, si no fuera por algunos comentarios hechos por Willametta Keffer [una escritora aficionada] a George T. Wetzel en la década de 1950. Según Wetzel, Keffer le dijo que [y aquí Wetzel parafrasea una carta de Keffer]:


[Todos en la Amateur Press pensaban que Lovecraft se casaría con Winifred Jordan. Un miembro amigo, que conocía tanto a HPL como a Winifred Virginia, me habló del «romance».]


Es difícil saber qué hacer con todo esto. Podría ser un chisme, claro, pero no uno infundado.

Lovecraft debe haber conocido personalmente a Winifred V. Jackson, a más tardar, en el verano de 1920, cuando ella residía en el 20 de Webster Street, Allston, ciudad donde sabemos que Lovecraft estuvo al menos en dos ocasiones. Curiosamente, él no la menciona en ninguno de sus diversos relatos de sus viajes allí. Lo que sí escribió fue un efusivo artículo titulado: Winifred Virginia Jackson: una poeta «diferente» (Winifred Virginia Jackson: A ‘Different’ Poetess), publicado en marzo de 1921 en la United Amateur.

Por sus cartas, también sabemos que Lovecraft pasó la Navidad de 1920 escribiendo un poema pintoresco tras recibir una fotografía de Winifred Virginia Jackson, presumiblemente su regalo de Navidad para él. El poema se titula: Al recibir un retrato de la Señora Berkeley, poetisa (On Receiving a Portraiture of Mrs. Berkeley, ye Poetess). Es un poema delicado, encantador, donde Lovecraft elogia tanto la belleza física de Winifred Virginia Jackson como su talento para la poesía. En este punto es lícito afirmar que el flaco de Providence estaba lejos de percibir a Jackson como una mezcla de «carbono, hidrógeno, nitrógeno, una o dos pizcas de fósforo y otros elementos»


Aunque la bella forma exterior la situaría
en las filas de la hermosa raza de Venus,
esa cabeza bien formada contiene un arte tan grande
que la de Palas debe cultivar cepas inferiores.

[Tho’ outward form the fair indeed would place
Within the ranks of Venus’ comely race,
Yon shapely head so great an art contains
That Pallas’ self must own inferior strains.
]


Winifred V. Jackson era realmente una mujer muy atractiva, y el hecho de que fuera catorce años mayor que Lovecraft no excluye la posibilidad de un romance entre los dos. Después de todo, quien eventualmente se convertiría en esposa de Lovecraft, Sonia H. Greene, también era mayor que él.

Es curioso notar que estas dos mujeres, una judía [Greene] y otra sin ningún prejuicio racial [Jackson] hayan sido las únicas en agitar el corazón del flaco de Providence, cuyas opiniones xenófobas y racistas son más valoradas por sus estudiosos que sus acciones en la vida real. Claramente, Lovecraft era mucho menos prejuicioso en la práctica que en las cartas que escribía, donde asumía una postura intransigente [ver: Una noche en el burdel con Lovecraft]

¿Qué es más significativo a la hora de valorar la opinión de un hombre: sus cartas o a las personas reales a quienes amó? Uno puede fingir o exagerar una postura filosófica o política, por incorrecta que sea [y en la época de Lovecraft la xenofobia y el racismo eran políticamente correctos], sobre todo cuando quieres construir la imagen de este tipo duro, erudito, anticuario, una especie de vindicación moderna del hombre del siglo XVIII, pero difícilmente puedes fingir un interés sentimental de este tipo, en especial cuando este contradice aquellas posturas que tan radicalmente has defendido.

En fin.

Para la época de este supuesto cortejo con Lovecraft, Winifred V. Jackson estaba divorciada. Ella volvió a usar su apellido de soltera y, en las cartas de Lovecraft, «Señora Jordan» se convirtió a partir de entonces en «Señorita Jackson». En una carta fechada el 25 de diciembre de 1920, Lovecraft le escribió:


[A partir de su firma enmendada o restaurada, asumo que su caso judicial ha terminado con éxito; una circunstancia que causará regocijo universal debido al inevitable suspenso y tensión de los que sin duda se libera.]


Los rumores de una relación romántica entre Lovecraft y Jackson serían registrados de manera póstuma en el libro de 1976: El romance perdido de Lovecraft (Lovecraft's Lost Romance), escrito por George T. Wetzel y R. Alain Everts. No es una obra rigurosa, pero registra de primera mano una serie de chismes recogidos del mundillo aficionado, muchos de los cuales son completamente infundados. 

Por ejemplo, Wetzel y Everts afirman que Horace Jordan, esposo de Jackson, era afroamericano, pero se ha descubierto que su certificado de nacimiento y su tarjeta de reclutamiento lo clasifican como «blanco». También se afirma en el libro que Winifred V. Jackson, durante la supuesta etapa de cortejo con Lovecraft, mantenía un romance activo con el célebre poeta y crítico afroamericano William Stanley Braithwaite (1878-1962). De hecho, ella seguiría siendo su amante durante muchos años.

¿Lovecraft lo sabía?

Me resulta difícil creer, dadas las opiniones raciales de Lovecraft, que este conociera al detalle las afinidades de Winifred V. Jackson. Si las hubiera conocido probablemente habría dejado a Jackson inmediatamente, incluso dejaría de tratarla en términos profesionales. Pero, ¿acaso Lovecraft no sabía que Jackson había estado casada con un [supuesto] afroamericano como Jordan? Bueno, también es difícil creer que el flaco de Providence ignorara tantas cosas, pero no hay ninguna referencia suya, al menos por escrito, que indique que supiera que Horace Jordan era negro.

Sin embargo, Lovecraft sí conocía al amante de Winifred V. Jackson: Braithwaite, quien en ese momento ya era el crítico afroamericano más prominente del Estados Unidos [de hecho, mantendría una breve correspondencia con él en 1930]. Como editor literario del influyente Boston Transcript, Braithwaite ocupó una posición formidable en la poesía estadounidense en ese momento. Lovecraft menciona casualmente que un poema de Winifred V. Jackson que había aparecido en el Boston Transcript junto con uno suyo, y luego reimpreso en varias antologías de Braithwaite. Sería injusto pensar que esto se debió a que ella era la amante de Braithwaite, ya que gran parte de la poesía de Winifred V. Jackson era bastante buena, mejor [en aquel tiempo] que la de Lovecraft. Sin duda, Lovecraft le agradeció Braithwaite un comentario vertido en un artículo de 1921, donde definía la producción poética del flaco de Providence como «poemas de terror potente y sugestión oscura».

Lovecraft y Jackson no siempre estuvieron en perfecto acuerdo; de hecho, tenían posiciones diametralmente opuestas en muchos asuntos. Por ejemplo, mientras que Lovecraft era un ardiente anglófilo, y apoyó a los británicos durante la Primera Guerra Mundial y la Guerra de Independencia de Irlanda. Jackson apoyaba al Sinn Fein, el partido de izquierda de Irlanda. Es asombroso cómo el severo Lovecraft [que por mucho menos hubiese roto relaciones con cualquier otro corresposal] aceptaba, casi mansamente, esta clase de desacuerdos políticos. En una carta a Alfred Gapin, fechada en abril de 1920, escribe:


[Escuché por primera vez de la organización (Sinn Fein) por la señora Jordan, que está tan dedicada a la causa que hace trabajo de secretaria en las oficinas dos o tres días a la semana sin remuneración.]


A pesar de estas diferencias políticas, Lovecraft menciona que continuó viendo a Winifred en varias reuniones de aficionados. Su aprecio por Lovecraft también parece haber sido real, aunque no podemos decir que su naturaleza haya sido romántica. En cualquier caso, luego de una visita a casa de Winifred, Lovecraft escribió una carta a su madre, Sara Susan Lovecraft, fechada el 17 de marzo de 1921, donde menciona:


[Encontré mis inútiles intentos poéticos predominando en sus viejos álbumes de recortes, que se remontan a una época en la que probablemente no conocía su interés por mí.]


Básicamente, Lovecraft está diciendo aquí que cuando visitó a Winifred en su casa ella le mostró un álbum de recortes con poemas publicados del flaco de Providence. Lindo detalle.

La madre de Lovecraft, Susan, murió el 24 de mayo de 1921 en el Butler Hospital, después de una serie de complicaciones tras una cirugía de vesícula biliar [ver: El horror hereditario y la enfermedad de Lovecraft]. Pocos días después, el 7 de junio, Lovecraft le escribió a Jackson una carta muy conmovedora, de la cual podemos inferir que el flaco de Providence incluso le hablaba a su madre de Winifred, o al menos discutían su trabajo poético:


[Mi querida señorita Jackson:

Puede decirse con justicia que ha perdido usted a una amiga en mi madre, porque aunque nunca tuvo noticias directas de ella, es posible que se la cuente entre las primeras y más entusiastas admiradoras de su trabajo. Recuerdo su especial aprecio por sus poemas desde el primer momento que los vio. Lamento más que no la conociera personalmente, ni por carta ni por reunión.
]


Hay dos pruebas más que parecen resolver el asunto del romance entre Lovecraft y Winifred V. Jackson. En algún momento [probablemente en 1921], Lovecraft tomó una fotografía de Jackson en la playa, en lo que claramente constituye un encuentro de índole personal, no profesional. Pero, a mediados de julio de ese año, Lovecraft y Winifred asistieron a la convención de la Asociación Nacional de Prensa Amateur en Boston, donde Lovecraft conoció a una nueva aficionada de Nueva York, Sonia Haft Greene. R. Alain Everts informa que, en una entrevista de 1967, Sonia le dijo: «le robé a HPL a Winifred Jackson».

Quizás fue así.

Desde este momento, las referencias a Sonia aumentan en las cartas de Lovecraft al mismo tiempo que las referencias a Winifred disminuyen; sin embargo, la correspondencia entre ambos no cesó de inmediato. Si hubo una rivalidad romántica entre ellas, no lo sabemos. Ciertamente Lovecraft parece haber sido cortejado [muy lánguidamente] por Jackson y Greene, pero no está claro que el flaco de Lovecraft siquiera fuera consciente de ello.

Por otro lado, había otro factor para el distanciamiento: Braithwaite.

Lovecraft no se dio cuenta de inmediato de su raza [los padres de Braithwaite eran mestizos] hasta 1918, cuando Braithwaite recibió la medalla Springarn, lo que ocasionó uno de los estallidos de prejuicio racial más intemperantes en las cartas de Lovecraft. Por otro lado, el flaco de Providence quizás intuía la aventura extramarital entre Winifred y Braithwaite, quizás no, pero definitivamente era consciente de que existía alguna asociación entre ambos. Su última carta a Winifred menciona a Braithwaite, a quien Lovecraft llamaba «gatito negro» en sus cartas a Rheinhart Kleiner. Hay otras referencias dispersas en sus cartas, principalmente a Braithwaite escribiendo sobre la poesía de Winifred Jackson o mencionando al The Conservative en relación con ella.

No está claro qué sabía Lovecraft sobre la relación entre Winifred Jackson y Braithwaite, pero las referencias a ella en su correspondencia caen precipitadamente en el período 1921-1922. Sobrevive una sola carta de Lovecraft a Braithwaite, fechada el 7 de febrero de 1930, en la que se complace en recibir noticias de Winifred Jackson, por lo que no deben haber estado en contacto para esa fecha.

Tampoco hay evidencia de que Winifred V. Jackson haya viajado alguna vez a Providence para visitar a Lovecraft, como sí lo hacía con frecuencia Sonia, a pesar de que vivía mucho más lejos [Brooklyn]. Poco después de que Sonia Greene «robara» a Lovecraft, escuchamos muy poco de Winifred Jackson, ya sea en las cartas de Lovecraft como en la prensa amateur en general. Ella publicó solo dos poemarios más: Carreteras secundarias (Backroads) y Poemas escogidos (Selected Poems). Luego hizo silencio.

¿Tan devastada quedó Winifred V. Jackson luego de que Lovecraft entablara una relación seria con Sonia Greene? [ver: Lovecraft y Sonia Greene: una historia de amor]

No podemos saberlo, y menos por Lovecraft. El flaco de Providence solía terminar abruptamente sus relaciones de amistad con todas las escritoras aficionadas que estaban asociadas a él en ese momento. Por ejemplo, viajó a Boston a escuchar una conferencia de Lord Dunsany en compañía de Alice Hamlet; de hecho, ella le presentó al maestro irlandés, pero escuchamos muy poco de ella después de ese punto. Lovecraft visitó a Myrta Alice Little varias veces en New Hampshire durante 1921, y de esos encuentros solo sobrevive carta larga y laberíntica. Luego está el enigma de Anna Helen Crofts, la única otra mujer con la que Lovecraft colaboró [en lugar de hacer un trabajo de revisión sin firmar], en el curioso relato: La poesía y los dioses (Poetry and the Gods).

Dudo que hubiese algo romántico involucrado en estas relaciones, al menos del lado de Lovecraft. Pero no es improbable que un hombre con su intelecto, y su gran reputación en el mundillo aficionado, pudiera haber sido objeto de afecto e interés de parte de otras escritoras, aunque no tenemos ni la más remota evidencia de tal cosa.

Por otra parte, esa ruptura con Winifred Jackson no tiene por qué ser otra cosa que dos amigos separándose. Ella pasaba más tiempo con su nuevo negocio y Lovecraft con Sonia H. Greene, con quien se casaría en 1924. Para la falta de correspondencia sobreviviente, Lovecraft da una pista en una carta a Alfred Galpin, fechada el 31 de agosto de 1921:


[Ella (Winifred) desea que todas sus epístolas se quemen sin exhibición, aunque son en verdad mucho menos difamatorias de lo que cree. Normalmente cumplo con el deseo, aunque en este caso tuve que guardar esta página por el bien de la historia.]


¿Qué había en las cartas de Winifred Jackson como para que ella le pidiera que Lovecraft las quemara luego de leerlas?

Lovecraft y Jackson se dieron ánimo mutuamente, compartieron poemas, sueños y colaboraron en dos historias. Su período de correspondencia estuvo marcado por acontecimientos importantes en la vida de ambos: enfermedad, divorcio y muerte; pero si hubo algo más entre ellos, solo podemos imaginarlo. Las seis cartas que sobreviven consisten en un borrador entre los documentos de Lovecraft y cinco cartas que R. H. Barlow transcribió y envió a August Derleth; sólo un extracto de la primera carta se publicó en Cartas escogidas (Selected Letters). Presumiblemente, estas fueron todas las cartas que Winifred Jackson pudo [o quiso] desenterrar cuando Barlow se puso en contacto con ella en 1938 [ver: El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»]


[Veo que necesito ponerme una armadura contra un destino que se ocupa únicamente de traerme pérdidas. La pérdida de las cartas del señor Lovecraft también te conmueve.

Sinceramente, Winifred Virginia Jackson.]


Este es un extracto de una carta de Winifred Jackson a R.H. Barlow, fechada el 11 de noviembre de 1938, poco tiempo después de la muerte de Lovecraft. Es una declaración recatada, que solo menciona las cartas de Lovecraft como objeto de dolor por su pérdida. ¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto? No mucho. Quizás no sentía por Lovecraft más de lo que le manifestó a Barlow, quizás que era lo suficientemente discreta como para reservar sus sentimientos.




H.P. Lovecraft. I Autores con historia.


Más literatura gótica:
El artículo: Lovecraft y Winifred Jackson: ¿una historia de amor? fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

En la cama de Lovecraft


En la cama de Lovecraft.




Es un lugar común creer que H.P. Lovecraft era un tipo casto, que sus historias, a pesar de presentar criaturas tentaculares horriblemente deformadas de la cintura para abajo —y adoradas en grandes monolitos fálicos que chorrean un limo verdoso— constituyen un desplazamiento inconsciente de esa castidad (ver: Vermifobia: gusanos y otros anélidos freudianos en la ficción)

En resumen, y a pesar de todas esas inexactitudes, la idea es común: no hay sexo en la ficción de Lovecraft.

Y más aún: que esa ausencia es el producto de la neurosis de Lovecraft, de sus traumas y complejos con el género femenino (ver: Feminismo y misoginia en Lovecraft)

La verdad es mas complicada que eso.

Lovecraft no era una persona asexuada. Al menos durante un breve lapso de su vida, estuvo en pareja con una mujer bastante experimentada en ese campo: Sonia Greene (ver: Lovecraft - Greene: una historia de amor), quien además sostuvo que el maestro de Providence siempre cumplió sus deberes matrimoniales en la cama. Tampoco es veraz la idea de que la ficción lovecraftiana, principalmente los Mitos de Cthulhu, carecen de elementos sensuales.

El problema, en todo caso, es que la visión común sobre los relatos de H.P. Lovecraft está fuertemente influida por nuestra comprensión del hombre mismo, o aquello que creemos que fue, pero al examinar más de cerca las diferentes intepretaciones de la sexualidad de Lovecraft, quizás podamos comprender mejor su ficción.

Debido a esos conceptos erróneos respecto de Lovecraft, se han tejido estudios tan interesantes como inexactos. Si bien los detalles biográficos tienden a apoyar una visión de Lovecraft como esencialmente heterosexual, otras interpretaciones pueden ser valiosas para comprender su multiverso (El Multiverso en los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft)

En ese Multiverso, la vida es una enfermedad infecciosa que, dadas sus propiedades contagiosas, debe ser contenida. La solución a menudo es la continencia y la castidad, de ahí que algunos observen una aparente asexualidad en la obra de Lovecraft. Pero los dioses mismos no son inmunes al deseo. Basta repasar El horror de Dunwich (The Dunwich Horror) para notar que estos seres cósmicos se reproducen incontrolablemente, utilizando hembras humanas como recipientes orgánicos para su lujuria cósmica.

Aquí es inevitable pensar en los mitos griegos, en Zeus en particular, quien solía descender como una lluvia de oro para engendrar herederos célebres en úteros humanos (ver: Zeus, Danae  y la lluvia de oro). En la ficción de Lovecraft, el deseo y la lujuria no caen del Olimpo como una delicada lluvia de oro, sino como un color fuera del espacio (ver: ¿Qué era el Color que cayó del espacio?)

Existen sólidas justificaciones para que los estudiosos y biógrafos de Lovecraft lo describan como un asexual. El propio maestro de Providence era conciente de que sus impulsos sensuales eran casi inexistentes y, fuera de su breve matrimonio con Sonia Greene, parece haber llevado una vida esencialmente casta, sin ninguna otra relación ni deseos expresos de tenerla. Lovecraft reconoció este aspecto de sí mismo, ¿pero eso significa que el hombre estaba totalmente despojado de esos impulsos?

Casi todos los biógrafos de Lovecraft lo definen como un sujeto mojigato, reacio a hablar sobre sus experiencias personales en el terreno del amor y el deseo. Eso es rigurosamente cierto, también que Lovecraft sí hablaba sobre sexo, pero desde una perspectiva artística, y hasta científica, como se evidencia en sus cartas.

Lovecraft mantenía correspondencia con muchos lectores y escritores, tanto aficionados como profesionales, y siempre que surgía el tema demostró estar bien predispuesto a discutirlo. Sus mayores confidentes en este campo de la experiencia humana fueron Clark Ashton Smith, R.H. Barlow, J. Vernon Shea y August Derleth. En una carta a éste último, escribe:


Aunque detesto las irregularidades sexuales en la vida misma, como violaciones de cierta armonía que me parece inseparable de la vida elevada, tengo una aprobación científica del realismo en cuestiones de alcoba.


Esta imagen casta de Lovecraft se justifica en un punto: la reproducción asexual en muchos de sus relatos, por ejemplo, a través de razas alienígenas, como los Antiguos, parecidos a plantas; la Gran Raza de Yith en La sombra fuera del tiempo (The Shadow out of Time), o seres indeterminados en el ámbito reproductivo, como los Shoggoths.

Reproducciones sin la intervención de medios convencionales se observan en Joseph Curwen, el hechicero de El caso de Charles Dexter Ward (The Case of Charles Dexter Ward); y Ephraim Waite en El ser en el umbral (The Thing on the Doorstep).

El uso deliberado de Lovecraft de la reproducción asexual prueba que sí estaba interesado en aquello que sus biógrafos niegan en él. Lovecraft oculta el acto propiamente dicho, no forma parte de su ficción, pero retiene el impulso reproductivo. A veces esta reproducción es biológica, como las esporas de El color que cayó del cielo, o psicológica, a través de conceptos como posesión y transferencia de mente (ver: Regan MacNeil vs Lovecraft: el fenómeno de la posesión en la ficción)

El uso repetido de Lovecraft de la reproducción sin la participación del acto convencional es una consecuencia directa de sus puntos de vista sobre el determinismo biológico y la degeneración generacional. Los Mitos de Cthulhu están plagados de ejemplos de individuos y sociedades que se propagan a través de la reproducción convencional, lo cual los lleva a la degeneración de sus respectivas razas. En todo caso, Lovecraft consideraba que la reproducción asexual era una forma más avanzada, y por lo tanto más común en entidades interdimensionales muy superiores a nosotros (ver: Seres Interdimensionales en los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft)

La agenda de los Mitos esencialmente tiene que ver con remover todas las suposiciones del antropocentrismo e imaginar sociedades y razas cósmicas capaces de operar y reproducirse sin los efectos perjudiciales de la sexualidad. Más que una postura personal, es una cuestión lógica en ese contexto.

Pero Lovecraft se introduce aun más en el submundo de las alcobas. Por ejemplo: Herbert West: reanimador (Herbert West — Reanimator), es una revisión del elemento central del Frankenstein de Mary Shelley. Para Sigmund Freud, la creación del monstruo de Frankenstein es la última fantasía onanista: la idea de que el hombre engendra vida sin la participación de la mujer (ver: Lo que Mary Shelley nunca contó sobre Víctor Frankenstein). Herbert West, por extensión, puede considerarse bajo una luz similar (ver: Freud, el Hombre de Arena, y una teoría sobre el Horror)

La cuestión de género también es importante en Lovecraft. El maestro de Providence no le asigna ningún género explítico, y en consecuencia ninguna identidad sexual, a seres como Shub-Niggurath. Las anatomías alienígenas, cuando se las describe, carecen de detalles que nos permitan imaginar su género. A pesar de esto, muchas de estas razas poseen la habilidad de procrear con los humanos. Basta pensar en Yig, Yog-Sothoth, los Profundos.

El género predeterminado para muchas de estas entidades, por convención general del idioma inglés, es masculino (marcado por los pronombres masculinos he, him, his), pero Lovecraft no es reacio a usar el género neutro cuando la ocasión lo justifica.

Es conclusión: Lovecraft suprime el acto y preserva el impulso reproductivo en su ficción.

Otro aspecto que el maestro de Providence no evita es el concepto de familia u organización social. Dos especies muy importantes en los Mitos de Cthulhu, como la Gran Raza y los Antiguos, son de biología no humana, por lo tanto, difícilmente podrían propagarse como los humanos (ver: ¿Los pactos de sangre son una muestra de ADN para los Antiguos?). Ambas razas se reproducen por esporas; en consecuencia, hay poco lugar para la vida familiar en las dos civilizaciones; sin embargo, ambas contienen descripciones de estructuras sociales alternativas.

La únicar civilización alienígena avanzada de Lovecraft que utilizó la reproducción convencional es el pueblo de K'n-yan en El montículo (The Mound), escrito por encargo para Zealia Bishop. Aquí encontramos antiguas líneas hereditarias y divisiones que podríamos denominar familiares, pero en ningún momento, aquí o en cualquier otro relato de Lovecraft, hay lugar para el amor romántico tal como los humanos lo entendemos.

¿Esto prueba que Lovecraft condenaba al amor, o que sencillamente no encajaba en su idea de lo que estos seres y sociedades alienígenas debían ser?

Obviamente, estas especies y sociedades no reflejan a Lovecraft, como quieren hacernos creer sus biógrafos, pero sí algunas de sus preocupaciones, como el miedo de transmitir los rasgos indeseables que él mismo había heredado (ver: El horror hereditario y la enfermedad de Lovecraft). Es notable que sus padres hayan fallecido en instituciones mentales, y que eso se exprese en el concepto de herencia genética degenerada e institucionalización, dos aspectos recurrentes en sus relatos, como por ejemplo en La sombra sobre Innsmouth (The Shadow Over Innsmouth) y Arthur Jermyn (Arthur Jermyn).

Los hechos generales de la vida de Lovecraft apoyan la opinión de que era heterosexual, al menos en la medida en que expresaba —aunque de forma indirecta— su atracción por las mujeres. En este contexto, el maestro de Providence no era precisamente demostrativo. Sonia Greene, en un libro donde desnuda buena parte de su vida en pareja, sostiene que Lovecraft tenía grandes dificultades para expresar sus deseos y sentimientos:


Creo que me amaba tanto como le era posible amar a un temperamento como el suyo. Nunca mencionó la palabra amor. En su lugar, decía: «Querida, no sabes cuánto te aprecio». Traté de entenderlo y agradecí cualquier migaja de sus labios que cayera en mi camino. «No, querida —decía—, si me dejas, no me casaré nunca más. No te das cuenta de lo mucho que te aprecio.»


Algunos biógrafos afirman que esta moderación de Lovecraft a la hora de demostrar afecto es el producto de su represión. Cualquiera que sea el caso, ya separados, Lovecraft y Sonia nunca firmaron los papeles de divorcio. De hecho, permanecieron legalmente casados hasta la muerte de Lovecraft en 1937.

Cuando era muy pequeño, la madre de Lovecraft —que de hecho deseaba tener una hija— aprovechó los resabios de su educación victoriana para vestir a su hijo con faldas y dejarle el pelo largo hasta los seis años de edad. En ese contexto no es extraño que Susan recordara a menudo que Lovecraft declaraba rotundamente que era una niña a todo aquel que estuviera dispuesto a escucharlo (Por qué a Lovecraft lo vestían de niña)

El propio Lovecraft se refirió a esta etapa temprana de su vida:


Mi madre ayudó inocentemente a aumentar mi autoestima al registrar todos mis dichos infantiles adorables, y comencé a hacer estos comentarios ingenuos con el propósito de llamar la atención.


Las ropas largas, que desde nuestra perspectiva parecen de niña, eran prácticas bastante típicas para los niños de la edad de Lovecraft. No hay material en sus cartas que sugiera que Lovecraft alguna vez se identificara como mujer. Sin embargo, esa posible sensación de alienación infantil está implícita en algunas de sus historias, como en El ser en el umbral (Transgénero en la literatura: ficción, diversidad y discriminación)

Si bien Lovecraft no explora en detalle las posibilidades sensuales del intercambio de género —aparte de una sola sugerencia—, la historia se sostiene en un hombre que cambia de cuerpo, asumiendo el de una mujer. El ser en el umbral es el único cuento de Lovecraft donde el género se convierte en un tema importante de discusión. El agumento gira en torno al hecho de que, si bien el cuerpo de Asenath es femenino, la conciencia que impulsa ese cuerpo es masculina, la de su padre, Ephraim Waite.

Para aquellos que promulgan la idea de un Lovecraft asexuado como un invertebrado les recordamos que este relato sugiere que Efraín Waite ha violado a su hija de la manera más aberrante, usurpando su propia identidad. En esencia, él está ilícitamente dentro de ella.

La confusión de género explica ciertos comportamientos extraños, como cuando Asenath asustaba a sus compañeras con miradas lascivas y guiños obscenos inexplicables. Ephraim asume el cuerpo de su hija para prolongar su existencia («In Articulo Mortis»: Poe, Lovecraft y algunas opciones para retrasar la muerte); a su vez, la mente de Asenath ocupa el cuerpo de su padre, y descubre algunas ventajas de género. Aquí hay un pasaje abiertamente misógino:


Ella (Asenath) creía que el cerebro masculino tenía ciertos poderes cósmicos únicos y de gran alcance. Con el cerebro de un hombre, pensaba, no solo podría igualar sino superar a su padre en el dominio de las fuerzas desconocidas.


Debe recordarse que el cuerpo físico de Asenath es solo mitad humano. Su madre es una Profunda, de modo que el sentido de inferioridad de Asenath en relación al cerebro de su padre está más allá de la crítica feminista.

La confusión de género finalmente estalla cuando Edward Derby descubre que su esposa, Asenath... ¡es en realidad su suegro!:


La mataré... Mataré a esa entidad... ella, él, eso... ¡Lo mataré! ¡Lo mataré con mis propias manos!


El tema del lenguaje de género se refuerza en otras partes de la historia, ya que la narrativa lleva al lector a identificar a Ephraim / Asenath menos como un ser humano que como un híbrido descendiente de los degenerados de Innsmouth, y finalmente reconocer a eso como algo inhumano que eventualmente queda tirado en un umbral.

De todos modos, es extraño que un autor supuestamente desinteresado de los asuntos de alcoba haya escrito una de las mejores ficciones tempranas sobre transgénero.

El cuerpo de Asenath es biológicamente femenino, pero la mente y el alma que lo impulsa son masculinas, lo cual hace que ese cuerpo de mujer tenga actitudes y comportamientos estereotipados masculinos. ¿Eso convierte a Asenath en un personaje transgénero prototípico? Si ese cuerpo biológicamente femenino, pero ocupado por un hombre, se acuesta con su esposo, Derby, ¿eso lo convierte en homosexual o bisexual? ¿Qué siente Derby sobre la situación? Después de todo, viene manteniendo una relación velada con su suegro... (ver: Atrapado en el cuerpo equivocado: la identidad de género en el Horror)

Todo esto está presente en la ficción de Lovecraft, un autor que de ningún modo se privó de explorar los rincones más oscuros de los asuntos de alcoba, a pesar de lo que digan sus biógrafos.

Después de todo, hay que aceptar que Lovecraft era un ser humano, y eso implica que también era un ser sexual y que su obra no está fuera de esa dimensión.




Mitos de Cthulhu. I H.P. Lovecraft.


Más literatura gótica:
El artículo: En la cama de Lovecraft fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«La Providence de Lovecraft»: Henry L.P. Beckwith.


«La Providence de Lovecraft»: Henry L.P. Beckwith.




La Providence de Lovecraft y sus regiones adyacentes (Lovecraft's Providence and Adjacent Parts) es una especie de biografía geográfica de H.P. Lovecraft y su suelo natal, Providence, Rhode Island.

El libro fue escrito por Henry L.P. Beckwith y publicado en 1979. Allí se describe con minuciosidad todos aquellos sitios que aparecen en los relatos de terror de H.P. Lovecraft, incluido su Ciclo Onírico y los Mitos de Cthulhu [ver: ¡Vamos a Arkham!: Lovecraft y sus paisajes]

La seriedad de La Providence de Lovecraft, sumado al crecimiento exponencial de los fanáticos de H.P. Lovecraft, lograron que el libro de Henry L.P. Beckwith termine cayendo en una mirada comercial sobre el asunto. De hecho, se convirtió en la hoja de ruta para un recorrido anual organizado por la World Fantasy Convention.

Los lugares más destacables de La Providence de Lovecraft, curiosamente, tienen poco que ver con Providence. Uno de los sitios más entrañables para H.P. Lovecraft era nada menos que la misteriosa tumba de Edgar Allan Poe, que no conoció personalmente, pero que trasladó en su imaginación al cementerio local, donde se inspiró para componer el poema: Donde Poe una vez caminó (Where Once Poe Walked), así como el cuento: La casa maldita (The Shunned House) [ver: El vampiro de Benefit Street: análisis de «La Casa Maldita»]

H.P. Lovecraft fue un residente notable de Providence. Vivió allí casi toda su vida, salvo durante el período de dos años en los que residió en Nueva York acompañando a su esposa, Sonia Greene [ver: Lovecraft y Sonia: una historia de amor]. La mayoría de los lugares que H.P. Lovecraft cita en su obra, aún existen, incluso aquellas viejas casonas con reminiscencias coloniales que tanto agradaban al poeta.

Adicionalmente, La Providence de Lovecraft recupera espacios que no aparecen en la obra del autor, pero sí en su vasto epistolario, casi siempre a modo de ilustración para los miembros de su círculo literario que no conocían la región.




Libros de H.P. Lovecraft. I Libros prohibidos.


El análisis y resumen del libro de Henry L.P. Beckwith: La Providence de Lovecraft y sus regiones adyacentes (Lovecraft's Providence and Adjacent Parts) fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Yo soy Providence»: S.T. Joshi; libro y análisis.


«Yo soy Providence»: S.T. Joshi; libro y análisis.




Yo soy Providence: vida y época de H.P. Lovecraft (I Am Providence: The Life and Times of H.P. Lovecraft) es una biografía de Lovecraft escrita por el investigador y crítico norteamericano S.T. Joshi, publicada en 1996.

El título: Yo soy Providence se corresponde con las palabras talladas en la tumba de H.P. Lovecraft.

Como él mismo lo comenta en el prefacio del libro, S.T. Joshi descubrió tempranamente a H.P. Lovecraft. En cierta forma, su lectura fue un pasaporte al relato de terror. Al finalizar sus estudio en la Universidad Brown de Providence, Rhode Island, emprendió una fuerte investigación sobre la obra de Lovecraft a través de distintas revistas literarias, hasta que en 1996 reagrupó aquellos artículos bajo el título de esta muy interesante biografía.

Yo soy Providence busca derribar las leyendas que posicionan a H.P. Lovecraft como un hombre anticuado, sufrido y barroco; un forastero en su época, tal como lo afirma el protagonista del cuento: El extraño (The Outsider). En su obra se advierte algo más que las pesadillas melancólicas de un anticuario. De hecho, lo contemporáneo tiene una importancia central en la obra de Lovecraft.

Para dar algunos ejemplos puntuales conviene recordar que, en El que susurra en la oscuridad (The Whisperer in Darkness), se comenta el descubrimiento de Plutón, como ejemplo de lo contemporáneo en su narrativa, así como las teorías sobre los desplazamientos continentales en Las montañas de la locura (The Mountains of Madness); las hipótesis de Albert Einstein e incluso algunas alegorías sobre la marcha económica del mundo a través de civilizaciones alienígenas en La tumba (The Tomb) y La sombra fuera del tiempo (The Shadow Out Of Time).

Más adelante Yo soy Providence se ajusta a las observaciones de la autora Joyce Carol Oates, quien intuye una vida más intensa en el entorno de los relatos de Lovecraft (la Massachusetts rural, Providence) que en sus protagonistas.

Yo soy Providence también aborda algunas cuestiones importantes de la vida de Lovecraft, por ejemplo, su matrimonio con la escritora Sonia Greene; su faceta como escritor fantasma; su participación en el Kalem Club de Nueva York. En resumen, un informe minucioso sobre su vida y obra.




Libros de H.P. Lovecraft. I Libros de los Mitos de Cthulhu.


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Relatos de H.P. Lovecraft escritos con mujeres.


Relatos de H.P. Lovecraft escritos con mujeres.




Si hay algo claro acerca de la obra de H.P. Lovecraft (1890-1937) es que nunca encontraremos un manifiesto a favor de las mujeres, ni siquiera un guiño de interés, deseo y mucho menos pasión [ver: Feminismo y misoginia en la obra de Lovecraft]. Las mujeres y Lovecraft simplemente no se mezclan, proclaman sus acólitos. Pero, ¿es esto realmente así?

Lo cierto es que a pesar de que H.P. Lovecraft no era un hombre que buscaba con esmero la compañía de mujeres, éstas lo rodearon en una proporción para nada despreciable dentro del mundo literario. Su obra está llena de ejemplos misóginos, pero en lo personal creo que es una exageración afirmar que H.P. Lovecraft odiaba a las mujeres. Sencillamente se mostraba indiferente y apático con relación a ellas [ver: Lovecraft y Winifred Jackson: ¿una historia de amor?]

La primera y más evidente de estas compañeras fue Sonia Greene, escritora que se convertiría en esposa [ver: Lovecraft y Sonia: una historia de amor]. El resto de las mujeres en la vida de Lovecraft [hablamos de su vida adulta] se conforma casi exclusivamente por escritoras [ver: Lovecraft, Hazel Heald, y una cena a la luz de las velas].

Hace poco hablábamos de los mejores relatos de H.P. Lovecraft escritos en colaboración. Para afinar aún más la búsqueda hoy nos proponemos estudiar los mejores relatos de Lovecraft escritos con mujeres.




Relatos de H.P. Lovecraft escritos con mujeres.




Relatos de H.P. Lovecraft. I Mitos de Cthulhu.


El artículo: Relatos de H.P. Lovecraft escritos con mujeres fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Relatos de H.P. Lovecraft escritos en colaboración


Relatos de H.P. Lovecraft escritos en colaboración.




H.P. Lovecraft (1890-1937) fue un escritor solidario, generoso, capaz de involucrarse con autores de menor calidad solo para ayudarlos [ver: El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»]

Su obra como colaborador abarca también a hombres y mujeres de probado talento; así como su faceta de escritor fantasma lo acerca a un estilo mercenario del que nunca se mostraría particularmente orgulloso, aunque haya poco para reprocharle [ver: Lovecraft como escritor fantasma]

A continuación daremos cuenta de todos los relatos de Lovecraft escritos en colaboración. Algunos fueron escritos por encargo, como los compuestos a un precio irrisorio para Zealia Bishop y Adolphe Castro; o junto a su esposa, Sonia Greene; otros de hecho fueron colaboraciones póstumas, como incontables ejemplos a cargo de August Derleth [ver: August Derleth: el creador de los Mitos de Cthulhu]

Todas estas colaboraciones, ya sean voluntarias o post mortem, ubican a H.P. Lovecraft como un autor que presenta su obra como un campo abierto al trabajo de otros escritores. Sus Mitos de Cthulhu son una especie de pozo o pesadilla colectiva donde cualquiera puede testimoniar algún nuevo estremecimiento.

Los relatos escritos en colaboración de H.P. Lovecraft son más abundantes de los que se podría pensar. A partir de aquí compartimos en orden alfabético todos los que se encuentran en la biblioteca de El Espejo Gótico.




Relatos de H.P. Lovecraft escritos en colaboración.



Relatos de H.P. Lovecraft. I Relatos de los Mitos de Cthulhu.


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2 relatos de terror de Sonia Greene [esposa de H.P. Lovecraft]


2 relatos de terror de Sonia Greene [esposa de H.P. Lovecraft]




Sonia Haft Greene Lovecraft Davis, más conocida como Sonia Greene (1883-1972) fue escritora, madre soltera, mujer de negocios, editora y esposa de H.P. Lovecraft durante dos años.

La historia de amor de H.P. Lovecraft y Sonia Greene es bastante compleja, sin dudas a causa de la personalidad neurótica del poeta; sin embargo podemos decir, a modo de resumen, que en los breves años que compartieron ambos se amaron realmente.

Sobre el pasado de Sonia Greene se sabe muy poco. Para algunos nació en Ucrania bajo el apellido Haft. Emigró de muy joven a los Estados Unidos junto a su madre. A los dieciséis años, en la Nacidad de 1899, se casó con Samuel Greene, seudónimo del ruso Samuel Seckendorff. El matrimonio fue turbulento. Al año de la boda dio a luz a un hijo que no sobreviviría los tres meses; y luego a una hija llamada Florence Carol. Según anota H.P. Lovecraft en su correspondencia el señor Greene era un hombre de temperamento brutal.

Extrañamente para su tiempo Sonia Greene fue una mujer independiente. Siempre trabajó en distintos oficios con éxito variable. Nunca le faltó dinero para donar a distintas publicaciones independientes. Su hija se convirtió en una exitosa periodista bajo el seudónimo Carol Weld. La relación entre ambas era tensa. Sonia Greene apenas la menciona en un libro muy interesante titulado La vida privada de H.P. Lovecraft (The Private Life of H.P. Lovecraft), donde relata el período de su relación con el escritor de Providence.

En 1921 Sonia Greene conoció a H.P. Lovecraft durante una convención de prensa amateur en Boston. Rápidamente comenzó a interesarse en la publicación de relatos de terror. Su cuento más aclamado es El horror de la Playa Martin (The Horror at Martin's Beach), corregido por el propio H.P. Lovecraft, que vio las imprentas en la edición de noviembre de 1923 de la revista Weird Tales. Otro de sus mejores cuentos de terror es Cuatro en punto (Four O'Clock), que no fue corregido ni modificado por Lovecraft.

A continuación daremos cuenta de estos dos relatos de terror de Sonia H. Greene, una autora poco conocida pero verdaderamente interesante .




2 relatos de terror de Sonia Greene [esposa de H.P. Lovecraft]




Relatos de Sonia H. Greene. I Relatos góticos.


El resumen de los 2 relatos de terror de Sonia Greene (esposa de H.P. Lovecraft) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

La conexión Lovecraft-Houdini


La conexión Lovecraft-Houdini.




Es difícil imaginar que existió un vínculo entre el ilusionista y escapista Harry Houdini (1874-1926) y el escritor H.P. Lovecraft (1890-1937), sin embargo, este vínculo no solo existió, sino que quedó registrado en uno de los mejores relatos de terror «por encargo» jamás escritos [ver: Lovecraft como escritor fantasma]

A comienzos de 1926, Harry Houdini se hallaba involucrado en una cruzada personal contra la superstición. No era raro verlo camuflado en sesiones espiritistas con el objeto de desenmascarar fraudes, o bien denunciando augures y profetas e incluso ofreciendo jugosas sumas de dinero a quienes lograsen demostrar sus habilidades paranormales.

En su rol como perseguidor de charlatanes Harry Houdini se puso en contacto con un joven escritor con quien ya había trabajado en la revista Weird Tales, y de quien se decía escribía notables relatos por encargo. Aquel escritor fantasma era H.P. Lovecraft [ver: El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»]

En 1924, Weird Tales se hallaba sumido en serios problemas financieros. Su fundador, J.C. Henneberger, pensó entonces en una movida publicitaria que juzgó infalible: una columna mensual escrita por Harry Houdini que se llamaría «Pregúntele a Houdini» (Ask Houdini), más dos relatos de puño y letra del mago y escapista. Houdini aceptó el ofrecimiento, pero aclaró que no escribiría ningún relato de terror, mejor dicho, ningún relato en absoluto, ya que no confiaba en sus dotes narrativas.

Henneberger le aseguró que esto no era ningún problema y que conocía a alguien capaz de escribir por encargo cualquier tipo de relato. En enero de 1924, Henneberg contrató a H.P. Lovecraft para escribir un cuento sobre una supuesta experiencia personal de Harry Houdini, comisión por la cual recibió 100 dólares.

Lovecraft se tomó un mes para investigar las posibilidades del relato, e incluso le escribió a Harry Houdini para recibir autorización sobre algunas licencias artísticas, que fueron aprobadas por el escapista. H.P. Lovecraft terminó el cuento [Bajo las pirámides (Under the Pyramids)], en febrero de 1924. Insólitamente, o no tanto, El flaco de Providence perdió el manuscrito original durante un viaje a Nueva York, donde debía contraer matrimonio con la escritora Sonia Greene [ver: Lovecraft y Sonia: una historia de amor]. Este «descuido» lo obligó a reescribir toda la historia basándose en unos pocos bosquejos.

Finalmente el relato fue publicado en las ediciones de mayo y junio de 1924 de Weird Tales bajo el título: Preso entre faraones (Imprisoned with the Pharaons). Recién tras la muerte de H.P. Lovecraft éste recibió el crédito por el relato en una nota de 1939 en donde se reeditó el cuento.

Así finalizó la primera parte de la conexión Lovecraft-Houdini.

De la correspondencia entre Harry Houdini y Lovecraft apenas sobreviven algunas menciones escuetas. Lo que sí se sabe es que un par de años después de aquel proyecto sobre el relato, Harry Houdini volvió a contratar a Lovecraft, esta vez junto a un colaborador, C.M. Eddy Jr., para una campaña narrativa contra la superchería.

H.P. Lovecraft y C.M. Eddy Jr. ya habían colaborado en un par de historias, entre ellas, Cenizas (Ashes), El devorador de fantasmas (The Ghost-Eater), Los amados muertos (The Loved Dead) y Sordo, mudo y ciego (Deaf, Dumb and Blind), todos publicados en Weird Tales. Nadie sabe si Harry Houdini los leyó o si la identidad de los escritores le fue sugerida por un asistente, lo cierto es que decidió contratarlos a causa del estilo de las historias, una suerte de acercamiento a lo asombroso desde una óptica crítica.

El proyecto constaba originalmente de un ensayo acerca de la superstición, cuyo nombre ya había sido establecido por el propio Harry Houdini: El cáncer de la superstición (The Cancer of Superstition).

Previamente Harry Houdini había contratado a H.P. Lovecraft para escribir un artículo sobre astrología que nunca fue publicado, y por el cual abonó la suma de 75 dólares. A mediados de 1926 H.P. Lovecraft ya había escrito una parte considerable del Cáncer de la superstición, algunos incluso afirman que tres capítulos completos, cuando la muerte de Harry Houdini puso freno al proyecto.

Tras la muerte del ilusionista, H.P. Lovecraft se puso en contacto con la viuda de Harry Houdini, Bess, quien decidió abandonar definitivamente el proyecto iniciado por su esposo.




H.P. Lovecraft. I Autores con historia.


Más literatura gótica:
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H.P. Lovecraft y Sonia Greene: una historia de amor


H.P. Lovecraft y Sonia Greene: una historia de amor.





El 3 de marzo de 1924 se produjo un hecho aparentemente contradictorio: H.P. Lovecraft, hombre taciturno y señalado constantemente como antisemita y racista, se casó en Nueva York con la escritora Sonia H. Greene, mujer sociable, inmigrante, judía, madre soltera, y siete años mayor que él (ver: Feminismo y misoginia en Lovecraft)

La ceremonia se realizó en la iglesia de St. Paul, Manhattan, y fue oficiada por el reverendo George Benson Cox. Asistieron sólo un puñado de amigos de Sonia Greene. Del lado de Lovecraft, ninguno.

Sonia Greene era lo opuesto a lo que uno esperaría encontrar en una mujer que atrayera la atención de Lovecraft. Era judía, viuda, tenía una hija, y era una mujer absolutamente independiente. Trabajaba en una tienda de departamentos, y al parecer ganaba bastante bien, al menos en comparación con los magros ingresos que obtenía el maestro de Providence vendiendo relatos a Weird Tales y trabajando ocasionalmente como escritor fantasma (ver: Lovecraft: escritor fantasma)

Lo cierto es que el salario de Sonia Greene le permitió alquilar una casa en una zona elegante de Brooklyn, donar dinero a varias publicaciones, y visitar distintas convenciones de prensa amateur. En 1921, durante una convención en la ciudad de Boston, Lovecraft y Sonia Greene se conocieron. Al parecer, los presentó un amigo en común, James Ferdinand Morton, un escritor anarquista interesado únicamente en dos cuestiones: el problema del racismo y la defensa de los derechos de la mujer.

Sí, Morton fue uno de los mejores amigos del racista y misógino Lovecraft (ver: Relatos de Lovecraft escritos con mujeres).

Después de aquel primer encuentro, Sonia Greene publicó un fanzine llamado The Rainbow, que Lovecraft reseñó en la edición de marzo de 1922 de la revista The National Amateur. A partir de entonces entablaron una relación epistolar, que poco a poco los fue acercando sentimentalmente. Dos años después se casaron.

Después de la boda, Lovecraft y Greene se mudaron a Brooklyn. Casi inmediatamente la pareja debió enfrentarse a serias dificultades financieras. Sonia Greene, que había iniciado un proyecto comercial propio, perdió su tienda (una sombrerería), y sufrió algunos problemas de salud. Lovecraft no pudo conseguir trabajo para manener a flote la delicada economía conyugal, de manera tal que Sonia se mudó sola a Cleveland, donde obtuvo un puesto como vendedora en una tienda. Lo que se dice un matrimonio moderno.

Durante esa época, Lovecraft vivía solo en el barrio de Red Hook, en Brooklyn (ver: Kalem Club: el club de Lovecraft en Nueva York). Su desagrado por la zona, y por toda la ciudad de Nueva York realmente, quedó reflejado en el relato: El horror de Red Hook (The Red Hook Horror).

En el último año de matrimonio, Sonia Greene vivió básicamente viajando por trabajo. Ella le enviaba a Lovecraft una asignación semanal para pagar el alquiler y subsistir, y solo regresaba uno o dos días al mes. Lovecraft estaba habituado a la escasez de recursos, pero en esa época, según él mismo afirmó en una de sus cartas, vivió tres días con una hogaza de pan, una lata de frijoles y un trozo de queso.

Menos de un año después, Lovecraft abandonó el departamento en Brooklyn y regresó a Providence. Mantuvieron durante un tiempo la ilusión de que seguían siendo una pareja viviendo por separado, pero eventualmente acordaron un divorcio amistoso, que de hecho nunca se concretó legalmente. Sin embargo, el vínculo de afecto mutuo se mantuvo durante el resto de la vida de Lovecraft; de hecho, en 1930, varios años después de la separación, Sonia Greene escribió una obra de teatro llamada Alcestis, que Lovecraft prologó elogiosamente.

La relación entre Lovecraft y Sonia Greene nunca fue fácil, y constituye una de las tantas paradojas en la vida del maestro de Providence. Más allá de las dificultades, y de la ruptura posterior, Sonia Greene sería el único vínculo significativo de Lovecraft con una mujer.

Lovecraft sencillamente no era un hombre apto para la vida en pareja. Lo intentó, es cierto, pero la experiencia lo hizo sentir miserable la mayoría del tiempo. De hecho, antes de la boda, Lovecraft le regaló a Sonia un ejemplar de la novela de George Gissing: Los papeles privados de Henry Ryecroft (The Private Papers of Henry Ryecroft), para que ella tuviese una noción aproximada de quién era el hombre del que se había enamorado, ya que Lovecraft se identificaba vívamente con el protagonista de la novela.

Sonia Greene probablemente leyó el libro de Gissing, cuyo protagonista es un hombre antisocial, sin amigos, cuya mente vive más en el pasado que en el presente, y perfectamente incapaz de afrontar los más ínfimos hechos de la vida cotidiana, y de todos modos lo aceptó como esposo; quizás porque en su pasado hubo hombres mucho más terribles que el retraído genio de Providence, entre ellos, nada menos que Aleister Crowley, quien habría sido su amante en 1918 (ver: La conexión Lovecraft-Crowley).

Educado por una madre neurótica y un par de tías de temperamento georgiano, H.P. Lovecraft era incapaz de vivir la experiencia del amor en pareja en términos convencionales (ver: Por qué a Lovecraft lo vestían de niña). Para su constitución psicológica, las relaciones físicas no estaban vinculadas con el placer, sino más bien con un acto de responsabilidad, una de las tantas tareas, a menudo fatigosas, que el hombre casado debe realizar a despecho de sus intereses genuinos.

Fuera del ámbito conyugal, y entrando en el áspero terreno de las colaboraciones literarias, Sonia Greene rápidamente advirtió que la mujer no tenía lugar en la obra de su marido. No hay un solo relato de H.P. Lovecraft donde la mujer tenga un rol significativo. De hecho, en la mayoría de sus cuentos la mujer ni siquiera participa secundariamente, y si lo hace, resulta indistinguible de paisaje de fondo.

Es de suponer que, si en el mundo creado por un escritor no existen las mujeres —un mundo en el que teóricamente debería sentirse a gusto—, mucho menos resultarán importantes en la vida real. Más allá de esto, escribirían un relato en colaboración: El horror en la Playa Martin (The Horror at Martin's Beach).

Sonia Greene realmente amó a Lovecraft, a pesar de que luego realizaría algunas infidencias poco elegantes en el libro: La vida privada de H.P. Lovecraft (The Private Life of H.P. Lovecraft).

La historia de amor de Lovecraft y Sonia Greene ha sido largamente comentada y analizada, aunque existen muchos rincones oscuros e inexplorados, así como algunos mitos insostenibles, como aquel que indica que Sonia fue quien le reveló a Lovecraft la historia del Necronomicón, a cual habría conocido gracias a su acercamiento anterior con Crowley.

El fracaso de la relación se debió esencialmente a esos rasgos indeseables que H.P. Lovecraft había profetizado con la entrega ceremonial de la novela de Gissing. Lo cierto es que Sonia Greene luchó por la relación, y probablemente Lovecraft también, a su modo. El solo hecho de digerir que ella fuese el sostén económico de la pareja, en una época donde la mujer sólo trabajaba como secretaria, enfermera o camarera, y que además ambicionara convertirse en editora y escritora independiente, evidencian que Lovecraft descartó sus prejuicios, al menos por un tiempo, para que la relación prosperara.

Lo mismo hay que decir de Sonia Greene, una mujer independiente, activa, que posibemente debió suprimir su deseo para que el vínculo con Lovecraft no se marchitara por cuestiones banales. Como anécdota ilustrativa podemos mencionar que, cierta noche, una Sonia Greene presumiblemente excitada le pidió a su marido que se tome un descanso de sus febriles noches de escritura para ir a la cama con ella. Al día siguiente, Lovecraft comentó en una carta a un amigo:


El erotismo pertenece a un orden inferior de los instintos, y es una cualidad más animal que noblemente humana.


Sonia, por su parte, jamás condenó la naturaleza asexuada de Lovecraft, incluso lo defendió de rumores maliciosos luego de su muerte. A propósito, August Derleth comentó que, tras el fallecimiento del maestro de Providence, ella le confesó:


Howard era apto sexualmente, pero siempre se acercaba al sexo como si no le gustara plenamente. Cumplió normalmente con sus deberes conyugales, pero sin mucho entusiasmo.


En retrospectiva, Lovecraft explicó del siguiente modo su incapacidad para la vida en pareja:


Yo solo podía vivir en un remanso tranquilo impregnado de la historia de Nueva Inglaterra, mientras que mi compañera encontró tal perspectiva prácticamente asfixiante.


El detonante de este colapso amoroso, al menos para Sonia Greene, fue muy diferente. Para explicar las causas de su separación relató una anécdota que desnuda perfectamente la compleja personalidad de H.P. Lovecraft:


Cierta noche, cuando Howard y yo nos despedimos para irnos a dormir, le dije: «Howard, ¿me das un beso?». Y él respondió: «No, es mejor que no».




Más H.P. Lovecraft. I Autores con historia.


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