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Harry Houdini y el Ectoplasma

Harry Houdini y el Ectoplasma:
El arte de la regurgitación etérea.


Luego de atestiguar varios episodios en donde los médiums vomitaban una suerte de materia orgánica, el reconocido médico francés Charles Richet propuso el nombre de Ectoplasma (del latín Ecto, "externo", y Plasma, "moldeado") para esa materia indescifrable.

Charles Richet era un reconocido experto en terapéutica experimental. Entre otras cosas, describió los mecanismos de la anafilaxia y la termorregulación en los animales de sangre caliente, aunque en fenómenos paranormales resultó ser increíblemente inocente. Su decisión de estudiar el Ectoplasma fue nétamente científica, y sus resultados pasarían a engrosar un largo cánon de fraudes indetectables para los hombres de ciencia.

El Ectoplasma era (o es) considerado una supuesta materia viva que se encuentra presente en cualquier cuerpo orgánico, capaz de adoptar los estados sólidos y líquidos, así como sus propiedades naturales. Los médiums solían "materializarla" en la oscuridad a través de los poros, boca, nariz, orejas y cualquier otro orificio menos accesible a la vista. Los testigos de estas materializaciones juran que el Ectoplasma posee una luminiscencia cegadora.

Charles Richet se dedicó con entusiasmo a estudiar estas apariciones. Entrevistó a numerosos médiums y espiritistas, que en general coincidieron en que el Ectoplasma solo brota durante un estado de trance, y que su aparición es precedida por un descenso en la temperatura del lugar, un fuerte olor característico, y que al tacto es tan frío como el hielo.

En ocasiones el Ectoplasma brotaba directamente de la boca de los médiums y conformaba cuerpos etéreos, fantasmas y espectros que se movían con total autonomía, y que incluso interactuaban con los presentes con absoluto desparpajo. Más aún, Charles Richet anuncia que varios testigos sugieren que las criaturas creadas con Ectoplasma poseen funciones fisiológicas, tales como presión arterial, temperatura, respiración y pulso, y todas bajo los valores habituales en el ser humano. Incluso se registraron casos asombrosos de masas de Ectoplasma que adoptaban la forma de una cabeza o una mano adherida a la piel del médium, que hablaban o escribían con una claridad prodigiosa.

Ante la naturaleza asombrosa de estas regurgitaciones los médiums suelen confesar que el Ectoplasma produce un dolor indecible en el vehículo, así como una disminución del peso corporal, que se recupera inmediatamente una vez que se ha absorbido la materia expulsada. Charles Richet incluyó varios tipos de Ectoplasma en su análisis del fenómeno, entre ellos, el Teleplasma, una sustancia de textura similar a una gasa médica. Con el tiempo, el buen doctor determinó que todas las variantes de Ectoplasma están compuestas de células adiposas.

Ya en el siglo XX el Ectoplasma se explicó como la materialización del mundo espiritual en el mundo sensorial a través de la mente y el cuerpo del médium, al menos hasta la llegada de Harry Price, el cazador de fantasmas, y Harry Houdini y su séquito de sabuesos escépticos.

El gran ilusionista y escapista afirmó:

Nada podría hacerme pensar que el Gran Todopoderoso permitiría emanaciones del cuerpo humano de forma tan abominables y repugnantes, tales como un genio saliendo de la botella, pañuelos que se agitan, mesas que tiemblan y cualquier otro tipo de burdas acrobacias.


Harry Houdini y Harry Price comenzaron una campaña feroz contra los médiums, investigando sesiones espiritistas con el ojo clínico que solo un ilusionista (o un estafador) es capaz de esgrimir. Price incluso construyó una prenda especial para que los médiums utilicen durante sus trances; una suerte de faja ceñida que imposibilitaba el ocultamiento de cualquier objeto o sustancia bajo ella. Houdini, por su parte, invitaba a los médiums a materializar Ectoplasma estando desnudos. Cualquiera que pudiese hacerlo, decía, recibiría una gran suma de dinero.

El control estricto de estos estudiosos de los fenómenos paranormales, lejos del inocente Charles Richet, significó el final del Ectoplasma. Los casos de fraude se acumularon de forma escandalosa, y ya nadie volvió a creer en esa sustancia lechosa, pegajosa, de hedor inconfundible, y que acaso era confeccionada con todos los ingredientes que invitan a la repulsión, tal vez para que ningún profano intente acercarse más de lo conveniente.

A continuación les dejamos un video muy interesante sobre el Ectoplasma que reune las fotografías tomadas por T.G. Hamilton, un reconocido captador de prodigios victorianos.








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