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M. R. James y el único tema que debería excluirse de las historias de fantasmas.


M. R. James y el único tema que debería excluirse de las historias de fantasmas.




La semana pasada, al analizar el cuento de May Sinclair: La naturaleza de la evidencia (The Nature of Evidence), comentábamos que uno de los maestros del género, M. R. James, estableció que el sexo debía excluirse del relato de fantasmas, llegando a afirmar que su inclusión era un «error fatal»; aunque sus historias, por asépticas que parezcan en términos de intimidad física, de hecho abrazan la sexualidad humana.

En el ensayo de 1929: Historias que he intentado escribir (Stories I Have Tried to Write), M. R. James instó a los escritores del género a ser discretos en la materia, no así en cuanto a la violencia, el salvajismo, lo perturbador. Por ejemplo, en Corazones perdidos (Lost Hearts), James presenta a un aficionado a la magia negra que engaña a un grupo de jóvenes y les arranca el corazón cuando aún están con vida.

Volvamos al ensayo de 1929. James afirma:


«La discreción contribuye al efecto, la ostentación lo arruina, y hay mucha ostentación en relatos recientes. Además, incluyen sexo, lo cual es un error fatal; el sexo ya resulta bastante tedioso en las novelas; en un relato de fantasmas, o como eje central de uno, no lo tolero.»


Por un lado, M. R. James excluye la intimidad física del cuento de fantasmas, pero advierte que el escritor no debe ser «suave ni insulso»:


«La malevolencia y el terror, la mirada de rostros malvados, la sonrisa pétrea de la malicia sobrenatural, las figuras que acechan en la oscuridad y los gritos lejanos y prolongados están presentes, al igual que una pizca de sangre, derramada con deliberación y cuidadosamente dosificada.»


En Los fantasmas los tratan con gentileza (Ghosts Treat Them Gently, 1931), James amplía estas recomendaciones:


«Por supuesto, todos los escritores de historias de fantasmas desean provocar escalofríos; pero estos son descarados en sus intentos. Son increíblemente groseros y repentinos, y se regodean en la corrupción. Y si hay un tema que debería mantenerse fuera de las historias de fantasmas, es el del osario. Eso y el sexo.»


James no era tan puritano como H. P. Lovecraft, pero de todos modos creía que el romance y, sobre todo, el sexo, son meras distracciones, condimentos innecesarios en el terror. Por el contrario, vindicaba la sutileza, la ambientación, la sugerencia, la contención, como los auténticos motores del miedo. No es casual que la mayoría de sus historias, así como las de Lovecraft, se abstuvieran de introducir protagonistas con intereses amorosos o siquiera con deseo hacia las mujeres, siendo en general anticuarios, académicos y eruditos solteros en entornos dominados por varones.

Sin embargo, no es posible excluir una parte fundamental de la experiencia humana; a lo sumo, se la puede desplazar, recluir o reprimir, pero al final encuentra la forma de salir a la superficie. Tal es así que los protagonistas de M. R. James a menudo centran sus experiencias en la repulsión a ser tocados por fantasmas y entidades demoníacas, casi como si estas encarnaran la ansiedad del autor por la sexualidad en general, pero específicamente por la intimidad física.

Sigmund Freud, quien examinó de cerca un buen número de historias macabras del siglo XIX, vio en los cuentos de fantasmas una forma de liberación de sentimientos e impulsos reprimidos [ver: Freud, el Hombre de Arena, y una teoría sobre el Horror]. El propio M. R. James estaba al tanto de las fuertes corrientes psicológicas subyacentes en sus historias, pero, como todo material reprimido, era impotente para combatirlas. Además, es sabido que James sentía aversión por el contacto físico, aunque disfrutó de varias amistades con sus alumnos, por supuesto, platónicas, puramente intelectuales.

Su rechazo por el contacto físico, y en consecuencia, por toda forma de intimidad que no fuera intelectual, generó un variado catálogo de demonios, monstruos y manifestaciones sobrenaturales cuyo clímax se produce en el contacto físico con el protagonista. Más aún, los mejores monstruos de James, aquellos capaces de transportar a la superficie sus propios sentimientos reprimidos, en general presentan desagradables anormalidades físicas [ver: El otro Conde: análisis de «El Conde Magnus» de M.R. James]

Entonces, el monstruo promedio de James: antiguo, deforme, subterráneo, atado al conocimiento prohibido, asciende a la superficie para «tocar» al asexuado protagonista, quien frecuentemente es un erudito o un anticuario, como el propio autor. En otras palabras, se colocó a sí mismo [simbólicamente] como protagonista de sus historias. Esto, pienso, una forma de honestidad.

M. R. James perfeccionó un estilo personal que se conoce como jamesiano, esencialmente tres ingredientes que se repiten porque resuenan con el universo interior del autor, y por lo tanto son terreno fértil para el surgimiento de material reprimido. Repasemos:

a- Un pintoresco pueblo inglés, a veces rural, a veces costero; o una antigua abadía, un monasterio, situados en Suecia, Dinamarca o Francia.

b- Un protagonista erudito, anticuario, caballero, de carácter reservado y bastante ingenuo.

c- El descubrimiento de un libro prohibido u algún objeto antiguo que despierta o atrae la atención de una criatura sobrenatural.

Eso es lo jamesiano, en mi opinión, no el estilo narrativo, que por supuesto tiene sus particularidades. La intención de James era ponerse a sí mismo en sus historias por varias razones, entre otras, porque deseaba «poner al lector en la posición de decirse a sí mismo: ¡Si no tengo cuidado, algo así me puede pasar a mí!» Un tanto ingenuo, es cierto, pero el efecto secundario de involucrarse en sus historias es la inclusión de sentimientos reprimidos. Él mismo vivía en un lugar pintoresco, él mismo era anticuario, y el libro prohibido que despierta o atrae al «monstruo» es la historia que está escribiendo.

Ahora bien, el Monstruo jamesiano nunca hace una entrada espectacular, más bien se introduce en la historia a través de la sugerencia, siendo el lector quien debe aportar una dosis de imaginación para rellenar los espacios en blanco. El narrador, por lo general, primero se centra en cuestiones mundanas, como la descripción de paisajes y arquitecturas, para darle mayor contraste a las insinuaciones sobrenaturales. En cierto modo, lo jamesiano tiene algo de musical. El propio James lo desliza en el prólogo de la antología de 1924: Fantasmas y maravillas (Ghosts and Marvels):


«Dos ingredientes de los más valiosos en la creación de una historia de fantasmas son, para mí, la atmósfera y el crescendo bien manejado (...) Seamos, pues, presentados a los actores de manera plácida; veámoslos haciendo sus cosas cotidianas, sin perturbarse por presentimientos, complacidos con su entorno; y en este ambiente tranquilo dejemos que la cosa ominosa saque la cabeza, discretamente al principio, y luego con más insistencia, hasta que domine el escenario.»


En cuanto al Monstruo, James señala: «Otro requisito, en mi opinión, es que el fantasma sea malévolo u odioso: las apariciones amables y serviciales están muy bien en los cuentos de hadas o en las leyendas locales, pero no tienen lugar en una historia de fantasmas.» [ver: La biología de los monstruos]

Ahora bien, para excluir al sexo de sus historias, James debió excluir a la mujer, y, por extensión, a lo femenino. Esto no constituyó un gran esfuerzo para alguien que no tenía interés en el sexo opuesto. Además, James [como sus protagonistas] vivía en un ámbito académico, exclusivamente masculino, donde el contacto con mujeres se limitaba a madres, hermanas y sirvientas. Mucho se ha escrito sobre este universo académico de hombres recluidos cuyo mayor temor era ser señalado como homosexual.

Es decir que M. R. James evitó incluir al sexo en sus cuentos de fantasmas, sin embargo, eso no significa que la sexualidad estuviera ausente, todo lo contrario. En estas historias donde no hay intimidad física, existen otra clase de comuniones simbólicas. Uno se pregunta porqué James se empeñó tanto en hacer pública su reticencia a la representación del acto sexual. Una de las respuestas es que se trató de una defensa o de justificación por su falta de conocimiento en la materia, porque en el artículo de 1929: Algunas observaciones sobre los relatos de fantasmas (Some Remarks on Ghost Stories), amplía su aversión más allá de su obra:

Resulta lógico que James no tuviera interés en representar la intimidad física porque eso constituye una forma de interés en el tema. Su mundo era muy recluido, ordenado; y aparte de algunas pocas amistades, no tenía ninguna válvula de escape para la intimidad. Sin embargo, sus personajes masculinos y femeninos expresan aspectos muy interesantes de su personalidad, aspectos que, por otro lado, James no podía explorar en su vida porque podrían interpretarse como sexuales, y de una manera particularmente perturbadora.

Es evidente que James utiliza a sus monstruosidades como vehículos para canalizar su libido reprimida o frustrada. De hecho, los seres jamesianos se caracterizan por surgir de una prohibición transgredida [la lectura de un libro, el descubrimiento de un artefacto, etc.], y cuando salen a la luz se vuelven peligrosos, atacan a quien los ha hecho emerger a la superficie. Esto, en mi opinión, es de una enorme honradez intelectual. James podría haber escrito sobre cualquier cosa donde la ausencia de intimidad física fuera esperable, pero eligió tratar sobre aquello que es, simbólicamente, pura sexualidad reprimida.

M. R, James, como hemos visto, tiene un perfil de protagonista, pero también un arquetipo femenino que suele estar presente en sus historias. En general, es una mujer madura, decidida, de temperamento fuerte, que no teme a la aventura y manipula a los hombres más débiles. Carl Jung diría que estas señoras han completado parte del proceso de individuación, llegando a integrar su animus [lo masculino] y confían en sí mismas. En cierto modo, estas mujeres son opuestas al otro tipo de hombre en la ficción jamesiana, que podría describirse como un varón joven y afeminado, alguien que no ha integrado completamente su masculinidad, o, en términos freudianos, que no ha logrado destituir al arquetipo materno.

Estos varones, además, hacen todo lo posible para evitar convertirse en hombres comunes, y por lo tanto interesados en las mujeres. Están centrados en el ámbito académico, en sus estudios, viven rodeados de otros varones jóvenes, no cultivan relaciones fuera de la universidad y sus aficiones personales no difieren demasiado de sus intereses intelectuales. De hecho, esta incapacidad para desenvolverse en el mundo exterior es lo que termina metiéndolos en problemas.

M. R. James a veces se encarniza con sus escasos personajes femeninos, en especial con aquellos que se desvían del ideal de mujer de la época. Un ejemplo típico de alteridad es la señora Mothersole en El fresno (The Ash-Tree), una mujer mayor que trepa árboles por la noche buscando las ramas de fresno que crecen en la propiedad de un terrateniente, introduciéndose de este modo en un espacio seguro de la masculinidad tradicional. Sin embargo, James también presenta representaciones positivas de la feminidad en muchas historias, aunque siempre con la consabida ausencia de contacto físico.

Lo monstruoso, en James, coexiste con el decoro, y funciona como una sexualidad sublimada. En sus obras encontramos casi tantas mujeres fantasmas y hembras maduras, fuertes y peligrosas como hombres afeminados y monstruosidades masculinas marcadas por un comportamiento sádico. Si su ficción servía o no como válvula de escape, tal vez la única disponible, para comportamientos que el propio autor hubiera deseado transgredir, es materia de opinión. Recordemos que James pertenecía a la élite del ámbito universitario, un tipo respetable, admirado, que protegía celosamente su privacidad. Sus cuentos, tal vez, son la única expresión cruda de su mundo interior en lo que respecta al sexo.

Si hablamos de contenido reprimido hay que mencionar el cuento de 1911: El cerco de Martin (Martin’s Close), donde su protagonista, la difunta Ann Clark, acosa incesantemente a George Martin, su antiguo amante. Esto, que parece una versión temprana de la «hierve conejos», adquiere tintes macabros cuando descubrimos que Ann, la «despechada», es una chica marginada que, además, sufre de discapacidad mental, lo cual la sitúa en una relación asimétrica con el adinerado George Martin. En vida, sufrió toda clase de vejaciones de parte de George; solo en la muerte, como fantasma, ella se convierte en una depredadora.

En el relato de 1928: El pozo de las lamentaciones (Wailing Well), M. R. James juega con el concepto de vampiros [algo así], tanto femeninos como masculinos, quienes atacan a los que se aventuran en los campos que rodean el Pozo. El asesinato Stanley Judkins, el protagonista, sugiere la representación de la escena sexual primaria. Su cuerpo, al final, cuelga de un árbol después de que tres vampiresas se saciaran con su sangre, sin obtener ni un ápice del placer que experimentó John Harker al ser abusado por las tres novias de Drácula [ver: La verdad sobre las tres Vampiresas de Drácula]. En el relato de 1913: La historia de una desaparición y una aparición (The Story of a Disappearance and an Appearance) se nos presenta un sueño dentro de un sueño, un distanciamiento necesario [en aquella época] para atenuar el impacto de una escena de violación masculina.

No creo que sea necesario presentar al vampirismo como ejemplo de sexualidad reprimida en tiempos de James. Ya era un tropo bien establecido, de modo que las mordidas, que podrían interpretarse como algo sexual, eran inevitables. Sin embargo, solo Lady Sadleir, en el cuento de 1925: El insólito libro de oraciones (The Uncommon Prayer-Book), es una vampiresa que muerde el cuello de su víctima.

Es frecuente que M. R. James proporcione chispazos de contacto íntimo, siempre en un contexto repugnante. En el relato de 1911: Una historia escolar (A School Story), el señor Sampson lleva tres décadas desaparecido después de ver a un espectro [femenino] trepando por su ventana. Sus cuerpos sin vida son encontrados en un pozo, «fuertemente abrazados». Sampson, como muchos protagonistas jamesianos, no hace demasiado para despertar el ataque, y, cuando este llega, siempre es muy físico, íntimo incluso.

Como ocurre en los cuentos de Lovecraft, la ausencia de sexo en la obra de James hace que sus expresiones secundarias adquieran mayor relieve. Constantemente encontramos manifestaciones fálicas peludas, dentadas, protuberantes, carnosas, rosadas, que ganan protagonismo gracias a que James mantiene sus historias cuidadosamente libres de referencias explícitas [ver: Vermifobia: gusanos y otros anélidos freudianos en la ficción]. Por ejemplo, en el relato de 1904: Silba y acudiré (Oh, Whistle, and I'll Come to You, My Lad), un hombre es atormentado en la oscuridad de su dormitorio por una entidad incorpórea, y el terror final, el clímax de la historia, se enfoca en la visión de la cama desordenada [ver: El Hombre de Lino: análisis de «Silba y acudiré»]

El decoro de M. R. James, su obsesión con barrer cualquier referencia sexual directa, al final tiene un efecto brillante. Por un lado, no estaba influido por los tropos freudianos, de modo que estos símbolos aparecen de forma plena, indicativa de los sentimientos del autor por no ser buscados. Por el otro, la carga de libido reprimida la lleva el Monstruo [o lo que sea que regresa a la superficie], y por tratarse de un Monstruo no puede liberarse de forma ordinaria [sexualidad «normal»], generando esas típicas escenas jamesianas.

Una de ellas se encuentra en el relato de 1911: El maleficio de las runas (Casting the Runes), donde el arquetipo de la vagina dentata aparece de forma casi directa, haciendo que su carga subconsciente [tabú] resulte notablemente eficaz, sin ser arruinada por un autor pendiente de los tropos freudianos, y por lo tanto proclive a disimularlos para que resulten menos reveladores de sus neurosis personales. En esta historia, el señor Dunning está en la cama, mete la mano en el conocido hueco debajo de la almohada, y lo que roza, lo que toca, es una boca... con dientes... y pelo... [ver: Horror táctil: análisis de «El Maleficio de las Runas»]




Taller gótico. I M. R. James.


Más literatura gótica:
El artículo: M. R. James y el único tema que debería excluirse de las historias de fantasmas fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

La Memoria del Lugar vs. Teoría de la Cinta de Piedra.


La Memoria del Lugar vs. Teoría de la Cinta de Piedra.




Cada recuerdo tiene sus lugares.
¿Cada lugar tiene sus recuerdos?



Las experiencias paranormales más creíbles suelen ser incidentes aislados que ocurren en un lugar específico. De hecho, es difícil considerar seriamente a las personas que sostienen cosas como que una entidad o un espíritu las atormenta desde hace años. No pretendo desestimar estos testimonios, pero después de leer muchísimos correos para el Consultorio Paranormal de El Espejo Gótico hay ciertos rasgos y características compartidas en la mayoría de las personas que experimentan lo paranormal a partir del ego, como haber visto «cosas extrañas» desde pequeños, haber tenido familiares con «dones especiales», poseer cierta sensibilidad adicional, entre otras cosas.

Por el contrario, las experiencias más creíbles [a título personal] no presentan este tipo de características, y ciertamente ninguna señal reveladora. Son episodios vagos, desconcertantes, sin asociaciones ni afirmaciones extraordinarias sobre su causa. Es decir, carecen de «reglas».

Supongo que es parte de nuestro cerebro esta necesidad de comprender lo «extraño» mediante el razonamiento, y eso incluye atribuirle ciertas reglas, ciertos patrones, con el fin de darle un contexto más seguro y previsible a la vida diaria. El problema es que esto genera, como factor colateral, una serie de opiniones personales que no admiten explicaciones más sencillas para los fenómenos inusuales que, en teoría, se experimenta. Y lo paranormal, casi siempre, tiene una explicación sencilla.

El parapsicólogo y filósofo de Oxford, Harry Price, propuso un concepto que denominó «Memoria de Lugar» [place memory] para explicar una gran variedad de fenómenos extraños. Según su modelo, la memoria no es dominio exclusivo de los organismos vivos, sino una propiedad del espacio-tiempo. En otras palabras, la memoria se almacena en todas partes a nuestro alrededor, todo el tiempo, de manera tal que, en determinadas circunstancias, es posible «recordar» [em términos de «extraer» un recuerdo del tejido del universo] a partir de la memoria de ciertos lugares.

Imaginemos que regresamos a un sitio que frecuentábamos en el pasado, la escuela primaria. Seguramente podríamos rememorar muchas cosas, compañeros, maestras, incidentes; básicamente recuerdos personales. Según Harry Price, las fronteras de la memoria se extienden más allá, y en estas ocasiones, cuando entramos en un lugar al que estuvimos relacionados, podríamos ser capaces de extraer psíquicamente [o recordar] material almacenado en él. Esa es la Memoria del Lugar, externalizada y extraída por un tercero.

La Memoria del Lugar parece un concepto similar al de la Teoría de la Cinta de Piedra [Stone Tape Theory]; después de todo, ambos exploran las relaciones psíquicas de los seres humanos con los espacios físicos, y cómo estos pueden retener, almacenar y reproducir incidentes y emociones del pasado. En este modelo, todos seríamos capaces de sentir el pasado de un lugar, incluso si no estuvimos presentes durante el suceso original. Sin embargo, la Teoría de la Cinta de Piedra propone que estos recuerdos residuales que quedan impresos en el lugar poseen una intensidad extraordinaria, lo cual limita el asunto a eventos traumáticos, como accidentes, hechos de violencia, sufrimiento psicológico, muerte.

Ahora bien, la Teoría de la Cinta de Piedra propone que el almacenamiento requiere ciertos materiales de construcción que cumplan la función de soporte, así como una persona con determinada sensibilidad para reproducir el recuerdo en condiciones específicas. Comparativamente hablando, esto se aproxima al concepto de Memoria del Lugar, sin embargo, existen diferencias.

La Memoria del Lugar, por ejemplo, se centra en las experiencias emocionales del individuo al interactuar con un espacio determinado. En pocas palabras, aborda el aspecto psicológico, personal y emocional de esta experiencia. Por otra parte, la Teoría de la Cinta de Piedra incorpora el ingrediente sobrenatural, es decir, establece una conexión directa entre el entorno y la actividad paranormal [ver: ¿Energía Residual o entidades inteligentes?]

Podría decirse que la Memoria del Lugar funciona de manera más sutil: el individuo extrae una impresión psíquica [recuerdo] del lugar [soporte], pero no la reproduce como si se tratara de una grabación fija [como en la Teoría de la Cinta de Piedra], sino que se entrelaza con sus recuerdos personales.

Tal vez la idea de que estas impresiones psíquicas son una especie de recuerdo, en el sentido de que persiste en el tiempo [al igual que un recuerdo persiste en la memoria] y luego va desapareciendo progresivamente, se olvida [como algunos recuerdos tienden a desvanecerse], no es del todo precisa. Ofrece la noción de que puede experimentarse objetivamente, cuando en realidad es todo lo contrario: los recuerdos, en todas sus formas, son subjetivos.

A diferencia de lo que ocurre en la Teoría de la Cinta de Piedra, la Memoria del Lugar permite acceder a un recuerdo impersonal [el hecho original] pero a través del tamiz de la percepción personal. No es el lugar ni los materiales de construcción los que proyectan el recuerdo, como si se tratara de una cinta, es la memoria del individuo, con su carga de subjetividad, quien accede al material de base, recordando, en cierta forma, un pasado que no experimentó [ver: ¿Fantasmas o deslizamientos de tiempo?]

La Memoria del Lugar se fundamenta en la noción de que la memoria humana roza o se complementa con las habilidades psíquicas. Sigmund Freud no llegó tan lejos, pero su concepto de reminiszenz [reminiscencia o recuerdo], en el contexto de la histeria, funciona de manera similar: ciertos recuerdos están enterrados en nuestro inconsciente, no queremos saber nada con ellos, sin embargo, necesitan expresarse, y lo hacen a través de determinados síntomas, del mismo modo en que un recuerdo traumático asociado a un lugar a veces se expresa emitiendo sonidos, moviendo objetos, etc. En este contexto, lo que experimentamos como paranormal es un síntoma, no la causa [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones»?]

La memoria humana, después de todo, quizás desempeñe un rol fundamental en percepción extrasensorial, actuando como canal o enlace, no solo con el lugar, sino con otras personas. En definitiva, cada vez que accedemos a nuestra memoria estamos moviéndonos a través del espacio y el tiempo.

No debemos confundir «memoria» con «recuerdo». El recuerdo es el material almacenado, la memoria es el acto de acceder a ese recuerdo; de ahí la posibilidad de que ciertos aspectos de la memoria no solo se extiendan a nuestros recuerdos personales, sino a los recuerdos [o impresiones] almacenados en un lugar físico.

La memoria humana está viva, encarnada, navega por un tiempo y un lugar pero no está limitada al ahora. Una persona escéptica podría argumentar, y con toda lógica, que los recuerdos son «huellas» tangibles, en el sentido de que tienen un correlato orgánico, que existen en el dominio físico del cerebro. Sin embargo, quizás exista una especie de sincronización entre nuestra memoria y la memoria de los lugares, huellas también, pero de un origen diferente.

Me gusta pensar que las emociones pueden ser absorbidas y retenidas por ciertos lugares, donde permanecen en estado latente hasta que otra memoria accede a ellas, no tanto reproducirlas, como ocurre con la Teoría de la Cinta de Piedra. Más aún, es lícito afirmar que la Memoria del Lugar y la Teoría de la Cinta de Piedra son puntos de vista opuestos, conceptualmente se basan en premisas diferentes. La última propone una presunta «grabación», físicamente tangible, es decir, incrustada en la composición física de una construcción o de un accidente geológico, como ocurre con el Genius Loci y otros ejemplos del folklore popular. En cambio, la Memoria del Lugar es orgánica, no se basa en registros o grabaciones, sino en recuerdos, huellas, reminiscencias, aspectos mucho más sutiles y que, por su propia naturaleza, son tan vagos y caprichosos como la memoria humana.




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Apariciones post-mortem.


Apariciones post-mortem.




«Quince apariciones he visto;
la peor, un abrigo colgado en una percha.»

[Las apariciones, W.B. Yeats]



Hace un tiempo en El Espejo Gótico hablamos de las apariciones de crisis, que podrían describirse como visiones de personas vivas en situaciones de enfermedad grave, agonía o peligro mortal. Las «apariciones post-mortem» son visiones de personas fallecidas, en general, poco después su muerte y comúnmente interpretadas como despedidas. Por otro lado, las apariciones post-mortem no tienen por qué ser perturbadoras para quien las experimenta, aunque a veces lo son [ver: Comunicaciones post-mortem]

Por «aparición» se entiende, a grandes rasgos, un fenómeno visible que se asemeja en su aspecto al ser humano que la proyectó. Es un término algo engañoso, al igual que «fantasma». entidad a la cual se le atribuye cierta perduración, como el típico fantasma que ronda por una casa en particular y puede ser visto durante muchos años. En cambio, las apariciones post-mortem se producen una sola vez, durante unos segundos, y en ocasiones manifiestan efectos físicos como mover objetos o interactuar con el entorno, cuestiones que normalmente se asocian al comportamiento de los fantasmas [ver: Señales de que hay un espíritu en casa]

Las apariciones, bueno, aparecen [lat. apparere, «mostrarse»], es decir, son fenómenos visuales que pueden incluir otras manifestaciones sensoriales subordinadas [oído, olfato, gusto y tacto].

Si bien se considera que las apariciones post-mortem no interactúan demasiado con el entorno físico, debemos ampliar esa definición para incluir fenómenos auditivos y olfativos, además de los visuales. Entre los sonidos asociados se encuentran pasos, golpes, y muy ocasionalmente voces,. Entre los aromas se encuentran olores fuertes, no necesariamente desagradables, asociados a la persona cuando estaba viva, como café, perfume, tabaco.

Escasean los casos en los que la aparición diga más que unas pocas palabras, casi siempre nombres propios o lugares, a veces en un tono cordial, otras con un timbre autoritario, incluso irritado. Menos infrecuentes son las experiencias táctiles, desde leves caricias en el rostro, abrazos, a fuertes golpes o tirones de ropa [ver: Cuando algo invisible te toca]

La enorme mayoría de las apariciones post-mortem se producen pocas horas después de la muerte de la persona, aunque esta ventana puede expandirse a días o incluso meses. Interactúan directamente con una o dos personas de su entorno, familiares o amigos cercanos, y suelen tener un propósito explícito, a veces simplemente despedirse, otras comunicar un mensaje.

Cuando se habla de fenómenos paranormales se suele dejar de lado a las apariciones post-mortem por considerarlas experiencias demasiado subjetivas, pero lo cierto es que, más allá de una vaga sensación de presencia, las dos experiencias más comunes durante el duelo son «oír» y «ver» al difunto. De hecho, el duelo parece ser el combustible que permite establecer tal enlace, habida cuenta que las apariciones tienden a disminuir en frecuencia después del primer año desde la pérdida. En cambio, la sensación de «presencia» puede persistir durante muchos años, incluso durante toda la vida [ver: Experiencia aparicional]

El momento más propicio para las apariciones post-mortem no suele coincidir con los instantes de dolor crudo y desgarrador tras la pérdida, no en los momentos de absoluta tristeza y desolación, sino más bien en la desorientación posterior que forma parte del inicio del duelo. El contacto es inesperado e involuntario, es decir, no tiene que ver con la intensidad del dolor ni con el deseo de volver a ver a la persona fallecida. Simplemente ocurre, y cuando ocurre suele ser una experiencia reconfortante.

La literatura parapsicológica es extensa en lo que refiere a las apariciones post-mortem, en parte porque estas experiencias podrían estar relacionadas con el uso o activación de la percepción extrasensorial, en parte porque los fenómenos físicos asociados [sonidos, movimiento de objetos, proyección de sombras] podrían implicar la utilización de psicoquinesis.

Las apariciones post-mortem pueden producirse en cualquier sitio, no solo en la casa donde vivió el difunto. En esencia, están asociadas a una persona. En lugar de ser vistas en el ámbito doméstico, o en sitios donde trabajaron, las apariciones se dirigen a las personas que conocieron en vida. No tienen un vínculo estrecho con los espacios físicos, como ocurre con los fantasmas. La parapsicóloga Louisa E. Rhine acuñó en 1957 el término: «tipo espectador» (bystander-type) para aquellas apariciones que son observadas por un tercero, un espectador, que no es el destinatario del mensaje. Algo así como un testigo casual.

A diferencia del fantasma de la literatura gótica: difuso, hecho de sombras y niebla, las apariciones post-mortem son de aspecto sólido, siendo muy similares o idénticas a la persona cuando estaba viva. Sin embargo, esta «solidez» es aparente, y no está sujeta a las leyes físicas que conocemos. Pueden aparecer y desaparecer en espacios cerrados o atravesar objetos sólidos sin problema.

Los fenómenos táctiles son raros, y nulos cuando son buscados por la persona viva. Los intentos de tocar una aparición cortan de cuajo la experiencia, pero a veces la diluyen progresivamente. Por ejemplo, la aparición se presenta con un obstáculo entre ella y el testigo [un mueble, el cristal de una ventana, una calle], o bien evita el contacto. Siempre parece estar fuera del alcance de la mano, como si uno se estirara indefinidamente, hasta que por fin desaparece en un punto inaccesible. Esto resulta difícil de imaginar, pero quizás las apariciones post-mortem traigan consigo una distorsión más o menos aguda en la percepción del testigo. Tanto es así que todavía se discute si se trata de un fenómeno externo o meramente mental.

En resumen, podría decirse que los parámetros de la experiencia, la forma en que el testigo percibe a la aparición, están determinados por su propio estado mental en el momento del evento, y hasta condicionado por las intenciones de la aparición.

Los fantasmas o entidades asociadas a un lugar físico pueden comportarse de forma [aparentemente] errática, confusa, como si existiera cierto grado de desorientación espacial, pero las apariciones post-mortem muestran un comportamiento que sugiere consciencia de su entorno. Se mueven en una habitación evitando muebles, realizan acciones deliberadas como girar la cabeza para seguir los movimientos de la persona viva, etc.

Los avistamientos de apariciones tienden a disminuir rápidamente en los días posteriores al deceso [si no ocurre pronto, es probable que no ocurra nunca]. De hecho, los casos de apariciones post-mortem después del año del fallecimiento son raros, y su intensidad [la claridad o nitidez con la que se manifiestan] también se reduce drásticamente. Sin embargo, con el tiempo aumenta la frecuencia de fenómenos más subjetivos, como sensaciones súbitas de tibieza, frío, aire, que a menudo son experimentadas como una forma de tacto [ver: Toques espirituales]

La variabilidad de estas experiencias, así como su carga de subjetividad, atentan contra cualquier intento de esbozar una teoría unificada. Algunos sostienen que las apariciones post-mortem no representan la totalidad de la persona fallecida, sino un impulso, un sentimiento, algo de su personalidad que perdura un tiempo en nuestro plano y busca comunicarse con las personas con las que tuvo un vínculo emocional. De modo tal que si alguien es visitado por su padre fallecido, el visitante es la suma de todos los aspectos paternales de la persona, esa faz que solo existe en relación al testigo, en este caso, un hijo.

Tal vez debido a esto las apariciones post-mortem parecen incapaces de improvisar, o al menos desplazarse lateralmente de sus intenciones de comunicación. No oyen razones, no responden preguntas ni cumplen solicitudes. Hacen lo que han venido a hacer: despedirse y hacernos saber que están bien.

También existe una diferencia entre una aparición post-mortem y esta especie de «huella» o «registro» [o recuerdo impreso] que las personas dejan en ciertos lugares donde vivieron. Hasta podría decirse que la parapsicología tuvo su origen en la idea de que los lugares pueden conservar de alguna manera la «huella» de personas y eventos del pasado. Después de todo, los fantasmas, espíritus y entidades que pueblan los bestiarios parapsicológicos son rebanadas del pasado. No se registran, que yo sepa, fantasmas del futuro [ver: ¿Fantasmas o deslizamientos de tiempo?]

A finales del siglo XIX, la investigadora Eleanor Sidgwick propuso que existe «algo» en los espacios físicos habitados por personas, una «influencia sutil» que sirve de plataforma para que se produzca la aparición. Más que combustible, sería algo así como un sucesivo registro de impresiones que se extraen y consolidan para dar forma visible a la aparición. Estas ideas fueron la base para la teoría de la Cinta de Piedra, algo diferente, la cual propone que las apariciones vistas repetidamente, en patrones regulares, en un sitio determinado, son activaciones bruscas de energía residual almacenada. En otras palabras, las apariciones podrían ser fragmentos del pasado que han quedado grabados en el lugar [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones» impresas en la realidad?]

Las apariciones post-mortem no se comportan de esta manera. No son fenómenos repetitivos, no siguen un patrón, y son conscientes del entorno, aunque sí se producen con mayor frecuencia en lugares donde pudo haber quedado algún tipo de rastro, vestigio o huella de la persona cuando estaba viva. Tampoco hablamos aquí de huellas de eventos traumáticos, como a menudo se expone en la ficción. Los registros de emociones que la persona viva va dejando impresos son sutiles y automáticos, como huellas dactilares en una copa.




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


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Apariciones de crisis.


Apariciones de crisis.




«Estando de viaje ella tuvo la visión de su padre en el momento de morir.
Su padre estaba en Inglaterra y, que ella supiera, ni muerto ni muriéndose.»
[Henry James: Los amigos de los amigos]



Las Apariciones de crisis [Crisis Apparitions] son diferentes de otras manifestaciones, como las Apariciones o Energías Residuales, que son eventos específicos de un lugar, que no interactúan con las personas y que se repiten siguiendo un patrón [hora, fechas, clima] hasta que eventualmente se agotan [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones» impresas en la realidad?]. En cambio, las Apariciones de crisis ocurren una sola vez. Puede tratarse de una manifestación visual, una voz, un toque. La mayoría de las veces, esta «sensación» se presenta justo antes de la muerte de un ser querido.

Llamar «aparición» a este fenómeno es atinado. La palabra proviene del latín apparere, que significa «mostrarse». En este sentido, sólo puede ser una «aparición» una consciencia viva que, de manera visual o a través de otros canales sensoriales, se «muestra» a los sentidos ordinarios del receptor [vista, oído, olfato, gusto (?) y tacto].

Las Apariciones de crisis presentan varias dificultades. Por ejemplo, si uno tiene un pariente internado, grave, esta situación estará presente en la mente con bastante persistencia, de modo que cuando nos enteramos de su fallecimiento es probable que estemos pensando en ella. Esto, desde luego, no es una Aparición de crisis. ¿Qué es entonces? Una conexión psíquica lo suficientemente fuerte como para que una persona cerca de muerte pueda establecer un último enlace para enviar un mensaje o simplemente despedirse.

Un porcentaje para nada despreciable de gente puede señalar el momento específico en el que «presintieron» que un ser querido estaba muriendo o en grave peligro de muerte. No se trata necesariamente de una aparición, en el sentido de que se ve algo, más bien es una certeza, nacida de un elemento exterior que puede resumirse en algo tan vago como un olor o un sueño. La sensación que dejan es la de separación, de despedida, que se reconoce en el momento. Este es un fenómeno que forma parte del folclore de todas las culturas, es transhistórico, por lo tanto, forma parte de la experiencia humana.

En El Espejo Gótico hemos estudiado muchos ejemplos de fenómenos paranormales asociados con lugares físicos que de algún modo han absorbido una gran cantidad de energía emocional de eventos traumáticos y luego la han liberado. De eso se tratan básicamente las historias de fantasmas: eventos [información] que dejan una huella en determinado sitio [medio de almacenamiento] y luego se reproducen como una grabación cuando la persona adecuada está en el lugar [dispositivo de reproducción]. Si el trauma ocurriera una y otra vez a lo largo de los años [hospitales, neuropsiquiátricos, prisiones, abusos repetidos] el lugar puede terminar con múltiples huellas, lo que podría explicar por qué los avistamientos suelen ser fragmentados o nunca exactamente iguales [ver: Teoría de la Cinta de piedra]. Esto está completamente alejado de las Apariciones de crisis.

Si el «mensaje» se produce tiempo después de la muerte, se trata de una Aparición Post-Mortem, sobre la cual hablaremos otro día [ver: Comunicaciones Post-Mortem]. Por ahora basta decir que la parapsicología ha establecido, de forma arbitraria, que las Apariciones de crisis transcurren antes y hasta doce horas después de la muerte; y las Apariciones Post-Mortem después de doce horas del deceso. ¿Por qué? No lo sé. Supongo que responde a una necesidad de clasificación, porque realmente no hay diferencia entre un fenómeno que ocurre a las nueve horas de una muerte y otro trece horas después. Ambos se producen razonablemente dentro de una ventana de inmediatez.

Cuando alguien atraviesa un momento de crisis irreversible, donde la muerte es el único resultado posible, los enlaces psíquicos que ha establecido a lo largo de su vida transportan esa información. En algunos casos, puede incluso proyectar la imagen de la persona a un ser querido. Esta proyección puede hablar o permanecer en silencio, puede parecer fantasmal, etérea [flotando, brillando, siendo traslúcida] o exactamente igual a su aspecto físico. No son apariciones aterradoras, no inspiran miedo; todo lo contrario, resultan reconfortantes para quienes las reciben.

Uno de los tratados más interesantes sobre el tema es Fantasmas de los vivos (Phantasms of the Living, 1886), donde los parapsicólogos Edmund Gurney, Frank Podmore y Frederic William Henry Myers consideran que las Apariciones de Crisis permiten un estudio más metódico que otras manifestaciones, ya que potencialmente pueden verificarse; en definitiva, que alguien sea capaz de «adivinar» que alguien conocido ha muerto está muy por encima de cualquier medida de probabilidad. Además, debido al impacto que produce el fenómeno, la persona que lo experimenta no lo olvida fácilmente, y esto luego puede corroborarse con la fecha y hora de la muerte del emisor. De hecho, una persona moribunda puede aparecerse a muchos seres queridos diferentes, no siempre bajo la misma forma. En muchas familias existen historias de este tipo.

Una Aparición de Crisis, entonces, puede verificarse más tarde cuando se conoce la hora de la muerte, pero hay mensajes mucho más sutiles y subjetivos que no pueden corroborarse. Forman parte de la experiencia, y solo quien los experimenta puede darles o no valor. Puede ser como el roce de una mano, una caricia, un olor, incluso una punzada de dolor que corresponde con el sufrimiento del emisor. También se han reportado voces, llantos, la sensación de presión o peso sobre el colchón [como si alguien se sentara en la cama a tu lado], golpes intensos en la puerta [como si alguien intentara entrar] [ver: Un golpe: «SÍ»; dos golpes: «NO»; tres golpes: «DÉJAME ENTRAR»]. Curiosamente, uno de los elementos sonoros más frecuentes asociados con las Apariciones de Crisis es el sonido de campanas.

Ahora bien, si definimos la Aparición de Crisis como la percepción de un ser querido en el momento de su muerte, entonces debe ser una forma de telepatía. Después de todo, si se tratara simplemente de una visión o proyección, la experiencia no produciría esta certeza de muerte; y en este caso el amigo o familiar «sabe» que se ha producido el fallecimiento. Ahora bien, cuando uno habla de telepatía es fácil imaginar a un sujeto tratando de adivinar una carta en otra habitación o algo así. En este caso, por telepatía me refiero a una especie de conexión o enlace emocional entre una persona y sus amigos y familiares, quienes forman una red, y que por lo tanto pueden intercambiar algún grado de información.

De hecho, la mayoría de los estudios al respecto conjeturan que la telepatía es más probable entre personas con fuertes vínculos emocionales. En parte, la aparición podría ser causada por la percepción subconsciente de que un ser querido está en grave peligro. En momentos así, los vínculos emocionales más fuertes podrían incluso sincronizar la actividad cerebral. Otras teorías [menos convencionales] sugieren que durante un trauma la consciencia puede trascender momentáneamente los límites físicos. Esto podría aplicarse a los casos donde el experimentador no tiene motivos para prever la muerte de la persona, como lo es durante una enfermedad, descartando la mera expectativa como explicación.

Si la Aparición de Crisis se manifiesta en un sueño, lo más común es que no hable, aunque parece ser consciente de que está a punto de morir y quiere despedirse. A menudo estos sueños ocurren en escenarios particulares: estaciones de tren o subterráneo, puertos, aeropuertos, esencialmente lugares de espera antes de emprender un viaje [ver: Dreamwalking: cuando alguien entra en tus sueños]

Por supuesto, muchas Apariciones de Crisis responden a factores mundanos, como la coincidencia y el miedo, por ejemplo, a que ese amigo o familiar internado pierda la vida. No es insensato aceptar tales explicaciones, después de todo, muchas personas son susceptibles de engañarse retrospectivamente, creyendo que han experimentado «sensaciones» que nunca ocurrieron, o bien adornando o estilizando pequeños elementos que sí tuvieron lugar. Supongo que es una forma de lidiar con el dolor del duelo. Esa brisa repentina, ese súbito olor a rosas, esa mariposa que revolotea contra la ventana, son consideradas «señales». No digo que no lo son. Si ayudan, si brindan consuelo, quizás lo sean [ver: Entidades que se manifiestan a través del aroma]

En cuanto a las Apariciones de Crisis visuales, la mayoría de las veces son imágenes sólidas, sin diferencias con la persona real. El observador incluso puede no darse cuenta de que está viento algo sobrenatural hasta que más tarde se entera de la muerte de la persona. Tampoco se trata de una aparición solemne. No viene y te da un abrazo, o te dice lo mucho que te quiere. De hecho, suele hacer cosas normales, cotidianas, como pasar caminando, asomarse por una ventana, cruzar una puerta, sentarse a la mesa o pararse a los pies de una cama. Contrariamente a lo que uno podría creer, predominan las experiencias visuales, casi el 60% en la mayoría de los estudios publicados. Le siguen las manifestaciones auditivas [25%], táctiles [10%] y olfativas [5%]. Casi todas vienen con algún tipo de sueño asociado, aunque solo la mitad de las experiencias transcurre de noche. La otra mitad ocurre cuando el experimentador está bien despierto e involucrado en sus actividades

Los efectos psicológicos de las Apariciones de Crisis no varían demasiado. Los experimentadores aseguran haberse sentido reconfortados y en paz después de estas visitas, considerándolas una despedida. El miedo está ausente, también la sensación de amenaza o peligro, que son elementos asociados al avistamiento de fantasmas.

Algunos estudios incluyen a la Experiencia Aparicional como una variante menor de la Aparición de Crisis. Creo que es un ejemplo demasiado vago. Uno «siente» la «presencia» de la otra persona, por la razón que sea o por ninguna razón externa, y no mucho más. Esto se asemeja más a una distorsión cognitivo-visual, quizás esquizotipia [rasgos similares a los de la esquizofrenia pero que no son suficientes para requerir un diagnóstico], que a una experiencia fuera de los parámetros convencionales, pero alguien podría sugerir maliciosamente que tales distorsiones son indispensables para experimentar «presencias» [ver: Sentir «presencias» cuando estás solo]

Es interesante notar cómo la ficción tuvo que incorporar a las Apariciones de Crisis a su modelo de trabajo. Por ejemplo, en el relato de Henry James de 1896: Los amigos de los amigos (The Friends of the Friends), una mujer experimenta la visión de su padre mientras este se encuentra en el extranjero. Un día después, recibe un telegrama que confirma su fallecimiento. La trama de la historia depende de las comunicaciones: es decir que, recién en la época victoriana, se empezó a contar con un sistema telegráfico y postal fiable como para tales noticias viajaran rápidamente y las Apariciones de crisis empezaran a tomarse en serio.




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El artículo: Apariciones de Crisis fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción, enviar consultas o compartir tu experiencia, escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Comunicaciones Post-Mortem.


Comunicaciones Post-Mortem.




Después de la muerte de un ser querido, algunas personas aseguran haber tenido experiencias paranormales como escuchar voces, sentir una presencia o tener sueños sobre el difunto. Esto puede atribuirse a factores naturales, como el duelo, el estrés, la fatiga física, falta de sueño; cuestiones que pueden contribuir a una mayor sensibilidad y dar lugar a experiencias que algunos podrían interpretar como paranormales. Después de todo, los sueños vívidos con seres queridos después de su fallecimiento son una forma de lidiar con el dolor y encontrar consuelo [ver: Significado de soñar con alguien que está muerto]

Pero, ¿qué sucede con las sensaciones físicas? Algunas personas aseguran sentir un toque invisible u oler una fragancia asociada con el difunto. Otros creen encontrar «mensajes» en el entorno, como luces parpadeantes o la aparición de un pájaro o una mariposa en momento específico.

Lo cierto es que muchas personas que han perdido a seres queridos sostienen haber recibido señales de que están bien después de su partida. A veces, estas «señales» son pequeñas sincronicidades, otras, eventos bastante asombrosos [ver: Apariciones de crisis.]

Las experiencias paranormales relacionadas con la muerte de un ser querido son comunes en quienes que están atravesando un duelo. La más común es «sentir» la presencia de la persona fallecida en los días posteriores a su muerte, incluso experimentar algún tipo de comunicación con el difunto [ver: Sentir «presencias» cuando estás solo]. Las mujeres reportan experiencias paranormales con más frecuencia que los hombres, antes y después de la muerte del ser querido [ver: Apariciones post-mortem.]

Estos fenómenos son conocidos en parapsicología como Comunicaciones Post-Mortem [After-Death Communications (ADC)]. Son experiencias relacionadas con personas en duelo, aunque también es común entre quienes trabajan habitualmente con cadáveres, como personal de hospital, funerarias, cementerios, crematorios, es decir, individuos que no tienen un apego personal con el difunto. Las situaciones más frecuentes van desde experiencias aparicionales a olores fantasma, voces extrañas, perturbaciones eléctricas y movimientos anómalos de objetos, como puertas y ventanas que se abren y cierran sin causa aparente [ver: Pasos, golpes, objetos que caen y otros ruidos inexplicables]

El agente focal de las experiencias paranormales es habitualmente un individuo marcado por un trauma tan terrible que de algún modo lo vuelve sensible al mundo espiritual. Pensemos, por ejemplo, en Eleanor, la protagonista de la novela de Shirley Jackson: La maldición de Hill House (The Haunting of Hill House), es decir, cuyo pasado traumático le permite vincularse paranormalmente con la casa [ver: La verdadera Entidad que se esconde Hill House]. Esta noción hunde sus raíces en la psicología, que postula que el trauma puede producir estados disociativos. Sin embargo, las experiencias paranormales también son comunes en individuos «normales», heterogéneos, que afrontan sus vidas cotidianas de la manera más prosaica. Estas personas también son susceptibles de experimentar Comunicaciones Post-Mortem.

Compartir estas experiencias es algo que hoy consideraríamos socialmente aceptable, pero la actitud escéptica todavía está arraigada como norma cultural durante los proceso de duelo; de manera que las personas que están atravesando la pérdida de un ser querido suelen ocultar sus experiencias. Compartir estos sucesos puede verse obstaculizado por el miedo a ser ridiculizado, e incluso a ser señalado como víctima de alucinaciones. Cualquier cosa que debilite el duelo parece estar desaconsejado en nuestros tiempos. La Comunicaciones Post-Mortem, el contacto o la comunicación con los difuntos, están sujetos a un estigma; y por eso la mayoría de las personas en duelo tienden a no compartir sus experiencias.

Para la persona que tiene este tipo de experiencias durante el duelo, es más importante descubrir su significado que intentar explicarlo. Emplear términos como «sobrenatural» o «paranormal» puede llevar a la persona afectada a creer que el fenómeno no es «natural» ni «normal», cuando sí lo es. En parapsicología existe un término más apropiado: Vínculos Continuos [Continuing Bonds], el cual postula que las relaciones humanas no terminan con la muerte, solo se transforman.

En este contexto, el difunto desempeña un papel en la relación con los vivos. El concepto de Vínculo Continuo se basa en el apego, por lo que la relación de los vivos con los muertos no depende de creencias personales, sino de un sentimiento, de una idea o intuición. En resumen, un Vínculo Continuo ve la relación entre vivos y muertos como algo mutuo y complejo [conversaciones, experiencias sensoriales, sueños, y la sensación de su presencia] El duelo, en este sentido, es el proceso de transformación de la relación con el difunto.

Muchas personas en duelo experimentan fenómenos físicos, sensoriales y mentales relacionadas con la muerte de su ser querido. Las experiencias físicas refieren a fenómenos externos, como ver figuras, experiencias auditivas, táctiles, olfativas, funcionamiento irregular de dispositivos electrónicos [luces que parpadean, equipos que se encienden y apagan solos, etc.]. También es frecuente la caída o movimiento de objetos por sí solos dentro de la casa, particularmente fotografías o pertenencias del difunto [ver: Libros, cuadros y portarretratos que se caen solos]. Las experiencias mentales refieren a la vida interior del sujeto, sin una percepción clara, como la sensación de la presencia del difunto [ver: Sentir que hay un espíritu en casa]

Entre las experiencias sensoriales más habituales relacionadas con la muerte de un ser querido se incluye la visión de figuras y siluetas. «Ver figuras» implica observar por el rabillo del ojo siluetas humanas más o menos definidas moviéndose en la casa, y a veces la silueta del propio difunto [solo o en compañía de otros] en diversas formas: rejuvenecido o curado, sin parte inferior del cuerpo, sin rostro, sin cuerpo, dentro de un halo de luz, etc. [ver: Fantasmas por el rabillo del ojo]. En ocasiones estas presencias parecen enfrascadas en diversas actividades, como tareas domésticas, de pie en una habitación o fuera de la casa, pasando de largo, sentado en su sillón favorito o simplemente observando. Ver al difunto en compañía de otros generalmente implica verlo entre seres queridos que han fallecido con anterioridad, pero también entre desconocidos, incluso mezclado entre la gente en la vía pública [en una calle transitada, en el supermercado, al doblar una esquina].

Los fenómenos auditivos relacionados con la muerte de un ser querido incluyen experiencias musicales inusuales, escuchar pasos y sonidos característicos de la persona, entre ellos, su voz, su manera de silbar, cantar o tararear. Los sonidos más sutiles se encuentran los susurros y las risas [ver: Espíritus que imitan la voz humana]

Las experiencias táctiles son muy diversas: cambios en la atmósfera de una habitación [puntos fríos, ambientes cargados], alteración de la temperatura corporal, flujos de aire dentro de la casa. En ocasiones, los deudos aseguran haber sentido el toque de la persona fallecida, su tacto, como una sensación cálida que se extendía por el cuerpo, o bien sentir un obstáculo al caminar por la casa, como si algo invisible obstruyera el paso. Impresiones táctiles más intangibles son sentir un abrazo, una caricia, un beso, un empujón. Esto va acompañado de un hormigueo en el cuero cabelludo [ver: Toques Espirituales: cuando un espíritu te toca]

Las experiencias olfativas se limitan a percibir un olor asociado a la persona fallecida, que puede o no ser su perfume característico. Por ejemplo, la persona está viendo la televisión cuando, de repente, percibe el leve pero inconfundible olor del difunto [ver: Entidades que se manifiestan a través del aroma]

En algunos casos, estos fenómenos se perciben como un intento de comunicación espiritual, sobre todo a través de sueños con la persona muerta donde se transmite información significativa, o simplemente se conversa [ver: Muertos que se comunican a través de los sueños]. En ambos casos, el soñador es consciente del estado emocional del difunto: aceptación, felicidad, paz, tristeza, ausencia de dolor, cariño, orgullo e irritación.

Este tipo de sueños no necesariamente tratan con la muerte; a veces tienen que ver con el estado del fallecido. Lo cierto es que estas apariciones oníricas no son precisamente comunicativas. Pueden hablar, pero lo más común es que se comuniquen con gestos, o bien que aparezcan a la distancia, como al otro lado de una calle. En raras circunstancias están dispuestos a responder preguntas. Su intención, si puede llamarse de ese modo, es ofrecer consuelo con su presencia.

Las experiencias de comunicación después de la muerte respaldan la teoría de la supervivencia de la consciencia más allá de la muerte física. En la sociedad moderna, la mayoría de nosotros fuimos educados [o condicionados] para creer que estas cosas son supersticiones. Sin embargo, ocurren. De hecho, son sorprendentemente comunes.

Es importante aclarar que la Comunicación Post-Mortem no es mediumnidad, ni una conversación bidireccional a través de un tercero. La comunicación es espontánea, se produce directamente a la persona que la experimenta, sin intérprete ni intermediario, y suelen ser fenómenos no buscados.

Puede tratarse de una sueño o la visualización de una persona muerta. Puede ser un ruido inexplicable o el parpadeo de las luces eléctricas. Puede ser una sensación de presencia sin ningún indicador sensorial específico, aunque muchas personas sostienen haber oído, visto, olido o sentido el tacto de sus seres queridos. No son episodios psicóticos.

Es cierto, la Comunicación Post-Mortem se basa en la subjetividad, más que en una verdad objetiva. Es decir, quien la experimenta suele «sentir», sin cuestionar, que la comunicación proviene de un ser querido fallecido.




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Paranormal: luces que se encienden y apagan solas.


Paranormal: luces que se encienden y apagan solas.




«...el salón iluminado está atestado
de tranquilos y amables fantasmas,
tan silenciosos como los cuadros en la pared.»

Casas embrujadas, Longefellow.



¿Puede un espíritu hacer que las luces eléctricas se enciendan, apaguen o parpadeen solas?

¿Cómo se puede responder a una pregunta así cuando ni siquiera podemos definir qué es un espíritu en primer lugar?

Antes de examinar este fenómeno debemos mantener la mente abierta, y eso significa no cerrarla a explicaciones convencionales. Después de todo, a la gente le gusta atribuir cualquier efecto extraño a lo sobrenatural: ¿Un punto frío? Fantasma. ¿Una sombra? Fantasma. ¿Un crujido? Fantasma. ¿Luces que se comportan inusualmente? Fantasma.

Aunque las luces de tu casa se encienan y apaguen al azar no significa [necesariamente] que tengas un invitado paranormal. Hay muchas otras razones por las que esto podría estar sucediendo; desde bombillas que están llegando al final de su vida útil [suelen parpadear antes de agotarse por completo] a un cableado defectuoso o problemas con los interruptores. Siempre es recomendable descartar razones comunes antes de decidir que hay un espíritu en casa [ver: Señales de que hay un espíritu en tu casa]

Dicho esto, comencemos.

Entonces, ¿puede un espíritu hacer que las luces eléctricas se enciendan, apaguen o parpadeen solas? La respuesta es sí. Pero lo más interesante es saber cómo y por qué lo hacen?

Supongo que podríamos incluir al arquetipo de la casa embrujada que intenta perturbar a los vivos; sin embargo, a menudo hay razones más complejas por las que un espíritu podría comportarse de esta manera. Si estas entidades están compuestas de energía, en lugar de materia física, quizás puedan influir en los dispositivos eléctricos mediante una interacción con campos eléctricos y magnéticos que oscilan en el espacio. En este contexto, los «fantasmas» [en las condiciones de humedad y estática adecuadas] podrían alterar o manipular estos campos cuando están presentes [ver: Espíritus y «ambientes cargados»]

De hecho, quizás muchos [supuestos] fenómenos paranormales se deben simplemente a la interacción, no a la intención, de estas entidades con el plano físico. Pensemos, por ejemplo, en una entidad que se mueve cerca de una lámpara o un interruptor y altera el campo electromagnético involuntariamente, provocando que la luz se encienda, se apague o parpadee. Esto no es diferente a la presencia de tu cuerpo aumentando ligeramente la temperatura ambiente de una habitación después de un tiempo determinado. Sucede involuntariamente.

A comienzos del siglo XX, la parapsicología buscó descifrar un patrón distintivo en las luces que parpadean, es decir, un mensaje, pero esto eventualmente se descartó. La mayoría de los estudios abordan el tema de las luces como un vehículo por el cual un espíritu busca llamar tu atención [ver: Un espíritu está tratando de comunicarse]. Por razones obvias, las formas en las que una entidad puede llamar la atención de los vivos son bastante limitadas, y la energía eléctrica podría ser una de las pocas que tienen disponibles.

En este contexto, cuando una entidad busca ser reconocida, pueden ocurrir todo tipo de sucesos extraños, como que las luces se enciendan y apaguen solas. Si esto ocurría una sola vez [la luz se enciente y apaga sola una vez], era tomado en el espiritismo temprano como si el espíritu llamara a la puerta. Es un llamado de atención [«estoy aquí»]. Si las luces se encienden y se apagan siguiendo un patrón, podría tratarse de un mensaje más elaborado; pero, desafortunadamente, a menos que usen código Morse, es muy difícil saber qué intentan decir.

La energía residual, aquello que típicamente se concibe como el fantasma que repite una y otra vez la misma actividad, está relacionada con un lugar específico de la casa; y podrías notar que las luces se encienden y se apagan en esos espacios, pero esto es infrecuente; y casi siempre está relacionado con entidades inteligentes.

¿Cómo saber si un fantasma enciende y apaga las luces? No existe una respuesta definitiva, pero hay tres elementos que podemos tener en cuenta: Teatralidad, Ubicación y Momento.

Por «Teatralidad» me refiero a la espectacularidad del fenómeno, a su dramatismo y visibilidad, no a luces que parpadean ligeramente durante un par de segundos. En ese caso, es improbable que un fantasma sea el responsable.

La «Ubicación», por supuesto, es el sitio donde ocurre espectáculo de luces. ¿Es una habitación con un significado histórico para las personas de la casa? Los espíritus de personas que han vivido en una casa suelen estar vinculados a lugares específicos, donde se sienten más cómodos y en los cuales pueden influir con mayor facilidad.

«Momento»: si notas que la luz se apaga o se enciende sola a una hora específica, no aleatoriamente, podría ser un gesto simbólico, una señal que indica que esa hora y ese lugar son importantes.

Si una entidad manipula las luces es posible que notes otros sucesos al mismo tiempo, como un descenso repentino de temperatura. Además, la energía electromagnética emitida puede interferir con otros dispositivos electrónicos; sobre todo radios [no tan comunes en la actualidad] y televisores. Existen otras señales reveladoras cuando las luces se comportan de este modo; por ejemplo, podrías oír a tu perro ladrar o comportarse de manera inusual. Si oyes pasos, susurros o voces incorpóreas, las luces son el menor de tus problemas [ver: Pasos, golpes, objetos que caen y otros ruidos inexplicables]

Si las luces parpadean a tu alrededor [cuando se trata de una situación única, es decir, sin antecedentes ni recurrencias] generalmente se trata de un saludo amistoso [«Hola, estoy aquí»] en un momento difícil de tu vida. La mayoría de las personas que reciben este «saludo», intuitivamente saben quién es. Este reconocimiento es una forma de respuesta. No se aconseja intentar comunicarse más allá de esto, y menos hacer preguntas en voz alta; sobre todo si se trata de una persona sensitiva, con habilidades mediúmnicas, o altamente empática. Podrías convertirte en el foco de atención indeseada [ver: Ouija: errores frecuentes, peligros y consecuencias]

Por inquietante que resulte, este tipo de «mensajes» no causan daños permanentes a tus luces. La luz simplemente disminuye su intensidad, parpadea [nunca se apaga en estos casos], y el fenómeno no vuelve a ocurrir, como seguramente lo haría si se tratara de una falla eléctrica o cableado defectuoso.

También podría ocurrir que estás en tu casa, yendo de una habitación a otra, sumido en tus pensamientos; de repente, la luz parpadea unos instantes, luego se apaga y vuelve a encenderse al pasar junto a ella. Muchas personas han tenido esta experiencia, incluso en la calle, con el alumbrado público; tal es así que la parapsicología le ha dado un nombre: Sli Effect [Street Light Interference], o «Interferencia de Alumbrado Público». En teoría, es la presunta capacidad de algunas personas para encender o apagar luces eléctricas [de forma espontánea] al pasar cerca de ellas.

En este contexto, las luces que se prenden y apagan solas podrían deberse a la influencia de personas vivas, no de espíritus, interactuando con su entorno. Algunos afirman que la electricidad estática [el cuerpo humano no produce estática; lo más cercano es el roce de ropa sintética en un clima seco.], o algún tipo de energía misteriosa, es emitida por el cuerpo humano. Otros sostienen que el [supuesto] fenómeno es causado por individuos con capacidades psíquicas o telequinéticas bajo determinadas circunstancias, como cansancio, estrés o ira.

Las bombillas que explotan constantemente forman parte de la fenomenología del Poltergeist. Es un síntoma común. Puede ser un evento único en el que una bombilla estalle dentro de tu casa, a menudo en medio de una discusión, antes de que se produzcan fenómenos físicos más espectaculares. El Poltergeist, recordemos, es una manifestación brusca de energía que induce el movimiento de objetos domésticos que, en condiciones normales, se mantienen en su lugar por la inercia y la gravedad. Al mismo tiempo, estos eventos reflejan la fuerte tensión psicológica de una persona de la casa.

Los campos electromagnéticos de baja intensidad pueden inducir la percepción de fenómenos inusuales a través de los lóbulos pariototemporales [en un rango asociado con las ondas delta, que son ondas cerebrales que ocurren durante el sueño]. En menos palabras: en determinadas condiciones experimentamos la sensación de una «presencia» cerca nuestro; y por «presencia» me refiero a la sensación de proximidad personal de un ser consciente, corpóreo o no [ver: Sentir «presencias» cuando estás solo]. Ahora bien, algunos científicos sostienen que los campos geomagnéticos, presentes de forma natural en determinados lugares, podrían inducir alucinaciones que explicarían las experiencias aparicionales. Otros sostienen que estas fuentes de energía simplemente facilitan el acceso a nuestro plano a otras formas de vida del plano espiritual.

La relación entre el mundo espiritual y la electricidad no es un producto de nuestros tiempos. Tanto la electricidad como el magnetismo fueron consideradas sustancias por el ocultismo. Posteriormente, se recurrió a la electricidad para explicar fenómenos extraños como el movimiento de las mesas y los golpes en el espiritismo del siglo XIX [ver: Un golpe: «SÍ»; dos golpes: «NO»; tres golpes: «DÉJAME ENTRAR»]. De igual forma, el magnetismo tiene una larga historia en prácticas médicas populares como el mesmerismo. En ambos casos, la premisa es que las corrientes eléctricas conducen propiedades tanto espirituales como materiales.

En una época en la que los espíritus no disponían de luces eléctricas en los hogares que «embrujaban», se entretenían apagando velas y haciendo sonar las campanillas en las puertas de las casas. Camille Flammarion comenta estas aficiones en un par de casos. Más recientemente, en el siglo XX, con la llegada de la energía a la mayoría de las zonas urbanas del mundo, comenzaron a reportarse fenómenos eléctricos singulares, como luces que se apagaban o encendían solas, y electrodomésticos que se detenían o, por el contrario, que empezaban a funcionar incluso cuando estaban desconectados de la red [ver: Juguetes que se encienden solos en medio de la noche]. Un Poltergeist bien documentado, el Caso Rosenheim, de 1967, presentó considerables perturbaciones eléctricas, como variaciones de amperaje, bombillas que estallaban, aparentemente provocadas por fuerzas inteligentes.

Con frecuencia, el fenómeno de las luces eléctricas que se apagan y encienden se extingue por sí solo, sin razón aparente. Sin embargo, la partida del agente poltergeist a menudo desencadena sus últimas descargas cuando es identificado como tal. A veces, la verbalización es suficiente para reducir los fenómenos, o incluso detenerlos. La detención puede ocurrir tras un cambio en la familia; de hecho, los Poltergeists parecen estar relacionados a una situación familiar particular.




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Paranormal: espejos en el dormitorio.


Paranormal: espejos en el dormitorio.




«Cuando miras largo tiempo al abismo,
el abismo te devuelve la mirada.»
(Nietzsche)



¿Es malo tener espejos frente a la cama?

Existe una variedad de creencias en torno a los espejos. En términos generales, muchos afirman que son puertas espirituales. Pero, si los espejos son un portal a otros planos o dimensiones, es lógico suponer que sólo están activos cuando uno quiere que lo estén, por ejemplo, a través de un ritual de invocación [ver: Sobre espejos mágicos y seres interdimensionales]

Algunos sostienen que se necesitan dos espejos enfrentados para formar un portal; otros que si tienes un espejo frente a la cama tu propio reflejo te verá dormir durante la noche. Las opiniones son variadas, y a menudo ridículas. Comencemos con algunas explicaciones racionales.

Cuando no estás del todo despierto, los reflejos pueden jugarle una mala pasada a tu mente. La primera reacción del cerebro ante los espejos es ver a «otra persona», aunque esto apenas dure una fracción de segundo. Es un reflejo de supervivencia útil. Nuestro cerebro está programado para detectar depredadores en la naturaleza y, por supuesto, esto no siempre tiene sentido en el mundo moderno. En un entorno oscuro, medio dormido, el cerebro funciona aún peor, y eso hace que creas que estás viendo cosas que no están ahí.

Una experiencia común a todos es despertarse justo antes de quedarse dormido, aparentemente al azar, sintiendo una presencia o que algo te está observando. Estas reacciones ocurren normalmente cuando hay un espejo en la habitación [ver: Experiencia aparicional: cuando sentimos que no estamos solos]

El ámbito cerrado de un dormitorio con uno o varios espejos, en medio de la noche, es muy similar a un ambiente utilizado frecuentemente en el ocultismo, llamado Psicomanteum.

El Psicomanteum es un espacio cerrado y pequeño donde se practica un método de comunicación con los espíritus de los muertos a través de un espejo. Para ello, se crea un ambiente a oscuras [idealmente de techos y paredes pintados de negro], y se coloca un espejo inclinado para que no refleje nada más que oscuridad a los ojos del observador. Acto seguido, el practicante debe guardar silencio y simplemente observar la superficie reflectante.

En teoría, el contexto del Psicomanteum [oscuridad, silencio, aislamiento de estímulos externos, y un espejo] produce increíbles impresiones visuales, auditivas y táctiles gracias a la pantalla de proyección que ofrece el espejo. El Psicomanteum es básicamente una versión moderna del Nekromanteion griego, un antiguo templo dedicado a Hades y Perséfone, deidades del inframundo en los mitos griegos, al cual los devotos acudían para comunicarse con sus antepasados fallecidos.

Podríamos decir que un dormitorio moderno, a oscuras, con un espejo y un sujeto en estado de relajación [semidormido] es una especie de Nekromanteion involuntario.

Los espejos son dispositivos fundamentales en el ocultismo. Hasta hace poco, la mayoría de los espejos estaban hechos de nitrato de plata [que también se utiliza para hacer agua bendita]. La plata, por supuesto, es el metal asociado a la luna; y ésta es un espejo simbólico que refleja la luz del sol. Existen muchos rituales básicos con espejos, pero todos aspiran a generar el mismo efecto que el Nekromanteion: intenta mirarte en un espejo con poca luz; la punta de la nariz o la frente, y observa el resto de tu rostro con tu visión periférica. Si no mueves los ojos después de un rato, tu rostro comienza a transformarse en todo tipo de cosas espeluznantes [ver: Si los ves, Ellos te ven]

El esoterismo considera que los espejos son portales y que pueden ser activados involuntariamente, por ejemplo, colocando un espejo frente a otro espejo. Ésa, en teoría, es la forma para que seres de otros planos entren y salgan de esta dimensión. Afortunadamente, en la tradición también existe una forma de bloquear los espejos enfrentados empleando marcas hechas con agua sobre la superficie reflectante. La señal de la cruz sobre un espejo, en teoría, es la manera más simple [ver: Experiencia invocando a «Bloody Mary»]

En algunas culturas, los espejos deben cubrirse en determinados momentos, particularmente cuando se produce un flujo de energía negativa y no se desea que sea absorbida y más tarde reflejada. El ejemplo típico es la muerte de una persona en la casa. En algunas tradiciones, si encuentras huellas de manos y dedos en un espejo [que no haya sido manipulado] se deben al espíritu de alguien que ha muerto allí [ver: Hay una entidad en mi habitación]

El ocultista Eliphas Levi concluyó que los espejos actúan como límites entre el mundo material y el espiritual. Pueden actuar como portales, pero están cerrados por defecto, y para abrirlos necesitas invitar a un espíritu para que pueda cruzar, pero el espejo en sí no es peligroso. Según la interpretación de Levi, no hay problema en dormir frente a un espejo siempre y cuando no abras esa puerta.

Mirarse a uno mismo [a los ojos] en el espejo durante un largo período de tiempo se siente, al comienzo, como una forma de meditación, pero no exactamente. Si esto se prolonga (superando los 15 minutos) definitivamente empezarás a sentir que te hundes dentro de tí mismo de alguna manera. Te sentirás introspectivo, como si estuvieras mirando dentro de tu propia alma. Es una gran técnica de autoexploración, el problema es que puede llevarte a explorar demasiado profundo. Eventualmente, empezarás a experimentar una sensación extraña, incómoda, como si no fueras tú mismo quien te está mirando desde el espejo.

La superstición de que tener un espejo en el dormitorio es algo negativo tiene bases bastante sólidas. Después de todo, el espejo es un artefacto [tecnológico] que produce comportamientos antropológicos únicos en el ser humano. Desde que los espejos comenzaron a usarse, como los de bronce u obsidiana, las personas se dieron cuenta de que estos dispositivos producían toda clase de experiencias anómalas. La mayoría de los oráculos [epifanías divinas] se hacían sobre una superficie reflectante [espejo, agua, bola de cristal, etc]. En última instancia, el espejo siempre fue considerado una puerta dentro de la realidad física ordinaria que se abre [o se cierra] sobre el mundo de los espíritus.

Encontrarte con tu reflejo en el espejo de tu dormitorio es como una experiencia en el Nekromanteion pero en miniatura. En un ambiente con un bajo nivel de iluminación, como una habitación durante la noche, la tarea de mirarse al espejo puede producir la ilusión fugaz de estar mirando un rostro extraño; aunque la mayoría de las veces se trata de deformaciones faciales que aún representaban la propia cara. Durante una experiencia buscada surgen otras posibilidades. Podrías ver [en tu propio reflejo] el rostro de tu padre [o madre, si eres mujer] con rasgos alterados, una persona desconocida con una identidad independiente; un anciano [o una anciana]; y en última instancia seres no humanos, como Gente Sombra, entidades oscuras y encapuchadas [ver: 5 tipos de Gente Sombra]

Los efectos extremos del Psicomanteum son similares a un breve trastorno de la personalidad. En cierto modo, el observador siente una desconexión con la imagen reflejada; es decir, puede experimentar su cuerpo pero percibir visualmente a alguien más en el espejo. Esto es acentuado en la observación prolongada, con su consecuente entumecimiento de las expresiones faciales hasta concluir en la experiencia de estar viento un rostro muerto, o el rostro de alguien más.

Por supuesto, tener un espejo en el dormitorio y verse fugazmente en él no es lo mismo que someterse a los procedimientos del Nekromanteion, pero esta sensación [subjetiva] de la distorsión temporal, incluso de la despersonalización de la imagen que nos devuelve el reflejo, puede estar presente y producirnos un tremendo sobresalto. Uno podría suponer que esto tiene alguna relación con la ansiedad, tal vez con un síntoma de dismorfia o descontento general con el propio aspecto, pero no es así en absoluto. Es más como una sensación de miedo a lo desconocido, como si mirarse en el espejo durante el tiempo suficiente pudiera revelar algo aterrador.

En el caso de los rituales, el espejo se utiliza como punto focal de la experiencia. La persona se mira fijamente en el espejo y, después de un período de tiempo, si el espíritu o la entidad invocada está dispuesta, se revelará en el reflejo. Esto es muy similar a la experiencia de mirarse en un espejo en medio de la noche y, al menos durante una fracción de segundo, sentir que alguien más nos está devolviendo la mirada. Como dice Jorge Luis Borges en su poema Los espejos:


Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro
paredes de la alcoba hay un espejo,
ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo
que arma en el alba un sigiloso teatro.




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


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