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La batalla que dio fin al siglo: H.P. Lovecraft, R.H. Barlow


La batalla que dio fin al siglo (The Battle That Ended the Century) es un relato de terror del escritor norteamericano H.P. Lovecraft, escrito en colaboración con R.H. Barlow, publicado en 1934.

La batalla que dio fin al siglo es, quizás, el cuento de H.P. Lovecraft menos popular, y uno de los últimos en ser reconocido como propiedad del hombre de Providence, ya que fue compuesto por encargo en uno de los tantos trabajos de H.P. Lovecraft como escritor fantasma.

De todos modos, los artificios de H.P. Lovecraft quedan prolijamente expuestos tras la lectura de unos pocos párrafos. El verdadero genio excede los anonimatos, y a menudo los pulveriza. Tal es el caso de este cuento fantástico, donde H.P. Lovecraft ironiza sobre su grupo de amigos escritores asignándoles un nombre y una personalidad acorde a sus relatos.


La batalla que dio fin al siglo.
The Battle That Ended the Century, H.P. Lovecraft (1890-1937) R.H. Barlow (1918-1951)

(Manuscrito encontrado en una máquina del tiempo)

Los miembros del llamado «Círculo de Lovecraft», principalmente compañeros de escritura, recibieron una copia impresa de este «capricho» a mediados de 1934. Muchos de ellos están humorísticamente caricaturizados en esta obra y, aunque Lovecraft negó solemnemente ser el autor, no cabe duda de que su mano participó de la escritura. «Es muy raro que un adulto serio quiera volver a sus inicios», le escribió a Duane W. Rimel el 10 de agosto del mismo año. «Yo… me he divertido con ello considerablemente. Si lo miras bien, verás que no me han dejado fuera: “Horse-Power Hateart” (“H.P.” Caballo de fuerza Odiarte) no puede tratarse de otro que yo mismo. Curiosamente, el único nombre sin deformar es el de Otis Adelbert Kline. No sé por qué todos están tergiversados menos el suyo, cuando sería muy fácil escribir algo como Oatmeal Addlepate Crime (Harinadeavena Cabezapodrida Crimen)». Sin embargo, las referencias se relacionan con conocimientos íntimos de Lovecraft: la pasión de R. E. Howard por la lucha y las descripciones de batallas de sus relatos, la larguísima «Saga de Sac Prairie» de August Derleth, sus propias correcciones de estilo, la estancia de Robert S. Carr en Rusia, la afición de Seabury Quinn a los funerarios de la región, y muchas otras.



En la víspera del año 2001, una gran multitud de especta dores interesados se hallaban presentes en las románticas ruinas del Garaje de Cohen, antiguo emplazamiento de Nueva York, para presenciar el encuentro pugilístico entre los dos renombrados campeones del firmamento de las historias extrañas:

Bob-Dos-Pistolas, el Terror de las Llanuras, y «K O.» Bernie, el Lobo Salvaje del Shokán Occidental.

Antes de la batalla, el venerable lama tibetano Bill Lum Li consultó los augurios invocando al Dios Serpiente primigenio de Valusia, y encontró signos inequívocos de victoria para ambos bandos.

Wladislaw Brenryk vendía distraídamente buñuelos de crema. Los participantes serían atendidos por los cirujanos oficiales, doctores D. H. «Asesino» y M. «Cervecero» Gin.

El gong sonó a las 39 en punto, e inmediatamente después el aire se volvió rojo a causa de los despojos de la batalla, generosamente arrojados por el poderoso «Carnicero de Tejas». Muy poco después se produjo la primera herida: la pérdida de varios dientes en ambos participantes. Uno de aquellos, arrojado fuera de la boca del Lobo tras un golpecito cariñoso por parte de Dos-Pistolas, describió una parábola hacia Yucatán, siendo recuperado en una rápida expedición por los señores A. Barrilsecuestrado y G. A. Escocia. El eminente sociólogo y ex poeta Frank Campasueños Jr. «El Corto» usó este incidente como base para una balada de propaganda proletaria con tres líneas voluntariamente incompletas. Mientras tanto, un potentado de un reino vecino, el «Efje de Akkamin« (también conocido por sí mismo como crítico aficionado), expresó su frenética protesta ante la técnica empleada por los combatientes, a la vez que vendía fotos de éstos (con él mismo en segundo plano) a 5 centavos unidad.

En el segundo asalto, la derecha del «Borrachín del Shokán» atravesó las costillas del tejano y se enredó entre las vísceras, permitiendo así a Dos-Pistolas conectar varios golpes decisivos en la desprotegida barbilla de su oponente. Bob se enfadó mucho ante la delicadeza afeminada mostrada por algunos espectadores cuando músculos, glándulas, fluidos y trocitos de carne se desparramaron más allá del ring.

Durante este asalto, la eminente portadista señora Pifierna retrató a los combatientes como un par de espiritualizados desnudos tras un delgado velo de humo de tabaco, convenientemente ensortijado, mientras el difunto señor C.-Mediocentavo produjo un boceto de tres chinos, vestidos con quimonos y sombreros de seda (tal era su original concepción del encuentro). Entre los bosquejos de aficionados había uno hecho por el señor Goofy-Hooey, que más tarde obtuvo fama en una exposición cubista anual bajo el titulo «Abstracción de un Pudding Desarraigado.»

En el tercer asalto la lucha se hizo realmente cruda; varias orejas y otros apéndices fueron completa o parcialmente separados de la zona de combate por el «Golpeador de Shokán». Algo irritado Dos-Pistolas contestó con algunos golpes de excepcional potencia, arrancando varios fragmentos de su agresor, que continuó luchando con todos los miembros que le quedaban.

Todo el asunto fue anotado por W. Talco Lablache, y su original revisado por «H.-P.» (Caballodefuerza) Odiarte. Durante todo el encuentro, el señor Conde d’Erlette tomó notas para un ciclo novelado en doscientos volúmenes a la manera de Proust, que llevaría ilustraciones de la señora Pifierna. El señor Julio César «Verrugas» entrevistó con frecuencia a ambos batalladores y a los espectadores más importantes, y obtuvo como recuerdo (tras una terrible lucha con el «Efje») un cuarto de costilla de Dos-Pistolas, autografiado, en excelentes condiciones de conservación, y tres auténticas uñas del Lobo Salvaje. Los efectos de iluminación los proporcionó el Laboratorio Eléctrico Experimental, con la supervisión de H. «Freno» Kane. El cuarto asalto fue prorrogado durante ocho horas a petición del artista oficial del encuentro, H. Vagabundo, que deseaba añadir ciertos detalles de sombreado a su representación de la fisonomía del Lobo, la cual incluía ciertos detalles supernumerarios proporcionados por la imaginación del artista.

El clímax llegó en el quinto asalto, cuando un izquierdazo del «Arrancador Tejano» atravesó completamente la cara de Bernie «el Batallador» y dio por tierra con ambos luchadores. En este momento el árbitro (Robertieff Essovitch Karovsky, el Embajador Moscovita) declaró el final del encuentro ya que, en vista del estado del «Empapador Shokano», se le podía declarar como esencialmente liquidado de acuerdo a la ideología marxista. El Lobo Salvaje presentó una protesta oficial, que fue prontamente denegada, ya que todos los requisitos técnicamente necesarios para certificar la muerte estaban teóricamente presentes.

Las trompas entonaron una fanfarria triunfal en honor del vencedor, mientras el técnicamente derrotado era entregado al cuidado del enterrador oficial, señor «Granodeté» Membrillo. Durante las ceremonias, el supuesto cadáver salió a dar un paseo para comerse un bocadillo de mortadela, pero se le sustituyó por un elegante catafalco, que fue el centro de atención de los ritos. La procesión funeraria estuvo encabezada por un coche fúnebre elegantemente engalanado conducido por Malik Taus, el Sultán de los Pavos Reales, quien se sentaba en la cabina vestido con turbante y uniforme de West Point, y que dirigió una experimentada carrera sobre varios abismos y muros de piedra. A mitad de camino del cementerio, el cadáver se reunió con el cortejo y se sentó junto al Sultán en la cabina para acabar su emparedado de mortadela, ya que su gran barriga le hacía imposible entrar en él rápidamente seleccionado el ataúd. Un himno apropiado fue interpretado por el maestro «Canto» Lee Alborotoso: el famoso aria «Nunca escupas a una mosca» de las señoras De Silva, Brown y Handerson, sacado de la vieja cantata «Simplemente imagina», fue elegido para la ocasión. El único detalle omitido en el funeral fue el entierro, que fue interrumpido por las desconcertantes noticias de que el portero oficial (el famoso financiero Ivar K. Rodent, Esq.) había huido con toda la recaudación.

El informe del señor Talco sobre los acontecimientos, ilustrado por el famoso artista Klarkash-Ton (quien esotérica-mente representó a los luchadores como hongos sin huesos) se imprimió — tras múltiples rechazos por parte del exigente editor de «El Robabolsas de Ciudad Ventosa— como folleto, financiado por W. Peter «Chef». Dicho folleto, gracias a los esfuerzos de Odis Adelbert Kline, fue por último puesto a la venta en la librería «Embarradura y Llanto», hasta que al fin tres copias y media fueron vendidas gracias a la tentadora descripción para catálogo proporcionada por Samuel Filántropo, Esq.

Debido a la gran demanda, el texto fue finalmente reimpreso por el señor De Mérito en las policromas páginas del «Semanario Americano de Basura», bajo el título: « ¿Ha sido superada la ciencia? o Los Moradores del Garaje». Ninguna copia queda a la venta en estos momentos, ya que las que no fueron atrapadas por los bibliófilos fanáticos las requisó la policía debido a la acusación de calumnia presentada por Lobo Salvaje, quien, tras varias apelaciones que culminaron en el Tribunal Mundial, fue declarado no sólo oficialmente vivo, sino claro vencedor del combate.

H.P. Lovecraft (1890-1937)
R.H. Barlow (1918-1951)


Más relatos de H.P. Lovecraft. I Relatos de R.H. Barlow.


Más literatura gótica:
El resumen del cuento de H.P. Lovecraft y R.H. Barlow: La batalla que dio fin al siglo (The Battle That Ended the Century) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

jose manuel lagos ahumada dijo...

¡Por fin! me encanta este cuento, lo lei hace tiempo en un libro y no lo habia podido encontrar otra vez, gracias.