H.P. Lovecraft y Slavoj Žižek: filosofía de la ficción lovecraftiana


H.P. Lovecraft y Slavoj Žižek: filosofía de la ficción lovecraftiana.




La filosofía y la ficción no solo van de la mano, sino que ésta última a veces asume la forma de un ariete que perfora ideas y conceptos vetustos, e incluso descubre otros completamente nuevos en el proceso.

Ese rasgo vanguardista de la ficción casi nunca es reconocido, salvo como colorida referencia al pie de página. Para la filosofía, la ficción es intuitiva, no piensa la realidad para deconstruirla, sino para evadirla y, si tiene suerte, para hallar algún laberinto inexplorado que luego, bajo la luz de la razón, será prolijamente diseccionado.

Todos los relatos de H.P. Lovecraft, sin excepciones, se resumen a la jornada filosófica y metafísica por excelencia: un hombre más o menos ordinario descubre la realidad detrás de la realidad.

La primera realidad es el mundo en el que vivimos, nuestra realidad objetiva, poblada de asuntos sociales, burocráticos, sentimentales, que ocupan nuestras grandes preocupaciones. La segunda realidad es mucho más horrorosa que la primera.

Ahí viven los Monstruos.

Pero la cosa no termina ahí. Para H.P. Lovecraft, la segunda realidad es, digamos, más real que la primera. De hecho, toda nuestra realidad objetiva está construida bajo la premisa de ocultar ese horror primordial que nos acecha desde un universo mucho más amplio.

El protagonista no pasa de una realidad racional a otra inconcebible, sino a la verdadera realidad, que por ser tan real se torna inconcebible.

En los cuentos de H.P. Lovecraft, aquellos desafortunados que entran en contacto con esa segunda realidad pierden la cordura, como mínimo, o mueren, en el peor de los casos. Nunca hay vuelta atrás hacia la primera realidad en la cual estudiamos, trabajamos, amamos, y organizamos nuestras vidas de acuerdo a creencias más o menos rígidas.

La segunda realidad —donde viven los Monstruos— es intolerable. De ahí que H.P. Lovecraft utilice una enorme cantidad de términos para explicar por qué sus horrores son indescriptibles.

Después de todo, ¿cómo podrían describirse, si corresponden a una dimensión mucho más amplia y compleja que la nuestra? El lenguaje fue construido para transmitir objetos, ideas, cifras y abstracciones de nuestra realidad, no de la verdadera realidad.

Todo esto se ajusta perfectamente a los conceptos propuestos por el Slavoj Žižek en el libro: El sublime objeto de la ideología (The Sublime Object of Ideology), de 1989, donde el filósofo propone una triple división entre la Realidad y lo Real.

Slavoj Žižek identifica la Realidad —definida como lo Real Simbólico— con una construcción puramente ideológica; siendo la ideología el verdadero y acaso único soporte de nuestra Realidad, ya que nos permite una vía de escape de los aspectos más traumáticos de la vida.

De esta forma, Slavoj Žižek reformula el concepto de lo Real propuesto por Jacques Lacán, expandiéndolo en tres nuevas categorías:


1- lo Real Simbólico.

2- lo Real Imaginario.

3- lo Real Real.


Esta división podría aplicarse para clasificar toda la ficción lovecraftiana. Ya veremos por qué.

Los protagonistas de los relatos de Lovecraft, aún aquellos pocos que aparentemente salen victoriosos, terminan en una completa e irreversible separación con la realidad objetiva.

Lo Real Simbólico es, básicamente, la realidad en la que el personaje cree vivir. En esencia, es la misma realidad objetiva en la que todos creemos que habitamos. Nuestro mundo, nuestra sociedad, nuestras leyes físicas. El universo tal cual lo conocemos.

En cierto momento del relato, el protagonista de H.P. Lovecraft atraviesa una etapa en la que la realidad objetiva (lo Real Simbólico) empieza a tambalearse.

Aparecen grietas, incongruencias, cosas que no deberían existir, a veces a través de los sueños —Ciclo Onírico (Dream Cycle)—, otras mediante el estudio de libros prohibidos (Mitos de Cthulhu), como el Necronomicón, el De Vermis Mysteriis, entre otros, o bien a propósito del ingreso en lugares malditos: casas embrujadas, sobre todo, pero también geografías y arquitecturas que funcionan como una especie de portal interdimensional hacia el otro lado.

En este punto todavía existe la posibilidad de echarse atrás. Lo Real Imaginario es apenas un umbral que nos permite echar un vistazo a los horrores preternaturales del cosmos, pero solo eso. Uno puede cerrar el Necronomicón y olvidarse de todo el asunto... o bien seguir leyendo.

Todo eso sintetiza la irrupción del Real Imaginario, que primero agrieta a la Realidad Objetiva (lo Real Simbólico) en la que nosotros y el protagonista vivimos, y finalmente la colapsa.

Entonces descubrimos la verdad: la Realidad Objetiva es simplemente una construcción que nos permite vivir dentro de un universo mucho más hostil de lo que creíamos. Cuando el Real Imaginario irrumpe en nuestra vida, abre una puerta hacia esa segunda realidad, en términos de Lovecraft, o hacia lo Real Real, en la filosofía de Slavoj Žižek.

Todos los personajes de H.P. Lovecraft sucumben ante esa otra realidad, precisamente porque, al igual que nosotros, provienen de un plano de pensamiento dominado por intereses, preocupaciones y creencias falsas respecto del universo y nuestro lugar dentro de él.

Abundan los relatos góticos en los que el protagonista se introduce en ese reino aterrador y luego sale victorioso, es decir, se reincorpora a la primera realidad. Si lo pensamos un poco esto resulta poco menos que absurdo. ¿Quién puede seguir asumiendo sus responsabilidades laborales, su vida diaria, después de haber conocido la verdadera realidad?

¿Acaso Mina y Jonathan Harker pudieron rehacer su vida burguesa tras haber matado a Drácula? Es decir, después de haber descubierto que la verdadera realidad también admite la presencia de criaturas como los vampiros. No lo sabemos. Bram Stoker nos evitó el disgusto de ver cómo la pareja se deterioraba.

En lo personal, me costaría mucho asumir compromisos banales como disfrutar de un partido de fútbol o desechar un par de medias viejas si realmente hubiese matado a un Monstruo. El tema me obsesionaría, cortaría mi relación con la Realidad Objetiva, con sus intereses y preocupaciones. Mi realidad sería otra, una realidad en la que los Monstruos existen; y ésta en la que vivo, donde el fútbol es divertido y las medias deben desecharse después de un tiempo, me resultaría inaccesible.

Porque no hay vuelta atrás.

Incluso podemos prescindir por completo de los Monstruos y admitir experiencias objetivas igualmente tétricas, como la guerra, el abuso, el maltrato. ¿Acaso las personas que han atravesado esas vicisitudes pueden reinsertarse fácilmente en la realidad objetiva que conocían hasta entonces? ¿El mundo no ha cambiado radicalmente para ellos, quizá de manera irreversible?

Es probable que, al menos en ciertos casos, haya esperanzas. El ser humano es extremadamente hábil para recubrir sus traumas, pero cuando cae la noche, ¿cuántas de esas personas pueden cerrar los ojos sin revivir los horrores que han atravesado?

En todo caso, la vuelta atrás es únicamente operativa. Nos permite funcionar y, en ocasiones, simular algún grado de normalidad para coexistir con aquellos que no han atravesado el velo negro de la realidad; pero ya nada puede ser igual. ¿Cómo podría serlo para los que SABEN que los Monstruos existen?

H.P. Lovecraft lo entendió mejor que ningún otro autor de su tiempo, y por eso no nos invita a un viaje turístico hacia un otro lado. Cruzar el portal tiene consecuencias, aún para los que regresan: la locura, es decir, la parcial o total separación del sujeto con la realidad objetiva que comparten la mayoría de las personas, o bien la muerte. No hay otras alternativas.

Aquí reside la matriz lovecraftiana, imitada hasta el hartazgo por ingeniosos profanadores, pero confundida en su fibra más íntima: el ingrato destino de los protagonistas de Lovecraft no es una realidad demasiado horrorosa, sino demasiado real.




Taller literario. I Más de H.P. Lovecraft.


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El artículo: H.P. Lovecraft y Slavoj Žižek: filosofía de la ficción lovecraftiana fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

4 comentarios:

Melmoth el errabundo dijo...

Magníficas y profundas reflexiones en un mundo cada vez más asentado en la primera realidad, o quizá ya ni eso, sino en una profunda amnesia colectiva. Lovecraft trajo algo realmente nuevo y atrevido: sacar a Dios del esquema y poner en su lugar el vacío cósmico. Luego, Woody Allen lo llevaría a la esfera humorística con algunos de sus personajes que se sienten, hacia la media noche angustiados por esa nada que es la vida.

Hace mucho tiempo que sigo este magistral blog. Enhorabuena por su alta calidad.

Saludos

Juanse Gutiérrez dijo...

Pienso que es de tus mejores artículos. Mi enhorabuena.

Anónimo dijo...

Gran artículo. Leyendo la última parte he recordado la serie "Sobrenatural". Los protagonistas entran en contacto con esa realidad real y nunca más pueden escapar de ella: 13 temporadas (habrían sobrado 12 para explorar ese concepto, pero bueno...) fantaseando con esa fuga y vuelta a una normalidad que no existe. Ellos se sienten arrastrados por su padre: preferirían haberse ahorrado los monstruos. Y cuando creen que tienen por fin su vida normal aburgesada, los monstruos reaparecen y lo desmoronan todo: aquí asistimos a esa ruptura psíquica constante que implica el no tener ya ninguna fuga posible. Son Mina y Jonathan regodeándose y sufriendo a causa de su descubrimientos: infinitos Dráculas los acechan.

Un saludo.

Raf dijo...

El contrafáctico a la realidad lovecraftiana serían los Bodhisattvas que vuelven al mundo de los humanos para enseñarles como alcanzar la iluminación.



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