El Necronomicón Astral: la conexión Lovecraft-Crowley


El Necronomicón Astral: la conexión Lovecraft-Crowley.




El ocultista británico Kenneth Grant plantea una hipótesis tan destabellada, tan irracional como interesante, la cual conecta a dos personalidades aparentemente disímiles: H.P. Lovecraft y Aleister Crowley.

En su libro de 1972: El renacimiento mágico (The Magical Revival), Kenneth Grant teoriza sobre una posibilidad inquietante: que el escritor norteamericano H.P. Lovecraft y el ocultista inglés Aleister Crowley se hayan referido a las mismas entidades monstruosas; el primero en sus conocidos relatos de terror —sobre todo los que pertenecen a los Mitos de Cthulhu—, y el segundo en distintos libros esotéricos.

El resultado de esta hipótesis, donde no faltan ingredientes escabrosos, apunta hacia la existencia real, y no apócrifa, de un libro prohibido: el Necronomicón (Por qué el Necronomicón no es un libro, sino tres).

Para comprender la conexión Lovecraft-Crowley, y sobre todo al autor de esta teoría, primero debemos retroceder en el tiempo.

Las experiencias sobrenaturales de Kenneth Grant comenzaron en 1939, durante la Segunda Guerra Mundial; época en la que recibió ciertos mensajes de una entidad no humana llamada S'lba. En 1944, ya a salvo de las vicisitudes de la guerra, Kenneth Grant, de veinte años de edad, conoció a Aleister Crowley, de sesenta y nueve; quien rápidamente se convirtió en su mentor. Despúes de todo, el propio Aleister Crowley había tenido experiencias similares en el pasado con una entidad llamada Aiwass (ver: Aiwass: el ángel de Aleister Crowley)

Según lo afirma en el libro: Aleister Crowley y el dios oculto (Aleister Crowley and the Hidden God), Kenneth Grant obtuvo de su vínculo con Aleister Crowley el conocimiento de una fe antiquísima, tan antigua como la humanidad, si no más; asimilando además una sensibilidad que supuestamente le permitía entrar en contacto directo y discrecional con seres interdimensionales.

Tras la inoportuna muerte de Aleister Crowley, Kenneth Grant se convirtió en la cabeza de una orden esotérica: la Orden Tifoniana, uno de cuyos principales referentes era nada menos que el maestro de Providence (ver: La Orden Tifoniana y su profeta: H.P. Lovecraft).

Habiendo conocido en persona a Aleister Crowley, aunque no así a Lovecraft, Kenneth Grant comenzó a esbozar una idea que iría ganando terreno en su círculo de adeptos: que Aleister Crowley, un hombre que vivía abiertamente su creencia en criaturas preternaturales, era en realidad el extremo opuesto de un mismo principio, en este caso, narrativo, soñado por H.P. Lovecraft.

La conexión Lovecraft-Crowley insinúa que ambos personajes se aproximaron a los mismos principios universales, las mismas criaturas amorfas, las mismas arquitecturas demenciales, sólo que eligieron caminos distintos para llevarlas al plano de la realidad. El primero escribió sobre ellas dentro de un esquema esotérico, mientras que el segundo tradujo esas visiones en obras de ficción (ver: Cosmicismo: la filosofía del horror cósmico).

Lo cierto es que la conexión Crowley-Lovecraft es de naturaleza conceptual, ya que no se conocieron personalmente; aunque ambos estaban familiarizados con la obra del otro; y más aun, ambos salieron con la misma mujer: Sonia Greene (ver: Lovecraft y Sonia Greene: una historia de amor).

En todo caso, Kenneth Grant sostiene que Lovecraft y Crowley no solo se refirieron a las mismas fuerzas oscuras, sino al mismo libro cósmico donde están registradas, con total crudeza, las realidades, mundos, civilizaciones y criaturas que hierven en el universo desde que éste emergió de la noche primigenia.

A este libro, similar en su concepción a los Registros Akásikos, se lo conoce como: Necronomicón Astral (The Astral Necronomicon).

Existen dos formas de acceder a ese saber prohibido: mediante la meditación profunda —el método Crowley— o a través de los sueños —el método Lovecraft—.

Debido a su constitución racional, Lovecraft probablemente se habría escandalizado frente a esta teoría, aunque en el terreno práctico no hubiese tenido más que admitir que el origen de sus Mitos de Cthulhu son nétamente oníricos (ver: Lovecraft y el culto secreto de los Antiguos).

La idea de que cada hebra del universo vibra en todos los átomos, y que su historia puede rastrearse tanto en una mota de polvo como en las células epidérmicas que se renuevan por millones cada día, no es nueva, e incluye a hombres de la talla de Emanuel Swedenborg y William Blake.

La constitución física del hombre, pensada únicamente para desarrollarse en la Tierra, también puede acceder a esa Totalidad al silenciar su conciencia, ya sea a través de la meditación o de los sueños, abriéndose con nuevos sentidos a una impresión indeleble que habita incluso dentro de él mismo.

El poeta traerá esas visiones a su realidad y las imprimirá en su obra mediante imágenes que, a simple vista, parecen irracionales, imposibles, que repugnan a la razón, pero que bajo ciertos estados emocionales pueden penetrar en nosotros como un viento frío que sacude los postigos o el lamento de un perro en la distancia, es decir, cosas y sonidos naturales que repentinamente se tornan ominosos sin una razón aparente.

El mago, por su parte, llevará las visiones con un espanto aún mayor, ya que no las cree un producto de su imaginación subconsciente, sino como jirones de una realidad inabarcable para su intelecto, pugnando por adueñarse de su personalidad.

Los hechos: H.P. Lovecraft y Aleister Crowley escribieron esencialmente sobre lo mismo pero intepretaron ese conocimiento de forma opuesta. Más allá de esto, no es ilógico suponer que el Necronomicón Astral, de existir realmente, habría elegido a estas dos imaginaciones prodigiosas para manifestarse en nuestro plano.




H.P. Lovecraft. I Aleister Crowley.


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3 comentarios:

Unknown dijo...

Interesante

Anónimo dijo...

Donde puedo conseguirlo

Unknown dijo...

No creo que sea verosímil la hipótesis que citan de: "La conexión Crowley-Lovecraft es de naturaleza etérea, sutil, ya que no se conocieron personalmente; aunque ambos estaban familiarizados con la obra del otro." en efecto, nunca se conocieron y H.P. murió 10 años antes de Aleister. Cabe destacar también, como curiosidad, que Lovecraft nunca publicó un libro en vida, siempre envió pequeños relatos a periódicos y revistas y fueron necesarios casi treinta años después de su muerte para que se empezara a reconocer la obra de Lovecraft y se publicaran libros con sus obras. Esto fue posible gracias a un grupo de escritores a los que ayudó Howard, un grupo llamado "El círculo de Lovecraft". Gracias a sus seguidores, sus obras han llegado hasta nuestros días.



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