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Registros Akásicos: la base de datos del universo

Los Registros Akásicos —también llamados Registros Akáshicos— pueden entenderse como una especie de memoria cósmica, de archivo o base de datos universal que registra todo cuando ha ocurrido desde el inicio de los tiempos.

La información contenida en los Registros Akásicos se imprime directamente sobre una sustancia sutil llamada Akasa, "éter", en sánscrito; a la que podemos acceder mediante ciertos estados de meditación e incluso a través de los sueños, particularmente de los sueños lúcidos.

La primera investigadora en describir las cualidades y características de los Registros Akásicos fue Annie Besant (1847-1933)—autora de: Formas de pensamiento (Thought Forms), La sabiduría antigua (The Ancient Wisdom) y Química oculta (Occult Chemistry)—, basándose en antiguas tradiciones del Tibet.

Ya en 1913 el británico C.W. Leadbeater (1854-1934) examinó de cerca la hipótesis de Annie Besant en su libro: El plano astral: escenario, habitantes y fenómenos (The Astral Plane: Its Scenery, Inhabitants And Phenomena), donde relata sus propias experiencias estudiando los Registros Akásicos durante 1910. Entre otros prodigios históricos logró rescatar la supuesta historia de los continentes perdidos de la Atlántida, Lemuria y Rutas.

Las formas de acceder a los Registros Akásicos no son simples. El método tradicional es el chamanismo, aunque se admiten otras posibilidades más accesibles, como la proyección astral, los sueños lúcidos y las experiencias extracorporales.

Una vez dentro de los Registros Akásicos la cuestión se torna aún más compleja. Los que han experimentado con proyecciones astrales sostienen que es prácticamente imposible sostener la voluntad necesaria para investigar un sitio preciso de los Registros Akásicos, barridos por fuertes vientos astrales que confunden y extravían al viajero.

A continuación citamos un interesante informe sobre los Registros Akásicos extraído del libro de A.E. Powell: El Cuerpo Mental (The Mental Body).





Los Registros Akásicos.
The Akashik Records, Arthur E. Powell.

No sería completa la descripción del mundo mental si no incluyera la explicación de lo que se conoce como Registros Akásicos. Estos constituyen la única historia digna de confianza del mundo; con frecuencia se los llama Memoria de la Naturaleza, Verdaderos Registros Kármicos, o Libros de los Lipikas.

La palabra Akásico no es del todo exacta, porque, aunque tales registros se leen en el Akasha, o materia del mundo mental, no pertenecen realmente a dicho plano. Menos exacto aun es el nombre que se les, da a veces en la primitiva literatura sobre el tema, o sea, "Registros de Luz Astral"; por cuanto se encuentran mucho más allá del plano astral, y en éste sólo se encuentran fragmentos, como veremos luego. La palabra akásico es adecuada, únicamente, porque en el plano mental no ponemos, por primera vez, en contacto con tales Registros, y podemos trabajar con confianza con ellos.

El estudiante sabe ya que, a medida que la persona se desarrolla, su cuerpo causal, que determina los límites de su aura, aumenta en tamaño, lo mismo que en luminosidad y en pureza de color. Extendiendo ese concepto a un grado enormemente más elevado, llegamos a la idea de que el Logos Solar comprende dentro de Sí mismo nuestro entero sistema solar.

De manera que, todo cuanto ocurre dentro de nuestro sistema está comprendido en la conciencia del Logos. Vemos, pues, que el verdadero Registro es Su memoria.

Es igualmente claro que, en cualquier plano que tal memoria exista, ha de estar muy por encima de todo cuanto conocemos. En consecuencia, cualquier Registro, que seamos capaces de leer, ha de ser únicamente un reflejo del gran original, proyectado en el medio más denso de los planos inferiores.

En el plano astral, tal reflejo es extraordinariamente imperfecto. Lo que se puede ver allí es fragmentario en extremo y, con frecuencia, grandemente deformado. La analogía del agua que tantas veces se emplea como símbolo del mundo astral, es muy adecuada en este caso. Un reflejo claro en agua tranquila es, en el mejor de los casos, nada más que un reflejo, el cual nos presenta, en dos dimensiones, objetos de tres, mostrándonos únicamente el delineamiento y el color de los mismos. Además, los objetos aparecen invertidos: Si la superficie del agua está rizada, el reflejo aparece quebrado y deformado, hasta quedar inútil y aún engañoso como guía para discernir la verdadera forma y apariencia de los objetos reflejados.

Ahora bien, en el plano astral no puede haber nada que se acerque a lo equivalente de una superficie tranquila; por el contrario, tenemos allí un movimiento sorprendentemente rápido; por lo tanto, no podemos esperar un reflejo claro y preciso. Por esta razón, el clarividente, cuya visión esté limitada al astral, no puede tener confianza en ninguno de los cuadros que se le presenten; pues no son ni exactos ni perfectos. Puede que alguna porción de ellos lo sea, pero no tiene manera de saberlo. Mediante largo y cuidadoso entrenamiento, quizás, aprenda a distinguir entre las impresiones dignas de confianza y las que no lo son, y construir con reflejos fragmentarios la imagen del objeto reflejado. Usualmente, sin embargo, antes de que haya conseguido salvar esta dificultad, habrá desarrollado la visión mental, que hace innecesario tal trabajo.

En el plano mental, las condiciones son muy diferentes. En éste, los Registros son completos y exactos; además los errores, al leerlos, son imposibles. Esto quiere decir que, los clarividentes que utilicen la visión mental y examinen un cierto Registro, verán todos el mismo reflejo precisamente, y cada uno obtendrá una impresión correcta de tal lectura.

Con las facultades del cuerpo causal, la tarea de leer los Registros es, todavía, más fácil. En efecto, al parecer, para la lectura perfecta (hasta donde ella es posible en el plano mental) el Ego ha de estar completamente despierto, a fin de que pueda utilizar la materia atómica del plano mental.

Es bien sabido que si varias personas presencian un determinado suceso en el plano físico, sus relatos, más tarde, variarán considerablemente.

Esto se debe a observación deficiente; pues, con frecuencia, cada uno ve únicamente aquellos detalles que más le atraen. Sin embargo, esta ecuación personal no afectará, apreciablemente, las impresiones recibidas por observación en el plano mental, por cuanto, cada observador captará, completamente, el entero asunto; por lo tanto, le es imposible ver las partes fuera de la debida proporción.

En cambio, pueden ocurrir errores al transferir las impresiones recibidas a los planos inferiores. La razón para esto es que se mezclan las impresiones de carácter personal con las resultantes de la observación, a causa de la dificultad, o más bien dicho, imposibilidad de efectuar la transferencia perfecta de estas últimas.

En el orden natural, únicamente una pequeña fracción de las experiencias del plano mental se puede expresar en palabra física. De consiguiente, como toda expresión ha de ser parcial, uno puede elegir la parte que va a expresar. Por esta razón, en las investigaciones clarividentes de los dirigentes teósofos, se procura comprobarlas por más de un investigador, antes de publicarlas.

Aparte de la ecuación personal, están las dificultades inherentes a transferir impresiones de los planos superiores a los inferiores. A fin de comprender esto, nos será útil la analogía con el arte de la pintura. El pintor ha de tratar de reproducir un objeto de tres dimensiones sobre una superficie plana, que no tiene más que dos. El cuadro más perfecto está, en realidad, muy lejos de ser una reproducción de la escena que representa, puesto que, difícilmente, habrá en él una sola línea o ángulo igual a los del objeto copiado: El cuadro es, simplemente, un ingenioso intento para producir, en uno solo de los sentidos, por medio de líneas y colores, sobre una superficie plana, una impresión similar a la que la escena reproducida nos causaría. No nos dice nada, salvo por sugestión, la cual depende de nuestra experiencia anterior con respecto, por ejemplo, al bramido del mar, al perfume de las flores, al gusto de la fruta, la dureza o blandura de la superficie, etc. Mucho mayores son las dificultades con que tropieza el clarividente, al tratar de expresar, en lenguaje del plano físico, los fenómenos mentales; porque, como ya se dijo en otro capítulo, el mundo mental es de cinco dimensiones. La apariencia de los Registros Akásicos varía, hasta cierto punto, o de acuerdo con las condiciones bajo las cuales son examinados. En el plano astral, el reflejo es, usualmente, un simple cuadro; aunque a veces las figuras parecen estar dotadas de movimiento. En este caso, en vez de una mera instantánea, se produce un reflejo más prolongado y más perfecto.

En el plano mental, los Registros tienen dos aspectos ampliamente diferentes.

Primero: Si el observador no piensa, especialmente, en ellos, los Registros forman sólo un fondo a lo que está ocurriendo. Bajo tales condiciones, son, en realidad, meros reflejos de la incesante actividad de una gran conciencia que actúa en un plano mucho más elevado, y tienen la apariencia como la del cinematógrafo. La acción de las figuras reflejadas es constante; es como si estuviéramos observando los actores de un escenario distante.

Segundo: Si el observador competente dirige su atención a una escena determinada, como este plano es el del pensamiento sin entorpecimientos, tal escena aparece, instantáneamente, ante él. Así, por ejemplo, si desea ver el desembarco de Julio César en Bretaña, al instante se ve, no mirando el cuadro, sino en la costa entre los legionarios; la escena se desarrolla a su alrededor, exactamente, como la hubiera visto si hubiera estado allí, cuando ocurrió en el año 55 a. C. Los actores serían, naturalmente, inconscientes de su presencia, puesto que son sólo reflejos; el observador tampoco puede cambiar, en manera alguna, el desenvolvimiento de la escena; sin embargo, tiene el poder de regular la rapidez con que el drama se desarrollará ante él. De esta manera, puede hacer que los sucesos de un año pasen ante él en el-curso de una hora. Puede, también, detener el movimiento en cualquier momento, y mantener a la vista una escena particular todo el tiempo que quiera. En estas observaciones, no sólo ve todo lo que hubiera visto, físicamente, si hubiera estado presente, cuando los sucesos ocurrieron, sino que oye y entiende lo que la gente dice; además, es consciente de sus pensamientos y motivos.

Hay un caso especial en que el investigador puede entrar en contacto más íntimo con los Registros. Si está observando una escena en la que él mismo tomó parte, en una vida anterior, se le abren dos posibilidades:

1) Puede considerarla de la manera usual como simple espectador, aunque, como se indicó antes, un espectador cuya percepción y simpatía son perfectas.

2) Puede identificarse, una vez más, con la personalidad, muerta hace tiempo, y volver a experimentar los pensamientos y emociones de entonces. En efecto, recobra de la conciencia universal la porción con la cual estuvo asociado.

El estudiante se dará cuenta, sin dificultad, de las maravillosas posibilidades del hombre poseedor del poder de leer a voluntad los Registros Akásicos. Puede recorrer, a su comodidad, toda la historia, corrigiendo muchos errores y conceptos equivocados deslizados en la obra de los historiadores. Puede también, por ejemplo, observar los cambios geológicos producidos y los cataclismos que, muchas veces, han alterado la faz de la tierra.

Corrientemente, es posible determinar la fecha de cualquier Registro que se haya examinado; pero ello demanda considerable labor e ingenuidad. Hay muchas maneras de hacer esto: 1) El observador puede escudriñar la mente de alguna persona inteligente, que aparezca en el cuadro, y ver a qué fecha tal persona atribuye la escena. 2) Puede observar la fecha escrita en alguna carta o documento. Tan pronto como obtiene la fecha, sea de acuerdo con el sistema cronológico romano o griego, es mera cuestión de cálculo reducirla al sistema actual. 3) Puede dirigir su atención a algún Registro contemporáneo, la fecha del cual pueda averiguar fácilmente en fuentes históricas corrientes. En tiempos relativamente recientes, no hay, por lo común, gran dificultad para determinar fechas; pero, tratándose de tiempos antiguos, se han de emplear otros métodos.

Aun en el caso de que la fecha se pueda leer en la mente de alguien, actuando en el cuadro, puede presentarse la dificultad de relacionar el antiguo sistema de fechas con el de la época del observador. En tales casos, el observador puede hacer pasar los Registros ante él (lo que puede hacer a cualquier velocidad) y contar los años desde una fecha ya conocida.

En tales casos es, naturalmente, necesario formarse una idea aproximada, a base de la apariencia general de los alrededores o del período, para no tener que contar una serie de años muy larga. Cuando se trata de miles de años, el método anterior resultaría muy cansador y poco práctico. El observador, en este caso, puede establecer el punto, en los cielos, hacia el cual señalaba el eje de la tierra, y calcular la fecha, a base de datos conocidos con respecto a la rotación secundaria de la tierra y conocida como precesión de los equinoccios. En los Registros de tiempos muy primitivos de sucesos que ocurrieron hace millones de años, se puede utilizar como unidad; el período de la precesión de los equinoccios (aproximadamente 26.000 años) , En estos casos no se requiere exactitud absoluta; por tanto, tratándose de épocas muy remotas, la fecha en números redondos es suficiente para toda labor práctica.

La lectura correcta de los Registros sólo es posible después de una cuidadosa preparación. Como hemos visto, para poder leerlos debidamente, es necesaria la clarividencia mental. En efecto, para disminuir la posibilidad del error, la visión mental ha de ser completa, mientras el investigador está dispuesto en el plano físico. Para conseguir éste se requieren muchos años de labor y rígida disciplina. Además; como los verdaderos Registros se encuentran en un plano, al presente, fuera de nuestro alcance, para comprenderlos perfectamente se requieren facultades de orden mucho más elevado que las desarrolladas por la humanidad. Por lo tanto, nuestra comprensión del entero tema ha de ser, necesariamente, imperfecta; por cuanto lo consideramos desde abajo, en lugar de considerarlo desde arriba.

No se han de confundir los Registros Akásicos con las meras formas mentales, creadas por el hombre y existentes en tanta abundancia, tanto en el plano mental, como en el astral. Así, por ejemplo, como vimos en el Capítulo VIII, cualquiera gran suceso histórico, sobre el cual se ha pensado constantemente y del cual muchas personas tienen una imagen vívida, existe en el plano mental como forma de pensamiento preciso. Lo mismo se puede decir de los personajes del drama, de la novela, etc. Tales productos del pensamiento (con frecuencia inexacto e ignorante, nótese bien) se ven con más facilidad que los verdaderos Registros Akásicos; porque, como ya hemos dicho, leer éstos requiere preparación especial, mientrasque para ver formas mentales basta un simple vislumbre del plano mental.

En realidad, muchas visiones de santos, videntes, etc., no son verdaderos Registros Akásicos, sino meras formas mentales.

Otro método de leer los Registros Akásicos es la psicometría. Al parecer, existe una especie de afinidad o ligazón magnética entre la partícula de materia y el registro que contiene su historia. En efecto, toda partícula lleva en ella para siempre la impresión de todo cuanto ha ocurrido en su vecindad. Esta afinidad le permite actuar como una especie de conductor entre el Registro y las facultades de quien pueda leerlo. Normalmente, el clarividente no entrenado no puede leer los Registros sin un vínculo físico como el mencionado, que lo ponga en relación con el sujeto requerido.

Tal método de ejercitar la clarividencia es la psicometría. Si un fragmento de piedra, perteneciente a unas ruinas, se entrega a un .psicómetra, éste verá y podrá describir las ruinas y el país que las rodea; además verá, probablemente, algunas de las escenas con las cuales las ruinas están asociadas, tal como ceremonias druidas, por ejemplo.

Es muy probable que la memoria ordinaria sea otra expresión del mismo principio. Las escenas por las cuales pasamos, en el curso de nuestras vidas parecen actuar sobre las células del cerebro, estableciendo la conexión entre las células y la porción de los Registros con los cuales hemos estado relacionados; de manera que recordamos "lo que hemos visto".

También el clarividente experto necesita un vínculo que le permita encontrar el Registro de un suceso, del cual no tenga conocimiento previo.

Hay varios medios para hacer esto. Si ha visitado el lugar del suceso, puede evocar la imagen de ese lugar y luego recorrer los Registros hasta que llega el período deseado. Si no ha visto el lugar en cuestión, puede retroceder en tiempo a la fecha del suceso y luego buscar lo que quiere. Puede examinar los Registros del período, y no tendrá dificultad en identificar a alguna persona prominente vinculada al suceso; luego puede recorrer los registros de tal persona hasta encontrar el suceso que le interesa.

Vemos así, que el poder de leer la Memoria de la Naturaleza, lo poseen los hombres en muchos grados. Hay muy pocos clarividentes expertos capaces de consultar los Registros, a voluntad, por sí solos. El psicómetra necesita un objeto vinculado al pasado, a fin de ponerse en contacto con ese pasado. Hay personas que obtienen vislumbres espasmódicos ocasionales del pasado. Otros utilizan la bola de cristal romo telescopio astral, el cual es menos seguro, para contemplar alguna escena del pasado. Muchas de las manifestaciones inferiores de estos poderes se ejercitan inconscientemente.

Así muchos de los que usan la bola de cristal para observar escenas del pasado, no son capaces de distinguirlas de las visiones del presente. Otras personas, vagamente psíquicas, ven constantemente aparecer cuadros ante sus ojos, sin darse cuenta de que, en realidad, están psicometrizando los varios objetos que les rodean. Una variación de esta clase de psiquismo es el hombre capaz de psicometrizar sólo a personas, en vez de los objetos inanimados, que es lo corriente. En muchos casos, esta facultad se manifiesta erráticamente. Algunos psíquicos, ante un extraño, ven a veces un destello de algún suceso prominente en la vida del mismo. En otras ocasiones, no reciben impresión alguna especial. Más raramente, se encuentran personas que tienen visiones detalladas de la vida pasada de las personas con quien se encuentran. Uno de los mejores ejemplos de esta clase es, probablemente, Germán Zschokke, quien describe esta extraordinaria facultad, circunstancialmente, en su Autobiografía.

Aunque está fuera de los límites de este libro tratar del plano búdico, en este caso y para completar el tema será conveniente referirnos brevemente a los Registro, tal como existen en dicho plano. Lo que se llama Memoria de la Naturaleza, son los Registros en el plano búdico, pero son mucho más que lo que entendemos como memoria, en el sentido corriente de la palabra; porque, en dicho plano, tiempo y espacio dejan de ser limitaciones. El observador ya no necesita pasar revista a una serie de ocurrencias, sino que el pasado, el presente, lo mismo que el futuro, están ante él presentes simultáneamente. Se encuentra en lo que se llama el “Eterno Ahora”, por muy sin sentido que resulte esta frase en el plano físico.

Aunque el plano búdico se encuentra muy por debajo de la conciencia del Logos, los Registros en este plano no son meramente una memoria, porque todo cuanto ha ocurrido en el pasado, u ocurrirá en lo futuro, está ocurriendo ahora ante Sus ojos, exactamente, como las ocurrencias que llamamos el presente; por muy increíble que esto parezca es, sin embargo, verdad.

Aunque sólo sea parcialmente, quizás, una analogía sencilla y puramente física nos ayude a comprender cómo el pasado y el presente pueden ser visibles simultáneamente, aunque no el futuro.

Demos por aceptadas las siguientes dos premisas:

1) La luz física puede difundirse indefinidamente a su velocidad normal en el espacio y sin pérdida.

2) Que el Logos, siendo omnipresente, ha de encontrarse en todos los puntos del espacio, no sucesiva sino simultáneamente.

Aceptadas estas premisas se deduce, necesariamente, que todo cuanto ha ocurrido, desde el principio mismo del mundo, ha de tener lugar, en este preciso momento, ante los ojos del Logos, no como memoria de ella, sino como ocurrencia presente bajo Su observación. Además, por un simple movimiento de conciencia a través del espacio, el Logos será no sólo consciente, de manera continua, de todo suceso que haya ocurrido, sino también consciente de todo suceso que esté ocurriendo a cualquier velocidad que El decida, sea hacia adelante (según conocemos el tiempo) o hacia atrás.

Sin embargo, esta ilustración, según se indicó, no parece arrojar luz sobre el problema de ver en lo futuro, lo cual ha de quedar sin explicación aparte de consideraciones metafísicas, ateniéndonos a las declaraciones de quienes han sido capaces de ejercitar, en cierta medida, la facultad de ver las ocurrencias futuras.

Lo futuro no se puede ver con tanta claridad como el pasado, porque la facultad de ver lo futuro pertenece a un plano todavía más elevado.

Además, aunque es posible, en el plano mental, alguna medida de previsión, ésta no es perfecta, porque cuando la mano del hombre evolucionado toca la tela del destino, su potente voluntad puede introducir nuevos hilos y cambiar el modelo de la vida venidera. El curso del hombre no evolucionado ordinario, que carece de voluntad propia puede, a veces, verse claramente; pero cuando el Ego toma su futuro en sus propias manos es prácticamente imposible la previsión exacta.

El hombre, que puede utilizar su cuerpo átmico, puede ponerse en contacto con la Memoria Universal, más allá de los límites de la cadena a que pertenece.

En el Capítulo XII se mencionó una de las causas posibles de plagiarismo. Otra causa, que a veces ocurre, es que dos escritores ven el mismo Registro Akásico a un mismo tiempo. En este caso no sólo aparecen los dos como plagiarios, sino que cada uno de ellos cree ser el creador de un argumento, una situación, etc., cuando en realidad, ambos toman el material de la verdadera historia del mundo.


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