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Stephen LaBerge: libros de sueños lúcidos


Stephen LaBerge: libros de sueños lúcidos.




Stephen LaBerge es un investigador dedicado a la psicología y el estudio de los sueños. Los libros de Stephen LaBerge se encuentran entre los más prestigiosos en abordar el tema de los Sueños Lúcidos desde una perspectiva científica.

En esta sección iremos repasando todos los libros de Stephen LaBerge sobre sueños lúcidos.




Libros de Stephen LaBerge.




Libros prohibidos. I Libros extraños.


El artículo: Stephen LaBerge: libros de sueños lúcidos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

¿Qué pasa si morís en un sueño?


¿Qué pasa si morís en un sueño?




De todos los sueños posibles, hay uno capaz de perturbarnos mucho más que cualquier otro: soñar con nuestra muerte.

Al parecer, esto ocurre más a menudo de lo que pensamos. De hecho, hay investigadores que sostienen que cuando no recordamos un sueño, pero de todas formas sentimos que ha sido distinto a los demás, más inquietante, probablemente hayamos soñado con nuestra muerte.

En este sentido, las pesadillas que nos hacen despertar con un sobresalto serían aquellas en las que, literalmente, morimos en el sueño.

Los sueños de muerte, bajo cualquier máscara que ésta decida asumir, son francamente aterradores. Lo más habitual, sin embargo, no es soñar con nuestra propia muerte, sino soñar con alguien que está muerto, por ejemplo, o bien soñar con la Muerte en persona, a menudo enmascarada pero en ocasiones fielmente representada con su hábito tradicional, o incluso soñar con matar a alguien.

Es curioso que, frente a cualquiera de estas representaciones oníricas, no pensemos que realmente puedan manifestarse en la realidad. Es decir, si soñamos con un demonio o un monstruo que nos persigue, difícilmente creamos que algo así puede ocurrir en la vigilia. No obstante, si soñamos con morir, es posible que, al despertar, el sujeto sienta que quizá su fin no está demasiado lejos.

Lo cierto es que los sueños en los que morimos no son sueños premonitorios.

Ahora bien, para entender los sueños de muerte es importante establecer que la muerte, en sueños, siempre representa un cambio, una transformación. Estos sueños suelen tener lugar en etapas agitadas de la vida, ya sea en términos laborales, familiares, sentimentales o espirituales.

En este sentido, la muerte simboliza el cambio, es decir, algo que ha muerto, que está en el pasado, y que nos obliga a seguir adelante.

No necesariamente indica un cambio negativo, o mejor dicho, un cambio que podría producirnos algún grado de tristeza, como puede serlo una separación o un divorcio; sino también cambios claramente positivos; como la obtención de un mejor trabajo o una mudanza a un lugar más grande y cómodo.

En ambos casos, los grandes cambios en la vida suele producir sueños de muerte.

Dicho esto, es importante aclarar que no todos los sueños de muerte son iguales.

Lo más habitual es soñar con un accidente o tener un sueño de caída libre, por ejemplo; pero también puede ocurrir que alguien más, visible o no, nos mate en el sueño, desde luego, simbólicamente.

Tampoco es extraño que, en el sueño, asistamos a nuestro propio entierro, o que alguien más —que de hecho está muerto realmente— nos informe que hemos fallecido.

En resumen: morir en un sueño, en cualquiera de sus formatos, significa que una parte tuya ha muerto.

Y aquello que ha muerto, es decir, que ha terminado en el plano objetivo, generalmente tiene relación con las etapas de transición de las que hablábamos anteriormente.

De ahí que sea tan importante identificar las circunstancias en las que se muere en el sueño para entender de qué se trata; es decir, para comprender qué aspecto, hábito o situación ha muerto, metafóricamente, en la vida real.

Claro que los sueños no siempre ocurren en el momento exacto de esas transiciones, pero en líneas generales se puede afirmar que aquello que muere en sueños, es decir, aquello que se ve representado en una muerte, propia o ajena, ya no es parte de tu vida.

Nunca sabemos verdaderamente cuándo empiezan y terminan nuestros sueños, pero sí sabemos que los sueños de muerte suceden cuando los cambios que han afectado nuestra vida ya han sido asumidos por el inconsciente. La muerte real de un ser querido, por ejemplo, o una ruptura sentimental, rara vez producen este tipo de sueños antes de que tales pérdidas hayan sido asumidas como algo irreversible.

Desde ya que resulta difícil formular estas interpretaciones inmediatamente después de tener un sueño en el que hemos muerto, o cuyos hechos sean especialmente perturbadores, como el fallecimiento de alguien joven. Pero lo cierto es que, tomando como referencia este último ejemplo, esa es la forma en la que nuestros sueños reflejan la muerte de nuestra inmadurez, entre un sinfín de ejemplos más.

También es justo decir que el proceso puede transcurrir de forma inversa, es decir, cuando algo parece lógico en sueños, hasta que despertamos. Recién entonces advertimos que nuestra propia muerte, en realidad, conforma una situación mucho más aterradora de lo que parecía mientras soñábamos.

Algunos investigadores sostienen que este tipo de sueños de muerte son parte de nuestra herencia genética. De hecho, la muerte es algo que también sueñan los gatos, perros, y prácticamente todos los mamíferos sociales.

¿Por qué?

Por la misma razón por la cual los depredadores sueñan que cazan, y las presas —como el ser humano, en algún momento de su etapa evolutiva— sueñan que son perseguidos.

En síntesis: no hay muertos que se comuniquen en sueños desde el más allá para anunciar funestos designios, ni soñar con morir implica que vayamos a morir realmente; al menos no en lo inmediato.




Diccionario de sueños. I El lado oscuro de la psicología.


Más literatura gótica:
El artículo: ¿Qué pasa si morís en un sueño? fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Sueños que no son sueños: el pozo más profundo de tu subconsciente


Sueños que no son sueños: el pozo más profundo de tu subconsciente.




Los sueños dentro de otros sueños —y las pesadillas dentro de otras pesadillas— es un tema apasionante, sobre todo porque implica que, de algún modo, somos capaces de descender hacia los sustratos más profundos del subconsciente. Sin embargo, incluso el pozo más insondable debe terminar en alguna parte.

Muchos investigadores llaman a esta frontera Limbo, la cual se diferencia de todos los tipos de sueños, incluso de los sueños lúcidos y los sueños telepáticos, acaso los más sobrecogedores que somos capaces de recordar en la vigilia. En principio, podemos imaginar al Limbo como una especie de sótano —o de alcantarillas—, situado muy por debajo de todos los niveles del sueño.

En los planos superiores del sueño, todo, incluso lo más frívolo y casual, es una representación de algo más. En el Limbo ocurre todo lo contrario: se trata de un espacio en blanco, desnudo, crudo, una deconstrucción del símbolo y el significado, y donde ocurren cosas sumamente extrañas.

En síntesis: el Limbo es el no espacio en donde existe el subconsciente. No es un sueño, al menos no en términos formales, aunque se accede a él al soñar. Al carecer de limitaciones, es decir, de representaciones simbólicas, el soñador puede manifestar allí sus miedos y deseos más profundos de forma directa.

De ahí que visitar el Limbo pueda ser una experiencia extremadamente placentera o bien aterradora.

Así como no podemos saber cómo empiezan y terminan nuestros sueños realmente, nadie sabe con exactitud cómo se produce el ingreso al Limbo, ni por qué, aunque algunos conjeturan que se llega hasta él luego de descender a través de todos los sustratos o niveles del sueño.

Los escenarios del Limbo son, por lo general, variaciones de un mismo motivo que se repite con ligeras variaciones. Puede que nos encontremos dentro de una casa reducida a cenizas, luego de un incendio, o bien entre ruinas, como si esa estructura se hubiese derrumbado. A pesar de este contexto desolador, el sujeto suele sentirse cómodo, como si de hecho estuviese en un sitio familiar y seguro.

Algunos sostienen que aquellos que siempre sueñan con la misma persona, es decir, que tienen sueños recurrentes con alguien, habitualmente recogen esas experiencias en el Limbo, no en los niveles superiores del sueño.

Tampoco es infrecuente que este personaje recurrente sea alguien conocido por el sujeto, incluso un amigo o un familiar muerto que desea comunicarse en sueños, es decir, que manifieste la necesidad de transmitirnos un mensaje urgente que, por alguna razón, nunca llega a expresar en su totalidad.

Una de las mejores formas para identificar si realmente hemos estado en el Limbo, es decir, en lo más profundo del subconsciente, y no en un sueño, es analizando las sensaciones posteriores al despertar.

En general, todo parece normal en los sueños, hasta que despertamos. Recién entonces nos damos cuenta de que el hecho de volar, por ejemplo, o de ser perseguidos por un monstruo, son cuestiones lo suficientemente extrañas como para inducirnos la noción de que estamos soñando. Sin embargo, en el sueño asumimos estas cosas como algo perfectamente posible. Es al despertar cuando advertimos lo irreales que eran.

En el Limbo, por el contrario, nada parece anormal mientras estamos en él, y nada lo parece cuando despertamos. En otras palabras: lo sentimos como una experiencia real y objetiva, no como un sueño.

En este sentido, es lícito suponer que, si el Limbo es el nivel inferior de nuestra consciencia, la realidad objetiva debería ser su extremo opuesto. O quizás sea al revés, y el verdadero Limbo en el que todo parece normal y nada es real, es precisamente este plano.





Diccionario de sueños. I El lado oscuro de la psicología.


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Lloigor: parásitos del bajo astral que se alimentan de tu energía


Lloigor: parásitos del bajo astral que se alimentan de tu energía.




De todas las criaturas no humanas del plano astral, los Lloigor son, quizá, las que más frecuentemente pueden afectar al ser humano; de hecho, es muy probable que todos, al menos una vez en la vida, hayamos entrado en contacto con alguna de estas criaturas durante los sueños.

Indicios de que realmente hemos sido atacados por los Lloigor durante los sueños en el plano astral se ocultan en esa sensación de cansancio, incluso de agotamiento físico y mental, a pesar de haber dormido durante toda la noche, generando a su vez una jornada llena de automatismos, como si nunca nos hubiésemos despertado del todo.

Antes de continuar con el análisis de estos parásitos del bajo astral es importante hacer algunas aclaraciones.

Buena parte de la información que actualmente disponemos acerca de los Lloigor proviene del investigador C.W. Leadbeater; sin embargo, en ninguna de sus obras les asigna este nombre; o por tal caso, ningún nombre específico, de forma tal que para no referirnos a ellos de manera abstracta hemos elegido el término Lloigor, el cual, así lo creemos, resulta oportuno.

Estas entidades del bajo astral que C.W. Leadbeater examina con macabra minuciosidad, aunque sin asignarles un nombre propio, son prácticamente idénticas a los Lloigor, criaturas de los Mitos de Cthulhu, creadas por August Derleth en el relato: La guarida del engendro estelar (The Lair of the Star Spawn); y luego desarrolladas por Colin Wilson en: El regreso de los Lloigor (The Return of the Lloigor) y Los parásitos de la mente (The Mind Parasites).

Hechas las aclaraciones pertinentes respecto del origen de la palabra Lloigor, y por qué hemos resuelto aplicarla sobre los seres del bajo astral descritos por C.W. Leadbeater, regresemos al tema que nos interesa.

Los Lloigor se caracterizan por absorber la energía psíquica de los seres humanos dormidos. Primero, la criatura debe establecer un contacto parasitario con una persona dormida que, desde luego, además se encuentre soñando en el plano astral.

En este punto es importante aclarar que los Lloigor son similares, aunque no exactamente iguales, a los Tulpas o formas del pensamiento; debido a que ambos son esencialmente entidades no humanas.

Al parecer, los Lloigor pueden detectar fácilmente la presencia de un soñador en el plano astral, y luego adaptar su morfología para ajustarse a las formas de ese sueño en particular. En otras palabras, el Lloigor se convierte en un personaje más del sueño, que se percibe como algo hostil, un intruso, que induce al soñador a una frecuencia vibracional que le permite alimentarse de su energía psíquica y emocional.

Las consecuencias de haber sido atacado por una entidad del bajo astral durante los sueños son, en principio, fácilmente confundibles con un estado de cansancio general. El sujeto sentirá que no ha descansado en absoluto durante la noche, e incluso puede sentirse un tanto enfermo, falto de fuerza, como si su energía hubiese sido vaciada en vez de recargada al dormir.

Para muchos, estos extraños habitantes del plano astral también pueden generar un vínculo parasitario con sus víctimas por fuera del sueño, es decir, alimentándose de su energía mental estando despiertas.

La sensación que el sujeto experimenta en estos casos suele ser descrita como si pequeños insectos de ojos rojos, similares a arañas, reptaran por su piel, generando además una gran repulsión.

Por otro lado, el sujeto acaso podría sentir algo parecido a la cefalea, es decir, el dolor de cabeza, pero no exactamente como aquellos que suelen experimentarse debido a motivos banales.

En estos casos, la sensación es la de estar siendo vaciado, literalmente, de energía, como si una corriente de energía psíquica fluyera desde el centro de la frente hacia el abdomen o la boca del estómago; lugar físico en el que se establece el enlace parasitario.

Según algunos reportes de dudosa procedencia, los Lloigor alguna vez fueron criaturas del plano físico; algo que también coincide con la descripción que realizan los Mitos de Cthulhu respecto del origen de estos seres.

En cualquier caso, y debido al origen físico de los Lloigor, insistimos, actualmente recluidos al bajo astral, estos seres también serían capaces de manifestarse en nuestro plano a través de pequeños vórtices de energía psíquica, siempre y cuando primero logren establecer un contacto parasitario con un soñador.

Ahora bien, cuando los Lloigor consiguen de algún modo un flujo constante de energía para manifestarse en el plano físico, muchas veces adoptan una forma que se asemeja a la de los reptiles. No son completamente reptilianos, al menos no en términos formales, aunque sí comparten muchas características con estos seres.

Por ejemplo, tanto C.W. Leadbeater como el canon de los Mitos de Cthulhu sostienen que los Lloigor están vinculados con una antigua raza de dragones, metáfora un tanto exigua para una raza de humanoides reptilianos. Según los Mitos, estas criaturas proceden de la Galaxia de Andrómeda, y se establecieron en nuestro plano en un pasado remoto, más concretamente en el continente de Mu, donde emplearon a los humanos como fuerza de trabajo esclava.

En algún punto los Lloigor fueron derrotados por los seres humanos. En su retirada del plano físico, primero ocuparon antiguas estancias subterráneas, hasta que por fin evacuaron nuestro mundo y se establecieron, no sin sobresaltos, en el bajo astral.

Al parecer, actualmente los Lloigor no suponen una verdadera amenaza para la humanidad, aunque sí pueden llegar a alimentarse de la energía psíquica de ciertos humanos durante sus sueños; causando a su vez terrores nocturnos, sensación de cansancio al despertar, debilidad, pensamientos obsesivos, e incluso enfermedades de distinta índole.

La víctima de los Lloigor, cuya energía física y mental se encuentra desequilibrada, lentamente va recuperándose a lo largo del día, sintiéndose mucho mejor al atardecer, solo para volver a entrar en el ciclo parasitario cuando por fin logra conciliar el sueño, normalmente intranquilo.

Por lo general, el cuerpo astral del ser humano es lo suficientemente fuerte como para resistir el ataque de los Lloigor, pero cuando el vínculo parasitario logra establecerse, pueden ocurrir varias cosas:

La primera fase se resume a lo que hemos descrito anteriormente: cansancio físico, agotamiento mental, cuya mayor intensidad coincide con las primeras horas tras el despertar.

Adicionalmente, el sujeto puede experimentar la sensación estar siendo observado, e incluso sentir presencias cuando está solo, frecuentemente de noche, ya acostado en la cama.

Del mismo modo, la segunda fase consiste en la sensación de que la energía psíquica fluye de algún modo desde la frente hacia la boca del estómago.

La tercera fase, sin dudas, es la más inquietante.

Esa energía que, al parecer, los Lloigor logran extraer de la psique de sus víctimas, haciéndolas fluir hacia el estómago, persigue el propósito macabro de gestar una especie de embrión, por cierto, microscópico, de sí mismo, el cual a su vez funciona de enlace entre cuerpo físico de la víctima y la propia consciencia del Lloigor, situada en el plano astral, garantizándose así un flujo continuo de energía.

Extraño, ciertamente, e inquietante, desde todo punto vista, pero en especial si tomamos en cuenta que este tipo de seres son descritos exactamente del mismo modo tanto por los que se han dedicado a investigar a las criaturas del plano astral como por aquellos que, como H.P. Lovecraft, han profundizado en esas realidades desde la ficción.




Fenómenos paranormales. I Parapsicología.


Más literatura gótica:
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Cómo saber si alguien soñó contigo


Cómo saber si alguien soñó contigo.




¿Es posible saber si alguien soñó contigo? La respuesta es... quizá; todo depende de cuál sea tu concepción acerca de los sueños.

Por ejemplo, todos conocen —o han vivido— algún caso en el que dos personas sueñan lo mismo. Este extraño fenómeno es conocido como sueño telepático.

Ahora bien, si entonces es posible que dos personas tengan el mismo sueño, nada parecería impedir que podamos saber si alguien soñó con nosotros.

En este sentido, los sueños deberían ser vistos como otro plano de existencia, un vínculo o lenguaje en común, en el que dos o más personas pueden comunicarse entre sí. Aunque suene descabellado, algunas de las mentes más brillantes de la psicología se ocuparon del tema; entre ellos, Marie-Louise von Franz, Carl Jung, e incluso Sigmund Freud.

Para saber si alguien soñó contigo no es necesario entrar en los sueños de la otra persona —aunque de hecho algunos investigadores sostienen que es posible hackear los sueños—, sino más bien estudiar y analizar tu propio material onírico para saber si efectivamente has tenido o no un sueño compartido, lo cual evidenciaría que esa otra persona ha soñado contigo.

Durante la primera etapa de sus investigaciones, Sigmund Freud sostuvo que el terreno de los sueños —así también como otros estados de conciencia, como los que se desprenden de la meditación— es extremadamente fértil para establecer una especie de comunicación telepática entre dos sujetos vinculados a nivel emocional. Dicho esto, si bien parece probable que dos personas pueden hablarse en sueños, menos sencillo es decodificar esa comunicación durante el estado de vigilia.

Al respecto, Sigmund Freud publicó en 1922 un ensayo titulado Sueños y telepatía (Traum und Telepathie), donde examina en profundidad esta posibilidad, aunque prescinde de cualquier explicación acerca de si es posible o no saber si alguien ha soñado con nosotros.

Más ligado a la parapsicologíaNandor Fodor concluyó que los sueños, o al menos sus sustratos más profundos y atávicos, son de hecho una frecuencia de comunicación, un pulso regular, si se quiere, el cual permite que nuestra consciencia se mueva libremente a través del espacio y el tiempo, llegando incluso a comunicarse con otras personas.

El que más y mejor se acercó a una explicación cabal acerca de si realmente podemos saber si alguien nos soñó fue Carl Jung, quien definió ese mecanismo de comunicación bajo el modelo de transferencia onírica.

Los sueños, para Carl Jung, son algo más que un subproducto del inconsciente individual. Algunos sueños, de hecho, se construyen en base a arquetipos; es decir, la lengua común del inconsciente colectivo.

Para entender este concepto podemos recurrir a la idea de un lenguaje universal, hecho de signos y símbolos arcanos, con los que todos soñamos regularmente para expresar las mismas preocupaciones; un lenguaje que todos, además, comprendemos a la perfección cuando estamos soñando. Según Carl Jung, éstos los símbolos primordiales pueden transmitirse telepáticamente.

Dicho de otro modo, tus sueños pueden proyectarse hacia otros soñadores, del mismo modo que los sueños de los demás también pueden transmitirse hacia de los tuyos.

En el caso de que esta teoría tenga algo de validez, tampoco nos permite saber si alguien nos soñó; especialmente cuando consideramos que los sueños compartidos, es decir, los sueños telepáticos, casi nunca influyen el argumento principal del sueño del receptor; por lo cual el paso de un intruso onírico puede pasar totalmente desapercibido.

Del mismo modo en el que no podemos saber como empiezan y terminan los sueños, tampoco nos es posible determinar con absoluta certeza la presencia de un intruso. En cualquier caso, la única forma de saber si alguien soñó contigo —desde luego, descartando la posibilidad de preguntárselo directamente— es a través de tus sueños.

De acuerdo a la teoría del origen telepático de los sueños, cada vez que soñamos con alguien que conocemos estamos estableciendo una comunicación con ella a nivel telepático. Y si bien la telepatía consiste esencialmente en un medio de emisión y recepción de pensamientos, es lógico deducir que ambos extremos, el emisor y el receptor, también intercambian paquetes de información en el proceso.

Esto significa que para saber si alguien soñó contigo primero deberías preguntarte si últimamente has soñado con esa persona.

La comunicación en sueños no siempre ocurre en términos bilaterales; es decir, cuando dos personas acceden voluntariamente, y a nivel subconsciente, a hablarse en sueños. Puede ocurrir que una de ellas sea un elemento invasor, e incluso hostil, capaz de crear y proyectar pesadillas a distancia. Normalmente esto detona otros mecanismos de defensa, haciendo que el soñador despierte súbitamente.

Estas son, básicamente, las pesadillas que nos hacen despertar, como si una alarma interna nos desconectara de repente del sueño.

En última instancia, todo parece lógico en sueños, hasta que despertamos. Recién entonces somos capaces de advertir lo extraño que fue hablar con una persona muerta, aunque dentro del sueño esto resultaba absolutamente natural.

Sin embargo, cuando alguien más sueña con nosotros su presencia puede aparecer dentro de nuestro sueño, y ésta siempre es percibida como una señal de que algo no anda del todo bien; como si estuviésemos en un sueño dentro de un sueño, en el caso de que el vínculo con esa otra persona esté basado en el afecto mutuo; o en una pesadilla dentro de otra pesadilla, si ese lazo está construido sobre los cimientos del rencor o del odio.

Cuando alguien conocido te persigue en sueños, te insulta, o intenta hacerte daño, puede ser una señal de este tipo de comunicación telepática que se torna repentinamente en una pesadilla.

Y más aún, cuando hablamos de sueños telepáticos en general se tratan de sueños lúcidos en los que ambos extremos se convierten alternativamente en emisores y receptores.

Tener un sueño recurrente con otra persona es una buena señal de que también ella ha soñado con nosotros.

También puede ocurrir que durante varias noches el sujeto sueñe con la misma persona, en diferentes contextos y situaciones, e incluso con alguien aparentemente desconocido pero que, al mismo tiempo, le parezca sumamente familiar, o que le recuerde a alguien, y luego estos sueños recurrentes desaparezcan tan rápidamente como aparecieron.

Por ese motivo es tan importante aprender a recordar nuestros sueños, ya que de ese modo nos familiarizamos más y más con los símbolos y signos arcanos que los pueblan, aprendiendo además a distinguir cuando alguien más se introduce en ellos.

Otro dato interesante para saber si alguien estuvo soñando contigo: este tipo de piezas oníricas carecen por completo de detalles circunstanciales. No podemos recordar el lugar, o el contexto, en el que se produjo el sueño, pero sí todo acerca de esa otra persona y lo que hemos hablado con ella.

Si esa persona que nos soñó cultiva por nosotros un afecto sincero, es probable que al despertar del sueño experimentemos sensaciones que van un poco más allá de lo agradable, y que esas emociones sean incluso más intensas y vívidas que las que podemos sentir estando despiertos.

En resumen, cuando alguien nos sueña también nosotros soñamos con esa persona, y ese sueño en común, compartido, se percibe como si no se tratara de un sueño en absoluto.

La diferencia, en cualquier caso, es extremadamente sutil, e incluso subjetiva, pero fácil de detectar a nivel emocional.




Diccionario de sueños. I El lado oscuro de la psicología.


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¿Qué quieren decir las personas que HABLAN DORMIDAS?


¿Qué quieren decir las personas que HABLAN DORMIDAS?




Es sumamente probable que alguna vez alguien te haya dicho que hablabas dormido. También es probable que esa mención te haya alarmado un poco. Por alguna razón, tendemos a creer que cuando hablamos dormidos en realidad estamos confesando aspectos de nuestras vidas que no nos hacen sentir particularmente orgullosos.

El acto de hablar dormidos —también conocido como noctilalia o somniloquia— es, como cualquier otro proceso asociado al sueño, algo misterioso. Se trata de un trastorno, pero que a todos nos ha ocurrido alguna vez en la vida; entendiendo por trastorno aquellas conductas que rompen con la dinámica habitual del sueño.

Lo verdaderamente interesante del tema no es saber si hablamos dormidos, ya que todas las personas, en algún punto de sus vidas, lo hacemos, sino determinar qué queremos decir en sueños, es decir, el significado del contenido verbal que se comunica estando dormido.

Claro que para saber hablamos en sueños es necesario que alguien más nos informe del suceso. El problema es que generalmente todos dormimos de noche, más o menos en los mismos horarios, con lo cual rara vez notamos que nuestra compañera o compañero está hablando dormido.

En estos casos, el oyente involuntario de nuestras peroratas nocturnas quizá se muestre confundido, o directamente absorto, acerca de lo que dijimos, muchas veces asignándole un valor y un significado que está completamente alejado de la realidad.

Para analizar qué quieren decir las personas que hablan dormidas debemos establecer dos tipos diferentes de somniloquia.

El primero ocurre durante la etapa del sueño no REM, y se conoce como DESPERTAR TRANSITORIO. En estos casos, la persona que habla en sueños pronuncia palabras o frases aparentemente inconexas entre sí, sin demasiado sentido, e incluso es difícil determinar qué palabras ha dicho en realidad.

Cuando el cerebro se encuentra en la transición de un sueño a otro, se produce este despertar transitorio. No estamos totalmente dormidos, sino que la transición entre sueños es interceptada por un fugaz instante de vigilia, lo cual tampoco significa que estemos completamente despiertos.

En esta especie de limbo, o de sueño transitorio, se activan algunos reflejos de la vigilia, lo cual nos permite hablar dormidos. El contenido, es decir, el significado de lo dicho en sueños, dependerá justamente de la naturaleza del sueño que se acaba de experimentar.

En estos casos es posible que el sujeto pueda responder preguntas estando dormido, o incluso entablar breves conversaciones que, para la persona despierta, resultarán algo desconcertantes. Sin embargo, si las preguntas que se le hacen requieren de cierto grado de complejidad, y sobre todo la activación de las áreas relacionadas con la memoria, lo más probable es que el sujeto despierte.

La segunda clase de somniloquia es, sin dudas, la más interesante.

Esta ocurre durante la fase de sueño REM —o MOR, en español: Movimiento Ocular Rápido—. En esta etapa, el cerebro trabaja de manera muy similar a cuando estamos despiertos, y por eso somos capaces de recordar los sueños que allí se desarrollan, justamente porque cuentan con un mayor grado de nitidez e intensidad.

No siempre hablamos dormidos en esta fase, sino únicamente en aquellos instantes en los que ocurre una ruptura del motor discursivo del sueño. En el caso anterior, hablamos dormidos en la transición de un sueño a otro, pero aquí el sujeto habla en medio de un sueño, probablemente en el momento de mayor tensión.

En los sueños que incluyen acciones y movimientos repentinos sucede algo conocido como AVANCE MOTOR; durante el cual podemos llegar a efectuar una réplica de esos movimientos mientras dormimos, lanzar patadas o incluso incorporarnos de la cama. En cambio, en los sueños en lo que predomina la palabra, ocurre un evento llamado AVANCE VERBAL, en el que se activan brevemente las áreas del cerebro que gobiernan las cuerdas vocales y la boca.

No solo es que en ese momento estamos hablando dormidos, sino que además estamos diciendo exactamente LO MISMO QUE EN EL SUEÑO.

Es decir que cuando alguien habla dormido en realidad se encuentra en una fase de superposición de estados de conciencia. Generalmente dura unos pocos instantes, apenas los suficientes como para pronunciar algunas palabras o frases sueltas que suelen dejar atónito al oyente circunstancial.

En resumen: el significado de lo que se dice al hablar dormido es imposible de descifrar para el oyente que sí está despierto. A lo sumo, podrá entender las palabras, pero no el significado.

Esto sucede porque al hablar dormidos repetimos en voz alta lo mismo que estamos diciendo dentro del sueño. Y lo que se dice en sueños solo tiene lógica dentro de ese contexto.

Aislado, el contenido verbal de los sueños siempre es extraño para la razón. Aún cuando le comentemos a esa persona lo que ha dicho dormida, no lo entenderá, precisamente porque el contenido verbal no tiene sentido fuera del sueño en el que fue pronunciado.

De manera tal que conviene ser indulgente con aquellas personas que, dormidas, le dicen te amo a otros; o que formulan confesiones capaces de sobresaltar al oyente más atildado.

Lo que se dice dormido es una copia de lo que se dice en sueños, y salvo que encontremos la forma de entrar en ese sueño, es decir, de tener un sueño compartido, los reproches hechos en la vigilia no se aplican sobre la jurisdicción onírica.




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Si la vida es sueño, ¿la muerte es el despertar?


Si la vida es sueño, ¿la muerte es el despertar?




Dejemos de lado la interpretación psicoanalítica de los sueños. ¿Qué nos queda?

Nuestra experiencia personal.

¿Y qué nos indica esa experiencia?

Que todos, absolutamente todos, compartimos algo sumamente inquietante en relación a los sueños:

Todo parece real cuando soñamos, no importa cuán extravagante sea el escenario o imposibles los personajes que lo pueblan: mientras soñamos vivimos esa realidad con absoluta normalidad, sin sentir en ningún momento que algo anda mal... hasta que despertamos.

Entonces, con cierto estupor, nos preguntamos por qué en ningún momento del sueño nos dimos cuenta de que claramente estábamos experimentando una situación absurda, ridícula, cuando no directamente imposible.

¿Por qué no nos dimos cuenta que estábamos soñando?

Alguien podrá decir que también existen los sueños lúcidos, es decir, sueños en los que el soñador se da cuenta de que está soñando, pero convengamos que esto es algo que ocurre con muy poca frecuencia.

Lo cierto es que vivimos la mayoría de nuestros sueños de manera totalmente realista, experimentado emociones de todo tipo, como placer, miedo o tristeza, con la misma intensidad que lo hacemos en esta realidad.

Por costumbre, quizás, nos gusta pensar que hay una sola realidad: ésta, en la que estamos despiertos, de la cual nos desconectamos unas horas al ir a dormir; siendo los sueños una especie de plano alternativo, una fantasía, que solo puede existir mientras estamos dormidos.

¿Pero acaso no podríamos decir lo mismo acerca de esta realidad?

¿Acaso la realidad en la que vivimos despiertos no es también un sueño dentro de otro sueño?

Pensemos lo siguiente:

De la misma forma en que, al despertar, dejamos atrás la realidad del sueño, y advertimos lo extraño, lo placentero o lo terrorífico que ha sido, ¿al morir no sentiremos lo mismo acerca de esta realidad?

Quiero decir: si la vida es sueño, ¿la muerte no sería el despertar?

Quizás al morir descubriremos que también esta realidad, en la que estamos despiertos, estuvo repleta de cuestiones absurdas, fuera de toda lógica, que no podíamos advertir precisamente porque estábamos inmersos en ella.

Porque de la misma forma en la que al soñar no podemos darnos cuenta que estamos soñando, cuando nos encontramos inmersos en la vida real tampoco podemos notar que algo raro ocurre.

No obstante, la similitud entre lo que sentimos en los sueños y nuestra realidad objetiva va todavía más lejos.

Como decíamos anteriormente, en ciertas ocasiones podemos darnos cuenta de que estamos soñando. No es frecuente, pero ocurre. Lo mismo sucede en la vida: en determinadas circunstancias, estando totalmente despiertos y en posesión de nuestras facultades cognitivas, sentimos que algo anda horriblemente mal con el mundo que nos rodea.

No podemos precisar exactamente qué es, pero existe. Está ahí, algo anda mal, espantosamente mal, pero la sensación es como un relámpago, un destello, que nos atraviesa durante un instante, y luego desaparece.

Todos hemos experimentado esta sensación de irrealidad, de absurdo, incluso de ridículo, en la vida real, como si algo no estuviese del todo bien. Estos breves episodios, como los deja vu, podrían ser análogos a las sensaciones de alguien que sueña y, de repente, entiende que está soñando.

Frente a esto puede suceder que el Yo que sueña sepa, de algún modo, que está soñando, durante ese instante fugaz pero arrebatador, y, sin embargo, decida continuar en el sueño.

Incluso puede ocurrir que seamos nosotros, los que sueñan, los que frente a un despertar momentáneo nos apresuremos a seguir durmiendo con la esperanza de regresar a ese sueño en particular.

No podemos acusar de cobarde a nuestro Yo soñador por desear seguir dentro del sueño. ¿Acaso nosotros no haríamos cualquier cosa, dentro de lo razonable, para continuar viviendo?

En resumen:

Al despertar abandonamos la realidad de los sueños, y recién entonces notamos que ésta era completamente irreal.

Y al morir, quizá, también nos demos cuenta de que esta realidad, que juzgamos objetiva, era tan irreal como la de los sueños.

Frente a esto surgen algunas inquietudes:

¿Qué le ocurre a nuestro Yo en el sueño cuando despertamos?

¿Desaparece por completo?

¿Es barrido hacia un estado de no existencia?

¿O bien es reabsorbido de vuelta por la consciencia que lo soñó?

¿Y qué ocurre con nuestro Yo en la vida real al morir? ¿Desapareceremos inevitablemente? ¿Seremos lanzados al olvido? ¿O también seremos reabsorbidos por un nivel de consciencia más alto?

Después de todo, quizá nuestra muerte sea simplemente el despertar de esa otra consciencia que nos ha estado soñando.

Tal vez esa consciencia sienta lo mismo que sentimos nosotros al despertar: que el sueño que acabamos de tener fue extremadamente raro e irreal.

Todos hemos soñado alguna vez con volar. La sensación es muy agradable, por cierto, y al despertar nos asombramos de que haya sido tan intensa; pero desde luego sabemos que fue solo un sueño, es decir, algo que no es real después de todo.

Quizás, después de morir, esa otra consciencia piense lo mismo acerca de nuestra realidad. Fue intensa, sin dudas, pero qué irreal aquello de tener un cuerpo físico, de caminar, de andar de un lado a otro con preocupaciones insensatas.

Si la vida es un sueño, una ilusión pasajera, una simulación muy convincente, entonces la muerte podría ser simplemente un despertar.

Y así como el Yo soñado no tiene idea de está siendo soñado, y mucho menos de que su propia realidad es, al menos, ilusoria, tampoco nosotros podemos advertir que estamos siendo soñados.

Tenemos miedo de morir, eso sí, ¿pero quién nos asegura de que el Yo soñado no sienta lo mismo?

De hecho, no podemos saber cómo empieza o termina un sueño; del mismo modo que no recordamos nuestro nacimiento y ciertamente no hay un mañana para recordar nuestra muerte.

Es probable que al morir, tras el despertar de esta realidad, de este sueño, un Yo mucho más consciente sienta exactamente lo mismo que sentimos nosotros cuando despertamos de un sueño. Dependiendo de lo agradable u horrible que haya sido, le dedicaremos algunos instantes de reflexión, y no mucho más.

O peor aún: así como muchas veces ni siquiera podemos recordar nuestros sueños, tal vez la consciencia que nos sueña no nos reserve ningún lugar privilegiado en su memoria.

Porque si la vida es sueño, y la muerte el despertar de esa consciencia que nos ha soñado, nada nos asegura que seremos recordados, ni siquiera como un mal sueño.

Vidas de excesos, de desbordes, acaso perseveren en la memoria del soñador como fatuos sueños eróticos. Vidas dramáticas, atravesadas por pérdidas y tragedias, tal vez se inscriban en un amplio catálogo de pesadillas. Pero las vidas grises, chatas, excesivamente estables, que dentro de este sueño de la realidad son la desabrida ambición de la mayoría, probablemente no merezcan permanecer en la memoria del soñador.

Para finalizar compartimos una versión infinitamente más elegante de estas reflexiones de la mano del poeta John KeatsSobre la muerte (On Death)—, quien se ocupó con auténtica maestría de la posibilidad de que nuestra realidad sea apenas un sueño, y la muerte, un despertar.



¿Puede la muerte dormir, cuando la vida no es más que un sueño,
y las escenas de la dicha pasan como un fantasma?
Los efímeros placeres se asemejan a visiones,
y aún creemos que el dolor más grande es morir.

Cuán extraño es que el hombre sobre la tierra deba errar,
y llevar una vida de tristeza, pero no abandone
su escabroso sendero, ni se atreva a contemplar solo
su destino funesto, que no es sino despertar.




Diccionario de sueños. I Lado oscuro de la psicología.


Más literatura gótica:
El artículo: Si la vida es sueño, ¿la muerte es el despertar? fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Por qué todo parece LÓGICO en tus sueños, HASTA QUE DESPERTÁS


Por qué todo parece LÓGICO en tus sueños, HASTA QUE DESPERTÁS.




Nada es ILÓGICO dentro de los sueños.

Podemos soñar con volar, con alguien que ha muerto, con ser perseguido por un monstruo, e incluso desafiar los límites del espacio-tiempo; todo eso y muchas cosas más podemos experimentar dentro de los sueños sin sentir en ningún momento que algo anda mal.

Recién cuando despertamos nos damos cuenta de lo completamente IRREAL que ha sido el sueño.

Al soñar aceptamos sin cuestionar nada de lo que sucede dentro del sueño, no importa cuán bizarros, lisérgicos o imposibles sean los hechos y situaciones que allí ocurren. ¿Por qué?

En cierta forma, el hecho de aceptar la realidad de los sueños se parece bastante a lo que sucede cuando miramos una película de terror o de ciencia ficción: aceptamos lo que ocurre (vampiros, máquinas del tiempo, zombis) y atravesamos la experiencia de acuerdo a la LÓGICA que plantea el argumento, por más que ésta contraste con la LÓGICA de nuestra realidad física.

Del mismo modo, hasta lo más IRRACIONAL que pueda suceder dentro de nuestros sueños también posee una cuota de, digamos, RACIONALIDAD.

Existen dos teorías principales acerca de por qué todo parece lógico en los sueños.

La primera de estas teorías tiene que ver con los estudios de Sigmund FreudLa interpretación de los sueños (Die Traumdeutung)—, quien sostuvo que los sueños son, en esencia, representaciones simbólicas del inconsciente, las cuales a su vez cumplen un rol fundamental en el proceso de sanación emocional del sujeto.

Para ayudarnos a resolver esos conflictos el soñador necesita creer que lo que está ocurriendo dentro del sueño es una experiencia real; es decir, que no está atravesando una situación ficticia, una representación, una puesta en escena, sino la realidad.

De acuerdo a Freud, sería el subconsciente quien nos obliga a creer la narrativa irracional de los sueños, entre otras cosas, reprimiendo el pensamiento crítico, de forma tal que podamos asumir lo IMPOSIBLE como perfectamente POSIBLE.

Por ejemplo: uno puede soñar con estar charlando acaloradamente con un monstruo, o bien compartiendo unos mates con un tío ya fallecido, sin sentir que algo anda mal; y esto es posible debido a que el subconsciente utiliza las imágenes del monstruo, o del tío fallecido, como representaciones o símbolos de nuestros conflictos.

Es por eso que las situaciones que pueblan nuestros sueños solo nos resultan ILÓGICAS cuando despertamos. Dentro de la realidad de los sueños, dentro de sus leyes, símbolos y arquetipos —de acuerdo a la visión de Carl Jung en: De la esencia de los sueños (Vom Wesen der Träume)— todo es perfectamente LÓGICO.

La otra teoría respecto de este tema rebaja a los sueños a simples adaptaciones de pésima calidad argumental.

Los defensores de esta teoría sostienen que los sueños son, en última instancia, el intento desesperado de nuestro subconsciente por traducir la actividad cerebral aleatoria que se produce al dormir.

En este sentido, el soñador no es más que un desaforado director de cine con un mal guión entre manos, o mejor dicho, con un guión que se reescribe de forma constante y aleatoria, dando como resultado una obra que no tiene demasiado sentido.

Aún con fallas argumentales, saltos en el tiempo y personajes totalmente desconcertantes, el soñador permanece dentro de la LÓGICA del sueño debido a que las áreas del cerebro relacionadas con la memoria se relajan al dormir, comprometiendo a su vez nuestra capacidad de comparar situaciones y clasificarlas como ILÓGICAS.

Es debido a este guión defectuoso, pero también a la privación del pensamiento crítico, que no podemos saber cómo empiezan o terminan nuestro sueños.

Es cierto que a veces despertamos de un sueño o de una pesadilla, pero ése no es necesariamente el final, del mismo modo que al salir del cine en medio de una película no podríamos decir esa última escena vista es como realmente termina la historia.

Para empeorar todavía más las cosas, al despertar nuestro cerebro reorganiza los hechos ocurridos en el sueño, que ahora nos parecen ILÓGICOS, dentro de una secuencia lo más LÓGICA posible, pero que quizá nada tiene que ver con el orden en el cual eran presentados en el sueño.

El investigador Jean Piaget, a su vez, plantea otra cuestión sumamente interesante.

Según sus estudios, algunos de los sueños más memorables y encantadores, así también como las pesadillas más aterradoras, nos ocurrieron durante la infancia. ¿Quién no es capaz de recordar un sueño particularmente agradable, u otro singularmente espantoso, durante esta etapa de la vida?

Piaget afirma que esto se debe a que nuestra aceptación de la realidad de los sueños cambia gradualmente con el correr de los años. Hasta los tres años de edad, aproximadamente, creemos que los sueños son reales, es decir, no podemos diferenciarlos de la realidad objetiva.

Los padres que tratan de tranquilizar a sus hijos pequeños, cuando estos despiertan de una pesadilla, diciéndoles que NADA FUE REAL, sencillamente no entienden que, para el niño, los SUEÑOS NO SON FICCIONES.

A partir de los tres años lentamente vamos entendiendo, generalmente por presiones externas, que los sueños son algo que solo ocurre en nuestra cabeza, y que no pueden influir en la realidad objetiva.

Del mismo modo, hasta los tres años de edad es muy fácil convencernos de la existencia de cosas tales como la magia, los duendes y los dragones, precisamente porque la fibra de la realidad objetiva es un terreno todavía incierto. Las fronteras entre lo POSIBLE y lo IMPOSIBLE todavía son difusas a esta edad.

Poco a poco, y a medida que vamos descubriendo el mundo que nos rodea, o mejor aún, a medida que la realidad nos va desencantando, la posibilidad de que existan dragones nos parece cada vez más remota; de la misma forma que los sueños lentamente se van transformando de experiencias reales en simples ficciones.

Es importante señalar que los recién nacidos experimentan, en promedio, unas ocho horas por día de sueño REM, es decir, pasan un tercio del día soñando. Esto significa que los sueños son, en muchos sentidos, nuestra PRIMERA REALIDAD, y probablemente la más natural de todas.

Al menos desde lo teórico, estas posibilidades pueden explicar por qué todo parece LÓGICO en tus sueños; en definitiva, al soñar no cuestionamos cómo podemos estar volando del mismo modo en que, ya despiertos, asumimos con estremecedora facilidad cuestiones tales como el tiempo.

De hecho, son las grandes abstracciones de la vida, y no los hechos de la realidad objetiva, los que nos resultan más fáciles de asimilar como verdades incuestionables: el universo podrá ser una ILUSIÓN, una sutil SIMULACIÓN desarrollada por inteligencias desabridas, pero el tiempo, ¡eso sí que existe!

Teniendo en cuenta estos asuntos, ¿por qué habríamos de exigirle a nuestro YO soñador una sagacidad que no poseemos al estar despiertos?

¿Con qué argumentos podríamos reclamarle que se de cuenta de que los monstruos no existen, que no podemos hablar con el tío difunto, si nosotros mismos, con los ojos bien abiertos, experimentamos la realidad sin cuestionar prácticamente nada?

Pero quizá después de morir, en cierta forma, un despertar hacia otro plano de la realidad, nos demos cuenta que también nuestra vida estuvo repleta de situaciones ILÓGICAS, absurdas, completamente irracionales, que día a día asumimos con mansa resignación.




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¿Soñar con alguien significa que ESA PERSONA NOS EXTRAÑA?


¿Soñar con alguien significa que ESA PERSONA NOS EXTRAÑA?




El tema de los sueños, además de ser apasionante, también es un terreno fértil para toda clase de interpretaciones y frases hechas. Hoy analizaremos una que muchos seguramente ya conocen, ya que pertenece a la sabiduría popular, la cual postula lo siguiente: soñar con alguien significa que esa persona nos extraña.

Existen varias teorías al respecto de los personajes que aparecen en el sueño, y cómo estos se relacionan con el soñador. Una de estas teorías pertenece nada menos que a Sigmund Freud, quien en 1922 publicó una obra poco conocida llamada: Sueños y telepatía (Traum und Telepathie), donde examina la posibilidad de los sueños telepáticos.

¿Soñar con una ex-pareja significa que esta nos extraña?

No necesariamente.

La teoría de los sueños de Sigmund FreudLa interpretación de los sueños (Die Traumdeutung)— sugiere que los sueños son, en definitiva, representaciones de DESEOS inconscientes. Debido a su naturaleza, digamos, subterránea, estos deseos no pueden ser expresados conscientemente mientras estamos despiertos, con lo cual solo tienen una vía para ascender hacia la superficie y realizarse de manera simbólica: los sueños.

Carl Jung, por otro lado, en su obra De la esencia de los sueños (Vom Wesen der Träume), analiza la hipótesis de que, bajo ciertas circunstancias, es posible comunicarse con alguien a través de los sueños.

Este tipo de comunicación ocurre de forma espontánea, aunque bajo los mismos fundamentos propuestos por Sigmund Freud: el DESEO.

Pensar en alguien no va a lograr que esa persona sueñe con nosotros, justamente porque se trata de un DESEO consciente, que logra expresarse a sí mismo durante la vigilia. En cualquier caso, para hacer que alguien sueñe contigo ese DESEO debe estar alimentado por una especie de tensión subterránea, a nivel psíquico. Si el inconsciente no aporta su caudal energía, no hay proyección onírica posible.

Soñar con alguien no significa que esa persona nos extrañe, al menos no necesariamente, ya que su aparición en el sueño podría proceder del DESEO inconsciente del propio soñador.

Sin embargo, hay otras conjeturas sumamente interesantes al respecto.

Muchos investigadores sostienen la hipótesis de que existen distintos planos de consciencia a los cuales podemos acceder a través de los sueños en el plano físico, etérico y astral.

De acuerdo a esta teoría, los primeros corresponden a nuestra psique, es decir, a nuestras preocupaciones y deseos reprimidos. Los segundos nos facilitan el acceso al inconsciente colectivo, por ejemplo, a través de los Sueños Lúcidos. Y los terceros, por su parte, nos permiten comunicarnos con otros soñadores; e incluso entrar en los sueños de otra persona.

Extrañar a alguien durante mucho tiempo, pero sobre todo REPRIMIR EL DESEO de volver a ver a esa persona, son el combustible para que este tipo de fenómenos ocurran.

Hace poco nos hacíamos la siguiente pregunta: si dos personas tienen el mismo sueño, ¿sigue siendo solo un sueño?. La respuesta, en parte, sería SÍ: sigue siendo un sueño, pero un sueño entendido como una experiencia que va más allá de los límites de nuestra psique.

Puede ocurrir que alguien a quien extrañamos mucho, o que nos extraña, aparezca en nuestros sueños, o bien que tengamos con ella un sueño compartido, es decir, cuando dos personas sueñan lo mismo. El fenómeno también puede llegar a manifestarse a través de los sueños recurrentes, básicamente cuando alguien sueña siempre con la misma persona.

Pero volviendo a la pregunta inicial: ¿soñar con alguien significa que esa persona nos extraña?, la respuesta debería ser NO, para determinados casos, y QUIZÁS, para otros. Todo depende de qué tipo de sueño sea, es decir, en qué plano se desarrolle.

En El hombre y sus símbolos (Man and His Symbols), Carl Jung acepta que buena parte de la interpretación de los sueños debe realizarse de acuerdo al análisis de los DESEOS REPRIMIDOS del soñador, pero también admite otras posibilidades.

Dejando de lado el Plano Mental y el Plano Astral —que en definitiva podrían explicarse a partir de la teoría de los arquetipos de Jung—, los sueños que noche a noche soñamos están construidos sobre una estructura que cuenta con dos niveles: el CONTENIDO MANIFIESTO y el CONTENIDO LATENTE.

El CONTENIDO MANIFIESTO consiste en las imágenes, sonidos y texturas que ocurren durante el sueño; es decir, todo aquello que vemos, oímos y tocamos al soñar.

El CONTENIDO LATENTE, por su parte, es el soporte que le da estructura al CONTENIDO MANIFIESTO; en otras palabras: el significado psicológico del sueño.

Podemos pensarlo como una especie de servidor en donde se aloja todo lo que aparece en el sueño de forma manifiesta.

Esto significa que alguien aparece en tus sueños debido a tu conexión emocional con esa persona. Si aparece dentro del CONTENIDO MANIFIESTO, es decir, bajo su aspecto físico normal, es mucho más fácil reconocerla. Pero también puede aparecer dentro del CONTENIDO LATENTE, o sea, de manera simbólica a través de otros personajes con los que comparte ciertas características menos reconocibles.

De hecho, podrías estar soñando con un amigo sin que éste aparezca de forma MANIFIESTA en el sueño, sino de manera LATENTE. Y estos son los sueños que más nos emocionan, los sueños que nos hacen llorar, y las pesadillas que nos hacen despertar de repente; es decir, las experiencias oníricas más intensas pero que luego resultan difíciles de entender al despertar.

Pero si aceptamos la posibilidad de que al soñar con alguien significa que esa persona nos extraña, ¿qué ocurre al soñar con alguien que está muerto?

¿Acaso los muertos se comunican a través de los sueños con nosotros?

Especulaciones al margen, lo cierto es que actualmente sabemos muy poco acerca de los sueños, tanto desde lo científico como desde una perspectiva subjetiva. ¡Ni siquiera podemos estar realmente seguros de cómo empiezan y terminan realmente nuestros sueños!

Sí disponemos de conjeturas, hipótesis de trabajo, teorías, que con el tiempo serán debidamente corroboradas o no.

De hecho, algunas corrientes especulan que las personas que aparecen en nuestros sueños nunca simbolizan aspectos externos de nuestra personalidad, es decir, a personas de la vida real con las cuales mantenemos un vínculo emocional y sentimental. Según esta visión, nuestros sueños son algo así como un mirada exclusiva acerca de nosotros mismos, sin espacio para representaciones secundarias.

De acuerdo a esta interpretación, soñar con alguien no significa que esa persona te extrañe; por el contrario. Todas las personas que aparecen en tus sueños son representaciones de aspectos fundamentales de tu propio ser.

Por aspectos no referimos a tus propios pensamientos, emociones, sentimientos, e incluso la forma en la cual te expresás e interactuás con los demás.

Cuando soñamos con alguien de nuestro mismo género, esa persona simboliza un aspecto de nuestra consciencia. Por ejemplo, soñar con nuestro padre, en el caso de los hombres, o con nuestra madre, en el caso de las mujeres, expresa los aspectos en los que nos sentimos identificados con ellos.

Este tipo de identificación no necesariamente es positiva, ya que podemos llegar a odiar los rasgos de otras personas cercanas con los cuales nos identificamos, ya sea de manera consciente o no.

Por otro lado, cuando soñamos con una persona del género opuesto al nuestro, simboliza los aspectos de nuestro subconsciente.

Podemos pensar esta cosmovisión del siguiente modo:

Supongamos que tuvieses que describirle a alguien que no te conoce un aspecto esencial de tu personalidad.

Supongamos además que el aspecto con el que mejor te sentís identificado es la generosidad.

Ahora bien, este aspecto consciente de tu personalidad puede aparecer en tus sueños representado bajo la figura de alguien conocido, y del mismo género que el tuyo, con quien te identificás en este sentido.

Imaginemos que soñás con un compañero de trabajo. De acuerdo a esta teoría, podría representar a tu aspecto más laborioso, esforzado y generoso; es decir, a vos mismo proyectado sobre alguien que comparte esas virtudes.

Si tomamos por cierta esta hipótesis, al soñar con alguien no significa que te extrañe, sino más bien lo contrario: soñamos con alguien para proyectar sobre esa persona lo que ya sentimos interiormente hacia ella. Si en sueños nos extraña, es porque nosotros la extrañamos.




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10 sueños más extraños que vas a tener en tu vida


10 sueños más extraños que vas a tener en tu vida.




Por definición, los sueños son extraños, pero eso es algo que solo podemos advertir cuando despertamos. Mientras estamos dentro del sueño todo parece normal.

En este sentido, solemos recordar aquellos sueños y pesadillas que más nos impactaron —como soñar con caer, volar o ser perseguido—, pero eso no significa que sean los más frecuentes. De hecho, esos sueños son los más extraños de todos debido a que ocurren muy pocas veces a lo largo de la vida, y por eso los recordamos con agrado, en ciertos casos, o directamente con miedo, en otros.

Hablando de sueños extraños, a continuación daremos cuenta de los 10 sueños más extraños que vas a tener en tu vida.



10- Soñar con Dios:

El concepto de divinidad suele ser representado en sueños por el acto de adorar, o bien mediante objetos religiosos como crucifijos, iglesias, etc; pero soñar con Dios, es decir, directamente con la divinidad, es muy infrecuente.

No obstante, es muy probable que soñemos con Dios al menos una vez en la vida, e incluso que hablemos con él o seamos receptores de un mensaje importante. Desde luego, esto no es una cuestión de fe sino de símbolos. Para soñar con Dios es necesario que el sujeto reúna dos características especiales durante el período de su vida en el que transcurre el sueño: una gran paz interior y un nivel de narcisismo sumamente elevado.

Se trata, decíamos, de un sueño muy extraño y que pocas veces se repite.


9- Soñar con una ex-pareja.

Soñar con una ex-pareja no significa que quieras volver con ella. En general, se trata de un sueño extraño que ocurre únicamente en etapas de grandes cambios en la vida del sujeto.

En este sentido, la ex-pareja en sueños aparece siempre como invitándonos a regresar con ella, o al menos como factor de deseo para añorar al pasado, precisamente porque los cambios que vislumbramos en el futuro cercano nos producen cierta inquietud, en la mayoría de los casos, o directamente temor.

Este tipo de sueños es más extraño en los hombres; es decir que se da con mayor frecuencia en las mujeres. En cualquier caso, las ex-parejas en sueños son algo así como un punto de restauración en nuestro sistema operativo, una referencia en el pasado a la cual buscamos regresar cuando nos asusta el futuro.


8- Soñar con un embarazo.

Soñar con un embarazo (para las mujeres), o soñar con un bebé (para los hombres), es un tipo de sueño extraño, y capaz de producir un gran impacto a nivel emocional; de ahí que sea fácilmente recordado al despertar.

Este sueño se produce únicamente cuando el soñador ha cometido algún tipo de imprudencia o indiscreción en su vida. En síntesis: cuando ha hecho algo que le produce culpa, siendo el embarazo, o el bebé, una representación del estado de inocencia típico de la infancia.

Estos sueños pueden, en determinados casos, convertirse en esas pesadillas que nos hacen despertar, sobre todo si el sujeto es incapaz de manifestar sus sentimientos de vulnerabilidad durante la vigilia.


7- Soñar con un accidente.

Soñar con un accidente, al menos para Sigmund Freud, siempre representa una especie de castigo que el soñador se impone en respuesta a sus dudas con respecto al camino que está transitando en la vida. Y cuanto más terrible sea el accidente en sueños, más grave es la falta que el soñador necesita purgar.

Otros especialistas, como Carl Jung, sostuvieron que el accidente no representa al castigo, sino al error que hemos cometido. En cualquier caso, se trata de uno de los sueños más extraños que hay, debido a que rara vez estamos dispuestos a asumir un grado semejante de culpa frente a un hecho de hayamos protagonizado.


6- Soñar con alguien que está muerto.

Todo el mundo ha soñado con alguien que está muerto, aunque de hecho se trate de un sueño extraño, sumamente infrecuente, que ocurre pocas veces en la vida.

En los sueños nada es lo que parece ser, y la muerte es un ejemplo característico. Rara vez se representa allí muerte física de alguien, sino que este tipo de sueños simbolizan el término de algo importante en la vida del sujeto: una pareja, un trabajo, etc.

Si la persona fallecida que aparece en sueños se muestra enérgica, y a veces hasta vengativa, el sueño expresa nuestra frustración e insatisfacción con respecto a un aspecto puntual de nuestra vida que hemos perdido o dado por terminado.


5- Soñar con sangre.

La sangre casi siempre aparece representada de forma simbólica, velada, a través del color rojo, y es por eso que soñar con sangre es extremadamente raro.

Este tipo de sueños ocurre cuando estamos en una situación de peligro, no tanto físico, sino más bien emocional; es decir, cuando sentimos que estamos en riesgo de salir lastimados sentimentalmente. En este contexto, la sangre es un símbolo de alerta, de preocupación, pero también de valoración por nuestra vida y la de nuestros seres queridos.

Si es el propio soñador el que sangra en sueños, entonces es probable que su inconsciente lo esté preparando para recibir un golpe a su autoestima.

Es importante mencionar que la sangre tiene diferentes significados para los hombres y las mujeres. Los primeros lo relacionan con el peligro físico, mientras que las mujeres lo emplean en sueños para representar el daño emocional o psicológico.


4- Soñar con matar a alguien.

Si bien hablamos aquí de uno de los sueños más extraños, y seguramente de los más perturbadores, soñar con matar a alguien no significa que realmente vayamos a cometer un asesinato; de hecho, ni siquiera significa que tengamos deseos violentos con respecto a la persona asesinada en sueños.

Para entender el significado de este sueño hay que analizar a la víctima; porque básicamente esta representa aquella faceta de nosotros mismos que estamos dispuestos a matar.


3- Soñar con caer.

Soñar con caer de una gran altura es un tipo de sueño muy extraño, pero al mismo tiempo uno tan impactante que seguramente lo recordaremos de por vida. En general, representa el temor por la inercia de las circunstancias que rodean nuestra vida actual, las cuales no nos permiten encontrar ningún punto de apoyo, nada de lo cual aferrarnos.

Caer en sueños simboliza esa sensación de desamparo, de sometimiento, y aún de vergüenza ante aquello que no podemos controlar; pero también de la pérdida de algo (reputación, estatus social) que nos situaba en una altura relativa con respecto a los demás.


2- Soñar con ser perseguido.

Las mujeres suelen soñar con ser perseguidas mucho más que los hombres; sin embargo, no deja de ser un sueño extraño e infrecuente. El escenario del sueño está protagonizado por el soñador, quien es perseguido por un atacante, un animal o un monstruo.

El perseguidor, en cualquier caso, suele ser el propio soñador; y es por eso que casi nunca nos damos vuelta para ver su rostro. Desde luego, hablamos de una faceta específica de nuestra personalidad que nos persigue, o bien de sentimientos y emociones que no deseamos que nos alcancen.


1- Soñar con volar.

Resulta fácil deducir que soñar con volar es algo bastante común, sin embargo, estadísticamente hablando es uno de los 10 sueños más extraños que vas a tener en tu vida.

Soñar con volar es, en esencia, una proyección del goce, e incluso del amor; y generalmente se clasifica como uno de los sueños eróticos más comunes durante la adolescencia, volviéndose más y más infrecuente con el transcurso de los años.

Carl Jung, por su parte, sostuvo que el volar en sueños tiene más que ver con el ascenso espiritual del sujeto que con sus impulsos físicos. Después de todo, para entender el significado de este sueño lo que menos importa es el vuelo, sino hacia dónde se dirige el soñador, es decir, cuál es su destino.

Ahora bien, el acto de volar en sí mismo no simboliza la prefiguración de algo importante, su anticipación, su vértigo, y que puede o no estar relacionado con el sexo; es por ese motivo que este tipo de sueños suelen ser extremadamente placenteros, y van acompañados de fuertes emociones de plenitud y de satisfacción.




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