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«Vmbræ Mortuorum»: las Sombras de los Muertos.


«Vmbræ Mortuorum»: las Sombras de los Muertos.




Porque si eran espíritus en formas diferentes y horribles,
se les llamaba Lémures o Espectros.
Si aparecían en semejanza de un difunto, se les llamaba
vmbræ mortuorum.

[Daemonologie, James I de Inglaterra].


Los espíritus de los muertos asumieron diferentes características a lo largo de la historia. En El Espejo Gótico intentaremos examinar estos elementos distintivos, muchos de los cuales forman parte del folclore moderno de lo paranormal.

Para los romanos, los Lémures eran las sombras de los muertos, es decir, espíritus inquietos que interactúan con los seres humanos a través del entorno físico. Forman parte de un grupo más amplio, los larvae [lat. larva, «máscara»], de los cuales se habla mucho en la teosofía y la parapsicología. La palabra latina lemur [pl. lemurum] tiene su origen en la raíz indoeuropea lem, cuyo significado es incierto [probablemente un préstamos de la familia lingüística etrusca], aunque definitivamente está relacionada con el «lado oscuro» de lo espiritual, y puede encontrarse en varios seres mitológicos nocturnos, como las lamias.

Los Lémures, entonces, son espíritus de los difuntos que, por alguna razón, todavía vagan por la tierra. ¿Por qué? Porque no recibieron un entierro adecuado, porque no se les dispensaron los ritos funerarios apropiados, o porque no se les brindó un culto afectuoso. Los Lémures no son el tipo de fantasma solo asusta a los vivos. Su venganza no conoce límites, ni siquiera límites generacionales. No tienen una forma definida; de hecho, son seres liminales, asociados por Horacio y Ovidio a la oscuridad. En realidad, estos dos autores sugieren que el miedo a la oscuridad, universal en el ser humano, se debe a nuestra intuición de que en la oscuridad habitan estas sombras de los muertos.

Así como en la actualidad existen muchos rituales de limpieza espiritual [supuestamente] para desterrar espíritus y malas energías de un lugar, los romanos apaciguaban a estos seres durante la Lemuralia, que duraba tres días. El paterfamilias se levantaba a medianoche y arrojaba unos frijoles negros por encima del hombro. Al parecer, los Lémures se daban un festín, no porque les gustaran particularmente las legumbres, sino porque eran negras, y todas las entidades de la noche demandan ofrendas negras. Si este ritual fallaba había que organizar una batucada con ollas de bronce. Esta noción de que se puede espantar a las entidades sobrenaturales con el ruido del metal se expandió a la Edad Media, donde se creía que las campanas de la iglesia podían espantar incluso a los demonios.

Estaría bien desconfiar de toda criatura sobrenatural que se asuste con el ruido de las ollas, pero la idea aquí es que los Lémures son temibles pero también temerosos.

El Daemonologie [«demonología»], del rey James I de Inglaterra, saca algunas conclusiones interesantes sobre los vmbræ mortuorum [«sombras de los muertos»]. Por ejemplo, el libro sostiene que estas entidades «frecuentan los lugares solitarios porque así pueden desafiar la fe de las personas que se atreven a visitarlos». En otras palabras, los vmbræ mortuorum no embrujan los sitios abandonados y solitarios porque se ven atraídos por ellos, sino porque allí solo van personas de un determinado temperamento y templanza, y es en ellas en quienes están interesados. Esto revierte por completo las actuales leyendas de casas embrujadas [ver: Genius Loci: el espíritu del lugar]

Decíamos que los Lémures romanos pertenecen a la categoría más amplia de larvae, que abarca a una gran cantidad de espíritus incorpóreos, a la cual también pertenecen los Lares. Así como los Lémures son vengativos con los familiares que no los han honrado debidamente después de la muerte, los Lares son los espíritus que sí han sido honrado, y por esa razón permanecen en la esfera doméstica cuidando las casas y sus habitantes. Sin embargo, el Lar está apegado a una ubicación física; en cierto modo, está «atado» a su antigua casa, mientras que el Lemur, también un espíritu humano, no está apegado a ningún lugar, y puede vagar libremente. Esto también invierte los parámetros de la investigación paranormal actual, donde son los espíritus malignos los que están «pegados» a una casa [ver: Espíritus que no abandonan su antigua casa]

Los romanos también creían en los Manes, que también son larvae pero nunca fueron humanos; es decir, no son vmbræ mortuorum. De hecho, los Manes son entidades sin personalidad definida, y no están apegadas a ningún lugar específico, aunque parecen tener cierta predilección por las encrucijadas. Apuleyo estableció la idea de que es la jurisdicción donde actúa un espíritu lo que delata su identidad: si la actividad paranormal ocurre en la casa, es un Lar; si ocurre en un sitio solitario, es un Lémur, si se produce en un lugar aleatorio, es un Manes.

Los vmbræ mortuorum, aunque pueden estar apegados a un lugar físico, son entidades incorpóreas aunque no completamente inmateriales. Su plano de existencia, según la teosofía, es el Kamaloka, una dimensión semimaterial, un limbo donde permanecen las personalidades desencarnadas de los difuntos [kamarupa] hasta que se desintegran por completo. Este estado puede durar desde unas pocas horas después de la muerte, a días, semanas, meses, e incluso años. Según este modelo, los vmbræ mortuorum son exactamente eso, las «sombras de los muertos», no los muertos propiamente dichos, sino ciertos rasgos e impulsos de la personalidad que perduran en el Kamaloka durante un tiempo. Cuando estos impulsos se agotan, está «sombra» de lo que fue una persona en vida, desaparece [ver: Gente Sombra: la verdad detrás del mito]

En general, los impulsos que sostienen a los vmbræ mortuorum son pasiones consideradas «bajas», como el deseo vengativo de los Lémures y el apego material y afectivo de los Lares. En este contexto, el Kamaloka es una localidad astral idéntica al concepto griego del Hades, donde solo habitan las sombras del ser, no el ser mismo. Hablar de «localidad» es, por supuesto, relativo cuando se trata de espíritus, porque el Kamaloka no tiene un área definida, tampoco un límite, sino que existe en este espacio subjetivo más allá de nuestra percepción sensorial.

No solo los vmbræ mortuorum existen en este limbo. También hay entidades no humanas, algunas conscientes y otras sin ningún atisbo de personalidad. Al estar formadas por impulsos «bajos», acechan a los seres humanos para obtener sustendo de la miseria y el miedo. Estos parásitos astrales pueden ser bastante inocuos, más molestos que verdaderamente peligrosos. Eliphas Levi sostiene que estos seres se «pegan» al ser humano en diversos puntos del cuerpo [sobre todo las manos, los hombros y la espalda], y son capaces de manifestarse a través de la nigromancia y la magia negra:


«Estos son los cadáveres aéreos que evoca la nigromancia. Son larvas, sustancias muertas o moribundas (...) pueden hablar, pero solo a través de un tintineo de nuestros oídos, y no razonan, ordinariamente, sino reflejándose en nuestros pensamientos o en nuestros sueños.»


El ocultismo se aferró al concepto de vmbræ mortuorum. Según las artes oscuras, estas «sombras» son los remanentes dejados por el ego después de la muerte del cuerpo físico. Son estos «cadáveres aéreos», como los llama Eliphas Levi, aquellas entidades que se manifiestan en las sesiones espiritistas y otros métodos de comunicación con el otro lado, como la ouija [ver: Ouija: errores frecuentes, peligros y consecuencias]. Al tratarse de remanentes bajos del ego no poseen una gran inteligencia, de hecho, sus mensajes son elementales, cuando no cargados de un lenguaje monótono y vulgar. La teoría es que, al estar liberados de impulsos morales elevados, estos «cadáveres aéreos» pueden manifestarse en su escencia: un principio instintivo, casi puramente animal, aunque capaz de mostrar algún grado de autoconciencia [ver: El Cadáver Astral que tu consciencia dejará atrás]

Lo que queda después de completarse la separación de los principios superiores e inferiores del ser a través del proceso de la muerte son los vmbræ mortuorum. Sin embargo, no son entidades genéricas. Todavía poseen cierto grado de conciencia propia, más o menos indistinta, y sus acciones se asemejan a las de una persona. También poseen un residuo de voluntad, pero como los principios superiores ya han trascendido, los vmbræ mortuorum no se guían por preceptos morales. Solo existen de acuerdo a sus atracciones y desagrados. Si los apetitos «inferiores» [deseos y atracciones materiales] fueron sobrealimentados durante la vida, el «cadáveres aéreo» será más fuerte y capaz de actuar o influir en el plano físico con mayor intensidad [ver: ¿Energía Residual o entidades inteligentes?]

Cuando logran comunicarse con los vivos, ya sea a través de un psíquico, de médium artificial o e la acción directa sobre el plano material, muestran algún grado de saber y conocimiento, pero nada que no sea una repetición mecánica de que la entidad aprendió en vida. Por este motivo, si tomamos todas las supuestas declaraciones hechas por espíritus durante sesiones y canalizaciones, nunca están por encima del intelecto humano.

Los vmbræ mortuorum de personas inteligentes, sabias, pero no particularmente espirituales, conservarán su memoria durante más tiempo. Estas entidades pueden impresionar al invocador por sus aparentes conocimientos, o incluso aterrorizar al incauto que se tope con ellos al usar imprudentemente la ouija, pero en realidad solo están repitiendo lo que sabían en vida. Por esta razón los fantasmas parecen repetir una y otra vez el mismo patrón de comportamiento, las mismas palabras [ver: El verdadero significado de los fantasmas]

Algunos círculos ocultistas sostienen que los vmbræ mortuorum pueden ser ocupados por otras inteligencias que se aprovechan de esa energía remanente y el enlace con personas vivas para manifestarse. De este modo, estas inteligencias no humanas adquieren resabios de una personalidad y una inteligencia humanas. A través de los vmbræ mortuorum pueden experimentar un plano más cercano al nuestro, e incluso contactarse con nosotros, en general con motivos poco amigables, pero sus manifestaciones siempre dejan una sensación de inhumanidad. Si los fantasmas a veces actúan como sonámbulos inmersos en actividades repetitivas, manifestándose aproximadamente a la misma hora y ante las mismas personas, los vmbræ mortuorum que han sido ocupados por inteligencias no humanas actúan de manera aleatoria.

El teósofo C. W. Leadbeater distinguió dos tipos diferentes de vmbræ mortuorum: la Sombra [shade] y el Caparazón [shell]. La Sombra, que no es el alma del difunto ni el individuo real, sino un remanente de su personalidad; «no sólo lleva su apariencia personal exacta, sino que posee su memoria y todas sus pequeñas idiosincrasias, por lo tanto, puede ser fácilmente confundido con él, como de hecho ocurre con frecuencia en las sesiones de espiritismo».

El Caparazón es «el mero cadáver astral en las últimas etapas de su desintegración, habiendo abandonado cada partícula de su mente». Carece de conciencia, de inteligencia y, según Leadbeater, «se desplaza pasivamente sobre las corrientes astrales». Puede, sin embargo, ser ocupado por otras entidades más «densas», e incluso «realizar una espantosa parodia de la vida si llega a estar al alcance del aura de un médium». Cuando es contactado por una sesión, evocación o la ouija, el Caparazón todavía se parece a su personalidad difunta, «e incluso puede reproducir hasta cierto punto sus expresiones familiares», pero todo esto no es más que un automatismo, sin una conciencia real detrás.

Annie Besant también distingue a los vmbræ mortuorum en Sombras y Caparazones, entidades que repiten los pensamientos, maneras y acciones que el difunto manifestó durante su vida en la tierra, pero que no son el individuo en sí. En este contexto, los vmbræ mortuorum no originan pensamientos nuevos, ni emociones que no sean ecos de las que tuvieron en vida. Son «meras formas animadas», dice Annie Besant. ¿Animadas con qué? «Con lo que podría llamarse un recuerdo de la vida pasada en la tierra, repitiendo una y otra vez las acciones e impulsos más materiales que los dominaron durante su existencia física». El verdadero ser avanza, trasciende, y deja atrás estos vmbræ mortuorum flotando a la deriva en el astral.

Ahora bien, el ocultismo sostiene que los vmbræ mortuorum son aquellas presencias fugaces que conocemos como «fantasmas», las cuales pueden ser captadas por personas sensibles o relativamente psíquicas. Por lo general, estas presencias son percibidas como amenazadoras; producen miedo, inquietud, precisamente porque están constituídas por los residuos más bajos del ser; en otras palabras, nuestra peor parte. La «mejor parte», por llamarla de algún modo, la parte constituída de emociones elevadas, como el amor, tiene una experiencia post-mortem «pacífica y soñolienta», según Annie Besant, una especie de letargo, de semiconsciencia, que termina en el despertar a un nuevo plano.

Las vmbræ mortuorum, en cambio, todavía poseen un vínculo más o menos fuerte con el plano material, y pueden sentirse atraídas por el dolor de sus familiares y amigos. Si se les ofrece un canal de comunicación con el plano físico adquirirán mayor consistencia, y sus manifestaciones se volverán más intensas y aterradoras. Llenas de anhelo por la vida terrestre, por los placeres pero también por los sufrimientos de la corporalidad que no pueden saborear en ausencia de un cuerpo físico, pueden volverse agresivos [ver: Las 8 fases de la Actividad Poltergeist]

Probablemente todos los no-muertos de las leyendas [vampiros, ghouls, strigoii, draugar] son aproximaciones filosóficas al concepto de vmbræ mortuorum. Tales seres, sin embargo, todavía poseen la memoria del difunto, y hasta cierto grado están ligados a la tierra, al igual que los larvae de los que hablamos anteriormente. Esta idea de un estado intermedio, límbico, entre la vida física y la vida espiritual, constituída por los remanentes del ser, se repite en todas las mitologías.

En casos extraordinarios los vmbræ mortuorum adquieren la suficiente densidad como para hacerse visibles. Se los puede «ver» como una sombra o un vapor por el rabillo del ojo, desvaneciéndose cuando se los mira directamente [ver: Ver fantamas por el rabillo del ojo]. Pueden agruparse e infestar ciertos lugares, y aunque sean capaces de infundir temor, en realidad no poseen demasiadas herramientas para causar daño real. Le temen a las corrientes de aire, a la luz, el fuego y los cuchillos. El miedo, que es una forma de reconocimiento de su presencia, los alimenta, obteniendo así mayor fuerza; sin embargo, son mucho más frágiles de lo que parecen.

Otro tipo de vmbræ mortuorum prefiere el sigilo. No se manifestarán abiertamente, sino que permanecerán en la órbita de ciertas personas, vigilándolas, excitando comportamientos que debilitarán a su víctima, obteniendo de ellas mayor sustento [ver: Entidades astrales que se alimentan de pensamientos negativos]. Si sus presas practican la magia [wicca, adivinación, chaos, etc] harán predicciones falsas, presentándose como entidades poderosas, incluso demoníacas. Ahora bien, una persona psicológicamente estable solo sentirá miedo, pero aquellos que se encuentren en una situación difícil [duelo, depresión, etc] pueden llegar a obsesionarse. Los vmbræ mortuorum solo pueden obrar de este modo cuando la persona viva le da un lugar en su mente, generalmente a través del miedo [ver: Cómo protegerse de las entidades del bajo astral]

Este es el riesgo de las prácticas mágicas que advierten todos los grimorios: la psique humana es inexpugnable, no puede ser invadida sin la voluntad de su dueño. Si a estos seres se les permite entrar, no se irán sin dar pelea. Pueden producir pensamientos negativos, que se perciben como externos; excitan las pasiones bajas y sofocan el sentido moral. Es como si reorganizaran nuestra estructura mental para volverla más acogedora. Las ceremonias y rituales de limpieza y destierro practicados por terceros son inútiles en estos casos. Es la voluntad que los dejó entrar en primer lugar la que debe retirar la invitación [ver: Apego espiritual: causas y síntomas]

Las personas sensibles deben lidiar a menudo con los vmbræ mortuorum, a veces conscientemente, otras a través de sueños. En estos casos son frecuentes las pesadillas con seres amorfos, gelatinosos, que se adhieren al cuerpo, sobre todo a las manos [ver: Entidades, larvas, gusanos y parásitos del bajo astral]. La corriente «moderna» [aunque tiene unos 100 años], sostiene que la mejor forma de sacarse de encima a estos seres es «dándoles amor». Si una de estas cosas se pega a tu cuerpo lo último que quieres hacer es «darle amor». ¿Espantarías a un mosquito diciéndole que lo amas? ¿Eso impediría que siga haciendo aquello que es su naturaleza? Pero, suponiendo que fuese posible despejarse a estas babosas enviándoles vibraciones de amor, ¿eso no significa que encontrarán alimento en otra persona? No, lo mejor en estos casos es arrancarlos de cuajo, sin sentimientos de ninguna índole, ni de amor ni de odio. Como si aplastaras a un mosquito mientras está picándote [ver: Entidades del Plano Astral que se «pegan» al aura]

Las formas astrales bajas asumen en sueños este tipo de formas arquetípicas [gusanos, larvas, babosas, seres tentaculares], según algunos, debido a lo lentas y densas que son las cosas en los planos inferiores. No es infrecuente soñar que estas babosas se arrastran por la cabeza del soñador y entran en sus oídos, o bien que penetran en su cuerpo por otros orificios, a veces naturales, otras producidos por sus afilados dientes [ver: Vermifobia: gusanos y otros anélidos freudianos]

Es interesante notar que esta aproximación a la existencia post-mortem es similar en varios aspectos a las creencias de la Antigua Grecia. Los griegos tenían más de un término para referirse al alma, aunque ninguna abarca por completo nuestra idea actual de lo que supuestamente es el alma. Por un lado, usaban el término psyche, que refería al aliento; sin embargo, no denotaba el acto de respirar sino la exhalación final en el momento de la muerte, el último aliento. Los griegos también empleaban el término thumos: la voluntad, la fuerza vital de una persona; y eidolon, un reflejo plenamente realizado del individuo en el más allá. Según los mitos griegos, cuando una persona muere, su psyche se libera de las ataduras de su cuerpo físico y viaja al Hades, donde vive como una skiá [σκιά], que significa «sombra».

El Hades también tiene algunos puntos en común con los distintos sustratos del plano astral. En primer lugar, Hades proviene del griego aïdes [«lo nunca visto»], posee diferentes regiones [los Campos de Asfódelos, los Campos Elíseos y el Tártaro] y no es un lugar de castigo ni de recompensa. Los Campos de Asfódelos eran el destino de la mayoría de las personas, donde existían como skiá, «sombras», versiones espirituales pero incompletas de los originales vivos, sin cuerpo ni poder de pensamiento, muy similares al concepto de vmbræ mortuorum, y cuya única actividad era deambular sin rumbo y sin una memoria de su existencia terrenal. Los Campos Elíseos era el lugar adonde iban las personas especialmente heroicas o virtuosas. Eran lugares luminosos, llenos de belleza, música y alegría, como los planos superiores del astral. El Tártaro, por otro lado, era donde iban las personas particularmente malvadas, un sitio oscuro, frío y desolador; donde sus habitantes estaban atrapados en un círculo interminable de torturas relacionadas con las atrocidades que cometieron en vida.

La noción griega de skiá, esta «sombra» de una persona muerta que reside en otro plano, también era común en otras culturas. Incluso el cristianismo creía originalmente en este modelo. En los mitos bíblicos, los vmbræ mortuorum son conocidos como tsalmaveth [«sombra de muerte»], un nombre alternativo del Sheol, especie de Hades hebreo, un lugar subterráneo al que todos los seres humanos descienden. La sugerencia es que el Sheol es una instancia inmediata después de la muerte, y quienes descienden a este reino no recuerdan nada, ni siquiera a Yahvé. Las personas virtuosas trascienden este reino, pero otras permanecen allí como «sombras». Al igual que los vmbræ mortuorum, estas «sombras» podían invocarse a través de la nigromancia, aunque tales prácticas, como en la mayoría de las culturas, estaban prohibidas.

El concepto de vmbræ mortuorum resulta interesante por varias razones. En primer lugar, sitúa a la muerte física no como un corte abrupto de la vida, sino como una instancia en un proceso mucho más largo. Así como el cuerpo físico comienza a descomponerse después de la muerte, los vmbræ mortuorum también tienen una existencia limitada y sujeta a un proceso de desintegración espiritual. El verdadero «ser», si es que puede ser llamado de este modo, va liberándose de distintas capas que oscurecen su verdadera esencia. Eso plantea varios problemas. Aquello que consideramos como Yo no está compuesto únicamente de nuestros valores morales más elevados; por lo tanto, lo que por fin alcanza las regiones más puras de la existencia post-mortem difícilmente puede llamarse Yo. Probablemente sea un sujeto que nuestra madre no reconocería.

Ahora bien, la actitud desorientada de los vmbræ mortuorum ante su entorno, similar a la de los fantasmas de la cultura popular, está plenamente justificada. Quiero decir, en el plano físico hay una buena cantidad de suposiciones que puedes hacer que indican que el mundo a tu alrededor no se está desarrollando solo en tu cabeza. Es cierto, un árbol no es solo lo que vemos, esto es más bien una perspectiva, pero al menos es una perspectiva compartida. Los vmbræ mortuorum no tienen esta ventaja. No pueden interactuar con otras entidades como ellos, de modo que les resulta imposible establecer qué es objetivamente real [en términos de una experiencia colectiva en la que eres un participante más] y qué es imaginario. De modo que si ves a uno de estos simpáticos despojos atravesando una pared, o llorando en un rincón oscuro de tu casa, piensa en lo difícil que debe ser existir mientras te desintegras poco a poco, sin sentido del yo, pero con la apariencia de la persona que fuiste, con retazos de memoria, pequeñas idiosincrasias, y sin poder hacer ninguna suposición que distinga lo externo de tu mente [ver: ¿Los fantasmas saben que están muertos?]




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Más literatura gótica:
El artículo: «Vmbræ Mortuorum»: las Sombras de los Muertos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Los lechones de Tindalos: análisis de «El Cerdo» de W.H. Hodgson.


Los lechones de Tindalos: análisis de «El Cerdo» de W.H. Hodgson.




En El Espejo Gótico hoy analizaremos el relato de William Hope Hodgson: El Cerdo (The Hog), publicado de manera póstuma en la edición de enero de 1947 de la revista Weird Tales [a instancias de August Derleth], y luego reeditado en la antología de 1973: Carnacki: el cazafantasmas (Carnacki, the Ghost-Finder).


[«Yo lo he oído, es una especie de estruendosa melodía porcina compuesta de gruñidos, ronquidos y rugidos, mezclados con chillidos y gritos, y aderezados con una especie de aullidos porcinos. A veces he pensado que tiene un ritmo peculiar, pues, de vez en cuando, surge de ella un GRUÑIDO gargantuesco, que sobrepasa el rugido de un millón de puercos, un tremendo GRUÑIDO que posee ritmo propio.»]


El narrador, Dodgson, y otros amigos, escuchan junto al fuego la historia de Thomas Carnacki [un astuto investigador de lo Oculto] sobre un reciente experimento catastrófico. El doctor Witton, un médico decente pero pragmático, le habló a Carnacki sobre un paciente llamado Bains. Carnacki cree que Bains podría sufrir una falla en la «barrera de protección» que, de lo contrario, lo «aislaría» espiritualmente de las «Monstruosidades Exteriores» [Outer Monstrosities].

Carnacki invita a Bains a visitarlo, y este describe sueños tan reales que parecen experiencias concretas de la vigilia. En estos sueños se encuentra vagando por «un lugar profundo y vago», rodeado de horrores invisibles, un «lugar infernal» del que un «conocimiento repentino» lo insta a escapar. Lucha por despertar antes de ser atrapado por un «monstruo destructor de almas».


[«Por lo general vienen en cuanto me quedo dormido. Entonces me asalta la sensación de que debo bajar a algún lugar impreciso, y siento que me atenaza un horror inexplicable y espantoso. Jamás puedo llegar a comprender qué es, porque nunca consigo verlo. Sólo recibo una especie de advertencia que me dice que tengo que bajar hasta algún lugar terrible... una especie de infierno; y esta advertencia es insistente, incluso imperativa, y me ordena que huya, que huya de algún horror enorme que caerá sobre mí.»]


Bains, entonces, parece despertar, ve su habitación alrededor, los objetos cotidianos, percibe los olores y sonidos, pero el Bains «real» [su alma o proyección astral] permanece en esta otra dimensión.

Inmóvil en la cama, su consciencia hace un esfuerzo agónico por atraer a su alma de vuelta a su cuerpo. Mientras yace allí, exhausto, escucha desde enormes profundidades una serie de chillidos porcinos.


[«Entonces me vuelvo a encontrar en la cama, agotado por la terrible lucha. Pero aún sigo sintiendo a mi alrededor la presencia de un espantoso terror, como si alguna monstruosidad agazapada hubiese salido de aquel horrible lugar y me hubiera seguido, inmóvil, silenciosa e invisible, y me amenazase, a mí que estoy acostado.»]


Carnacki está dispuesto a ayudarlo, pero advierte a Bains del peligro y la necesidad de una obediencia absoluta. Prepara su sala de experimentación con su nueva «defensa de espectro»: siete tubos de vacío, concéntricos, colocados en el suelo. El círculo externo produce luz roja, el interno luz violeta, con tonos anaranjados, amarillos, verdes, azules e índigo en el medio. Carnacki controla la iluminación de los círculos con un teclado y puede probar muchas combinaciones. Sabe que el rojo y el violeta son los más peligrosos, ya que tienen un efecto de «atracción» sobre las entidades extradimensionales.

Todo esto supone un salto tecnológico en comparación con otros relatos de Carnacki, donde se utilizan símbolos hechos con tiza, velas, agua, hierbas, pan, con unos pocos tubos de neón como refuerzo.

Carnacki viste a ambos con trajes de goma y hace que Bains se acueste en una mesa dentro de la «defensa de espectro». Adjunta una banda de electrodos a la cabeza de Bains. Ahora este debe concentrarse en los chillidos porcinos que escucha al despertar, pero, por el amor de Dios, no debe quedarse dormido.

Carnacki usa una cámara y un fonógrafo modificados para capturar los pensamientos de Bains y traducirlos en sonido. En este punto, otro fenómeno llama la atención del investigador: se está formando una sombra circular debajo de la mesa donde está acostado Bains. Carnacki le dice que deje de concentrarse, pero Bains se ha quedado dormido, aunque abre los ojos y comienza a emitir espantosos gruñidos.

La sombra se ensancha hasta convertirse en una abertura negra en la cual ambos parecen hundirse, incluso cuando el suelo permanece sólido bajo los pies de Carnacki. El investigador levanta a Bains pero no puede sacarlo de la defensa, porque «tensiones peligrosas» rodean el círculo en forma de una nube oscura. Desesperado, intenta recuperar la «esencia errante» de Bains extrayéndole sangre, porque las Monstruosidades Exteriores son capaces de detectarla.

La abertura se extiende hasta llenar toda la zona defendida. Para escapar, Carnacki camina entre los círculos violeta e índigo llevando en brazos a un Bains completamente rígido. ¡Ahora están atrapados entre la abertura y la nube!

La habitación tiembla. Un atronador gruñido porcino rodea a los hombres, acompañado por gigantescos chillidos provenientes de la abertura. El silencio que sigue presagia la fatalidad espiritual de Bains: en la abertura aparece una mancha luminosa que asciende lentamente. Se agrupa en una cara de cerdo. Mientras tanto, hocicos y patas se asoman momentáneamente de la nube, y los gruñidos de Bains responden:


[«Vi que una cosa se estaba materializando en medio de la defensa. Se iba elevando lenta y regularmente. Parecía lívida y enorme a través del anublado vórtice. Era un pálido y monstruoso hocico surgiendo de aquel abismo insondable. Cada vez se encontraba más alto. A través del tenue y brumoso velo, vi un diminuto ojo... Jamás podré volver a ver el ojo de un cerdo sin revivir algo de lo que entonces sentí. Era el ojo de un cerdo, pero animado de una especie de nefanda inteligencia.»]


Carnacki sabe que el Cerdo es una Monstruosidad Exterior, un ser que fue poderoso en la tierra y que está ansioso por regresar. Con Bains como conducto, está en camino de conseguirlo.

Solo un mensaje psíquico de la inescrutable «fuerza protectora» impide que Carnacki use su pistola. En cambio, comienza a arrastrar hacia afuera el tubo de vacío que emite luz azul, junto con Bains. La nube retrocede. Entonces, el Cerdo posee físicamente a Bains, quien corre en cuatro patas hacia aquellos protuberantes hocico y ojo. Sin embargo, el círculo azul atrapa a Bains. Intenta empujar a Carnacki, pero este logra esquivarlo y atarlo.

El Cerdo, ascendiendo inexorablemente, levanta el tubo violeta interior y lo derrite. Empieza a levantar el círculo índigo, la única defensa que queda entre él y los hombres. Afortunadamente, «ciertos poderes» están mirando desde lejos. Envían una cúpula de luz azul con rayas verdes que disipa al Cerdo y canaliza la nube.

Bains se despierta pensando que ha vuelto a soñar. Carnacki lo hipnotiza e instala en su psique un comando: si tiene más sueños de este tipo, debe despertar. Todo lo que queda de su terrible experiencia es el tubo violeta derretido y el índigo dañado.

Durante la sesión de preguntas y respuestas que sigue, Carnacki describe su teoría de que la Tierra (y presumiblemente otros planetas) está rodeada por esferas concéntricas de «emanaciones». El Círculo Exterior comienza a unas 100,000 millas de distancia y se extiende de cinco a diez millones de millas. En este «Círculo Psíquico» residen fuerzas e inteligencias como el Cerdo, que tienen hambre de las entidades psíquicas o almas de los hombres. Dodgson objeta, pero Carnacki tiene demasiado sueño para sermonearlo y le da las buenas noches.


La Ciencia en El Cerdo de William Hope Hodgson es capaz de hacerle fruncir el ceño [u otras regiones de la geografía humana] al purista de la Ciencia Ficción: fonógrafos que graban sueños y tubos de vacío con propiedades extradimensionalmente refractarias. Todo parece absurdo al principio, pero luego, casi imperceptiblemente, todo cambia, hasta que nos quedamos congelados escuchando el rítmico ascenso y descenso de los chillidos porcinos.

La historia termina en un Deux ex machina difícil de tragar. Luego estamos de regreso en la seguridad del salón de Carnacki para una pequeña sesión de preguntas y respuestas con sus amigos. Es una alegre charla académica sobre entidades capaces de devorar tu alma.

El ritmo ascendente y descendente del miedo de Carnacki, que refleja el patrón de gruñidos porcinos, se entrelaza maravillosamente a lo largo de la historia. Pasa de un terror casi suicida a una repugnancia profunda, y de ahí a esa falsa calma donde la extrañeza supera al horror. William Hope Hodgson detalla las emociones con tanta precisión como las ridículas medidas que toma Carnacki. Bains, gruñendo e incapaz de despertar [o de ser despertado], es espeluznante, tanto como la abertura móvil e ineludible. Las imágenes que evoca El Cerdo son únicas, pero están construidas sobre pesadillas universales: sentir que algo terrible se acerca y no poder correr, incapacidad de despertar, cosas extrañas que acechan en las sombras.

En El horror sobrenatural en la literatura (Supernatural Horror in Literature), H.P. Lovecraft elogió los relatos de terror de William Hope Hodgson, sobre todo sus relatos náuticos, como Los botes del Glen Carrig (The Boats of the Glen Carrig) y Los piratas fantasma (The Ghost Pirates), por su autenticidad [que no sorprende dada la temprana carrera de W.H. Hodgson como marinero]. La casa en el confín de la tierra (The House on the Borderlands) presenta muchos tropos cercanos al corazón de Lovecraft: fuerzas de otro mundo, anomalías híbridas de las profundidades, un narrador que viaja psíquicamente a través del tiempo y el espacio, incluso siendo testigo de la destrucción final de nuestro sistema solar.

La tierra nocturna (The Night Land), ambientada miles de millones de años después de la muerte del sol, también obtuvo la admiración del flaco de Providence, aunque estaba «contaminada por un sentimentalismo romántico, nauseabundo y pegajoso». Lovecraft es injusto aquí. William Hope Hodgson murió joven, víctima de un proyectil de artillería en Ypres, en 1918. Es fácil ser cínico, ateo y materialista cuando estás seguro en casa, pero el «sentimentalismo nauseabundo» era imprescindible para cualquier soldado en las trincheras de la Primera Guerra Mundial.

En cualquir caso, Lovecraft comenta:


[«En calidad, (la colección de historias de Carnacki) cae notoriamente por debajo del nivel de los otros libros. Aquí encontramos una figura más o menos convencional del tipo «detective infalible» —la progenie de M. Dupin y Sherlock Holmes, y pariente cercano de John Silence de Algernon Blackwood, moviéndose a través de escenas y eventos gravemente estropeados por una atmósfera de ocultismo. Sin embargo, algunos de los episodios tienen un poder innegable; y permiten vislumbrar el peculiar genio característico del autor.»]


Me pregunto si Lovecraft habría considerado El Cerdo como uno de estos relatos con un «poder innegable». Nunca lo sabremos. El cuento de William Hope Hodgson no se publicó hasta 1947, diez años después de la muerte del flaco de Providence, y veintinueve años después de la muerte del autor. 

El Cerdo es una historia que se mantiene alejada de lo «sentimental» que tanto desagradaba a Lovecraft, aunque está empapada de la parafernalia del ocultismo. Sin embargo, el poder visual de la abertura y la nube no lo habrían dejado indiferente, al igual que las finas descripciones del terror espiritual frente a las Monstruosidades Exteriores. Por otro lado, me temo que a Lovecraft no le habría gustado el deus ex machina final [algo parecido sucede en La tierra nocturna, donde un grupo de jóvenes que están siendo guiados hacia su perdición son repentinamente protegidos por una barrera de luz]. Después de todo, ¿por qué desesperarse por las Monstruosidades Exteriores cuando también hay benevolencias externas para contrarrestarlas antes de que las cosas se pongan demasiado difíciles?

Además, la escala cósmica de Carnacki no es tan... cósmica. ¿Su Esfera Exterior está a sólo 100,000 millas de la Tierra? ¡Eso ni siquiera nos deja a mitad de camino a la luna! ¿Y solo se extiende diez millones de millas? El sol está más de nueve veces más lejos. Por otro lado, ese largo desenlace también podría haberlo irritado. Si piensas dar cuenta de tus teorías, es conveniente hacerlo antes de que aparezca el Monstruo Exterior.

Más allá de estas objeciones, perfectamente lícitas [es difícil juzgar un relato póstumo que bien podría haberse beneficiado de una corrección final], vayamos a lo importante.

No estamos aquí frente a un lechón extradimensional: así es como los humanos percibimos, con nuestros imperfectos sentidos materiales, la forma y la voracidad de este Monstruo Exterior en particular; del mismo modo en que percibimos a los seres de Tindalos [de Frank Belknap Long] como «perros» [ver: Los Perros de Tindalos y los ángulos del tiempo]. Pero, ¿no son los cerdos un poco lindos? Para W.H. Hodgson no lo son; de hecho, constituyen su mayor aversión. Los cerdos son para W.H. Hodgson lo que los tentáculos son para Lovecraft [ver: Tentáculos «por default»]

En efecto, Lovecraft detestaba los frutos de mar y encontraba a las criaturas marinas especialmente repugnantes. Quizás por eso sus monstruosidades se asemejan a enormes invertebrados marinos. La recurrente apariencia porcina de las criaturas de W.H. Hodgson [por ejemplo, en La casa en el confín de la tierra, donde la Casa es asediada por malévolos puercos] sugiere una [moderada] fobia similar. Si August Derleth hubiese podido morder comercialmente los derechos de autor sobre las obras de W.H. Hodgson, no sería de extrañar que hoy en día estuviésemos hablando de los Mitos del Cerdo [ver: August Derleth: el creador de los Mitos de Cthulhu]

Los cerdos, entonces, ocupan un lugar destacado en las obsesiones de W.H. Hodgson. A veces son antagonistas, otras son instrumentos de la trama o se usan para describir los atributos del horror. En otras palabras: son monstruos, víctimas de monstruos o se usan para describir monstruos.

Esto se presenta de manera más destacada en La casa en el confín de la tierra, donde un hombre solitario, cuya casa se construyó accidentalmente en un punto débil en el tejido entre los mundos natural y sobrenatural, es asediado por demonios porcinos. Esos demonios son similares en forma a los que acechan a Bains en El Cerdo. La historia en sí es una especie de reelaboración del Té verde (Green Tea) de Sheridan Le Fanu, protagonizado por otro investigador de lo oculto: el doctor Hesselius [ver: Martin Hesselius: el detective paranormal de Sheridan Le Fanu]. Aquí, Hesselius consuela a un ministro que está siendo acosado por el espectro tiránico de un mono, un déspota libidinoso cuya misión parece ser llevar a su anfitrión al suicidio. Al igual que Carnacki, Hesselius es un experto en ocultismo, e infla la trama con sus teorías pseudocientíficas [a saber, que el uso persistente de té verde por parte de su cliente abrió su «tercer ojo»].

Los cerdos, por otro lado, se utilizan en el folclore y el cuento de hadas como una representación de nuestros rasgos menos civilizados: estupidez, falta de higiene, glotonería, rabia. Aparecen como caricaturas de la ignorancia en Los tres cerditos, el mito de Circe, y hasta Cristo arrojó a un grupo de demonios a una manada de cerdos que luego enloquecieron y se precipitaron desde un acantilado. Los cerdos se han asociado con frecuencia con la posesión demoníaca y el satanismo desde entonces. Al igual que el Mono de Sheridan Le Fanu, los cerdos de William Hope Hodgson son profundamente simbólicos, especialmente para él, que padecía germofobia.

Para W.H. Hodgson, los cerdos representaban todo lo que intentaba desterrar de sí mismo, todo lo que le molestaba y temía en su interior. Es decir que, para este autor, que encontró alivio en la autodisciplina, su máximo rival era la autocomplacencia, de modo que esta confrontación de Carnacki con el Cerdo ciertamente sería su peor pesadilla.

Carnacki está bien equipado en El Cerdo, y además cuenta con el conocimiento de un libro prohibido: el Manuscrito Sigsand, un volumen del siglo XIV que describe las características, puntos fuertes y debilidades de una amplia variedad de seres etéreos y semimateriales. Solo existen dos copias [conocidas]; una se encuentra en la Biblioteca Bodleiana, en la universidad de Oxford, y la otra está en posesión de Thomas Carnacki. En cualquier caso, Sigsand debe haber leído el Necronomicón, porque escribe:


[«Sobre el Cerdo sólo el Todopoderoso tiene poder. Si durante tu sueño oyes la voz del Cerdo, deja lo que estés haciendo y huye. Pues el Cerdo forma parte de los Monstruos Exteriores y ningún ser humano debe acercarse a él si ha oído su voz, pues, al principio del mundo, el Cerdo tenía poder y volverá a tenerlo al final. Y como el Cerdo tuvo antaño poder sobre la Tierra, ansía tenerlo una vez más. Terrible será el daño de tu alma si dejas que la Bestia se te acerque. Si has atraído sobre ti este horrendo peligro, no te olvides de la Cruz, pues de todos los Signos es aquel por el que el Cerdo siente más horror.»]


Aquí es inevitable recordar la advertencia de Abdul Alhazred:


[«El hombre gobierna ahora donde los Antiguos gobernaron una vez; Pronto gobernarán donde el hombre gobierna ahora. Después del verano viene el invierno, y después del invierno el verano. Esperan, pacientes y poderosos, pues aquí reinarán de nuevo.»]


El Manuscrito Sigsand menciona específicamente que el Cerdo teme a la señal de la cruz, sin embargo, Carnacki prefiere confiar en sus dispositivos tecnológicos [aquí usa una versión actualizada del dispositivo que aparece en La entrada del Monstruo (The Gateway of the Monster)] y nunca recurre a esa sugerencia, tal es así que uno se pregunta cuál es la razón de apelar a un libro prohibido si uno no piensa seguir sus recomendaciones. En cualquier caso, uno de los problemas de la historia es la pasividad de Carnacki, que no hace mucho más que observar los horrores que se arremolinan a su alrededor. Este es el costado negativo de colocar a dos personajes dentro de un círculo de protección. No hay mucho que hacer allí más que observar.

El Cerdo, el último caso de Carnacki, es más complejo y espiritualmente más aterrador que cualquiera de los anteriores. Hay más de un atisbo de Horror Cósmico, sobre todo en contraste con el protagonista. Hay una inmensidad que empequeñece al investigador paranormal de una manera que eclipsa su carisma holmesiano, convirtiéndolo más en un atónito protagonista lovecraftiano. Si bien Carnacki usa algunos elementos típicos del ocultismo contra las Cosas Porcinas, y aunque reconoce su malevolencia espiritual y física, en última instancia utiliza su inteligencia para definirlas como fuerzas ciegas del universo. Estas fuerzas [el Cerdo y sus Lechones] solo son sobrenaturales desde nuestra perspectiva humana, ya que parecen violar las leyes físicas conocidas, pero no necesariamente las verdaderas leyes que gobiernan el universo [ver: Einstein, la Relatividad y los Antiguos]

Por lo tanto, aunque Carnacki y el Manuscrito Sigsand ven a estas fuerzas como enemigas de la humanidad, en realidad se comportan como muchos seres interdimensionales de Lovecraft; es decir, son indiferentes a la humanidad y sus motivaciones están más allá de nuestro entendimiento. Para nosotros, ciertamente para Carnacki, parecen «malvados»; pero este cosmicismo existencial se debe principalmente a nuestra comparativa insignificancia.

Visualmente, el Cerdo es «una cara de cerdo, pálida y aparentemente inmóvil, que se eleva desde las profundidades». Una página más adelante es «una cara de cerdo flotante y pálida»; y luego: «una espantosa cabeza pálida». Al igual que Lovecraft, William Hope Hodgson evoca fuerzas tan ajenas a la naturaleza conocida que no pueden describirse con precisión [ver: Autopsias lovecraftianas: el arte de diseccionar lo innombrable]. Nuestro lenguaje solo puede andar a tientas al acercarse a ellas, recurriendo a la palabra «pálido» una y otra vez con la esperanza [frustrada] de que le dará al lector una vaga idea del color de esta cosa que aterrorizó a Sigsand; y que Carnacki, a pesar de toda su tecnología y conocimiento, no pudo contrarrestar [ver: Algunas lenguas para la comunicación interdimensional]

En la superficie, el Cerdo parece insinuar que estas entidades cósmicas, que han existido durante millones de años, necesariamente tienden hacia formas cada vez menos estructuradas, del mismo modo que la energía y la materia. La verdadaera amenaza, entonces, es el Tiempo; porque es la descomposición de la materia y la energía lo que sostiene a estos seres. En este contexto, los seres humanos somos proporcionalmente débiles. La humanidad solo puede vivir en una ínfima zona hospitalaria del universo, rodeada de fuerzas entrópicas que poco a poco van cerrándose a su alrededor. Sin embargo, esta visión parece refutada en un pasaje del Manuscrito Sigsand:


[«En la antigüedad, el Cerdo tenía poder en este mundo, y volverá a tenerlo al final.»]


En otras palabras, nuestro mundo comenzó en un estado que permitía la existencia del Cerdo, de modo tal que no hay degradación, sino una continua permanencia en el cosmos. No es que estas fuerzas estén cerrándose a nuestro alrededor, nosotros simplemente existimos en una pequeña zona templada y pasajera. Lo permanente, la norma, es el Cerdo.

Por alguna razón que Carnacki y el Manuscrito Sigsand omiten, el Cerdo solo puede aparecer brevemente en nuestra zona templada del universo, y solo en las condiciones propicias. ¿Cuál es el motivo? Por supuesto, solo podemos imaginar motivaciones humanas, de modo que lo primero que se me ocurre es que el Cerdo está alimentándose de humanos para engordar su raza entrópica. Esto nos permite preguntarnos: ¿el resto de los porcinos que atormentan a Bains son las almas [o proyecciones astrales] de los seres humanos que el Cerdo ha absorbido?

El Cerdo, al igual que el Horla de Guy de Maupassant, actúa en nuestro plano físico como una infección: en primer lugar, se contagia y adhiere a los seres humanos. Luego ataca la rutina de la existencia superficial: Bains ya no puede dormir. Esto permite que el Cerdo y los de su clase comiencen a reclamar su mente [ver: Gente Sombra, el Horla, y el portal interdimensional de Maupassant]

De esta manera, el Cerdo reúne seguidores en todas las épocas y lugares: agentes de entropía listos para ser desplegados al igual que el ejército porcino en La casa en el confín de la tierra. En este contexto, los sueños son lo único suficientemente entrópico para permitir la entrada del Cerdo a nuestro plano. Así sucede con Bains; y, tal vez, así sucede con Lady Mirdath y el narrador de La tierra nocturna. Si el tiempo no es una barrera para el Cerdo, entonces Bains estaba destinado a ser una presa, y Carnacki un enemigo.

Quizás llamar a Carnacki un «enemigo» del Cerdo sea exagerado. A lo sumo, es un obstáculo insignificante, porque lo cierto es que se necesitó la intervención de un agente externo, acaso Dios [o un Dios], acaso algo más que todo eso, para que Carnacki salga vivo de su último caso. De hecho, Carnacki termina su última aventura tan confundido como nosotros. No tiene respuestas. Simplemente está aliviado de que la terrible experiencia haya terminado. Sin embargo, podemos seguir el rastro del Cerdo más allá.

En 1908, W.H. Hodgson editó La casa en el confín de la tierra, donde dos campistas irlandeses [Tonnison y Berreggnog], hombres corpulentos y templados, regresan a la civilización después de encontrar un río; y, junto a ese río, las ruinas de una casa; y, dentro de esas ruinas, un libro desgastado. Se desconoce el autor del libro, pero sabemos que llegó a la casa cuando aún estaba intacta. Trajo provisiones, dinero, a su hermana, a su perro, «trajo todos sus años y huesos envejecidos». En esta historia conocemos el objetivo del Cerdo: expandir el tiempo de su propia existencia introduciendo entropía en nuestra realidad.

También conocemos los métodos del Cerdo: formar un ejército de cerditos cósmicos para invadir nuestros sueños [es decir, nuestra realidad personal]. Sabemos también que el Cerdo fue encontrado tanto por Carnacki como por el Recluso de La casa en el confín de la tierra; y que la propia Casa es uno de los ejes mantienen unida la realidad. El Recluso, en una visión, observa la destrucción final del mundo; razón por la cual William Hope Hodgson nos permite saber todo sobre el Cerdo.

Las teorías de Carnacki sobre estos seres extradimensionales son muy similares a los seres astrales de la teosofía. Esto parece extraño a nuestros ojos, pero no era inverosímil para William Hope Hodgson cuando, a fines del siglo XIX, Charles Leadbeater propuso un árbol evolutivo que incluía no solo a los humanos, que surgieron de acuerdo con la evolución darwiniana, sino también a las hadas y otros seres incorpóreos que surgieron por procesos completamente distintos [ver: Cuando las hadas abandonaron nuestro plano de existencia]


[«Desde un punto de vista general, las cosas de naturaleza espectral no se ven con los ojos —dice Carnacki—, sino a través del ojo de la mente, el cual, siendo de características psíquicas, no siempre se encuentra desarrollado hasta el estado que nos permitiría utilizarlo para completar la información que al cerebro le llega mediante los ojos físicos.»]


Aquí, Carnacki recurre a un viejo truco teosófico: en una persona ordinaria, el cerebro recibe e interpreta la informacion provista por nuestro aparato visual físico, pero en una persona «sensitiva» el cerebro también debe procesar la información referida por el «ojo de la mente»:


[«Estas dos visiones se mezclan de tal forma que tenemos la impresión de ver a través de nuestros ojos físicos todo lo que está siendo revelado al cerebro por el ojo de la mente. Y así nos parece que vemos tanto lo material como lo inmaterial de las situaciones.»]


Según esta dinámica, idéntica a las teorías de Annie Besant, cuando algo amenaza a nuestro cuerpo psíquico tenemos la impresión de que nuestro cuerpo físico se encuentra amenazado. Esta es la matriz del concepto de Experiencia Aparicional, es decir, cuando nos sentimos repentinamente inquietos cuando estamos solos, como si alguien o algo nos observara. Las personas ordinarias [es decir, «no sensitivas»] no tienen forma de distinguir que esa sensación de amenaza física en realidad constituye una amenaza psíquica. En El Cerdo, Carnacki nos brinda un ejemplo interesante:


[«En el transcurso de una aventura «espectral», un hombre puede experimentar la sensación de que está cayendo; es decir, en el sentido físico del término. Quizá sea su entidad psíquica la que está cayendo, pero lo que se presenta a su cerebro es la sensación de caída, y nada más. Por cierto, tened la amabilidad de no olvidar que, aunque sea el cuerpo psíquico el que cae, el peligro no es menor.»]


Por eso Carnacki siente que se está hundiendo en la abertura generada por el Cerdo, pero al mismo tiempo siente que sus pies están afirmados físicamente sobre la solidez del piso de la habitación.

Ahora bien, los Monstruos Exteriores, entre los cuales se encuentra el Cerdo, parecen tener problemas para manifestarse enteramente en nuestra zona templada del universo. Según Carnacki, pueden existir en la periferia de nuestro planeta, y de otros, en una zona donde se encuentran residualmente los gases [«emanaciones»] que formaron parte de nuestro mundo. Estos gases se condensaron para formar materias sólidas, pero algunos no se solidificaron; de hecho, algunos de estos gases [siempre según Carnacki] son extremadamente sutiles. Forman «capas superpuestas que se encuentran alrededor de nosotros, pero a gran altitud»; una zona que el investigador paranormal llama «Esferas Interiores», situada a menos de 100,000 millas alrededor de la tierra.

Para Carnacki, la «Esfera Exterior» a veces es perturbada por causas desconocidas, aunque supone que debe tratarse de un fenómeno físico. En esta zona notablemente incierta existen los Monstruos Exteriores, como el propio Cerdo, quienes básicamente fueron engendrados por los elementos que los rodean:


[«Pero estos elementos se parecen tan poco a la materia como las emanaciones de una esencia aromática a la propia esencia. Así nos encontramos ante el concepto de un inmenso mundo psíquico, generado a partir del físico, situado muy lejos de él y rodeándolo completamente. Este enorme mundo psíquico de la Esfera Exterior «procrea», si se me permite la expresión, sus propias fuerzas psíquicas e inteligencias, monstruosas o no, exactamente igual que nuestro mundo produce sus propias fuerzas físicas e inteligencias, seres, animales, insectos, etc., monstruosos o no.»]


En este sentido, el Cerdo y otros Monstruos Exteriores no son necesariamente malévolos, aunque sí hostiles, «de la misma manera que un tiburón o un tigre pueden ser considerados hostiles»:


[«Son depredadores. Tienen deseos que proyectan sobre nosotros, mucho más terribles que los nuestros para una oveja inteligente que fuese capaz de comprender los móviles por los la criamos. Saquean y destruyen para satisfacer sus deseos y apetitos, exactamente igual que otras formas de existencia saquean y destruyen para satisfacer los suyos. Y los apetitos de esos Monstruos, fundamentalmente, si no siempre, se hallan dirigidos hacia la entidad psíquica de los seres humanos.»]




William Hope Hodgson. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: Los lechones de Tindalos: análisis de «El Cerdo» de W.H. Hodgson fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

5 tipos de Gente Sombra.


5 tipos de Gente Sombra.




En las últimas décadas se ha producido una verdadera explosión de experiencias con Gente Sombra [Shadow people o Shadow figure, en inglés]. ¿En qué consiste este fenómeno? Básicamente en la percepción de una sombra [justo en el límite de nuestra visión periférica], a veces translúcida, otras opaca, de silueta humanoide, ya sea de cuerpo entero como solo de cabeza y torso [ver: Gente Sombra: la verdad detrás del mito]

Por supuesto, la mayoría de los avistamientos de Gente Sombra son pareidolias, ilusiones ópticas debido a varios factores [entre ellos, el cansancio y la iluminación del lugar], sin embargo, no es un fenómeno nuevo; de hecho, la Gente Sombra está con nosotros desde hace muchísimo tiempo [ver: Las sombras del plano astral que habitan en tu casa]

Ahora bien, el término Gente Sombra parece evocar un solo tipo de entidades, pero lo cierto es que estos seres no se comportan de manera uniforme. Hay quienes han tenido experiencias aterradoras con entidades agresivas, otras, en cambio, declaran que la Gente Sombra no tienen la voluntad de hacer daño. De hecho, aún no hay consenso sobre si la Gente Sombra es malvada, benévola o neutral. En este contexto, nos parece interesante ensayar una clasificación más exhaustiva.

Antes de comenzar con los diferentes tipos de Gente Sombra es importante mencionar que estas no son clasificaciones excluyentes entre sí, es decir, no son categorías completamente intependientes. De hecho, hay muchos rasgos compartidos entre la Gente Sombra, y otros únicos; de modo que algunas categorías a menudo se superponen. Algunas entidades tienen ojos rojos, otras no; algunas se manifiestan con una capucha, otras con un sombrero de ala ancha o con la cabeza descubierta; algunas son siniestras, otras no. Hay Gente Sombra capaz de paralizarte y, en ocasiones, atacarte; otras simplemente parecen reconocer tu presencia antes de desaparecer [ver: ¿De qué están hechos los espíritus?]

Como generalidad hay que destacar que la gran mayoría de la Gente Sombra parecen ser hombres [las siluetas femeninas constituyen un un porcentaje despreciable] de gran estatura [de dos metros de altura o más en algunos casos]; otros, en cambio, son de estatura muy baja, como niños. Suelen ser descritos como sombras compactas, sólidas, como si estuvieran formadas por algún tipo de sustancia capaz de interrumpir la luz y bloquear la vista de los objetos que están detrás. Otro rasgo general es que la Gente Sombra rara vez trata de comunicarse, pero muchos parecen estar muy interesados en los seres humanos.

Ahora sí, pasemos a las 5 tipos de Gente Sombra. Más adelante analizaremos algunas teorías y posibles explicaciones.



1- Vigilantes de dormitorio [El Hombre del Sombrero]

Los Vigilantes de Dormitorio [Bedroom Watchers] se caracterizan por ser vistos de pie junto a la cama, o en un rincón del dormitorio, en especial cuando la persona se despierta súbitamente en medio de la noche. Esta clase de Gente Sombra parece sentir una especie de fascinación por observar a los seres humanos, y realmente no parece importarles si la persona está aterrorizada. Hay algo visceralmente espeluznante en la forma en que acecha [ver: Una sombra se sienta en el borde de mi cama]

Si bien [como la mayoría de la Gente Sombra] los Vigilantes de Dormitorio no tienen ojos ni rasgos faciales discernibles, parecen estar dirigiendo su atención a la persona en la cama de forma pasiva, es decir, solo observándola. La mayoría no se comporta de manera amenazante y/o agresiva, aunque su sola presencia resulte aterradora. Es su aspecto, y el contexto en el que se presenta, lo que produce terror, no su actitud [ver: El hombre al pie de mi cama]

Los Vigilantes de Dormitorio no parecen reaccionar cuando la persona descubre que está siendo observada; de hecho, pueden pasar varios minutos en la misma actitud después de haber sido detectados. Sin embargo, hay algunos reportes sobre Vigilantes de Dormitorio que han reaccionado agresivamente cuando su presencia ha sido percibida, pero en comparación estos parecen ser una excepción a la norma.

Los Vigilantes de Dormitorio suelen desaparecer repentinamente, aunque hay casos donde la desaparición es progresiva, como si se fundieran con las sombras circundantes.

El denominado Hombre del Sombrero [The Hat Man] pertenece a este tipo de Gente Sombra [ver: El Hombre del Sombrero y la Amiga Imaginaria]. Si bien es un Vigilante de Dormitorio de aspecto francamente aterrador, no parece querer hacer daño, y suele estar acompañado por dos o más figuras sombrías de menor estatura, como si fuesen sus servidores. En muy raras ocasiones, las personas han reportado que una verdadera multitud de estos seres se ha reunido alrededor de sus camas en la oscuridad [ver: Hay una entidad en mi habitación]

El Hombre del Sombrero es uno de los tipos de Gente Sombra más comúnmente reportado. Los testigos lo describen como un hombre oscuro, sin rostro, con un abrigo y un sombrero de ala ancha que observa en silencio desde los umbrales de las puertas. No hay muchos testimonios de comportamiento malévolo o ataques atribuidos a este tipo de Gente Sombra, pero se ha informado que el Hombre del Sombrero induce sentimientos de aprensión, e incluso el conocimiento inexplicable de que volverá a aparecer en el futuro.

Es decir que el Hombre del Sombrero no necesita volverse violento para aterrorizarte; sin embargo, algunos de ellos no tienen reparos en causar daño físico. Hay personas que informaron haber sido golpeadas, asfixiadas e incluso levantadas y arrojadas por Gente Sombra agresiva. Estos seres generalmente no se ven muy diferentes de la Gente Sombra normal, excepto por el abrigo y el sombrero: son entidades sin rasgos, oscuras y, afortunadamente, también son los más fáciles de explicar científicamente, ya que la sensación de asfixia es uno de los síntomas comunes de la parálisis del sueño.


2- Gente Sombra encapuchada.

La Gente Sombra encapuchada se caracteriza por irradiar odio puro. Este tipo de Gente Sombra tampoco tiene rasgos faciales y su único elemento distintivo es su capa con capucha. Al igual que el Hombre del Sombrero, no hay muchos reportes de Gente Sombra encapuchada que ataque a los humanos directamente. Prefiere pararse en las puertas, o junto a la cama, y mirar en silencio [ver: Figuras humanas que caminan por tu casa de noche]

Sin embargo, mientras que el Hombre del Sombrero generalmente se describe como más curioso que malicioso, es casi seguro que la Gente Sombra encapuchada se perciba como una clara amenaza. Casi todas las descripciones coinciden en el mismo detalle siniestro: una innegable sensación de odio hirviente que irradia de la criatura.

En ocasiones, este tipo de Gente Sombra no parece tener volumen. Pueden aparecer repentinamente como contornos o siluetas humanas en las paredes. La mayoría de las veces están estáticas, pero en ocasiones pueden desprenderse de las paredes y moverse por la habitación [ver: Una figura encapuchada me sigue desde hace años]


3- Gente Sombra de ojos rojos.

Este tipo de Gente Sombra aparece y se mueve rápidamente por la habitación, tanto es así que la persona apenas puede captarla. Se podría decir que solo están de paso por la habitación, ya que cruzan de un lado a otro y desaparecen como si atravesaran las paredes.

La actitud de este tipo de Gente Sombra ha llevado a algunos a considerar que están en alguna clase de misión, y que su intención no es ser detectados. La mayoría de las veces no prestan atención a la persona que los observa, pero en otras pueden detenerse durante un instante, como si estuvieran sorprendidos de haber sido detectados.

Esta clase de Gente Sombra posee un rasgo distintivo: los ojos rojos, cuyo brillo aumenta en intensidad a medida que el miedo se apodera de la persona que lo está viendo. Si bien es cierto que solo parecen estar de paso, si su mirada se posa sobre ti, estás en problemas [ver: Si los ves, Ellos te ven]. 

Aquí, nuevamente, no hay muchos reportes de daños físicos a los humanos, pero la Gente Sombra de ojos rojos son tan amenazantes que no es necesario que hagan demasiado para infundir terror. Sus únicas características discernibles son los orbes rojos brillantes que se asoman desde sus rostros negros como el carbón. Según las personas que afirman haberse encontrado con Gente Sombra de ojos rojos, su mirada causa terror puro, y cuanto más aterrorizada se vuelve la víctima, más fuerte se vuelve su presencia.


4- Visitantes de fondo.

Los Visitantes de fondo [Background visitors] constituyen un tipo de Gente Sombra que nunca llegamos a ver en el momento, pero que pueden ser capturados en fotografías y videos. Fundamentalmente aparecen en el fondo de la imagen, como una silueta que se asoma desde alguna parte o una sombra humanoide en la pared.


5- Sombras edilicias [Genius Loci].

En general, la Gente Sombra no parece tener una relación con el lugar donde se presentan, sino más bien con la persona, ya sea con motivo de estudio o simple interés [ver: Genius Loci: el espíritu del lugar]. Sin embargo, este tipo de Gente Sombra parece estar asociada específicamente con un lugar, a menudo una casa o lugar abandonado, que se cree que están embrujados [ver: ¿Energía Residual o entidades inteligentes?]

Esta clase de Gente Sombra actúa con inteligencia, responde a la presencia de las personas, y pueden ser hostiles con quienes perturban el lugar. No siempre se manifiestan con una silueta humana clara, en ocasiones aparecen como una nube o vapor negro que se mueve demasiado rápido para ser natural. A pesar de su forma extraña, y muchas veces evasiva, dan la inequívoca impresión de que son entidades conscientes e inteligentes. Según algunos relatos, estas masas de sombras negras se sienten atraídas por personas o lugares que emiten emociones negativas [ver: Entidades astrales que se alimentan de pensamientos negativos]

Si bien la mayoría de la Gente Sombra aparece en interiores, algunos relatos describen encuentros en áreas desoladas. Estas figuras, al igual que sus contrapartes, parecen estar atadas a ciertos lugares, y reaccionan rápidamente cuando alguien ingresa en sus dominios. Tienen una tendencia a imitar a las personas con las que se encuentran [deteniéndose al mismo tiempo, por ejemplo], o incluso imitando sus voces, como un eco particularmente siniestro [ver: Algo me llamó por mi nombre]



Algunas teorías sobre la Gente Sombra.

La Gente Sombra ha sido parte de nuestros mitos y leyendas desde hace mucho tiempo, pero las descripciones más específicas de estas entidades no son tal lejanas. Probablemente la mención más concreta sea el relato de Guy de Maupasant de 1887: El Horla (Le Horla), cuyos detalles se corresponden con muchos informes sobre Gente Sombra. El cuento de Guy de Maupasant trata sobre el descenso a la locura de un aristócrata, su miedo a ir a la cama y ver una presencia oscura en la periferia de su visión. Poco a poco, esta presencia se vuelve más y más invasiva, hasta el punto de atacar al narrador. El terror que experimenta el personaje de Maupassant es común en muchos encuentros con Gente Sombra:


[«Anoche sentí que alguien se estaba agachando sobre mí, poniendo su boca sobre la mía, bebiendo mi vida a través de mis labios. Sí, realmente sentí que me estaba chupando la vida a través de mi garganta, como lo haría una sanguijuela.»] [ver: Gente Sombra, el Horla, y el portal interdimensional de Maupassant]


La Gente Sombra son seres intangibles. Si alguna vez vislumbraste una silueta o forma humana moviéndose justo fuera de tu campo de visión en una habitación vacía, es posible que te hayas encontrado con uno [ver: Ver fantamas por el rabillo del ojo]. Y si eso fue todo lo que viste, probablemente tuviste suerte. Nadie sabe exactamente qué son estas misteriosas figuras o qué quieren, pero muchas personas aseguran haberlas visto.

Todos los informes describen a la Gente Sombra como apariciones oscuras que parecen inteligentes, se mueven con una rapidez antinatural y son capaces de atravesar objetos sólidos, como puertas y paredes. A veces, la Gente Sombra se limita a acechar desde los rincones o asomarse por las puertas y ventanas sin hacer nada particularmente inquietante, y es posible que algunas ni siquiera presten atención a los humanos. Sin embargo, hay otros tipos de Gente Sombra están lejos de ser benignos.

Muchos testigos han relatado sus experiencias acompañadas de un abrumador sentimiento de pavor, como si un aura de malicia irradiara de estas criaturas. Ya sean entidades extradimensionales, demonios o simplemente un síntoma de diversos trastornos del sueño, hay ciertos tipos de Gente Sombra con características comunes, las cuales pueden decirte qué esperar si te encuentra con uno [ver: Sobre las apariciones demoníacas]

Es comprensible que los reportes de encuentros más impresionantes sean los que más atención atraen, pero lo cierto es que, en su mayoría, la Gente Sombra simplemente se desvanece apenas son detectados. Su actividad predominante parece ser la observación, la cual se detiene unos instantes después de haber sido detectados por la persona. De hecho, teniendo en cuenta la mayoría de los informes, podríamos concluir que gran parte de la Gente Sombra prefiere husmear sin ser notada.

Lo más habitual es que estos seres nos observen asomados desde los rincones, prácticamente fundidos con las sombras circundantes. Si se los detecta, desaparecerán inmediatamente. Todo sucede tan rápido que su presencia ni siquiera llega a incitar sentimientos negativos. En este contexto, algunas personas creen que la Gente Sombra sirven como exploradores para entidades más maliciosas. Otros, sin embargo, consideran que solo son seres curiosos, y que algunos de ellos llegan a desarrollar un interés particular por ciertas personas, «visitándolas» regularmente a lo largo de sus vidas.

En este punto es necesario derribar algunos mitos sobre la Gente Sombra. Es tan abundante la cantidad de material fraudulento en la web, sobre todo videos de supuestos investigadores paranormales, que resulta imprescindible establecer las pautas más comunes para este tipo de engaños. 

Normalmente, se nos informa que no hay nadie más en el cuarto [casa o área donde se filmó el video]; la Gente Sombra siempre se ve a lo lejos, muy borrosa, y a menudo en sitios de por sí oscuros. Convenientemente, la aparición aparece detrás de una pared, por una ventana, asomando solo la cabeza y solo durante un instante. Además, el autor del video informa que ha visto a la figura al editar el material, no en el momento. De hecho, en el momento el autor siempre toma el camino contrario a la aparición [ver: ¿Por qué siempre se asoman desde los rincones?]

Menciono todo esto porque resulta bastante absurdo que una entidad sobrenatural, si realmente existiera, se manifieste de este modo.

Existen numerosas teorías sobre la Gente Sombra, y eso también significa que existen muy pocas coincidencias sobre su origen. Sin embargo, son muchas las similitudes de reportes de fuentes inconexas para no tener al menos algo de verdad, incluso si no está relacionada con lo sobrenatural y, en cambio, vinculada con nuestra mente procesando información visual y buscando patrones a partir de datos aleatorios para crear algo que se asemeja a una forma humana en la oscuridad.

Ahora bien, en ocasiones los encuentros con Gente Sombra están acompañados de otros fenómenos secundarios. Por ejemplo, hay personas que comentan que, previo a la manifestación, la habitación comienza a vibrar, incluso a oscurecerse súbitamente [ver: Espíritus y «ambientes cargados»]. En estos casos, los reportes suelen mencionar a tres entidades; una de pie frente a la persona, observándola fijamente, y otras dos a su alrededor, como si la estuviesen examinándola. En ocasiones puede haber algún tipo de comunicación mental, pero independientemente de estos mensajes, es el miedo lo que predomina en este tipo de experiencias [ver: Experiencia aparicional: cuando sentimos que no estamos solos]

Las sombras normales se crean cuando un objeto interrumpe el flujo natural de luz desde su fuente, lo que resulta en una proyección sobre una superficie. Cuando la fuente de luz es limitada, el resultado puede ser una red compleja de sombras de muchas formas. La Gente Sombra, en cambio, no son exactamente sombras; actúan como una especie de fuga u onda extradimensional que se manifiesta parcialmente en nuestra realidad. Después de todo, ¿quién puede imaginar cabalmente cómo la sombra de un ser de una dimensión superior puede proyectarse en un espacio tridimensional? En cualquier caso, estos diferentes reinos o planos normalmente no se mezclan. Aunque hay espíritus y entidades a nuestro alrededor, sencillamente no somos conscientes de ellos debido a las leyes que gobiernan nuestro universo. Para ser testigo de una manifestación de Gente Sombra la persona debe estar sintonizada psíquicamente con estos otros planos [ver: ¿Fantasmas o deslizamientos de tiempo?]

Algunas personas nacen con este talento, otras pasan toda la vida tratando de adquirirlo, y la mayoría finge que lo tiene. Sin embargo, hay circunstancias que hacen que sea posible que cualquiera de nosotros vea a la Gente Sombra. Específicamente, es más probable que veamos a la Gente Sombra durante la delgada frontera entre el sueño y la vigilia. Por otro lado, ser testigo de una de estas apariciones puede ser perturbador tanto emocional como psicológicamente; ya que nos obliga a tomar una decisión sobre la existencia de espíritus, y creer o explicar la experiencia como una pesadilla, una casualidad, o incluso como episodio psicótico. Cualquiera de esas opciones es inquietante.

El comportamiento de la Gente Sombra es completamente diferente al de los clásicos fantasmas [ver: ¿Los fantasmas saben que están muertos?]. De hecho, los fantasmas suelen estar confundidos, como atrapados en un bucle, realizando una y otra vez las mismas acciones, y casi siempre sin ser conscientes de su entorno; mientras que la Gente Sombra parece tener una agenda propia. Hay elementos intangibles en cada experiencia, pero muchos describen la sensación de estar viendo algo que no es exactamente como nosotros, pero que quiere que pensemos que lo es [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones» impresas en la realidad?]

Otra teoría popular sobre la Gente Sombra tiene que ver con los Tulpas o Formas del Pensamiento; en este caso, pensamientos humanos negativos que buscan alimentarse, o al menos se sienten atraídas, por una vibración similar: el miedo [ver: El Plano Mental: sus habitantes y criaturas]. Esta podría ser la razón por la cual los niños, cuya capacidad para sentir miedo no parece tener limites, tienen experiencias con Gente Sombra con mucha más frecuencia e intensidad que las personas adultas [ver: Cuando los niños ven fantasmas]

Ahora bien, si partimos de la hipótesis de que la Gente Sombra realmente existe, y que además tienen un propósito u objetivo para visitarnos, entonces debemos asumir: a) quieren ser vistos; b) son ineptos o incapaces de ocultarse del todo. De hecho, son claramente visibles en la oscuridad, y hasta podríamos decir que su opacidad contrasta con las sombras circundantes. En otras palabras, son más oscuros que la oscuridad; y eso puede ser interpretado tanto como un intento de camuflarse como de hacerse visibles dentro de nuestro rango visual.

Tampoco sabemos exactamente qué quiere la Gente Sombra de nosotros, si es que acaso quieren algo además de observarnos. Algunos afirman que estos seres tienden a sentirse atraídos por los pensamientos negativos, incluso que se alimentan del miedo. No obstante, esto último no tiene demasiado sentido. Quiero decir, si les interesara exclusivamente el miedo, podrían asumir una forma mucho más aterradora que una sombra, y causar en nosotros una verdadera explosión de terror corriendo por nuestras venas. De hecho, es probable que el miedo sea solo una reacción instintiva no buscada. Es común que toda experiencia con algo o alguien espiritualmente más fuerte nos produzca miedo, como si estuviéramos frente a un depredador o un animal peligroso. Instintivamente percibes la amenaza y sabes que podría hacerte daño, aun cuando esa no sea su intención.

En cuanto a los pensamientos negativos, es cierto que muchas personas que han tenido encuentros con Gente Sombra declaran que esto sucedió en un punto bajo de sus vidas, a menudo en medio de una depresión o situaciones familiares y personales realmente difíciles. Supongo que podría haber un factor de atracción a los pensamientos negativos, pero estos también podrían funcionar como un elemento de sincronización con estas entidades. Para alimentarse del miedo o de pensamientos negativos realmente no sería necesario acechar a alguien en su dormitorio; hay muchos otros sitios y contextos donde abundan esas emociones [ver: Entidades que se obsesionan con los vivos]

La idea de que la Gente Sombra adapte su forma característica simplemente para producir miedo en los seres humanos, aprovechando nuestro miedo primario a la oscuridad [y a lo que puede ocultarse en ella] resulta más bien pueril. Estoy seguro de que una entidad inteligente con esa capacidad podría encontrar formas mucho más eficaces de asustarnos.

Dicho todo esto, la idea de que la Gente Sombra está aquí para estudiarnos, examinarnos, es doblemente interesante. En primer lugar porque eso implica que el objeto estudiado es de algún modo importante o relevante, al menos lo suficiente como para que un ser extradimensional esté interesado en él. Me parece interesante que alguien pueda creerse tan importante; por otro lado, para muchos de nosotros las rocas no son particularmente interesantes, sin embargo, hay todo un campo de estudio dedicado a ellas.




Bestiario Astral. I Fenómenos paranormales.


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El artículo: 5 tipos de Gente Sombra fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción, enviar consultas o compartir tu experiencia, escríbenos a elespejogotico@gmail.com

El Caso de Doris Bither.


El Caso de Doris Bither.




El Caso de Doris Bither es uno de los más famosos y documentados de la investigación paranormal; sin embargo, más de cuatro décadas después, todavía quedan muchos cabos sueltos. Algunos de ustedes seguramente están al tanto de la novelización del caso, realizada por Frank De Felitta, y de la película estrenada en 1982: El Ente (The Entity), con Barbara Hershey en el papel de Doris Bither.

En 1974, Doris Bither era una madre soltera de unos treinta años. Tenía cuatro hijos de cuatro padres diferentes: una niña [seis] y tres varones [diez, trece y dieciséis años]. Por aquel entonces sufría emocionalmente las consecuencias de varias relaciones abusivas, lo cual la llevó a buscar consuelo en el alcohol. En este contexto, Doris Bither invitó a los investigadores paranormales, Barry Taff y Kerry Gaynor a su casa, según dijo, embrujada. Durante esa primera visita Doris Bither les confesó el verdadero motivo de la invitación. Aseguró que había sio agredida sexualmente por tres entidades demoníacas [ver: Seducción paranormal: encuentros con fantasmas y espíritus]

Al parecer, el hijo mayor de Doris Bither trató de intervenir una vez mientras su madre era arrojada por la habitación por una entidad invisible, y el mismo resultó herido [se rompió un brazo]. Esta era la primera vez que Taff y Gaynor habían oído hablar de este tipo de abuso espiritual; sin embargo, sus dudas desaparecieron al ver los moretones en la parte interna de los muslos de Doris Bither [ver: Toques Espirituales: cuando un espíritu te toca]. Incluso algunos vecinos testficaron haber visto apariciones moviéndose por la casa. Los niños también habían visto a estos seres; de hecho, aparecían con tanta frecuencia que uno de ellos como Mr. Who.


Los investigadores paranormales reunieron a su equipo y se dispusieron a estudiar el caso. Según su informe, Doris Bither recibió instrucciones de convocar a las entidades, por lo que comenzó a maldecir y a gritarles. De repente, unas luces se manifestaron en la habitación. Una especie de niebla se arremolinó en un rincón y empezó a tomar la forma de un robusto torso masculino. A pesar de su equipo, los investigadores solo lograron capturar un arco de luz sobre Doris Bither mientras estaba sentada en su cama [ver: Algo invisible se metió en la cama conmigo]

Al entrevistar a toda la familia, los investigadores paranormales concluyeron que las entidades parecían fortalecerse a medida que los problemas emocionales de la familia se acentuaban. No obstante, la actividad paranormal siempre era más intensa cuando Doris Bither estaba presente. A pesar de mudarse varias veces, Doris Bither afirmó que las entidades la seguían; incluso que quedó embarazada de una de ellas, aunque las pruebas médicas revelaron que sufría un embarazo ectópico. A finales de la década de 1980, Doris Bither se recluyó en el silencio. Su hijo mayor, en una entrevista realizada en 2009, comentó que su madre había fallecido de un paro pulmonar en 1995.

Taff y Gaynor visitaron por primera vez la casa de Doris Bither en Culver City el 22 de agosto de 1974, y continuaron yendo regularmente durante un período de diez semanas. No investigaron la supuesta agresión sexual, ya que esta precedía a su participación en el caso; y el propio Taff declaró que no creía que tales incidentes hubiesen ocurrido [ver: Cuando algo invisible te toca]. Durante el transcurso de sus visitas, sin embargo, notaron una intensa actividad poltergeist: objetos que caían solos de los estantes, luces extrañas, malos olores y puntos fríos en la casa [ver: Los «Puntos Fríos» y los fantasmas]. A ellos se unió una médium y varios investigadores más; sin embargo, solo Taff, Gaynor y la propia Doris Bither fueron las personas que aportaron mayores detalles de esta actividad paranormal.

Las fotografías de lo que parecen ser luces son la única evidencia objetiva recopilada en el transcurso de las investigaciones. Fueron tomadas por Taff y Gaynor con una cámara instantánea [Polaroid SX-70] y una cámara de 35 mm. Los investigadores indicaron haber enfocado orbes de luz en movimiento, pero lo que muestran las imágenes tiene una apariencia diferente: una banda de luz estática y semicircular; una línea brillante irregular; y áreas sobreexpuestas sin forma. Taff y Gaynor también usaron una cámara infrarroja, pero accidentalmente sobreexpusieron la película, dejándola inutilizable.

Este es, a grandes rasgos, el Caso de Doris Bither; sin embargo, hay mucho más debajo de la superficie.


La historia de Doris Bither es, a todas luces, una historia trágica. Tuvo una infancia abusiva, varios matrimonios fallidos, era alcohólica, y vivía en un hogar sórdido con cuatro hijos. Después de haber sido agredida físicamente por estas misteriosas entidades, nunca consideró comunicarse con la policía, dadas las dadas las circunstancias, pero sí se lo comentó a una amiga. El asunto probablemente habría terminado ahí, como una situación fácilmente atribuíble al estrés, la enfermedad mental o el abuso de sustancias, si no fuera por aquel encuentro casual en una librería [ver: Cómo y por qué algunas entidades se «pegan» a las personas]

Una amiga y confidente de Doris Bither escuchó una conversación entre los parapsicólogos Barry Taff y Kerry Gaynor, dos hombres que trabajaban en la Universidad de California, en Los Ángeles, sobre temas paranormales. La amiga les comentó las experiencias de Doris Bither y les preguntó si podían ayudarla. Intrigados, Taff y Gaynor entrevistaron a Doris Bither en agosto de 1974. Si bien Taff y Gaynor se denominaban investigadores paranormales, lo cierto es que Taff tenía un doctorado en psicofisiología, y Gaynor un título en filosofía. Esta era su primera investigación paranormal.

Como suele suceder en este tipo de casos, la presencia de supuestos psíquicos, parapsicólogos, investigadores paranormales y autodenominados «cazadores de fantasmas», intensificó, y posiblemente exacerbó, la situación de Doris Bither. Donde un profesional serio, en primera instancia, debe derivar a la persona a un psiquiatra calificado, Taff y Gaynor vieron una oportunidad de oro para investigar un fantasma real [ver: ¿Los fantasmas saben que están muertos?]

Entonces, ¿qué sucedió realmente con el Caso de Doris Bither?

Desafortunadamente, el Caso de Doris Bither nunca se investigó de manera competente y, casi medio siglo después, es imposible estar seguro de mucho de lo que se ha dado por cierto. Muchas de las personas que participaron en la investigación han muerto desde entonces [aunque Taff todavía capitaliza su participación]. Sin embargo, hay algunas piezas con las que podemos armar una suposición razonable de lo que sucedió en 1974. Por un lado, tenemos las afirmaciones y conclusiones de Taff, que se pueden examinar en contraste con la evidencia que ofrece [o, más a menudo, con la ausencia de evidencia]. Para ser un caso tan espectacular, hay poca corroboración independiente de los eventos [supuestamente] paranormales que ocurrieron alrededor de Doris Bither.

En 2014, Taff comentó lo siguiente:


[«La investigación comenzó el 22 de agosto de 1974. Fue un trabajo de diez semanas en una casa, supuestamente embrujada, ubicada en Culver City, California. La investigación reunió evidencia de que estaba infestada y frecuentada por eventos de actividad poltergeist en forma de movimientos de objetos, apariciones observadas colectivamente, así como puntos fríos y hediondos»]


Más específicamente, Taff y Gaynor afirmaron haber observado en varias ocasiones pequeñas bolas de luz [orbes] que se movían rápidamente, casi siempre en presencia de Doris Bither. Se informó, además, que las luces cambiaban su movimiento, tamaño e intensidad en respuesta a las solicitudes de los investigadores y a los arrebatos emocionales ocasionales del Agente Focal [en este caso, la propia Doris Bither]. Según los informes, los intentos de fotografiar las luces no tuvieron éxito en la mayoría de las ocasiones, aunque en algunos casos raros se capturaron arcos de luz, un efecto que puede aparecer en las fotos de objetos iluminados, ya sea debido al movimiento de la cámara como al del propio objeto.

Ahora bien, muchos supuestos fenómenos paranormales en el Caso de Doris Bither están relacionados con el contexto, es decir, con la «naturaleza deteriorada y destartalada de la vivienda de madera» en la que se produjeron. De hecho, muchos de los fenómenos paranormales típicos [puntos fríos, experiencias aparicionales, malos olores] suelen ser fácilmente explicables por el contexto. Sin embargo, Taff y Gaynor también afirmaron haber experimentado algunos fenómenos inexplicables [que predeciblemente no fueron documentados], por ejemplo:


[«De repente, la puerta de un gabinete se abrió. Una sartén salió volando del gabinete, siguiendo un camino curvo hacia el piso a más de 2.5 pies de distancia, golpeando con un ruido sordo.»]


A los investigadores se unió una amiga de Doris Bither, llamada Candy, quien afirmó ser psíquica y que ocasionalmente gritaba que «había algo en el rincón» [no algo pudiera ver, sino sentir]. En algunas ocasiones, otras personas se unieron, con poca o ninguna consideración por el protocolo de investigación. En todo caso, la evidencia más impresionante, al menos para Taff, está en unas pocas fotografías.

Durante su segunda visita a la casa, trajeron equipo adicional y varias cámaras que, según afirmaron, luego arrojaron fotografías inexplicables. En este punto hay que decir que estas evidencias no resisten la más superficial mirada crítica.

Los eventos más dramáticos en el Caso de Doris Bither ocurrieron cuando Taff y el resto del equipo no estaban en la casa. Taff escribe:


[«Me abstendré de entrar en detalles sobre todas las historias extrañas que se nos relataron porque no podemos corroborarlas.»]


Acto seguido, Taff entra en detalles sobre todas esas historias extrañas. ¿Por qué? Básicamente porque Taff y sus colegas se vieron obligados a confiar en lo que Doris Bither les dijo que ya había sucedido. Al no poder verificar sus afirmaciones, el equipo intentó confirmarlas por otro medio. Probaron técnicas ancestrales de comunicación espiritual, pidiéndole a los espíritus que hicieran sonidos o manipularan las luces en respuesta a preguntas: una cierta cantidad de golpes o destellos para indicar «sí» o «no», por ejemplo [ver: Un golpe: «SÍ»; dos golpes: «NO»; tres golpes: «DÉJAME ENTRAR»]. Los esfuerzos fueron tan infructuosos como poco serios. Incluso Taff admite que:


[«Las respuestas que recibimos no pudieron ser confirmadas, y en realidad nunca tuvieron ningún sentido.»]


También se utilizaron los dispositivos que estaban disponibles en la época, como los contadores Geiger, pero al final la evidencia fue inconclusa y ambigua.

Las afirmaciones de agresión sexual de Doris Bither por estas entidades es, quizás, el aspecto más espeluznante de su historia; sin embargo, solo fue una parte de una serie mucho más grande de fenómenos paranormales que la familia y los investigadores afirman haber experimentado. A pesar de las escenas de pánico en los programas y canales de YouTube de cazadores de fantasmas, en los que los participantes sostienen que fuerzas invisibles los empujan o lastiman, las afirmaciones de asalto sobrenatural son muy raras [ver: Algo invisible me besó] De hecho, las experiencias de la mayoría de las personas con lo paranormal son mundanas. Más aún, frecuentemente son benignas y reconfortantes. Entonces, el Caso de Doris Bither, si fue real, también es notable por esa razón.

A propósito, Taff señala:


[«El hecho más intenso que Doris nos contó fue que había sido asaltada por tres seres semivisibles. Dos de los seres más pequeños, o apariciones, la sujetaron literalmente por las muñecas y los tobillos, mientras que la forma restante la abusaba [ver: Ataques astrales]. Según el testimonio de Doris, este evento tuvo lugar en varias ocasiones separadas, dejando cada vez heridas grandes y distintivas de color negro y azul, especialmente alrededor de los tobillos, las muñecas, los senos y el área de la ingle en la parte interna de los muslos.»]


Las afirmaciones sobre relaciones con espíritus tienen una larga historia, comenzando por las brujas medievales y sus reuniones sabáticas donde supuestamente tenían encuentros carnales con el diablo. Desde una perspectiva psicológica, no es extraño que una amplia variedad de «fantasmas» sean de naturaleza sexual, es decir, una manifestación de sentimientos sexuales abiertos o reprimidos [ver: ¿Pueden los espíritus tocarte?]. Después de todo, incluso los fantasmas más reservados se caracterizan por tocar, acariciar, incluso respirar pesadamente en el oído de sus aterrorizadas víctimas [ver: Cuando algo invisible te respira en la cara]

Los informes de fantasmas que tocan a sus víctimas no son tan raros como podría pensarse. Generalmente, las personas informan sobre entidades invisibles [o apenas visibles] que aparecen al pie o sobre la cama a altas horas de la noche [ver: El hombre al pie de mi cama]. Las personas que experimentan estos eventos a menudo describen estar aterrorizadas, paralizadas, retenidas o empujadas hacia abajo por alguna fuerza invisible. La mayoría también está convencida de haber estado completamente despierta en ese momento y rechazan la sugerencia de que todo fue un sueño. Los informes de agresiones espirituales más severas, como en el Caso de Doris Bither, coinciden con este fenómeno y recuerdan a las historias de súcubos e íncubos de los tratados demonológicos de la Edad Media [ver: Íncubos y Súcubos: ¿qué ocurre durante un encuentro paranormal?]

En el Caso de Doris Bither, si bien predominaba la agresión, en ocasiones también existió cierto grado de placer:


[«Podía sentir que alguien me tocaba y que sus manos me empujaban contra mi voluntad. Podía sentir el peso de su cuerpo encima de mí. No podía ver a nadie, pero podía sentir la presión, la energía, el calor empujando en diferentes direcciones.»]


Seguramente hay muchos hombres y mujeres que han tenido experiencias con súcubos e íncubos; ya sea en términos de amante o atacante. Estas experiencias, a veces aterradoras, otras placenteras, pero siempre vívidas, suelen ser el resultado de percepciones erróneas asociadas con el estado hipnagógico. De hecho, algunos estudios estiman que el 15% de las personas experimentan haber sido asaltadas mientras duermen por una entidad desconocida en algún momento de sus vidas [ver: ¡Algo sacude la cama!]

En el Caso de Doris Bither, sin embargo, estas experiencias son extremas, y si bien ella era claramente el Agente Focal, el resto de la familia también estaba sujeta al fenómeno:


[«Las circunstancias de la familia Bither parecían estresantes y disfuncionales. En efecto, observamos varias veces la mala relación entre Doris y sus hijos, y presenciamos muchas peleas entre los hermanos. En una ocasión, uno de los hijos afirmó, además, que él y sus hermanos eran psíquicos, señalando que en diferentes entornos a lo largo de sus vidas habían visto ocasionalmente sombras y espíritus.»]


Los investigadores también señalaron:


[«Si bien el caso de Doris Bither fue extremo y sensacional, su fenomenología subraya por qué la relación entre las ideas paranormales y el bienestar psicológico o la percepción de los síntomas es un área de estudio importante y floreciente.»]


Más aún, el Caso de Doris Bither terminó siendo el punto de partida para lo que actualmente se conoce como Síndrome de la Gente Embrujada [Haunted People Syndrome], una condición que define a ciertas personas que creen que los fantasmas, espíritus u otros agentes sobrenaturales son la causa de un conjunto de fenómenos anómalos que les ocurren de forma recurrente [ver: Espíritus que se «pegan» a las personas]. De hecho, el propio Barry Taff no cree que Doris Bither haya sido asaltada espectralmente:


[«Desafortunadamente, la afirmación de Doris Bither de espectrofilia no se pudo corroborar debido a que no informó el incidente a las autoridades médicas o de otro tipo. El hecho de que estos presuntos casos ocurrieran varias semanas antes de nuestra llegada nos impidió observar sus moretones, los cuales ya habían curado. Contrariamente a lo que mucha gente cree, el caso de Doris Bither no fue, en mi opinión profesional, el resultado de agresión espectral, sino un brote de poltergeist inquietantemente real (ver: Las 8 fases de la Actividad Poltergeist) Aunque había muchas pruebas de que estábamos tratando con fenómenos paranormales reales, es muy probable que no tuvieran nada que ver con lo que ella pensaba. Fue evidente desde el principio que Doris Bither era una mujer profundamente perturbada cuyas denuncias de agresión espectral se debían en gran parte a una angustia emocional extrema junto con una imaginación hiperactiva y fantasías libidinosas.»]


También hay que decir que el Caso de Doris Bither admitió varios testigos no presenciales poco fiables. Todos los involucrados están de acuerdo en que Doris Bither era una mujer perturbada cuyos problemas psicológicos se vieron exacerbados por las drogas, el alcohol y circunstancias bastante terribles. Incluso Taff y Gaynor lo reconocen abiertamente:


Doris Bither fue muy evasiva y algo críptica con respecto a sus antecedentes, tanto que se negó incluso a decirnos su edad. Si la hubiéramos presionado para que revelara más sobre su pasado infernal, tales esfuerzos de nuestra parte podrían habernos sacado del caso. Si hubiéramos intentado obtener el tipo de información que recopilamos actualmente, como información médica, psicológica, psicodinámica familiar, medicamentos recetados, así como drogas recreativas y consumo de alcohol, Doris Bither seguramente nos habría mostrado la puerta desde el principio. No teníamos forma de saber qué tan perturbadora era la vida que había llevado.»]


Para cualquier investigador serio, y dada la ausencia de evidencia sólida, la navaja de Occam suele ser la mejor herramienta; es decir, la explicación más probable es la más obvia: Doris Bither, como muchas personas que aseguran estar experimentando algo paranormal, imaginó la mayoría o todos sus encuentros espectrales [ver: ¿Los fantasmas son «grabaciones» impresas en la realidad?]. Algunos eventos, como accidentes ordinarios, tropezones o caídas [como podría suceder cuando uno está borracho o bajo la influencia de sustancias] podrían haber sido interpretados como instigados por una presencia sobrenatural [ver: Algo me tira de los pies en la cama]

No está claro qué experimentó Doris Bither, si es que experimentó algo en absoluto. Esto no quiere decir que las personas que padecen una enfermedad mental y están bajo la influencia de sustancias no puedan experimentar fenómenos paranormales, pero sus circunstancias por sí solas ofrecen una explicación plausible.

Los investigadores del Caso de Doris Bither, habiendo descartado de alguna manera el engaño y la perturbación psicológica, ofrecen una posibilidad aparentemente plausible para explicar los extraños eventos, incluyendo que «la energía liberada inconscientemente puede afectar la materia circundante»; es decir, «en términos simples, y contrariamente a la exageración de los medios, el Caso de Doris Bither no fue, en mi opinión, un caso de inteligencia desencarnada, sino una manifestación de poltergeist.» [ver: Apego espiritual: causas y síntomas]

Lamentablemente, los investigadores hicieron pocos esfuerzos por establecer un protocolo, evitar que la gente contaminara la escena, detectar, y mucho menos prevenir, el fraude. El hecho de que Taff sugiera que una sesión de espiritismo es una técnica de investigación válida habla mucho de su credibilidad.

De hecho, Taff también afirmó haber investigado unos 3500 casos paranormales en el transcurso de unos treinta años, ¡un promedio de 117 casos al año, o uno cada tres días! Si es cierto, más asombrosa que su productividad es la ausencia de evidencia. Sin embargo, esto sería un problema menor si otros corroboraran su historia. Curiosamente, a pesar de que supuestamente «más de cincuenta personas» estuvieron presentes en un momento u otro en casa de Doris Bither, ninguna parece haber presentado relatos o pruebas.

No dudo que otros estuvieron involucrados en la investigación, pero la falta de corroboración independiente es curiosa. Seguramente, dada la notoriedad del Caso de Doris Bither, al menos algunos de esos testigos oculares de la asombrosa actividad paranormal habrían aprovechado su participación en un libro, artículo o fama nominal.

A pesar de su apariencia científica, la investigación del Caso de Doris Bither está plagada de errores, incluso de los más elementales principios escépticos y críticos. La mayoría de los «casos reales» de experiencias paranormales involucran a personas desesperadas, austadas y, en algunos casos, con enfermedades mentales. La mayoría de los investigadores paranormales, incluídos Ed y Lorraine Warren [venerados en la franquicia El Conjuro], no tienen demasiadas reservas en explotar a personas frágiles y perturbadas para obtener publicidad y una buena historia. Por otro lado, tampoco hay motivos para pensar que la historia de Doris Bither sea un absoluto engaño.

El entorno psicodinámico dentro de la casa de Doris Bither era intenso y lleno de ansiedad, con matices de animosidad y beligerancia entre sus ocupantes. Desde una perspectiva psicoanalítica, es interesante notar que los ataques fueron cometidos por «tres seres masculinos», la misma cantidad de hijos varones de Doris Bither. Sigmund Freud, por supuesto, se hubiese interesado en las afirmaciones de Doris Bither sobre lo paranormal, pero más aún en sus fantasías reprimidas o latentes [ver: Lo que Freud no te contó sobre el complejo de Edipo]. De hecho, el guión original de la película El Ente contenía una trama secundaria sobre las fantasías incestuosas de la protagonista con su hijo mayor. Lamentablemente, esto no llegó al corte final de la película.

Ahora bien, ¿esto explica el hedor espantoso en la casa de Doris Bither, como a carne podrida, que casi todos los testigos aseguran haber experimentado, sin que jamás se encuentre su origen? [ver: Olores paranormales: ¿recuerdos olfativos o signos de visitación?]

No.

Tampoco explica los bruscos descensos de temperatura [durante un caluroso verano en una casa sin aire acondicionado] así como otros fenómenos menores. En este sentido, el contexto de Doris Bither se ajusta bastante bien a las condiciones habituales en las que se produce el fenómeno poltergeist. Y una vez que se reunen estas condiciones, todas las frustraciones y ansiedades psicológicas del Agente Focal pueden cobrar vida, literalmente [ver: Pasos, golpes, objetos que caen y otros ruidos inexplicables]

En algunos casos, los poltergeist pueden comportarse como una infección, siguiendo al Agente Focal de casa en casa, saturándolo con su energía residual [ver: ¿Energía Residual o entidades inteligentes?] Es decir, la persona se muda de casa, las cosas andan bien durante un tiempo, y entonces los fenómenos regresan, a veces de forma aun más intensa y frecuente [ver: Infección Astral: casas tomadas por los espíritus]. Dado que no se requieren credenciales académicas para que alguien se llame a sí mismo «investigador paranormal», el tema suele estar rodeado de charlatanes y mistificadores que simplemente no están calificados para comprender el funcionamiento del subconsciente, el cual puede menifestarse involuntariamente en toda clase de anomalías físicas. Mucho más simple es creer que todos estos eventos son producto de una inteligencia incorpórea.

¿La creciente saturación en redes sociales y sitios como YouTube de supuestos «investigadores paranormales» está obstaculizando la búsqueda científica por desmitificar lo paranormal?

Es probable. No es que estemos menospreciando los esfuerzos de investigadores aficionados, pero los casos investigados por la mayoría de estos «cazadores de fantasmas» [donde lo parapsicológico siempre predomina sobre lo psicótico] resultan tan absurdos y faltos de evidencia que uno no tiene más alternativa que tomarlos como un producto de entretenimiento. El efecto colateral, sin embargo, es empañar las investigaciones que se realizan sobre la base de protocolos serios.

La mente subconsciente tiene una importancia crucial en los fenómenos paranormales [algo que pocos «investigadores paranormales» y «cazadores de fantasmas» están dispuestos a admitir]. ¿Eso significa que nuestro subconsciente tiene la capacidad de arrojar objetos por el aire? [ver: Libros, cuadros y portarretratos que se caen solos]. Bueno, es más complicado que eso.

Por ejemplo, estadísticamente sabemos que los fenómenos paranormales tienden ocurrir en torno a Agentes Focales Humanos epilépticos, o al menos propensos a sufrir convulsiones, a veces sin saberlo. Estas personas, además, suelen tener herramientas psicológicas ineficaces para lidiar con el estrés. Si esas variables están presentes en la relación correcta, entonces sí podemos partir de una base más o menos sólida.

La forma en que el entorno electromagnético afecta a estas personas se traduce en estrés. Altera sus organismos de alguna manera [algunos llaman a este mecanismo «acoplamiento de resonancia inductiva»]. Entonces, incluso si estás en el entorno adecuado y eres propenso a las convulsiones, o epiléptico, no sucederá nada si el campo electromagnético que te rodea no resuena con el tuyo. Y eso puede estar basado más en tus emociones que en cualquier otra cosa [ver: Espíritus y «ambientes cargados»]

Otro punto irritante sobre lo paranormal es cuando se habla de «energías». ¿De qué «energías» estamos hablando exactamente? [ver: Parásitos astrales y las «malas energías»]

Solo conocemos unas pocas fuentes: electromagnetismo, nuclear y gravitacional. Lo paranormal no puede estar relacionado con la energía gravitacional porque la masa es insuficiente. No puede ser nuclear porque el Agente Focal [o persona embrujada] estaría muerta debido a la ionización mucho antes de que ocurriera cualquier fenómeno paranormal. ¿Es entonces energía electromagnética? Podría ser, aunque un libro que es arrojado [aparentemente] por fuerzas invisibles a través de una habitación debería estallar en llamas por el calor liberado. Termodinámica básica. Sin embargo, los fenómenos paranormales no parecen liberar calor, ¡sino frío! No obstante, la forma en que esta energía se acopla con nosotros es casi con certeza de naturaleza magnética [ver: Un caso de «apego espiritual»]

El Caso de Doris Bither, así como muchos otros, está relacionado más con un problema de salud mental que, digamos, espiritual. Si una persona cree que está viviendo en una casa embrujada, ¿qué puede hacer al respecto además de recurrir a un charlatán? Dado que la mayoría de la gente ni siquiera quiere leer lo que arroja una investigación real, es un callejón sin salida.

Lo más triste de todo esto es la incomprensión que seguramente debió haber sufrido la propia Doris Bither. Por uno de sus hijos, Brian, sabemos que Doris fue echada de su casa familiar cuando aún era adolescente debido a su estilo de vida y su naturaleza rebelde. También sabemos que su madre comenzó a jugar con el tablero Ouija, y a realizar sesiones de espiritismo, exponiendo a Doris, a una edad muy temprana, a conceptos completamente equivocados [ver: Ouija: errores frecuentes, peligros y consecuencias]. Nada de todo esto fue evaluado en profundidad al analizar su caso.

Además, cuando Doris Bither se mudó a la casa de Culver City, California, una extraña anciana, en sus 70 u 80 años, de aspecto sombrío, apareció en su puerta y le advirtió que la casa estaba embrujada por una entidad demoníaca:


[«¡Tienes que irte! Solía vivir aquí, en esta vieja casa, cuando era solo una granja y yo era una niña. Hay algo muy malo aquí. ¡Este lugar está embrujado y tienes que irte!»]


Cuando Doris le preguntó de qué estaba hablando, la misteriosa mujer dio media vuelta se retiró sin más explicaciones. Poco después, Doris Bither se vio acosada por los ataques paranormales [ver: Sobre las apariciones demoníacas]

¿Hay alguna conexión aquí? ¿Acaso la mujer desconocida sabía algo feo sobre la casa, o simplemente fue el comentario de una mujer desequilibrada que activó en Doris Bither todo el bagaje de supercherías que había absorbido de su propia madre? Nunca lo sabremos.

Lo que sí sabemos es que Doris Bither tuvo una vida llena de abandono, abuso y una sensación de vacío muy profundo. La psicodinámica con su familia en Illinois la arrojó en una dirección equivocada en la vida. Solo empeoró en la adolescencia, mezclándose con el lado oscuro de las sesiones de espiritismo. Algo que al principio parecía divertido y excitante, se convirtió en una obsesión que rápidamente se salió de control [ver: Entidades que se obsesionan con los vivos]

Ahora bien, todos en la casa de Doris Bither [TODOS] experimentaron algo extraño. Algunos de los niños fueron abofeteados por una mano invisible en medio de la noche, otros chocaron con una persona invisible en el pasillo. Todos experimentaron algo en esa casa. Algo que era paranormal. [ver: Cuando los niños ven fantasmas]

A modo de resumen, el Caso de Bither incluyó las siguientes afirmaciones:

La mujer aseguró que las entidades le arrojaron dos candelabros. Una caja de fusibles fue arrancada de la pared y voló por el aire hacia Doris. También afirmó que las entidades la atacaron repetidamente, desde agresiones leves hasta llegar al abuso [tenía moretones en las piernas y la parte interna de los muslos a causa de los ataques]. Su hijo adolescente vio a Doris siendo atacada por una entidad invisible. Cuando fue a ayudarla, algo invisible lo empujó hacia atrás con gran fuerza. Durante la investigación, Doris Bither afirmó que fue testigo de cómo manos invisibles arrancaban de la pared las cartulinas que los investigadores habían colocado con cinta adhesiva. Los niños también experimentaron encuentros con las entidades, chocando con ellas en los pasillos e incluso los abofetearon [ver: Señales de que hay un espíritu en tu casa]

También hubo avistamientos de una mujer morena sentada al borde de la cama. El ruido de pasos, y de una respiración pesada, profunda, fue registrada en grabaciones de audio, como si se acercara al micrófono. Un armario de la cocina se abrió de golpe y una sartén salió volando como si hubiera sido arrojada. Los investigadores fueron testigos de brillantes bolas de luz de color amarillo verdoso que volaban alrededor del dormitorio. Las entidades siguieron a Doris Bither a su nuevo hogar. Después de varias semanas, ella y sus hijos se mudaron a una nueva casa en Carson, California. Poco después, la actividad poltergeist comenzó a ocurrir de nuevo, e incluso se replicó en las casas de los dos vecinos de la familia [ver: Espíritus que no abandonan su antigua casa]

Doris Bither se mudó nuevamente, esta vez a San Bernardino, y luego a Texas, sin decírselo a Taff y Gaynor. Eventualmente, perdieron contacto con ella. Sin embargo, Doris Bither mantuvo contacto con el autor Frank De Felitta y le informó que, sin importar a dónde se mudara, la actividad la seguía.

¿Qué hacemos entonces con todo esto?

No es mucho lo que podemos hacer en realidad. No solo tenemos piezas dispersas del rompecabezas del Caso de Doris Bither, sino que ni siquiera estamos en condiciones de afirmar que sean las piezas verdaderas.




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