Una figura encapuchada me sigue desde hace años


Una figura encapuchada me sigue desde hace años.




Compartimos otra experiencia recibida en el Consultorio Paranormal de El Espejo Gótico. Agradecemos sinceramente a Pablo por haberla enviado.


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En las últimas semanas he leído con voracidad esta sección de El Espejo Gótico. Veo que no soy el único al que le pasan cosas extrañas, de manera que he decidido compartir mi experiencia.

No es fácil para mí resumir esta historia. Tiene muchos matices, y sobre todo muchos episodios. Supongo que la mejor manera de empezar es por el principio.

Desde que era muy chico (probablemente desde los once años) comencé a sentir una presencia (ver: Sentir «presencias» cuando estás solo). De vez en cuando la vislumbraba por el rabillo del ojo, pero nunca veía nada directamente. Por lo general, era como una figura oscura que pasaba frente a la puerta de mi habitación, o una mano que se asomaba por una esquina, señalándome. La mayoría de las veces solo era eso, una imagen que desaparecía cuando la miraba directamente (ver: Sentirse observado: ¿paranoia o fenómeno paranormal?).

A esta figura encapuchada parecían gustarle las esquinas del techo (me refiero a los ángulos entre las paredes y el techo). Se sentía como si, al mismo tiempo, me estuviese acechando y escondiéndose detrás de mí. Cuando pasaba debajo de él, experimentaba la sensación de que la entidad se desprendía de la esquina y flotaba ligeramente detrás mío.

Nunca se sintió como una presencia amenazadora (al menos al principio), pero incluso a mi edad me daba cuenta de que se trataba de una entidad oscura. Muchos probablemente se rían de esto, o hasta lo consideren una mentira o el producto de la imaginación exacerbada de un chico, pero para ser sincero con ustedes tengo que decir que el aspecto de esta entidad era bastante estereotipada.

Si tengo que compararla con algo serían los espectros del anillo de la película El Señor de los Anillos, ya saben, una figura negra, sin rasgos, cubierta por una capucha oscura y una especie de vestimenta de monje negro. Lo sé, un poco tonto. Siempre pensé que probablemente había tomado una forma que me asustara. Por aquel entonces estaba aterrorizado con los espectros del anillo (Gente Sombra: la verdad detrás del mito).

Honestamente, cuando era niño asumí que todas estas experiencias podían ser parte de mi imaginación, pero nunca lo creí del todo. Tuve una crianza tradicionalmente católica, con lo cual mis padres siempre me infundieron la idea de que estas cosas no podían lastimarme, incluso si fueran reales. De todos modos, a medida que fui creciendo, las experiencias comenzaron a volverse más y más intensas, a tal punto que llegué a pensar que tal vez mi estado mental tenía algo que ver con todo esto (ver: Espíritus que se "pegan" a las personas).

Aunque suene absurdo, comencé a aceptar a esta entidad encapuchada como una parte más de mi vida; una parte de la que naturalmente no hablaba con nadie además de mis padres.

A los veintidós años me fui a vivir solo, y dejé de verla durante un tiempo. Pero esa vieja sensación de que había algo extraño acechándome regresó (ver: Siento que hay alguien detrás mío), y también los episodios donde vislumbraba una figura negra con capucha en algún rincón del departamento (ver: Las sombras del plano astral que habitan en tu casa)

Avanzo algunos años más tarde.

Empecé a salir con la chica que ahora es mi esposa. Para esta época había aprendido a ignorar por completo a esta presencia, o mejor dicho, a esta sensación de una presencia (ver: Experiencia aparicional: cuando sentimos que no estamos solos), porque había dejado de verla. Alrededor de este tiempo tuve mi único sueño relacionado con esa cosa.

En el sueño, lo vi plenamente por primera vez (típica figura de capa negra). Se me apareció y nunca habló, pero de alguna manera supe lo que estaba tratando de decirme (ver: Un espíritu está tratando de comunicarse conmigo). De todas formas, en el sueño me mostró, desde su punto de vista, la forma en la se mostraba a otras personas. Muchas veces aparecía como lo había hecho conmigo: una figura negra, encapuchada; pero otras se mostraba como una especie de masa o humo negro, sin forma humana definida, o bien como un hombre alto y oscuro con sombrero (ver: El Hombre del Sombrero y la Amiga Imaginaria).

En repente, siempre dentro del sueño, la figura encapuchada levantó un dedo esquelético, de un tono grisáceo, me señaló directamente al rostro, y avanzó hacia mí (ver: Cuando algo invisible te toca).

En ese momento me desperté.

Creo que no hace falta decir que esa pesadilla realmente me perturbó. Ya le había contado a mi novia que esta cosa había estado siguiéndome desde que era chico, de modo que no le dio demasiada importancia al sueño, hasta que ella misma lo vio.

Sucedió alrededor de una semana después del sueño. Mi novia estaba durmiendo a mi lado. Era tarde, y yo estaba viendo una película en mi computadora. Entonces, por el rabillo del ojo detecté a la figura encapuchada colgando de la esquina del techo, cerca de la puerta. Esto puede sonar raro, pero estaba tan acostumbrado a esa presencia que no le presté atención, simplemente continué viendo la pantalla de mi notebook. De repente, mi novia se despertó sobresaltada y me miró con un destello de terror absoluto en sus ojos.

Le pregunté qué pasaba, e inmediatamente señaló hacia la esquina del techo donde estaba la figura y dijo:

—¿Qué era eso?

Al ver el terror en su mirada decidí tranquilizarla. Lo sé. No fue demasiado honesto de mi parte. Le dije que seguramente había quedado influenciada por mi anterior pesadilla, y que no había nada colgando del techo. No se lo tragó, pero no mencionó nada más sobre el asunto esa noche (ver: Una sombra se sienta en el borde de mi cama).

Yo, por mi parte, estaba más aterrorizado que nunca.

En el pasado le había contado a mis padres sobre mis experiencias, pero esta era la primera vez que alguien más sentía lo mismo; y además ella había señalado exactamente el lugar donde la figura encapuchada estaba colgando.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, dejé que fuera ella la que abriera el tema. Si quería hablarlo, perfecto, me sentía dispuesto a hacerlo; pero de ningún modo quería presionarla en este sentido.

Comenzó a preguntarme detalles sobre mis experiencias anteriores, cosas que solo preguntaría alguien que también vio la misma figura. Quiero decir, eran preguntas muy específicas. Después de un par de horas de charla me confesó que lo que realmente la había asustado no era la figura.

Según me contó, al despertarse y ver la figura encapuchada, esta desapareció. Solo llegó a vislumbrala un instante realmente (algo bastante parecido a lo que me ocurría a mi). El verdadero miedo la asaltó cuando volteó la cabeza y me miró. Dijo que mi rostro estaba cubierto de extrañas marcas negras, como arañazos. Dijo que solo estuvieron allí durante un segundo o dos.

Esa noche fue el pico de terror de mis experiencias con mi espectro del anillo (ver: Cómo y por qué algunas entidades se «pegan» a las personas). Han pasado unos cuantos años desde ese episodio. Ahora solo siento la presencia un par de veces al año, pero se ha vuelto tan poco frecuente que realmente no puedo afirmar si lo estoy sintiendo o simplemente imaginándolo.

Espero que mi experiencia les haya resultado interesante. Un gran saludo a Sebastián y a todos los que siguen El Espejo Gótico.

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Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


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